Palabras: 7,479 sin contar comentarios del autor.

Parejas principales: Beck/Jade, Cat/Robbie, Cat/Oc, Tori/Oc. Leve André/Tori.

Genero: Suspenso/Drama/Misterio/Romance.

Calificación: T.

Descargo de responsabilidad: No soy dueña de Victorious tampoco de la trama en sí, está se la pedí prestada a I. Marlene king, dueña de Pretty little liars, serie en la cual está basada esta historia (solo basada).

Resumen: Jade se marchó de un día al otro sin decir nada a nadie, Cat lleva la culpa de haber besado a su primo y Tori cada día se tortura por el hecho de haberse involucrado con el novio de su hermana. Aquella noche de fiesta dejó más que unas cuantas mentiras sepultadas bajo tierra. También dejó un cadáver.


"La última verdad"


Capítulo II.

Jade sabía que su presencia no pasaría desapercibida en Hollywood Arts. E iba a ser completamente peor en la sala de clases de Sikowitz.

Entraron las tres en silencio, disculpándose por su retraso, se sentaron las tres en la fila del fondo, casi tan cerca como para tocarse hombro con hombro. Los ojos castaños del maestro se pegaron fijamente en estas tres últimas estudiantes, enarcó una ceja y cruzó sus brazos a la altura de su pecho esperando quizás qué cosa.

—¿Alguna buena excusa por el retraso? —preguntó sentándose a la orilla del pequeño y bajo escenario que había enfrente de la clase, casi como si estuviese esperando una gran historia.

Cat miró rápidamente a Jade, buscando en ella alguna ayuda, sin embargo, ella parecía tan desconcertada por la pregunta del profesor como lo estaba ella.

—¿No? —preguntó nuevamente.

Todos los alumnos del salón se giraron a ver a las tres muchachas.

Tori abrió y cerró su boca como pez bajo del agua y Jade pensó que realmente su actitud estaba siendo muy obvia, así que enarcó una perfecta ceja y murmuró.

—Cosas de chicas.

El maestro pareció poner completamente atención en la pelinegra y de pronto en su boca se extendió una sonrisa que hizo que las tres muchachas se destensarán inmediatamente.

—Realmente habíamos extrañado tu dulce voz, Jade —contestó el maestro y se levantó del escenario—, ¿alguna anécdota que quieras contarnos de tu viaje por Europa?

La pelinegra se apresuró a negar con su cabeza y sonrió casi con ironía, parecía no inmutarse ante ser el centro de atención, sin embargo, por dentro, lo único que quería es que todos quitaran sus malditos ojos de encima de ella. Estaba completamente nerviosa.

—No —soltó como si nada.

Sikowitz se encogió de hombros.

—Qué mal —murmuró entonces dando la espalda a su clase—, creí que podrías traer algo bueno a nuestra tan aburrida comunidad.

—Lamento no satisfacer sus necesidades —dijo mordaz, Sikowitz se carcajeo.

—Bienvenida de vuelta, Jade —habló entre risas.

Jade por primera vez se sintió de vuelta en casa.

*.*.*.*

—¡No olviden venir a la fiesta de este sábado!

La voz de Trina Vega llenó los pasillos aquella tarde mientras repartía volantes de la fiesta del sábado que se iba a celebrar por el comienzo de clases.

Era su último año y lo iba a aprovechar a concho, sobre todo porque sabía que luego de salir le esperaban cosas espectaculares junto a su novio, Alexander.

—¡Robbie! —chilló al ver al chico con afro y lentes gruesos caminando por los pasillos para llegar a su casillero.

El muchacho dio un brinco al escuchar su nombre y se giró nervioso, preguntándose quién lo buscaba. Se encontró con los ojos castaños de Trina y se dio cuenta de cuánto había adelgazado en las vacaciones.

—Oh —dijo al tenerla en frente—, ¿qué tal todo, Trina?

—Todo excelente —rió la castaña, le entregó un volante al chico y luego añadió—. Me gustaría que asistieras a la fiesta del sábado aquí en Hollywood Arts y que además…

Robbie suspiró.

—Ahí vamos —dijo adelantándose a lo que la mayor de las Vega iba a decir.

—…Si pudieras por favor hacerte cargo de la música.

El muchacho torció sus gruesos labios y miró con frustración a la muchacha.

—Vamos, Trina, tú sabes que no soy bueno escogiendo la música que le gusta a la mayoría de los chicos —respondió.

Ella rodó sus ojos y miró fijamente al chico del afro.

—Yo te daré un pendrive con música, tú solo debes instalar el equipo y ponerla en la fiesta, solo eso —aseguró—. ¡Vamos, Robbie!, eres la última opción que tengo.

Él quiso decir un rotundo "no", sin embargo, él nunca se podía negar a ninguna mujer, era como una debilidad que lo atormentaba desde que tenía uso de memoria. Suspiró y pensó escuetamente en las posibilidades que tendría de pedirle a Cat que fuese su cita para ese día y sabía que aunque se infundiera el valor de hacerlo la pelirroja diría que no por el hecho de que eran "amigos".

«Maldita regla de los amigos», pensó.

—¿Entonces? —preguntó—, ¿qué dices?

—Estoy adentro —fue su concisa respuesta.

Trina aplaudió y dio pequeños saltitos en su puesto, le dio un ligero abrazo al muchacho de rizos y luego siguió repartiendo los volantes, más feliz que nunca.

Sí, en el momento en que Alexander Watters llegó a su vida, el tren no hacía más que subir.

*.*.*.*

Los días avanzaron con rapidez y el lunes se transformó en martes y el martes en miércoles.

Cat realmente daba respingos cada vez que su teléfono celular sonaba, sin embargo, desde el lunes que no recibía ningún anónimo. Y Tori tampoco, ni Jade.

