MARCO LEGAL

Quisiera aclarar que los personajes que aparecerán en el transcurso de la narración pertenecen 100% a Akira Toriyama, al igual que su magnífica obra, DB, DBZ.

Advertencia: Esta historia tiene lugar en un Universo Paralelo, en donde Goku tiene la apariencia de súper saiyajin.

Odio entre Vecinos!

Capitulo 1: Ataques

Cuando el despertador resonó con eco en la habitación de la pelinegra, ésta se incorporó como si acabasen de darle el susto de su vida. Estaba despeinada, ojerosa y con las pupilas rojizas. Escucho atentamente y un silencio profundo la recibió. El piso continuo estaba ya vacio. Pego un golpe a la pared, justo al lado de las motas negruzcas que se habían quedado marcadas por culpa del mango de la escoba con la que golpeaba.

-¡Ese idiota, ojalá se mudará!-

La noche anterior, su vecino había estado hasta las tres de la madrugada teniendo sexo como un maldito conejo. Chichi Gyumao, inquilina del decimo y último piso, no había podido pegar ojo hasta que el dichoso Son Goku había despedido a su amante aquella noche. Después de pegar otro golpe en la pared y maldecir por lo bajo a su vecino, la chica se levanto de la cama mientras bosteza sonoramente y se estiraba como si de un gato se tratase. Desayuno rápido y salió de casa.

Volvería cerca del medio día después de sus clases. Había conseguido un puesto de correctora para el periódico local, no era la gran cosa pero la mantenía cerca de lo que verdaderamente amaba. Escribir. También una buena amiga de la infancia dirige un Maid Caffé Latte en el que trabaja medio tiempo. No se quejaba de su nueva rutina, después de todo con ello podría cubrir todos sus gastos.

Tuvo que correr el último tramo y aun así entro justo en el metro que se dirigía hacia la zona en la que se encontraba la universidad. Suspiro. Le esperaría en la tarde una jornada de concentración extrema para poder hacer la corrección de artículos y después un turno completo en el café. De vez en cuando salía con Launch y algunas compañeras del trabajo por ahí a divertirse. Como hacía poco que había llegado a la ciudad, aun no tenía ningún amigo o amiga lo suficientemente cercano con quien pasar el rato. Además, cuando salía del trabajo estaba tremendamente agotada. Llegaba, acerca de las 10:30 p.m. se pegaba una buena ducha (a veces un largo baño), cenaba y luego se quedaba dormida sobre el sofá, con la tele encendida.

Si se analizaba fríamente, era una vida muy triste y sin emoción alguna. Sin embargo, tenía la esperanza de que conocería a alguien y finalmente su situación cambiaria. Aquella noche tampoco ceno. Se sentó en el sofá para ver aquel concurso que hacían de cocina en Anten los diez minutos tuvo la brillante idea de cerrar los ojos para descansar la vista. Cuando los volvió a abrir eran las tres de la mañana y le dolía todo el cuerpo por culpa del sillón.

Aquel primero de febrero empezó de manera catastrófica para Chichi. El primer obstáculo que se cruzo fue el sueño, que la había estada arropando hasta que por un casual instinto abrió los ojos. Cuando en el reloj digital vio que debería estar levantada desde hacia media hora, el corazón de la mujer pego un brinco y empezó a latir desbocado.

Lanzo las sabanas por el aire y de un salto puso los pies en el suelo. La ropa voló por todas partes y se puso lo primero que encontró. Miro el reloj de pulsera y comprobó que si tenía un poco de suerte aun podría llegar a tiempo a su clase con el profesor más estricto. Abrió la puerta a la vez que tanteaba en su bolso de mano las llaves. No se fijo en el suelo y de repente sus pies se tropezaron con algo. La de cabellos negros perdió el equilibrio y se fue hacia delante. Se pego contra el suelo en la parte de la mejilla, la mano que había amortiguado gran parte del golpe descargo una fuerte punzada -muy dolorosa- en la muñeca y la otra mano se había golpeado contra la baranda (Tuvo suerte al no haberse golpeado la cabeza contra ésta. Esa combinación si hubiese sido mortal).

