AN: Hola a todos :D Hace un tiempo que no colgaba nada, pero he estado de exámenes y proyectos finales y no he tenido tiempo para escribir... Pero, aquí tenéis este capítulo más largo de lo normal para recompensar mi ausencia. Espero que os guste, cualquier cosa, me la podéis comentar dejando un review. Sin más, os dejo con este capítulo ^^
Capítulo 8 (Vi) Despertar
"Vi se miró al espejo una última vez. Tal y como le había aconsejado ese pequeño explorador rubiales, había optado por ponerse una camisa azul y combinarlo con una corbata de seda amarilla y una rosa perfectamente ajustada a la solapa de su chaleco blanco. Había peinado su melena peli – rosa hacia atrás, recogiéndola en una coleta que caía por su hombro, dejando que algún mechón de pelo más corto cayera por su cara. Vi suspiró. Las fiestas nunca habían sido su fuerte. No le gustaba la interacción con otros seres humanos a no ser que implicara estampar sus guantes hextech en sus caras. Sin embargo, Caitlyn la había convencido para asistir a la fiesta de navidad que organizaba el gobierno de Piltover. Siendo solo una oficial, su presencia no debería estar permitida en ese tipo de acontecimientos, pero la Sheriff la había colado como su acompañante y escolta oficial.
- Lo que estás haciendo por una chica… - Se dijo Vi a si misma antes de salir por la puerta. Sabía perfectamente que si no fuera por ella no se hubiese puesto aquella vestimenta que le hacía parecer un payaso, ni hubiese prometido controlar sus modales y portarse como un buen perrito obediente. En el fondo quería sorprender a Caitlyn y demostrarle que no solo sabía derrumbar paredes y detener a criminales.
Salió a la calle y entró en el coche negro que la esperaba en la puerta de su edificio.
- Buenas noches señorita, ¿dónde quiere que la lleve? – Ezreal la miraba vestido con colores similares a los de Vi, con un chaleco y camisa azules y una americana blanca. Llevaba la misma rosa que ella clavada en el lado izquierdo, aunque la suya era ligeramente más rosácea. Su atuendo lo hacía parecer unos años mayor de lo que en realidad era. Vi le pegó un puñetazo cariñoso en el hombro (que debió ser demasiado fuerte para el explorador, pues tensó la cara para no demostrar dolor). - ¿Estás preparada para esta noche, oficial?
- Siempre estoy preparada. – Fue la respuesta tajante de la peli – rosa, que miraba por la ventana mientras el coche avanzaba por las calles de Piltover.
La fiesta se llevaba a cabo en la enorme mansión de Jayce, el defensor del mañana. Vi sabía que después de acabar con la vida de Viktor, hacía unos años, Jayce había conseguido el favor eterno del gobierno de la ciudad, que lo premió con aquella enorme casa en el mejor barrio posible. De hecho, la casa de los padres de Caitlyn no estaba muy lejos de allí. Vi tragó saliva. Era posible que esa noche los progenitores de su jefa estuvieran en aquella fiesta y muy posiblemente tuviera que hablar con ellos. La fama de la oficial era conocida por todos, incluso su pasado había llegado a ser comidilla de cotilleos y rumores y estaba segura que los padres de la Sheriff sabrían de ello.
Dejaron el coche delante de la mansión donde un chaval uniformado se lo llevó para aparcarlo más adelante. Vi observó la enorme casa de estilo moderno con grandiosos ventanales, terrazas y balcones. Un mayordomo les acompañó hasta la puerta de entrada, recogiendo sus abrigos. La chica estaba realmente impresionada y dudaba de que Jayce tuviese a todas aquellas personas a su servicio. Entraron al salón principal y se encontraron con una marabunta de gente vestida de forma elegante y vistosa, con sus cócteles pijos en las manos hablando de cosas que en realidad no les interesaban y elogiando a personas que en realidad odiaban. Vi pudo reconocer al alcalde de Piltover hablando con una rechoncha mujer que le reía todas sus bromas. A lo lejos divisó el gigantesco pelo de Heimerdinger, que les enseñaba a los interesados su último invento. Ezreal había desaparecido de su lado, seguramente arrastrado por alguna de sus fans locas.
