Entrada ya la pesada noche todo andaba por la mitad, el cubo del pollo, la botella, el pitillo, medio vivo, medio muerto, media carga de municiones en el tambor, 3 cañones llenos, 3 cañones vacíos, intercalados entre sí. Meditaba sobre su situación, no tenía nada por qué luchar, ni un hogar, ni amigos, ni mascotas, ni dinero, ni una vida. Solo conocía la vida en la prisión, donde tenía lo que necesitaba, suponiendo donde dormir y comida diaria, bien podría meterse en problemas y buscar retornar a lo que le es conocido y aparentemente fácil, quizás hasta por siempre, pues esta nueva libertad resultaba muy desconcertante, ya que le atacaban una nueva cantidad de sensaciones y emociones, tales como la alegría de al fin estar fuera, la tristeza de encontrar la misma soledad y vacío, la desesperanza en un futuro, la incertidumbre de la aceptación por parte de la sociedad… Su fuerza interior no asemejaba la exterior como para confrontar estos sentimientos, y cada vez que cerraba los ojos tratando de concentrarse su mente los retorcía todavía más en la porquería que le mostraba su conciencia, igual que su subconsciente que al dormir le consumía el alma en sus más profundos miedos, ahí sí que se formaba un mierdero, como el que le llego a los oídos, mientras le rondaba la idea de acabar con todo de una vez y por todas, el mundo no lo necesitaba, no sería mejor o peor con él rondándolo, es de egoístas creer que el mundo no será el mismo sin nosotros... Los estruendos empezaron a resonar con más fuerza en la casa vecina, la de los Marsh. Le distrajeron los gritos, insultos y maldiciones, por casi media hora, luego hubo un silencio, una aparente calma, después le llegaron unos sollozos que le despertaron curiosidad. Cartman dio una profunda calada y dejo caer el cigarro, tomo su pistola y un trago del licor en su otra mano, se puso en pie y camino hasta la cerca de madera, vio una mujer sentada también en el porche del otro patio, sollozando imparable, sintió como su curiosidad aumento, creía reconocerle pero no se lo explicaba, siguió observándole y dando pequeños sorbos cada tanto en silencio, hasta que ésta subió su cabeza para limpiarse los ojos que se escurrieron y dañaron su maquillaje, se asustó al percatarse de su observador dando un pequeño salto en su lugar con un grito ahogado, pero se quedó contemplándolo también bastante curiosa, pasado un momento, articuló.
– ¿Cartman? –preguntó incrédula habiéndole reconocido, esa peculiar voz, el aludido abrió tanto los ojos como sus parpados se lo permitieron.
– K… ¿Kyle? –contrarrestó igual de absorto y asustado. Se miraron estupefactos otro momento, luego Cartman puso en alto la botella observándola aterrorizado– Hijueputa ¿Yo qué estoy tomando? –la dejo caer, se clavó recta en la espesa nieve, salvando su contenido– ¡Te juro que te estoy viendo como una mujer! –replicó con asombro a volver a verle.
– ¡Oh por Dios Cartman! –dijo en una mezcla de alegría, tristeza y horror. Salió corriendo hasta encontrarse frente a él solo con la cerca de madera separándoles. Éste le miro curioso, Kyle recordó su estado por lo que retrocedió un poco mirando ladeado hacia abajo, aun así Cartman seguía curioseándole, girando su propia cabeza, mirándole desde diferentes ángulos.
– Hijueputa estoy mal… –dijo para sí.
– No… esto… de hecho… ahora soy una mujer… –confesó sin mirarle.
– Oh… Oooohhh… entonces no es el alcohol. –dijo bajando su mirada también para comprobar con satisfacción el estado de la botella que seguía intacta y enfriándose, perfecta.
– No… –comentó la otra mirándole de reojo, seguía agachada, ocultando su desaliñada cara y los rastros de una golpiza.
– ¿Y desde cuándo? –preguntó casual.
– Pues… hace un par de años ya… pero... ¿qué no salías dentro de seis meses? –cambio de tema.
– Ah si… me rebajaron la condena por "buena conducta". –respondió, sonando despectivo al final escupiendo al suelo.
– ¡Qué bueno! –exclamó entusiasmada dándole momentáneamente la cara. Cartman ahora más perceptivo, de inmediato noto el colorado y la hinchazón que abarcaba parte de su ojo y pómulo derecho.
– Eh… ¿qué te paso en la cara? –demandó de inmediato.
– Am… –volvió a intentar cubrir aquella zona con su mano– Pues me realice algunas cirugías correctivas, par-
– No hablo de eso. –le interrumpió, guardo silencio y analizó un poco las cosas en medio de su ebriedad– ¿Y qué carajos haces en la casa de Stan? –no respondió– No me digas que tú y él… –asintió con la cabeza al momento– ¡Lo sabía! –exclamó frunciendo el ceño, haciendo a Kyle saltar en su lugar y mirarle perpleja, se suavizó un poco antes de continuar–… sabía que ustedes eran un par de maricas. –confesó, pero se guardó para sí, que este pensamiento le había torturado en la cámara de los celos todo este tiempo. A Kyle le rodó una lágrima por la mejilla, giro su vista hacia el firmamento evitando la mirada del otro. Hubo un momento de silencio– Oye… todo el estruendo de hace un rato… –Kyle apretó sus labios, estaba a punto de volver a quebrarse en llanto– ¿Te pego?... –preguntó suave y ésta volvió a dejar escapar leves sollozos– Oh… pero que maricón tan cocinero… –dijo agachándose a recolectar su botella, Kyle se asomó curiosa por la súbita desaparición, fue entonces cuando se enteró del otro artefacto que tenía.
