Querida, querida vida mía,

Chiquilla preciosa mi agonía.

Si amar es pecado yo no sé qué hacer en mi alma

Ahora vives solo tú.

AMANTE DE TURNO

CAPITULO # 4

Por. Tatita Andrew.

Ese fin de semana le tocaba verse con Albert, lo extrañaba un montón cuando llego a la casa, Albert estaba de espaldas hablando por teléfono le hizo señas que tomara asiento mientras terminaba su llamada.

En verdad era un hombre hermoso, refinado elegante, el traje hecho a medida no disimulaba la dureza de su espalda, de sus brazos y las caderas que descendían en forma de v.

Maldito sea Terry porque tenía que meterle dudas en la relación hasta ahora no se había planteado el futuro con Albert pero desde que su amigo hablo de esto, no se dejaba de preguntar hasta donde iba su relación con Albert, nunca habían hablado de amor ni nada por el estilo pero debía de sentir algo por ella, sino porque llevaban tanto tiempo juntos.

Sabía que eran de diferentes clases sociales, pero se imaginaba que si el rubio la quería de verdad tal vez eso no le importara para nada.

Termino la llamada y en seguida se acercó hasta donde estaba ella.

-¿Candy? La beso posesivamente no sabes cuánto te he extrañado. Se me hace eterna toda la semana en el trabajo y vengo corriendo los fines de semana para verte, te aseguro que no sé cómo hago para vivir sin sexo durante todo ese tiempo.

Esas palabras le alegraron el corazón y decidió que ese era el momento para preguntar hacia donde iba su relación.

-Si quieres puedo viajar uno de estos días contigo, así pasaremos juntos durante la semana.

-No, Candy, debemos dejar las cosas tal como están, dijo sin dejar de besarle el cuello. Si te tengo cerca no podré concentrarme en el trabajo.

Ella quería creerle pero en el fondo sospechaba que Albert se avergonzaría de ella.

Quiso seguir hablando pero los besos subieron de tono, y después de unos minutos Albert ya la estaba despojando de toda su ropa.

Y se desvestía a la velocidad de un rayo. A punto de penetrarla Albert se levantó bruscamente al recordar algo y busco en la mesita junto a la cama los preservativos.

-Uy, me vuelves loco Candy, haces que pierda la cabeza, rio tontamente imagina que me olvide de esto, no quiero ni pensar en las consecuencias.

Aquello fue una puñalada para el corazón de la pecosa, pero nuevamente al introducirse hasta el fondo en su interior, solo disfruto la felicidad que le producía estar con ese hombre al que amaba más que a nada en el mundo. Entre gemidos y susurros hicieron el amor tan salvajemente así era entre los dos, como estaban tanto tiempo separados cuando estaban juntos era como una explosión de fuegos artificiales que dieron como resultado un potente orgasmo que los sumergió a los dos en la más absoluta dicha.

Albert se sentía tan bien con Candy, no recordaba nunca haber tenido una mujer como ella tan fogosa, tan ardiente nadie lo hacía sentir como ella al hacer el amor, se había vuelto adicto a su cuerpo, pensó que terminaría aburriéndose de ella después de cierto tiempo, como siempre le ocurría con sus amantes pero con ella era todo lo contrario cuanto más estaban juntos más la deseaba.

Quiso abrazarla como siempre después de hacer el amor le gustaba tumbarse junto a ella a hablar tonterías.

De pronto ella se levantó saliendo de su abrazo y sentándose en la cama y empezó a hablar.

-Albert porque dijiste aquello sobre el preservativo sería tan malo tener un hijo conmigo.

Otra vez la preguntadera frunció el ceño Albert, pero que le pasaba a Candy aquella noche de seguro que detrás de todo esto estaba aquel niño con cara de afeminado, el tal Terry amigo de Candy, se notaba a leguas que le gustaba la rubia y estaba tratando de dañar su relación. Y le molestaba que ella empezara lo mismo que las demás mujeres pensaba que estaba feliz al igual que él del rumbo de la relación, por eso le agradaba ella, se conformaba con poco y nunca se mostraba celosa ni posesiva. Pero se imaginó que Candy quería hijos prácticamente cuando venía a su casa se mudaba con klin y si pudiera con todos los animales, no quería herir sus sentimientos pero no quería darle falsas esperanzas de mala gana respondió.