Lo primero que hizo Vi al quedarse sola fue acercarse a la barra que había instalada en una esquina. Se sentó en un taburete y llamó la atención de un camarero.
- ¿Tienes ron noxiano? – Preguntó la oficial, visiblemente incómoda ante la situación.
- Aquí solo servimos licores de la mejor calidad, señorita. – Vi observó al camarero. Era un tipo delgaducho, de facciones duras y oscuro pelo negro.
- ¿Qué es lo más fuerte que tenéis, entonces? – Inquirió ella, ligeramente mosqueada. Adoraba el alcohol noxiano, era sin duda, el único que podía emborracharte con una simple gota.
- Bueno… - Pensativo, el chico sacó varias botellas de la barra y le sonrió a Vi con seguridad. – Si no le importa, puedo probar un cóctel nuevo.
Vi le hizo un gesto con la mano, dándole libertad total para que el chaval experimentara. Mientras esperaba, notó una fina mano en su hombro.
- Creí que esta noche ibas a comportarte. – La suave voz de Caitlyn hizo que Vi pegara un salto en su taburete, girándose en seguida. Al ver a su jefa, la oficial se quedó completamente sin aliento. La Sheriff iba con un largo vestido lila oscuro, abierto por la espalda y ceñido al esbelto cuerpo de la mujer. Una abertura, dejaba ver la pierna derecha de Caitlyn. Su pelo oscuro caía como una cascada por su espalda y sus ojos como el hielo estaban rodeados de una pequeña capa de maquillaje que los hacía parecer más grandes y almendrados. Vi abrió la boca intentando contestar algo, pero el escote de la Sheriff la distraía completamente. La voz del camarero la hizo volver al mundo real.
- Aquí tiene señorita, espero que sea de su agrado. – La oficial cogió su copa y se alejó de la barra, saludando a Caitlyn, intentando mantener los ojos en su rostro.
- Necesito tomar el aire… ¿Me acompañas? – preguntó ella, adentrándose entre la multitud, sin esperar la respuesta de Vi. Saludaba a aquellos que conocía y devolvía el saludo a todos aquellos que se presentaban. No podían dar ni dos pasos sin que algún invitado baboso se abalanzara encima de la Sheriff. Vi se mantenía tensa a su lado, bebiendo de su copa intentando reprimir las ganas que tenía de apalizar a todos aquellos que se acercaban más de lo necesario a su jefa. Casi una hora después, consiguieron salir a uno de los numerosos balcones vacíos.
- Odio las aglomeraciones, me ponen nerviosa. – Comentó Caitlyn, apoyándose en el balcón.
- Yo te veía bastante cómoda ahí dentro. – Señaló Vi, sacándose un paquete de cigarrillos del bolsillo de sus pantalones. Sin embargo, no encontraba por ninguna parte el mechero o las cerillas. Antes de que pudiese maldecirse a sí misma, la llama de un zippo plateado iluminó su rostro, encendiéndole el cigarrillo. Caitlyn, con un pitillo entre sus finos labios le sonreía, amable.
- ¿Desde cuándo fumas? – preguntó Vi mientras veía como su jefa se encendía el cigarrillo y expulsaba el humo de forma tremendamente sexy.
- Hay cosas que no sabes de mí, querida Vi – Contestó ella, burlona. – Ya las irás descubriendo con el tiempo.
La peli – rosa sonrió. No podía apartar sus ojos de aquella chica de largo pelo oscuro que fumaba apoyada en la barandilla del balcón mirando al cielo. Solo habían pasado seis meses desde que empezaron a trabajar juntas y la verdad es que Vi se sentía la persona más feliz del mundo. Sabía que muy poco a poco, Caitlyn se estaba adueñando de sus pensamientos. Aquella noche parecía que con cada calada que le daba a aquel cigarro, el corazón de Vi se saltaba un latido.
- ¿Alguna vez te has sentido libre, Vi? – Preguntó de repente la Sheriff, apagando su cigarrillo en el suelo. La oficial se lo pensó durante un rato. Sí, realmente podía decir que se había sentido libre en algún momento de su vida, sin embargo, tenía un recuerdo de su infancia que para ella definía la completa libertad. Envuelta por un repentino impulso se acercó a Caitlyn, que seguía con la mirada fija en el cielo, y la rodeó por la cintura. La Sheriff se tensó, sorprendida, pero no se apartó. - ¿Qué haces, Vi? – Preguntó en un susurro.
