MARCO LEGAL
Quisiera aclarar que los personajes que aparecerán en el transcurso de la narración pertenecen 100% a Akira Toriyama, al igual que su magnífica obra, DB, DBZ.
Notas de Autor:
Muchas gracias a todos y cada uno de sus comentarios. Realmente estoy agradecida con todos ustedes por haber aceptado y leído esta historia, espero mejor a medida que avance. Ya se conocieron pero tanto Goku como Chichi aun no saben que son vecinos. Si tienen algo que agregar por favor dénmelo a conocer.
Nuevamente, muchas gracias y no olviden comentar.
Odio entre Vecinos!
Capitulo 2: Encuentros
El cielo parecía que iba a romperse en pedazos en cualquier momento. Unas nubes de color gris oscuro habían invadido cada rincón de azul del cielo y habían atenuado la luz del sol. De hecho, daba la impresión de que se había hecho de noche antes de lo normal. Después de media hora así, habían empezado a caer chuzos de punta. Afortunadamente, Son Goku no era como el resto de los trabajadores de su compañía. Él no miraba cada diez segundos a ver si la intensidad de la lluvia había disminuido. El hombre, previsor, había visto en las noticias que se esperaban tormentas intensas a mitad del día y se había traído el paraguas. La gente por la calle le había mirado raro al ver cómo el paraguas de color negro colgaba de su brazo, como si de un bastón se tratase.
Eso sí, ahora el que iba a reír ultimo iba a ser él. A partir de menos cuarto, Goku fue mirando su reloj cada medio minuto. Deseaba que la aguja llegara por fin al doce y poder irse de una vez por todas. Cuando salió a la calle, aun llovía bastante. Cruzo calles angostas hasta por fin llegar a una de las zonas más céntricas de Tokyo. El hombre de veinticinco años requería ir a una tienda a comprar la cena y algunos ingredientes básicos que le hacían falta para preparar el desayuno del siguiente día.
Ya estaba llegando cuando algo le llamo la atención. Bueno, sería más correcto decir alguien. El chico se detuvo y miro hacia un banco en el cual una persona estaba sentada. Era una muchacha unos cuantos años menor que él y de cabellos oscuros. Su semblante mostraba una pena que la abrumaba por completo y miraba al suelo, con los ojos oscurecidos por la poca luz que el cielo aportaba a los que vivían bajo él. Su flequillo, completamente mojado, se aplastaba contra su frente y chorreaban hilos de agua que corrían por aquella cara fina, con bellos rasgos delicados. Su espalda no tocaba el respaldo del banco, estaba erguida, tensa, con las manos reposando a cada lado de su cuerpo, apoyadas en la madera. Daba la impresión de que, en cualquier momento, podría empujarse con fuerza y salir corriendo calle abajo.
-Hay gente bien rara en este mundo…-pensó Goku para sí mismo antes de continuar su camino hacia la tienda.
El supermercado estaba a reventar de gente, como era habitual siempre que llovía. Había tenido que esquivar a las personas con una técnica digna del mejor artista marcial del mundo. Después de media hora en la cola, finalmente Goku pudo pagar y salir a la calle. Abrió con dificultad el paraguas, puesto que el par de bolsas que llevaba colgadas de la muñeca eran pesadas. Cuando levanto la mirada, sus ojos no pudieron evitar regresar a aquel banco. El rostro del rubio mostro sorpresa al ver que aquella jovencita seguía bajo la lluvia. Sus manos ahora estaban apretadas contra una de las barras de madera del asiento, con fuerza. No supo el por qué pero sintió pena por la chica.
A Chichi Gyumao no le importaba estar helada hasta los huesos. Se podía hasta decir que, cuando salió del trabajo y la lluvia empezó a caerle encima, sintió un alivio que no pudo comprender. Había vagado sin rumbo por la calle hasta acabar sentada en aquel banco. Allí los minutos se habían convertido en horas sin que ella se diese cuenta. No había mirado ni una sola vez el reloj. Solo pensaba y pensaba… sentía añoranza. Deseaba volver a su hogar, con su padre. Sin embargo, sabía que eso no era posible. Aquello hubiese sido un acto cobarde e infantil. Siempre su padre se lo había dicho: la vida de los adultos era dura y no se podía huir a la primera ocasión en que las piernas le fallaran.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando, sin comerlo ni beberlo, la lluvia dejo de caerle encima. Ahora escuchaba ese ruido de las gotas impactando sobre la superficie impermeable de un paraguas. Levanto la vista, sin interés ni emoción, y encontró a un rubio de cabello erizado y alzado, con ojos verdes que le observaban con una sonrisa compasiva. Vestía un traje elegante y de su mano colgaba un par de bolsa del supermercado que quedaba cerca de donde ella se encontraba.
