MUCHO TIEMPOOOO, primero que nada feliz navidad y año nuevo ultra atrasado a todos los que me leen, ya deberán odiarme o quizás me han dejado en lo más recóndito de su cabeza, he tardado mucho, lo sé, pero bueno, millones de problemas que han bloqueado mi cabeza, espero poder actualizar luego y que les siga gustando mi historia.

Al parecer me han castigado con los reviews, que mal, no hay muchos y lloraré. No, es broma.

Bueno, aquí va una merecida aclaración de quién diablos es Azumi. Primero se me ocurrió el nombre mientras paseaba por la calle y vi pasar un auto cuyo nombre era el correspondiente (y de verdad que no es mentira, jajaja), pero bien, ahora al grano; pensé que utilizar a Kikyo es demasiado trillado, sí, lo sé, es parte de la historia, pero me gustaría tratar de mostrar otra parte de ella, pese a que la odio, creo que podría influir de otra manera y no participando dentro del triángulo amoroso, Azumi es un medio demonio, al igual que Inuyasha. Su madre la abandonó y fue criada por unos aldeanos, que a la larga también los asesinaron (dentro de la historia contaré con mayor detalle). Conoció a Inuyasha una vez que asesinaron a su madre, él estaba solo perdido y roto, al igual que ella y podían ser grandes amigos. Pero… En fin, mucho adelanto… espero hacer un capítulo especial para explicar todo de mejor forma, disfruten.

Usufructo de los personajes sin fines de lucro. Pertenecen netamente a Rumiko Takashi y, bueno, la historia es mía; espero les guste. ¡Disfruten!


—¿Crees que no he tratado? Tú, el tiempo, el universo, ¿recuerdas? —La chica presionó los puños y tembló— A veces siento que amarte, es como amar a un fantasma.

—Kagome, no puedo explicarte; ya te dije eso. Pero debes confiar en mí. —Le agarró una muñeca y la atrajo a él.

Colocó la otra mano en el rostro de la muchacha obligándola a que mantuviera la vista fija en él. Se acercó a sus labios y la vio presionar los ojos, suspiró y le besó la frente; no iba a hacer más que eso, pese a que necesitaba sentir el sabor de su saliva y sus abrazos.

—Siempre te voy amar, recuérdalo.

Kagome bajó la mirada y colocó una mano en la puerta.

—Siempre es mucho tiempo, Inuyasha… —Las últimas palabras salieron en susurro.

—No el suficiente

CAPÍTULO 8

PIEZAS

El fuego derrite al agua, tal como el frío la congela. Pero el agua por más que lo intente no puede consumir totalmente al fuego, el aire lo azuza y la tierra lo calma. Así que cuando una relación es tan fuerte como el fuego, es casi imposible aplacarla.

Inuyasha estaba recostado contra la puerta de Kagome, con sus ojos cerrados pensaba en todo lo que había sucedido y millones de pensamiento bombardeaban su cabeza. Primero, ¿Por qué había tenido que dejar a Kagome luego de haberle hecho el amor? ¿Cómo es que ella estaba viva? Le había costado una vida enterrarla, Kikyo había aplacado su dolor; hizo que la olvidara. Kagome había hecho que dejara pasar a ambas. Los problemas con la vieja miko habían sido arreglados o por lo menos con sus miradas silenciosas habían quedado en ello.

Pero nunca pudo despedirse de Azumi, porque nunca encontró su cuerpo; mas muchas veces al dormir, podía sentir su aroma rondarlo, pero siempre creyó que era su cerebro jugándole una mala pasada.

¿Por qué no solamente la dejaba ir? Él tenía una vida, estaba empezando una vida junto a Kagome, su mujer. Tenía una misión que terminar

¿Por qué no podía dejarla ir?

Porque soy un cobarde

Desde el otro lado de la habitación, se encontraba Kagome apoyada en la puerta, al igual que Inuyasha. Tenía sus ojos cerrados, pero no derramaba ninguna lágrima, estaba cansada de llorar por él. Esta vez Inuyasha debía pedirle perdón, de hecho, debería arrodillarse, perseguirla de rodillas. ¿Cómo se atrevía? ¡Había tratado de estar lejos de él todo el día para apaciguar sus sentimientos!

—Pero no puedo… —murmuró con un nudo en la garganta— ¿Por qué tu corazón nunca será mío?

Podía ser una chiquilla, pero no era tonta, por más que Inuyasha se lo sacara en cara todos los días, él se había ido de ahí en la mañana por algo importante, pero estaba casi segura que no era Kikyo, ¿entonces quién?

De tanto pensar se había dormido.


—¿No vas a querer escucharme? —Durante el desayuno Inuyasha no había desistido de la idea de hablar con ella. No había podido hablar con nadie.