- Cierra los ojos… - Murmuró ella, cerca de su oreja. Tener a su jefa tan cerca la estaba poniendo muy nerviosa, pero consiguió mantener la compostura. - Imagínate que corres por un largo y extenso prado de amapolas. Sientes la tierra húmeda en tus pies desnudos, el aire que azota tu rostro, amable, las hojas que rozan tus dedos, gentiles. – Vi pasó la yema de sus dedos torpes por el brazo de Caitlyn. – No huyes, ni persigues a nadie… Tan solo corres.
La Sheriff suspiró y abrió los ojos, girándose de repente, quedando a muy pocos centímetros de Vi. Las dos chicas se miraron y tragaron saliva. Vi se dejó perder en aquel lago helado por unos segundos, hasta que se apartó y se llevó la mano a su nuca, sonriendo incómoda. Por un segundo vio en los ojos de Caitlyn un atisbo de decepción.
- Gracias Vi… - Musitó la chica, dándole la espalda. – Creo que hoy he aprendido algo más de ti.
Vi se quedó allí parada, en silencio, mirando a su preciosa jefa, sin ser consciente que otros ojos como el hielo habían presenciado la escena que había sucedido en aquel balcón."
Vi notaba el sol en sus ojos cerrados. Y estaba harta, muy harta de no poder abrirlos. Estaba rabiosa como un perro encadenado. Su mente trabajaba a toda velocidad durante horas hasta que perdía la conciencia otra vez. Escuchaba a todos aquellos que entraban y salían de allá donde estuviera. Pescaba conversaciones sueltas, a los médicos hablando y… a Caitlyn llorando. Aquello había sido lo peor que le había pasado nunca. Su preciosa Sheriff lloraba a su lado, seguramente sintiéndose terriblemente culpable por haber fallado aquel tiro y ella estaba allí, inmóvil, incapaz de despertar y abrazarla para que su llanto dejase de atormentarla.
Sin embargo, aquel recuerdo la había asaltado de repente. Bueno… Igual no tan súbitamente. A su lado Ezreal le hablaba de lo terriblemente borracha que había acabado, de cómo retó a Jayce a un pulso, ganándolo y rompiendo una cara mesa de cristal, de la cara de estúpida que se le quedó al ver a Caitlyn bailar con el defensor del mañana y como descubrió que el camarero sí tenía ron noxiano y no se lo había querido dar. Vi quería despertar y reírse con Ezreal, pero sobre todo… Quería despertar para volver a notar a Caitlyn tan cerca. Recordaba la electricidad de sus cuerpos al rozarse, como se había encendido su alma con solo aquel pequeño contacto y el fuego que desprendían los ojos de hielo de su amada. Vi quería moverse y encontrar a la Sheriff, quería decirle todo lo que sentía, quería despertar y correr hacía sus brazos. Estaba cabreada, muy enfadada, su sangre hervía y no se había dado cuenta que poco a poco volvía a notar sus miembros hasta que, de repente, abrió los ojos.
La voz de Ezreal se apagó, los ojos de Vi se cerraron, molestos por el sol. Los volvió a abrir, enfocando un blanco techo. De repente la imberbe cara del explorado se puso delante de su campo de visión, con la boca abierta de par en par y sus ojos tan grandes como naranjas.
- ¡HAS DESPERTADO! – La abrazó con todas sus fuerzas, pero la oficial, no pudo reaccionar. Estaba sorprendida por la efusividad del chaval. ¿Cuánto llevaba en ese estado? El chico salió corriendo y lo escuchó gritar en el pasillo. Al rato, Vi oyó unos pasos que se acercaban rápidos y decididos, la puerta se abrió.
Mirándola con sus ojos azules, Caitlyn pronunció su nombre como si fuera el mejor tesoro del mundo, se acercó a ella y la abrazó, sin dejar de repetir el nombre que la chica llevaba tatuado en su cara.
