Capítulo 13 (Caitlyn) Cambio de perspectiva.

Caitlyn notó los rayos del sol calentando su espalda. Remugó medio dormida y alargó la mano buscando el cuerpo de Vi a su lado. Sin embargo se encontró la cama vacía. La Sheriff se incorporó de un salto. Todos sus instintos policiales se activaron de golpe, se enrolló la sábana a su cuerpo desnudo, cogió su rifle y salió de la habitación a hurtadillas. Puso la oreja tras la puerta que daba al salón, y escuchó ruidos extraños tras ella. Cogiendo aire y manteniéndolo en sus pulmones, Caitlyn pateó la puerta y apuntó su rifle con eficacia, encontrándose a Vi en la cocina con su devantal puesto friendo unas rodajas de beicon. La oficial levantó las manos asustadas con los ojos como naranjas.

- Sabía que tenías mal despertar, pero la verdad es que no me esperaba esto, cupcake. – Comentó la pelirosa, todavía conmocionada por la presencia de la Sheriff, rifle en mano. Caitlyn bajó el arma, la apoyó en la pared y empezó a reírse inocentemente. Salió corriendo hacia Vi y se tiró a sus brazos. Una extraña sensación de calidez que jamás había sentido se instaló en su pecho, donde su corazón latía con rapidez. "Esto debe ser aquello que algunos llaman felicidad…". – Esto ya me gusta más… - Susurró la oficial, estrujándola. Un ligero olor a quemado impregnó la atmósfera.

- Vi… - Murmuró Caitlyn con una sonrisilla en los labios. – Creo que se te está quemando el desayuno.

- ¿Qué? – La oficial se giró para ver como sus preciadas lonchas de beicon se tornaban negruzcas en la sartén. - ¡MIERDA! – La Sheriff se reía a carcajada limpia mientras observaba como su pelirosa se peleaba con la cocina. – No te rías… Solo intentaba sorprenderte llevándote el desayuno a la cama.

Caitlyn rodeó la cintura de Vi con sus brazos, apoyando la cabeza en su musculada espalda mientras la oficial dejaba unas tostadas en un par de platos. Por un momento sintió como si estuviera en el mismísimo paraíso. No quería salir jamás de aquel piso, no quería enfrentarse a lo que sus sentimientos iban a suponer ahí fuera. Solo pensarlo se le ponían los pelos de punta. Desearía parar el tiempo para siempre, que el mundo se redujera a Vi y ella… Pero, sabía perfectamente que tarde o temprano todos debían enterarse y aceptarlas tal y como eran. "Después de todo lo que he hecho por esta ciudad, lo mínimo que pueden darme es su aprobación…"

Perdida completamente en sus pensamientos, Caitlyn no notó como Vi se giraba hacia ella, la cogía de la cintura y se tiraba al suelo, poniendo su cuerpo encima del suyo, protegiéndola. Un enorme estruendo a vidrios rotos se apoderó de la casa. Caitlyn esperaba una explosión, algún grito, balas volando por todos lados, pero, aparte de su vidriera reventada, no podía ver nada que se pareciera a una invasión agresiva a su piso. Las dos chicas se levantaron y lo que vieron, las dejó petrificadas en medio de la cocina; Jinx, la bala perdida estaba tirada en la alfombra persa de Caitlyn sangrando por su tobillo, con el cuerpo y el, antes largo pelo azul, sucios y mugrientos. Las dos chicas se miraron sin comprender.

La primera en actuar fue Caitlyn, que se acercó a su rifle, lo cogió con firmeza y apuntó directamente a la cabeza de Jinx. Con una mano en el gatillo, cargó el arma, cogió aire y se dispuso a disparar.

- ¡Cait! – Vi había cogido su rifle y lo había apartado. Sus ojos violetas mostraban desconcierto y miedo. Caitlyn removió la cabeza. Sabía cuál debía ser su expresión… Notaba la rabia flotar por su sangre y las ganas de venganza se habían apoderado como un torrente de su racionalidad habitual. Aquella chica indefensa que estaba ahora en su piso había estado a punto de matar al amor de su vida. Había jugado con las dos durante años, y ahora, por más débil que pareciera, debía aceptar las consecuencias de sus actos pasados, debía ser castigada. – Nosotras no hacemos las cosas así, ¿recuerdas?

