Kyle se quedó de pie junto a Cartman, contemplando el arma en su mano, éste estaba sentado en el porche otra vez como si nada.
– ¿Te piensas quedar ahí toda la noche? –preguntó mirando hacia arriba, conectados sus ojos.
– Hasta que apartes a… Martha… no confió en ella.
– Deberías, es un alivio tenerla cerca. –en especial después de la cantidad de cosas que le toco trastear con su culo para el guardia de la cárcel y poder obtenerla. Siguió en pie– Bien, entonces entra, en la sala hay un colchón.
– ¿En la sala?
– Sí. Pero no tengo servicios públicos, no hay luz, no hay nada. Ilumina con esto. –le alcanzo el encendedor, todavía si que menos movió de su sitio– Ay… bien, vamos, te acompaño. –guardo su arma en el bolsillo interno de la chaqueta, se puso en pie y entraron con la luz del encendedor.
– Demonios Cartman, ¿qué carajos es eso que huele? –cuestionó en cuanto cruzaron la cocina.
– No lo sé, yo acabe de llegar, supongo que es la comida dañada en la nevera.
– Esto es un chiquero. ¿Dónde está tu madre?
– Hace tres años vive en Florida. –respondió sin ningún cambio en el tono de su voz.
– Oh… hace tres años… espera. ¿A qué estamos hoy? –meditó la fecha mientras seguía la pequeña luz– ¿Qué… no es tu cumpleaños?
– Así es. –esto cayó todavía más como plomo sobre Kyle. En la sala, Cartman le mostró el colchón esperando que se acomodara.
– No pienso quedarme aquí sola en medio de la oscuridad. ¿Y si Stan decide entrar por la puerta delantera?
– Ya estas soñando demasiado Kyle. Stan quedo noqueado por un par de días o quizás más.
– ¡No me importa Cartman! ¡No me quedo sola! –se subió de pronto como la leche al fuego.
– ¡¿Y entonces qué quieres hacer?! ¡¿Eh?! ¡Dime! –respondió en el mismo tono.
– ¡No lo sé! –respondió tapándose la cara con las manos. Cartman se sintió mal por él… ella… por Kyle.
– Espérame en el patio. –se extinguió la llama.
– ¿Qué… –a Kyle le toco guiarse por la luz proveniente de fuera. Cartman recolecto todas las sabanas y cobijas que había preparado junto con la almohada, y se las llevó consigo, una vez fuera Kyle le miraba confundida al dejarlas en el suelo de madera.
– ¿Tienes pertenencias en la casa de Marsh?
– Sí, una maleta, en el cuarto de Stan.
– Siéntate, arrópate, come, ya vuelvo. –demandó, pues sospecho debería estar pasando un frío ni el hijueputa con ese vestidito de escote pequeño maga sisa y corte a la altura de la rodilla. Saltó al césped dirigido a la puerta casa vecina.
– Espera, no me dejes sola.
– No te muevas. –demando señalándole con el dedo índice, un tanto amenazador– No te va a pasar nada. –la misma mano se aproximó a su propio pecho– Confía en mí. –palpo el centro de éste. Kyle se remordió los labios, pero hizo caso, asintiendo en respuesta.
Tomó las sabanas y las extendió junto al vidrio de la puerta, luego se sentó sobre estas y recostó su espalda sobre la almohada que se apoyaba contra el vidrio. Tomó el cubo de pollo, sonrió para sí ante los recuerdos que acudieron a su mente y empezó a comer como le habían dicho así no sintiera hambre.
Mientras, Cartman comprobaba el estado desfallecido de Stanley, luego subió a su habitación y en efecto encontró la maleta. Le entraron ganas de cagar, así que aprovecho los servicios de su "querido vecino". Sentado en el trono de mármol examino el cuarto, encontró unas tanguitas colgando de la puerta de la ducha, algo de color se le subió a las mejillas, tendría que comprobarlo, así que una vez finalizada la tarea, sin jalar la cadena dejándole allí el regalito, que digo, regalote… manchando toda la porcelana, fue hasta los demás cuartos, estaban desocupados, por lo que su teoría era cierta, aquella ropa interior debía ser de Kyle, por lo que reviso en detalle cada rincón buscando lo que le pudiera pertenecer, un par de interiores, un vestido, un sombrero estilo boina verde, ridículo, pero qué esperar de los sombreros de Kyle, seguramente por ahí debería estar guardada su ushanka también, la que le caracteriza aún más, y algo de ropa femenina más cómoda. Tomó también crema dental, un paquete de panes, una botella de gaseosa y de agua en la cocina, junto con varias bolsas de basura.
