Podría decirse que el tiempo transcurría rápido, al menos para Cartman, con su trabajo en las mañanas y el estudio nocturno, buscando completar 2 cursos por año, salía de casa en las horas de la mañana, pasaba luego a las 4 de la tarde, comía y se distraía un rato hasta un poco antes de las 6 y partía para volver nuevamente a las 10 de la noche.
Por lo que Kyle pasaba bastante tiempo en soledad, y aunque estaba contenta por los increíbles avances con sus senos, pues crecían, ¡De verdad crecen!, se decía entusiasmada; los primeros días fueron difíciles, pues volvía a ella la paranoia de que Stan pudiese aparecer en cualquier momento y cagarse en todo. Fuera de no poder ayudar a Cartman con sus pesadillas, que habían retomado y cada noche parecían ganar fuerza.
Por lo que prefería vivir encerradita con llave en todas las puertas leyendo una cantidad de libros que Cartman le hacia el favor de prestar en el biblioteca, retomaba las lecturas que le sirven para clarificar su situación con la carrera, que pensaba reanudar una vez fuera una mujer hecha y derecha, entendía perfectamente que las tetas no te hacen mujer, pero, era la manera en la que ahora empezaba a sentirse completa. Es algo mental, una barrera que estaba a punto de superar.
Barrera que es imposible pasar desapercibida, había cachado a Cartman en varias ocasiones mirándole curioso el busto y se sentía profundamente satisfecha por ello. No le reprochaba absolutamente nada, después de todo, son algo así como de su propiedad, pues fue él quien busco la forma de "sacarlos adelante", literalmente, ella reía internamente ante este pensamiento, que increíble era este proceso, jamás se le hubiera podido pasar por la cabeza que de verdad le crecieran los senos, se había conformado con el pensamiento de un par de peras tiesas y falsas, pero estas, estas eran perfectas, suaves, de pendiente natural y redondeadas al final, pezones tiernos y sensibles al tacto como a las inyecciones, afortunadamente ya está, que sostenía en estos momentos, sería la última.
Se contempló desnuda frete al espejo, el sentimiento que la abordo en ese instante es indescriptible, lo único que podría decir es que al salir del cuarto de baño su felicidad era un amarillo chillón y fluorescente, tanto que llamaba la atención.
– ¿Qué te pasa? –preguntó Cartman.
– ¿Por qué preguntas? –contrarrestó.
– No paras de sonreír…
– Ya he terminado con las inyecciones para el busto. –le comentó.
– ¿En serio? –ella sonrió y asintió varias veces rápidamente en respuesta.
– Hay que celebrarlo. –anunció.
– ¿Cómo? –un ligero rubor imperceptible le subió a la cara.
– Bailemos. –propuso ella.
– Oh… no, no lo creo.
– Vamos, quiero bailar.
– No Kyle.
– ¿Por qué no Cartman?
– Porque no y ya. –sentencio mirándole frío. En ella su felicidad se congelo– Tengo que irme. –anuncio y desapareció mucho antes de lo acostumbrado en un viernes, por lo que simplemente ella se aseguró de cerrar la puerta delantera.
Cuando volvió, subió a la habitación, ella descansaba donde le correspondía, sabía que él se encontraba en la misma habitación pero aun así sentía que kilómetros de distancia los separaba. Ninguno se atrevió a hablar, se durmieron sin pronunciar palabra, solo escuchaban mutuamente sus respiraciones.
Al llegar el otro día las cosas seguían frías, hablaban lo necesario, pero al llegar la noche Cartman le sorprendió en la habitación mientras leía.
– ¿No piensas arreglarte? –le preguntó asomando la cabeza por la puerta del cuarto.
– ¿Por qué?
– Vamos a bailar.
– ¡¿En serio?!
– Sí. Vamos. Emm… pero, procura no cumplir con el estereotipo de demorarte dos horas en el baño.
– A la mierda los estereotipos. –promulgó dejando todo de lado y encaminándose derechita para el baño. Y aunque procuro no tomar mucho tiempo, cuando estuvo lista, con un precioso vestido rojo, que guardaba como un tesoro para una ocasión especial en la que su cuerpo estuviera completo, con el pelo, las uñas, el maquillaje, la depilación, etc, etc,… Cartman se había quedado dormido en el sofá. Le despertó despacito, para que no se llegara a enojar.
