Ranma estaba acostado sobre el tejado como acostumbraba. Hacía frío, pero aquel firmamento estrellado merecía la contemplación sin importar las condiciones.
Habían transcurrido tres meses desde la partida de Akane y todavía se le aparecía su rostro sonriente al divisar la luna, aún la confundía por las calles asustando de paso a alguna confundida mujer esperando hallarla, aún su nombre le dolía en lo más profundo.
Todos en la familia Tendo volvieron al curso normal de sus vidas, pero con menos entusiasmo en sus actos y menos vida en la mirada. A Tendo Nabiki como que se le estaba disipando la codicia porque sus negocios se congelaron en la libreta de cuentas y la calculadora guardada desde hacía meses en el cajón de su velador; Kasumi sonreía un poco menos de lo normal y frecuentemente soltaba el nombre de Akane cuando se topaba en el mercado con algún alimento del agrado de su difunta hermana u ocupándose de los quehaceres hogareños, iba a dar con algún objeto de su pertenencia; a Sound se le habían sumado diez años encima en los últimos meses, porque tardaron seis meses en hallar su cuerpo inerte, seis meses de desconocer su paradero, soportando la angustia y la incertidumbre de no saber de ella, y luego debiendo aguantar el dolor por la confirmación de su muerte; Genma ya no discutía por comida y merodeaba por la residencia Tendo con el sigilo de un alma en pena, procurando respetuosamente no profanar penas ajenas.
Ranma era el único que se esmeraba en conservar la alegría, ayudaba en lo que podía a Kasumi, ofrecía alguna jugada de ajedrez a Sound y de vez en cuando compartía con Nabiki conversaciones de sus vidas, las cuales disfrutaba en secreto porque todas ellas acababan en el tema de Akane y era éste su tema favorito. Era una manera de tenerla presente, de recordarla, pese al dolor que le significaba evocarla. En parte por su muerte prematura, por la impotencia de no haberla protegido, por haberle fallado a la única mujer que ha amado, y en parte porque aunque han pasado tres meses desde su muerte, la policía de investigaciones todavía no ha dado con el responsable. Él mismo, Saotome Ranma, se presentó varias veces en la comisaria a ofrecer su ayuda, asegurando que es experto en artes marciales de estilo libre y que por demás conoce bien el distrito, pero en cada oportunidad fue rechazado con el motivo de que, pese a sus habilidades, dicha investigación no le concernía a un civil y le pedían además que tuviera paciencia, que se están haciendo evaluaciones e interrogatorios y que tarde o temprano la verdad de la desaparición y asesinato de la adolescente Tendo Akane, saldría a la luz.
El problema aquí es que al joven Saotome se le venía agotando la paciencia desde hacía tiempo...
Flash back
Caminaba despacio. Todos en casa dormían y debía tener cuidado de no despertar a nadie.
Se acomodó su bolso a la espalda y salió de la casa, susurrando un gracias a la familia. Finalmente se apuró a dirigirse al portón, última salida que lo llevaría a la búsqueda de verdades y a vengar, de una vez por todas, la muerte de su prometida. Estaba harto de llorar, harto de lamentarse, harto de no recibir respuestas, por tanto decidió que las buscaría él mismo. Se lo debía la familia Tendo, a los amigos de Akane, a sí mismo y a ella... sobre todo a ella.
-¿Qué crees que haces, Ranma? - habló una voz a su espalda.
El susodicho se detuvo de golpe, pero no volteó. Reconoció la voz de su padre y se preguntó cómo es que no advirtió antes su presencia.
-Voy a buscar al asesino y a eliminarlo con mis propias manos.
-Deja que la policía se encargue - dijo Genma con la voz cansada, sabiendo a lo que se refería.
-Sabes que lo mío nunca ha sido esperar - finalmente volteó y Genma pudo ver en su hijo la enorme tristeza que llevaba dentro en lo hondo de sus ojos brillosos - Necesito hacer algo. Necesito saber qué ocurrió.
-No hagas nada. Sólo empeorarás las cosas. Sé que estás sufriendo Ranma, pero no te ciegues por el dolor, eso sólo te llevara a cometer estupideces. Yéndote ahora sólo traerás problemas innecesarios.
