Alice, después de huir de su encuentro con aquellos brazos, terminó llegando a una sala que, si bien le resultó tan desconocida como todo lo demás, le pareció más vacía. Pero al mirar en derredor, dio un respingo, pegándose a la pared por instinto. Había sido una mala idea entrar.
Así le pareció cuando sintió los ojos de algo, o alguien clavarse sobre ella. Le devolvió la mirada fijamente al sombrío cuadro.
"¿Juegas al escondite?"
La oscura figura de ojos rojos pareció preguntarle con la mirada. Por alguna razón, Alice sabía que así era.
Sin decir nada, juzgando como peligroso negarse, solo asintió lentamente, avanzando unos cuantos pasos con lentitud.
Las luces, para no variar, volvieron a apagarse. Pero solo un segundo, y regresaron casi al instante. Pero cuando Alice miró el cuadro, el hombrecito color negruzco ya no estaba en él.
Alrededor, casi cada parte de las paredes tenían un montón de cortinas rojas, similares a los telones de los teatros. La chica se quedó totalmente quieta cuando sintió un frío aire detrás de ella, y una voz le susurró muy quedito en el oído:
—Detrás de ellas, hay sorpresas…
Alice dejó de respirar por un momento, hasta que el aliento que había sentido en la nuca se desvaneció. Cuando se giró, casi mecánicamente, no había nadie.
Recuperó el aire, y se armó con todo el valor que pudo, empezando a recorrer la sala.
—Tienes que levantar las cortinas…
Era otra voz, no la suya. O eso pensaba. No podía ser la suya; por qué esa estaba hablando en voz alta, y ella tenía la boca cerrada. A menos que estuviera empezando a volverse loca. Miró de nuevo alrededor, pero tampoco vio a nadie.
Intentando mantener la entereza, observó atentamente todas y cada una de las cortinas. Pero no había nada que pareciera diferente en ninguna.
No le quedaba más que apostar.
—Las apuestas salen caras… —Murmuró para sí. Eso era lo que a veces decía su madre, cuando perdía con alguna de sus amigas, o su esposo, el padre de Alice.
Al pensar en sus padres, sintió una nostalgia casi irrefrenable, y contuvo la angustia que oprimía su pecho. Tenía que salir de ahí…
OoOoOoOo
La china siguió al ruso, hasta que él se detuvo de golpe, otra vez.
—¿Ves lo que decía? —Sonrió él, confiado.
—De hecho, no veo nada-aru —Replicó ella, asomándose desde detrás de él y mirando la pared.
Iván no borró su sonrisa, y se puso de puntillas, en un intento de ver mejor la rasgadura en la parte superior de la pared. Un momento después, empezó a arrancar pedazos de pintura, como si no le costara ningún esfuerzo. Así continuó, incluso llegando hasta abajo, casi al suelo.
—¡Ey! —Exclamó Nee, asombrada, viéndolo.
—Tranquila, se lo que hago —Contestó él, quitando la pintura con una facilidad extraordinaria.
Nee iba a decir algo, cuando detectó algo detrás de la pintura, y abrió la boca con asombro.
—Es… ¿una puerta?
Iván asintió, y pasó las manos por la cerradura, ya visible.
—Pero necesita llave…
Desmanteló el resto de la pintura, dejando restos de ella en el suelo, y marcas en sus uñas, pero ni si quiera las miró.
—¿Y la llave…?
Nee no dijo más, al fijarse en una pequeña marca en la pared, detrás de la desmantelada capa de pintura. Un pequeño piano dibujado. A su lado, unas diminutas notas musicales. Y a su vez, al lado de éstas, habían dibujado una flechita que señalaba hacia una llave.
—¿Tú crees que…?
—Si —Dijo Iván simplemente.
Giró la cabeza, y Nee hizo lo mismo. Detrás de ellos, se encontraba cómodamente colocada la respuesta.
El cuadro de un piano, con las teclas perfectamente visibles.
—¿Se podrá tocar…? Y que se oiga, quiero decir —Dijo Nee, cohibida— Suena muy tonto-aru.
—Inténtalo, Nee —La animó Iván, sonriendo casi juguetón.
Ella hizo una mueca, y se acercó lentamente al cuadro. Retrocedió con alarma cuando el piano empezó a tocar solo, y distintas letras empezaron a aparecer en cada nota.
—No creo que te haga nada —Arguyó Iván, mirando al piano con curiosidad.
Ella suspiró, acercándose con cautela, mirando las letras en las teclas, que desaparecían un tanto rápido.
—R, Z, I… —Recitó Nee en voz baja, esforzándose por encontrarle sentido.
—No se tú, yo no nunca he estudiado música… —Dijo Iván, un tanto risueño, acercándose al cuadro igualmente, con la vista fija en las letras.
—Yo… sí.
Iván apartó la mirada de las teclas momentáneamente.
—¿De verdad?
—Sí. Dejé de estudiarlo apenas hace dos años, cuando me quedé trabajando en el restaurante de mi familia —Nee siguió viendo las letras aparecer y desaparecer— N, G, R… I, Z…
—¿A? —Añadió Iván.
—Z, A, I, N…
Iván ni si quiera intentó realmente combinar las letras; Solo depositó sus esperanzas sobre la china, esperando que sus conocimientos en música fueran suficientes. Alrededor de un minuto después, Nee dio un respingo.
—Lo tengo —Dijo de repente, con ojos brillantes— Zíngara.
Iván la miraba con curiosidad.
—¿Si?
—Entiendo que habría que tocar una escala Zíngara...
—¿Y cómo es eso?
—¡Me gustaría recordarlo exactamente-aru! —Rezongó la asiática.
—¿No lo recuerdas?
