A/N: Hola, me pone feliz que les haya gustado, pensé que lo iba a hacer mal, porque él no me gusta. Gracias a El Lector Cinefilo, Yazzita y Mikah Valyria por comentar.
He cambiado el nombre de la historia por pedido de Mikah, a quien va dedicada la historia.
Entre las dos llegamos a la conclusión del rumbo que queremos que tomé la historia y las dos estamos de acuerdo en ese aspecto.
El título definitivo será: "Distracción".
Ya se darán una idea porque.
Este segundo capítulo es más largo, contiene escenas Everlark. Me gusto escribir este en particular, fue divertido recrear situaciones ausentes en los libros.
Disfrútenlo.
Lucy.
DISCLAIMER: Todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins. Y los hechos mencionados son producto de mi imaginación, en base a la petición de Mikah Valyria. Este fic participa en el "Amigo invisible veraniego" del foro "Hasta El Final De La Pradera".
CAPÍTULO 2
POV GALE
Estaba frente a la puerta de la casa asignada a Peeta. Necesitaba ver con mis propios ojos las últimas palabras de mi madre.
"Ellos tendrán un hijo."
Aunque mi madre intento detenerme no lo consiguió. Era una locura, un impulso desesperado y odio hirviendo en mí, lo que me trajo aquí. Eso no podía ser cierto. Katniss jamás quiso tener hijos, aunque tampoco decía querer casarse y de todas formas lo hizo, con el estúpido panadero. Tal vez no debió sorprenderme la noticia, pero lo hacía, sabía que Katniss no cedería en ese aspecto, traer hijos al mundo para ella era algo trágico por lo que pudiera pasarles en el futuro. Por eso nunca hice ningún acercamiento antes de que los Juegos la apartaran para siempre de mí, nunca le dije lo que sentía, nunca siquiera le di un indicio de ello, la trataba cálida pero al mismo tiempo distantemente, ella nunca lo sospecho, y yo como un idiota tuve la esperanza de que ella me viera de otra forma, no en ese momento, sino en el futuro, tal vez un par de años después. Pero los juegos la cambiaron, Peeta la cambio, fue de Peeta de quien se enamoro. No quedaba nada de la Katniss que conocía.
Golpeé la puerta una vez más, ya que nadie contestó.
Mis manos se cerraron en puños.
Empecé a sentir pasos cerca de la puerta y luego la puerta se abrió mostrándome a Peeta, con el cabello mojado, la piel fresca y la camisa con solo un poco más de la mitad de los botones abrochados, lucia agitado, como si hubiera corrido para llegar hasta la puerta
-Lo siento, estaba arriba. –Dijo antes de darse cuenta que era yo y me miró entre perplejo y sorprendido. -¿Gale? Hola ¿Qué ha-? –Pero antes de que pudiera agregar algo mas, hice algo que deseaba repetir desde aquella última vez que nos peleamos en público, semanas antes del casamiento. Lo golpee de lleno en la cara con tanta fuerza que cayó hacia el suelo, gracias a la ventaja del factor sorpresa. Él era fuerte y en este tiempo desde la última vez que lo había visto, en su cuerpo se remarcaban más sus músculos, no era fácil derribarlo, con un solo golpe, pero claro el hecho de que usara una pierna ortopédica y lo sorprendiera cuando menos se lo esperaba y siguiera aturdido por mi extraña presencia, contribuyo en gran medida.
-¿Qué mierda te sucede, Hawthorne? –Me preguntó molesto, sujetándose la mandíbula con su mano con dolor visible y la nariz sangrando levemente. Sonreí ante el resultado.
-Quiero ver a Katniss, ahora mismo. –Ordené.
Peeta me miró con odio.
-¿Para eso me tenias que golpear?
-Lo merecías. –Contesté de forma fría. -¿Dónde está ella?
-¿También la vas a golpear sin motivo, como a mí? Olvídalo, Hawthorne. Ella está bien, si te interesa saber.
-¿Dónde está?
