Capítulo 7 (Ezreal): Escuchar

Ezreal se sentó al lado de Jayce en la sala de espera del hospital general de Piltover, suspirando, visiblemente cansado.

- Creo que me he perdido muchas cosas desde que me fui… - Comentó colocándose bien un reluciente mechón de pelo rubio. Jayce resopló, recostándose en la incómoda silla. – Vamos a estar aquí algunas horas así que… Podrías ponerme al día. – El chico hizo una sonrisa angelical mientras su amigo lo miraba escéptico. – Vamos Jayce, te recordaba más animado. – El explorador le pegó un puñetazo amistoso en el hombro, pero el defensor del mañana ni se inmutó.

- Las cosas cambian Ez… Creo que me estoy haciendo viejo. – La amargura retumbaba en las palabras de Jayce. – Ya no soy el que era.

- ¿Las chicas ya no te miran igual, pequeño Jayce? – Se burló Ezreal. Recordaba una época de su vida, recién entrado a la alocada pubertad en la que Jayce, su amigo de aventuras junto con Caitlyn, y unos cuantos años mayor que él, le daba estúpidos consejos sobre cómo ligarse a una chica. Ahora, en su agraciada juventud, con una sola de sus sonrisas, o un guiño de ojo, podía conseguir tantas mujeres como desease.

- Ni se te ocurra por un instante burlarte de esto, rubito. – Espetó él, claramente frustrado. – Mis dotes de seducción siguen intactas.

- ¿Entonces? – Inquirió Ezreal. Su amigo no medió palabra, sin embargo, su mirada se dirigió inevitablemente a la habitación donde desde hacía ya más de tres horas se encontraban Caitlyn y Vi. – No será sobre…

- Calla. – Lo interrumpió Jayce. – Es vergonzoso… - El rubio se quedó callado. Si algo había aprendido en sus largos viajes en solitario es que el silencio puede ser mejor compañía que las palabras banales, así que simplemente, dejó que su amigo se sintiera capaz de contarle lo que había sucedido. – Pasó hace varios meses… Quizá medio año. – Jayce tragó saliva y empezó a mover nerviosamente las manos. – Tú sabes mejor que nadie que Caitlyn siempre me ha gustado, además desde que éramos bien pequeños. – Ezreal asintió con una ligera sonrisa. – Pues bien, su madre, que me tiene en gran aprecio, me insinuó que su hija estaba interesada en mí… - Jayce cogió aire. Su rostro se había estado enrojeciendo conforme avanzaba su historia. – Así que me lancé. – El defensor del mañana volvió a hundirse en su silla. – Como puedes imaginar no salió como me esperaba, de hecho… Acabamos discutiendo.

- ¿Por qué? ¿Fue muy dura contigo? Ya sabes, a veces puede ser muy fría pero en el fondo es un cachito de pan. – Dijo Ezreal encogiéndose de hombros. Pese a su fama de mujer fría y calculadora, Caitlyn en el fondo se sentía muy sola. No se le había conocido pareja pese a rozar ya los 24 años, ni si quiera se la había visto nunca en compañía de un hombre que no fueran él mismo o Jayce. De hecho, dudaba que su amiga hubiese tenido algún tipo de relación física con nadie.

- Digamos que… - Empezó su amigo, colorado como un tomate. – Le insinué que quizá debería tirarse de una vez a Vi y acabar con tanta tontería. – Ezreal empezó a reírse incontrolablemente.

- Jayce, eres el hombre con menos tacto de toda Runaterra. – Su amigo, indignado se levantó y dejó al explorador solo en la sala de espera, secándose una lagrimita de su mejilla.

Todo Piltover sabía que la Sheriff y su oficial estaban juntas casi las 24 horas del día, los rumores eran varios, desde que Caitlyn había rescatado a Vi de la miseria para que fuese su esclava a que Vi estaba manipulando a Caitlyn para convertirse ella misma en la nueva sheriff de la ciudad. Sin embargo, Ezreal sabía que su amiga de la infancia sentía muchísimas cosas por su oficial, solo le hacía falta observar como brillaban sus ojos al mirar a la peli-rosa para darse cuenta de que el corazón de Caitlyn llevaba tatuado un nombre. Pese a lo poco que había estado en su ciudad natal a causa de sus exploraciones, el chico siempre intentaba pasar una tarde con su amiga y sonsacarle la verdad acerca de sus sentimientos, pero, una y otra vez, chocaba contra aquellos muros de hierro que ella misma había construido para protegerse.

El ruido de una puerta al cerrarse llamó la atención del rubio, que levantó la cabeza y vio a Caitlyn, apoyada en la pared del pasillo, mirando a la nada. Se acercó en silencio y se puso a su lado, observándola. Sus ojos estaban hinchados, teñidos en sangre de tanto llorar, la vista perdida y la boca entreabierta. A Ezreal se le encogió el corazón… Jamás había visto a su amiga tan desmejorada, de hecho, las únicas veces que la había visto llorar fueron lágrimas de frustración o rabia. No pudo evitar abrazarla. Notó las manos de Caitlyn agarrarse a su chaqueta y romper a llorar.

- ¿Por qué duele tanto, Ez? ¿Por qué soy incapaz de verla en este estado? ¿Qué me está pasando? - El chico se apartó un poco de la Sheriff e intentó secarle las lágrimas. El azul marino de los ojos de Caitlyn se encontraron con el azul eléctrico de los de Ezreal. En ellos vio miedo, inseguridad, incomprensión… Estaba perdida y él tenía la respuesta para que se encontrase a sí misma. Sin embargo, en el fondo creía que debía ser ella sola quien se diera cuenta de lo que todos aquellos sentimientos significaban, que por su cuenta pusiese en orden su vida y encontrase las fuerzas para enfrentarse a Vi.

- El dolor forma parte del amor, Cait… - Murmuró él. Su amiga bajó la vista, incómoda.

- Me da miedo donde me puede llevar todo esto… Donde la puede dejar a ella… - Una pequeña sonrisa asomó por sus labios y volvió a mirar a Ezreal. – Creo que esté es el enemigo más feroz al que me he enfrentado nunca.

- Y como siempre, lo vencerás. – Contestó el rubio posando su mano en el hombro de la chica, que sonrió y asintió, decidida. Solo faltaba que Vi despertara… Ezreal tragó saliva, pensando por un momento en que quizá la oficial no compartiera los sentimientos de Caitlyn… "Solo lo sabremos si se atreven a hablar", pensó. Suspirando, intranquilo, se sentó con su amiga en el suelo. La espera, podía ser eterna.

A/N: Espero que os haya gustado el capítulo dentro de la cabecita de Ezreal. Gracias a todos por vuestras reviews, el próximo capítulo será intenso jeje.