—No, si lo hago, creo… repasé durante tiempo después de que ya había salido de la escuela… —Masculló Nee, poniéndose las manos sobre la cabeza.
—Trata…
—Zíngara… —Murmuró Nee, mirando el piano con indecisión— La de Sol tal vez sirva.
—Me gusta el sol —Comentó Iván.
Nee frunció las cejas, y sacudió la cabeza.
—Prueba —Insistió él, con esa eterna sonrisa.
—Lo intentaré-aru.
Se acercó más al piano en el cuadro, vacilante. Inhaló hondo, y movió los dedos sobre las teclas.
—La escala normal es… Sol, La, Si Do, Re, Mi... Fa- No, no recuerdo bien… tal vez no lo voy a lograr…
—Claro que sí —Volvió a sonreír él— Sigue intentando.
—A ver… —Rezongó Nee, mordiéndose el labio— Que el grado tal se altera… no, de eso no se trataba…
Le lanzó una mirada, mortificada.
—Sigue, sigue —Dijo él simplemente.
—Me asusta tu tranquilidad-aru… —Soltó ella en voz baja, tronándose los dedos, regresando la mirada al piano.
—Sol, La, Si, Do… Re… no, se alteraba el cuarto grado, ahora que recuerdo —Parpadeó, sonriendo ligeramente, agradecida al chispazo de memoria que le brincó como salvación.
—Sí, ¡se alteraba el cuarto grado! —Sonrió, recordando finalmente.
Iván asintió, sonriendo como para animarla.
—¿Ya?
—Sssh… creo que ya me acordé… el sexto grado… no, el séptimo… ¡sí!
Miró el piano, y movió los dedos, mientras pronunciaba las notas por si acaso.
—Sol, La, Si, Do sostenido, Re, Mi, Fa... ¿doble sostenido? —Vaciló— E-en fin… Sol.
Durante segundos, que parecieron eternos, no pasó nada, y la decepción se hizo presente en las expresiones de ambos. Cuando ya se habían resignado, las teclas comenzaron a moverse solas, como por arte de magia, y Nee se apartó de inmediato cuando algo saltó del cuadro.
Una llave cayó al suelo, perfectamente sólida.
—Waa —Nee sonrió felizmente, una vez pasada la sorpresa inicial.
Iván amplió su sonrisa un poco más.
—Te dije que lo harías…
Nee se sonrojó ligeramente, orgullosa de sí misma.
—Xie xie…
OoOoOoO
Alice estaba re descubriendo el significado de "pasar un mal rato". Sospechaba que no le quedaba de otra más que hacer lo que se le había pedido. No es que le dieran ganas de desobedecer, de cualquier forma.
El sonido del silencio le estaba resultado más causa de miedo que si hubiera algún ruido. No tenía idea de que esperar.
Procuró apartar pensamientos fatalistas, caminando bien erguida por el lugar, perfectamente alerta. Haciendo uso de su, hasta ahora, nada poco respetable uso de razón, se decidió por levantar la primera cortina que viera.
Anduvo en silencio, solo viendo al frente, hasta se permitió mirar a un lado. Al ver una de las cortinas, la alzó, apartando sus propias dudas.
Saltó hacía atrás con un gritito, evitando por poco la cuchillada que había intentado asestarle el cuadro. La persona en él a duras penas parecía una. Sin pensarlo, intentó bajar la cortina de nuevo, pero no lo logró, y se apartó casi de inmediato, temerosa con la idea de que el cuadro volviera a intentar lo mismo, y tuviera que quedarse sin un trozo de brazo. Se alejó, caminando de espaldas hacia la puerta, pero el mismo hombrecito de ojos rojos que había aparecido al comienzo, se materializó en frente, pintado en una pared.
—Haz hecho un trato conmigo, escuchó en su cabeza.
Se detuvo, viendo a la pintura desaparecer.
Se vio obligada a apartarse de la puerta.
Recorrió el lugar, evitando pasar por donde ya había levantado la cortina. Escogió hacer lo mismo con otra que se encontraba más lejos, apartándose como rayo.
Todo lo que pasó fue que la luz en la sala disminuyó drásticamente.
—Calma, calma… —Se dijo Alice suavemente, reuniendo todo su valor.
Pero a pesar de ello, tenía miedo. Avanzó hacia otra cortina. Repitió el proceso.
Suspiró, aliviada.
Ahí estaba el hombrecito de nuevo.
—Me has encontrado —Escuchó, intentando no alarmarse al ser incapaz de distinguir si lo oía dentro, o fuera de su cabeza— Un trato es un trato. Tu premio se encuentra en la pared a la derecha.
Esta vez, la figura ya no se desvaneció. Permaneció en el mismo lugar, impávida, y Alice recuperó una parte de su tranquilidad que creía perdida, quizá para siempre, al ver como las luces regresaban a la normalidad.
Fue hacia donde se le había indicado, y algo brincó desde el cuadro, lo que ya se esperaba, en cierta forma. Una cola de pez, hecha de madera, pintada de azul.
Alice se abstuvo de quejarse, mirándolo intrigada.
—De algo me servirá… —Musitó, tomándolo, y guardándolo en su bolsa.
Se giró, viendo la salida. Fue hacia la puerta, y giró la perilla sin problema, abandonado la habitación.
No sabía si sentir alivio o no. Después de todo, lo que la esperara más adelante, podría ser tanto peor que lo acababa de pasar…
OoOoOoOoO
Mil disculpas por la tardanza -w-U ya di mis razones, creo…
¡Y de nuevo estoy en exámenes, caray! D:
En fin, espero que haya sido de su agrado (? Y como dije, esta historia no la voy a dejar sin terminar… ésta no, just no (?