- Casi te mata… - Susurró Caitlyn, dejando el rifle en el suelo y mirando a Vi con sus ojos de hielo impregnados en lágrimas a punto de caer. – Se lo merece. Un gemido proveniente del suelo interrumpió su conversación. Jinx se estaba moviendo.

- Atémosla y escuchemos lo que tenga que decirnos. – Propuso Vi, cogiendo ella misma las esposas que tenía Caitlyn en el armario.

Atada a una silla, Jinx se despertó poco a poco. Al parecer la pérdida de sangre había hecho que se desmayara. Caitlyn, apoyada en la pared con su vestido lila y el sombrero enfundado encima de su pelo oscuro observaba a la peli azul con odio y curiosidad. Vi fumaba relajada apoyada en el sofá de cuero con uno de sus guanteletes puesto y el otro colgando de su espalda. La peli azul abrió los ojos y los posó encima de los de la Sheriff y, para sorpresa de las dos chicas, sonrió con lo que se podía decir que era, agradecimiento. De repente, la bala perdida se puso a toser con violencia. Vi le acercó un vaso de agua y le ayudó a beber poco a poco.

- Gracias… - Susurró Jinx con una vocecilla débil. Sus ojos rojos habían perdido aquel brillo de locura que los caracterizaban y su voz estridente parecía haber desaparecido.

- ¿Qué te ha pasado? – Preguntó Caitlyn, llevada por la curiosidad que le estaba consumiendo.

- Es una historia muy larga Sheriff… - Musitó la peli azul.

- Tenemos todo el día. – Se apresuró a contestar Vi, sentándose al lado de Caitlyn, que también tomó asiento. Jinx suspiró, las miró con tristeza, miedo y desesperación, pero empezó a hablar.

- Fui secuestrada por Twich y Katarina hace unos meses… Poco después de mi último ataque.

- En el que casi matas a Vi. – Interrumpió Caitlyn con rabia. Jinx asintió.

- Mis disculpas por todo aquellos, aunque sepa que eso no es suficiente para solucionar los problemas y el dolor que he creado… - Las chicas se miraron con sumo desconcierto. ¿Qué demonios le había pasado a Jinx? – En fin, la cosa no fue realmente un secuestro… Me ofrecieron un trato: Destrozar la ciudad de Piltover a cambio de información. – La peli azul cerró los ojos y empezó a temblar. Su voz disminuyó aún más, tanto que apenas se la podía escuchar. – Cuando les dije lo que querían saber… Me encerraron. Me torturaron, me apalizaron… Me hicieron todas aquellas cosas que me aterrorizaban. – Unas pequeñas lágrimas empezaron a caer por sus chupadas mejillas. – Veía la silueta de Katarina pasar por delante de mi celda todas las mañanas y pese pedirle clemencia, lo único que hacía era abrir la puerta y dejar entrar a aquella rata inmunda que me llenaba el cuerpo de encimas y pociones.

Caitlyn notó como Vi, que le había estado apretando la mano durante todo el relato, se levantaba y se dirigía a Jinx con tranquilidad y serenidad. Se quitó los guanteletes y posó su mano en la cabeza de la peli azul con cuidado. Se arrodilló para estar a su altura y le secó las lágrimas.

- Nadie merece ser torturado de esa manera. Ni si quiera tú, Jinx. – Vi se levantó y miró a Caitlyn. A sus ojos, de repente, su querida, agresiva y vengativa oficial, acababa de renacer ante sus ojos como alguien completamente nuevo. La compasión y la serenidad con la que estaba actuando llegaron al corazón de Caitlyn como una de esas flechas encantadas de amor que tiraba Varus por San Valentín. No podía creerse lo que estaba pasando. – Deberíamos ir al despacho y llevar a Jinx al hospital. Si su información es verídica debemos prepararnos para el ataque cuanto antes.

- Atacarán por los antiguos túneles subterráneos de Piltover. – Informó la peli azul mientras Vi le quitaba las esposas. – Caitlyn por fin logró reaccionar. Vi tenía razón, debían moverse y empezar a proteger su ciudad cuanto antes.

- Creo que esto es un trabajo para el comando Piltover… - Susurró la Sheriff marcando el número de Ezreal y Jayce en su móvil.

A/N: Espero que os haya gustado este capítulo. Como veis parece que la locura de Jinx ya no está presente en ella, no he querido alargarme en las explicaciones violentas de lo que le hicieron a Jinx, pero, imaginaos lo peor. Espero que os haya gustado el capítulo ^^