-Obviamente, ella no está en casa en este momento. –Fue todo lo que me dijo.
-¿Qué mierda le hiciste a Katniss? –Respondí con otra pregunta.
Peeta se intentó sentar en el suelo sin mucho éxito, parecía aun más aturdido por el dolor que le provocó el golpe.
-¿Qué-le-hice? –Pareció confundido y fijo su mirada en mí, sin alejar su mano de la mandíbula. -¿Eres un psicópata? ¿Qué te sucede? NO LE HICE NADA A KATNISS… ¿Qué está pasando en tu cabeza? Si quieres hablar, ve al grano. No tengo tiempo para tonterías.
Estuve a punto de soltarle todo lo que tenía para decirle, cuando una voz alegre lleno todo el ambiente. La puerta se abrió, ya que Peeta no había alcanzado a poner llave.
-Amor, estés donde estés, tienes que venir a ver esto. Effie nos envió una hermosa cuna y ropa que Cinna y Portia hicieron para nuestro bebé, aun no sabemos el sexo por lo que nos enviaron colores neutrales o claros, o y un par de vestidos si es niña. Son hermosos. –Gritó Katniss sonriendo, al tiempo que colgaba el tapado de piel en un perchero al costado de la puerta. No pareció darse cuenta de la presencia de nosotros dos tan cerca hasta que miró en dirección al suelo, aún no había cerrado la puerta por lo que yo estaba medianamente escondido detrás de ella asimilando sus palabras.
¿Bebé? ¿Cuna? ¿Ropa de diseñador? ¿Vestidos de bebé? Entonces era cierto. Ella tendría un hijo.
Mi mundo se vino abajo al momento de escuchar las palabras de Katniss, hablando con emoción sobre las nuevas adquisiciones del bebé no nacido de ambos.
-¡Oh, Dios mío! –Dijo Katniss, llevándose una mano a la boca asustada. Rápidamente se tiro a su lado en el suelo.
-Cuidado con el bebé. –La regaño dulcemente Peeta, mirandola fijamente a los ojos y acariciando su vientre apenas redondeado, debía tener tres o cuatro meses, porque apenas se notaba.
Eso me repugno, pero no pude emitir palabra. Y yo ni siquiera era visible para ella, ¿Cómo no había notado me presencia hasta ahora? O claro, está Peeta.
-Peeta ¿Qué te pasó? –Preguntó con preocupación, acariciando su rostro con ternura -¿A quién tengo que matar? –Agregó furiosa y empezó a mirar para todos lados hasta toparse con mis ojos grises, que hicieron que todo en mi interior se movilizara, hasta que percibí que su mirada de desconcierto, pasó a ser una de odio.
-¡TÚ! –Ni siquiera por el nombre me llamaba. -¿Tú hiciste esto, Hawthorne? –Ella se quedó observándome fulminándome con la mirada observando cualquier signo de pelea, pero casi bufo al darse cuenta que yo estaba completamente ileso y fue algo unilateral.
-Catnip… -Murmuré.
-Responde ya mismo, antes de que te eche. Quiero una explicación de lo que sucedió.
Peeta al fin consiguió sentarse con un poco de ayuda de Katniss, quien apoyó su mano en su nuca y la empezó a masajear, ya que al caer dio contra la pared. Le dedico una sonrisa apenada a su esposo y beso coronilla acercando a Peeta hacia ella tanto como fuera posible dejando que se apoyara en su hombro hasta que se recuperara.
-Yo abrí la puerta, pensando que tú venias de regreso. Pero me encontré con él, lo salude y tomándome por sorpresa me golpeo, exigiendo verte y acusándome de no sé qué cosa. Entonces llegaste tú.
Era un buen resumen, que me desfavorecía por completo.
-¿En serio, Gale? –Pregunto incrédula. –No nos hablamos por casi un año y medio, y encima te atreves a golpearle a mi esposo con la excusa de verme. Maldita sea ¿en que estabas pensando?
-En verte.
