Aviso, estos personajes lamentablemente no me pertenecen, son de la gran Rumiko. ¡Disfruten!
Inuyasha tropezó con algo, o quizá se le enredaron los pies por el nerviosismo y cayó en la hierba con Kagome sobre él. La chica abrió sus ropajes y acarició todo su pecho, mientras sentía como el Hanyou introducía las manos en su ropa y se la sacaba de un tirón.
Se miraron a los ojos e Inuyasha la agarró con firmeza, pero a la vez con mucha suavidad por su rostro:
—Me las vas a pagar.
CAPÍTULO 4
Estaba tan nerviosa que no supo distinguir si había sido una pregunta o amenaza. Soltó una suave carcajada al arrancar su blusa y eso enloqueció a Inuyasha.
La observó cómo aquel cazador que ha capturado a su presa. O más bien, necesitaba de ella como una persona que estuvo perdido días en el desierto y por fin logró llegar a un oasis.
—Lo siento, pero no tengo dinero. —Ella quería jugar, pues de alguna forma tenía que guardarse ese nerviosismo de primeriza.
Inuyasha le sonrió arrogantemente: enseñándole sus perfectos dientes blancos y haciéndola derretirse.
¿Quién no lo haría? ¿Quién no es pondría nerviosa con él delante?
Maldijo mentalmente a todas las personas que lo habían rechazado alguna vez.
El hanyou e acercó a su boca y la besó con pasión. Introdujo la lengua en ella dedicándose a examinar su paladar y cada uno de sus dientes, ¡Eso sabía a gloria! Los besos de aquella inocente azabache no podría compararlos con los labios de ninguna mujer, bueno, no es que haya besado muchas en su vida. Entreabrió un ojo y la vio con los ojos presionados en una mueca de evidente placer correspondiendo a sus besos. Bajo las manos por su cintura, después por su cadera y un poco más abajo. ¡No pensaba que Inuyasha la iba a tocar ahí!
—No necesito dinero—Murmuró
Como era de esperarse, no pudo resistir mucho tiempo más:
Con un impulso revirtió los papeles dejando a Kagome de espaldas sobre la hierba y encerrada entre sus brazos. Siguió con la mirada clavada a la suya, se acomodó sin temor sobre la muchacha, haciéndola enroscar una pierna en su cadera: mientras la acariciaba demarcando su propiedad. Ella aprovechando la nueva posición, terminó de quitarle las molestosas prendas del torso y colocó las manos en sus omóplatos, estirando su cuello para recibir con gusto los besos que él le brindaba ahí. Después recorrió suave y lentamente el mentón de la joven con sus labios, hasta subir por su barbilla mordiéndosela y encontrándose con sus labios nuevamente.
La espalda del joven, en realidad su cuerpo, estaba extremadamente caliente; y no supo si era por la situación o por el reciente ataque. Al tocar, pudo sentir la cicatriz aún no curada del todo. Su mano bajó hasta el nudo de su hakama y lo obligó a apegarse más a ella, recibiendo un gruñido de placer como respuesta.
Inuyasha sintió su interior palpitar y su cabeza hecha un meollo.
¿Por qué?
Buena pregunta.
—Detenme. —Ordenó.— Obligame a parar... —Jadeó, y mordió el lóbulo de su oreja.
Sí dejaras de besarla de esa manera, podría hablar, imbécil.
A veces odiaba a su conciencia.
Él ni siquiera pudo creerse sus propias palabras. La miró a los ojos y denotó que estaba más bella que nunca. Se atrevió a colocar una mano por sobre el sostén de la muchacha y presionar su pecho con deseo. La joven soltó un gemido de placer, los labios del hanyou fueron trasladados hasta el valle de sus pechos; con sumo cuidado acarició la piel con sus colmillos.
Su cabeza volvió a palpitar.
La embistió dejándose llevar por sus impulsos.
Otra vez,
Otra,
Y una vez más.
Vete a joder a otra cabeza, estúpida consciencia.
A la última embestida Inuyasha colocó una mano sobre la boca de la muchacha y ésta logró acallar un poco su grito. Ella podía sentir claramente su virilidad contra su centro. Estaba completamente consciente de lo que sucedería al momento que sus cuerpos se tocasen sin nada encima. Inuyasha jaló un poco su sostén hacia abajo y agarró la cúspide oscura entre sus dientes, succionándola.
