Palabras: 6,879 sin contar comentarios del autor.

Parejas principales: Beck/Jade, Cat/Robbie, Cat/Oc, Tori/Oc. Leve André/Tori.

Genero: Suspenso/Drama/Misterio/Romance.

Calificación: T.

Descargo de responsabilidad: No soy dueña de Victorious tampoco de la trama en sí, está se la pedí prestada a I. Marlene king, dueña de Pretty little liars, serie en la cual está basada esta historia (solo basada).

Resumen: Jade se marchó de un día al otro sin decir nada a nadie, Cat lleva la culpa de haber besado a su primo y Tori cada día se tortura por el hecho de haberse involucrado con el novio de su hermana. Aquella noche de fiesta dejó más que unas cuantas mentiras sepultadas bajo tierra. También dejó un cadáver.


"La última verdad"

Capítulo III.

Eran las seis y media de la mañana cuando una figura oscura de porte bajo entró a la escuela. Como era de esperarse, nadie estaba ahí y de seguro Helen aún no había pensado siquiera en levantarse para llegar.

Con ambas manos sujetando una pila de quizás qué cosa se adentró por los pasillos y luego, sin miramientos, comenzó pegarlos y lanzarlos en el suelo, cosa de que cualquier alumno, alumna, maestro, funcionario del establecimiento pudiera verlo.

Eso era lo que él/ella quería.

*.*.*.*

Estacionó su auto en el aparcamiento más cercano al edificio, no porque aquello le haría caminar menos, ella solía aparcar en el lugar más alejado de ahí, no le gustaba que chico que saliese de la escuela mirase su auto y le preguntase cosas que ella no sabía cómo responder, para eso siempre estaba Beck.

Ella no sabía nada de autos, su padre se lo había comprado y se lo había regalado para su cumpleaños número 16 y punto. No había más.

Suspiró y se bajó del auto, se había estacionado cerca del edificio porque estaba llegando tarde y porque aquel puesto estaba libre.

Cerró su auto con el seguro, no porque desconfiase en que podían robárselo (podían hacerlo) pero más verificó que todo estuviese bien cerrado para no tener más sorpresitas en su asiento trasero.

Caminó rápidamente hacia el interior del edificio, sin embargo, al entrar, pudo darse cuenta de que algo no andaba bien. Habían varios estudiantes en la entrada y todos, cada uno de ellos pegaron sus ojos en ella.

Jade frunció el ceño e intentando quitarle importancia a los ojos chismosos de la población de Hollywood Arts, se acerca a su casillero.

Justo pegado en su casillero había una fotografía en tamaño carta, en blanco y negro en donde aparecía ella, encima de la mesa en el armario del conserje, con Beck frente de ella, besándose casi con fiereza.

Su corazón latió en sus oídos.

«Sorpresa, sorpresa, perra.»

Era lo que decía abajo con un lápiz labial de color rojo. Sacó con rabia la fotografía del casillero y la arrugó en su mano, un grupo de chicos la miraban desde una esquina, Jade pegó sus ojos en aquel grupo y chilló en voz alta, esperando que todos los cercanos ahí la oyeran.

—¡Sigan mirándome así y al final del día terminarán sin ojos!

El grupo rápidamente se dispersó y dejaron de observarla. Cuando entró Jade pensó que la escuela se había sumido en un silencio ensordecedor, pero en ese momento, se dio cuenta que en verdad todos estaban esperando que ella entrase por las fotografías que había por todo el suelo y las paredes esparcidas.

Abrió su casillero y metió su bolso en él con rapidez, luego, comenzó a recoger lentamente todas las fotografías que encontraba en su camino.

Beck la vio en el momento en que ella despegaba las fotografías que se encontraban en el pasillo que daba hacia la escalera, parecía bastante ofuscada y había algo más en su mirada que le hacía preguntarse el qué estaba pensando. Se acercó con precaución, preguntándose si era correcto o no hacerlo, temía la reacción de ella y que explotara junto a él.

—Jade… —le llamó a una distancia razonable.

La pelinegra se giró y pegó sus ojos grises que parecían ser más oscuros en ese momento, lo miró fijamente por unos momentos antes de responder.

—No quiero hablar.

Él se pasó una mano por su cabello y luego sin decir nada comenzó a despegar junto a ella todas las fotografías que había en esa muralla. Ella dejó de hacer lo que estaba haciendo y se quedó mirándolo fijamente, como esperando que dijese algo, pero él guardó silencio.

Suspiró.

—¡Tú maldita perra! —la voz se oyó a unos centímetros detrás de ella, la pelinegra se giró y vio las manos de Meredith ir directamente a su cara.

Pero no alcanzó a llegar. Beck la estaba afirmando firmemente desde atrás mientras la castaña pataleaba exigiendo al muchacho que la suelte.

—¡Suéltame maldito canalla infiel! —chilló llamando la atención de cada alumno que se encontraba en el pasillo en ese momento.

—¡Estás loca! —le gritó Jade sintiendo como su corazón latía ferozmente y la adrenalina comenzaba a recorrer por cada una de sus venas como si fuese la misma sangre—, ¿planeabas golpearme?

—¡¿Por qué con ella?! —siguió chillando—, ¡es una maldita friki que te abandonó, Beck! ¡A ella no le interesas!

—Contrólate, Meredith —le pedía Beck sin soltarla, intentando controlarla.

—¿¡Contrólate!?, ¡controla tus malditas hormonas con esta perra! —gritó nuevamente y con un golpe certero en el abdomen logró soltarse de su novio.

