Capítulo 14 (Vi): Comando Piltover

Vi y Caitlyn habían salido del piso con Jinx esposada tapada con una bolsa negra en la cabeza. No querían que se hiciese oficial el secuestro de la conocida criminal, al menos por ahora. Vi miraba por la ventana mientras iban en el coche dirección a la comisaria. Sus ojos violetas se encontraron con los rojizos de la bala perdida al mirar por el retrovisor. Sin duda parecía una persona completamente distinta, serena, tranquila y asustada, encogida en el asiento trasero. Había sentido una terrible pena por ella y sobretodo, algo a lo que no estaba acostumbrada: compasión.

Jinx había sido su mayor enemiga desde que había entrado en el cuerpo policial de Piltover y se había burlado de ella volando en mil pedazos el banco general de la ciudad sin que ni ella ni Caitlyn pudiesen hacer nada. Los puños de Vi se apretaron ante el recuerdo y el sentimiento de impotencia que lo acompañaba. Sin embargo, aquella chica no era la misma Jinx que disparaba cañones y reía mientras daba saltitos por el banco, destrozándolo todo a su paso. La violencia que había vivido en sus propias carnes la había cambiado y le había extraído toda la locura que la mantenía con vida.

Sin embargo, dudaba que aquel acto de valentía al meterse en el piso de la Sheriff de Piltover y contarle el próximo ataque de Noxus fuese a impedirle acabar entre rejas. Había visto los ojos de Caitlyn rebosar rabia y odio y se había asustado. Nunca había visto a su jefa así, ni si quiera aquella vez que no pudieron salvar a un inocente de las manos de unos delincuentes de poca monta… Tenía miedo de lo que aquel odio pudiera acarrear.

Llegaron a comisaria en un santiamén. Vi bajó del coche despacio y cogió a Jinx con cuidado. Caitlyn le hizo una señal para que entrara por la puerta trasera mientras ella avanzaba por las puertas de cristal de la entrada principal. Poco a poco rodearon el edificio y se metieron en un callejón sucio y mal oliente. La pequeña Jinx no se resistió en ningún momento y caminó al lado de Vi sin mediar palabra.

- Oye… - Musitó Vi, algo incómoda. – Haré lo posible para calmar a Caitlyn y reducir tu segura condena, pero no te prometo nada. – Se escondieron tras un enorme cubo de la basura y la oficial le quitó la capucha negra a su acompañante. Jinx estaba llorando.

- Nada importa ya, manazas. – Vi no pudo evitar sonreír al oír el nombre por el que la bala perdida solía llamarla. – Estoy acabada.

- Pensaba que eras una superviviente como yo. – Espetó la oficial, algo cabreada por el pesimismo de la chica. – No es que seamos amigas, y debo reconocer que una de las razones por las que me levantaba cada mañana a trabajar era para intentar atraparte. – Vi hablaba sin mirar a Jinx directamente a los ojos, adoptando una pose solemne y comedida. – Pero era casi como un juego, ¿no? Tu corrías y yo te perseguía pero ninguna de las dos salía ganando. – Jinx sonrío levemente. – Ahora parece que nos enfrentamos a un enemigo que no tiene tiempo para juegos…

La voz de Vi se había vuelto oscura y preocupada. Hizo entrar a Jinx por la puerta trasera y avanzó por un pasillo oscuro hasta llegar a los calabozos de comisaria, vacíos en aquel momento.

- Por ahora te quedarás aquí. – Anunció la oficial. – Estoy segura de que Caitlyn bajará en cualquier momento en busca de información más detallada. – Vi se dio la vuelta y empezó a subir las escaleras que daban a las oficinas.

- ¡Vi! – Gritó Jinx con voz aguda. La oficial se giró para mirarla. – Gracias. – Musitó con los ojos llenos de lágrimas. Vi le sonrió ampliamente y le hizo un pequeño gesto de modestia mientras volvía a subir las escaleras.

