Capítulo 12 (Katarina) Noxus
El gran castillo de Noxus se alzaba frente a Katarina, oscuro e imponente. La pelirroja avanzaba a toda prisa por los intrincados pasillos con sus ojos verdes impregnados de rabia. Aquella maldita loca de las pistolas se había escapado en sus narices. No es que le tuviera miedo, pero aquella fuga era una pequeña tergiversación en sus planes. Jericho Swain, el gobernante de Noxus no había tardado en enterarse de lo ocurrido y ahora demandaba la presencia de la cuchilla siniestra para pedirle explicaciones. Katarina atravesó unas enormes puertas de roble sin saludar a los dos soldados que la flanqueaban. Tras ellas encontró a Darius sentado en un sillón de terciopelo negro acariciando a un gato sin pelo. Tras un escritorio de madera oscura, se encontraba Swain y su pájaro, Beatrice, postrado en su hombro. Los tres la miraron en silencio, pero hacía falta algo más que tres pares de ojos negros para intimidar a Katarina.
La chica saludó militarmente a sus superiores y esperó a que alguno de los dos hablara. Sin embargo, aquello no parecía que fuese a suceder, así que decidió tomar la iniciativa dando un pequeño paso adelante.
- Comandante, ¿quería verme? – preguntó formalmente.
- Así es, querida. – Respondió Swain sin apartar la mirada de su soldado. – He sido informado de la huida de nuestra aliada Jinx… - Sus palabras escupían el más puro veneno, sin embargo Katarina no parecía afectada. – Creo que merezco una explicación…
- Fue esa rata inmunda, señor. – Aclaró la pelirroja. – Lo dejé al cargo de la vigilancia de la bala perdida, pero al parecer, se durmió en servicio y la chica aprovechó para escapar.
- ¿Y por qué quería huir? – Preguntó Darius, punzante. Katarina apretó los dientes, nunca había sentido especial afecto por la mano de Noxus.
- No sé me ocurre ninguna razón por la que quisiera romper nuestra alianza. – Respondió ella, tajante. – La cuestión, comandante, es que ya no precisamos de sus servicios, conseguimos sonsacarle la información que necesitábamos. – Katarina sacó un pergamino que tenía enrollado en sus pantalones de cuero y lo desplegó encima del escritorio. En él estaba dibujado un mapa con trazos desiguales y pequeñas anotaciones con una letra casi inteligible. Swain lo examinó en silencio durante largos minutos. La pelirroja sacó uno de sus cuchillos y empezó a afilarse las uñas mientras esperaba, mientras Darius seguía acariciando al feo gato.
- Perfecto. – Anunció el maestro dejando el mapa a un lado. – Gran trabajo, soldado. – Katarina hizo un pequeño gesto con la cabeza como forma de agradecimiento. – Vuelve al campo base, Darius llegará en un par de días con las órdenes correspondientes.
Katarina volvió a hacer una reverencia y salió de la estancia sin mostrar sus sentimientos. Sin embargo por dentro su sangre hervía de rabia. Servía a Noxus con fidelidad y devoción desde que nació, sin embargo, desde que Swain se había proclamado como comandante unos años atrás, las cosas para la cuchilla negra habían cambiado ligeramente. Su padre, el señor Du Couteau, había sido uno de los soldados más prestigiosos y ricos de la región. Su desaparición supuso un gran golpe para el ejército Noxiano, pero sobre todo, para su familia. Cassiopeia había acabado en los indomables desiertos de Shurima convertida en una especie de serpiente con rasgos humanos, persiguiendo tesoros y envenenando las mentes y los cuerpos de los que se encontraban a su paso. Katarina seguía sirviendo al ejército y a su patria con fiel devoción, pero añoraba a su padre más de lo que le gustaba admitir. Ante todo, echaba de menos lo que significaba ser un Du Couteau en Noxus. Todas las puertas se le abrían sin rechistar, las mejores misiones eran para ella, y no fallaba absolutamente ninguna. Era la reina en las sombras de su región, y todos lo sabían. Hasta que llegó Swain y… Las cosas cambiaron.
Katarina avanzaba por el terreno semi-volcánico de Noxus, quería hablar con alguien antes de partir otra vez. La pelirroja llegó a los suburbios de su ciudad, hundidos en la dura roca. Un pequeño bar situado entre una tienda de armas y un burdel llamó su atención. Entró, ignorando algunas miradas lascivas por parte de los soldados rasos que paseaban por las calles y buscó una figura blanca entre la negrura del local. Talon, la sombra de la espada, bebía ron en una mesa alejada. Katarina se sentó delante suyo y lo miró en silencio. Consideraba a Talon como su hermano y sabía que él compartía tal sentimiento. Era de las pocas personas en las que confiaba ciegamente, por no decir la única.
- ¿Vuelves a irte? – Preguntó el asesino dándole un sorbo a su bebida. Katarina asintió. – No entiendo porque acatas sus órdenes…
- No me queda otra si quiero servir a mi país. – Respondió ella, desviando la mirada.
- ¿Y crees que los ciudadanos de Piltover tienen la culpa de la estúpida ambición de Swain de dominar el mundo? – Talon apretaba su vaso con demasiada rabia.
- Modera tu lengua, hermano, las paredes tienen oídos. – Susurró Katarina. – Solo quería despedirme antes de partir otra vez.
Talon la miró con sus brillantes ojos broncíneos, se levantó tambaleante y abrazó a la pelirroja, que no tuvo tiempo de reaccionar ante tal muestra de afecto.
- ¿Vas borracho? – Preguntó ella, apartando el cuerpo pesado del chico.
- Es posible… - Murmuró él. Alargó una mano y le revolvió el pelo a Katarina, que en seguida se tele transportó tras el asesino, desenvainando una de sus espadas cortas, dirigiéndola directamente a su cuello.
- Vuelve hacer eso alguna vez, hermanito, y estarás muerto antes de que te des cuenta. – La pelirroja envainó su espada otra vez y salió del bar con paso firme.
- ¡Yo también te quiero, hermanita! – Gritó Talon, despidiéndose de ella con la mano.
A/N: Cómo veis voy haciendo pequeñas apariciones por aquí, ya que no dispongo de tiempo ni para dormir, pero no quiero dejar colgada esta historia. Espero que os guste este pequeño primer capítulo con Katarina, habrá más, ya lo veréis. Un saludo a todos :D
