Cuanto tiempo… sé que soy terrible al tardar tanto en actualizar, pero la vida-escuela exige tiempo, y pasó algo que… bueno… ¡mi libreta con anotaciones desapareció! Necesito esa cosa para continuar, tiene muchos detalles que necesito (?) Sin más demora, el capítulo 11...

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El primer cuarto al que entró Iván no llamó su atención en absoluto. Maniquíes, y cabezas de estos, aunque desperdigadas por el cuarto en vez de estar sobre sus hombros. Al moverse para salir, después de no encontrar nada de llamar la atención, detectó movimiento detrás de él, y volteó con fría calma.

Las cabezas se habían girado en su dirección, y los maniquís habían cambiado de posición. Iván rio y salió de ahí.

Por otro lado, Nee avanzó por el largo pasillo, primero en silencio, luego tarareando una cancioncilla suavemente. Pero en vez de encontrarse con más cuadros, como esperaba, vio algo diferente.

¿Qué hacía un invernadero en medio de una galería?

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La puerta parecía perfectamente normal. Claro, que algo pareciera inofensivo ya no significaba nada. Alice deseaba entrar de una vez, con la esperanza de terminar con todo pronto. Pero Antonio estaba bloqueándole el paso, por accidente o a propósito. Esperó a que se moviera pero esto no ocurrió.

—¿Me dejas pasar?

Antonio, que había pegado la cabeza de lado a la puerta, escuchando atentamente, sonrió a modo de disculpa.

—No suena a que haya nada peligroso.

Al fin se movió, abriendo la puerta. Se adentraron en la sala casi a la vez, cerrando la puerta tras ellos. No había más que libreros, y…

—¿No necesitamos ocupar eso todavía? —Le preguntó él, señalando el jarrón en una esquina.

—No… ¿pero tiene agua, para empezar?

Él se acercó, y negó con la cabeza. Alice se acercó a los libros, inspeccionando los títulos.

—La mayoría trata de obras de Guertena —Sus ojos vadearon por el cuarto hasta toparse con un letrero. Antonio siguió su mirada.

—¡Es una adivinanza!

—No —Corrigió Alice— Son varias.

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Nee, después de la sorpresa inicial, se encontró exclamando "¡Que hermosas flores!" sin importarle si la oían. Y es que era verdad.

Eran las rosas más hermosas que jamás hubiera visto. Un pensamiento nubló su sonrisa. ¿Por qué todas eran rosas? Y, lo mismo que había pensado al comienzo, ¿Que estaban haciendo ahí, en medio de la galería?

—Parecen perfectamente reales-aru…

Recorrió lo que quedaba de pasillo, antes de llegar a las preciosas flores. Acarició los pétalos de la primera, color azul cielo. Luego se pasó a otra, magenta. Luego a una gris. Y así siguió más de un minuto, embelesada con la sola textura.

Iván, por su lado, regresó al punto de inicio.

—A ver… ¿por dónde será?

Movió el dedo índice en dirección a las dos puertas tras las que no había nadie que el supiera, sin lograr decidirse. De pronto, y sin razón aparente, se detuvo señalando el camino a su izquierda. Sonrió, caminando en esa dirección, tan ocupado en sus pensamientos que no notó estar siendo observado.

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Alice aguantó unas ridículas (aunque comprensibles) ganas de reír, leyendo las adivinanzas que colgaban de la pared.

—No suenan muy… complicadas.

—Hay que resolverlas, puede que activemos algo —El español ahí detenido, contemplando los letreros.

—Puede ser, pero me parecería mejor investigar primero un poco más.

—Vale, yo seguiré con los acertijos.

Alice se resistió a rodar los ojos, acercándose a los libreros y desempolvando su contenido. No era mucho, sin embargo, por lo que deducía que no había pasado tanto desde que alguien los había tomado.

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De repente Nee se percató de que estaba perdiendo el tiempo, enfadándose consigo misma. Dejó ir el pétalo que acariciaba, y de no haber estado tan distraída se habría fijado en que la flor se había estirado en su sitio.

—¿Qué estoy haciendo-aru?... —Se llevó una mano a la frente— Estás flores y su aroma… es como si me hubieran hipnotizado.

Se dio media vuelta. Un silbido cruzó el aire, y volvió a girarse. Escudriñó el lugar, pero todo parecía tranquilo. Solo había rosas alrededor, con sus embriagadores aromas y colores surreales. Nee sintió que se le ponía la carne de gallina sin saber por qué.

