Nee Wang acababa de entrar a la recién inaugurada galería de arte, bastante ilusionada. Los cuadros le parecían muy interesantes, y las esculturas muy ingeniosas. Incluso llegó a mirar una curiosa pintura de unas frutas en una playa, en la que las frutas parecían personas, pero sin rostro. También había una niña a su lado mirándola, pero no le dio mayor importancia. Mientras exploraba el lugar, al cabo de un rato, encontró una habitación de solamente cuadros, colgados por toda la pared.

Uno de los cuadros era del cuento del "Soldadito de Plomo". En él había un lindo soldado de juguete con una sola pierna, pintado con colores pastel, junto a una sonrosada bailarina. Los dos tenían los ojos cerrados, ella con expresión concentrada, parada en una sola pierna en posición para el ballet.

Nee se les quedó viendo, enternecida.

—Que lindos-aru —Ronroneó, girándose para mirar la escultura cercana de una mujer color azul.

Pero de repente, sintió una especie de punzada en el cuello, como la sensación que se tiene cuando alguien te está mirando sin pestañear. Se volteó nuevamente, y dio un respingo al ver los ojos de la bailarina y el soldadito, observándola fijamente. Los dos, con unos ojos amarillentos clavados en ella.

—P-pero… creí que…

Nee parpadeó varias veces, y se talló los ojos. Cuando volvió a abrirlos, los dos muñecos tenían los ojos cerrados.

OoOoOoOoOO

Iván Braginsky, un joven de cabello platinado, vagaba por los corredores, con una curiosa sonrisa. Llevaba ahí ya un buen rato, pero aún estaba bastante entretenido. Además, estaba más feliz de lo normal. Había logrado ver un hermoso cuadro de girasoles. Él adoraba los girasoles, principalmente por qué él venía de una tierra tan fría como Rusia. La calidez que desprendían los girasoles… bueno, por algo eran su flor favorita. Pensaba en ello, en lo que caminaba tranquilamente, deteniéndose a ver una vez más algunos cuadros que ya había observado. En eso estaba, cuando escuchó unos murmullos de preocupación, y giró la cabeza hacía el sonido con curiosidad. Una pequeña —o así le parecía, debido a su propia gran estatura— chica asiática alternaba la mirada entre un cuadro y otro, mascullando cosas rápidamente en un idioma que parecía ser chino. Lucía seriamente preocupada, y llegó a pasarse las manos por la cara en gesto de desesperación. A Iván, su actitud le divirtió e intrigó al mismo tiempo, por lo cual le habló, tocando su hombro ligeramente.

Privet —Saludó como si nada, sonriéndole, mientras la chica daba un respingo y se giraba hacía él.

—H-hola —Respondió ella, mirándolo con cierta inquietud— ¿Pasa algo-aru?

—No —Sonrió Iván— Es solo que… te vi algo preocupada. Y miras a los cuadros muy raro.

A la chica se le colorearon las mejillas.

—Oh… no es nada-aru, es solo que… bueno…

Ni si quiera quiso completar la frase. Él la miró atentamente, con la curiosidad brillando en sus ojos violetas.

—Da. Entiendo —Dijo, aunque en realidad ella no había dicho nada— Soy Iván Braginsky… ¿y tú?

—Nee… Nee Wang —Contestó ella, suspirando.

Iván sonrió nuevamente, pero Nee pareció igual de cohibida.

—Bueno… con permiso… Iván… t-tengo que… ir a ver una cosa —Lo miró casi con timidez, retrocediendo un poco, y caminando hacia la derecha.

El ruso se despidió con la mano.

—Hasta luego…

La vio desaparecer al dar la vuelta por el pasillo, pero se fijó inmediatamente en el cuadro al que ella había estado mirando tan ansiosamente. La pintura del "Soldadito de Plomo". La miró con una sonrisa, que no le llegó a los ojos. A él le había pasado algo extraño con una pintura. Y estaba totalmente seguro de que a Nee le había pasado lo mismo. Ya hablaría con ella... solo esperaba que no se fuera de la galería demasiado pronto… no, mejor iría de una vez.

OoOoOoOo

Nee estaba a punto de arrancarse los cabellos de la frustración. ¿Podía haberse confundido de tal manera? ¿Había alucinado? ¡Pero si había dejado el opio desde hacía varios años!

Y el ruso… ¿Qué pasaba con él? ¿Por qué se le había acercado? Quizá, él sabía que había visto algo raro… pero no podía ser que él también lo hubiera visto… a menos que en serio hubiera pasado.

Tenía que regresar a investigar… después de todo, seguro había una explicación. Lógica… o eso esperaba.

Al pensar en ello, no pudo más con la ansiedad, y se fue en dirección a aquel cuarto, dispuesta a regresar con el cuadro del soldadito cojo y la bailarina. Pero cuando iba hacía allá, vio de reojo algo que captó su atención. Un cuadro gigante, de lo más surrealista, y llamativo. Caminó hacia él, y se acercó, observándolo con fascinación. Pero luego, abajo del marco, vio unas palabras pintadas, color azul, y se inclinó para verlas bien. Para su asombro, confusión, y hasta miedo, las letras se desvanecieron, dando paso a unas diferentes. Abrió los ojos desmesuradamente, casi mareándose. No sabía lo que había dicho antes, pero ahora, al leerlas, sabía lo que decía justo ahora:

"Ven, Nee… ven… aquí está muy solo. Si vienes, estaremos todos juntos"

La aludida se levantó, con cara de plato. Quedó aturdida, hasta que escuchó una voz que recién había escuchado, hacía casi anda.