Jade se preparó para algún ataque de la chica, sin embargo, Meredith no se abalanzó hacia ella, se quedó de pie alisando su arrugada blusa y arreglando a manotazos su cabello desordenado.

—Me las pagarás, perra —aseguró la morena—, juro por mi vida que esto no se quedará así —se giró a mirar a su novio y él pudo ver como las lágrimas comenzaban a llenar sus ojos—. ¿No te das cuenta lo que está haciendo? ¡Apuesto que ella pegó las fotografías!, quiere tomar tu corazón de nuevo y romperlo en mil pedazos, Beck.

Sin decir nada más y dándole una última mirada cargada de veneno a la pelinegra, se volteó y se marchó del lugar dando largas zancadas. Beck miró a la chica con una expresión que Jade no pudo descifrar, se volteó y se fue por el mismo camino por el cual había desaparecido la morena, llamándola.

Jade sintió como su corazón aún zumbaba en sus oídos.

—Jade, ¿estás bien? —le preguntó Tori, acercándosele por detrás.

Ella siquiera había notado que era el centro de atención —nuevamente— de cada uno de los estudiantes que haciendo caso omiso a la campana que había sonado hace unos minutos atrás se quedaron observando el "espectáculo".

—Te ayudaré a quitar las fotografías restantes —aseguró la muchacha de ojos castaños, sin esperar respuesta de Jade comenzó a recoger cada una de las fotografías, arrugarlas y botarlas al basurero más cerca.

En la esquina del pasillo, medio escondida, Cat miraba con ojos acuosos toda la situación, preguntándose qué debía hacer. Apretó el sobre amarillo que tenía entre sus manos y decidió que lo mejor que podía hacer era guardar aquel dinero que había estado esperándola dentro de su casillero.

*.*.*.*

—¡Meredith, por favor, detente!

La voz de Beck, desesperado, hizo a la chica detenerse. Los labios anchos de la chica se curvaron en una ligera sonrisa, la cual borró al darse vuelta para toparse con los ojos preocupados del muchacho de cabello esponjado.

—¿Qué?, ¿qué quieres, Beck?, ¿humillarme aún más?

Él sacudió su cabeza y se pasó una mano por su cabello, exasperado.

—¡No! —respondió él—, por supuesto que no, yo nunca…

—Pues lo hiciste —una lágrima solitaria rodó por su mejilla—, lo hiciste frente a toda la escuela.

—¡Yo no pegué esas fotografías! —aseguró él.

Meredith rió.

—Por supuesto que no —le creyó—, pero besándola le diste un arma con la cual ella podía atacarme.

—¿Qué quieres decir? —le preguntó él mirándola casi con desconfianza. Meredith volvió a soltar una lágrima y su mentón tembló. Beck realmente se sentía pésimo y no quería ver a la chica llorar, después de todo, Meredith lo había ayudado en cierta medida cuando se sentía más solo que nunca el año anterior.

—Que Jade pegó todas esas fotografías para volver a tenerte en su poder —escupió ella y rió con sarcasmo—. Dios, es tan obvio, ¿cómo no lo ves? Intenta que vuelvas con ella nuevamente para así tener algo con lo cual poder jugar hasta que vuelva a irse.

Beck torció el gesto y sacudió su cabeza.

—Jade no es así —aseguró.

—¿Y cómo sabes tú? ¡Uno nunca deja de conocer a las personas! —le gritó ella—, ¿quién sino ella saldría beneficiada de aquella estupidez? Jade ama la atención y sobre todo si viene por parte de ti.

—Meredith yo creo que…

—No —le cortó la chica—, no digas nada —le pidió—. Lo entiendo, sé que debe confundirte, fue tu novia por casi tres largos años, sé que debe ser difícil para ti. Pero, ¿olvidas lo mal que terminaste cuando ella sin decirte nada se marchó hacia quizás qué lugar? ¿Qué te haría pensar que volvió para quedarse? ¿Se ha disculpado, acaso, contigo? Te quiero, Beck y no quiero que te lastimen.

Él sacudió su cabeza, casi como si hubiese sido aquello mucha información que debía procesar.

—Es mucho más complicado de lo que crees —dijo.

—Quizás —farfulló ella en voz baja—, pero cualquiera podría darse cuenta de su juego, pregúntaselo a quién quieras, todos creen que ella misma pegó las fotografías, además, ¿cómo es que llegaron a fotografiarlos? A no ser que a ti no te haya importado hacerme quedar como una maldita y pobre chica que su novio la engaña en las narices de toda la escuela.

—Claro que no, Meredith, nunca he querido hacerte pasar por tonta —le aseguró él en voz baja, estiró su mano y acarició con suavidad la mejilla de la chica—, lo lamento, de verdad que lo hago…Y si…

—No —interrumpió ella—, no digas que crees que quiero terminar contigo por esto, a no ser, que tú lo quieras hacer —Beck guardó silencio—, no quedaré como idiota, Beck, no le daré en el gusto a esa chica y tú deberías hacer lo mismo.

Sin decir una palabra más o dejar que él le respondiese, Meredith se giró y continuó caminando por el estacionamiento de la escuela. Beck sabía que ella se marcharía a casa y sabía también que seguirla sería inútil.

Además que tampoco quería hacerlo.

Suspiró y volvió a pasarse una mano por su cabello. Siempre había tenido esa manía, desde pequeño.

*.*.*.*

—Cat.

La voz de Tori le hizo dar un respingo en su lugar, se giró con suavidad y miró a su amiga de reojos.

