Dos capítulos seguidos, bien, se los debía. ¡Espero lo disfruten!
—Años después conocí a Kikyo, por supuesto, nunca más confié en los humanos. —Kagome, sollozó. — Hasta que llegaste tú. —La muchacha abrió los ojos y lo miró fijamente. Los ojos de Inuyasha parecían llamas de una hoguera. Se acercó peligrosamente a sus labios y susurró— Por esa razón no puedo entender por qué alguien como tú está conmigo, no te merezco. —Escuchó, por primera vez, a Inuyasha sollozar, y a pesar de que ella estaba asustada, lo abrazó y él escondió el rostro en su cuello.
—Eso no volverá a pasar… —Tembló y deslizó las manos por su espalda— Estamos juntos ahora
CAPÍTULO 10
NI AMOR, NI ODIO
Kagome había sentido que esa noche había sido la más larga de su vida. Después de la confesión de Inuyasha, se habían ido a dormir, juntos. Por muy extraño que sonara, él ya estaba durmiendo y ella estaba recostada sobre su pecho, acariciándolo. Imaginar a su Inuyasha matando a gente inocente le quitaba el sueño, lo que sí estaba segura que conversarlo le había quitado un peso de encima a él. Suspiro y se acurrucó en su pecho. No podía imaginar cuanto había sufrido Inuyasha en su vida, todas las personas que él había querido, habían fallecido. O por lo menos eso él creía, hasta ahora. Primero revivían a Kikyo, y ahora, aparecía Azumi.
Quizá ella fuese una tonta, pero quería conocerla. Saber quién era, pues, por culpa de ella, Inuyasha se había convertido en lo que más detestaba. Y recién ahora, estaba volviendo a ser el mismo. Tener amigos, confiar en los humanos… Aprender a dejarse llevar.
Inuyasha la apretó a un más contra su cuerpo, y murmuró sobresaltando a la chica:
—¿No puedes dormir? —Ella negó con la cabeza y lo miró. El chico observó sus ojos y se perdió en el color marrón, subió y bajó las manos por su espalda, provocando escalofríos en ella. — ¿Me tienes miedo? —No pudo evitar preguntar. Necesitaba saber la respuesta.
Kagome le sonrió con sinceridad, y colocó una mano en su mejilla.
—No podría.
Inuyasha la miró con duda.
—Eres increíble. —La dejó bajo de él, y agarró su rostro con las manos— Tú no sabes… lo que es estar enamorado de ti… —Pegó su nariz a su cuello y olfateó, luego, deslizó sus labios por su nívea piel besándola con suavidad.
—No digas tonterías… —Sentía claramente, como la temperatura del ambiente aumentaba, su corazón latía a mil por segundo. Colocó una pierna entre las de Inuyasha y estiró su cuello, permitiendo que la besara en su totalidad.
La miró a los ojos nuevamente, ¿Cómo podía estar con alguien así? Definitivamente no la merecía, se acercó a sus labios y la besó, en un principio, con suavidad, pero luego introdujo la lengua en su boca y al ser correspondido de manera inmediata, la ternura pasó a ser una pasión desenfrenada. La escuchó gemir y se volteó, quedando esta vez, él abajo, y ella sentada sobre él. De esa manera, aprovechó de acariciar su espalda. Kagome se separó un poco y colocó su frente contra la de él.
—No importa que sucedió en el pasado. —Le sonrió y el corazón de Inuyasha se encogió— Es pasado, esto, lo que tenemos, es el presente.
El muchacho le sonrió con sinceridad y le dijo:
—¿Qué haría sin ti? —Se sentó, con ella en cuclillas sobre él. Kagome pasó los brazos por su cuello y suspiró.
—Nada.
—Fuimos a ese palacio, y la verdad que no encontramos nada interesante —Reclamó Inuyasha, mientras las muchachas se despedían de los anfitriones.
—Habían unos malos espíritus rondando, pero con unos cuantos pergaminos, fueron eliminados —Se estiró suspirando, y clavó sus ojos azules en su amigo— Pero, tú no la pasaste mal. ¿Verdad? Por primera vez me dejaste hacer todo el trabajo.
Inuyasha se cruzó de brazos y lo miró por el rabillo del ojo.
—No molestes, Miroku. Ya era hora que hicieras algo por tu cuenta —Se burló— ¿Acaso los pergaminos funcionan?
—¿¡Estás cuestionando mis poderes!? —Se hizo el ofendido, las chicas se acercaron y los miraron con intriga.
—¿Qué sucede? —Preguntó Sango.
—Inuyasha cree que no podemos hacer nada sin él.
—¡¿Qué?! —se sorprendió y los demás se rieron— Eres un maldito mentiroso.
Había pasado una semana ya, y nada extraño. Ni siquiera la presencia de algún fragmento. Pero la verdad que lo que más preocupaba a Inuyasha era la llegada de Azumi, sus sentidos estaban completamente atentos, mas no había sentido nada, sin embargo sabía que ella los estaba siguiendo.