—No quiero, déjalo así. —La muchacha resopló y se levantó. Dio las gracias correspondientes y se levantó dejando al grupo atrás. Inuyasha enojado salió atrás de ella.

—¿Sabes que sucedió? —Preguntó Miroku, ya lo sabía. Pero sentía que era necesario meter un tema de conversación.

—Inuyasha abandonó a Kagome después de acostarse con ella. —A Miroku se le cayó la boca hasta el piso. No por lo que le habían dicho, sino, por quién lo había dicho.

—¡¿Cómo diablos sabes eso Shippo?!

—Seré niño pero no tonto, escucho cosas. —Sango se sonrojó— Y estoy seguro que sé más de ustedes que ustedes mismos. —El niño se levantó dejando a los adultos impactados— Así que cuidado, picarones —Se apartó riendo.

—Madre mía, este niño es peor que yo…

—Te tiene de a ti de ejemplo —Sango suspiró y siguió tomando su desayuno. Desde adentro se podía oír la discusión de Kagome e Inuyasha.

—¡Actúa como la adulta que eres y escúchame! —Esta situación ya lo estaba sacando de sus casillas.

—No.

—¡Kagome!

—¡Está bien! —Le gritó, e Inuyasha sonrió, había ganado…— ¿A dónde fuiste? —O eso creía—

—Ya te dije que tuve que hacer algo.

—¿Qué cosa? —La muchacha ya estaba agotada, solamente quería descansar, quería irse a su casa por unos días y dejar de pensar.

—¿Enserio quieres saber? —Inuyasha se sonrojó. ¿Por qué? Arg, diría lo primero que le viniera a la cabeza— Tenía que ir al baño.

Bien, eres un estúpido, sigue así.

La morena roló los ojos, ¿acaso tan tonta la creía? Lo miró a los ojos, Inuyasha estaba impaciente, de seguro tenía que hacer algo realmente importante como para dejarla tirada después de haber hecho el amor. Pero no se le ocurría que podía ser.

—Me dejaste, después de haber…

Y el plateado la interrumpió.

—Lo sé, y merezco las penas del infierno. —Se acercó más a ella y le tomó el rostro con las manos— Eso es de lo que más me arrepiento, quería seguir y hacerte tocar el cielo nuevamente, pero tuve un inconveniente…

La muchacha le tomó las manos y no despegó la mirada de sus ojos.

—¿Qué inconveniente?

Si que era insistente, no podía decirle, no quería preocuparla. Aunque tenían que hablar del tema tarde o temprano, no quería que Azumi se apareciera de la nada y arruinara todo lo que él había construido.

—No es necesario que lo sepas. Pero quiero que…

—No —Lo detuvo de inmediato e Inuyasha se calló. — No me pidas que te perdone, porque no lo haré…

—Pero Kagome… —La tomó de la cintura y la atrajo a él. Necesitaba sentir ese contacto con ella. Necesitaba besarla y tenerla. Ella era la paz que quería en su vida.

—Basta. —Se alejó de él y lo miró de forma dura. Algo que le dolió más a ella que a él— Solo miénteme y dime que todo estará bien. —Lo miró a los ojos, y luego miró sus labios esperando una respuesta, necesitaba oír eso, aunque fuese una mentira, aunque todo se complicara más adelante, necesitaba escuchar que todo estaría bien. Y eso hizo que la confianza de Inuyasha se fuera en picada. Ya no trató de acercarla a él. Se dedicó a mirarla detalladamente, ¡cómo deseaba volver el tiempo atrás!

—No puedo hacerlo.

—Está bien, por lo menos me has dicho la verdad… —ella le sonrió, levemente, pero lo hizo. Bajó la mirada, ya estaba acostumbrada a todas estas situaciones, por lo que debería aprender a pasarlas sin hacer drama, pero no podía. Le tomó la mano a Inuyasha y la presionó con cuidado, algo que al peliplateado lo sorprendió de sobremanera.

—¿Estamos bien? —Murmuró el chico sin separar la vista de su unión

—No. —Ella le soltó la mano.

Se alejó, dejándolo nuevamente a él con la soledad de compañía y los tortuosos recuerdos.


Dos días habían pasado desde que tuvo la discusión con Kagome, y la relación no había avanzado ni retrocedido, estaba estática.

¿Qué podía hacer? ¿Encontrar alguna forma de acorralarla y besarla? Porque eso necesitaba, quería besarla, sentirla, quería que estuvieran bien. ¡Qué nada de esto hubiese pasado, maldita sea! Quería que todo se solucionara. Estaba sentado en un árbol, observando cómo Kagome estaba jugando con los niños pequeños. Nunca se habían quedado tanto tiempo en un lugar, y le parecía extrañamente cómodo.