-Eso no justifica que lo golpees. Él ni siquiera te ha hecho nada. –Estaba furiosa conmigo y en ese momento comprendí que golpear a Peeta fue una pésima idea. En los Juegos permitió que Cato, el chico del Distrito Dos, fuera comida para mutos, solo por intentar matar a Peeta.
Katniss ayudo a Peeta a ponerse en pie hasta que él se estabilizo por completo, pero no la soltó en cuanto lo hizo, él la tomó de la cintura y atrajo hacia su costado de manera protectora.
-Tranquila, Preciosa. –Lo escuche diciéndole muy cerca del oído y acariciando su vientre nuevamente.
Katniss cerró los ojos y suspiro negando levemente con la cabeza sobre su hombro. No pude evitar notar la mirada asesina que me mandaba Peeta de vez en cuando.
-Te tengo que curar, -Agregó Katniss mirándolo fijamente con cariño y besando sus labios unos segundos y Peeta a pesar del dolor que le supuso, se lo devolvió.
Era más de lo que podía soportar, hice el intento de escabullirme pero Katniss volvió a lanzarme una mirada glaciar
-Tú y yo aun no acabamos con este asunto. Querías hablar conmigo, aquí estoy. Será tu primera y última oportunidad. No te quiero volver a ver cerca de nosotros luego, si vas a comportarte como un idiota, como el año pasado y ahora. No te muevas. –Me ordenó con voz dura.
Se fue con Peeta por el pasillo y entraron a un salón, que supuse que era la cocina o un baño.
Volvieron veinte minutos después, Peeta con un pote de gel analgésico en su mano derecha y un pack de hielo, que sostenía con su mano libre, rodeando la parte baja y de los costados de su rostro donde lo golpee. También tenía un algodón en uno de sus orificios nasales, para detener el sangrado.
Katniss y Peeta se miraron por un largo rato y luego los dos voltearon a mirarme a mí.
-Si le haces algo, cualquier cosa, te mato ¿entendido? –Me dijo Peeta en tono amenazante. Se volvió hasta Katniss y cogiendo su rostro con una de sus manos le dio un beso en los labios. –Estaré en el living, cualquier cosa solo grítame y vendré.
Katniss sonrió un poco y se ruborizo.
-Claro, Peeta. No te preocupes. –Le contestó ella, acariciando su rostro y Peeta hizo una mueca. –Lo siento, amor. –Dijo al notar que le había hecho doler cerca de la mandíbula.
Peeta negó con la cabeza, quitándole importancia y le sonrió con ternura, antes de irse.
-Ya que empezamos tan mal y golpeaste a mi esposo, serias aunque sea amable de cerrar la puerta, lo último que necesito ahora es enfermarme. Tengo prohibido tomar medicación de ese tipo. –Explico, dándose vuelta y caminando por el pasillo. Hice lo que pidió y ella doblo hacia la derecha y abrió una puerta para entrar. Supuse que quería que la siguiera y lo hice, era el mismo lugar al que habían entrado con Peeta un rato antes. Ella estaba poniendo en los lugares correspondientes lo que había utilizado para curarlo y había un par de trapos y algodón con sangre que tiro a un tacho que había en una esquina.
-¿Es verdad, entonces?
-Se mas especifico, Hawthorne. –Dijo ocupando una silla que había a un costado de la mesa de mármol de la cocina.
-¿Tú estás…?
-¿Embarazada? Pensé que había quedado claro con todo lo que escuchaste desde que yo llegue. –finalizo. –Las noticias corren rápido… Supongo que te lo dijo tu madre.
-Posy y ella me lo dijeron. –Conteste con voz fría.
- Ella y Posy se encontraron conmigo en la panadería, Posy hizo el comentario de que yo había engordado y pregunto si iba a tener un bebé. No lo negamos. Las trajimos aquí para que vieran el ultrasonido que me hicieron en el Capitolio, en la televisión. Tu hermana estaba fascinada. –Dijo con dulzura y sonriendo hacia unas flores que habían en el centro de la mesa. Dientes de león.
