Hola a todos :D Este capítulo va a ser cortito y posiblemente no veamos a Jinx hasta dentro de unos cuantos capítulos. Por otra parte, me gustaría agradecer a todos los que dejáis una review, me ayudan muchísimo a continuar con la historia. Ahora que he descubierto que se pueden responder (soy un poco lerda, no me peguéis xD) aquellos que me preguntéis cosas o quiera deciros algo, os contestaré en seguida que lo vea.

Sin más os dejo con el nuevo capítulo.

Capítulo 5 (Jinx): Amigos para jugar

Jinx caminaba errante y con dificultades por los lúgubres bosques que rodeaban Zaun. Necesitaba encontrar la cabaña de Singed… O aquel balazo en el hombro le saldría caro. Había sido el mejor juego desde aquella vez en el banco oficial de Piltover. Se lo había pasado en grande con la Manazas y pese a la herida recibida, todo había valido la pena para volver a sentir la euforia de la batalla, las balas volando aquí y allá, el humo y las explosiones. No había nada que amara más Jinx que la adrenalina que segregaba su cuerpo cada vez que disparaba alguna de sus armas. Si pudiera, seguramente se casaría con una de ellas.

Sin embargo, ahora estaba ligeramente preocupada por su hombro. La bala que había tirado Caitlyn (destinada a su cabeza) había impactado mal y ahora su brazo derecho se resentía de ello. Vio a lo lejos la pequeña estructura del laboratorio de Singed e hizo un último esfuerzo para llegar hasta la puerta y picar. El científico abrió, asqueado. Estaba elaborando una poción para hacerle rejuvenecer la piel, lo último que necesitaba eran visitas inesperadas que pudieran juzgarle. Jinx entró y cayó al suelo. Sus fuerzas empezaban a flaquear.

- Maldita sea Jinx, si no fuera porque podrías volar por los aires todo mi trabajo ahora mismo estarías muerta.- Murmuró el viejo alquimista arrastrando el pequeño cuerpo de la bala perdida, que había caído inconsciente.

Cuando Jinx despertó un vendaje rodeaba su hombro derecho. Observó la habitación y reconoció que estaba en la parte de arriba del bar de Dr Mundo. A su izquierda estaban dispuestas sus tres armas y su ropa. Alguien le había puesta una raída sudadera y unos pantalones de chándal que le iban enormes. Con cuidado empezó a bajar las escaleras hasta el bar, donde Mundo limpiaba la barra distraído.

- Eh Mundo. – gritó la peli-azul. - ¿Está por aquí Singed?

- No. – Respondió. – Pero Mundo ha oído que decía que le debes una muy gorda y que se la cobrará algún día.

Jinx resopló y se sentó en la barra, esperando a que el monstruo liláceo le sirviese algo. Justo en ese instante la puerta se abrió y una rata apestosa armada con una ballesta entró en el local; Twich, la rata apestada. La chica lo había visto más de una vez pululando por las calles de Zaun dejando tras de sí un tufo considerable así como un humillo verde poco agradable. Sin embargo, aparte de eso y los combates en la grieta, nunca había tenido ni una sola palabra con él.

- Parece que ya estás en pie otra vez. – Comentó con un desagradable tono agudo, mientras se sentaba al lado de la peli-azul.

- Sí, sí, estoy plenamente recuperada, tanto como para llenar el culo de una rata de balas. – Jinx empezó a reírse descaradamente. Pese a la ofensa, Twich no se inmutó.

- Así que te gusta jugar con la sheriff Caitlyn y la oficial Vi… ¿no? – Preguntó, lamiéndose el hocico.

- Oh sí, ratilla, es lo más divertido que puedes hacer en Piltover.

- Vaya… ¿Y no te gustaría hacer nuevos amigos para jugar, Jinx? – El rostro de la chica se iluminó plenamente. ¿Había escuchado bien? Jugar con La sombrerotes y la manazas era divertido pero… Empezaba a aburrirle. Las palabras de aquella rata inmunda empezaban a interesarle.

- ¿Qué quieres decir?

- Tan solo quiero presentarte a una amiga mía, para que escuches lo que quiere decirte… - Twich se levantó de su taburete y salió por la puerta.

- Eh, ¡espera! No me has presentado a tu amiga. – Jinx salió corriendo tras la rata, siguiendo el tufo verde que iba dejando a su paso. La lluvia se había presentado en Zaun, haciendo que su largo pelo azul quedase empapado. Después de varios minutos de caminar, al doblar una esquina vio el cuerpo de Twich al lado de una alta y delgada figura de melena roja como la sangre.

- Oh… Vaya… Menudas amigas tienes… - Comentó Jinx al ver delante suyo a la cuchilla siniestra, Katarina du Couteau.