-Papá... -agachó la mirada.
-Escucha... yo he hablado con Sound acerca de ...bueno, la posibilidad de irnos -carraspeó Genma acomodándose los anteojos- Después de todo, no somos parte de la familia Tendo, pero él me ha pedido que nos quedemos porque nos estima y porque vio en ti a un gran apoyo para la familia en estos tristes momentos, pues todos sabemos que pese a que trates de parecer como antes, sufres tanto como todos su muerte porque la amabas. Espera un poco ¿Quieres? Apenas han pasado dos meses.
-Cada minuto que pasa es importante, ¿Qué no entiendes?! - exclamó rabioso.
-No hables fuerte idiota o los despertarás a todos - masculló Genma - Espera aunque sea un mes.
-¡Me niego! - y dio media vuelta para seguir su camino.
-¿Qué crees que estaba haciendo en el jardín a estas horas? - habló Genma de nuevo - Llevo semanas sin conciliar el sueño, Ranma. Yo también sufro la muerte de Akane, ¿Qué no te das cuenta? No eres el único que lo está pasando mal. Hasta Uyo y Shampoo las ocasiones que han venido, lo han hecho todas tristes y apagadas. Todos sufrimos la muerte de Akane.
Ranma apoyó su mano en el portón y suspiró pesadamente, cerrando los ojos.
-Espera un mes - propuso Genma - Espera un mes y luego haz lo que quieras. La familia Tendo nos necesita ahora más que nunca.
Fin del flash back.
Al día siguiente se cumplirá el mes propuesto y se dará a la aventura de encontrar al responsable de la muerte de Akane y lo matará con sus propias manos.
Pero ¡Maldición! Se incorpora y restriega con ambas manos su rostro sintiéndose frustrado. Akane,... el misterio que su prometida se llevó a la tumba ahora le atormenta, y le duele de manera inconfesable el hecho de que ella no hubiera confiado en él sus secretos. Porque él mismo vio fotografías de una Akane distinta, disfrazada, siendo otra. ¿Qué necesidad tendría ella de escapar de su propia piel para jugar a ser alguien más?
¿Por qué? ¿Por qué no confió en él? ...Después de todo, eran amigos, camaradas y se tenían cariño. Más que cariño, al menos por su parte. La amaba, entonces, ¿Por qué no supo ver lo que ocurría con ella? Tal vez le fueron lanzadas mil señales que pasó desapercibidas, tal vez estaba siendo acosada y él no supo verlo.
-¡Vaya que el clima es raro aquí en Tokyo! Apenas ayer hacía un calor insoportable y hoy parece que fuera a llover - exclamó Taro.
-¿Para qué viniste? Sabes que puedo hacerlo sola - respondió la chica sin mirarlo.
Resultaba una pareja que pasaría desapercibida de no ser por el cabello rubio del muchacho evidentemente oriental a juzgar por sus rasgos. Taro era un chico de veinte años de estatura media, tez trigueña, ojos rasgados y cabello teñido rubio el cual llevaba corto y cuyo tono no se le veía nada mal. Llevaba un aro en su oreja izquierda y vestía con ropas anchas. Al lado suyo caminaba lo que a primera vista parecía un chico, pues sólo al entrecerrar la mirada para verle atentamente de cerca se podían capturar sus rasgos femeninos, pero nadie se tomaba el tiempo para ello y tampoco a nadie le permitiría la joven acercarse tanto, por lo que resultaba sencillo hacer creer a todos que la chica de gorra con una vicera que escondía parte de su identidad y cuyas curvas que insinuaban la sutileza de su cuerpo menudo se perdían en sus ropas masculinas, era un chiquillo debilucho de baja estatura con la voz en pleno proceso de cambio.
-Es aburrido estar encerrado - se encogió de hombros Taro.
Transitaban por el mercado. Gente iba y venía, bullicio de voces entremezclada y gritos de los comerciantes ofreciendo sus productos. Sin duda el mercado en Tokyo en plena tarde bullía en actividad.
-¿No tienes hambre, Haru? - le preguntó Taro después de un rato.
-No, ya cállate y concéntrate en lo que vinimos - respondió la chica de modo cortante.