-¿Qué es eso? –Pregunté.
-Es tecnología del Capitolio para controlar el estado y el desarrollo del bebé durante el embarazo, a través de imágenes. –Explicó. – ¿Venias a felicitarme? –Preguntó entrecerrando los ojos y mirándome a los ojos por primera.
-Quería verlo con mis propios ojos.
-¿O a golpear al padre de mi hijo?
-Catnip…
-Señora Mellark para ti… o Katniss Mellark. ¿Sabes? Nunca me gusto ese apodo. Preferiría que lo borraras de la lista. ¿Por qué querías verlo con tus propios ojos, de todos modos?
-Porque no podía creerlo, tú nunca quisiste hijos, tampoco casarte.
-Por lo que viste cambie de opinión en ambos aspectos. –Cortó tajantemente. –Trató de entenderte, Gale. Juro que lo hago. Pero no entiendo tus reacciones para con Peeta o conmigo. A Peeta simplemente lo atacas, los hemos tenido que detener dos veces desde que regresamos al Distrito, en una oportunidad llegaron a los golpes porque tú lo empezaste a insultar y lo atacaste. Y ahora, lo mismo. Por otro lado, no has vuelto a hablarme ni una sola vez desde esa gala tras nuestro regreso.
-¿Qué yo no te hablado? Mejor habla por ti, Katniss. –Le solté. -Fuiste tú la que se alejo. Yo te esperaba en el bosque nunca viniste.
-La situación cambio, Gale. Peeta y yo somos vencedores, cazar ya no resulta necesario para mí. Además tenemos atención extra sobre nuestras cabezas ahora que somos famosos, salir del distrito no es una buena opción. Lo hemos hecho con Peeta un par de veces entre semana antes de Tour de Victoria, quería recuperar uno de los arcos de mi padre y traerlo aquí y quería mostrarle a Peeta un lugar al que siempre iba con mi padre. Pero no hemos ido mucho, desde entonces.
Eso fue un golpe bajo. A mí nunca me llevo a ese lugar, para ella era muy intimo y privado. Un lugar de ella y su padre. Y lo llevo al panadero, seguramente en más de una ocasión. Me puse furioso.
-¿Qué significa eso de atención extra?
-Eso no es de tu incumbencia. –Contestó cortante.
-Claro que es de mi incumbencia. Es él, ¿no? Él no te dejó volver a verme y quiere que me evites.
-¿A quién te refieres? –Preguntó dudando.
-A Peeta, ¿a quién más?
-¡Eres un idiota, si piensas eso! Creo que los cuatro de años de compañerismo y amistad debieron haberte bastado para conocerme mejor que eso. No me dejaría manejar por ningún hombre, ni siquiera le obedezco a mi madre, ¿qué te hace pensar que le obedecería a Peeta, si está en contra de algo que quiero o considero correcto? En la arena, hice lo que yo quise, tal vez pensando en Peeta, tratando de mantenerlo conmigo hasta el final, no me importo cuan arriesgado fuera todo. Además Peeta, no es un manipulador, me respeta. –Casi gruño las últimas palabras.
-Ese es el problema, Katniss. Ya no te conozco.
- Obvio que cambie, maldita sea, pase por los Juegos del Hambre, presencie atrocidades que ocurrían frente a mí, mate personas, y casi perdí al amor de mi vida en varias oportunidades ¿Cómo crees que se siente? ¿Qué crees que se siente cargar con todo eso en la consciencia de uno? Peeta y yo perdimos a los dos chicos que fueron a los Juegos hace unos meses, no pudimos hacer nada para salvarlos aunque lo intentamos. Peeta y yo aun nos culpamos por sus muertes, porque se suponía que éramos sus mentores. ¿Cómo esperas que siga siendo la misma luego de todo lo que pase? –Terminó su discurso, furiosa. –No es fácil la vida de un vencedor. Y no espero que lo entiendas, porque no lo harás, tú jamás pasaras por los Juegos, ni siquiera nuestras familias lo entienden de todo y eso que nos conocen desde siempre. Solo yo, Peeta y Haymitch nos entendemos. Peeta y yo hacemos lo posible por proteger la gente que amamos.