—No podemos hablar, Tori —aseguró la chica de lisas hebras rojas—, estamos en clases.

El rostro de Tori se contrajo en una mueca extrañada, no solo porque a la chica le estaba importando la regla de no hablar en clases, sino que todo el mundo estaba hablando en ese momento porque el maestro de historia aún no había entrado al salón.

—¿Por qué estás evadiéndome? —preguntó enarcando una ceja, la pelirroja se tensó en su puesto y abrió su boca en su puesto con suavidad, miró hacia su lado y suspiró.

—Me han llegado más anónimos —susurró en voz baja la chica de cabello teñido.

Tori abrió sus ojos y se inclinó hacia Cat para poder hablarle más despacio y así nadie pueda oírlas.

—¿A ti también te está obligando a hacer cosas? —preguntó Tori.

Los ojos oscuros de Cat se pegaron de lleno en el rostro delgado de la chica, apretó sus labios y sospesó la idea de decirle a su amiga morena toda la verdad y que estaba siendo terriblemente extorsionada por anónimo, sin embargo, miró a su alrededor y se sintió —sin saber el porqué de esta razón— completamente observada. Estaba segura que anónimo era como un ente que se encontraba en todas partes.

Tragó saliva pesadamente y corrió su mirada hacia el frente nuevamente mientras sacudía su cabeza enérgicamente.

—No es nada, Tori, en serio —respondió la chica—, es lo mismo de siempre.

La castaña la miró con escudriño, sabía que Cat estaba ocultando algo, sin embargo, la conocía tan bien que sabía que si ella no quería decirle no lo haría. Se rindió tan fácil que se sintió la peor amiga del mundo, aun así murmuró en un suspiro.

—Sabes que puedes confiar en mí, Cat, soy tu amiga…

Los ojos oscuros de la pelirroja burbujeante brillaron tras sus largas pestañas y sus labios se curvaron en una leve sonrisa.

—¿Lo somos? —preguntó en un susurro, como si temiese que alguien la pudiese oír—, ¿tal y como lo fuimos antes?

Tori sonrió entre enternecida y divertida, sacudió su cabeza positivamente y estiró su mano para tomar entre sus dedos los de la pelirroja.

Ella le sonrió con cierta tristeza, ¿qué pensaría Tori de ella si sabía lo que había hecho aquella madrugada?

*.*.*.*

El día sábado llegó tan rápido como si las chicas hubiesen solo pestañado. Tanto como Cat y Tori se encontraban en el comedor de la casa de Jade, ambas miraban a la pelinegra intensamente, ella sin embargo, se sentía completamente molesta ante la intensa mirada que le dedicaba sus amigas.

—No esperen que lo haga porque no lo haré —les dijo mientras se levantaba del asiento y les daba la espalda para servirse en un vaso un poco de zumo.

Tori tragó aire y luego lo soltó.

—Por favor, debes ir —pidió—, si no vas, les dará la razón a todos esos idiotas que hablaron hoy mal de ti, no dejes que te afecte.

Jade se giró y miró fijamente a su amiga, frunció el ceño y soltó mientras cruzaba los brazos a la altura de su pecho.

—No me afecta —Tori elevó una ceja y la pelinegra bufó mientras tomaba el vaso con jugo—. Realmente no tengo ninguna razón para ir a ese estúpido baile.

—Claro que la tienes —aseguró la castaña mientras se pasaba una mano por su frente, casi exasperada—, iremos nosotras y estoy segura que anónimo se sentirá realmente satisfecho consigo mismo si se da cuenta que tu no vas, no le des en el gusto.

Jade realmente no sabía porqué Tori luchaba tanto para que ella fuese a esa estúpida fiesta, ella realmente no quería ir, no quería ir a ver la cara de Meredith o la de Beck o la de todos aquellos estudiantes que creían que ella era una maldita perra. Porque no lo era y si así lo fuera, a ellos no debía porqué importarle, o hablar de ello, como pasó todo el día.

—No es por eso —susurró la chica de ojos grises—, es solo que no estoy con ganas de ir a una fiesta.

—Pero en cuanto estemos allá te gustará, ¿verdad, Cat? —miró a la chica en cuestión y esperó que ella afirmara lo que había dicho, sin embargo, la pelirroja se mantenía pegada mirando un punto en el vacío, parecía estar recapacitando sobre algo que realmente la tenía bastante acojonada—, Cat —le llamó Tori nuevamente, pero ella parecía no despertar de su ensoñación—, ¡Cat! —gritó.

La chica que se había mantenido en silencio dio un ligero brinco en su puesto, miró primero a Jade y luego pegó sus ojos en su amiga Tori, pestañeó un par de veces y luego como quién no quiere la cosa se rió con suavidad.

—Estaba soñando despierta —murmuró sin dejar de sonreír.

Ambas chicas notaron lo forzosa que era la sonrisa de la pelirroja, sin embargo, ambas se mantuvieron en silencio, sin preguntar nada, escudriñándola minuciosamente, esperando quizá que Cat se volviera nerviosa y dijese qué era lo que estaba ocultando. Porque ambas lo sabían, su amiga estaba ocultando algo.

—Debo irme —anunció Cat entonces, nerviosa por el observatorio de sus dos amigas, se levantó, tomó sus cosas y sin decir nada más además de un escueto "adiós" salió de la casa de su mejor amiga.

Tori y Jade se dirigieron miradas extrañadas, Cat en sí era extraña, sin embargo, en esa ocasión se había comportado demasiado para sus gustos.