– Cartman… qué… ¿qué es eso? –preguntó con voz titubeante.
– Oh… esto… –dijo al enderezarse de nuevo, poniéndola en alto– Es Martha… –dio un sorbo y con un movimiento dejo ver su carga– Es mi boleto de suerte… –dejo caer la botella de nuevo en la nieve y con su mano libre rodó el tambor y lo guardo, le quito el seguro y se la puso en la cien.
– ¡Cartman NO! –gritó Kyle horrorizada sin mucho tiempo de hacer algo, todo paso muy rápido. Clic, clic… se escuchó y luego el vacío con el eco de su grito. Cartman empezó a reír con cinismo. El corazón de Kyle había dado un vuelco, se desarmó y armo en par segundos, fue demasiado doloroso hacerse a esa imagen. Retiro el arma, Kyle seguía en blanco.
– ¡Hey! –gritó Stan desde el pórtico con más tambaleo que un trompo– ¡¿Qué carajos haces perra?! –preguntó con la típica voz de un borracho– ¡¿Me estas engañando?! –repuso sintiéndose– ¡Ya verás perra! –entro y al volver a salir traía consigo un cuchillo de cocina.
– ¿Pero qué mierda? –preguntó Cartman. Stan empezó a avanzar amenazador hacia Kyle– Marsh suelta eso. –demandó pero éste le ignoro, grito con furia y se abalanzó sobre Kyle, ésta solo pudo retenerle el brazo que tenía el cuchillo para evitar que le hiriese de profundidad mientras que era sujetada de los lisos cabellos rojizos, pero el filo se aproximaba más con cada segundo a la blanquecina piel de la cara– ¡Ay! ¡Maldita mierda! –dejo caer a Martha sobre el césped y pateo la cerca rompiéndola en el acto, se abalanzó sobre Stan tomándole por el brazo donde tenía el arma y lo alejó de Kyle, con la otra mano sujeto la muñeca del agresor y la apretó fuerte en un punto especial hasta que no le quedara más que soltar el pelo de Kyle– ¡Déjalo! –exclamó– ¡Déjala! –se corrigió. (Hasta a mí me resulta confuso, hehe, me toco repasar con especial cuidado los géneros, excusas si encuentras errores de ese tipo.) Eventualmente cedió ante la presión y le soltó llevándose enredadas entre sus dedos las ahora dañadas extensiones. Kyle cayó sobre sus nalgas una vez liberada del agarre. Stan se torcía como un gusano bajo el agarre de Cartman– ¡Cálmate! –imperio– ¡Cálmate! ¡Mierda! –en vano– ¡Ay! ¡Qué carajo! –le empujo y en un movimiento rápido volvió a tomarle para girarlo y darle un izquierdaso que lo saco volando y de inmediato lo puso a dormir. Bramó de una manera salvaje y se aproximó hasta él buscando girarle y propinarle más golpes, pero con Kyle gritando su nombre de una manera desesperada solo le permitió asestarle otros tres más. Se volvió hacia ella quien lloraba desconsolada, recordando demasiado rápido tantos sucesos del pasado y diciéndose que una vez más, Cartman le había salvado. Éste se aproximó, sus ojos lucían extraños, faltos de brillo aún bajo la luz de la luna llena que ocupaba el firmamento e iluminaba plácida el lugar, era como si su alma se hubiera desprendido y dado paso a algo más. En cuestión de segundos fueron volviendo a una aparente normalidad, parecía estar bastante lucido a pesar de que por sus venas también corriera licor, le ofreció su mano– Vamos, ya paso. No llores más. –Kyle acepto el gesto con algo de precaución, le ayudo a incorporarse y la encamino hacia el otro lado de la cerca.
– Espera. –se detuvo– No podemos dejarle ahí, podría morir de hipotermia.
– Por mí que se muera, es un alcohólico psicópata que por poco te mata. A ti sí que menos te debería importar. –Kyle bajo la mirada, pasó un minuto de silencio– Pero te sigue importando… ¿verdad? –asintió– ¡Ay! ¡Hijueputa vida! –le soltó para ir hasta Stan, cargarlo como un bulto, ir adentro, dejarlo en el sofá, Kyle lo atisbaba desde el patio; volver cerrando tras de sí la puerta de vidrio y plantarse en frente esperando que se moviera, ésta lo hizo luego de fijarse en esa mirada inquisitoria de Cartman, quien al pasar el cerco recolecto su botella y su pistola nuevamente.
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South Park © Trey Parker & Matt Stone. Comedy Central.