Las oficinas eran, como siempre, un hervidero de gente corriendo arriba y abajo con papeles y llamadas por todas partes. Se dirigió al despacho de Caitlyn apresuradamente. Tras la puerta de cristal pudo ver tres sombras. Entró decidida y se encontró a Jayce apoyado en una esquina con su inseparable martillo a su lado, Ezreal sentado en uno de los sillones delante del escritorio de la Sheriff y a ella, mirando el gran mapa de Piltover que tenía tras de sí. Vi esperó allí de pie a que su jefa dijera algo mientras con un golpe seco de la cabeza saludaba a sus compañeros.

- La situación es grave. – Anunció Caitlyn, girándose de repente. – No estamos preparados para el ataque de Noxus. – La tensión se instaló en el ambiente. Ninguno de los presentes se atrevió a mirar a los ojos a la Sheriff. – Ez, ¿has traído lo que te pedí? – Ezreal se levantó y sacó un largo mapa un tanto gastado. En él estaban dibujados los túneles subterráneos de la ciudad de Piltover.

- Esta es la versión original del mapa que yo mismo dibujé sobre los túneles. – Anunció el explorador. – Se trata de un laberinto de túneles y cuevas escarpados en la dura roca, un lugar del que solo alguien con una orientación como la mía podría escapar. – Vi lo miró con desaprobación tras aquel alarde, sin embargo, el chico no pareció verse afectado. – Dudo que los noxianos conozcan los túneles secundarios.

- Bien, eso puede jugar a nuestro favor. – Apuntó Caitlyn acariciándose pensativa la barbilla. – Si ponemos en marcha a todo el cuerpo policial y nos colamos por los túneles antes de que ataquen los podremos pillar desprevenidos y arrestarlos.

- Es inútil. – Susurró Jayce envuelto en las sombras en una esquina del despacho. Avanzó un paso mostrando su rostro apesadumbrado. – Los civiles de Noxus son criados para matar, la mayoría de ellos reciben educación militar y aprenden a matar a alguien casi antes que hablar. – Su voz se fue tornando cada vez más sombría conforme hablaba. – Es imposible que alguien como nosotros puedan pararles los pies.

Los cuatro se quedaron callados ante la pesada verdad que acababan de escuchar. Jayce tenía toda la razón. Noxus era una ciudad militar, con un gobernante ambicioso capaz de enviar a todas sus tropas a la conquista de Piltover. Vi miró a Caitlyn por un segundo, preocupada y, aunque no le gustase admitirlo, asustada.

- Necesitamos ayuda. – Anunció la Sheriff con decisión. – Uno de nosotros debe viajar a Demacia, son los únicos que vendrían a combatir a nuestro lado y pueden derrotar al ejército noxiano. – El silencio volvió a imperar en el despacho hasta que al fin, Ezreal habló.

- Yo iré. – Dijo, levantándose de repente. – Conozco una ruta subterránea que me llevará hasta allí en menos de un día.

- Perfecto. – Caitlyn miró a sus compañeros con aplomo. – Nosotros pondremos en alerta a toda la ciudad. Se instaurará un toque de queda. No sabemos cuándo atacarán y debemos estar preparados. – Los tres asintieron, contagiados de la seguridad de su Sheriff. – Jayce, te encargo a ti la tarea de hablar con el gobernador y ponerle al corriente de la situación. – El defensor del mañana salió disparado del despacho con su martillo al hombro. – Ez, confío en tu diplomacia, necesitamos el apoyo de Demacia cuanto antes. – El explorador asintió y se tele transportó fuera de la estancia.

Vi y Caitlyn se quedaron solas en el despacho. La Sheriff cayó derrotada en su silla, tapándose la cara con las manos. Vi se acercó a ella y le acarició el pelo con dulzura.

- Tengo miedo… - Susurró Caitlyn, abrazándose a la oficial.

- No me separaré de ti en ningún momento, cupcake, siempre me tendrás a tu lado para protegerte. – Vi acercó a la Sheriff a su cuerpo, alargando el abrazo. – Te lo prometo.

A/N: Espero que os haya gustado el capítulo. Parece que las cosas se van a poner feas para nuestra pareja en Piltover... Seguramente veamos un par o tres de capítulos de Ezreal en Demacia, pero no creo que introduzca el punto de vista de ningún Demaciano, o si? ¿Qué opináis? Me encanta leeros y ver la aceptación del fanfic ^^ Un abrazo a todos y nos leemos en el próximo capítulo.