—Nee…

Se volteó, mirando al recién llegado, todavía confusa.

—I-iván… ¿cierto?

El ruso asintió, aproximándose hacía ella y mirando el cuadro.

—Esa pintura… es…

—Sí… —Musitó Nee, intentando ordenar sus ideas— Es tan…

Pero antes de poder seguir, se escuchó una especie de chasquido, y Nee retrocedió, y se tapó la boca con las manos, al ver como una escalera salía, literalmente, del cuadro. Iván también la miró, sin alterarse tanto. La escalera era corta, y no era de pintura. Y llevaba directamente hacía algún pasaje que parecía llevar dentro del cuadro.

—¿Q-que pasó? ¿Qué es eso…? —Susurró Nee, comenzando a espantarse.

Iván le sonrió con la mirada.

—Tranquila. Ya lo averiguaremos.

—…Pero, ¿qué es?

—Parece una especie de pasadizo… —Contestó Iván— Pero me temo que ha arruinado el cuadro…

—…¡Hay que decirle a alguien de esto! —Exclamó Nee, sacudiendo la cabeza, y corriendo a bajar las escaleras, sin detenerse a pensar en lo que hacía.

Pero en su camino no se encontró a nadie.

—¿Hola? —Llamó a voz en cuello, aguzando los sentidos, aun sin ver u oír a ninguna persona— El cuadro… algo le pasó… ¿hola?

—No creo que encuentres a nadie, Nee.

La china dio un salto, sorprendiéndose al ver a Iván a su lado.

—¿Por qué dices eso?

Él se encogió de hombros.

—Me parece que hay algo muy mal con este lugar, ¿eh? Si tuviera malas intenciones, yo también trataría de aislar a mis victimas del resto —Sonrió.

Pero su sonrisa no le resultó a Nee para nada tranquilizadora.

—¡Aru! ¿Estás diciendo que están tratando de matarnos, o algo así…? ¡No puede ser! No hay manera de evacuar tan rápido un lugar tan grande, y tan lleno de gente, y-

—Tranquila, ¿da? Yo tampoco entiendo. Solo dije que podrían estar haciendo esto a propósito. Aunque es curioso como lograron hacer que las pinturas se movieran —Agregó, tanteando el terreno, y escudriñándola con la mirada.

Como esperaba, la joven reaccionó de manera favorable, luciendo sorprendida y asustada.

—¿Tú también lo viste…?

Iván asintió con la cabeza.

—No me gusta nada este lugar —Murmuró Nee, temblando levemente— Quiero irme a casa, ya.

—No te preocupes… tiene que haber una salida —Él se giró, y Nee ahogó un grito.

Unas huellas de zapato color violeta comenzaron a marcarse en el suelo, desde los pies de Iván, hasta subiendo las escaleras, pero aun sin verlo, los dos estaban seguros de a donde llevaba.

—El cuadro…

—Sí… —Iván miró las huellas fijamente, sin parpadear, y luego sonrió— ¿Vienes, Nee?

La chica lo miró, con un brillo asustado en sus ojos marrones.

—No lo sé-aru…

Él ladeó la cabeza con cierta decepción.

—Oww… pero, ¿de verdad quieres quedarte sola aquí abajo?

Nee abrió la boca, pero volvió a cerrarla sin decir nada.

—Bueno... como quieras, Nee…

El ruso subió los primeros tres escalones, pero ella lo alcanzó rápido, tirando ligeramente de su largo abrigo.

—¡Espera-aru! N-no quiero quedarme aquí…

Iván se giró levemente hacía ella, parpadeando, algo sorprendido.

—¿Eh?… y ¿no te molesta venir conmigo?

Ella negó fervientemente con la cabeza.

—No, no me molesta-aru… allá me da miedo, pero… me sentiría muy insegura aquí abajo-aru…

Iván sopesó la idea unos momentos.

—…Oye… sería posible que… ¿te sintieras más segura conmigo?

Nee bajó la mirada.

—Ah… algo así-aru…

Iván siguió mirándola con cierta sorpresa, pero sonrió, de la manera más sincera hasta el momento.

—Da… de acuerdo.

Nee iba a decir algo, pero hasta ese momento se dio cuenta de que seguía agarrándose de su abrigo, y se sonrojó, soltándolo rápidamente.

—Perdón-aru…

—No hay cuidado, Nee —Sonrió él, contento— Si quieres puedes seguirlo haciendo. No me molesta.

—E-estoy bien, gracias-aru.

El mayor asintió, subiendo la escalera con una sonrisita. Nee lo siguió dando brinquitos silenciosamente, hasta que llegaron al segundo piso. Los dos se fueron derecho hacía el cuadro gigante.

—Hey, Nee… ¿Que significa "aru"? —Preguntó Iván de repente, con inocente curiosidad.

—¿Ah? Pues… nada en específico-aru. Es un tic verbal que tengo, je… aunque no tiene sentido, y es bastante tonto —Explicó Nee, encogiéndose de hombros, sonriendo tímidamente.

—Yo no creo que sea tonto… es bastante lindo, da.

Nee lo miró, sorprendida, sin acabar de creérselo.

—…¿Tú crees? Oh, y ¿qué significa "da"?

Iván se puso de pie frente al cuadro, y la escalera. La miró, y sonrió.

—Sí.

OoOoOoO

Debo estar loca por meter a Rusia y NyoChina en el mismo fic en el que NyoInglaterra es prota, y ellos no tendrían por qué tener nada que ver, pero bueno. Me habré fumado algo más fuerte de lo normal (? Sean felices, fans del RoChu~