Eso le daba esperanzas de que tal vez aquel estúpido o estúpida, como lo denominaría Jade, solo quería asustarlas y reírse por un momento. Así que cuando llegó a su casa ese día miércoles en la tarde se sentía realmente tranquila.

Cuando llegó a casa de su tía en donde estaban viviendo con su hermano y mamá y, obviamente, su primo Xavier, sintió que algo no andaba bien.

Michael no estaba en casa y sabía que su tía debía aún estar trabajando, no quería saber si Xavier se encontraba o no en casa y como no quería topárselo subió directamente hacia la pieza en donde dormía junto con su madre.

Su corazón se contrajo en su pecho y empujó la puerta con cuidado al ver el gran desorden que había en la pieza. Las camas estaban completamente desarmadas y pareciera que alguien dio vuelta ambos colchones, el closet estaba completamente vacío, ya que toda la ropa estaba esparcida por el suelo y los cajones de cada mueble estaban encima del colchón.

Su madre estaba en medio de todo ese desastre, revisando apresuradamente entre un cajón alguna cosa.

—¿Mamá? —dio a conocer su presencia Cat, entrando a la pieza intentando no pisar nada de valor.

Los ojos oscuros de su madre, negro como el azabache se pegaron en su rostro bronceado.

—¡Cat! —su madre parecía tener la respiración agitada, como si hubiese corrido una milla hace un rato atrás—, ¿has tomado tú una caja de color marrón pequeña que estaba en este cajón? —preguntó desesperada.

La pelirroja se apresuró a negar con la cabeza.

—No sabía siquiera que la tenías —aseguró la muchacha.

—Pues lo tenía, lo tenía —dijo la madre de la chica con la voz rota, se pasó una mano por su rostro y sus ojos se aguaron, Cat sintió que si su madre se largaba a llorar ahí, ella lo haría también—. Demonios, Cat, aquí estaban todos los ahorros que había hecho, estaba a punto de tener lo justo como para alquilar algún lugar en donde podamos vivir con tu hermano…Y, y… ¡Desapareció! —y se largó a llorar.

Cat abrió sus ojos sorprendida y se llevó una mano a su boca, asombrada.

¿Cómo iba a desaparecer una cantidad de dinero así como así?

—P-pero —tartamudeó ella—, ¿segura que lo tenías guardado ahí?

Su madre asintió mientras una nueva lágrima resbalaba por su mejilla.

—Y si no, he dado vuelta toda la habitación buscándola —susurró e hipó—, no puedo creerlo.

Cat atravesó la habitación a pequeñas zancadas y se sentó junto a su madre, pasó una mano por su cuello y la abrazó con suavidad dando pequeñas palmaditas en su espalda.

—Tranquila —susurró con voz ahogada—, lo encontraremos, apuesto que sí.

—Era tanto dinero, hija —dijo ella. Parecía como si los roles hubiesen cambiado y era la madre de Cat quien necesitase el consuelo o el apoyo de alguien más—, estaba a punto de tener para dejar de ser un estorbo aquí…Oh por dios.

—Sh, sh —arrulló la pelirroja—, estará bien, mamá, estará bien.

Pero sabía que había algo extraño en todo eso.

*.*.*.*

Caminó hacia el estacionamiento para llegar a su auto y por fin ir a casa. Había sido un día realmente agotador, había tenido que quedarse después de las horas de clase terminando unos trabajos pendientes que Helen le pidió para poder seguir al mismo ritmo que sus compañeros de clases y no perder un año. Sabía que podría hacerlo y sacar la calificación perfecta en cada uno de ellos, sin embargo, no pensó que sería tan agotador hacerlos para dos días después de haber entrado.

Creyó que se encontraba sola en ese lugar, pero se equivocó, porque al llegar a su auto se dio cuenta que alguien estaba detrás de ella.

Estuvo a punto de golpearlo con su bolso de no ser porque se dio cuenta antes de lo estúpido que sería hacer eso en un lugar público en donde cualquier persona podía estar detrás de ella. Pero, jamás se imaginó que esa cualquier persona sería Beck.

—¡Mierda, Beck! —masculló Jade llevándose una mano a su pecho—, me asustaste.

El castaño enarcó una de sus cejas y sonrió ligeramente.

—No recordaba que era tan fácil asustarte.

La pelinegra lo miró casi con furia y se giró para dirigirse hacia su auto con rapidez. Estaba muy cansada como para tener alguna discusión con el chico que parecía absorberle cada una de sus energías.

—Jade —la llamó caminando detrás, mientras ella abría el seguro de su auto.

—Déjame en paz, Beck, estoy agotada —abrió la puerta de su auto y se dispuso a entrar cuando Beck le obstruyó el paso colocándose delante de ella, entre la puerta y su cuerpo.

—No puedes seguir evitándome —aseguró él.

—¿Quieres verme intentarlo? —preguntó ella desafiante.

El castaño se pasó una mano por su cabello exasperado y bufó, cerró sus ojos como infundiéndose paciencia y luego los abrió para mirar fijo a la que alguna vez fue su novia. Ella le devolvía la mirada entre seria y agotada, como si realmente no se sintiera de ánimos para enfrentarlo en ese momento.

Pero Beck prefirió ignorarlo. Él no quería seguir esperando.

—Escúchame, Jade —pidió—, solo una vez, por favor, si logramos hablar civilizadamente juro que dejaré de buscarte.

Ella le dio una larga y profunda mirada, como si esperase que él dijese algo más, pero Beck guardó silencio.

—¿Qué? —preguntó al fin.

Él sabía que con Jade las cosas no eran fáciles como para llegar decir algo y que ella te lo contestase tal y como querías, porque a Jade West le gustaba el teatro y le gustaba ser impredecible y le gustaba desesperar a sus víctimas. Así era como Beck se sentía en ese momento bajo la mirada de Jade, como su presa.