*.*.*.*

Se miró al espejo fijamente y se sonrió, aunque supo que era una sonrisa completamente falsa, la borró inmediatamente en su rostro. Se molestó completamente consigo misma al no ser capaz de conseguir una sonrisa convincente, tragó aire y lo botó. Se alisó el vestido morado claro que le llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas, con una cinta blanca alrededor de su cintura con un moño grande adornando su costado.

—Te ves hermosa —susurró una voz detrás de ella.

Se giró para toparse con los grandes y profundos ojos de su madre. Cat siempre se había impresionado de la intensidad que la mirada de su madre tenía, era como un pozo sin fondo pero que tenía diversas cosas en el camino, como si esa profundidad no dejase de expresar sentimientos.

—Gracias mamá —le dijo ella sonriendo con suavidad.

Su madre se acercó a ella y con sus dedos comenzó a arreglarle el cabello pelirrojo con suavidad, ordenando sus risos recién hechos.

—Sin embargo, ese bonito vestido no viene con esa falsa sonrisa Catherine —aseguró la mujer mientras acariciaba su mejillas—, ¿pasa algo malo? —preguntó.

Cat negó con su cabeza.

—Solo que no tengo muchas ganas de ir a la fiesta —contó.

La expresión de su madre se contrajo y acarició con suavidad la mejilla sonrosada de su hija.

—Pues entonces no vayas —le susurró su mamá con una sonrisa.

La pelirroja asintió y volvió a guiar sus ojos oscuros hacia el espejo que le devolvía el reflejo.

Asintió.

—Tienes razón —susurró y volvió a mirar a su madre para sonreírle con confianza—, lo mejor será que no vaya, podré estrenar este vestido en otro momento, ¿verdad?

Su madre asintió y luego de darle un suave beso en la mejilla salió de la habitación dejando sola a la muchacha de cabellos teñidos. Al verse sola Cat suspiró y estiró los dobles de su vestido con suavidad al tiempo que giraba su rostro ligeramente para verse de perfil. Su mamá tenía razón, ¿por qué iría a una fiesta a la cual realmente no quería asistir?

Se sentó en su cama para quitarse los zapatos, sin embargo, su acción se vio interrumpida por el sonido de su celular.

Un mensaje. Su estómago se contrajo.

«Será mejor que te veas preciosa la noche de hoy, jugaremos al "rompecorazones"».

Cat apretó sus labios con fuerzas y sintió su corazón latir en sus oídos, ¿cuándo se acabaría todo esto?

*.*.*.*

Tori bajó con cautela las escaleras de su casa, una a una, su vestido rosa ajustado caía elegantemente hasta las rodillas con un corte que comenzaba un poco más abajo del trasero. Al terminar de bajar las escaleras se arregló su alisado cabello y se lo echó hacia atrás con cuidado. Se acercó hacia la cocina para beber un vaso de agua, sin embargo, se vio atraída por una pequeña cajita cuadrada que estaba encima del mesón de la cocina.

La tomó entre sus manos con cuidado y la estudio antes de abrirlo. Dentro había un hermoso anillo con un diamante incrustado en él.

—¡Oh! —la voz tras su espalda le hizo dar un respingo en su lugar, se giró para toparse de cerca con el rostro del novio de su hermana, quien mantenía una sonrisa encantadora en sus labios—, me alegro que lo hayas tomado tú y no Trina —comentó.

—¿Qué demonios significa esto, Alexander? —exigió saber la media latina.

Él le quitó la caja con el anillo de las manos a la menor de las Vegas y se alejó de ella con lentitud.

—Un anillo de compromiso —respondió.

Tori abrió sus ojos tantos que casi creyó que estos se les podían salir de las orbitas. Miró al muchacho con la boca entra abierta sintiéndose completamente estúpida, luego, poco a poco sus labios fueron curvándose en una sonrisa.

—Debe ser una broma —susurró la morena, incrédula.

Él enarcó una ceja y sonrió.

—¿Por qué lo sería? —preguntó.

—Eres un maldito descarado —le contestó Tori con la mandíbula apretada—, no puedo creer que planees pedirle matrimonio después de lo que le hiciste.

—¿Y qué fue lo que le hice? —su sonrisa se amplió y se acercó un paso a la menor de las Vegas, con suavidad posó la yema de sus dedos sobre los brazos descubiertos de la chica y acarició casi con devoción—, ¿me ayudarías a recordar?

Tori le dio un manotazo para alejarlo de ella y dio un paso hacia atrás.

—Algún día…

—¿Algún día qué? —le cortó Alexander—, ¿le dirás? —su ceja se enarcó y sonrió aún más amplio—, sabes que si le dices algo tú te hundirás incluso más que yo —se relamió los labios y metió la cajita en su bolsillo, se encogió de hombros—. Algunos secretos jamás deben ser revelados, ¿no crees? Pueden hacer mucho daño —Tori tragó saliva pesadamente en su puesto, él sonrió nuevamente y se acercó a la chica con suavidad, besó la mejilla de la media latina y luego susurró cerca de su oído—. Dile a Trina que la espero en el auto. Y silencio, ¿bueno?, no querrás arruinarle a Trina la sorpresa del anillo.

Y sin decir nada más salió por la puerta cerrando suavemente.

Tori sintió sus ojos humedecer mientras miraba un punto en la nada, no debía hacerlo. Su maquillaje podría arruinarse tal y como se le arruinó la noche.

*.*.*.*

Jade se encontraba boca arriba en su habitación para el momento en que su padre entró a su habitación con una bolsa en sus manos. Ella elevó su vista y los pegó en el rostro imperturbable de su padre, enarcó una ceja.

