Sí, lo sé. Soy horrible. Pero he tenido millones de problemas, con ABSOLUTAMENTE TODO, pero POR FIN estoy de vuelta, jejeje, una amiguita de aquí me va a asesinar…

—Kagome

—No te conozco, no sé quién eres —No quería más mentiras, la verdad es que había una gran parte de la vida de Inuyasha que ella ignoraba. Se acercó a él con pasos firmes. Y pensar que hace unos minutos atrás iba a hacer el amor con él. — No más mentiras, ¿quién es ella?

—Azumi

CAPÍTULO 9

"DESDE EL COMIENZO"

La muchacha lo miró con los ojos entre cerrados, se sentía como una quinceañera, que tenía su primer novio y lo celaba por cualquier razón, pero esta vez sentía que por lo menos tenía un leve derecho a saber la verdad.

—Bien, ahora sé su nombre —Murmuró molesta— Inuyasha…

—¿Confías en mí?

Kagome bajó la mirada, ¿por qué le preguntaba eso? ¡Por supuesto que confiaba en él! Siempre lo hizo, a pesar de todas las veces que la dejó sola por irse con Kikyo, a pesar de sus celos, a pesar de todo. Él sabía la respuesta, pero lo que se escapó de sus labios no era lo que ambos esperaban:

—Hace un par de días te respondí la misma pregunta, y mantendré mi respuesta: la confianza es algo que se gana.

Escuchar eso desde los labios de su Kagome era como una daga que atravesaba su corazón, pero, su orgullo era mucho más fuerte, lamentablemente, ahora ella se merecía una explicación justa, o medianamente. Cuando vio que ella se daba vuelta, dispuesta a marcharse.

—El día que asesinaron a mi madre, iban a matarme a mí también —Inuyasha sonrió con ironía para sí mismo mientras la muchacha escuchaba— Era un niño tan estúpido e ingenuo que podrían haberlo hecho. Vi quienes eran, y tengo el recuerdo vivo en mi memoria…

Corría, ¿qué más podía hacer? Las lágrimas se derramaban por los ojos del pequeño que hacía unos segundos habían visto como unos humanos habían asesinado a su madre, ¡Malditos, estúpidos e insensibles humanos! ¡Se suponía que él era un monstruo! ¡No ellos! Escuchaba, además, los gritos de ellos indicando la dirección en donde él estaba.

Tropezó.

¡Pero que pies más estúpidos!

—¡Allá está! ¡Atrapen a ese animal!

El pequeño Inuyasha hizo un esfuerzo por pararse, pero tenía sus pies ensangrentados y las rodillas machucadas, quizá sería más fácil dejarse, total, había escuchado que morir, sería una aventura maravillosa. Se volteó y los observó correr, ya estaba todo acabado. Pero vio que una mujer aparecía delante de él y con dos zarpazos los partía a la mitad. Al niño, le salpicaron gotas de sangre en el rostro.

—Humanos, tan asquerosamente débiles. —Dijo la descocida con su voz melodiosa, llevó los dedos a los labios, lamiendo la sangre. — Que desperdicio… —Esta se volteó y observó a Inuyasha— ¿Qué haces ahí tirado? ¡Ponte de pie!

El niño inmediatamente obedeció, mirándola fijamente.

—Deja de llorar.

—¡No estoy llorando! —Dijo, ahora, extremadamente molesto.

Ella sonrió.

—¡Ah, hablas! Pensé que antes que llegara te habían cortado la lengua. —murmuró.

Pese a que era un pequeño, tenía su orgullo pero tenía que admitir que lo había salvado, solamente que no iba a dar las gracias. Volvió a enfocar sus ojos dorados en ella y se sacudió la ropa. La extraña se dio media vuelta y comenzó a caminar.

—¿Vas a dejarme? ¿Qué sucede si vuelven? —Dijo, sin evitar parecer asustado.

—Los muertos no caminan. —Suspiró y lo miró, era un hanyou pequeño bastante atractivo. Y por lo que podía ver a duras penas, tenía bastante potencial, no lo iba a dejar— Está bien, vamos.

Inuyasha se quedó de pie, observándola.

—¿Tu nombre? —Estaba agradecido, pero todavía estaba temblando, no podía quitar la imagen de la muerte de su madre de su cabeza.

La muchacha volvió a sonreírle, pero esta vez con sinceridad.

—¿Acaso eso importa?

Kagome acomodó su espalda en el árbol y lo miró fijamente:

—¿Entonces te salvó la vida?