-No pienso tener hijos por ahora Candy.

-¿Te avergüenzas de mí?

-Claro que no.

-Yo se que yo no soy de tu misma clase social, que no te pertenezco a tu mundo pero quiero saber si tenemos futuro juntos.

-Porque estas diciendo tonterías claro que lo tenemos.

-Pero yo quiero más. ¿Piensas tener bebes algún día?

-Claro, algún día cuando me case por supuesto que querré tener hijos.

Todo lo que temía se estaba cumpliendo, primero le había dicho que seria una catástrofe tener un hijo con ella, y luego que nunca pensaba casarse con ella.

-Ahora lo veo todo claro yo solo soy tu amante de fines de semana jamás hemos salido ni me has invitado a ningún sitio.

-Si mas no recuerdo fuiste tú, quien quiso mantener lo nuestro en secreto y ahora estas cambiando las reglas.

-Y por supuesto tu esposa será una mujer de tu misma clase social.

-¿Qué quieres que te diga Candy? Ya estaba molesto –Sí, será con una mujer de mi misma clase social.

-No tenemos ningún futuro juntos.

-He estado contigo mas tiempo que con cualquier amante que haya tenido. Grito molesto.

-Y que gano con esto. Absolutamente nada, esto se termina aquí mismo.

-¿Estas terminándome?

-Sí y por favor no quiero que me busques nunca más.

Albert la miro vestirse y recoger todas sus cosas incluyendo a klin, quería abrazarla y detenerla, pero sabía que era mejor dejarla marchar estaba molesta y el también, ¿Jamás una mujer lo había terminado? Era el quien daba por terminado el romance cuando se aburría, quería que las cosas siguieran como antes, pero igual que todas las mujeres querían mas. Incluso cuando al principio dijo que no.

-Adiós Albert. Dijo cerrando la puerta violentamente tras ella.

Había pasado casi tres semanas desde que Candy lo había terminado, Albert ni siquiera volvía por Lakewood por si acaso, le daba tentación de pasar por la casa de ella, necesitaba verla con alguna excusa. Y se le ocurrió que la mejor forma era llamar a su administrador y que el informara a Candy que le ofrecerían dinero por abandonar la casa que arrendaba, esto la molestaría mucho y de seguro lo iba a buscar.

Para Candy las cosas no iban bien, después de terminar con Albert se había sentido tan tonta, por albergar falsas esperanzas, con respecto a él, desde el principio para Albert solo había sido una mera distracción mientras volvía a su casa. Ni siquiera le gustaba klin.

Después de muchas horas Archie la había convencido para que lo acompañara a una fiesta de la empresa donde trabajaba quería impresionar a su nuevo jefe. A pesar de no estar de ánimos pensó que necesitaba distraerse, cuando al fin convenció a Archie para regresar era muy tarde y le pidió quedarse en su casa, ella no le quedo remedio que aceptar le dio su cama y ella dormiría en el sofá, ya que este era muy pequeño para alguien como él.

Albert decidió ir a dar una vuelta a caballo para sacar a aquella mujer de su cabeza, nunca le había pasado esto, estaba obsesionado con Candy, y ella no había aparecido todavía, sin darse cuenta estaba en frente de su casa, y para su rabia conocía ese carro muy bien, era de aquel canalla, y estaba aparcado en su casa, era demasiado temprano para suponer que recién llegaba de visitas había pasado la noche allí, poseído por los celos fue hasta la puerta.

-¿Quién hace ese ruido? Gritaba Archie desde la alcohoba, Candy todavía soñolienta y en ropa de dormir se levanto del sofá, alguien tocaba en la puerta como queriendo romperla.- Iré a ver.

-No, espera puede ser a mi, quede de ir a jugar golf con mi jefe.

Al abrir la puerta no podía creer lo que veían sus ojos allí estaba Albert después de tantas semanas sin saber de él, la mirada recorrió su cuerpo de arriba abajo, y luego paso a Archie.

-No me imagine que fueras a cambiarme tan rápido. Dijo molesto y apretando los dientes.

Trato de calmarse para no provocar nada.

-Eso a ti no te importa, ya no tenemos nada.

-Eres una…

-Cuidado con lo que dices Andrew, a Candy la respetas.

-No es necesario Archie por favor.

-No voy a dejar que te ofenda en mi cara.