-También la apartan.
No entendía porque decía todo eso. ¿Cómo podía decir que jamás la entendería si no me daba una oportunidad? Imaginaba lo horrible que debía ser matar a alguien, eso lo podía entender.
-No entendiste nada de lo que dije. –Se quejó.
Me acerque hasta quedar parado a medio metro de ella.
-Lo entiendo y me parece que estas siendo muy injusta. Me hiciste a un lado, Katniss, lo aceptes o no.
-Tuve mis motivos. Además tú no te esforzaste mucho en cambiar la situación, solamente te hiciste el ofendido comportándote como un niño caprichoso.
-¿Niño caprichoso? ¿Quién es la persona que dejo toda la vida anterior detrás y ahora vive de los lujos y beneficios del Capitolio? Estabas muy emocionada con lo que te acabaron de enviar y ustedes parecen estar muy cómodos en las entrevistas y eventos que él Capitolio les organiza, parecen hasta disfrutarlos.
Pude ver como su expresión cambio e hizo una mueca como si la hubieran acabado de golpear.
-En primer lugar, no tenemos opción, debemos ir a todos esos eventos queramos o no. Somos vencedores y mentores. -dijo tras pensárselo unos minutos. –Y en segundo lugar, los que nos enviaron todo eso para el bebé, son nuestros amigos y les tenemos el mismo cariño, que ellos nos tienen. Effie como nuestra escolta y Cinna y Portia como nuestros estilistas. Incluso los de equipo de preparación son agradables y hasta inocentes.
-Ellos los guiaron hacia el lugar donde tal vez podían morir ¿Cómo pueden considerarlos siquiera amigos?
-No te permitiré que hables en ese tono conmigo, ellos son buenas personas y hay muchas otras personas como ellos. No todo es blanco o negro, el Capitolio no es el enemigo, al menos no todos los que viven allí. Muchos son víctimas como nosotros, otros marcan la diferencia con respecto al resto. Effie y nuestro equipo de preparación hicieron todo lo que estaba a su alcance para ayudarnos y no simplemente porque era su obligación, Cinna y Portia por ejemplo no piensan igual que el resto, les parece horrible lo que hacen, pero, es parte de su trabajo ayudar tanto como sea posible para que sus tributos regresen con vida, es su manera de ayudar.
La mire sorprendido, porque no podía creer como podía estar tan ciega, como pudieron lavarle el cerebro de esa manera.
-No puedo creer que estés diciendo eso.
-Pues créelo, porque es lo que pienso.
-Tú antes odiabas al Capitolio, incluso te quejabas de la escolta porque no podías entender como participaba en todo ese circo.
-Tú mismo lo dijiste. Fue antes. Antes de conocerlos. Antes de relacionarme con ellos. No son todos unos monstruos, no son todos villanos. En todos lados hay gente mala y buena, el Capitolio no es la excepción.
-Tú estás completamente loca.
-Y a ti no te importa nadie más que tú y tus problemas. Luego dices que soy injusta, que estoy equivocada. ¿Ahora entiendes lo que digo? Tú nunca entenderás a nadie, nunca intentaras ponerte en el lugar del otro.
-¿Y es por eso que estas con Peeta? ¿Solo porque te entiende?
-¿Qué?
-Lo que escuchaste.
-Yo lo amo, lo amo tanto que me sacrificaría mil veces por él, como lo hice en la arena. Lo amo tanto, que si él no estuviera conmigo, me sentiría perdida. En la arena, no podía soportar la idea de perderlo. Tuve que hacer algo drástico para que nos dejaran vivir a los dos, preferí arriesgarme a morir junto a él, que matarlo. Y él igual. Tal vez a veces no entienda que tengo de especial para él, pero me llena de felicidad, que me vea de ese modo. Él es todo lo que amo y deseo en esta vida. Él y ahora nuestro bebé.
