¿Qué sucede niñas? Tan pocos reviews... ¿Es que acaso no les gusta la historia? Eso me desanima bastante :(
Bueno... que decepción, estuve bastantes días a fuera y las dejé con las ganas de más. Quizá ahora se me venga algo a la cabeza para calentar un poco más la historia... NAH, para qué les voy a mentir, se vienen más sorpresas, Y MUCHAS, vamos a odiar a muchos personajes, y yo me odiaré por escribirlos (?)
Además, quiero dedicar este capítulo a Victoria McRae porque la amo y ella me contaminó la mente para escribir esto (?) Y a miko kaoru-sama que ha gritado en el capítulo anterior y eso me llena de orgullo (?)
Para aquellas que no han cumplido la mayoría de edad, aviso, este capítulo contiene lenguaje obsceno, escenas de carácter sexual y blahblahblah.
Bueh, espero que les guste este capítulo.
Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko.
—Kagome…
No sería él quien la mataría por estar con ella. Él la mataría si seguía haciéndole daño.
—No.
Una vez le dijo que se dejara llevar…
Se acercó rápidamente a ella, volteándola y besándola con pasión de forma inmediata. A la chica le costó reaccionar. Sentía las manos de su chico recorrer su cuerpo y llevarlas al borde sus pechos. Era presente de toda la pasión contenida, que ahora mismo estaba liberando. Rápidamente correspondió. La temperatura del ambiente aumentaba considerablemente. La golpeo contra la entrada de la habitación que le habían prestado a él y ella jadeó. Con un tirón le arrancó la camisa y comenzó a besar su cuello.
Ahora lo haría.
CAPÍTULO 6
Estaba completamente seguro que todo habitante del palacio había escuchado el azote de la espalda de Kagome contra la pared o quizá tenía sus sentidos a flor de piel. Esa mujer lo había vuelto loco; si le pedía que se arrancara el corazón, lo haría. Lo tenía en sus manos. ¡Estaba completamente loco por esa mujer! Y trató de evitarlo, se repetía noche tras noche que no la quería, que tenía una deuda que saldar con Kikyo; ella había dado su vida a por él y tenía que retribuírselo.
—Inuyasha… —Jadeó.
Se comportó de la manera más inmadura, huraña y soberbia que podía existir. Y aún así ella se quedó con él; curando sus heridas, acompañándolo en las noches de Luna Nueva o solamente sonriéndole. Acarició toda su espalda dándose cuenta de lo suave que estaba su piel y que su cintura era extremadamente estrecha. ¿Dónde quedó la niña que lo liberó del árbol sagrado? No se había dado cuenta en qué momento Kagome se volvió tan apetitosa. Con la nada de cordura, abrió la corrediza de la habitación y aferró sus manos a los muslos de su chica levantándola, y sonrió apegado a sus labios al sentir ambas respiraciones agitadas. Rogaba a Kami que no se transformara, no quería lastimarla, a pesar de que él podía ser el monstruo que algún día la convertiría en mil pedazos.
—Espera…
Ella aferró sus piernas en su cadera y por miedo a lo que iba a decir colocó un dedo en sus labios, haciéndolo callar:
—Déjame disfrutar el momento. Aunque sea una vez…
Él sintió como si le estuviese rogando. ¿Es que no se daba cuenta de la situación? ¡Sentía los latidos de su corazón a mil por segundo! Pero no esperó lo siguiente, ella se había apoderado de sus labios y abrió con dos tirones sus prendas superiores, y las dejó caer a sus pies. Ninguno de los dos conocía lo que era el corazón en vez de eso tenían una bomba de tiempo. Quería que fueran al cielo, y después cayeran al suelo con tal fuerza que doliera. La apegó más a él, acariciándole la espalda mientras ella se encargaba de recorrer su cuerpo con sus manos. Comenzó a besarla con más rapidez y con cuidado, se recostaron en el futón, pero el muchacho mantuvo una mano firmemente para que ella no tuviese que soportar su peso. Las heladas manos de Kagome apretaron sus tensos músculos y sus piernas se mantuvieron en su cadera. Ella soltó una suave carcajada, y él, con una pierna a cada lado de su chica se arrodilló sobre el futón, tomó a la muchacha de la cintura, apegándola y arqueándola contra él, mientras comenzaba a besar sus hombros mientras sus pelvis se mantenían en contacto; quería que se diera cuenta de lo excitado que estaba, y que a pesar de la violencia del acto anterior, deseaba tocarla y besarla con ternura.