No se arrepentía de nada.
—Por favor…—Volvió a susurrar soltando su pecho. Y dándole el mismo trato al otro. Kagome gemía suavemente y arqueó su espalda contra la hierba Inuyasha la agarró por la parte baja y la obligó, nuevamente, a apegarse más a él.
Dentro del hanyou sucedían dos cosas completamente diferentes.
La primera, le decía que se detuviera.
Y la segunda, era que la hiciera suya de una vez.
Volvió a embestirla y colocó una mano en su muslo aferrándose a él ocupandolo como punto de apoyo. Tomaría la segunda opción.
Su cabeza recibió un metafórico golpe. Obligándolo a tomar un poco de espacio. Agarró sus manos entre las suyas y las colocó con firmeza sobre su cabeza.
Perdón, era la primera opción.
—Basta. —La respiración de ambos estaba extremadamente agitada. Arregló el sujetador de la chica para evitar tentaciones.
—Inuyasha… —El corazón de la chica latía con mucha rapidez. Su cabello estaba despeinado y sus labios hinchados. ¿Por qué la besaba de aquella manera y después se separaba de ella como si estuviese enferma?
—No aquí. —Dijo ya más calmado— No ahora.
—No me vas a hacer daño —Aseguró, lo único que Kagome deseaba era estar con él de una vez por todas. Había esperado años, quizá valía la pena esperar un poco más.
—Soy peligroso —Recalcó con severidad— ¿Es que no lo entiendes? —Soltó su agarre y tomó el rostro de su chica entre sus manos— Podría matarte y no te darías cuenta —Le soltó el rostro y se levantó apretando sus puños. Sentía algo recorrer su cuerpo, y no era precisamente su sangre.
—No te tengo miedo, sabes que confió en ti. —También se levantó y colocó una mano en su hombro.
Quizá la seguridad de Inuyasha emanaba de su propia desconfianza.
—Yo no. —Aseguró molesto. Agarró sus ropajes y se los puso con brusquedad.—No puedo creer que tú sí. Kagome, eres una irresponsable. —Se volteó nuevamente hacia ella y la agarró de los brazos— Te vas a arrepentir algún día.
—Lo estoy haciendo ahora. —Dijo y se liberó de su agarre.
Después de todo, ese fantasma siempre lo perseguiría. Lo entendía, pero no lo aceptaba, Inuyasha siempre sería así. Se colocó su blusa, posteriormente se arregló el pelo y se apoyó en un árbol.
—¿Pudieron arreglar sus diferencias?—Sango había preparado la cena con ayuda de Shippo, no era un gran festín pero serviría para no pasar hambre. Miró al hanyou, estaba evidentemente molesto, y su amiga quizá más.
Antes que Inuyasha respondiera, Kagome lo hizo por él.
—No. —La chica se cruzó de brazos y desvió la mirada.
—A Inuyasha podría hacerle falta otra de esas bofetadas. —Shippo se puso a reír y el aludido lo agarró de la cola.—¡Ayúdenme!
—Ahora no estoy de humor para tus juegos, pequeña rata.
—¡Soy un zorrito!
Inuyasha recibió el boomerang en la cabeza:
—¿Pero qué demonios?
—Te dijo que lo dejaras en paz, matón.
Nuevamente el hanyou sintió un escalofrío recorrerlo de pies a cabeza.
—Me voy de aquí.
Los observó a todos y detuvo su vista en Kagome, quien le sostuvo la mirada y luego la desvió. Inuyasha negó con la cabeza y se fue; realmente no estaba molesto con ella, primero pensó que estaba molesto consigo mismo pero ahora se logró dar cuenta que estaba molesto con el mundo.
—¿Se podría saber que sucedió?
Kagome se mordió el labio inferior y miró a Miroku.
—Lo golpeé. ¿Será esa una respuesta suficiente?
Sango fulminó con la mirada al monje. ¡Los hombres eran unos insensibles! Ella pudo percatarse perfectamente de lo que sucedía con tan solo mirarlos, sabía que existía una relación más allá de tan solo "compañeros de viaje" y qué, esa relación no era oficial; más bien era como un barco con un agujero, si no lo cubres, se hunde, y si lo haces flota.
Inuyasha no apareció en toda la noche, y lo que más les extrañó a sus amigos, fue que Kagome no se quedó a esperarlo. Simplemente abrazó a Sango, cogió a Shippo y se fue a dormir.