-¿Y yo donde quedó? –Le preguntó. –Antes de que ese panadero apareciera en tu vida, fui yo el que siempre estuvo contigo apoyándote y de un dia para el otro me botas ¿Cómo quieres que me sienta?
-Solo éramos amigos. –Contestó. -No te debo nada y no me desprendí por completo de tu familia, le dimos un trabajo estable a Hazelle, uno con el que realmente pueda mantenerlos a ustedes.
-No me refiero a lo material, no me importa nada el dinero. Me refiero a… -¿En verdad se lo iba a decir?
-¿A qué te refieres? –Frunció el ceño tratando de adivinar algo en mis expresiones sin encontrar nada.
-A esto me refiero…
Miré sus ojos grises brillando por la rabia acumulada y aún asi no pude evitar llevar a cabo mis posteriores movimientos. Tomando a Katniss por la cintura de sorpresa, la acerqué a mí y por un momento una parte de mi mente recordó la amenaza de Peeta, pero poco me importó.
No, no me importaba en absoluto lo que pensara el panadero. Había deseado tanto tiempo poder sentir a Katniss cerca de mí y besarla. En mi mente ella me correspondía y me devolvía el beso mil veces.
El cuerpo de Katniss estaba tenso y estático aprisionada entre mis brazos, cerré los ojos solo para saborear el momento cuando sucediera y acerqué mis labios a los suyos. Sólo que no me tope con sus tal vez cálidos y suaves labios, algo duro y frio ocupaba el lugar donde deberían haber estado los mismos, y después sentí dos golpes, uno en la quijada y un rodillazo en la entrepierna que me hizo soltarla de inmediato y caer doblado al suelo.
-¿Pero quién te crees? No te atrevas a poner tus manos en mí nuevamente. –No pude ver su expresión, pero si antes la escuchaba molesta, no había sido nada en comparación con el tono actual. –Amo a Peeta más que a mi vida, jamás lo engañaría. ¿Lo entendiste o quieres que te lo repita?
-Esa es mi chica. –Escuche la voz de Peeta llena de orgullo aunque algo agitado, debía acabar de llegar. –Grandísimo idiota, te lo advertí. Te advertí que no le hicieras nada. –Me gritó.
-Yo… -Comencé, pero estaba tirado en el suelo demasiado adolorido. Nunca jamás Katniss me había golpeado, no tenía idea que era tan fuerte con su pequeño cuerpo, pero sí que dolía.
-¿Vas a negarlo? Lo vi, casi llegue tarde pero vi que estabas a punto de besarla, antes de que ella tapara su boca con su mano para impedirlo y te golpeara.
Me soltó la frase con la clara intención de querer asesinarme.
-Katniss ¿estás bien? Estaba un poco lejos, alcance a ver… ¿Te lastimó?
-No, pero parece que yo sí.
Levante la mirada hacia ellos, Katniss fue atraída hacia los brazos de Peeta y ella se relajo entre sus brazos y cerró los ojos con su rostro escondido en su cuello, rodeando su cuello con sus brazos. Se susurraron algo al oído que no escuche y Peeta se tensó en el momento que me vio observándolos. Él le dio un suave beso en el cuello a ella y la abrazo aun más hacia su cuerpo y dejo descansar sus manos en la cintura de ella. Con su blusa ajustándose a su cuerpo contra el de Peeta, pude ver el pequeño bulto que ocupaba la cosa que ellos llamaban "bebé" e "hijo". Delicadamente, Peeta soltó a Katniss y la obligo a sentarse nuevamente, para ocuparse de mí.
Cuando intente levantarme, Peeta me golpeó de lleno en la cara, vi el universo entero en un solo golpe y volví a caer.
-¡Peeta! –Gritó ella.
-Lo siento, Kat. No me pude contener. –Contestó aún furioso. –Este golpe te lo mereces por haber atacado a mi esposa, intentar forzarla para besarla cuando ella claramente no quiere ¿o acaso no te diste cuenta que ella estaba forcejeando para zafarse? Y por cierto su expresión era de horror.