– Eh… uah… ¿ah?... –balbuceaba, en cuanto la focalizo correctamente se quedó ligeramente boquiabierto.
– Estoy lista. –cuantas veces había añorado pronunciar estas palabras en una situación como esta, aunque no con el personaje presente, pero eso era lo de menos en este momento, eso, o bueno, Stan, ya estaba enterrado bajo millares de tierra en sus afectos– ¿Vamos? –él se puso en pie y se comportó como todo un caballero.
Le abrió la puerta de la casa, del coche, del bar. La condujo de su mano hasta la silla de la barra, pidieron unos cuantos tragos mientras se acoplaban al ambiente y su música animada. Un esfuerzo grande para Cartman, pues el sentido social lo agobiaba, pero una sonrisa de Kyle bastaba para olvidar sus molestias. Mientras charlaban en una cálida intimidad, un hombre desconocido se acercó a Kyle, le pidió bailar, ella miro a su acompañante, y su expresión se había tornado fría. Ella rechazo la invitación sintiéndose enormemente alagada.
– Venga no seas tímida. –insistió.
– Fuera. –respondió Cartman mirándolo de muerte, el joven se sobresaltó un poco– No insista. Le dijeron que no. –no le quedo de otra que bajar la mirada y alejarse. Ella le miro con desaprobación, y él solo se encogió de hombros– Que hago pues si esos hijos de puta caen como buitres…
– ¿Disculpa?
– Ese malparido que ya te quería echar el diente Kyle, y en mis narices.
– Cálmate Cartman, no es así, no exageres.
– ¿Qué no exagere? –esta era una alegría tras otra, ¿me está celando?... que ternura, pensaba ella– ¡Te toco el hombro! ¿Quién putas se cree? Como lo vuelva a intentar, juro que lo mato. –okey, esto ya pinta de obsesivo-compulsivo, pero bueno, al fin de cuentas esta característica siempre ha estado intrínseca en Cartman, se dijo Kyle.
– Solo quería bailar. A eso se supone viene las personas aquí, a bailar, y como llevamos sentados todo el rato, quizás alguien pensó podría ahorrarte esa situación.
– Que se la ahorre a su puta madre.
– Entonces… ¿Qué dices? ¿Bailamos?
– Agh… –suspiró– Si puedes soportar que se burlen de ti por bailar con alguien que no sabe hacerlo…
– ¡Pff! Por favor Cartman, nadie sabe bailar, cada cual se mueve como le da la gana, yo tampoco sé bailar per-
– Entonces dices… ¿a qué quieres agitar tu cuerpo junto al mío? –pregunto él algo… ¿picaron?, observo ella, quien lo pensó un segundo, efectos del alcohol y sus efectos desinibidores, concluyó.
– ¡Sí!... algo así. –rompió en carcajadas mientras le tomaba por la muñeca y se ponía en pie, Cartman no tuvo de otra que seguirla al centro de la pista, y con tres copas de más ya no había quien parara sus pies, mandó todo a la mierda ya que gran parte de su concentración la enfocaba en no llegar a pisarla. Pasada la media noche, empezaron a sonar unos baladas lentas, romanticas, se miraron, las mejillas de ambos levemente enrojecidas, efecto del alcohol, ella sonrió amplio y abrió sus brazos hasta engancharlo por el cuello, descansando la cabeza en su hombro, él la enchancho por la cintura y se dejaron guiar por el suave vaivén de la música– Mira esas buitres de allá… como te miran también... y el culo, sube los ojos perra… –comentó.
– ¿A ver… dónde?...
– En la barra… –siguieron girando hasta que Cartman pudo ver de lo que hablaba Kyle, un grupo de mujeres que al notar que las miraban cada una le dedico un gesto de invitación un tanto obsceno.
– Uy si… que gurres… –comentó bastante serio.
– Haha… –provocando en la otra una carcajada.
– Ninguna como tú… –dijo bajando su cabeza, obligando a Kyle a enderezar la suya y quedar oído con odio, le apretó suavemente más contra sí– la más bonita…
– Gracias… –sonrió cerrando sus ojos, quería llenarse de este momento perfecto.
