Sentado sobre el sofá, Kyle le trajo comida y bebida, hamburguesa y cerveza, que rico, así él consiguió aplacar el malestar en su estómago. Sentía bochorno, así que se quitó la camiseta, la cual se había manchado con sangre, por lo que Kyle la sumergió en agua con jabón junto con la otra camisa, y al volver.
– Déjame revisar la herida. –pues la gaza que le había colocado se había llenado completamente de sangre.
– No es nada. –respondió él queriendo permanecer en el sofá ya que se sentía pesado y con dolor de cabeza, seguramente por el golpe que le habían promulgado mezclado con el alcohol.
– Tengo que cambiarte, acompáñame. –dijo tomándole por la muñeca y guiándolo escaleras arriba, al entrar al baño bajando la tapa le dejo sentado sobre esta, mientras sacaba los utensilios de las gacetas del estante. Retiro la gaza, limpio la herida, de pronto se acordó de la cantidad de movimientos bruscos que había tenido ese día, tenía que revisar sus pechos, ahora mismo. Por lo que separándose se paró frente al espejo y desnudo su torso.
– ¿Qué?... ¿Qué haces? –preguntó Cartman al ver lo que hacía tratando de mirar hacia otro lado.
– Ese idiota del guardia me aferro por el pecho al sacarme, estoy revisando que todo esté bien… ¿cómo luzco? –preguntó girándose dándole una vista amplia.
– Amm… –detalló cada centímetro de piel de este torso femenino al desnudo, ladeo un poco la cabeza, como si se hubiese hipnotizado, al quedarse mirándole directamente las tetas– Estas como para meterte todo mi amor a la fuerza.
– ¡Ay Cartman!… –de inmediato sonrió avergonzada con sus mejillas todavía más encendidas.
– Mierda. ¿Lo dije en voz alta? –recuperó las compostura mirándola a los ojos.
– Sí.
– Digo, estas bien. Bien. Era lo que iba a decir. –su miraba volvió a descender lentamente, como el que no quiere la cosa.
– Y de hecho se sienten bien, –replicó ella acariciando sus recientes adquisiciones– ¿quieres tocar? –se aproximó peligrosamente, dejándole un primer plano de las tetas de lleno frente a su rostro.
– Yo… nunca… em… pues… he tocado a una mujer… de esa manera…
– Me agrada mucho que me reconozcas como mujer, –sonrió dulce acariciándole los cabellos– y no simplemente como un pedazo de carne u objeto sexual. –algo que tenía acostumbrado recibir por parte del único hombre que había conocido, Stan, quien nunca había sido precisamente gentil, ella simplemente siempre estuvo cegada por un amor pendejo. Lo contrario de Cartman, quien con ambas manos ahora sostenía con gentileza y extrema precaución sus senos, incluso si sus manos eran un poco callosas debido al trabajo fuerte en el taller, su tacto no era para nada áspero, mientras que procuraba contener una sonrisa, parecía más bien un puberto con su primera porno.
– Si… se sienten bien… –comentó luego de contornear, masajear, palmotear, y apretar los bustos, también rozado los pezones, todo muy suavemente. Haciendo que Kyle se perdiera, cerrando sus ojos para concretar su sentido del tacto en esta zona, que llegaba con una nueva oleada de placer mental y físico. Incluso luego de que Cartman se detuviera y retirara sus manos.
Ella le busco con la mirada pasado un rato, lo que se demoraba en volver en sí misma. Su felicidad era inmensa… todo gracias a él… ¿cómo agradecérselo?... sus piernas se movieron solas, avanzaron la distancia que separaba los cuerpos y buscaron sentarse a horcadas en su regazo, dejando sus caras a la misma altura, unas grandes manos de inmediato la sujetaron por las piernas.
Los ojos de él lucían nerviosos. Los ojos de ella lascivos. Kyle busco conectar sus labios, mientras se seguían observando, ambos contenían la respiración, luego de cinco segundos, ella empezó a mover sus labios, los de él fueron respondiendo paulatinamente, ella cierra sus ojos y sonríe dentro del beso ya que su satisfacción no podría ser mayor, sus manos recorren los grandes brazos, sintiendo cada vello de sus antebrazos entre sus dedos, subió por su cuello hasta su cara, y luego con una mano le aferra los cabellos, mientras que con la otra busca aferrarle la espalda.
Cartman también cierra sus ojos, mientras acaricia las fornidas piernas de ella, que se había estado ejercitando también en los últimos meses que permanecía sola en casa, hasta llegar a las nalgas, quedándose allí masajeando, pero por el contacto en su espalda, se le escapa un bramido de queja, Kyle comprende lo que provoco, rompe el beso, se disculpa, busca alejarse y se acomoda la ropa rápidamente para continuar con la tarea inicial.
