Inquieta, dio vueltas alrededor como un animal enjaulado, sin atreverse a alejarse más de la cuenta de la puerta que recién había cerrado, dividida entre su miedo y el sentimiento casi irrefrenable de volver a entrar, quizá tan solo para no tener que quedarse de brazos cruzados; se sentía impotente, sabiendo que lo mejor que podía hacer –al menos para ella– era irse, y seguir buscando la salida, pero presentía que la culpa por no haber hecho nada podría con ella más tarde. Mientras caminaba a pocos metros, lanzándole miradas furtivas a la puerta, presa de un conflicto emocional, y enfadada consigo misma por la misma razón, se fijó en una mesita, con un jarrón repleto de agua, en el otro extremo de la sala en la que se encontraba. Brillaba, de tal forma que resultaba casi difícil mirarlo sin quedar deslumbrado. Era un objeto finísimo, bello, y algo en él le provocó a Alice ganas de acercarse. Observándolo calladamente, sacó su rosa, y notó, causando que su postura se tornara aun más tensa que antes, que había perdido un precioso pétalo durante la carrera para escapar del cuadro. Sacudió la cabeza, y caminó hacía el jarrón. Cuando llegó más cerca, se detuvo, empezando a mirarlo casi con fascinación, pero aun así se giró para leer un letrero al lado del mismo.
Bendición eterna
Alternó la mirada entre su rosa y el jarrón. A cualquier flor le hacía bien el agua, pensó. Era lo más prometedor que había encontrado en todo el lugar hasta el momento…
Tras ese razonamiento, decidió confiar, aunque fuera por un momento.
Poco a poco, sumergió la delicada rosa dentro del vital líquido, atenta a cualquier reacción extraña que tuviera. Pero al echar la rosa dentro del jarrón, la belleza de la rosa aumentó, y los pétalos faltantes reaparecieron. Alice casi sonrió por el alivio. Cuando el agua se desvaneció, como si nunca hubiera estado, tomó la flor y la guardo con sumo cuidado. Volvió la mirada hacía la puerta.
Fuera o no lo correcto, ya había tomado su decisión.
Sin más, sacó la otra rosa, la que había recogido a la carrera. Ahora que le ponía atención, había podido notar su suave color cacao, y una fragancia por lo menos igual de agradable que su propia rosa, aunque le parecía que ésta olía diferente. Pero eso no tenía la menor importancia en este momento. Lo único que importaba era restaurar la rosa, o su dueño moriría sin remedio, con tan pocos pétalos que le quedaban.
Los pétalos de la rosa café volvieron a brotar, y la flor sanó perfectamente, quedando brillante y límpida. Alice la guardó junto con la verde, y clavó, por milésima vez, la vista sobre la puerta.
Tras algunos segundos, fue hacía su objetivo, al principio lento, y luego con paso decidido. Pero al acercarse a la entrada volvió a alentar el paso, hasta caminar de puntillas. Entreabrió la puerta en silencio, asomando nada más que los ojos con cautela. El joven desmayado estaba recuperando la consciencia. Y el cuadro andaba rondando por ahí, pero no parecía haberse dado cuenta de ello. Alice pensó en crear una distracción, por lo menos, por si ella llegaba a notarlo… o más bien, cuando ella llegara a notarlo…
—Hmmm… —murmuró el chico, comenzando a levantarse del suelo.
El cuadro se giró hacía él, siseando y sonriendo perversamente.
—Darn… —masculló, ligeramente frustrada.
Pero no se amilanó. Tomó aire, y abrió la puerta por completo de golpe.
—¡Hey! —Exclamó, provocando que la mujer se volteara— ¡Aquí!
No tuvo más ideas o creatividad que eso, a causa de la presión del tiempo, pero funciono. El sanguinario cuadro fue tras ella. Andaba rápido, muy rápido, y Alice alternaba la mirada ágilmente, entre una y otra cosa, rogando al cielo que el bendito desconocido espabilara.
Él se levantó finalmente, y aunque solo podía ver su espalda, podía asegurar que estaba totalmente desconcertado.
—¿Eh…? ¡Ah!
Pero el cuadro estaba tan cerca, que Alice no tuvo más opción que cerrar. Esta vez no escuchó el sonido del cuadro al estrellarse, y se le quedó viendo fijamente a la puerta, con el corazón palpitándole tan fuerte que parecía que iba a salírsele del pecho.
No sabía si podía hacer más que eso.
OoO
—Err… ¿Iván?
—¿Si?
—Siento que nos miran… —Confesó Nee, encogiéndose de hombros tensamente, escudriñando las decenas de ojos negros sin brillo rodeándolos, y acercándose a Iván más de lo debido sin darse cuenta.
El pasillo que se veían obligados a cruzar estaba adornado a ambos lados con cabezas de maniquí, colocadas una tras otra sobre elegantes, aunque maltratadas mesas. La precaria iluminación no ayudaba.
—No nos miran… son solo cabezas de maniquíes —Respondió él, sonriendo igual que siempre.
—Ya lo sé, pero… no logro que se me quite esa impresión-aru.
El corredor era extenso, lo suficiente como para que por la cabeza de ambos cruzara la idea de que habían quedado atrapados en un círculo vicioso, dando vueltas en el mismo lugar, otra vez. Pero casi al llegar al otro extremo, la sonrisa de Iván cambió un poco, adquiriendo un leve toque de curiosidad, y sus ojos se tornaron casi risueños, mientras levantaba la cabeza más de lo normal por alguna razón, viendo algo que su acompañante aun no veía.
—¿Ya viste, Nee? Los maniquíes no tenían la culpa de las miradas.
Nee, intrigada, siguió la dirección de los ojos de Iván, que la guiaron hasta el techo, y soltó un gritito.
Se trataba de un cuadro no muy grande perfectamente adherido a la pared, y sus ojos, aunque negros como los de los maniquíes, desprendían un aire vivo, y siniestro, clavados sobre Nee.
—Sabe que le tienes miedo… —Sugirió Iván, con un tono que sugería que era más una afirmación.
—¿C-como va a saber…? Olvídalo, aquí nada tiene sentido-aru, ¡Que macabro es este sitio!
Nee desvió la mirada, y un leve escalofrío amenazó con recorrerla de arriba abajo, pero se sobrepuso. Sin embargo, apenas había avanzado, cuando sintió una gota de algo líquido caer sobre su hombro, y giró el cuello para mirar.
—¿Are? ¿Qué me ha caído?
—Woops —Exclamó Iván, poniendo una cara que prácticamente podría ser calificada entre inocencia y perplejidad, volviendo a mirar el techo.
Nee lo imitó, confusa, y palideció momentáneamente.
Un líquido rojo había comenzado a brotar de los ojos del cuadro del techo, deslizándose por sus pálidas mejillas, y pasando al lado de su sádica sonrisa, que no estaba ahí hacía un momento.
OoO
¡Lo siento mucho por la tardanza! Me dejaron sin internet… durante… no diré cuanto tiempo.
Capítulo no-largo otra vez, perdón… me la paso disculpándome :'D
Ya casi se va a encontrar un grupo con otro… ya casi ;w;/ (?)
¿Review?~ eso ayuda tres