Ella fue la primera en despertar, había mirado hacia los alrededores pero no lo había encontrado.
No tengo por qué deprimirme.
Los demás dormían tranquilamente, no los quería despertar, así que ella fue al río a buscar agua para hacer el desayuno. Trató de no pensar en Inuyasha, después de todo, ella tendría que estar molesta con él. Camino tranquilamente, el día estaba soleado, las hojas de los árboles aún no caían y seguían en su pleno color verde, ¡era demasiado tranquilo ese lugar!
—Quería disculparme
No se había percatado que él estaba ahí, junto al río, quizá esperándola.
—Está bien. —Auch, eso sonó demasiado evasiva.
—No te alegres tanto, te he dicho que quería. —Kagome frunció el ceño y se arrodilló a la orilla del río, no le iba a prestar mucha atención.— Hasta que me percaté que realmente no lo siento.
Eso lastimó el orgullo de la muchacha, menuda forma de devolverle el golpe. Presionó los puños y dejó las botellas de agua a un costado. Se levantó volteándose hacia él.
—No entiendo, prefieres mantenerme lejos, que comenzar a tenerte un poco más de confianza. ¿Debería estar bien con eso?
Y por fin lo miró, estaba sudoroso. Y sus manos temblaban un poco, ¿Qué le había sucedido? Inuyasha soltó una cruel carcajada.
—No te estoy diciendo que debes estar bien. —Se acercó a ella y ladeó un poco la cabeza— Te repito, te vine a decir que no lo siento. Porque esa mi forma de protegerte, porque no quiero que nadie, te haga mal. Aunque sean mis malas decisiones las que te lastimen. —Colocó una mano en su cuello y la miró a los ojos— Si estuviera a punto de perderte no sé que haría.
—Yo confío en ti —Repitió acercándose a él— Sé que no me harás daño. Solo quiero que te mires como yo te miro a ti.
—Eres una tonta. —Murmuró y se apegó a ella, besándole los labios con suavidad.
—¿Por qué se supone que vamos a esa aldea? —Preguntó Shippo desde el lomo de Kirara.
—Porque están las mujeres más bellas de la región, mi querido Shippo —De inmediato el monje recibió un golpe en la cabeza. ¡A ella ya le estaban cansando esas bromas! Lo miró molesta, pero no articuló ninguna palabra.
A Miroku le salió un gran chichón en la cabeza.
—Pero nadie es tan bella como tu mi Sanguito. —Dijo tratando de arreglar la tontería que salió por su boca.
—No pretendo perder el tiempo si es por eso Miroku —Eso era verdad, se suponía que debían buscar los fragmentos, ellos tenían un cuarto de la perla, Naraku tenía la mitad, y por descarte solamente quedaba un cuarto de perla deambulando por alguna parte de Japón.
—Solamente estaba bromeando, tu humor no ha mejorado nada. ¿Acaso la señorita Kagome no te da...?
Inuyasha se sonrojó.
Miroku de mierda. ¡No, no lo hemos echo por mi temor a matarla en la cama!
Meditó, no. No debería decirle aquello.
—No debería mejorar.
—Excelencia no sea entrometido. No deben pelear.
Llevaban caminando un par de horas, hasta que pudieron divisar la Aldea, ahí, vivía uno de los terratenientes más poderosos de la zona Norte. E Inuyasha logró sentir una extraña presencia, pero no estaba muy seguro de qué era.
—Inuyasha, ¿te puedo preguntar algo? —Dijo Shippo al lanzarse al hombro de Inuyasha. El chico lo miró esperando la pregunta— ¿Alguna vez piensas madurar?
Sango dejó escapar una sonora carcajada al igual que Miroku y Kagome los miró cruzada de brazos. Al parecer el pequeño estaba bastante interesado en la respuesta.
—¡Pues claro que no! ¡No soy una fruta!
Y el Hanyou lo dijo sin pensar. Eso provocó más risas en los integrantes del grupo.
—¡Lo pareces porque eres tan tonto como una! —Saltó del hombro de Inuyasha al suelo, cuándo él lo quiso atrapar.
—¡Ya verás pequeño enano! ¡Deja que te agarre! —Inuyasha comenzó de inmediato a perseguirlo
—¡Ay, por mi fuego mágico! —Por poco el hanyou lo agarra— ¡Kagome, Inuyasha me quiere pegar!