—¿Qué fue lo tan malo que hice como para que me odies? —pudo ser capaz de articular la primera pregunta cuando ella, cohibida por su intensa mirada bajó la vista al suelo.

Movió su pie incomoda y volvió a pegar la mirada en él.

—No te odio —respondió luego de unos segundos que mantuvieron en completa tensión al chico de piel bronceada.

—Entonces, ¿por qué me evitas?, ¿por qué me miras de esa manera? —volvió a parecer tan desesperado como había lucido aquel sábado y como lucía aquel día el cual Jade intentaba borrar—. ¿Hice algo mal? —preguntó—, ¿te hice daño, Jade?, dime, ¿qué fue lo que te hice ese día?

Los bellos de Jade se erizaron, abrió su boca ligeramente y sintió como si algo estuviese estrujando con fuerzas algo dentro en su pecho.

—Nada —respondió—, estabas ahí…

—Estaba ebrio —confesó y parecía a punto de agacharse de rodillas y rogarle que le dijese la verdad, porque Beck sabía que Jade le ocultaba algo de ese día y él no lo lograba recordar con completa lucidez—, estaba borracho y no recuerdo qué dije, qué hice…

—Los dos nos dijimos cosas —afirmó—, pero no me hiciste nada, Beck, no me hiciste daño.

—Entonces, ¿por qué te marchaste sin decirme nada? —cuestionó mirándola fijamente, casi sin parpadear.

A Jade le parecieron que los ojos avellanas de Beck parecían realmente dos almendras grandes y brillantes a través de la luz del sol.

—Terminamos esa noche, Beck —le recordó.

—¿Por qué?, ¿qué dije?

—En serio, Beck, es mejor que no lo recuerdes, yo quiero olvidarlo —lo miró fijamente y él sintió como algo dentro de él era aplastado tan rápido y con tanta fuerza que de pronto se sintió vacío—. Estás ahora con alguien más, ¿por qué seguir hondando en el pasado?, solo dejémoslo en paz. Me conoces, Beck, sabes que soy fuerte pero realmente no quiero recordar nada de lo que pasó ese verano, nada.

—Y a mí me gustaría recordar tantas cosas —bajó la mirada al suelo—, tengo espacios vacíos, borrones que quiero recuperar, es como si en ese verano no supiera quién soy y el porqué te perdí.

Jade se relamió los labios y sin poder evitarlo arregló un mechón de cabello de Beck con suavidad, colocándolo en su lugar. Él elevó su vista y la miró directamente a los ojos. Ambos colores colisionando nuevamente, entre mezclándose, siendo casi uno solo, luchando por cuál absorbía al otro.

—Después de que te marchaste —comenzó Beck—, comencé a dejar el alcohol —confesó.

Jade sonrió.

—También yo.

—¿Crees que podamos empezar desde cero? —le preguntó entonces mirándola suplicante—, necesito saber que al menos me queda algo de ti.

El corazón de la pelinegra dio un brinco en su pecho que la hizo sonrojar levemente. Ignoró el hecho de que él debía haberse dado cuenta y sonrió con sinceridad.

—Habrá que verlo —respondió y Beck sabía que eso era un escondido sí.

Le devolvió la sonrisa y luego de mirarla por unos largos segundos se despidió de ella con una mano.

—Entonces, nos veremos mañana —dijo.

—Hasta mañana —susurró ella.

Y Beck siguió con su camino.

Jade suspiró hondamente y se metió a su auto

Apretó el volante con sus manos y esperó a que la camioneta de Beck saliera del estacionamiento para ella encender su auto, al momento en que el motor rugió y miró por el retrovisor para retroceder se dio cuenta del sobre amarillo que había en su asiento trasero.

Extrañada y con un nudo en su garganta tomó rápidamente el sobre entre sus manos y lo observó. Decía Jade con una caligrafía que ella jamás antes había visto y al abrirlo pudo darse cuenta que en su contenido habían fotografías, miles.

Su respiración se aceleró y sintió que pronto un grito escaparía de sus labios, pero ella no lo soltaría.

Ahí, entre sus manos habían unas cinco fotos de un cadáver medio enterrado, parecían como partes del cuerpo humano, una mano, cabello, distinguió un pie y luego la placa policial que decía "Oficial Oliver".

Era el detective desaparecido Darren.

Giró las fotografías y en la última había algo escrito detrás.

«¿Lo recuerdas? Está esperando ser encontrado para luego guiarlos hacía ti. Besos.»

Jade sintió si el aire en su auto se estuviese acabando y sin poder evitarlo su mente viajó rápidamente hacia aquel maldito día en el que se le ocurrió hacer esa estúpida fiesta aprovechando que ni sus padres ni su hermano se encontraban en Los Angeles.

Le dolían los pies al caminar por entre la tierra con esas botas con taco fino, sintió real ganas de quitarse los zapatos, pero no iba a quitar su vista de la espalda ancha de Darren Oliver, no era estúpida y sabía que si haber salido de la fiesta y haber seguido al oficial completamente sola era una hazaña peligrosa, bajar su vista y quitarla de él sería aún más peligroso y estúpido.

¡No llamarás a nadie! gritó entonces la pelinegra, quitándose con rudeza un rizo que cayó directo a su rostro de porcelana.

El oficial se giró y levantó el teléfono que tenía en sus manos, se lo mostró a Jade y sonrió enormemente.

¿Qué ganaría yo con no llamarlos?

Producto a la oscuridad de la noche y a que su vista se encontraba borrosa producto a la cantidad de alcohol que con anterioridad había consumido no sabía muy bien la expresión en la cara del detective, sin embargo, sabía por la forma en que dijo lo que dijo en que estaba jugueteando con ella. Sintió nauseas.

Sabes que mi padre en un chasqueo de dedos podría meterte a la cárcel por corrupto amenazó, se cruzó de brazos y dio un paso hacia adelante, esperando no tropezarse y parecer amenazadora.