-Toma.-le dijo.
El desconocido bajó el paraguas, como si quisiera que lo tomase. Chichi arqueo de manera imperceptible una ceja. ¿Qué pretendía? No iba a cogerlo. Se iba a mojar él. Y no pensaba permitir que le acompañase hasta su casa. No deseaba la compañía de nadie en aquel instante.
-He dicho que lo tomes.-
Había asido la mano de Chichi e hizo que rodease con fuerza el mango del paraguas. Él se había inclinado para no golpearse con éste. Goku le guiño uno de sus ojos y le sonrió sutilmente.
-Sécate o te resfriaras.-
Salió de debajo de la salvaguarda de la tela impermeable y empezó a correr calle abajo. Chichi lo siguió con la mirada, absolutamente asombrada. Aunque estaba empapada, ese hombre le había dado su paraguas para que no se mojará más. ¿Es que acaso era idiota? Lo acabo perdiendo de vista. Bajo la mirada hasta el mango del paraguas, de piel negra, y lo apretó con fuerza. Finalmente decidió levantarse y poner rumbo a casa.
Le haría caso a ese desconocido.
…
Cuando Goku salió de trabajar, se perdió por aquellas callejuelas que conocía como la palma de su mano y llego por fin al centro. Iba a paso ligero, dispuesto a terminar sus recados en pocos minutos y volver a casa, cuando de repente se paró en seco, manteniendo la pose decidida con la que andaba. Entorno el rostro y, sentada en cierto banco diviso a una figura bastante familiar.
Acabo por reconocerla: Era la chica que había visto bajo la lluvia. Su pelo ahora se veía brillante y sedoso. Iba vestida de manera informal y su vista estaba fija en el paraguas negro que sujetaba con fuerza entre las manos. Goku pensó que esa mujer se veía bastante adorable de aquel modo. De repente sus miradas se cruzaron. Chichi abrió más los ojos con sorpresa y se incorporo con ímpetu del banco. Con pocos pasos se planto delate del rubio y le tendió el paraguas, con gesto de culpabilidad.
El joven estiro una mano hacia el objeto con lentitud, fijándose en cada variación en el rostro de la chica. Puso su atención también en aquellos ojos negros con un brillo especial. Su mano acabó por cerrarse alrededor del paraguas y lo tomo.
-Gracias. Adiós.-
Goku fue el que ahora miraba como Chichi corría por la calle, con rumbo que desconocía. Sin embargo, él seguía estático por completo, con la mano aun mas alto sujetando el paraguas porque después de decirle "gracias", esa mujer había sonreído de una manera que no había podido imaginar. Tras haberla visto hacia unos días, taciturna, no esperaba que su sonrisa hubiese podido ser tan deslumbrante. Progresivamente, Goku bajo la mano hasta que el paraguas estuvo a un costado de su cuerpo.
Salió de su ensoñación cuando escucho un rugido estruendoso salir de su estomago. Entonces recordó qué era lo que debía hacer antes de aquel inesperado encuentro. Retomo su camino con una sonrisa triunfal. ¿Quién dijo que ayudar a completos desconocidas no tenía su recompensa?
…
Los siguientes sucesos tuvieron lugar a principios de marzo. Son Goku, radiante como siempre a pesar de no estar enfundado en un elegante traje, había preguntado de manera cortes a la bella Angela si quería algo para beber mientras proseguían con su paseo por el parque. La muchacha había contestado que no hacía falta, pero Goku conocía a las mujeres. Era una especie de rito sagrado negarse siempre a la primera. Por eso volvió a insistir y ella acepto su invitación, pidiéndole un refresco de cola.
El rubio le pidió que le esperara al pie del lago, sentada en un banco. Ya lograría encontrarla. Para acabar de convencerla (Ya que insistía en que podía haber mucha gente y que no lograría dar con ella) Goku le dijo que era imposible ya que su belleza resaltaba por encima de las demás personas. Vio aquella sonrisa azorada y supo que ya la tenía en el bote.