La muchacha se quedó sin respiración, por un momento, se le olvidó coordinar los latidos de su corazón con sus inhalaciones. ¿Acaso eso no sería peligroso?
¿Peligro? A la mierda el peligro.
Tomó el rostro de Inuyasha con ambas manos conectando sus miradas, y el Hanyou no pudo evitar estremecerse al sentir qué, por fin, sus dorsos eran separados únicamente por el sostén de la muchacha, estaba tan ido que anteriormente no había prestado atención. A partir de ese momento sería cuidadoso, lo había decidido, lo último que quería era dañarla en una situación como esa. La recostó con lentitud y suavidad nuevamente y se quedó arrodillado, apoyando la mano izquierda al costado de la muchacha. Aún no estaba completamente desnuda, todavía faltaba aquella extraña prenda, pero esta vez quería hacerlo todo con ternura y suavidad, para tranquilizar a Kagome. Bajó la cabeza y comenzó a besar su cuello y con sus manos masajear sus hombros. Peleó un poco en su espalda con el sostén, ya que no tenía idea de cómo desabrocharlo
—Estúpida y jodidamente apetitiva prenda. —Bramó.
La muchacha terminó susurrando incoherencias y ayudándolo. Pero él no quiso alejarse para observarla, por más que quisiera, pero tenía la leve sospecha de que podría colocarla incómoda. Además, ya la había visto un millón de veces desnuda. Colocó una mano en la pequeña espalda femenina y la otra la llevó a su estómago quedándose unos minutos quieto, sin saber muy bien el cómo continuar. Iba a preguntarle si quería detenerse o no, por más que quisiera tenerla, le preocupaba su integridad antes de…
—No quiero parar.
—¿Cómo supiste? —Preguntó un desconcertado Inuyasha.
La muchacha sonrió enamorada y colocó una mano en su rostro acariciándolo y después pasó una mano por su cabello, observando lo que hacía.
—Te conozco… —Volvió a sonreírle y se acercó a él para besarle el mentón. — Quizá mejor de lo que podría llegar a conocerme.
Inuyasha sonrió y colocó las manos en su falda comenzando a bajarla. Un momento, ¿bajarla? ¡La había rasgado en menos de cinco segundos! Dejándola únicamente con sus bragas. La chica, por su parte, comenzó a besar, morder y chupar el cuello del hanyou y sus manos se posaron en los glúteos de su amante arrancándole un gemido ronco.
—Era tu única oportunidad, Kagome… —Advirtió—. Desde ahora no pienso detenerme.
Kagome soltó una pequeña risa y aplicando un poco de fuerza, lo volteó en la cama colocándose encima del estómago de un desprevenido y sorprendido Inuyasha, quien obtuvo una plena vista de sus pechos y no pudo evitar que su miembro se endureciera aún más dentro de su hakama. ¡Cómo quería tomarla; hacerla subir hasta el infierno y bajarla hasta las nubes! Y no pudo evitarlo más. Posicionó a Kagome sube su pelvis, para que sus intimidades tuviesen contacto y sintiera en su plenitud su miembro grande, duro, latente y ansioso de entrar en ella. Subió las manos por su estómago y agarró con ambas manos los pechos de su chica apretándolos y arrancándole a ambos, un gemido. ¡Esta muchacha era perfecta! Sus pechos no eran ni muy grandes ni muy pequeños, del tamaño justo para que entrara en su mano, definitivamente sus cuerpos estaban hechos para encajar como dos piezas de rompecabezas. La muchacha comenzó a moverse levemente sobre él, estimulándolo cada vez más y más, aumentaba cada cierto tiempo los vaivenes de sus caderas e Inuyasha sentía que ya no podía más quería estar dentro de ella de una vez por todas.