Kyle no comento nada cuando le vio llegar con todo eso, se limitó a seguir mordiendo la pierna de pollo, pero si se miraron directamente, quizás Cartman estaba listo a la ofensiva en cuando la otra le hiciera un reproche, como si pudiese adivinar que tuvo que lidiar con la ropa íntima de "una dama". Dejo todas las cosas tras la puerta de vidrio, después paso a sentarse al borde, tomar de nuevo la botella y encender un cigarrillo.
El ambiente pesaba con ese silencio, de pronto, unos murmullos se empezaron a escuchar por parte de Cartman, Kyle le contemplo confundida un momento antes de asustarse.
– ¿Cartman?... ¡¿Cartman?!
– ¿Eh? ¿Qué pasa? –se giró a mirarle, volviendo en sí.
– … ¿Qué haces?
– Oh… no… es solo un pequeño reflejo que me quedo… empiezo a charlar conmigo mismo. –se encogió de hombros, estaba tan acostumbrado a esas típicas noches en solitario.
– ¿Piensas quedarte allí toda la noche? –le devolvió la pregunta.
– Supongo… sé que no te gusta el cigarrillo. –respondió golpeando con gracia el filtro haciendo que la ceniza se desprendiera, la observo viajar un par centímetros con la brisa hasta unirse con el suelo.
– Quizás… –se puso en pie cargando todas las cobijas y se sentó junto a su defensor pasándole una de las cobijas sobre los hombros– podría hacer una excepción. –la verdad era que ambos urgían por algo de compañía.
– Déjate de mariconadas. –replicó, pero Kyle haciendo caso omiso puso otra cobija que los arropaba en conjunto.
– ¿Seguro que esa cosa no se disparara de pronto? –preguntó angustiada.
– Seguro. –la palpo en su costado con toda tranquilidad.
– Está bien… confió en ti.
– Sería el colmo que no lo hicieras, después de que te salve el culo. –hubo silencio.
– … muchas... gracias...
– Meh… no es nada, pero… ¿cómo es que terminaste metido- metida… en semejante embrollo? –le ofreció la botella.
– No creo que debería...
– Venga, solo un trago, para el sinsabor. –la recibió y bebió más de lo que Cartman creyó que haría.
– Mmmhhh… ¿por dónde empiezo?... –preguntó devolviéndole la botella con el último sorbo.
– Pues lo último que supe es que te ibas a esa escuela para abogados en Denver. –le sorprendió que no mencionara a los judíos, de hecho no se había referido hacia ella de esa manera desde que se vieron, algo bastante singular ahora que lo pensaba.
– Oh… sí… viaje, me instale, al principio me fue muy bien, estudiaba parejo y adelante rápido la carrera ya que también hice los cursos vacacionales debido a que mis padres querían que acabara rápido. Cuando cumplí 18 la idea del cambio de sexo me venía rondando desde los grados del colegio…
– ¿Por qué no me lo dijiste? –le cortó con algo de reproche en la voz mirándole directamente.
– ¿Para qué te burlaras de mí? –contrarrestó con el mismo tono.
– No me hubiera burlado. –respondió simple dando una calada, ella le miro incrédula inclinando una perfecta ceja perfilada– Bueno, solo un poco. –liberó el humo por sus fosas nasales de lleno en su cara, ella solo contrajo un poco el rostro, repitiéndose que no se enojaría por una pequeña provocación como esa– Continúa.
– Se lo conté a Stan luego de decirle lo que sentía por él… –Cartman desvió la mirada clavándola en el firmamento, Kyle le contemplo un segundo y luego remedó su gesto, aquellas palabras al parecer le irritaron– Empezó a visitarme todos los fines de semana para darme apoyo moral, me alentó bastante a hacerlo, alegando que así podríamos ser una pareja "más normal"… una cosa fue llevando a la otra y en el proceso las cosas se dieron, pero hasta ahora me realizo que solamente me lleno la cabeza de cucarachas… –se interrumpió un minuto, Cartman le miro de reojo contener sus lágrimas.
– Me realice las respectivas operaciones al clandestino en un periodo de receso que pedí aparte, ya que debía mantenerlo oculto de mi familia hasta terminado el proceso para no correr riegos de interrupción, pero en cuanto entre de nuevo a la escuela de abogados, ellos fueron los mismos que se encargaron de hacer que mi familia se diera por enterada, por religión pensaron expulsarme, presente una denuncia alegando a mis derechos humanos, fue aceptada pero con las constantes burlas por parte de mis compañeros, de mi "propia gente"… en especial a falta de mis… ya sabes… senos. –volvió a interrumpir mirándole de reojo conectando sus miradas, esperando un comentario de burla que no llego, él solo volvió su mirada al infinito y dio una profunda calada tragándose cualquier comentario, entonces continuó.