—L-lo habré imaginado…

Había dado dos cautelosos pasos cuando algo se enredó en uno de sus brazos.

—¿Pero qué?...

Se sacudió la planta, su corazón empezando a acelerarse, y las hojas se le ciñeron aún más.

—¡Déjame!

Se estiró con más fuerza, y acababa de zafarse cuando el mismo silbido anterior le advirtió del siguiente ataque. Se apartó, y hasta ese momento los pétalos de las rosas se abrieron en fauces repletas de espinas.

De todas y cada una de las rosas del invernadero.

A Iván le pareció escuchar algo, y realmente le hubiera dado igual, de no ser por qué reconoció el timbre de voz. Salió de la habitación, y luego regresó sobre sus pasos, con una idea en mente. La llevó a cabo, antes de ir en pos de aquel grito.

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—Juraría que he escuchado algo… —Musitó Alice, guardando otro libro más. Su vista se clavó en la puerta cerrada con inquietud, sabiendo que podría haber sido su imaginación traicionera.

Antonio, demasiado concentrado para prestar atención, salió al fin de sus pensamientos. Le sonrió, sin haber escuchado el comentario.

—Ya los resolví.

—¿Ah sí? ¿Cuál?

—Todos.

Alice estaba le miró con cierta sorpresa.

—Eso fue rápido.

—Sí, tenías razón. Eran muy sencillos.

Ella fue y se posicionó a su lado, sus ojos dirigiéndose al mismo sitio que Antonio miraba.

Me oyes pero no me ves, me sientes pero no me tocas. ¿Quién soy?

—El viento —Dijo él. Miró para todos lados, como si esperara que alguien apareciera de repente para tomar nota, algo así como en las películas. Nadie apareció.

Si lo ves es invierno, si lo guardas pereces, cada día lo tomas más de 1000 veces

—El aliento —Murmuró Alice.

Antonio asintió, sonriente.

—Eso, el aliento.

¿Qué cosa, qué cosa es? que vuela sin tener alas, y corre sin tener pies

—El tiempo.

Si dices mi nombre me acabo, ¿Quién soy?

La inglesa esta vez no logró comprender de inmediato, por lo que se guardó de decir nada. De todas formas Antonio lo notó y sonrió tenuemente. Alice pensó por momentos que se estaba mofando de ella, en lugar de captar que le estaba dando la respuesta, y le miró un tanto ofendida. Antonio resistió las ganas de carcajearse, poniéndose un dedo sobre los labios. Entonces lo entendió.

—El silencio, claro.

Un fuerte chasquido resonó justamente por el silencio del lugar, y ambos dieron un respingo. Él la hizo apartarse, pero lo único que ocurrió fue que un letrero extra apareció desde la pared, colocándose en medio de los otros cuatro letreros.

Eres capturado. Te dicen:

"Si dices una mentira te matamos en la hoguera. Si dices una verdad te matamos con veneno"

¿Qué dices para que no te maten?

—…Supongo que no podían dejarlo tan fácil.

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Nee estaba en pánico. Ni si quiera podía abrir la boca. Estaba amordazada por hojas, y poco a poco las espinas de los tallos que la sostenían se estaban encargando de lacerar sus brazos, piernas y rostro. ¡Ella sabía artes marciales, rara vez había sido vencida! ¿Cuánta fuerza tendrían esas plantas como para mantenerla aprisionada?

Lo siguiente pasó muy rápido como para que lo procesara del todo.

—¡Sorpresa!

Nee no lo había visto llegar. Miró con ojos de plato como el ruso sostenía un par de afilados y grandes trozos de vidrio y los blandía contra las rosas. Éstas chillaron, como no sabía que era posible, lastimando sus tímpanos. Solo pudo mirar a su compañero cortando rosas a diestra y siniestra, hasta que las que la aprisionaban a ella cayeron transformándose en un fino y ceniciento polvo.

Jadeó intentando recuperar el aire, pasándose una mano por los lacerados labios. Iván retrocedió, empujándola de paso.

—Corre, ya.

Nee le hizo caso, moviéndose ágilmente, e Iván le siguió de cerca. Las rosas restantes chillaban en un registro terriblemente sobreagudo, pero ya no hacían intento de detenerles. El par logró escapar, y Nee fue la que se encargó de cerrar la puerta, atrancándola prácticamente.

Ninguno logró decir palabra por los siguientes segundos.

—¡Eso- fue… horrible! —Pronunció ella entrecortadamente, llevándose una mano sobre el pecho.