Darren rió.

Con Edward nos hemos unido mucho luego de tener tantos casos que hacer juntos aseguró él—, somos casi como amigos inseparables, y además, ¿a quién crees que le creerá?, ¿a una muchacha joven, rebelde y que disfruta de los vicios de la vida? Tu padre me ha contado que ha estado muy preocupado por ti, Jade. Eres como un tiro al aire, ¿verdad?

Ella apretó los labios con fuerzas, sospechando la posibilidad de lanzarse a los ojos del oficial y quitárselos con un rápido movimiento.

Nadie la vería…

Sacudió su cabeza, intentando olvidar lo ocurrido en aquella noche. Tiritona metió cada una de las fotografías dentro del sobre y lo escondió en la guantera, quería quemar esas fotografías, una a una.

Apretó el acelerador y salió de la escuela lo más rápido posible.

*.*.*.*

Se encontraba junto a su madre sentada en el sofá de su casa mirando la televisión, comiendo helado de vainilla con galletas. Observaban la teleserie de la tarde y de vez en cuando comentaban lo que debía o no debía hacer la actriz principal con la villana de la teleserie.

Tori se llevó una cucharada a la boca de helado en el momento en que el timbre sonó.

—¡Está abierto! —gritó su madre a su lado.

La puerta se abrió y Tori se sintió completamente extraña al oír aquella voz desde la puerta.

—Veo que estoy interrumpiendo algo —André rió al decirlo y Tori se atragantó con el helado que recién había comido al darse cuenta que él había vuelto a venir a su casa.

—¡André! —chilló ella y sonrió al tiempo que se levantaba del sofá mientras su madre pausaba la teleserie—, qué gusto que estés aquí.

Se acercó hacia su amigo y lo abrazó con fuerzas, él devolvió el abrazo afectuoso y luego miró fijamente a su amiga.

—¿Te gustaría ir a comer por ahí? Tú sabes, para ponernos al día con todo —le sugirió el moreno.

Ella asintió feliz.

—En cinco minutos estoy de vuelta, me iré a cambiar.

Y sin decir nada más subió al trote la escalera dejando a su madre y a André abajo esperándola.

Entró a su habitación mientras se quitaba la camiseta para colocarse algo más acorde para la ocasión, buscó algo más bonito y al encontrarlo se lo colocó sin poder borrar su sonrisa.

En el momento en que ella comenzó a salir con Dylan había perdido contacto con André, mucho en verdad, ya casi ni se hablaban y cuando ella le preguntó qué le había pasado y porqué se había distanciado, él le comentó que era porque para él nunca tenía tiempo. Y recordando, el moreno tenía razón, se había enamorado tan rápido de Dylan que se había olvidado de todos los demás.

Pero ella realmente extrañaba a André y quería recuperar su amistad, porque lo quería en su vida y lo necesitaba.

En el momento en que se colocó los jeans, su teléfono sonó.

Ella saltó en su puesto y miró su celular fijamente, con la boca entre abierta y los ojos fijos en el objeto, se sintió estúpida y pensó que el mensaje podía ser de Dylan preguntándole qué tal había estado su día. Lo tomó y sintió como se le revolvía el estómago al darse cuenta que el mensaje era anónimo.

«¿Crees que tu novio podría volver a confiar en ti si se entera que te gusta besar a otros chicos además de él? Tengo pruebas. Si no quieres que sepa dile a André que deberá comer solo. Besos.»

Sus ojos se humedecieron y elevó su vista para mirar hacia el frente, caminó con rapidez hacia su ventana y observó por ella con escudriño, nadie había afuera, ¿cómo el anónimo se enteró que Andrés la había invitado a salir? Sintió un pavor crecer desde el interior de su vientre, tragó aire y acercado su teléfono a su pecho se dirigió hacia las escaleras en completa lentitud, como si quisiese retrasar el asunto.

Un escalón, luego otro, luego otro. Vio a su madre riendo con suavidad junto con su amigo y sintió como una roca se instalaba en su garganta. Tanto él como su mamá la miraron con sonrisas.

—Creo que…No podré salir contigo, André, lo siento —murmuró la castaña con suavidad.

Los ojos oscuros de André la miraron fijo, esperando quizás alguna excusa, pero Tori no tenía ninguna.

—Lo siento —susurró.

André torció sus labios y miró hacia la madre de la muchacha.

—Gracias por el jugo, señora Vega —fue lo único que dijo antes de salir por la puerta.

Tori sabía que por la cabeza de André pasaba la única excusa que ella podía tener, iba a salir junto a Dylan y aunque aquello no era verdad, sabía que él pensaba eso y que por eso lo estaba dejando de lado.

Su madre la miró casi como si le estuviese exigiendo una respuesta, pero la chica volvió sobre sus pasos hacia su habitación.

*.*.*.*

—¡Quiere acabar con mi vida!

Los ojos de Jade se pegaron en Tori escuetamente, luego las llevó hacia sus manos tiritonas y suspiró. Debía calmarse.

—Necesitamos saber quién es, ya —pidió la media latina mientras se paseaba por la habitación de la pelinegra de un lado a otro—. ¿Te ha llegado a ti un nuevo mensaje? —preguntó entonces al notar que ella se encontraba en silencio permanente.

Ella pegó sus ojos grises en los castaños de Tori y pareció que aquel contacto duró más tiempo de lo que ellas creían, entonces, Jade sacudió su cabeza negativamente.

—No —respondió y bajó nuevamente su vista hacia sus manos que seguían tiritando.

Tori bufó.

—Llamé a Cat pero ella no me contestó, ¿crees que ella recibió otro mensaje? —preguntó entonces.

Jade volvió a sacudir su cabeza.