—Eres una maldita…
—¿Por qué? —Detuvo sus momentos al instante y bajó una mano por su abdomen acariciando los perfectos músculos del hanyou y llegó hasta el nudo de su hakama— Tú me has torturado varias veces… —continuó con el recorrido de su mano hasta que se topó con su miembro y lo agarró con su mano apretándolo de una vez sin pudor. Apegó también, sus pechos al torso del hanyou y se acercó a su oreja mordiéndola, entregándole una descarga de adrenalina a Inuyasha— Puedo jugar también…
—No me tientes. —De su garganta se escapó un gruñido al sentir como su mujer lo apretaba cada vez más y comenzaba a realizar movimientos sobre él, endureciéndolo cada vez más. — Con un demonio…
Con fuerza se volteó y la dejó sobre el futón. Le rasgó las bragas con sus garras y hundió su rostro en sus pechos, en donde comenzó a morder y a chupar como si no hubiera un mañana. Kagome seguía acariciándolo y el muchacho empezó a mover su cadera acompañándola, de inmediato y casi fuera de sí introdujo dos dedos dentro de la fémina, quien se arqueó y gritó su nombre. Los metía y sacaba con rapidez, mientras dejaba marcas con sus labios en sus pechos. Cuando sintió que estaba completamente lubricada y él a punto de perder el control. Se sacó su hakama y se posicionó entre las piernas de la chica, esperando a que su respiración se calmara.
—Te va a doler —La mira a los ojos y le quita el sudor del rostro, ver a Kagome agitada bajo él, con el cabello despeinado y sudada fue la imagen más erótica que pudo haber visto.
—¿Acaso es normal? —Besó el cuello de Inuyasha y dejó un chupón.
A Inuyasha se le escapó una carcajada.
—¿El que te duela?
—No, esto… —Apretó el miembro de Inuyasha con ambas manos y lo guío a su entrada.
Al hanyou le subió el ego, y sonrió con arrogancia viéndola a los ojos.
—Es normal, para un medio demonio. —Empujó dentro de ella y a ambos se le arrancó un jadeo. Y eso que ni tan adentro estaba. La miró fijamente a los ojos, y meditó si hacerlo lento para alargar el dolor o hacerlo de una sola estocada— Lo siento, Kagome…
La muchacha lo miró desconcertada y gritó fuertemente cuando Inuyasha entró de un solo golpe dentro de ella. Enterró las uñas en su espalda y de sus heridas le salieron un poco de sangre. ¡Con una mierda eso si había dolido! Sentía como si la hubiesen desgarrado de un lado a otro. Inuyasha comenzó a moverse lentamente dentro de ella. Y la muchacha presionó los ojos al sentir como Inuyasha comenzaba a besarla para tranquilizarla.
Poco a poco el dolor comenzó a desaparecer. Y el hanyou pareció notarlo, ya que, pudo sentir como los músculos de su pequeña se relajaron.
—Inuyasha… —Jadeó y aferró una de sus manos a su cabello tirándolo.
Definitivamente lo más hermoso que pudo escuchar, fue el jadeo de Kagome seguido por su nombre.
—Quiero más…
Eso era lo único que estaba esperando. Que ella pidiera más. Aumentó el vaivén de sus caderas y bajó su rostro hasta su cuello, mordiéndolo con cuidado.
—Eres tan apetitosa… Quiero comerte entera. —Murmuró colocando las manos en las caderas de la chica y obligándola a moverse más fuerte y más profundo, arrancándole a ambos jadeos, gemidos y finalmente gritos.