No había imaginado formar una familia hasta que estuvo con Kagome, hasta que sintió aquella sensación diferente en su interior. Algo que anhelaba, una familia. Quería arreglar todo con ella. La observó alejarse de los niños, estaba caminando hasta la habitación, sola, por fin… estaba en el momento preciso de tratar de arreglar la situación o morir en el intento.

La muchacha estaba entrando a la habitación cuando Inuyasha voló y entró tras de ella cerrando la puerta a sus espaldas:

—¿Qué estás haciendo? —Él se colocó delante de la puerta bloqueando la salida, iban a tener que hablar, debería tragarse su orgullo y pedirle perdón de una u otra forma, sin rodeos, ir al grano e implementar las palabras que tanto le costaba.

—Tenemos que hablar —La miró fijamente a los ojos. Necesitaba de ella, de ellos; juntos y no separados.

—No quiero hablar contigo. —Sus labios temblaban al igual que sus manos, todo este tiempo había tratado de no tener contacto con él: evitando sus miradas, los roces de sus extremidades, no besarlo… y había sido una gran tortura. Ahora todo se caía a sus pies lo necesitaba, y ya no podía mentirse.

—¿Acaso se terminó? —Se acercó bruscamente y ella retrocedió al compás de él hasta chocar con una pared. ¡Malditas paredes! — Dime la verdad —Le agarró las muñecas con una sola mano y con la otra le tomó el mentón y la obligó a mirarlo a los ojos— Solo dime eso y me iré, y no me volverás a ver nunca más. Porque se me hace difícil el mirarte después de todo esto, y hacer como si nada hubiese pasado. Eres todo para mí, ¿acaso no lo entiendes? —Se apegó a ella al sentirla temblar y colocó una pierna entre las suyas. Acercándose a sus labios poco a poco— Dímelo y me iré —Reiteró— Te dejaré ir.

Kagome estaba impactada, en blanco. Y sin poder articular alguna palabra, cerró los ojos tratando de pensar con claridad.

¿Pensar?

¡Me vale una mierda!

Se lanzó a sus brazos y lo besó con desespero. Después de todo era Inuyasha, su Inuyasha y no podía dejarlo ir.

El muchacho sintió como si le volviera el alma al cuerpo, se apegó aún más a ella y la atrajo hacia él, queriendo que ni el aire fuese a separarlos, quería que sus células se convirtieran en una sola. Ella, con sus manos ahora en libertad, las enredó en su cabello y lo jaló con suavidad, algo que a Inuyasha lo excitaba de sobremanera. Bajó las manos hasta sus glúteos y la apegó con fuerza a él, algo que tomó por sorpresa a la muchacha y la hizo gemir en respuesta. Sonrió en medio del beso, ¡Cómo había extrañado su calor, el sabor de sus labios, de su saliva! Con su lengua recorrió todo el paladar de Inuyasha y ambas empezaron una danza silenciosa, juguetona. En medio de un gruñido, Inuyasha la volteó, dejándola apegada a la pared y de cara. Se apegó a la espalda de la chica y comenzó a besar su cuello con esmero.

—No sabes cómo te extrañé… Tu aroma —Pasó la nariz por su cuello— El contorno de tu cuerpo —Sus manos siguieron por su cuerpo— Tu calor… —Le mordió el cuello— Y tu respiración agitada… —Sonrió, por fin se sentía completo nuevamente, tenía a su mujer. — No sabes cuánto quiero recompensarte.

Kagome jadeó:

—Pues trata. No se te hará fácil. —Inuyasha rió contra su oído y lo mordió.

Cuando estaba dispuesto a seguir, se escuchó una alarma que retumbaba por todo el castigo, algo que indicaba peligro. Agudizó sus sentidos mientras se separaba de la muchacha y trataba de calmarse.

—Tenemos que salir... —murmuró Kagome, en un tono entre molestia y frustración, pero esa alarma debería significar algo.

Salieron de la habitación con rapidez y vieron a los soldados correr por el pasillo. Murmurando una sola palabra: Intruso. Y a Inuyasha se le paralizó todo el cuerpo al sentir un aroma conocido.

Azumi

—¿Dónde están los demás? ¡Les podría haber pasado algo! —Kagome se estaba agitando, pero él tampoco estaba en todos sus cabales, necesitaba aclarar sus sentidos para pensar con claridad para resolver todo con rapidez.

—Ellos están bien, no percibo sangre en el ambiente. —Trató de localizar a Azumi— Ellos están en la entrada… ve con ellos, te alcanzo luego. —Kagome lo miró con desconfianza y él le brindó una sonrisa, que salió más real de lo que pretendía. Ella asistió con la cabeza y se marchó sin protestar, despacio, atenta a todo.