– Creo que tus burlas no hubieran sido tan crueles y déspotas, –rió triste– en fin, me llevaron a una profunda depresión, buscando un poco más de apoyo acudí a mi familia y como era de esperar… me trataron a las cachetadas y patadas, mi madre fue la que se encargó de desheredarme por completo, también que me sacaran del instituto así estuviera becada por sobresaliencia académica, y excomulgarme de su religión, por lo que técnicamente ya no soy judío... –se interrumpio nuevamente pues le pesaban los recuerdos queriendo ahogarla, Cartman no dijo nada, lucia bastante reflexivo, dejo de mirarle y contemplo las estrellas.
– Me quede en Denver otros dos años, los que correspondían para la finalización de mis estudios, buscando la manera de apelar a otra decisión por parte del instituto en vano, por lo que busque entrar en otra universidad, pero económicamente empecé a decaer, tuve que buscar un trabajo y lidiar con la entrada a otra institución al tiempo, lo conseguí, pero de nuevo me vi constantemente atacada por los comentarios intolerantes de la gente, soporte año y medio, faltándome los consultorios jurídicos para terminar, decidí darme un periodo de descanso, estaba agotada con el trabajo, el estudio, las burlas, las tareas, las deudas… –suspiro profusa.
– Volví a South Park esperando que a mi familia ya se le hubiera pasado, pero me tuve que quedar con Stan, con quien ya había tenido problemas porque al parecer seguía viéndose con Wendy a mis espaldas, igual de ilusionado con ella y eventualmente nos alejamos después de todo ese amor amargo que me brindo… pero me recibió hace dos meses como lo haría un amigo, o eso parecía en principio... Traía algo de dinero que había guardado, destinado a la conclusión de mi proceso transgenerista y hace un par de semanas Stan me lo pidió prestado para hacer una supuesta inversión, la idea sonaba bastante buena pero sin deseos de inmiscuirme mucho en asuntos legales de idiota confié en él pensando que quizás podría lograr un poco más de dinero para poder buscar un buen cirujano y así terminar lo que ya había comenzado, pero resulto perdiéndolo todo, por eso fue que peleamos, y pues, el resto ya lo conoces... No ha sido fácil ser un medio-mujer. No tengo un mísero centavo y tampoco donde quedarme… estoy desesperada…–hubo un largo periodo de silencio sepulcral, solo llegaba el sonido de la ventisca y las respiraciones, que curiosas, se habían sincronizado.
– Cartman… ¿Estás ahí?
– Estoy aquí… procesando… vaya mierda… –dio el último sorbo y calada, dejando los residuos de lado.
– Sí… –se inclinó sobre el hombro de su compañero y empezó a llorar.
– Kyle… no llores… no me gusta… el sabor de esas lagrimas… mira… puedes… quedarte aquí si quieres… –hablaba despacio, como pensando muy bien cada silaba antes de pronunciarla, pues no le apetecía causarle más daño– y… si te sirve de consuelo… eres… la mujer más bonita… que he visto desde que salí de prisión… –la aludida rió levemente en medio de su sollozo– Eso es… tienes que seguir sonriendo… todo va a estar mejor… yo... te lo prometo. –Cartman le rodeo con su brazo y acarició sus rojos cabellos naturales y postizos, Kyle escondió su rostro de lleno entre el cuello y el pecho de su amigo, aferrándose con sus uñas escarlatas y algo puntiagudas, como las de su madre, a la camiseta de su amigo, una en su espalda baja, otra en el hombro adyacente, y continuo llorando hasta caer dormida, estaba cansada, cansada de tantas cosas que se le escapaban a su resumen en medio de la noche.
La misma noche que tan fría se había calado en su interior, provocándole todo tipo de dolor con cada respiración, pero al menos le recordaba que aún seguía viva y capaz de sentir que una nueva esperanza la acogía entre sus brazos, tal vez lo peor ya había pasado, este era el fondo, ¿no? Y quizás, como lo había prometió, solo se espera lo mejor por venir, como dice el refrán: la noche es más oscura justo antes del amanecer… pero la vida suele ser muy imprecisa.
Sus comentarios son bienvenidos y agradecidos.
South Park © Trey Parker & Matt Stone. Comedy Central.