-Ouch, Ouch, Ouch… ¡Qué daño!-murmuro Chichi mientras se incorporaba y se frotaba la cara, que había adoptado un color rojizo notable.

Entorno el rostro para ver con qué había tropezado y se encontró con una bolsa de basura en la que venía escrito: 10° B. en el edificio tenían la costumbre de dejar fuera las bolsas con todo lo que era papel. Entonces, el portero que había contratado, se pasaba piso por piso, las recogía y las llevaba a reciclar. La chica se lanzo hacia la bolsa, la tomo entre las manos y la miro con rabia.

-¡¿Es que cree que mi puerta es el maldito vertedero?! ¡Que deje su basura en su puerta, no en la mía!-exclamo molesta mientras hablaba sola.- Pues ahora verás Goku lo que hago yo con tu dichosa bolsa.-pensó resentida.

Goku llegaba a casa de buen humor. Le habían dejado salir antes del trabajo y además había conocido a una hermosa señorita de origen latinoamericano que le había dicho que seguramente se pasaría a tomar unas copas a casa. Sin embargo, el buen humor se le paso en cuanto llego a su casa. La bolsa de basura estaba en el trozo que había entre su puerta y la de su vecino y, extendidos sobre su tapete, se encontraban los centenares de trocitos de papel en los que algún desalmado había transformado todo el contenido.

-¿Pero qué..?-

Al levantar la alfombrilla, los trozos de papel cayeron sobre el suelo. Observo la bolsa vacía y rota, cerca de la puerta del piso continuo. Entrecerró los ojos. Seguro que había sido su maldita vecina cincuentona. ¡Porque sí! En su mente, su vecina era una anciana amargada y no iba a cambiar de parecer. ¿Quería guerra? Pues la iba a tener. Esa había sido la gota que colmaba el vaso y a ese juego podían jugar ambos.

Siempre había sido bastante pacifico, en especial con las mujeres, pero su paciencia tenía un límite. Abrió la puerta de casa y busco una escoba con la que barrer todo aquel estropicio. Y mientras movía las manos una y otra vez, haciendo que el cepillo acariciase el suelo, Goku pensó con dedicación de qué manera podía vengarse del ataque de su vecina.

Cualquier persona que viese las noticias sabía que el mundo estaba sumido en un pequeño caos. No solo los problemas económicos, también, además, conflictos armados. Pero no hacía falta irse demasiado lejos para encontrar batallas. De acuerdo, no disponían de las mismas armas, pero en el Edificio Kame House había un claro conflicto. Tanto la inquilina del 10° A como el del 10° B se dedicaban a realizar acciones hostiles uno en contra del otro.

Lo primero que había ocurrido había sido una bolsa de basura en mal lugar. Eso había sido hasta inocente. Esa batalla estaba desarrollando al máximo la imaginación de ambos residentes. A los pocos días de haber roto el contenido de la bolsa de basura en la entrada de su vecino, Chichi había llegado a casa, pisando el felpudo que estaba delante de su puerta y escucho un crujido sospechoso, seguido de un ruido viscoso. Cuando miro hacia abajo, vio una sustancia naranja saliendo de debajo del tapete. Lo levanto y encontró los restos de cascara del huevo que había estado debajo, esperando a ser chafado. Enseguida miro hacia la puerta de su odiado vecino y entrecerró los ojos.

El siguiente movimiento lo hizo la mujer. Se asomo y en los tendederos vio las camisas y pantalones de marca tan caros que su vecino solía llevar. Dibujo una sonrisa tétrica. Cuando Goku había llegado a casa, fue directo a recoger su ropa. La tomo y un fuerte olor a pescado le inundo la pituitaria. Abrió los ojos con sorpresa.

-¿Qué demonios…? Toda estaba igual… ¿Quién en su sano juicio había fritado pesca-?-analizo pero la respuesta le vino sola a la cabeza.