—Creo que si hubiese recibido algún mensaje anónimo hubiésemos sido las primeras en saber, ella no sería capaz de aguantárselo, estaría aquí llorando pidiendo que hablemos con alguien para bloquear los celulares —aseguró Jade con voz ida. Tori asintió, dándole a la pelinegra la razón.

Suspiró.

—Deberíamos ir con la policía —comentó la media latina.

Jade elevó la vista y la pegó violentamente en ella.

—No —respondió—, no nos pondrían atención —añadió.

—Si le digo a papá… —siguió Tori.

—Se enterará que te enrollaste con el novio de Trina —le cortó Jade—, piénsalo Tori, decirle a la policía sería tener que decirle a toda tu familia el porqué estás siendo molestada por este anónimo o anónima, también Cat y yo… Y estoy segura que no quiero que papá sepa que volví a ver a Beck.

—Jade —susurró Tori y se sentó a un lado de la cama junto a la pelinegra—, tu padre ya debe saber que viste a Beck, en la escuela —acotó.

La pelinegra suspiró.

—Pero no sabe que él me besó —apuntó ella.

Tori asintió.

—¿Qué tan malo pasó con él?, ¿por qué tu padre lo odia? —preguntó.

Ella se encogió de hombros.

—Supongo que siempre lo ha odiado, por eso de que quiere ser actor y todo eso, supongo que cree que por eso no es digno de mí, tal vez —respondió y bajó su vista a sus pies—.Y tiene la loca idea de que por su culpa me marché por tanto tiempo.

La castaña de pómulos pronunciados carraspeó y le miró el perfil fijamente.

—Y…¿Fue así? —preguntó.

La chica de piel pálida pegó sus ojos en ella con fiereza.

—No —soltó cortante, Tori suspiró.

Siempre cuando algo se trataba de Beck, Jade parecía transformarse en una especie de ostra, cerrándose por completo para que nadie pudiese conocerla, saber qué había pasado con ella y con Beck aquel verano y el porqué habían terminado.

*.*.*.*

Al otro día Cat llegó a la escuela arrastrando sus pies, como si hubiese tenido la peor noche de su vida y no hubiese podido dormir nada. Y así había sido.

Se sentía desprotegida por completo en aquella casa, antes, en menor grado por Xavier, pero ahora, sabiendo que a su madre le habían quitado una plata con caja y todo desde su propio cajón. Ya no sabía qué pensar.

Caminó con lentitud hacia su casillero, como si tuviese todo el tiempo del mundo para llegar y luego ir a clases. Y en el momento en que llegó colocó su contraseña y lo abrió.

Dio un gritito sofocado y un salto hacia atrás, miró rápidamente hacia todas las direcciones posibles esperando no encontrarse con nadie viéndola, luego de que notó que nadie le prestaba atención, entonces ella volvió a acercarse hacia su casillero.

Tomó la cuadrada y pequeña caja que estaba dentro de su casillero, encima de todos sus cuadernos y la sacó. La abrió.

Dentro estaba vacío, a excepción de un pequeño papel.

Lo sacó y luego metió nuevamente la caja de color marrón dentro del casillero.

«¿Quieres jugar un juego? Haz lo que te pida y yo te devolveré el dinero de tu madre.»

Los ojos grandes de Cat se abrieron hasta más no poder, arrugó el papel en su mano y cerró de un golpe su casillero. ¿Un juego?, ¿qué juego podría ser?

Tragó saliva y sintió como algo pesado se instalaba en su estómago.

*.*.*.*

—Ey.

Se giró para mirar al chico de cabellos castaños y esponjosos que se acercaba lentamente hacia ella, sonrió sin poder evitarlo y luego se golpeó mentalmente al no poder controlar sus estúpidos músculos frente al chico.

—Ey —respondió entonces ella corriendo su vista de él y comenzando a meter los cuadernos a su casillero—, ¿tu novia no se pondrá celosa si te ve junto a tu ex?

Beck soltó una ligera risilla mientras recargaba su cuerpo en la pared y se cruzaba de brazos relajado, como si nada en aquel lugar pudiera perturbarlo.

—Meredith no es celosa —aseguró Beck.

—Eso no es lo que yo he oído por ahí —contradijo ella mirando nuevamente al castaño por apenas unos segundos, luego siguió buscando quizás qué cosa en su casillero.

—Vamos ya —se quejó Beck, aunque no parecía afectado o perturbado para nada—, apuesto que ya te llegaron esos rumores de que Meredith envenenó a Cindy.

Jade lo miró fijamente nuevamente y enarcó ambas cejas.

—Solo tuvo una indigestión —siguió él.

Ella rodó sus ojos y ladeó su rostro con suavidad.

—No me importa —le cortó en un susurró—, está bien si a ti te gusta salir con chicas extrañas y locas, no me importa.

Beck soltó una risotada que llamó la atención de todos los alumnos que se encontraban cerca de ellos en esos momentos, Jade les dio una hojeada y luego miró fijamente a Beck mientras él seguía riendo. Ella soltó una risa nerviosa y preguntó con suavidad.

—¿Qué?

—Que tú formarías parte de esa lista de chicas extrañas y locas —le contó.

Jade entrecerró los ojos y lo miró casi como si quisiese matarlo en ese momento, aunque claro, ella sabía que no quería hacerlo y que realmente solo quería golpear su hombro con fuerzas para que dejase de reír, pero no lo haría no le daría en el gusto.

—Claro, pero tú serías la primera en la lista, la marcada en rojo, como la especial —añadió y a Jade se le borraron todas las ganas de golpearlo.

Se sonrojó y carraspeó.

—No creo que a Meredith le guste que le digas esa clase de cosas a otras chicas.

Beck se encogió de hombros.

—Todo el mundo sabe lo especial que fuiste para mí —respondió él.

Los ojos grises de Jade se pegaron en los castaños de él, Beck pudo notar como estos se veían de un azul profundo con el iris marcado de un grisáceo verdoso. A él siempre le sorprendió lo único y hermoso que podía ser el color en los ojos de su antigua novia.