—¿Qué ocurre? —preguntó.

—¿No es hoy la fiesta en Hollywood Arts? —le preguntó.

Jade suspiró y volvió a dejarse caer sobre la cama para mirar el techo con la mente en blanco, sus manos estaban entrelazadas en su estómago y no sentía reales ganas de hablar con nadie, sin embargo, respondió con su siempre tono irónico.

—No sabía que ahora te interesaban los eventos sociales de mi escuela, papá —respondió la chica con suavidad.

Su padre se acercó hacia la cama.

—El tiempo que pasaste lejos me hizo recapacitar, quizás —le contestó con suavidad—, creo que parte de que te hayas ido era porque no te ponía la atención que merecías y porque no apoyaba lo que tú realmente amas.

Jade pegó sus ojos en el rostro de su papá, entre sorprendida y confundida. Su papá le sonrió con suavidad y Jade podía jurar que hasta ahora nunca había visto aquella expresión tan humana en él.

—¿Y ahora quieres reivindicarte? —preguntó entonces ella.

—No lo sé —le dijo y le entregó la bolsa que traía en sus manos—, ¿funciona?

Jade sonrió con suavidad.

—Tal vez.

Abrió la bolsa para encontrarse con un elegante vestido de un gris oscuro, brillante. Sonrió entre divertida y agradecida y pegó su vista en su padre.

—Gracias, papá —lo miró fijo y él le devolvió la sonrisa.

—Ahora vístete que llegarás tarde a ese evento social —le dijo—, quiero ver si fue la elección correcta.

—No mientas —le susurró ella divertida—, este vestido no lo has escogido tú.

Él se encogió de hombros al tiempo que caminaba hacia la puerta para darle privacidad a su hija, antes de salir de la habitación se giró y la miró fijamente.

—Veamos si la elección de mi secretaria fue la correcta entonces —le comentó y de ambos una carcajada se escapó.

Salió de la habitación.

Dios, pensó Jade, mi padre bromeando, jamás lo creí posible.

Se mordió el labio inferior y suspiró. ¿Sería esta una señal de que debía asistir a la gran fiesta de inicio de año?

Fuese lo que fuese, el vestido era muy hermoso como para dejarlo guardado en aquella bolsa.

*.*.*.*

Las luces del lugar lo encandilaban de vez en cuando, la música le parecía tan aburrida y realmente deseaba no estar en aquel lugar. Bebió de su vaso y le dio un largo trago, como si el beber le quitara el aburrimiento que sentía en esos momentos.

La chica a su lado se arregló el cabello como por séptima vez desde que llegaron y luego miró a la casi vacía pista de bailé, apretó el brazo del muchacho con suavidad y lo tironeo hacia la pista de baile.

—Bailemos, Beck —casi exigió Meredith mirándolo fijamente.

Él prefirió no quejarse, aunque realmente no quería bailar aquella música tan lenta. Beck realmente prefería estar en su casa, recostado viendo televisión y bebiendo una cerveza antes que estar en aquella fiesta, sin embargo, no podía negarle a Meredith el venir, se lo debía.

Suspiró hondamente y luego llevó a la chica al medio de la pista.

Posó sus manos en las caderas de la chica de piel morena y comenzó a moverse al acorde la música. Él era un gran bailarín, pero odiaba esas tonadas de música.

Recordaba cuando con Jade asistían a eventos como este siempre se encontraban en algún lugar más apartado, bebiendo y riéndose de las demás parejas, bebiendo alguna bebida y a veces besándose. Pero nunca bailaban.

Y realmente, realmente extrañaba eso.

—Podrías al menos fingir que estás feliz aquí bailando conmigo, ¿no crees? —la voz de su pareja lo trajo nuevamente a la realidad.

Él la miró fijamente por unos segundos hasta que se sintió un tanto observado, elevó su vista y ahí la vio.

Estaba de pie unos escalones más arriba en la entrada a la fiesta, Cat estaba a su lado, observando el lugar nerviosa, mientras ella pegó sus ojos grises en él.

Llevaba un vestido gris strappless que se ajustaba a sus curvas hasta la cadera, ahí caía con vuelo hasta un poco más arriba de las rodillas, tenía unos lindos encajes en la parte delantera que brillaban ligeramente bajo las luces de la fiesta. Su cabello oscuro caía como una cascada rizada por sus hombros, lo tenía ligeramente atado por un lado dejando ver parte de su oreja.

Beck no recordaba otra ocasión en la que se vio más hermosa.

—Mírala —siseó Meredith a su lado, observándola igual que él—, una descarada, eso es lo que es, luego del numerito que realizó ayer tiene la desfachatez de venir a la fiesta.

El chico de piel bronceada pegó sus ojos marrones en ella.

—Jade no…

—No seas ciego, Beck —le dijo entonces ella, enarcando una delgada ceja y separándose ligeramente de él—. ¿Por qué alguien más haría eso?, ¿quién más que ella ganaría algo pegando esas fotografías? Nadie, además de ella. —Él guió su vista nuevamente hacia la chica de vestido gris, quien sonrió ligeramente por algo que Cat le dijo en el momento en que se acercaban a la barra para pedir quizás qué cosa, Meredith volvió a llamar su atención—, no te dejes engañar, sabes perfectamente que Jade no es una blanca paloma. Es posesiva, no soporta la idea que ahora yo esté contigo, te trata como si fueses un objeto de su propiedad, siempre lo ha hecho y tú, ciego o muy estúpido nunca te diste cuenta de eso. Abre los ojos Beck, Jade nunca te amó ni lo hará, solo le gusta lucirte como uno de sus trofeos más brillantes.