-Lo note. –Dije mas para mi mismo que para él, porque lo había notado obviamente.
-Encima lo admites. No puedo creer que caigas tan bajo, Gale. Las mujeres no son objetos para tratarlas del modo que tú lo haces.
-Fuiste tú el que la besó por primera vez. ¿Por qué me das un sermón? –Sabía que fue estúpido, pero tenía que intentarlo. Y lo que más me dolía es que él le dio su primer beso y era el único que la tenía por completo en cada momento del dia, a él iba a darle un hijo y no a mí.
-Yo no la forcé a nada, idiota. La deje ser y actuar cuando ella lo deseaba, si ella me hubiera dicho que no quería o hubiera forcejeado conmigo para que no la tocara, me hubiera detenido. Cuando llegamos nuevamente al distrito, deje que nuestra relación se diera de forma natural y nunca la presione para que me correspondiera, le di libertad y cuando supe que me amaba fue simplemente perfecto. Mi sueño de toda la vida se había cumplido. Y pocos meses después nos casamos. Puedo estar orgulloso de decir que yo si se respetar a una mujer, a diferencia de ti.
Se sintió un sonido en la puerta y Peeta salió de la habitación advirtiéndome o más bien dirigiéndome una mirada de advertencia antes de salir.
-¿Por qué, Catn… Katniss? –Corregí a último momento. Mirandola mientras se levantaba para ir tras Peeta e incómoda de estar conmigo en el mismo lugar, luego de lo ocurrido.
-Te lo mereces. –Me contestó. -¿Quién te crees que eres para forzarme a besarte? En serio ¿te creías siquiera que cambiaria algo?
-Tal vez…
-Eres un hipócrita. No quería, Hawthorne. Y si lo vuelves a intentar juro que no tendré ningún inconveniente en que Peeta te asesine, o tal vez yo te haga algo peor que herir tu orgullo. Estoy en pareja, casada y con un hijo en camino ¡DEL HOMBRE QUE AMO! ¿Tan difícil es entenderlo?
-Tú nunca quisiste una familia, no querías tener hijos. No lo entiendo.
-Ya te lo dije, cambie de opinión, tal vez porque conocí a la persona indicada ¿no lo crees? –No le respondí. Ella bufó. –Y cuando uno tiene pareja esas cosas pasan, quede embarazada y estoy aterrada de que en un futuro le pueda pasar algo a mi bebé, no lo quería al principio por ese horrible temor de traerlo a este mundo. Peeta lo acepto antes que yo, estaba feliz y aterrado en la misma medida.
-¿Por qué no abortaste?
Katniss tembló ligeramente al escucharme decir la última palabra y ella me dirigió una fría mirada.
-O podría esperar doce años luego de su nacimiento y que mi hijo o hija se convierta en uno de los tributos. –Me espeto. –Es una vida, abortar también es matar una vida. Seria hacer lo mismo que ellos hacen… y yo amo demasiado a esta criatura para hacerlo. Además no creo ser capaz de lograr cargar con la culpa de matar a nuestro hijo o hija. Es un amor tan grande que es imposible de explicar, lo vi, lo sentí, escuche los latidos de su corazón y es el bebé de Peeta y de mí. No puedo odiar a esta criatura cuando pienso en eso, solo me hace amar más de lo que hago y pensar en que un dia nacerá y que tal vez se parecerá a su padre, en como Peeta y yo amaremos y cuidaremos de él o ella a pesar de todo.
-¡ENTONCES ME MENTISTE, TODO ESE TIEMPO ME MENTISTE!