Él estaba dispuesto a contarle absolutamente todo, no iba a omitir detalles. Desnudaría su alma. Miró hacia el horizonte, acomodando su espalda en el mismo árbol.

—Ella era la mujer más increíble que había conocido —Sonrió recordando— Era hermosa, traviesa, su risa era contagiosa, en ese entonces pensaba que nadie se le podía igualar. —Frunció el ceño— Pero también era lo peor, fría, calculadora… podía hacer lo que fuese, para conseguir lo que quería. Podía llevarte desde el cielo al infierno en dos segundos. Nadie estaba a salvo. Y…

Kagome bajó la vista, Inuyasha nunca había hablado así de nadie. Estaba entre molesta y dichosa, sentimientos bastantes distintos, pues le estaba contando su vida, pero escuchar de ella, y saber que anda por estas partes, la ponía extremadamente celosa.

—Y en qué momento te enamoraste de ella, ¿de niño o cuando creciste? —Inuyasha de inmediato la miró, no entendía el rumbo de esta conversación.

—Kagome…

Ella lo volvió a interrumpir y colocó su mano sobre de él. El hanyou maldijo, ¡Ella era siempre tan comprensiva! ¡Debería haberle contado todo desde un principio!

—No. Está bien, estamos conversando. Me estás hablando… —enfatizó— y está bien. —Reiteró.

Inuyasha apretó los puños, prosiguiendo.

Los años habían pasado, e Inuyasha y Azumi se hacían más cercanos. El Hanyou había aprendido muchas cosas, y la chica esta estaba completamente feliz. Este, ya no era un niño, al contrario, ya había madurado físicamente, y como era de esperarse, el tiempo se había detenido para él. No podía evitar la atracción que sentía por Azumi, todo en ella le gustaba.

—¿Por qué me miras tanto? —Inuyasha sonrió.

—Estaba pensando… —se llevó un dedo a sus labios— el tiempo ha pasado, ¿no quieres vengarte de quienes mataron a tu madre?

Inuyasha se atragantó con la comida, y la miró seriamente.

—Ya hemos hablado de eso, además tú ya lo hiciste.

—Lo sé, estabas bastante asustado esa vez. —Se río melodiosamente— Pero me refería a ti. Vengarte… su familia vive. Puedes disfrutar acabar con ella, tanto como ellos disfrutaron con tu madre.

Presionó los puños con rabia:

—No lo haré, eso fue hace tiempo. Además, mi madre era humana.

La muchacha lo miró a regañadientes, ¡realmente era tan atractivo!

—Y mi padre también, pero eso no significa que perdoné a aquellos que lo mataron. Los cacé. Uno a uno. Ay, Inuyasha… en algún momento lo harás, y verás lo gratificante que es.

Inuyasha sonrió y se levantó. No la iba a escuchar, ella podía ser insistente, pero no daría su brazo a torcer, su madre le había dicho que no debía tratar mal a los humanos, a pesar que ellos lo trataran mal a él.

—Ey, ¿no quieres besarme? —Azumi se mordió el labio inferior.

Inuyasha le tomó el rostro a Kagome, observando sus ojos café en profundidad, lo que menos quería era hacerla sufrir con su pasado. Y eso que no se acercaba a la peor parte. Colocó su frente sobre la de ella y respiró su aroma, aquel característico de flores y sonrió.

—Esto no es necesario… —Rosó sus labios, realmente no quería seguir con la historia, sería reabrir una herida que ya estaba cerrada. — Por favor… entiende, debes confiar en mí.

Eso no era suficiente para ella. Quería saber todo, si tan solo pudiera leer su mente, todo sería tan diferente, se acercó a él y su aroma a bosque la embriagó.

—¿Cómo murió? —no pudo evitar preguntar, y observó a Inuyasha que mantenía sus ojos cerrados, los presionó con firmeza. Separándose de ella.

—Iré a darme un baño, en el río. —murmuró desde atrás de él. Pegada a su espalda, sintió como los músculos de Inuyasha se tensaban y se apegó aún más. — ¿Quieres acompañarme?

Inuyasha se volteó y le agarró el rostro con las manos. Mirándola a los ojos.

—Ve tú —Ella acomodó su rostro en la palma de él. Gracias a ella él estaba vivo, además de estar agradecido, estaba seguro que se había enamorado de ella— Te amaré siempre —La vio fijamente. Esperando su respuesta.

—Siempre… es un tiempo muy largo. —Enrolló los brazos en su cuello.