El mismo se detuvo frente a Kagome y le sonrió, ella negó con la cabeza y suspiró.
—Inuyasha, abajo.
Cayó al suelo, ¡seguía doliendo al igual que siempre! Kagome se quedó con él y los demás del grupo avanzaron para llegar a la casa del terrateniente lo antes posible. Al ver que no se levantaba, soltó un suave suspiro y comenzó a caminar. Hasta que sintió unos brazos rodearla por la cintura desde atrás y susurrarle al oído:
—Son azules.
La muchacha se sonrojó y tragó duro. ¿Desde cuándo Inuyasha era tan pervertido para algunas cosas? Él la soltó dejándola congelada.
—Aunque prefiero el color rojo. —Le tendió la mano y la muchacha la agarró— Es más... tú.
Inuyasha sintió otra vez, como aquella corriente extraña, pero no eléctrica, lo recorría.
Les habían dado una de las mejores habitaciones. Miroku se había comprometido a limpiar y dejar protegido todo su castillo a cambio de asilo, comida y bebida por unos días. Sango lo acompañó en todo momento, era cierto que las mujeres de ese pueblo eran hermosas. A su lado ella se sentía una cosa menor, y Miroku se encargaba de acrecentar ese sentimiento.
—¿Sucede algo Sango? —Kagome colocó una mano en su rodilla y la aludida la miro—
—No, es decir, su excelencia es la gran excelencia de los idiotas. —Dijo al ver como el monje, cortejaba a las chicas en el patio central— No lo entiendo, no sé por qué me preocupo.
—Por la misma forma que él se preocupa por ti... —Kagome miró a la misma dirección— A su manera.
El monje entró sonriendo a la habitación y todos guardaron silencio al verlo.
—¡Son unos agua fiestas! ¿Por qué no se divierten? —Se apoyó en la puerta cruzado de brazos. Sango se mordió el labio inferior y se levantó.
—Es cierto, iré a buscar a algún chico.
A Miroku le hirvió la sangre, ¿Qué?
—¡No!
—¡Nos vemos más tarde! —El monje salió reclamando atrás de la exterminadora. Shippo salió a recorrer el lugar en compañía de Kirara. Y los últimos dos se quedaron en la habitación en silencio.
No estuvieron conscientes hasta que Inuyasha tenía a Kagome bajo su cuerpo, ambos desnudos y besándose apasionadamente sobre el futón. ¡Era increíble la sensación de calor que ambos cuerpos se daban! Encajaban completamente, parecía que estuviesen hechos para estar juntos.
El hanyou le mordió el labio inferior y con sus colmillos lo hizo sangrar. Sus cuerpos se movían con concordancia y el sudor ya los invadía a ambos, la muchacha enredó las piernas en su cintura y lo empujó hacia abajo. Inuyasha no lo pensó dos veces e ingresó con un golpe seco dentro de Kagome, desgarrando todo a su paso. Besó su cuello y a la vez lo mordió, también dejándo un poco de sangre a su paso. ¿Qué le estaba sucediendo? Sus instintos youkai lo tenían dominado por completo.
Salió rápidamente y volvió a entrar con el doble de fuerza. Kagome gritó, y en ese momento de conciencia se preguntó el por qué no había aparecido nadie en la habitación si dentro se escuchaban sonidos como de perros. La seguía embistiendo de forma salvaje; definitivamente no pensaba en detenerse. Solo quería más y más.
—¿Kagome? —Preguntó una vez terminado el acto sexual. Y recién en ese instante pudo percatarse de su estado. ¡Le había hecho daño! Tenía mordidas por todo el cuerpo, moretones en la cintura, en el pecho y marcas moradas por todo su cuello. ¡Mierda había sido una bestia! Se miró a si mismo, y pudo ver que su cuerpo estaba manchado con sangre—Kagome... —Volvió a llamarla con temor en su voz.
Ella no respondía. Inuyasha entró en pánico.
—¡Kagome!
—Por fin haz despertado. —La muchacha lo obligó a recostarse y colocó, nuevamente, el paño con agua fría en su frente.
—¿Qué...? —Estaba temblando, no podía parar de hacerlo, se miró sus manos y las movió.
—Perdiste el sentido, amigo.
Inuyasha no comprendía de que estaban hablando. ¿Cómo podía ser tan débil? Eso tenía que ser una broma. Una maldita broma.