La pelinegra miraba tranquilamente su novela favorita cuando su "no muy estimado" vecino decidió lanzar su ataque. La música House retumbaba con fuerza entre las cuatro paredes del piso continuo y se adentraba en la casa de la china con la misma fuerza. Fue imposible. No pudo continuar viendo la televisión ni tampoco poner atención en los artículos que debía leer. Eso sí, su sonrisa de lado, molesta, auguraba una venganza que llevaba ya dos semanas planeando.

Era una fría noche de principios de febrero. Son Goku sujetaba por las caderas a una preciosidad de metro setenta y curvas de infarto. Tenía una hermosa y hechizante cintura de avispa. Sus manos eran finas y delicadas, seguramente hubiese sido una gran modelo de manos. Bueno, una gran modelo en general. Solo hacía falta mirar sus encantadores ojos zafiro y su largo cabello color azul. Habían tomado unas copas antes de ir hacia la cama. Él había retirado con sutileza aquel llamativo y escotado vestido rojo. Ella había desabrochado su camisa con una lujuria que lo había excitado aun más. Los jadeos se habían adueñado de la habitación y las manos de ella corrían por su torso desnudo. Y, de repente, a todo volumen empezó a sonar una canción en la casa de la vecina.

Al principio Goku y su hermosa acompañante habían ignorado la canción. Tenían cosas mejores entre manos. Pero el sujeto de repente se encontró a sí mismo escuchando la familiar voz que cantaba la canción, pero ahora no caía en quién era el autor de dicho tema… estaba tan fuerte que podía hasta escuchar la letra. Y cuando escucho el estribillo, su mente hico clic y supo quién era. Frunció el ceño un poco. ¡Qué poco gusto tenía su vecina! ¿Tenía que poner la maldita música tan alta? Siguió moviendo su cintura contra la de la muchacha y de fondo sonaba la canción, atronadora.

"Que yo soy esa que pone la cosa tiesa. Soy elegante, por detrás y por delante"…

Goku disentía profundamente ante aquellas frases. De repente le vino a la cabeza la imagen mental de la persona que cantaba aquella canción. Carmen de Mairena, conocida mujer-hombre (o lo que fuera). La imagen mental lo fue atormentando hasta que de repente pudo vislumbrar en su cabeza a Carmen de Mairena, sin ropa. Se le bajo todo mientras seguía resonando la canción. Marón le miro sorprendida y Goku se había quedado totalmente helado.

Se hizo a un lado, apoyo los codos sobre los muslos y miro al suelo con fijación. La chica se había ido hasta su lado y le había pasado los brazos por los hombros.

-No te preocupes, cielo. Les pasa a todos los hombres, es normal… No tienes que ponerte de este modo.-

La canción había dejado de sonar y las palabras de la mujer resonaban por su cabeza con eco, como una puñalada. Entorno el rostro y la observo con ira.

-¡No! ¡Puede que le pase al resto de los hombres, pero no a mí! ¡Soy Son Goku! ¡¿Te queda claro?! ¡Son Goku no tiene un gatillazo! ¡Nunca!-

-Ay, cielo… Pues has tenido uno y yo me he quedado a medias. Será mejor que lo aceptes.-

-¡Pues la culpa será tuya, no mía!-espeto el rubio. Sabía que la afirmación era idiota. Claro que la culpa la había tenido él mismo. Bueno, mejor dicho, la culpa la había tenido su odiosa vecina.

En el piso continuo, Chichi Gyumao daba vueltas a un CD usando su dedo índice como eje de rotación. En su rostro había una enorme sonrisa victoriosa mientras seguía escuchando gritos en el piso de al lado. Goku y su amante de esa noche estaban peleando. Ah, y había escuchado la palabra gatillazo. Había tenido que echarse sobre la cama y reír sobre la almohada para no estallar en una sonora carcajada que con certeza hubiese retumbado por todo el edificio. Entonces pensó que había merecido la pena descargar la canción de internet y grabar esa única canción en un CD.

Continuará…