La relación de ambos, iba mejorando cada vez más. Ya todos lo sabían, pero no significaba que demostraran su amor sin más. Shippo siempre molestaba a Inuyasha, pero la paciencia de él había mejorado con creces, se esforzaba para que todo entre ellos funcionara bien. No quería estropearlo, era, según él. Lo mejor que le podría haber pasado. Todos dejaron sus cosas, en un campamento improvisado. Ya era hora de almuerzo, e Inuyasha, Miroku y Shippo se habían ido a pesar. Una vez solas, Sango colocó una mano en el hombro de Kagome y le sonrió.
—Somos amigas, ¿cierto? —La muchacha le devolvió la sonrisa.
—Eres mi mejor amiga, y lo sabes. No debes preguntarme eso. —Se sentó en el pasto, y ella hizo lo mismo.
—Entonces dime que te preocupa. —Kagome se sorprendió y la miró— ¿Está todo bien con Inuyasha?
Ella bajó la mirada, estaba todo bien. Inuyasha se esforzaba en que así fuese. Pero sabía que él no era así. No le gustaba que las cosas fuesen obligadas.
—Sucede qué… —Sango la miró expectante mientras se sentaba a su lado— Siento que Inuyasha está forzando las cosas, que no está siendo sincero. Es demasiado perfecto, y bueno, y paciente… —recalcó y ambas se rieron. — Ni siquiera peleamos.
—¿Extrañas las peleas? —se extrañó.
—Claro que no, solo qué… —encogió los hombros— Olvídalo, debo estar paranoica. —Se levantó sacudiendo su falda— Voy a ir a buscar algunas hierbas. ¿Quieres acompañarme?
Sango le sonrió y miró hacia atrás.
—Creo que los muchachos ya deben estar por llegar, y si una de nosotras no está acá. Podrían pensar lo peor. —Ambas se rieron, Kagome agarró su arco y le respondió:
—Tienes razón.
Quería tomar un agua de hierbas, sentía su cuerpo pesado, y por alguna extraña razón estaba cansada. No podía parar de pensar en Inuyasha, y en aquella misteriosa Azumi… Una vez adentrada en el bosque, buscó a los pies de los árboles hierbas, hasta que sintió atrás de ella unas ramas romperse. Respiró con suavidad, ¿Cómo había sido tan tonta como para no sentir alguna presencia cerca? Por suerte, estaba con su arco. Arrancó las hierbas y se volteó rápidamente. Para encontrarse con una mujer.
—¿Puedo ayudarte en algo? —Era una chica que no aparentaba más de 20 años. Kagome se asustó.
—Por favor —Colocó una cara de asustada y se acercó a Kagome— Estoy perdida.
—Dime en que te puedo ayudar… —Se volteó para dejar sus armas y las hierbas en el suelo, volvió su vista a la chica y ella la agarró fuertemente del cuello, estampándola con violencia contra un árbol.
—Ya sabía que eras ingenua, pero nunca tanto. Es tan fácil engañarte… —apretó nuevamente su cuello, y la miró fijo. Su pelo cambió de rubio, a negro; su color natural, al igual que sus ojos, de celeste a café.
Kagome ató rápidamente los cabos. Presionó los ojos y murmuró.
—Azumi…
Ella sonrió y soltó levemente su cuello.
—Mimetismo. ¿Te lo dijo Inuyasha?, por lo que sé… él te habló de mí. —Ladeo la cabeza e hizo una mueca con sus labios— ¿Acaso ya tuvieron la conversación de las ex's?
Kagome la miró sin miedo, a los ojos. No se iba a dejar vencer.
—Sí, me habló de ti. —Los ojos de Azumi adquirieron un extraño brillo— Me dijo que eras una perra que se había hecho pasar por muerta para lograr lo que quería. —Azumi, volvió a estamparla contra el árbol y Kagome emitió un grito de dolor.
—Simplemente le mostré quien era. —La miró a los ojos— Por más que trate, no es humanos, no somos humanos. Estamos diseñados para matar. —Las uñas de ella se convirtieron en garras y enterró con suavidad una en su cuello— ¿Lo ves?
Kagome no supo de dónde sacó fuerzas y la empujó. Agarró sus armas y le apuntó.
—Ya pasamos por esto, querida Kagome. ¿Piensas dispararme? —Colocó las manos en su cintura.
—¿Por qué no te vas? —Tensó su arco— Déjanos en paz. Inuyasha no quiere saber nada de ti. Te odia.
Azumi levantó una ceja y suspiro.
—Amor, odio, es una línea muy fina. —Sonrió— Solo mírate, mira a Kikyo, y mírame a mí. Somos parecidas, por no decir casi idénticas, ¿no lo crees? Inuyasha las quiso porque son mi reflejo. —Kagome hizo una mueca de dolor, no se había dado cuenta de ese pequeño detalle, eran, extrañamente, parecidas—
—Basta, ¿vas a seguir diciendo tonterías?