Camino a paso ligero por el parque y por fin dio con uno de esos pequeños puestos con bebidas que sin problema alguno podrías hallar en Tokyo. Ya desde lejos vio la última Coca-cola que le quedaba al tendero. A paso decidido, Goku se aproximo al oxidado puesto metálico. Cuando puso la mano encima de la lata, otra mano se poso sobre la suya al instante. El rubio sorprendido, ladeo el rostro para ver quién había tenido la osadía de cometer tal acto y se encontró con unos ojos azabache que le miraban con la misma sorpresa.
La mano de la chica se aparto con rapidez y sus labios se curvaron en una sutil sonrisa. No era como la que había visto hacia cosa de dos semanas, pero Goku pensó que no le desagradaba tampoco.
-Voy a tener que ponerte una orden de alejamiento al final.-dijo el hombre con aire risueño mientras que la pelinegra no pudo contener una breve carcajada.
-Es que has tomado la lata que pensaba llevarme, ¿sabes? Estoy bastante cansada y un poco de azúcar no me iría mal. Pero tú la has cogido primero, así que es lo justo.-replico Chichi encogiéndose de hombros con resignación.
El corazón de Goku se acelero por un momento. Es que solo se había fijado en los ojos cuando había entornado el rostro. Ahora veía a la chica al completo, el cuadro era una imagen que deleitaba. Los pantalones cortos negros se ceñían sobre las torneadas piernas. Llevaba una camiseta de manga corta de color blanco con unas letras que rezaban: "¿Por qué no te callas?" (Estaba seguro que había oído eso en alguna parte, pero ahora no recordaba dónde) que estaba pegada contra su torso resaltando sus muy bien formadas curvas. Unas gotas de sudor perlaban su frente debajo de su flequillo, otras se habían atrevido a más y descendían por su cuello con libertad. Goku tuvo que esforzarse al máximo para no seguir en su mundo de fantasía ya que la pelinegra perecía estar hablándole con gesto de preocupación.
-Perdón, ¿Qué decías?-
-Te preguntaba si estabas bien. De repente te has quedado mudo y sin ninguna expresión. Empezaba a pensar que te había dado un ataque.-
-Ah, lo siento.-replico sonriendo apuradamente.- Estoy bien. Solo me había quedado pensando en si había dejado el gas abierto en casa o no.- viendo la cara que puso la joven, se apresuro a añadir.- Pero no, lo tengo todo bajo control.-
-Bueno, supongo que tendré que beber una botella de agua. Señor, me llevaré una.-
-No, no. No le hagas caso. Te puedo dar la Coca-cola. Yo me llevare dos de esas.-manifestó señalando unos botellines de cristal.
-¿Eh? ¿Estás seguro de lo que haces? Mira que si me lo vuelves a decir, no pienso insistir más en el tema. Realmente me apetece la Coca-cola.-
-Estoy completamente seguro. Además, estas corriendo, ¿me equivoco? Sé que después de un largo ejercicio va bien beber algo con azúcar para recuperar fuerzas. Y por lo que sudas, diría que llevas un buen rato en ello.-
-Bueno…-Chichi se llevo la mano derecha a la nuca y froto los cabellos que por la zona habían, ya que lo tenía recogido en una cola alta.- No es que sea un gran atleta, pero mi resistencia es buena. Supongo que por eso me esfuerzo en intentar cambiarlo de algún modo.-
-Por eso mismo. Te mereces el último refresco.-
A pesar de haber pagado, Goku no se movió de allí. Charló con aquella muchacha tan alegre y social mientras ésta se tomaba el refresco que él terminó invitándole. Le explico que ruta hacia corriendo y cuanto tiempo le tomaba hacerla. Era bastante divertido escuchar sus diversas anécdotas y Goku perdió por completo la noción del espacio-tiempo hasta que una voz femenina grito a lo lejos.
-¡Oye, tú! ¿Qué te pasa? ¡Me has dejado plantada!-
-Creo que tu novia está enfadada.- comento Chichi sonriendo resignada.
-Ah, no, no, no… No es mi novia. Sólo es una cita.- se rio nervioso.- Bueno, mejor me voy. Un placer volver a verte, niña de la lluvia.-
Chichi dibujo una sonrisa después de que el hombre de cabellos rubios le guiñara un ojo y se fuese en dirección a su no-novia. Era gracioso que hubiese tenido que justificarse. Después de todo, ¿Qué más le daba quien fuera? Realmente no sabía ni quien era él. Lanzo la lata vacía a la papelera más cercana y retomo la carrera. Calculaba que en menos de diez minutos ya estaría en casa para prepararse la cena.
Continuará…