—No el suficiente. —La soltó y suspiró— Ve, yo iré a buscar algo de comer. —Ella aceptó encogiendo los hombros y se alejó de él.

De niño siempre se sintió solo, y ahora, estando con Azumi, nunca volvería a sentirse de esa manera. Se complementaban. Estaba cazando un animal, y de un momento a otro se quedó estupefacto.

—¡Inuyasha!

—¡Azumi!

Comenzó a correr cuan rápido sus piernas se lo permitían, hasta que llegó al río.

—¿Azumi? —olfateo, pero por alguna extraña razón, no sentía nada. Y sin saber por qué, los mareos llegaron a su cabeza. — ¡¿Dónde estás?! —De pronto todo fue negro.

No sabía cuánto tiempo estuvo sin conciencia, pero cuando despertó todo le daba vueltas, le dolía el cuerpo por completo. Tardó dos segundos en abrir los ojos en su totalidad. Y sintió que era levantado por dos personas de los brazos, y otro se encargaba de darle un golpe certero en el estómago, que lo hizo escupir sangre.

—¿Qué demonios…? ¿Quiénes son ustedes? —Dijo en voz baja, mirándolo aún un tanto aturdido. —

—Hasta que por fin te atrapamos, los estuvimos siguiendo por meses.

—No entiendo de que me estás hablando —Volvió a recibir otro golpe en el estómago y emitió un sonido de dolor.

—Es tan divertido cazar a los de tu especie… En especial a las mujeres. —Inuyasha escuchó eso e inmediatamente se soltó de los hombres y se abalanzó sobre quien le estaba hablando.

—¿Dónde está ella, maldito? Habla asqueroso engendro, o te mato en este mismo instante. —Amenazó Inuyasha tomándolo el cuello y apretándolo.

Él se puso a reír.

—Está muerta…

Kagome se levantó del suelo, y se pasó una mano por el cabello, mirándolo sorprendida.

—¿Cazaban hanyou? ¿Cómo es posible?

Inuyasha sonrió con ironía. Levantándose. Tenía que terminar su historia, no podía dar un paso atrás.

—Eso mismo me preguntaba yo.

—Los dejaste vivir, ¿Cierto? —Se acercó a él, mirándolo expectante, necesitaba saber su respuesta. Colocó las manos en su pecho, agarrando con suavidad su haori. Aunque las personas fueran malas, no podía imaginar a Inuyasha matando a un humano. Al no tenerla volvió a repetir— ¿Cierto?

El chico bajó su mirada hacia Kagome, pero no podía decirle la verdad mirándola a los ojos. No quería ver decepción en ellos. Así que miró hacia el suelo, de esa manera sería más fácil responder.

—Los dejé ir. —Apartó las manos de ella de su pecho— Para luego ir por ellos, y cazarlos uno a uno. —Kagome tembló, y le soltó sus manos. Inuyasha había matado a humanos. Lo comprendía, pero no lo aceptaba.

—No me estás diciendo toda la verdad.

Inuyasha la miró a los ojos, furibundo.

—¡No! ¡No lo estoy haciendo! ¡¿Quieres saber la verdad?! —Kagome se alejó un paso— Fui por ellos, y además maté a los integrantes de su familia, dejando solo a uno vivo, que hiciera su familia y después volvía nuevamente por todos. —Se acercó a la muchacha y la agarró de la muñeca tirándola— ¡¿Quieres saber más?! ¡Lo disfruté! ¡Sí! ¡Lo disfruté, maldita sea! —La soltó bruscamente y ella chocó contra un árbol, él se acercó y colocó ambas manos al costado de su cara encerrándola. Sintiendo los latidos acelerados de su corazón. — Esas personas tenían razón, no soy humano. Y por más que trate, no puedo serlo…

—Inuyasha, basta… —Presionó los ojos con voz temblorosa.

Pero él ya se había empeñado en seguir.

—Años después conocí a Kikyo, por supuesto, nunca más confié en los humanos. —Kagome, sollozó. — Hasta que llegaste tú. —La muchacha abrió los ojos y lo miró fijamente. Los ojos de Inuyasha parecían llamas de una hoguera. Se acercó peligrosamente a sus labios y susurró— Por esa razón no puedo entender por qué alguien como tú está conmigo, no te merezco. —Escuchó, por primera vez, a Inuyasha sollozar, y a pesar de que ella estaba asustada, lo abrazó y él escondió el rostro en su cuello.

—Eso no volverá a pasar… —Tembló y deslizó las manos por su espalda— Estamos juntos ahora