Él la miró fijamente a los ojos, en silencio. Se sentía de alguna u otra forma humillado y con una presión en su pecho que no lo estaba dejando respirar bien. Se alejó un paso de la chica y se pasó una mano por su cabello.

—Iré por algo para beber —susurró entonces, alejándose

de ella.

Meredith cruzó sus brazos a la altura de su pecho y contoneó su cuerpo de un lado a otro con suavidad, como si estuviese bailando sola. Sonrió suavemente en su puesto.

*.*.*.*

Entró junto a Dylan con las manos entrelazadas, la fiesta parecía más aburrida que otros años y ella realmente sentía que no debía estar ahí. Sentía su corazón latir velozmente aún en su pecho y sentía algo amargo en su boca.

—¿Te encuentras bien? —preguntó su novio a su lado, mirándola fijamente—, te ves un poco pálida.

Tori asintió levemente y fingió una sonrisa.

—Perfectamente —le susurró al tiempo que se ponía en puntillas y alcanzaba los labios del muchacho de ojos ámbar.

Él sonrió luego de que los labios de la morena se separaron de los de él.

—Mmm, si este es mi premio por preguntar si te encuentras bien, entonces, lo haré más seguido.

La media latina soltó una carcajada y jalando del brazo del muchacho entró a la fiesta. Quería encontrar tanto a Cat como a Jade y contarles lo que vio en la cocina, necesitaba decirle a alguien y sabía que a su novio no se lo podría decir. Lo quería demasiado como para hacerle aquello.

Caminó con suavidad hacia la barra en donde divisó a ambas chicas conversando con trivialidad, la mano de Dylan seguía aferrada a la suya y ella realmente no sabía en cómo "deshacerse" de él por al menos un par de minutos.

—Hola chicas —saludó Tori con una sonrisa en sus labios.

—Ey, ¿cómo estás? —le saludó Jade con una leve sonrisa puesta en sus labios.

—Bien, bien —respondió, tomó con ambas manos el brazo de su novio y le hizo dar un paso hacia adelante—. Este es Dylan, mi novio, Dylan, esta es Jade y ya conocías a Cat.

—Holis —saludó la pelirroja con una sonrisa confiable en su rostro.

Por otro lado Jade miró fijamente al muchacho, como si estuviese estudiándolo, él le devolvió la mirada y sin borrar la sonrisa que anteriormente mantenía en su rostro. Estiró su brazo y Jade se lo estrechó.

—Mucho gusto —respondió la chica.

—El gusto es mío —aseguró Dylan con su sonrisa perfecta que Jade le devolvió.

—Amor —susurró entonces a un lado del muchacho, él la miró fijamente y ambas amigas de Tori pudieron notar el brillo en los ojos del chico al mirar a Tori—, ¿podrías traerme algo para beber, por favor?

Él asintió.

—Por supuesto, vuelvo de inmediato —respondió él.

Sin decir algo más se alejó de las chicas unos metro para pedir algo en el bar, Tori rápidamente se volteó hacia sus amigas y con una mirada les indicó que la siguieran, perdiéndose las tres chicas en la multitud.

—¿Qué pasa? —preguntó Cat nerviosa, Tori pegó su mirada fijamente en ella.

—Alexander, eso pasó —susurró la media latina.

Ambas chicas fruncieron el ceño mirando fijamente a la morena.

—Ese maldito compró un anillo de compromiso para Trina —les contó a ambas en un susurro.

Cat abrió sus labios y se llevó una mano a la boca. Jade enarcó ambas cejas.

—Deberías decirle a Trina… —aseguró Jade con suavidad.

La media latina pegó rápidamente su vista en ella.

—¡No! —medio gritó—, si ella lo supiera, si supiera lo que hice, jamás me lo perdonaría, jamás.

—Pero no puedes dejar que se case con él, es un…Una mala persona —comentó Cat en un suave susurro.

—Lo sé —respondió Tori—, pero no puedo decirlo, chicas, no me lo perdonaría nunca, me odiaría para siempre y no podría soportar la idea de que Trina me odie.

—Pero, a ver —cortó Jade—, Trina recién saldrá este año de la escuela, no creo que se casen apenas salga, además, Alexander no tiene cómo mantenerla, ni nada.

Tori se relamió los labios y asintió con suavidad.

—Sí tienes razón, al menos aún tenemos tiempo —dijo.

—Lo que sí —habló Cat entonces—, debes tener cuidado con anónimo, sabe tu secreto, ¿no?

Ambas chicas la miraron fijamente. Y Tori asintió.

—Sí, ya me ha amenazado con anterioridad.

—Debemos averiguar quién diablos es, no podemos dejar que nos acose, ¿qué vendrá después?, ¿manipularnos? —se quejó Jade.

Cat sintió como un escalofrío recorría su piel. Su teléfono justo en ese preciso instante sonó. Las tres chicas dieron un respingo en sus puestos.

—¿Q-quién es? —preguntó la media latina mirando fijamente a la falsa pelirroja.

Ella sacó su teléfono de entre medio de la cinta que amarraba su vestido y lo observó. Sonrió con suavidad.

—Solo mi madre, quiere que vuelva temprano —respondió.

Las dos chicas suspiraron.

Fue en ese momento en que Dylan llegó justo por detrás de Tori.

—Ey, ¿por qué estás aquí? —preguntó—, ¿algunos secretos que nadie puede conocer?

