Pasaron a la habitación a la que llevaba la puerta con la llave del piano, los dos mirando curiosos los cuadros que veían colgados en las paredes.
—Vaya… son todos insectos, ¿verdad? —Dijo Nee, observando una oruga color verdoso.
—Así parece —Contestó Iván, sonriendo risueño, deteniéndose a mirar varios de los cuadros.
—Se ven muy vivos… —Insinuó Nee, algo intranquila.
Iván miró el escorpión en un cuadro.
—Puede que… —Dejó la frase inconclusa.
—¿Puede qué…? —Repitió Nee, removiéndose en su lugar nerviosamente, y avanzando hacia una de las dos puertas desconocidas en la sala.
—Puede que… el pintor haya estado muy inspirado —Sonrió Iván.
La china, que evidentemente esperaba otra respuesta, no pareció demasiado convencida, pero tampoco dijo nada al respecto.
—Podemos intentar ir por aquí —Señaló la puerta frente a ella.
—Da, está bien.
Se acercó, y entró después de Nee, cada quien fijándose en algo diferente de la nueva sala. Ella mirando hacia arriba, él hacia abajo.
—Qué raro-aru, casi siempre hay algo en el techo…
—Tal vez todo se fue por el agujero —Dijo Iván.
—¿Cual agujer-? Oh —Bajó la mirada, y se fijó finalmente en una gran abertura, de más de dos metros de ancho en el suelo, justo en medio del lugar— P-pues espero que no… pero me pregunto que ha logrado hacer abertura semejante-aru…
—Quien sabe —Contestó el ruso simplemente, casi con inocencia.
Ella lo miró sin comprender.
—Lo cierto es… que no vamos a poder cruzar-aru —Apostilló, con aire abatido.
—Ufu… no sé… ¿si saltamos, crees que lleguemos al otro lado?
—¡Por supuesto que no!
Iván la miró curioso, y se dedicó a mirar el resto del lugar. Sus ojos se posaron sobre un maniquí, sin cabeza, y con vestido rojo, apoyado en la pared de al lado.
—¿Hablabas en serio con lo de saltar?
Iván no apartó la mirada del maniquí hasta darse la vuelta.
—Vamos de regreso, Nee.
—¡Espera…! ¡Por lo menos ten la amabilidad de contestarme-aru! —Saltó ella, sin poder ocultar su indignación— ¡Iván!
Él solo se dispuso a girar la perilla.
—¡Iván!
El ruso se volvió hacia ella esta vez, notando la repentina alarma en la voz de su acompañante.
El maniquí ya no estaba apoyado contra la pared, sino varios pasos adelante. Iván clavó la mirada en el cuerpo sin cabeza. Repentinamente, los brazos que lucían inertes perdieron su rigidez, y se movieron en su dirección. La exclamación de Nee fue ahogada por los gruñidos que empezó a producir el maniquí, mientras caminaba y se lanzabahacia ellos.
Nee, que soltó otra exclamación más –en mandarín, y probablemente una mala palabra- se vio apartada por Iván antes de lograr salir del shock. El ruso la empujó tras él, hacia la salida, dándose la vuelta para seguirla. Aunque sus movimientos eran veloces, al mismo tiempo producía la impresión de estar perfectamente calmado, como si el que los objetos inanimados empezaran a moverse fuera cosa de todos los días. Al salir de ahí, por el mismo lugar por el que habían entrado, Iván se apresuró a intentar cerrar la puerta, pero, para su asombro, Nee resultó un poco más rápida. La china saltó, literalmente, y jaló la puerta de tal forma que casi consiguió atrancarla.
—¡¿Q-que demonios fue eso-aru?! —Gritó, apartándose.
Iván prefirió mirar a la puerta, escuchando aun los agresivos gruñidos del maniquí.
—Primero hay que movernos, ¿da? —Retrocedió unos pasos, dándose media vuelta, poniendo una mano sobre el hombro de Nee.
Ella le lanzó una mirada ofuscada a la puerta, antes de girarse con recelo y caminar un breve tramo.
—Esto se está poniendo cada vez peor.
—¿Tú crees? solo queda seguir adelante—Iván la miró de soslayo, sonriendo.
—Lo sé-aru, pero me estoy cansando un poco… —Replicó ella con resignación, negando ligeramente con la cabeza.
—¿Quieres regresar?
—A casa, si… quiero regresar.
—Pues solo queda seguir adelante.
—Ya lo sé, ya lo sé —Replicó ella desganadamente, mirando el pasillo por el que ya habían pasado.
—Hay que buscar otro camino —Añadió él, adivinando sus pensamientos.
—Como si quedara de otra… —Rezongó ella.
Iván no dijo nada, encogiéndose un poco de hombros, reacomodándose su bufanda, que casi se le había desenredado por completo después de escapar del maniquí. Empezó a silbar un poco, acercándose a la puerta restante. Esperaba que el mal humor de su compañera pasara pronto…
—Esto… Iván, ¿por qué no te quitas la bufanda? —Inquirió Nee de repente, con aire bastante menos enérgico, sacándolo de sus pensamientos.
—¿Por qué iba a hacer eso? Es importante para mí —Respondió él, parpadeando un poco, como si no comprendiera a que se refería.
—Pero aquí no hace mucho frío precisamente… ¿no te acaloras? —Nee se volteó ligeramente hacia él, con expresión confusa.
—Ya hará frío… —Dijo él simplemente.
La asiática decidió apartar la mirada después de algunos segundos. No era algo de su incumbencia… pero le intrigaba un poco que habría hecho que una bufanda tuviera tanta importancia para él. O por qué cuando ese tema no estaba sonriendo…
No es de tu incumbencia-aru, no seas cotilla —Se dijo a sí misma.