El muchacho resopló fastidiado. Detestaba a esa chica, era tan indiferente con todo, como una muñeca sin sentimientos y del todo ajena a las necesidades humanas.
No comprendía porqué el jefe la había reclutado. Un día hacía como siete u ocho meses llegó con ella a la guarida en Nerima e informó que sería una nueva compañera. Que había que protegerla porque estaba siendo perseguida por su enemigo, y que por ende, ella era una de los suyos. No se sabía nada de la chica, ni su pasado, ni su verdadero nombre, pero al menos trabajaba como correspondía y no intentaba involucrarse en asuntos de otros. Por dichos rasgos se había ganado la simpatía de varios en el grupo mientras otros cuchicheaban odiarla por las mismas razones. Su comportamiento demasiado "perfecto" despertaba sospechas y a algunos les irritaba no poder entablar con ella una conversación personal, pues su actitud podía ser interpretada fácilmente como un sutil desprecio y antipatía.
-Oye, ¿Qué tipo de relación tienes con el jefe? - quiso saber Taro, más por picarla que por verdadero interés- Hay rumores de que te acuestas con él y que por eso recibes un trato especial. Ya llevas harto tiem... - calló cuando se percató de que caminaba solo.
Haru no estaba junto a él.
Extrañado volteó y entre las personas, la pudo divisar a algunos metros suyo pegada a una vitrina. El muchacho arrugó el ceño.
La chica tenía ambas palmas pegadas el vidrio y observaba fijamente una caja musical que la tienda ofrecía. Por un instante se transportó a la navidad del año anterior.
Flash back.
Akane se había detenido frente a una vitrina en el centro comercial. Nevaba y el ambiente navideño se respiraba en el aire.
-¿Qué tanto ves? - le preguntó Ranma, asomándose para encontrarse con aquello que había capturado la atención de su prometida -Akane será mejor que te apures para que acabemos cuánto antes. Detesto esto y lo sabes.
-Ya lo sé, ya lo sé, pero ya que estamos aquí hay que aprovechar, ¿No crees? Pero tú eres un aguafiestas - le reprochó- Para ti todos los días parecen ser iguales.
El ojiazul masculló y ella agregó:
-Vamos Ranma, ¿Qué no tienes algo que quieras, un sueño o una ilusión?
Extrañado el muchacho sonrió viéndola inquisitivo.
-¿Cuáles son los tuyos? ¿Qué es lo que quieres?... ¿Qué te hace falta?
La chica se incorporó y le dedicó una ancha sonrisa.
-Pues quiero una bufanda, una caja musical, un osito de felpa, un lindo vestido, un suéter rojo, pañuelos, un bolso, pantuflas, ¡Ay, hay tantas cosas! -exclamó.
-Y seguro piensas que lo recibirás todo esta navidad, ¿no? - inquirió Ranma divertido - Vaya que eres ambiciosa.
-Claro que me gustaría - contestó sin desvanecer su sonrisa.
Fin del flash back.
La chica sonrió nostálgica. Aquella navidad Ranma apareció en el último minuto con todos los obsequios que ella le enumeró.
Parece que hubieran transcurrido mil años desde entonces.
-¿Qué ves, Haru? ¿Te gustan las cajas musicales? -habló el muchacho al lado suyo, viendo las distintas cajas musicales que exponía la tienda.
-No me gustan la cajas musicales. Me gusta ESA caja musical - replicó la chica, pero no le apuntó a la que se refería.
Habiendo varias, Taro se encogió de hombros y no insistió en saber a cuál se refería.
Haru se despegó del vidrio, pero todavía no le quitaba la mirada de encima a una caja musical en específico, la cual era idéntica a la que Ranma le compró en aquella navidad.
-Ya está bien ¿No? ¿Qué harás? O entras a comprar la maldita caja o seguimos con lo nuestro porque me niego a seguir acá de pie congelándome de frío.
Haru desvió la mirada de la caja musical para ver a su furibundo compañero. Tras unos segundos dijo: Sigamos ; y retomó su camino, adelantándose a él.
-HUM, y se va primero- masculló Taro quién le dedicó un último vistazo a las cajas musicales antes de seguirla -¡Hey espera, niña!
Continuará...