—¿Qué es lo último que recuerdas? —Preguntó Sango con extrema tranquilidad.
—Estábamos caminando hacia la casa del terrateniente y... —Inuyasha presiona los ojos y suelta un quejido de rabia.— No recuerdo nada, ¿Qué me está sucediendo?
—Demonio que mata demonios, ¿Lo recuerdas? —Murmuró Kagome y agarró una de las manos de Inuyasha acariciando el dorso.
—Le arranqué el corazón a ese imbécil. Y la herida ya está... —De inmediato siente un ardor en su pecho, se remueve las vendas y ve la herida abierta. No entiendo el por qué no sana, ayer me aplicaron un antídoto, debería funcionar.
Kagome bajó la mirada y presionó los ojos. Inuyasha no la miraba, ¿Por qué? Se suponía que se habían arreglado.
—No estábamos seguros. —Inuyasha se levantó sin prestar atención a los regaños y salió de la habitación.
Estaban en la casa del terrateniente y no tenía la menor idea de como había llegado. Sentía como la euforia se hacía parte de su cuerpo.
—Inuyasha...
—No te acerques. —Ordenó con un temblor en su voz. ¡Había tenido la sangre de ella en sus manos!
—El veneno causa alusionaciones. —Kagome coloca una mano en su hombro y la baja por su espalda— Sango dice que estarás bien, ya buscamos ayuda.—Con cuidado besa su espalda y pasa las manos por delante de su pecho.—
Inuyasha se volteó hacia ella y la agarró de los brazos.
—¿Ayuda para qué? ¡Te maté Kagome! —Exclamó sudoso. ¡Eso estaba soñando! Vaya sueño.
Ella se acercó aún más a Inuyasha y al hacerlo el peli plateado tembló.
—Estoy aquí.
—No lo entiendes... —La soltó y se llevó una mano a su herida. Esta ardió.
—Entonces cuéntame —Sin prestar atención al rechazo colocó las manos en su rostro.
—No puedo. —La muchacha se acercó a él y lo abrazó. Se acurrucó en su pecho descubierto y cerró los ojos. Lo peor es ver a la persona que uno quiere morir. Tarde o temprano le sacaría la información.
—No te preocupes —Dio unos cuántos besos en su cuello para tratar calmarlo— Hay que purificar el veneno que aún tienes dentro de tu organismo.—Inuyasha ladeó la cabeza y ella le sonrió un poco. Más bien, fue una sonrisa forzada.
El hanyou agudizó su olfato, y al mirar hacia la entrada su corazón dio un vuelco
—Kikyo.
¿No creyeron que ese iba a ser el "lemon"? No mis amores, es que encontré que Inuyasha se había mejorado demasiado rápido para mi gusto. Y me agrada hacerlos sufrir (?) Coff, coff, ya se van complicando un poco las cosas. ¡Apareció Kikyo! ¿Qué hará ella? Mmmm, quizá sea interesante...
Taijiya Sango Figueroa: ¡Oh, eres un amor! ¡Qué bueno que te haya gustado mi fic! Estaba esperando que me dijeras que te parecía, la verdad estaba un poco asustada (?) jajaj Gracias por agregarme a tus favoritos! Espero te haya gustado este capítulo! Besos
Anii: Uff! veamos que camino toma, las cosas se van a complicar cariño, eso te lo aseguro.
Desirena: Muchas gracias! Es un agrado que te haya gustado la historia, y más aún como son los personajes! Espero este capítulo te guste!
Bruxi: Cierto? Encontré mucho mejor una cachetada que un "abajo" ajaja, aunque como pudiste percatarte Inuyasha no se ha podido salvar del todo. ¡Veamos que sucede ahora! besos!
stivensgt Muchas gracias!
setsuna17: Que bueno que te haya gustado la historia! Ojalá te guste este capítulo! besos!
BeckyRaquel Y finalmente me saqué mala nota en física -w-" jajaja pero bueno, no importa. ¿Qué tal este capítulo? Te gustó?
serena tsukino chiba: Te quedaré debiendo un lemon como la gente, jajaja te prometo que habrá, en algún momento... espero te haya gustado!
miko kaoru-sama Y apareció Kikyo, pero eso quedará para otro capítulo. Muejeje, espero te haya gustado este! besos!
XOXO