Faltándole poco para terminar, alguien llama a la puerta. Kyle busca los ojos de Cartman confundida, este le mira de la misma manera.
– Algún vendedor. Se largara. –comenta él, por lo que ella continúa en lo suyo, pero pasados unos minutos, el timbre vuelve a sonar– Insistente ¿eh?
– Bien entrenado. Demás que de esos que te clavan media hora por una pendejada.
– Seguro.
– Listo. Ya está. –replicó Kyle y se giró hacia el tocador para acomodar los utensilios.
Siente como unos brazos la rodean desde atrás, y unos labios se clavan en sus hombros. Carajo, no se lo esperaba, pero era lógico, no se iba a escapar tan fácil. Inclina su cuello para darle un mejor acceso, cada roce de sus labios con la piel es un delirio mental. Lástima que se viera interrumpido por el constante timbre que seguía y seguía replicando sin cansancio.
– ¡AHG! Pero que mierda. –gruño Cartman separándose– Le voy a romper las jodidas piernas. –salió del baño en dirección a la puerta, con Kyle de inmediato tras de él, por si lo que dijo no era en broma. Abrió la puerta y encontró un chico de mediana altura, delgaducho, pelo azabache y corto, de mirada perdida, se quedó contemplándole, los dos se miraron confundidos.
– ¿Ike? –proclamó Kyle desde las escaleras. El aludido de inmediato le miro.
– ¡Kyle! –sonrió y entro como Pedro por su casa.
– Cuanto tiempo sin verte hermanito. –salió de la escalera con los brazos extendidos buscando encontrarse en un abrazo.
– Sí, no sabes cuándo te he extr- ¡Woah! ¡Tienes tetas! –proclamó en cuanto sintió aquel bulto extra contra su pecho.
– Oh, sí. Cierto. –respondió achantándose un poco, ya que su hermano le miraba atónito los pechos.
– ¡Qué bien! –le sonrió sincero mirándole nuevamente a los ojos.
– Ejem. –carraspeó Cartman, que permaneció de pie junto a la puerta que continuaba abierta.
– Oh… Ike, ¿Te acuerdas de Cartman? –preguntó ubicándose junto a él.
– Mmm… –empezó a meditar.
– Jugabas con él, a los piratas…
– ¡Oh sí! El gordo. –Cartman frunció el ceño, Kyle le dio unas palmaditas en el brazo– Que locura esos tiempos… –el silencio se precipito incómodo.
– Bien y… ¿qué te trae por acá? –el auto-invitado suspiró profundo.
– Me escape de casa Kyle.
– ¿Qué? ¿Por qué?
– Mamá esta como cabra. No la soporto más, así que empaque un par de maletas y salí corriendo como pude de allá.
– ¿Y cómo es que sabias que estaba aquí?
– Cuando volviste y mi madre no te quiso en casa, concluí que te habías devuelto a Denver, pero el otro día te reconocí en el supermercado y decidí seguirte, entonces sé que vives aquí, no quise molestar, pero de verdad ya no soporto a mamá. –Kyle miro las maletas y luego a Cartman, este lo noto, y simplemente asintió para salir en dirección a la cocina dándoles espacio para hablar.
– Ven, entra eso. –señalo las maletas, el pequeño obedeció dejándolas junto al sofá de la sala– ¿Quieres algo de comer?
– Algo de beber mejor, estoy sediento.
– Espérame un segundo. –salió hacia la cocina y allí se encontró a Cartman en el porche del patio mirando en dirección de la casa vecina con la mirada entrecerrada. Ella sabía lo que estaba pensando. Se aproximó y le abrazo por la espalda– Cartman… –no respondió, por lo que ella continuo– no hagas algo que pueda separarnos… –pidió– por favor. –dándole un pequeño beso en la espalda.
– Dale una de estas. –dijo Cartman mostrándole la cerveza que tenía en la otra mano.
– Vale. –replicó al separarse para buscar en la nevera el líquido para llevarla a su hermano, y luego proceder a hablar un largo periodo de tiempo allí sentados. Cartman paso en medio de la conversación y Ike le miro algo desconfiado, pero luego Kyle le conto todo lo ocurrido y no podía estar más sorprendido. Le dejo durmiendo allí en el sofá, alcanzándole un par de almohadas y cobertores, y al subir, por más que lo deseara, prefirió no "molestar" más a Cartman, así que se fue a dormir a su propia cama.
Sus comentarios son bienvenidos y agradecidos. Mis disculpas para aquellos que llevan esperando la continuación hace tanto tiempo, espero que esta historia siga siendo de su agrado.
South Park © Trey Parker & Matt Stone. Comedy Central.