Si estuviesen en otro lugar, sin habitaciones cerca, Kagome gritaría a todo pulmón. Más rápido y con más fuerza, terminó saliendo y entrando de una sola vez. La muchacha aferró sus piernas en la cintura de él y lo acompañó con los movimientos, comenzó a sentir una presión en su bajo vientre. Un calor que jamás en su puta vida había sentido, creía que se iba a…
—Vente conmigo —Ordenó Inuyasha y continuó con sus estocadas, hasta que explotó dentro de ella y tapó la boca de Kagome con una mano acallando un grito. Dio sus últimas sacudidas y salió de su interior colocándose de lado y llevándose a Kagome para que se recostara sobre su pecho. Sentía la respiración agitada de su chica pidiendo a gritos ayuda.
Pero él no estaba en mejores condiciones. Al contrario, quería seguir, quería probar todo tipo de posiciones, quería probar su sabor y hacerlo su desayuno. ¡O mierda como la amaba!
—Te amo… —Murmuró el muchacho al cubrir a Kagome con las mantas, de todas formas, ella no habría escuchado, ya estaba dormida. Tendría que decírselo después.
Se había despertado hace ya un tiempo. Pero no había querido despertar a Inuyasha, pocas veces tenía esta visión tan maravillosa; dormido con su rostro pacífico, la frazada cubriéndolo hasta la cintura y observar su trabajado pecho subir y bajar tranquilamente. Era una imagen que jamás se le iría de la cabeza.
—Me estás mirando... —Murmuró adormilado.
—Unos momentos —Sonrió la muchacha y se acomodó de costado. Cubriendo su pecho.
—Es horrible. —Sonrió Inuyasha de medio lado y con los ojos cerrados.
—Es romántico. —Acarició su pecho con cuidado sin quitar su sonrisa. No podía creer que hubiesen hecho el amor, era algo que había deseado desde que lo vio en el árbol sagrado.
Inuyasha se puso a reír y se colocó encima de Kagome nuevamente y la besó en los labios suavemente, podría acostumbrarse a despertar a su lado todos los días, siempre y cuando, ella estuviese desnuda.
—¿Te duele? —Preguntó al romper el beso.
Kagome lo miró con una ceja enarcada y colocó una pierna en su cintura. Sí, era cierto, le dolían las piernas, sus brazos, bueno, en realidad sentía como si le hubieran pasado un camión encima.
—Estoy bien —Acarició su cabello con suavidad.
—No me mientas. —Gruñó y trató de salir de encima de él pero la muchacha lo abrazó con sus piernas—… Fui una bestia. No pudiste disfrutarlo
—Lo hice y estoy feliz…—Acarició su mejilla y le sonrió— O al menos lo estaba, cinco segundos atrás.
—Te expusiste a un gran peligro —La miró seriamente a los ojos—… pude haberte matado. —Gruñó, pero en realidad era más para sí mismo.
—Pero no lo hiciste, estoy aquí, contigo. —Lo empujó con sus piernas y soltó un jadeo combinado con una risa.
—Por lo menos podrías haberme dicho que eras virgen —Escupió arrogante. Cerca de su rostro, tentándola.
¿Acaso le molestaba? ¡Inuyasha no podía dejar de ser un idiota! ¡Ni siquiera por la mañana! Kagome lo miró con los ojos entrecerrados y bajó las manos por sus costados.
—Podría haberte pedido lo mismo… —Murmuró, bien, estúpida. Habías lanzado palabras al aire.
—¿Cómo sabes que yo…? —Inuyasha estaba desconcertado. ¿Tan mal, bruto, idiota y tan poco tacto había tenido?
Bingo.
—Ahora lo sé
El hanyou sonrió arrogantemente y se acercó a sus labios. Apegándose más a ella, tenía claras intenciones de empezar nuevamente. Pero sus fosas nasales fueron aturdidas por…
¡Por favor que alguien me ayude!