-No es necesario, yo no voy a pelear por ninguna ramera. Dijo Albert

Y sin decir más Archie le dio un puñetazo en el rostro.

-Retira lo dicho.

Albert también golpeo a Archie en el estomago, y Candy tuvo que meterse.

-Deténganse ustedes dos ahora mismo.

Luego sonó el celular de Archie, y contesto.

-Tengo que irme Candy, me acaban de llamar salió corriendo y se subió a su auto, volándole un beso mientras le decía te llamare a contar todo.

-Gran amante el tuyo, se va en medio de una pelea.

-¿Qué quieres Albert? Márchate.

No supo porque estaba poseído, pero odiaba el hecho de saber, que había significado tan poco para ella que se había acostado con otro apenas unas semanas después, sin decir más se adentro en la casa y cerro la puerta a su espalda.

-¿Qué haces? Dijo Candy nerviosa Albert se acerco a ella como un león a su presa.

-No, creo que me hayas olvidado tan pronto, no después de todo el tiempo que pasamos juntos, y creo que tendré que recordártelo.

Sin decir más la beso salvajemente, mientras la tomaba contra la pared.

-Esto no esta bien. Dijo Candy cuando puedo respirar. Rindiéndose a sus brazos.

La tocaba por todos lados subió una de sus piernas en su cadera y la frotaba contra su protuberancia para que sintiera lo excitado que estaba.

Mientras frotaba su clítoris muy fuerte y tan rápido que el orgasmo la domino por completo.

Aun temblando la tomo en brazos, y la llevo hasta la habitación en donde sin decir ni una sola palabra la embistió llenándola por completo.

Pronunciaba su nombre, y gemía mientras alzaba las caderas y se volvía a introducir nuevamente con más fuerza. Ella se agarro de sus hombros mientras Albert coloco sus piernas encima de sus hombros para penetrarla más profundamente. Hasta alcanzar el orgasmo juntos como nunca antes lo habían sentido.

Cuando todo había terminado y sus respiraciones se normalizaron Albert se levanto y se dirigió al baño, ya no hubo caricias, ni abrazos después de hacer el amor. ¿Cómo había permitido que le volviera a hacer esto? Se preguntaba Candy avergonzada.

Y por la cara que tenía Albert cuando salió del baño, se dio cuenta que estaba arrepentido de lo que había sucedido.

-Lo siento dijo sin mirarla.

-¿Qué sientes?

-Lamento que esto haya sucedido, no volverá a pasar otra vez, y te aseguro que esta vez es verdad, nunca busco a una amante después que se termino la relación.

Candy no supo como pudo seguir de pie, sin desmayarse antes soportando las palabras hirientes que le decía Albert. Ya nada quedaba del hombre que se había enamorado.

-Solo quiero que sepas que Archie es solo un amigo, que no ha pasado nada entre nosotros.

-Ya no me interesa, hasta nunca Candy.

Cuando salió de la casa Albert monto en su caballo, y cabalgo tan rápido como pudo, acaso él era ciego, claramente había notado la cama desarreglada, y la corbata de Archie tiradas en el suelo de su habitación. Como había podido hacerle el amor a Candy cuando se había acostado con otro hombre horas antes. Se iba a olvida de ella, se dijo así mismo ya era hora de que pensara en sentar cabeza y buscarse una mujer para casarse, así se olvidaría de aquella para siempre.

Varios días después Candy supo, que no podía seguir viviendo allí, el administrador de Albert le había comunicado que debido a que no había pagado la renta en el ultimo año tenía que abandonar la casa, y pagar toda la deuda, como pudo dejarse convencer por él, cuando le dijo que la casa la pagaba, ella quiso en varias ocasiones devolverle el dinero pero había sido inútil era lógico que ahora quisiera deshacerse de ella. Pero si se iba lo antes posible la deuda quedaría saldada.

Llamo a una de sus mejores amigas. Patricia O'brien quien se había casado con un hobre que era rico, después de contarle la situación sin dar muchos detalles, ella le dijo que sería bienvenida a vivir con ella, fue un gran alivio, escuchar eso, pero se dijo que no se iría de allí, antes de decirle en la cara a Albert lo que pensaba de él.

CONTINUARÁ….

Próximo el fin de semana saludos a todas ya casi a mitad de enero…