Las tres chicas rieron en sus puestos nerviosamente.

—Iré a pedir que cambien esta canción, no me gusta y quiero bailar —aseguró Cat y sin decir nada más se alejó de las chicas a saltitos.

Jade se encogió de hombros.

—Yo iré por algo —y se marchó dejando a la pareja solos nuevamente.

—¿Bailemos? —le dijo Tori con suavidad, él asintió al tiempo que alcanzaba sus labios en un suave y casto beso.

*.*.*.*

«"Rompecorazones": 60 dólares cada baile lento que tengas con Robbie».

Su madre.

Oh, me he vuelto una mentirosa, pensó Cat mientras caminaba lentamente hacia la mesa del DJ en donde el chico del afro se encontraba mezclando una mala música que no le agradaba a casi nadie. Apretó su celular contra su cuerpo y suspiró con suavidad al tiempo que se plantaba justo en frente del muchacho.

Robbie sonrió y un ligero rubor cubrió sus mejillas, la miró por sobre sus lentes y con torpeza casi botó uno de los parlantes que estaban a su lado.

Cat sonrió.

—¿Puedo ver qué música hay? —le preguntó como quien no quiere la cosa.

Robbie balbuceó un par de cosas inentendibles y luego asintió casi mecánicamente.

La pelirroja se colocó a un lado del muchacho y comenzó a buscar en la computadora alguna canción que pudiese servirle.

Se sentía como una perra, no había otra palabra que pudiese definirle. Se sentía sucia realmente, pero ya se había metido al juego y no tenía cómo salir. Necesitaba devolverle el dinero a su madre, necesitaba salir de casa de su tía y dejar de ver diariamente a Xavier.

Brand new day.

Perfecto.

Lo miró fijamente al tiempo en que algunas parejas (como Tori y Dylan) salían al escenario para bailar aquel lento.

Cat estiró su mano hacia Robbie con suavidad.

—Baila conmigo —medio obligó.

Robbie no sabía si lo que estaba pasando en aquel momento era un sueño o una realidad, tuvo el impulso de piñizcarse, sin embargo, se controló y con un ligero temblor tomó la mano de la chica quien lo arrastro hacia la pista de baile.

Llevó sus manos hacia la diminuta cintura de la chica al tiempo que ella pasaba sus brazos por su cuello, él la miraba fijamente mientras que Cat miraba hacia cualquier otro lado menos a él. ¿A quién estaría buscando?

—Estás usándome para sacarle celos a alguien más, ¿verdad? —preguntó entonces el nerd.

Cat pegó sus oscuros y grandes ojos en su amigo y sonrió ligeramente.

—No —respondió—, yo no haría eso —aseguró, aunque sabía que mentía, porque aunque no estaba usándolo para sacarle celos a alguien más, lo estaba usando para recibir dinero.

Un pinchazo le cruzó su pecho.

—Perdón Robbie —pidió ella al tiempo que reposaba su cabeza en el pecho del muchacho.

—¿Por qué? —preguntó entonces el chico, sintiendo como una descarga eléctrica recorría su columna vertebral.

Cat se encogió de hombros con suavidad, sin mirarlo.

—Solo perdóname —volvió a pedir.

Robbie tragó aire con dificultad y sonrió levemente, sintiendo el aroma dulzón del cabello de Cat.

—Está bien —respondió, sea lo que sea por lo que pedía perdón, estaba compensándolo con aquel baile.

*.*.*.*

—Espero estés divirtiéndote.

Jade se giró para toparse con los ojos hundidos y oscurecidos de Beck, observó el vaso con algún brebaje en la mano de Beck y se giró en su puesto para mirar hacia el frente, intentando ignorarlo.

—Yo lo estoy pasando muuuuy bien —aseguró él colocándose a un lado de la chica, el olor a alcohol le llenó los orificios nasales junto a su aroma masculino natural—. Fue una buena idea esa la de las fotografías, a mí no se me hubiese ocurrido —comentó como quien no quiere la cosa.

Jade se giró hacia él con los labios apretados y el gesto fruncido.

—¿Qué estás tratando de decirme? —preguntó.

—Oh, vamos, Jade —dijo él contrayendo el rostro en una expresión de dolor—, tú sabes, ¿no? Las fotografías de los dos besándonos, tú fuiste quien las repartió por la escuela, ¿verdad? Confiesa.

—Vete a la mierda —masculló ella con una expresión de profundo dolor mezclado con rabia.

Ella intentó alejarse, de él, sin embargo, el brazo de Beck la detuvo, no la lastimaba pero su agarre era firme.

—¿Por qué lo haces? —preguntó—, ¿lo haces porque quieres jugar conmigo nuevamente?, ¿llegar, enamorarme nuevamente y luego irte y romper mi corazón?, ¿ese es tu juego, Jade?, dime.

La pelinegra sintió como un apretado nudo comenzaba a armarse en su garganta, su pecho se contrajo dolorosamente y su nariz hormigueo.

—No hay ningún juego, Beck —contestó—, tú fuiste el que me dejó ir, tú fuiste quien me dio ese empujón para que me fuera, tú y solamente tú eres el culpable de mi partida, ¿por qué querría volver a enamorarte? ¿Para que me lastimes otra vez? No fuiste el único que terminó con el corazón roto. Ahora suéltame o te juro que gritaré.

Él se quedó de piedra y poco a poco fue soltando el brazo de su ex novia, Jade lo miró fijamente por un par de segundos y luego, sin decir nada más se marchó del lugar a pasos rápidos.