-No te mentí, antes de los Juegos no quería enamorarme, no quería tener hijos. Pero hice ambas cosas y realmente puedo arrepentirme de muchas cosas, pero no de eso. El amor por Peeta fue gradual, pero siempre estuvo ahí escondido, desde los once años. Solo que empecé a percibirlo cuando lo empecé a conocer, realmente conocer. Y amo a nuestro bebé, no supe que lo quería hasta poco después de enterarme de su existencia. Necesito a mi esposo y a mi bebé, y los quiero por igual. Y sé que Peeta también nos necesita y ama a ambos. Somos una familia y siempre estaremos para protegernos entre nosotros. Cuando entro en pánico, Peeta está para calmar mis temores con respecto a esto, me hace ver que no tiene nada de malo y que las cosas pueden salir bien y que entre los dos podemos mantener a nuestro hijo a salvo, y darle el amor y cuidado que necesitara. Prefiero pensar en eso, es todo lo que necesito para convencerme que nada malo pasara mientras lo cuidemos.
-Solo una pregunta más.
Katniss rodo los ojos en señal de cansancio.
-La harás, lo apruebe o no. Entonces habla.
-¿Nunca tuve oportunidad?
A estas alturas ya había conseguido ponerme de pie, pero me había alejado de ella.
-¿Si las cosas hubieran sido diferentes? –Agregué.
-Nunca la tuviste. Nunca te vi más allá de cómo un amigo ve a otro. Y si las cosas hubieran sido diferentes, si Prim y Peeta no hubieran sido cosechados, sino me hubiera presentado voluntaria, no cambiarían nada mis sentimientos hacia ti. Tal vez hasta hubiera acabado con Peeta de otro modo o sola por el resto de mi vida cuidando de los hijos de Prim, porque sé que ella quiere formar una familia y siempre lo quiso. Pero no te amaba, no podría haber estado contigo de la forma que estoy con Peeta, nunca. Lamento si en alguna oportunidad tú creíste que era posible, creí… No tenía idea de que tú te sentías de ese modo conmigo, aunque no se cual es exactamente y realmente prefiero no saberlo. Solo sé que existe un hombre en mi vida y ese no eres no eres tú. Lo siento.
Mi corazón empezó a romperse y Katniss rompió contacto con mis ojos. No había duda de que decía la verdad y eso era doblemente doloroso, porque yo la conocía y sabía cuando mentía y cuando no. Sus ojos se desviaron hacia la puerta de la cocina.
-Peeta… -Murmuró. Me di vuelta y me encontré con Peeta parado en el marco de la puerta, con la vista fija en su esposa y una sonrisa en sus labios. Katniss se fue directa hacia él y se abrazaron murmurándose palabras dulces y tranquilizadoras.
Por más que odiaba reconocerlo él la amaba y Katniss lo amaba a él. Jamas fui tan consciente de ello como en ese momento. Las miradas y gestos dulces, preocupados, amorosos que solo le podías dedicar a alguien que era tu otra mitad y que te importaba más que tu vida. Como Katniss hablaba de él y del hijo de ambos con tanto amor y admiración, que jamás escuche alguna vez en su voz, salvo cuando hablaba con Prim. Ellos eran como dos piezas de un rompecabezas que encajaban a la perfección juntos y no dejaba espacio para nada más.
Un dia Katniss y yo habíamos sido inseparables, pero jamás me había mirado del modo que lo miraba a Peeta, jamás me miraría de aquel modo. Jamas me amaría. Ella había escogido a otro hombre, que había dado la vida por ella de un modo que yo no hice. Alguien que parecía entender todas sus necesidades y que la amó desde el primer dia de clases y le había dado esperanzas cuando ella creía que todo estaba perdido. Yo era egoísta e impulsivo; y él no. Tal vez él tenía razón en parte, no tenía el derecho de pensar siquiera en Katniss como un objeto e intentar manejar su vida, quebrar su propia voluntad obligándola a hacer algo que no quería. Yo quería imponerle un pensamiento muy diferente al suyo y me enfadaba cuando no pensaba igual a mí. Y estaba a punto de besarla, aún sabiendo que estaba casada y embarazada; y lo peor de todo obligándola sin ningún tipo de culpa. Era una pésima persona.
Yo no merecía a Katniss.
Peeta merecía a Katniss.
Y Katniss merecía a Peeta.
Y llegar a esa conclusión me molesto más que nunca.
