Después de que Nee guardó la rosa, Iván pareció mejorar incluso aún más su actitud. Nee tenía la impresión de que algo había hecho muy bien, y se contentó también por ello. Lo que más necesitaba en ese momento, aparte de encontrar la salida, era contar con el apoyo de alguien más. Incluso aunque fuera alguien tan… curioso como el ruso. Los dos fueron caminando por algunos pasillos, con nada más que cuadros extraños, o artefactos que ninguno había visto antes. Pero las cosas se le estaban haciendo a ella un poco pesadas.

—Nee —Volvió a llamarla él, como por quinta vez en un lapso de cinco minutos.

—¿Sí, aru? —Dijo ella, suspirando.

—¿No te parece…? ¿Cómo si ya no estuviéramos en la ciudad?

La oriental dejó de caminar.

—¿Qué?

Entré todas las preguntas y comentarios del ruso, esa era la única que la había descolocado un poco.

—¿A que te refieres-aru?

Iván se detuvo al percatarse de que ella lo hacía, y la miró curiosamente con sus ojos violetas.

—Digo que… da la impresión de que estuviéramos en otro mundo, o algo, ¿no crees?

—Será… —Dudó Nee, vacilante.

Iván se encogió de hombros, sonriente, volviendo a caminar. Aun no lo hacía demasiado bien, según veía Nee, a causa de la caída de hacía tan poco. La chica lo miró arrugando la frente, y corrió momentáneamente para llegar junto a él.

—¿Por qué corres, Nee?

La aludida resopló con cansancio.

—Eres muy alto-aru… y yo no… ¡das zancadas muy largas, y me quedo atrás! Necesito caminar rápido, ¡para seguirte el paso-aru!

Iván soltó una risita.

—Puedo caminar más despacio.

—No es necesario…

Iván sonrió, nuevamente, y Nee aprovechó para lanzar una pregunta, como quien no quiere la cosa.

—Iván… ¿Por qué dices tanto mi nombre?

—¿Mmm? ¿Tu nombre?

—Es decir, no es que importe, pero lo dices tanto… repito, no es que importe-aru…

Él no hizo ningún gesto de desconcierto, o molestia; Solo contestó su pregunta, después de lucir pensativo unos momentos.

—Me gusta decir tu nombre, por qué me gusta oír tu nombre… ¿Sí?

Nee lo miró, sin disimular su consternación.

—Me gusta tu nombre… Nee —Dijo él con simpleza, volviendo a reír ligeramente.

—Aru… de acuerdo…

Pero en realidad no estaba de acuerdo. ¿Qué tal si resultaba un obsesivo, acosador, o algo? O un psicópata…

—Ah, mira, Nee —La llamó Iván, señalando un cuadro cerca de ahí— Es como tu comida, ¿no?

Ella miró hacía donde él señalaba, y vio colgado en un pared un cuadro de un plato rojo decorado de manera oriental, y con nada más de que unos palillos chinos en el interior. Dejó escapar una risita sin poder evitarlo.

—Es cierto-aru —Sonrió también— Pero ese plato no tiene comida, aru.

—Es una pena… me encantaría algo de eso en este momento —Comentó Iván, mirando un poco más el cuadro.

Segundos después, un gruñido resonó casi hasta en las paredes, y Nee reaccionó rápido, casi pegándose a él. Miró hacía todos lados, asustada, pero vio a Iván mirarla con sorpresa, sin lucir ni remotamente afectado.

—¿Qué haces…?

—E-el monstruo… un monstruo, o lo que sea-aru…

—¿Cuál monstruo?

El mismo gruñido volvió a sonar, pero esta vez Nee levantó la cabeza para ver bien a su acompañante, detectando el origen del sonido, y él le sonrió apenadamente.

—Ah, lo siento… da, tengo hambre. No desayuné muy bien que digamos.

Nee pestañeó con asombro, y luego rió levemente, regresando a su posición anterior.

—¡Que alivio-aru! ¡Pensé que algo iba a comernos!

—Ojalá yo pudiera comer algo —Suspiró Iván— ¿No tienes hambre, Nee?

—Pues sí… algo-aru.

Iván asintió, como para sí.

—Ajá… ya encontraremos algo.