*.*.*.*

Ya era el cuarto baile que Cat tenía con Robbie y parecía que el chico estaba un tanto compungido pero feliz, los demás seguías moviéndose y ya los primeros ebrios comenzaron a caer. Vio a lo lejos a Jade acercarse a ella caminando cabizbaja y abrazando su cuerpo. Frunció el gesto.

—Robbie, ¿quieres esperarme un poco? —le pidió—, volveré en seguida, ¡no bailes con nadie más!

Y se acercó a pasos rápidos hacia su mejor amiga.

Ella la miró fijamente y luego apretó sus labios, Cat sabía que Jade se estaba intentando guardar el llanto.

—Ey, ¿qué pasa? —le preguntó con suavidad.

Jade sacudió su cabeza con suavidad.

—Me iré a casa ahora, ¿te vas conmigo? —preguntó.

Cat miró a Robbie quien aprovechaba para cambiar la canción a una más movida, volvió a mirar a la pelinegra.

—Robbie irá a dejarme a casa luego —respondió.

Jade asintió y se giró para caminar hacia la salida del lugar. Cat la siguió.

—Jade… ¿Qué pasa? —le preguntó cuando al fin pudo hacer que la chica se detuviera, en un lugar en donde ambas se encontraban solas, ya fuera de la fiesta, en los estacionamientos.

—Beck —dio por toda respuesta.

Cat frunció el cejo.

—¿Qué hizo esta vez? —preguntó.

—¿Sabes qué es lo que cree? —le dijo cuando se detuvo finalmente frente a su auto—, cree que fui yo quien pegó las malditas fotografías por toda la escuela, ¡es un idiota!

La boca de Cat se abrió y se cerró como pez fuera del agua, se removió incomoda en su puesto y bajó la vista hacia sus pies. Sentía como si las palabras fuesen ácido que le quemaban las entrañas.

—¿Qué Cat? —preguntó entonces Jade al ver el estado de su amiga—, ¿tú también crees que yo…?

—Fui yo —susurró en voz baja pero no lo suficiente como para que ella no escuchase.

—¿Cómo? —los ojos de la pelinegra se pegaron, llorosos y grandes en el rostro lívido de la falsa pelirroja—, ¿qué has dicho? —volvió a cuestionar, como si necesitase oírlo de nuevo para saber que no oyó mal.

—Yo lo hice —dijo un tanto más alto, elevando su vista para pegarla en el rostro de su mejor amiga—, yo pegué las fotografías.

La pelinegra de ojos grises dio un paso hacia atrás, impresionada, casi shockeada, negó ligeramente con la cabeza y sonrió torcidamente.

—No es cierto —susurró con voz baja mientras una lágrima se escapaba de sus ojos—, ¿cómo pudiste hacerlo tú?

—Fue anónimo, te lo juro —contó—, robó plata de mi madre y ahora está extorsionándome para que haga cosas y así obtener el dinero que…

—No —Jade volvió a negar con su cabeza y abrió la puerta de su auto—, no puedo seguir escuchándote, Cat…

—Jade por favor —rogó la pelirroja caminando hacia el lado del conductor mientras Jade se metía al auto—, debes escucharme, yo no quise…

—¡Pero lo hiciste! —le chilló la chica mirándola fijamente—, me expusiste, yo no te lo hubiese hecho ni por un millón de dólares y todo el mundo cree que fui yo la que lo hizo y tú, en silencio…

—Yo nunca he querido… —tartamudeó la chica con lágrimas en sus ojos.

—No puedo creerlo —susurró la pelinegra y la miró fijamente con rabia en sus ojos—, ahora aléjate de mi auto. Creí que yo era quien le daba en el gusto a anónimo, pero veo que me equivoco, incluso ha encontrado en ti una ayudante, felicidades Cat.

—Jade —susurró la chica con voz temblorosa.

—Aléjate de mi auto —exigió.

Cat le hizo caso y dio unos pasos hacia atrás con ambas manos cayéndole a ambos lados del cuerpo y con sus ojos completamente llorosos. Jade encendió su auto y rápidamente salió del estacionamiento dejando sola a la chica.

Cat sollozó con suavidad en su puesto. Había perdido una amiga.

*.*.*.*

Observó fijamente a Tori y su pareja bailando, riéndose y de vez en cuando besándose. Luego guió sus ojos hacia la pequeña chica que caminaba cabizbaja hacia la mesa del DJ, sonrió enormemente cuando ella extendió su mano hacia Robbie y él se la tendió para volver a la pista y bailar nuevamente.

Pensó seriamente en subirle la oferta, aunque pensándolo mejor no lo haría, porque si era así, la diversión se acabaría muy pronto. Y no podía permitírselo.


Primero que todo lamento tremendamente la demora! Pero tenía otras cosas más que hacer, sin embargo, ya vengo con un nuevo capítulo.

Espero les guste tanto como a mi me gustó escribirlo.

Como siempre agradecerles los review's de cada capítulo y aquí viene el tercero.

Cat es la que más sufre en este capítulo por las amenazas de anónimo, pero ya vendrán más amenazas hacia Tori como Jade.

¿Les gustó el nuevo capítulo?, ¿tienen alguna sospecha de quién puede ser anónimo?, ¿o el asesino o asesina de el detective Darren?, ¿creen que Jade perdonará a Cat?, ¿qué "bando" tomará Tori cuando se entere?, ¿les agrada los personajes OC que cree?

Esperaré sus comentarios.

Saludos y besitos virtuales.

Emilia.