Sonrió con suavidad.

Jade no sabe cómo fue que ocurrió, de un momento a otro se vio mirando a Beck directamente a los ojos y luego, de pronto, de la nada se encontró sentada encima de una mesa, con las herramientas del conserje esparcidas por el suelo y con Beck frente de ella acariciando su espalda mientras se besaban.

Tenía sus dedos enredados en el cabello liso y suave de Beck, sus labios desesperados besaban los de él, como si se hubiesen extrañado una enorme cantidad, ambos pares de ojos cerrados, sintiendo de mejor manera el toque de sus labios, sintiendo el aroma del otro, siendo mezclado, la saliva del otro empapando sus lenguas, sus labios. Las manos de Jade viajaron hacia las mejillas de Beck y sintió la suave piel del rostro del muchacho, con sus piernas, apretando las caderas de Beck lo acercó más, para sentirlo más cerca, él gimió por lo bajo en medio del beso.

El aire se les consumió. Se separaron.

Los ojos cerrados, sus frentes tocándose, sus respiraciones agitadas, sus manos tocando la piel de las mejillas del otro.

—Deberíamos ir a clases —murmuró entonces Jade, recordando de que debían volver a la realidad y que en la realidad ellos no debían besarse, porque no eran nada, no eran novios y de hecho, él tenía otra novia que ya no era ella.

Beck asintió y se separaron. Jade bajó de la mesa y arrancó con rapidez por la puerta, parecía incluso asustada.

Él se quedó en ese lugar y suspiró por lo alto, se pasó una mano por su cabello y esperó que el calor de su cuerpo bajase para poder salir e ir a clases.

*.*.*.*

—André, por favor, habla conmigo.

El moreno seguía sin prestarle atención a la hora de almuerzo, se encontraba sentado comiendo de su sándwich de pollo sin levantar la vista de su almuerzo, como si este fuese lo más interesante del lugar.

Tori se encontraba rogándole que le hablase desde que salieron del salón de historia, pero André parecía haberle hecho la ley del hielo. La castaña quería gritarle que le hablase, pero él parecía ignorarla cada vez más.

—No pude hacerlo, ayer debía ayudar a Trina en algo que me pidió, en serio —mintió la media latina. André por fin quitó sus ojos de su almuerzo y miró a su amiga fijamente, esta le sonrió tímidamente y él suspiró.

—Escucha, Tori —a ella no le importo que el tono utilizado por el chico no era de alguien que perdonaba, sin embargo, al menos le estaba dirigiendo la palabra—, sé que es estúpido competir con tu nuevo novio, pero creí que realmente tú también querías que volvamos a ser los amigos de antes.

—Y eso quiero, en serio —respondió ella.

—Sí pero entonces me recuerdo que si yo voy a visitarte a las tres de la madrugada como lo hice una vez, él puede pensar mal o puede ponerse celoso y tu luego tienes problemas…

—Dylan no es celoso, André, lo juro —le cortó ella.

—¿Y el tiempo? —preguntó entonces—, necesitas tiempo para él, para la escuela, para tu hermana y ahora que Jade volvió y veo que se están haciendo nuevamente amigas, entonces, ¿cuándo hay tiempo para mí?

—¡Ahora! —soltó ella sin dejar de sonreír—, ahora y siempre que lo necesites, André, lo prometo.

—Bien —susurró él—, pero quiero saber la verdad del porqué no saliste ayer conmigo, ¿fue por él? —la miró con intensidad—, porque sé que Trina ayer estuvo todo el día con su novio.

Tori tragó saliva pesadamente y se pensó seriamente en contarle o no a André lo de los mensajes, sin embargo, sabía que si lo decía podría aquello traer una repercusión.

—Estaba cansada —mintió, él pareció estudiarla con escudriño, intentando encontrar una pizca de mentira en su rostro, pero Tori parecía convincente.

André sonrió.

—Está bien —sonrió el moreno—. Está bien.

Ella estiró sus brazos para recibir un gran abrazo de su mejor amigo.

*.*.*.*

Cat estaba nerviosa, más que nerviosa, quería realmente saber si era verdad lo que decía el anónimo y le entregarían el dinero de su madre. Sin embargo, ella realmente no quería hacer eso con el chico que era su primo.

«Veinte dólares a que tu mano no acaricia la pierna de tu primo por dos minutos completos. Tic, tac, Cat.»

Y él estaba ahí, sentado en la mesa de almuerzo, jugueteando con un plato de papas mientras veía su celular. Solo.

Tragó aire y apretó la bandeja que llevaba entre sus manos. Se infundió valor y caminó directamente a la mesa en donde estaba Xavier.

Vio a Tori moviendo su mano en el aire, llamándola para que fuese a sentarse junto a Jade a una mesa apartada. Ella pensó en ir hacia donde su amiga la llamaba, sin embargo, necesitaba asegurarse de si lo que el mensaje decía era cierto, quería ayudar a su madre y si para ayudarla debía hacer esto, lo haría.

Sin siquiera pedir permiso se sentó en la mesa muy cerca de su primo. Él elevó sus oscuros ojos para pegarlos en el rostro tenso de Cat. Ella pudo darse cuenta como las pobladas cejas del chico se erguían.

—Comamos en familia —sugirió la pelirroja con su voz suave, tan bajo como para que nadie la oyera además de él.

El rubio de nariz afilada entre abrió sus labios y rodó sus ojos. Se encogió de hombros mientras soltaba un escueto.

—Como quieras.

Él siguió despreocupado comiendo papas fritas mientras seguía revisando en su celular su página de The Slap. Cat lo miraba de reojos, viendo su aristocrático perfil. Ella siempre se había preguntado por qué su primo había heredado tan afiladas facciones mientras ella tenía facciones suaves y finas, le hubiese gustado tener ese porte, o esa nariz recta y afilada, o esos labios delgados y bien formados.