Bueno, esto no estuvo tan bueno. Pero prometo que pronto tendrán algo de sexo salvaje de parte mía (?)
miko kaoru-sama: En el próximo capítulo sabrás como le quitó el veneno, todo esto es parte del show (?) Jajaja, créeme que nada de esto se viene fácil, será peor que una telaraña. Pronto sabrás el por qué. Muajaja (?) ¿Qué tal el capítulo?
Leesli De Taisho: Quería hacer algo explicito, pero mi cabeza no da para tanto, espero no haberte dejado con ganas (?) Jajajaja pero te prometo que tendrás sexo salvaje pronto (?)
Desirena: Todavía no vemos todas las facetas de Kagome, hay más. E Inuyasha es un cínico (?) Jajaja podría tener con ella sexo en la calle, eso no sería mala idea (?) Jajajaj ojalá hayas disfrutado el capítulo, pues me costó un montón escribirlo.
serena tsukino chiba: ¡Es un agrado leer tus reviews, siempre estás presente y de verdad me encanta! Gracias!
Victoria McRae: Todavía no encuentro mi yo lemon (?) pero sé que está en el fondo, en alguna parte y lo encontraré (?)
"holis": cuidado con desangrarse (?) Jajajaja, sé que me demoré en escribir, lo siento, de verdad. Actualizaré más seguido para que sangres más y más.
tsukimi: ¡El corazón va dentro del pecho! Jajajaja, gracias por tu reviews! De verdad me da ánimos para seguir!
stivensgt: Me demoré mucho en actualizar, no me mates (?) Te mando un beso
Azulblue06: Pues ese personaje está por llegar, o mejor. Ya llegó. Esto será tan divertido!
Guest: El próximo ya está aquí (?) tardé, lo sé. Tuve que exprimir peor mi cabeza que un limón cuando haces limonada (?)
Nina Duciel Qué bueno que te haya gustado! Espero siga siendo de tu agrado!
Gracias a tod s! Espero sigan la historia y dejen reviews por favor!
Un beso,
Ah no, esperen.
En el próximo capítulo:
—¿Quién es ella? Te mira como un pedazo de carne.
—No, me mira como un humano a un monstruo. —Murmuró Inuyasha al bajar la mirada y apartar la mano de Kagome.
Kagome salió de la habitación del palacio en busca de Inuyasha. No lo había visto desde que la desconocida había llegado, y no podía negar que un presentimiento la amargaba. No podía perderlo ahora, no después de todo lo que había sucedido. ¿O sí?
—¿Cuidas lo que piensas que es tuyo? —Murmuró Inuyasha contra el cuello de la chica y pasando la lengua por ahí, provocando un pequeño susto y gemido por parte de la fémina.
—Ya no soy ese tipo de chica.
—¿Controladora?
—Geisha.
—¡¿Qué sucede contigo?! —Gritó Inuyasha, al agarrarla de los brazos
—¡No! ¡Qué sucede contigo, desde que ella llegó pareces perra en celo! —El muchacho abrió los ojos y la soltó de inmediato. Kagome se llevó los brazos hasta las marcas que le había causado el hanyou.
—A pesar de haberte acostado con la señorita Kagome, parece que tu verga no ha cambiado su humor. —Miroku se carcajeo y agarró un plato de comida.
—Cállate Miroku, o te cortaré la cuya y se la daré a Sango con palillos. —Amenazó el muchacho.
—¡Eres una tonta, niña malcriada! —Le gritó Inuyasha molesto.
—¡Eres un animal! —No, no podía mostrarle su debilidad. No iba a permitir que sus ojos se llenaran de lágrimas.
—¡Idiota! —Dile algo más inteligente, ¡Dile que la amas!
—¡Te amo! —Kagome lo miró a los ojos, mierda. Se lo había dicho ella. ¡Inuyasha eres un idiota!
—¡Entonces deja de hacerlo!
¿Qué? ¡No tendrías que haber dicho eso, pedazo de idiota!
—¡No puedo!
Ahora sí, ADIÓS! 3