En cuanto el efecto de la adrenalina se pasara sabía que iba a comenzar a sentir los efectos de las espinas contra su piel, pero, por lo pronto, se concentraba únicamente en su corazón desbocado. Miró a Iván, en busca de apoyo; desafortunadamente verle tan solo empeoró su malestar propio.

—¡Iván! —Musitó.

Él no contestó, tampoco la miró. Entreabría y cerraba las manos, pasándolas de un puño a extender sus dedos por completo, de donde escurría una cantidad nada desdeñable de sangre. Nee reaccionó al ver las gotas estrellarse contra el suelo, acortando la distancia entre ambos hasta llegar a pocos centímetros de distancia.

—Tus manos, ¡están destrozadas!

—Han estado peor.

La respuesta la descolocó más, sacudiendo la cabeza para salir del shock.

—Mira, toma… toma… —Se miró, buscando entre su ropa algo que sirviera de vendaje. No halló nada, y arrugó el entrecejo. Sus ojos se fijaron en la bufanda de Iván.

—No.

—Necesitamos detener la hemorragia con algo-aru —Expresó ella desaprobadoramente. Se puso de puntillas, sus brazos extendidos para alcanzar la prenda, pero él se apartó— Iván.

De nuevo no hubo respuesta.

—¡Iván!

Por primera vez desde que se conocían —el tiempo era una cosa confusa en ese sitio— Nee observó una expresión de abierto desagrado en él. No exagerada, no obvia, solo clara, su entrecejo levemente fruncido.

—Tú también estás herida.

—Pero no es tan grave, no estoy sangrando.

Se calló abruptamente, quedándose inmóvil al ver y sentir el dorso de una de las manos —aun libre de sangre— de Iván rozar su rostro. Su estupefacción continuó hasta que él volvió a hablar.

—Mientes.

Nee tocó el sitio por el que había pasado su mano, hallando sangre, y la marca por la cual brotaba. No lo había notado, hasta su señalamiento.

—No me había fijado-aru…

La expresión de Iván había vuelto a ser fría, como si nunca hubiera abierto por un momento lo que realmente sentía. Nee se encontró sintiendo una punzada de decepción.

La idea de un Iván sincero le era decididamente más agradable.

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—¡Eso si no fue imaginación mía!

Alice volvió a ver hacia la puerta, alarmándose desde el momento en que unos misteriosos chillidos lejanos llegaron a sus oídos. Antonio también se había tensado, viendo hacia el mismo sitio.

—Podría ir a ver. No ha sonado… a nadie humano.

En lugar de tranquilizarle, a Alice solo le inquietó más el comentario. Él volvió a mirar una vez más el acertijo.

—Ya sé cuál es la respuesta —Dijo ella quedamente— No te preocupes por eso.

—No sé si yo la sé —Intentó sonreír Antonio. Miró la puerta una vez más, y Alice abrió la boca, a punto de decir algo que no salió de sus labios. Él lo notó por el rabillo del ojo, y volteó— ¿Qué pasa?

—No, nada.

—…¿Quieres que me quede?

Alice, que había sentido vergüenza tan solo por lo que había pensado decir, se sonrojó.

—¡No! Es solo que…

—¿Qué?

No pudo salir con ninguna buena excusa a tiempo, antes de que él volviera a sonreír comprensivamente.

—Está bien, no te dejaré sola, no me atrevería de todos modos.

—¿Crees que ellos estén bien? —Intentó cambiar el tema, y al menos él no protestó.

—Eso espero —Suspiró, pasándose una mano por el despeinado cabello— Si no, no hay mucho que podamos hacer. No hay nada con que defenderse… claro que no les dejaría a su suerte si pasara algo, ¿verdad?

Alice decidió que Antonio debía ser más noble que inteligente. Pero evocó en su mente la imagen de Nee e Iván, y asintió, sabiendo que no podría hacer nada diferente tampoco.

—Así que… la respuesta del acertijo es… —El hispano reflexionó unos momentos— Je… supongo que "Hola" no es.

El asomo de risa de Alice murió en sus labios al ver una botella salir disparada de algún punto en el techo.

—¡Cuidado!

Antonio se movió apenas a tiempo, y la botella se hizo añicos a menos de un metro de distancia. Fue tal la fuerza que ambos cerraron los ojos, retrocediendo. Cuando los reabrieron, había un montón de puntos brillantes en el suelo. Curiosamente la mitad de la botella estaba entera, y dejaba ver la etiqueta principal.

"Veneno".

Los dos se miraron, palideciendo.

—L-leámoslo de nuevo.