Suspiró.

Su celular vibró en su bolsillo, lo sacó y leyó el mensaje.

«Tic, tac, Cat.»

Tragó aire y distraídamente colocó su mano en el pequeño espacio que había entre su cuerpo y el de él. Tragó aire y lo guardó en sus pulmones, entonces, su mano se posó en la rodilla que Xavier tenía bajo la mesa, él tragó lo que tenía de papas en la boca y pegó rápidamente sus ojos oscuros en ella, con ambas cejas enarcadas.

Cat no lo miró, con una mano seguía jugueteando con su ensalada mientras que la otra mano subía lentamente por la pierna de su primo.

«…Ocho, nueve, diez. Uno, dos, tres, cuatro…», contaba mentalmente, esperando que el par de minutos pasase lo más rápido posible.

Siguió acariciando la pierna de su primo, mientras este lo miraba sorprendido y ella se hacía la tonta.

Xavier entonces, al minuto y medio se inclinó hacia Cat.

—¿Qué haces, primita? —susurró en su oído con voz baja—, ¿quieres más de mis besitos? —le preguntó.

Cat sintió como los bellos de su nuca se erizaban y como una corriente eléctrica recorría todo su cuerpo.

Siguió contando, aguantando el aire, esperando que nadie estuviese pendientes de ellos, aunque, sentía la mirada de Jade y de Tori quemándole la espalda.

Su celular nuevamente vibró. Cat detuvo la caricia en la pierna de Xavier y abrió el mensaje.

«Tiempo. Buena chica.»

Rápidamente retiró su mano de la pierna de Xavier y se levantó de la mesa sin tomar su bandeja. Su rubio primo la miró fijamente por un largo segundo, viendo como la pelirroja corría hacia el interior de la escuela con el celular apretado en una de sus manos.

Se adentró al baño y se metió rápidamente al último cubículo de la fila, apoyó su espalda en la pared y poco a poco se fue arrastrando hacia el suelo hasta quedar completamente sentada en el piso del baño.

Pronto las lágrimas abandonaron sus ojos. Ella ahogo un sollozo con su mano.

Oyó la puerta del baño abrirse y aguantó la respiración, asustada.

—¿Cat? —la voz de Robbie le llegó a sus oídos—, Cat, sé que estás aquí, te vi entrar.

—Déjame —pidió ella con voz ronca.

—¿Qué pasa? —la voz del chico de cabello rizado le llegó aún más fuerte, vio sus pies al otro lado de la puerta y supo que él se encontraba con su oído pegado a la puerta del cubículo.

—Déjame —volvió a repetir y sollozó suavemente.

Sintió a Robbie suspirar y se sintió realmente mal al pedirle que la dejara, sin embargo, realmente quería estar sola en ese momento. Dios, se sentía tan sucia.

—Está bien —susurró Robbie al otro lado de la puerta—, te dejaré —le dijo—, pero, si necesitas algo…O alguien yo…No, nada, no importa.

Al oír la puerta del baño ser cerrada, Cat se colocó ambas manos en su rostro y volvió a llorar. Tenía miedo, vergüenza, de todo. ¿Qué pensaría Xavier de ella? Realmente a ella no le gustaba él, aunque lo encontrase guapo y le llamase completamente la atención, ella jamás se le insinuaría…De nuevo.

La puerta del baño volvió a abrirse, Cat se quitó las manos de su rostro.

—¿Robbie? —preguntó en un susurro por lo bajo, sin embargo, no obtuvo respuesta.

Se sorbió la nariz y se levantó del suelo con suavidad, miró por entre el pequeño espacio que había en la puerta y al no ver a nadie, abrió.

Encima del lavamanos había una bolsa café que parecía de papel, miró hacia ambos lados y caminó con lentitud hacia la bolsa que había en el lavabo. La abrió.

Se llevó una mano a su boca sorprendida, en la bolsa había dinero, unos veinte dólares al ojo.

*.*.*.*

Jade estaba preocupada, Cat no había llegado a la última clase que tenían juntas aquel día. Sabía que algo realmente malo estaba pasando y no podía encontrar a su pelirroja amiga por ningún lado. Y nadie la había visto.

—¡Shapiro! —llamó Jade al friki de lentes en el momento en que lo vio acercarse a su casillero—, ¿has visto a Cat?

En los ojos castaños de Robbie pudo darse cuenta que él sí lo había hecho. Él era un pésimo mentiroso y sabía que además con el miedo que le tenía soltaría todo lo que supiese.

—¿Dónde está, Shapiro? —preguntó Jade con la mandíbula tensa.

Robbie abrió su boca y luego la cerró, como pez fuera del agua y luego de unos segundos en los que Jade lo asesinó con su mirada, el del afro soltó atropelladamente.

—Después de almuerzo ella corrió al baño, creo que estaba llorando, me echó y yo me fui y después no sé qué más, lo juro.

La pelinegra cruzó sus brazos a la altura de su pecho y asintió, se giró para dirigirse hacia su auto e ir directamente a la casa de su mejor amiga cuando su paso se vio interrumpido por una chica de cabellos castaños y piel morena.

Jade enarcó una ceja, como preguntándole porqué le estaba obstaculizando el paso, Meredith la miró fijamente, sin dejarse intimidar.

—¿Se te ofrece algo? —preguntó Jade—, voy apresurada así que te pido que te muevas.

Meredith la miró fijamente a los ojos, no le importó que Jade fuese más alta que ella por casi media cabeza, irguió el cuello y soltó con su voz chillona usual.

—Aléjate de Beck —parecía como si estuviese mascullando aquello como si estuviesen hablando del clima, Jade frunció el gesto completamente confundida.

—¿Qué?