—¿Aquí…? ¿En este lugar? —Inquirió Nee, con muchas dudas, mientras los dos volvían a andar por los estrechos corredores, que se empezaron a volver tan, pero tan estrechos conforme caminaban, que ahora tenían que ir en fila india.

—Eso, o habrá que cazar…

—…¡¿Cazar?! —Brincó la asiática, escandalizada, y algo asustada— ¿A quie-¿ Quiero decir, ¿a qué?

—Era una broma, Nee —Sonrió Iván, escrutando las paredes con la mirada.

—Ay, cielos. Por alguna razón no sonó a broma, ¿sabes? —Replicó ella, nerviosa.

—No hay nada que cazar —Dijo él, como si nada.

Sí, claro… ¿y yo? —Pensó la chica, pero era más exageración que otra cosa, por que pronto se regañó a sí misma, y siguió andando de la misma manera.

Pero la paz no duró ni dos minutos, por qué Iván se detuvo abruptamente, y Nee chocó contra él.

—Ouch…

Sacudió levemente la cabeza, enfocando la mirada en Iván.

—Perdón —Atinó a decir quedamente, esperando que él dijera algo.

Pero cuando no lo hizo, supo que algo andaba mal.

—¿Iván…?

—El cuadro que te dije, Nee… —Dijo el aludido de repente, y ella puso rápidamente toda su atención sobre él— Ya no está, ¿cierto?

Nee paseó la mirada por las paredes.

—No…

—Pero, aun así… Los pasillos se hacen cada vez más angostos, mientras más avanzamos, ¿te das cuenta?

—…Sí.

—...Creo que estamos en un círculo vicioso, Nee —Soltó Iván, casi alegremente, mientras que ella lo miraba con fijeza, atónita.

—¿Círculo…? ¿Dices que estamos andando en círculo?

Iván esbozó una sonrisa, esta vez exageradamente falsa.

—Si observas cuidadosamente… la esquina de arriba de la pared verde, a la derecha… —Dijo en voz baja, señalando el punto exacto, mientras que Nee lo seguía con los ojos— Tiene una brecha… como si se estuviera descarapelando la pintura…

—Así es… —Asintió Nee, con el corazón latiéndole fuertemente dentro del pecho.

—Bueno… ¿Y qué opinas de que se repita la misma marca, exactamente igual, cada vez que crees estar avanzando?

Los ojos cafés de Nee permanecieron fijos en el punto que él señalaba, hasta que él apartó la mano.

—¿Hemos estado dando vueltas…?

—Sí… y cada vez que avanzamos más, los pasillos se hacen más…

—…angostos.

—¿Y si estuviéramos en los mismos pasillos, sin avanzar, y que aparte se hacen más reducidos cada vez que pasas? —Dijo Iván, a lo que Nee ni si quiera fue capaz de contestar— ¿Y si regresamos? —Sugirió, y ella volvió a asentir como pudo.

Nee se dio la vuelta, tensa a más no poder, y avanzó, intentando regresar al comienzo. Como pensaban, los pasillos se fueron haciendo cada vez más amplios, hasta regresar a lo normal, y Nee suspiró aliviada, en lo que Iván parecía seguir fraguando algo.

—Parece un callejón salida —Comentó, y Nee volvió a sentirse alicaída tan solo al pensar en esa posibilidad.

—Eso sería terrible-aru…

—Pero no tiene sentido, Nee —Repuso él, en un vago intento de animarla.

—¿No? —Dijo ella, en una respuesta más vaga aun.

—Da. Mira, te muestro…

Acercó su mano a la suya, pero Nee la apartó por inercia, y él vaciló, apartándose de nuevo. En realidad solo iba a tomarla de la muñeca…

—Ven —Se conformó con decir, y volvió a andar, sin esperar a que ella le contestara.

—…¡Pero vas de regreso-aru! —Espetó ella, confusa.

Pero lo siguió de todas formas.

OoOoOoOoO

Esto no es mucho tampoco… pero, siendo honesta, la escuela me ha tenido de arriba para abajo en éstas últimas dos semanas. "¡Ve en la mañana, y luego ven en la noche… en el mismo día!" Así ¬¬U y exámenes, y ensayos, y coro, y… *se tira al suelo* En fin, que no he tenido tiempo de hacer más que esto. Nos leemos luego~