Cuando Alice bajó, le sorprendió ver que el lugar estaba quizá hasta más iluminado que la parte de arriba. Fuera por la razón que fuera, podía ver un poco mejor. Pero tenía más miedo. En silencio, y con toda la cautela posible miró lo que la rodeaba, incluso el techo. Los colores de ahí no eran más que tonos oscuros de azul…

—V-vamos, Alice —Susurró, intentando darse ánimos, pero con otro escalofrío. Caminó hacia el lado izquierdo, procurando pisar sin hacer ruido. Se detuvo por un momento, al ver la misma señalización rasgada en la pared:

V, E, N. Se repetían varias veces las tres letras juntas.

—Ven…

Tenía sus muy serias dudas sobre si acercarse o no, con el corazón bombeando tan fuerte que prácticamente lo sentía chocar contra su pecho, pero en la penumbra vio un leve destello, y aguzó la mirada. Retuvo su temor, y caminó silenciosamente hacia allá, lista para brincar en cualquier momento. Entonces vio de donde venía el brillo.

Sobre una mesa, había una rosa, resplandeciendo bella como ninguna que hubiera visto antes. Lo particular de ella, era su color: Verde, como esmeralda, y brillaba casi tanto como una.

Alice la miró, perdiéndose por un momento en sus pensamientos. Luego sacudió la cabeza, y acarició un pétalo. Sin que ella misma pudiera decir por qué… agarró la rosa, y la guardó cuidadosamente en su bolsa de mano. Sin embargo, la mesita donde había estado la rosa estaba tapando una puerta… y la movió, haciendo mucho más ruido del que le gustaría. Se quedó callada, tratando de detectar alguna señal de movimiento, pero no oyó nada. Cuando quitó la mesa, miró la puerta fijamente, antes de girar la perilla, y que la puerta se abriera.

Dentro, en la habitación, lo primero que vio fue el cuadro de una chica, sonriendo pacíficamente. Pero cuando avanzó hacía el, se dio cuenta de que había pisado algo, y se apartó con prontitud. Era una llave, una llave color azul. Se agachó para recogerla, pero estuvo a punto de gritar, por qué en cuanto la sostuvo entre sus manos, el cuadro en frente cambió radicalmente: Su sonrisa se amplió al doble, y sacó la lengua, mientras que sus ojos, antes cerrados, se abrían y miraban hacia la izquierda de manera rara y perturbadora. Alice reparó por primera vez en el letrero debajo de la pintura, comenzando a asustarse:

"Cuando la rosa se -, tú también te -."

Después de mirar eso, retrocedió lentamente… y luego escapó por la puerta. Pero cuando salió, las cosas no fueron mejores. Se resistió a soltar algún sonido ahogado, fuera el que fuera.

En la pared, en vez de las tres letras que formaban la palabra "Ven", había otras muy diferentes, que gritaban a todas luces otra cosa:

—L, A... D, R… O, N… A…

Alice prácticamente se metió el puño en la boca, mordiéndolo hasta casi hacerlo sangrar. Cuando se volteó, vio otro cartel pegado en el muro, que ponía:

"Tú y la rosa estáis -. Conoce el peso de tu propia vida"

Sin otra opción, caminó lo más lejos posible de la pared, llena de esas amenazantes letras rojizas. Pero mientras caminaba, como gato espinado, más letras pintaron el suelo, esta vez todas juntas: LADRONA.

Como le era difícil estar más espantada de lo que ya estaba, les brincó, desesperada por volver a subir las escaleras. Pero cuando llegó ahí, se sintió como si le hubieran dado una bofetada.

Ya no había entrada. Las escaleras habían desaparecido.