—Ya me oíste —dijo ella—, créeme que no querrás meterte conmigo, West, las cosas cambian más de lo que crees en un año y yo no dejaré que me quites a Beck, él es mío ahora.

Jade se cruzó de brazos y la miró por debajo de su mentón, ella sabía que no le tenía miedo, que haya envenenado a una pobre chica, no le interesaba. Si Meredith creía que viniendo a amenazarla ella daría un paso hacia el lado, estaba muy equivocada, porque a Jade West nadie le dice lo que tiene que hacer.

Entonces Jade rió.

—¿Me vienes a amenazar? —volvió a soltar una risotada—, ¿te das cuenta de lo patética que estás siendo?

—Te estoy advirtiendo —le cortó ella, se cruzó de brazos y sonriendo como siempre lo hacía, de una manera casi que parecía "dulce" se encogió de hombros y pasó por sobre el hombro de Jade.

La pelinegra sintió como la sangre subía a sus mejillas y sentía real ganas de tomar sus tijeras menos queridas y clavárselas en la cabeza. No desperdiciaría sus mejores tijeras en una chica como ella, no, no las mancharía.

*.*.*.*

¡Holis! Soy Cat, claro —rió— eso ya lo sabes, es por algo que estás llamando, como sea, ahora no puedo contestar pero si dejas tu mensaje después del "bip" te devuelvo la llamada, ¡adiós!

—Cat, soy yo, Tori —habló la media latina mientras salía por la puerta principal de la escuela—, por favor, por favor, contéstame, quiero saber qué pasó en la cafetería y porqué te marchaste así como así, estoy preocupada… —suspiró—, llámame.

Cortó el teléfono y se quedó viendo su celular por unos segundos, casi esperando que la pelirroja chica le devolviera la llamada en ese momento.

—¿Cómo está la chica más guapa de todo Hollywood? —la voz le sobresaltó, se giró para toparse con los ojos ámbar de Dylan y su sonrisa perfecta, se ruborizó ligeramente y él sonrió—, ¡bah!, creo que me he expresado mal, ¿cómo está la chica más guapa de todo Estados Unido?

Tori no pudo evitar reír. Se sorprendía el poder que Dylan tenía por sobre ella, hacerla reír bajo cualquier circunstancia, parecía ser por eso que lo amaba tanto, sabía cómo mantenerla feliz todo el tiempo.

Se acercó a él y lo abrazó con suavidad, apoyó su cabeza en su duro pecho y cerró sus ojos dejando que su aroma le embriagase por completo.

—¿Alguna vez te he dicho lo afortunada que me siento de ser tu novia? —preguntó Tori en un susurro por lo bajo.

El muchacho de cabellos de un castaño claro que casi rayaba al rubio sonrió mientras besaba los cabellos más oscuros de su novia.

—No, pero yo ya lo había imaginado —respondió y Tori volvió a reír, se separó de su pecho y lo miró directamente a los ojos, sonrió enormemente y sus pómulos se pronunciaron aún más, aquello le produjo risa a Dylan quien sonrió y le besó con suavidad la nariz.

—Eres un ridículo —sonrió ella.

—Pero me amas, ¿verdad? Porque si no lo hace cancelaré la sorpresa que te tenía —dijo con un tono que a Tori le entró inmensas ganas de abrazarlo con aún más fuerza y besarlo hasta que el aire le fuera absolutamente necesario.

—Sí lo hago —respondió convencida, Dylan sonrió.

—Uf, qué alegría.

Y se besaron con suavidad, como si nada en el mundo los apurara, como si aquel pequeño lapsus de tiempo se volviese de pronto infinito.

*.*.*.*

Una silueta oculta tras una capucha de color negra completamente jugueteaba sin muchos ánimos con un encendedor. En frente de la silueta se encontraba un pequeño escritorio y encima de este había tres fotografías.

En la primera de izquierda a derecha estaba una castaña sonriente besando con suavidad a su novio de cabellos castaños claros que a la luz se veían rubios, en la de al medio se encontraba una pelinegra de ojos grises sentada en la mesa en donde el conserje deja sus herramientas con un castaño besándola como si no hubiese mañana y en la última, una pelirroja de porte bajo estaba sentada junto a un rubio de aspecto aristocrático, si se veía con escudriño la foto, se podía ver la mano de Cat puesta en la pierna del muchacho.

La mano tapada con un guante negro tomó la fotografía de la pelirroja y comenzó a quemarla desde una esquina con el encendedor, cuando la fotografía se consumió hasta la mitad la mano la soltó y esta cayó dentro de un lavadero con agua. Luego tomó la otra fotografía que había al medio y la acercó a una fotocopiadora.

Pronto, la fotografía en donde Jade salía besando a Beck se comenzó a multiplicar, pronto más de cincuenta copias de ambos jóvenes besando aparecieron en aquella oscura habitación.


!Hola!

He venido pronto con el segundo capítulo verdad?, bueno es que eso es porque realmente estoy emocionada con esta historia, de hecho tengo ideas completamente claras hasta el capítulo 15 más o menos, y hasta ahí aún no se sabrá quién es el anónimo, jeje, qué mala soy.

Pero, ¿ustedes ya tienen alguna hipótesis de quién puede ser anónimo? Yo sé que sí, porque todo el mundo siempre tiene saca sus conclusiones. Además, ¿qué creen que hará ese personaje incógnito con las fotografías de Jade y Beck besándose en la oficina del conserje?

!Muchas gracias por sus reviews a las tres personitas que se atrevieron a dejar su huella en esta historia! No saben lo infinitamente feliz que me hace eso y me dan ganas de avanzar más rápido y así quitarle algunas dudas como crearles otras más.

Espero les haya gustado este capítulo en donde se vio mucho más de lo que es capaz de hacer anónimo y de todo lo que sabe.

Como sea, dejen sus comentarios, los estaré esperando.

!Muchas gracias por leer!

Adiós.

Emilia.