—Probemos con esta puerta —Sugirió Iván, contemplando la única puerta que les faltaba por cruzar.
—Venga-aru. Estoy lista —Nee suspiró.
Iván asintió simplemente, y abrió la puerta con lentitud.
OoOoOoOoO
Alice se vio en un serio problema al intentar encajar la cola de pez en la "cerradura", que logró encontrar después de algunos minutos de búsqueda. De inmediato se dio cuenta de que necesitaba el otro pedazo de pez, no solo la cola, de lo que se dio cuenta al ver el tipo de mecanismo que necesitaba para abrir el camino. Encontró la otra parte de la llave –el resto del cuerpo del pez- entre un montón de cajas llenas de papeles y aserrín. Soltó un bufido, poniendo toda su fuerza de voluntad en no arrojar el pedazo de madera contra el suelo.
—Pedazo de… porquería —Gruñó por lo bajo, encajando finalmente las dos piezas, y colocándolas en el lugar correcto, una especie de hueco en la pared con la forma exacta para darle cabida a la llave.
Las paredes a su lado se abrieron, dejando un sendero, un tanto estrecho, pero por el que aun así podía pasar perfectamente.
Se encogió de hombros, atravesando el camino, que resultó más corto de lo esperado.
Llegó a una sala vacía.
—¿Ah?
Era un cuarto blanco… si es que era un cuarto. Era como si en el mundo no hubiera nada más que lo blanco. Solo ese color, ni un solo objeto, persona, o sustancia. Al mirar hacia lo que, creía, era el frente, vio una puerta.
Dudosa, caminó hacia ella, poniendo una mano sobre la perilla. Por un momento, pensó que tenía seguro, y ya estaba temiendo tener que buscar otra llave, cuando resonó el chasquido de la puerta al abrirse. Entornó los ojos.
—Comienzo a odiar las puertas —Confesó en voz alta, aprovechando que se creía sola, sin esperar respuesta.
Entró a la siguiente sala, con expresión hastiada. Dicha expresión desapareció al entrar.
El interior parecía una especie de bosque, con árboles hechos de piedra, creados y pintados de manera muy realista. Incluso había papel en el suelo que asemejaba maleza, hierba, y pasto.
—En serio parece un bosque… —Susurró, avanzando cuidadosamente.
No tuvo que mirar mucho, antes de darse cuenta de algo que destacaba entre todo lo demás: Una manzana de madera, colgando de uno de los árboles, de un rojo que la hacía lucir bastante apetitosa, aunque no fuera comestible.
…Aunque quizá fuera comestible, para alguien que no fuera ella.
Se acercó a ella, sin ver ningún peligro, y se puso de puntillas para arrancarla, después de unos momentos de duda.
Pero sus oídos, alertas, captaron algo que le erizó la piel, y la hizo darse la vuelta, manzana en mano.
Era una risa extraña, mezclada con un gruñido, y el sonido de algo al arrastrarse contra el suelo lleno de papel. Aguzó la mirada, solo para ver a por lo menos a diez metros de distancia de ella a una mujer, en el suelo. O parecía, por qué la mitad de su cuerpo, si es que tenía, se encontraba dentro de un cuadro. Y esa cosa, que en realidad poco se parecía a una mujer, se arrastraba con las manos, que más parecían garras, afiladas y tensas. Desde esa distancia, miró a Alice con ojos brillantes y desquiciados, mientras que ella de buena gana hubiera salido corriendo en ese momento. Pero algo se lo impidió. Sus ojos captaron, a casi nada de esa visión tan horripilante, una figura tirada en el suelo. Una figura que parecía tan humana como ella. Era un chico, -desmayado, a juzgar por que se notaba su respiración- de cabello castaño… y más o menos a la mitad de la distancia entre Alice, el chico y "la cosa", se encontraba una rosa café tirada en el suelo, con muchos pétalos faltantes.
Alice tuvo apenas unos instantes para vacilar, antes de que el espantoso cuadro de la mujer comenzara a arrastrarse hacía ella. Y sin detenerse a pensarlo, la joven inglesa corrió a por la rosa. La recogió lo más rápido que pudo, en lo que el cuadro seguía gruñendo y acercándose aún más veloz. Alice se dio media vuelta, y corrió esta vez hacía la salida. Cruzó el umbral, y cerró la puerta apresuradamente, escuchando el sonido de algo estrellarse contra la madera. Miró la rosa, color café, entre sus manos, con el corazón desbocado.
Si esa rosa era como la suya… simplemente no podía haber huido y dejarla ahí. Por qué… si esa rosa era como la suya, debía de ser la vida de ese pobre chico. Entonces cayó en la cuenta de algo que le sumió el estómago.
Daba igual si tenía la rosa o no. Igual podía morir.
Pero tal vez si curaba la rosa...
Clavó la mirada en el suelo, mortificada.
Se estaba preocupando demasiado por alguien a quien ni si quiera conocía, pero no podía evitar sentirse empática. Además, si estuviera tan mal como para quedar tirada en el suelo inconsciente, querría que alguien hiciera lo mismo por ella...
En el fondo, la verdadera razón de peso, aunque se negara a admitirlo era otra. Sí encontraba una forma de salvar al chico, ya no estaría sola, en un lugar desconocido, confuso, y aterrador…
OoOoOoOo
Dios… viendo cómo van las cosas, esto va a tener más capítulos de lo que pensé xD Apenas es la segunda vez que aparece el susodicho…
Bueno, como sea seguiré :3 total, ya tengo casi toda la trama
Aunque, si tienen alguna sugerencia, me gustaría oírla -w-
(¡Sean felices! He actualizado antes de lo planeado :DD (?)