Tragando saliva, miró el final del pasillo, avanzando hacía el. Miró la puerta, color azul mar, y luego a la llave que sostenía entre sus manos. Era exactamente el mismo color, y el mismo tono. Sin pensarlo demasiado, metió la llave en la cerradura, escuchó una especie de chasquido, y la puerta se abrió. La sala a la que entró tenía colgados en la pared de en frente un montón de cuadros, todos de insectos. Y en el lado izquierdo, justo en medio de un pasillo, había otro señalamiento más.

—Cuidado con los bordes —Leyó Alice trémulamente, ladeando la cabeza.

El pasillo tenía muy mala pinta, por lo menos tanto como lo demás. Esta vez, las paredes y el suelo eran color verde oscuro, bastante deprimente. Como si el ambiente no fuera ya bastante malo. Y la única otra puerta que había, estaba cerrada. No le quedaba más que continuar.

Siguiendo la advertencia, arrastró los pies hacía el pasillo, deslizándose en medio. Pero… algo brincó, literalmente desde la pared a su lado, que la hizo sentir como dentro de una película de terror.

Una mano, o más bien un brazo negro, saltó hacía ella, y se detuvo justo antes de alcanzarla, al momento en que Alice se apartaba.

Gritó entrecortadamente, alejándose, y escapando hacia el final del pasillo.

Pero antes de llegar a acercarse demasiado, otro brazo negro rompió la pared frente a ella. Por mero instinto lo esquivó a duras penas, mientras el brazo se retorcía al pasar ella, intentando agarrarla. Alice cruzó como bala, y aun así el brazo llegó a arrancarle unos cabellos. Pero, por lo demás, la pequeña inglesa llegó a salvo frente a otra puerta, lejos de las manos. Abrió la puerta como alma que lleva el diablo, y entró a la desesperada, bajando escaleras, mientras los brazos seguían agitándose detrás de ella.

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No mucho después de eso, en otro lado del museo…

Después de salir de la habitación, el muchacho se detuvo, reteniendo la respiración. ¿Se había ido el… cuadro? Esperó unos angustiantes momentos, cuando la respuesta le llegó abrupta y ruidosamente. En cuanto vio, y escuchó al cuadro de la mujer quebrar la ventana, y pasar a través de ella, puso pies en polvorosa. Y no podía detenerse si quería mantenerse con vida. Miró hacía atrás, y vio la misma horrenda mujer, con la mitad del cuerpo dentro del cuadro, arrastrándose hacía él con velocidad alarmante. Regresó la vista en frente, sin dejar de correr, y cerrando un ojo para evitar que le cayera una gota de sudor directamente. ¡Acabaría por alcanzarlo a ese paso! Hasta él se daba cuenta de ello. Giró rápidamente en una esquina, y se abalanzó sobre la primera puerta que vio, abriéndola, entrando, y cerrándola en el menor tiempo posible. Del otro lado, el cuadro emitió un ruido extraño, chocando contra la puerta, y empezando a arañarla con las uñas, que más parecían garras, color rosa.

El chico escuchó atentamente, rogando que fuera cierta su corazonada de esos cuadros ni si quiera sabían girar perillas.

—Dios… —Resopló, alejándose de la puerta, y poniéndose una mano sobre el pecho, y su corazón desbocado.

Se volteó lentamente, y vio una especie de bosque, hecho de árboles de piedra, sumamente realistas. Miró hacía abajo, y movió ligeramente lo que parecía una planta de papel. Por el suelo había regados montones de papeles similares, color verde prado, semejando pasto y yerbas. Miró todo atentamente, aliviado, llegando incluso a suspirar de alivio. Pero entonces, en un breve momento en el que cerró los ojos, se oyó un estruendo, y cuando volvió a abrirlos, había un agujero en la pared, por el que entró corriendo –o más bien arrastrándose- un cuadro igual al que había estado huyendo afuera.

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Primer título de capitulo en español (? Supongo que se deberá a la presencia del susodicho xD

Primera "aparición" del protagonista que faltaba de "aparecer", válgame la redundancia .w. ¡El tipo de los churros, vamos! (¿?