Pero de pronto sintió un golpe brusco que la aparto del hombro del otro, quien de inmediato promulgaría un grito de dolor, asustada y estupefacta le vio caer de rodillas a sus pies. Todo en par segundos y la borrachera se le fue pa' la puta mierda. Cartman sangrando por la herida de una navaja clavada en su hombro, Stan de pie tras de él con una mirada cargada de odio, dañando todo.
El castaño quiso ponerse en pie y partirle la madre, pero Stan fue rápido y le pateo la cara, consiguiendo desestabilizarlo. ¿Y ella qué? ¿Se quedaría observando como acribillaba a Cartman? No, no lo podía permitir. Por lo que se bajó se sus tacones y se armó con estos, quiso darle en la cara, desfigurar ese rostro angelical que en otro tiempo la engatusó.
– ¡Lárgate de aquí! –mandó golpeándole el antebrazo con el que él se protegía.
– ¡Eh! ¡Eh!
– ¡Fuera! ¡Fuera!
– ¡Cálmate perra!
– ¡No me digas lo que tengo que hacer! ¡Malnacido hijo de puta!
– ¡Cuidado! ¡Patética zorra! –dijo mandando una mano alcanzando a agarrarle una– ¡Que se te va a reventar una teta!
– ¡¿Cómo me llamas?! ¡AHG! ¡No me toques! –le pateó las bolas haciéndolo caer de rodillas, recordando algunas de las recomendaciones que Cartman le había dado para defenderse– ¡No tengo porque aguantar tu mierda! –sentencio plantándole una cachetada con la palma bien abierta, que resonó sabroso para sí misma, ayudándole a curarse un poco dentro del rencor que le guardaba, sacándose esa espinita, y como no había parado de gritar todo el tiempo, era natural que llamara la atención.
– ¡Déjalo! ¡Pedazo de basura! –se metió una de las buitres.
– ¡¿Quién dijo eso?! ¡¿Quién de ustedes putas se cree con la potestad de decirme qué hacer?!
– ¡Cálmate puta! –la encaró una desconocida que la superaba en altura empujándola por los hombros con un dedo, como si no fuera gran cosa.
– ¡A ver! –exclamó palmoteando, rompiendo todo contacto– ¡Pedazo de basura! –la señalo entre los ojos– ¡Lárgate de aquí antes de que acabe contigo y tus amigas prostitutas de mierda!
– ¡Perra sicópata! ¡Tú no-
– ¡Y si qué estoy muy loca puta! –la amenazó con sus tacones en alto– ¡Fuera de aquí antes de que cometa una cabrona locura!
– Eres basura… –dijo antes de volver a su grupito, porque Kyle de verdad daba miedo en su estilo Jersey, una característica más heredada de su madre, lo cual solo la torturaría al reflexionar sobre este episodio cuando saliera de este, pero ahora, simplemente respondía por instinto.
– ¡¿Qué?! ¡¿Cómo me llamaste?! –ahora sí que la iba a acabar– ¡Te lo buscaste maldita zorr- ¡Ah! ¡Suéltenme! –eran los del staff, – ¡Yo la acabo! ¡La acabo! –que la sujetaban por el abdomen, – ¡SUÉLTENME! –y la sacaban a los gritos junto con Cartman del lugar, mientras que todos en el lugar se habían parado a observar la escena. Una vez fuera él empezó a reírse con sorna. Ella le miro consternada– ¿Qué?... ¿Qué… es tan gracioso?... –preguntó falta de aire.
– Mi pequeño monstruo… –le pellizcó el cachete como en aquella otra ocasión. Ella suspiró con una sonrisa al final y luego sus ojos se posaron en la sangre que se escurría por la blanca camiseta de su acompañante, el arma seguía incrustada.
– Tengo que llevarte al hospital.
– No, está bien… –mandó su brazo a su hombro para procurar quitar el arma pero Kyle se lo impidió.
– No, no está bien. Dame las llaves. –se quedaron mirándose, de ella se desbordaba autoridad, él busco las llaves y se las entregó, dejándose conducir hasta la sala de urgencias, y luego a la casa.
Sí, nuestra pequeña Kyle conducirá en estado de alicoramiento, vosotros no lo intentéis por favor, no es bueno. Aunque bien puedo suponer que una pelea de esa manera te quita la borrachera al instante, eso o caerte en la piscina de la finca a las 3 de la mañana xD
Sus comentarios son bienvenidos y agradecidos. Nos leemos :)