—¿Necesitabas realizar un espectáculo para entrar? —No le había costado nada localizarla, estaba en la parte posterior del castillo, al final de los árboles. Él pudo percibir que lo estaba esperando.

—Sabes que los adoro —Le sonrió coquetona, encogió los hombros dramatizando— Pensé que querías verme. —Se levantó y se acercó a él, Inuyasha esta vez no se inmutó. — ¿No me extrañas?

Inuyasha se rió irónicamente, y respondió:

—¿A qué viniste?

—Ya te lo dije la otra vez. Volví por ti.

El muchacho cerró los ojos, siempre le había costado ser cruel con las mujeres, después de la muerte de su madre, no quería que nadie sintiera algo similar.

—Olvídalo, tuviste mucho tiempo para volver y no lo hiciste. Ahora lárgate antes que te vean y te maten de una vez por todas.

—Te fui a ver… —comenzó con su historia— Escuché cuando aquella sacerdotisa te encerró en aquel árbol y quería comprobarlo con mis ojos, quería matarla pero ya estaba muerta. Quería que estuviéramos juntos.

—Azumi, lo que tuvimos no fue real. —Y estaba cien por ciento seguro de aquello, nunca había sentido el amor por alguien como lo que sentía por Kagome. La observó a los ojos sin inmutarse de brazos cruzados.

—Fue real, no te obligué a sentirlo. —Se acercó aún más a él. Tocó sus brazos y sintió un escalofrío al hacerlo. — Fue real —Repitió.

Inuyasha sintió como su cuerpo se remeció. No quería verla más. No quería ver sus ojos, tan similares y a la vez tan distintos a los de Kagome, ahora que lo pensaba, ambas tenían un gran parecido. En realidad, Kikyo, Kagome y Azumi eran bastante parecidas, quizá sus gustos estaban muy demarcados.

—La vida Inuyasha, no es como la pintan. —Azumi lo mira a los ojos— Me fui por protegerte, pero volví por ti, y no me voy a rendir. No me importa a quién tenga que apartar del camino.

—Estás perdiendo tu tiempo, ya te dije que no iba a dejar que te acercaras a Kagome. —Se acercó a ella peligrosamente— Te llegas acercar a ella… te cazaré y te mataré yo mismo.

—Alguna vez me amaste, puedes hacerlo otra vez. —Ella sonrió y lo miró por encima del hombro, su rostro hizo un mohín y suspiró. Inuyasha iba a responder, hasta que la claridad volvió a su mente, y se volteó. Observó a Kagome, con el arco y flecha empuñada. Apuntándole a Azumi.

¡Maldición! ¡Debería haberse dado cuenta que ella estaba ahí!

Notó claramente la desaprobación en su mirada, y ahora entendía que debió escucharlo todo.

—¡Te estábamos esperando! —La muchacha sonrió e Inuyasha mantuvo el silencio— Pensé que jamás ibas a llegar…

—Tienes a todo el pueblo asustado, vete o disparo. —Amenazó. El muchacho se sorprendió, Kagome no se comportaba de esa manera, estaba protegiendo al pueblo, o a ellos, o quizá a ella, más bien no lo sabía.

—¿Me dispararás? —Azumi se rió, y dio unos pasos hacia ella—Bien, el juego empezó. —Y rápidamente desapareció.

Kagome bajó el arma y clavó la vista en Inuyasha, lo había escuchado todo, y no por ser chismosa, nunca le hacía caso, y prefirió agarrar sus flechas y seguirlo. Pero ahora se arrepentía, él estaba bastante bien.

—Kagome

—No te conozco, no sé quién eres —No quería más mentiras, la verdad es que había una gran parte de la vida de Inuyasha que ella ignoraba. Se acercó a él con pasos firmes. Y pensar que hace unos minutos atrás iba a hacer el amor con él. —No más mentiras, ¿quién era ella?

—Azumi

Continuará…


¡Por fin acabé! ¡Pensé que nunca podría terminar! Espero que haya sido de su agrado, el próximo capítulo será dedicado a la historia de Inuyasha y Azumi, y también sucederán más cosas… espero dejarlas en suspenso…. Por favor dejen rw!

Gracias a todos los que han comentado Tsuki-chan Scout, serena tsukino chiba, miko kaoru-sama, Sacerdotiza Kagome Figueroa, elvi, Guest, stivensgt, de verdad que son un gran apoyo para seguir! Los adoro! Y gracias a todos los que me han seguido a lo largo de esta historia, espero que de verdad les siga gustando!