—Venía a hacerte una pregunta… ya que sabes nuestra historia. —Se acercó a ella y sonrió nuevamente— ¿Cuándo fue la última vez que mató por mí? —Kagome se congeló, no quería saber la respuesta a esa pregunta—
—No me interesa, de seguro fue hace mucho tiempo atrás. —Bajó un poco su arco—
—Un mes, ¿Es mucho tiempo? —La muchacha bajó su arco en totalidad y la miró a los ojos.
—Eso es mentira…
— Déjame mostrarte —Agarró la cabeza de ella con sus manos y le sonrió. Transmitiéndole todo lo que ella había vivido con Inuyasha y todo lo que él hizo después de su supuesta muerte.
Todos estaban dormidos, y estaban cerca de una aldea, que le era muy familiar, le dio un beso en la frente a la muchacha y se levantó. Tenía cosas que hacer. Llevaba años, asesinado a las personas que mataron a Azumi, era una promesa que él se había hecho y siempre las cumplía. Lo que le dolía, era mentirle a la muchacha.
Llegó a la casa y apretó los puños. Varios de recuerdos invadieron su mente, y abrió la puerta de golpe. Y sin escuchar razones, con dos zarpazos asesinó a toda la familia, dejando únicamente vivo a un bebé. Se acercó a niño y lo miró con desdén. Aquel bebé tenía la sangre de un asesino… Vio como la mamá se movía y susurraba el nombre de su pequeño.
—Perdón —Murmuró Inuyasha, y terminó con ella.
—¡Basta! —Se alejó de Azumi con los ojos bañados en lágrimas, se agarró la cabeza con las manos gritando de dolor, tenía muchas imágenes en su mente, recuerdos que no eran de ella. — ¡Haz que se detenga! —Le pidió llorando. Y todo se volvió negro.
—Kagome… —Murmuró al verla abrir los ojos— ¿Qué sucedió? —La vio totalmente débil, con lágrimas en los ojos, y no paraba de susurrar incoherencias mientras dormía.
Enfocó sus ojos, y lo vio. En un principio se sintió aliviada, pero los recuerdos golpearon su mente. Y se levantó asustada.
—No te acerques. —Sentenció.
Inuyasha se sorprendió.
—¿Qué sucede? —Dio un paso hacia ella con suavidad, y ella volvió a retroceder. Lo miró a los ojos con miedo. Y se fue corriendo hacia el río — ¡Kagome!
Cuando llego a su lado, la vio dentro de este, sobándose los brazos, como si quisiera limpiarse.
—Kagome…
—¡¿Cuándo fue la última vez?! —Lo miró con lágrimas en los ojos y nuevamente con miedo— ¡¿Cuándo?!
Inuyasha temió lo peor, y se acercó nuevamente.
—¿De qué me estás hablando?
—¡No te hagas el que no sabes! —Salió rápidamente del río, completamente mojada y quedó en frente de él, tratando de tranquilizarse— Lo sé, lo sé todo.
El muchacho colocó las manos en sus hombros y ella tembló, pero no de frío, sino que de rabia.
—¿Te encontraste con Azumi? No le creas nada de lo que dice, ella miente.
—Me mostró todo. Tengo recuerdos que no son míos, en mi mente. Tengo, en mi mente… —lo vio a los ojos— Cada asesinato que cometiste. —Inuyasha se sorprendió y la soltó, claramente arrepentido— La última vez que lo hiciste, estabas conmigo…
—Yo puedo… —¿Qué le iba a decir? ¡Todo era verdad! — Me hice una promesa, y las cumplo. Si algo te pasara a ti, no dudaría en hacer lo mismo.
—Mataste a gente inocente. —Las lágrimas se escaparon de sus ojos, e Inuyasha se alejó.
—¡Basta! No puedo parar de pensar, en como debes sentirte, cuando algún fantasma de mi pasado aparece entre nosotros, no puedo mirarte y darme cuenta que cada vez que sabes algo nuevo te decepcionas!
—¡Tú no eres así! —Le gritó— Estabas enojado, ¡por eso hiciste todo lo que hiciste!
Inuyasha le agarró las muñecas y la sostuvo con fuerza.
—¡Eso es lo que soy! —Se acercó a su boca, mientras ella temblaba— No puedes hacer nada. — ¿Por qué no huyes de mí lo más humanamente posible?
—No puedo… Por más que odie esa faceta tuya, no puedo. Podemos empezar nuevamente —Habló atropelladamente. Inuyasha sonrió y bajó la mirada.
La soltó, ya no hacía falta fingir. Ya no iba a mentir. Tenía que alejarla de él. No podía contaminarla. Ya no más, la vio a los ojos, temblorosa, repleta de miedo, con millones de sentimientos encontrados, sabía que, alguna parte de la muchacha lo odiaba.
—No voy a cambiar —Sentenció y la fingió desdén— Pero me reúso a cambiarte. —Antes que ella dijera algo, él dijo:
—Se acabó
¿Qué tal? ¿Se esperaban eso? La verdad que yo tampoco... jajajaja, pronto subiré el próximo