Eres capturado. Te dicen:

"Si dices una mentira te matamos en la hoguera. Si dices una verdad te matamos con veneno"

¿Qué dices para que no te maten?

—Te decía que creo tener la respuesta... —Musitó Alice, demasiado asustada como para hablar más alto.

—Es un buen momento para decirla —Sonrió él tensamente.

Alice inhaló hondo antes de contestar.

—¿Van a matarme en la hoguera?

Hubo un clic, y luego silencio. Se giraron por instinto al oír algo deslizarse, como una compuerta. Una zona que no habían visto antes se abrió, dejando ver en el interior, abandonada en el suelo como a su suerte, una opaca llave.

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—No debiste agarrar esos vidrios… ¿de dónde los sacaste?

Él volteó, empezando a caminar.

—Sígueme.

Nee suspiró ruidosamente.

—¡No me dejes hablando sola! ¡Y aún falta vendar tus manos!

Corrió a su lado, y el dolor en sus piernas se fue haciendo más y más presente. Punzadas de dolor, que le hacían pensar que aún continuaba con las espinas clavadas. Se miró, pero no detectó nada. Solo arañazos, unos más profundos que otros. Sin embargo, debido a Iván evitó hacer gestos lo más posible.

Al seguir al ruso y entrar a la habitación en semi penumbra comprendió de donde había sacado los vidrios, vislumbrar la vitrina rota en una esquina. No supo que pensar. Estaba casi segura de que era él el que la había roto, con tal de conseguir algo que sirviera de arma. ¿Lo había hecho por ella…? Tal vez estaba equivocada y el destrozo ya estaba hecho cuando él había llegado.

—Sigues sangrando-aru , déjame-

—Nee —Le interrumpió él— Tengo una idea.

Ella puso los ojos en blanco.

—¿No puede esperar-?

—Las rosas que encontramos al principio… ¿Qué ha pasado con ellas?

El cambio de asunto captó la atención de Nee.

—¿Por qué? Tu guardaste la tuya, yo la mía.

—Sus pétalos…

Señaló el suelo. Nee no podía creerlo.

Había un par de pétalos rosas, cayendo desde su bolsillo.

—Oh, todo ha sido culpa de esas tontas flores… —Sacó la rosa, mirando con pena como ya no lucía tan bonita como antes— Lo siento, pequeña-aru.

Le acarició con cuidado, pero no el suficiente. Un pétalo extra cayó al suelo y el efecto que tuvo en ella fue abrumador.

—¡Ugh!

La pesadez que ya sentía fue aumentada como por arte de magia. Iván comenzó a mirarle con los ojos más abiertos de lo normal.

—¿Qué? ¿Qué ha sido eso?

Iván puso los vidrios de regreso de dónde los había conseguido, y sacó su propia rosa, mostrando que le faltaban dos pétalos. Nee le observó girarla entre sus dedos ensangrentados, sintiendo impotencia al pensar que nada que lo dijera haría que escuchara su consejo.

—Con cuidado…

El comentario iba tanto para el trato a la rosa como para él mismo. Por otra parte, Nee se sentía mal de haber lastimado su pobre rosa, pero no era tan solo por eso. Era algo más. Como si las heridas que tenía hubieran decidido empezar a escocer más dolorosamente que antes. Una gota de sangre escurrió de su mejilla lastimada.

—Iván…

—¿Sabes…? Cuando estaba peleando con esas flores que te atraparon, vi caer los pétalos de la rosa que yo cargaba —Él siguió sosteniendo la flor, manchándola de sangre, cada vez más concienzudamente, su mirada calculadora— Sin razón aparente. Nadie la estaba tocando, gritando cerca de ella, no tenía forma de aplastarla tampoco. Era como si… se hubiera conectado conmigo. Cuando empecé a sangrar.

Nee comprendía de lo que estaba hablando, y miró a su propia rosa, con la fuerte impresión de que había algo invisible uniéndolas. Como si fueran una sola.

—Pero eso… ¿es posible?

Iván apartó la mirada, clavándola en ella, el atisbo de una sonrisa socarrona marcando su rostro.

—Mi querida Nee, entrados a este punto, ¿aún piensas que algo no lo sea?

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Sí, las adivinanzas son fáciles por qué si no nadie saldría (?) Me gusta cómo se va dando el RoChu, aunque yo misma lo diga xP Gracias por leer, muy especialmente a los que dejan review, se agradece de todo corazón. ¡Nos leemos (pronto, si tenemos suerte (?)!