Hola, hola~

Por fin he vuelto con un nuevo cap de este fic que espero les agrade, no interrumpo más~

Los personajes no me pertenecen sino a su respectiva autora que ya tiene Instagram (Hoshino1000) *w*


Capítulo IV -Sentimientos a flor de piel

Los días habían pasado con gran lentitud, o eso sentía el nipón desde que el molesto pellirrojo había invadido su casa, pero a pesar de ello no era tan malo.

-¡Baja tus sucias patas del sillón! -le gritó con enfado.

-Moo Yuu, deja de gritarme, solo debes pedirlo -estaba sentado sobre el mueble con los pies encima y abrazándose las piernas que estaban flexionadas mientras veía la televisión.

-Tsk -chasquea la lengua y toma a Mugen del mango.

Baja de manera veloz los pies al ver que se disponía a desenfundar su espada- ¡ya las baje, ya las baje! -chilla con cierto miedo.

-Recuerda que estás en mi casa -se sienta a su lado.

-Y debo respetar las costumbres y reglas que tengas -repite en tono monótono- sí, ya lo sé, lo has estado repitiendo desde hace veinte días.

-Pues no parece que lo entiendas -mirando al televisor pero sin poner atención realmente.

-... Lo siento Yuu, procuraré acatar tu órdenes -dice en voz baja, sintiéndose mal por ser un inconveniente para el chico, pero tenía razón, era un invitado y debía comportarse. Tuvo la amabilidad de recibirle cuando no tenía ningún lugar a donde ir.

-Che -se pone de pie y apaga el aparato- terminemos los deberes, no entiendo unas cosas.

-De acuerdo~ -sonríe y va tras él.

Realizaban las labores en la alcoba del pelilargo.

-Usagi -le llamó mientras señalaba un parte en su cuaderno sin mirarle.

-Espera un poco -terminó de escribir y leyó a donde le señalaba- ¿recuerdas el problema de ayer de la incógnita doble?

-Mm... si -contestando con algo de duda.

-Es el mismo procedimiento, ¿cuál sería "y"?

El nipón lo piensa un poco y señala de nuevo sobre la hoja con el lápiz.

-Así es, sería ese.

Sin decir nada más continúa con la tarea, Lavi hace lo mismo al verle trabajar.

-Quiero soba especial -comenta serio mientras guarda los cuadernos en la mochila.

-Está bien -contesta alegre, le gustaba cocinar para el nipón- pero debo ir a comprar las cosas.

-Pues no tardes, ya tengo hambre -se va a recostar a la cama.

Se acerca al chico y lo remueve un poco por el hombro- acompáñame Yuu, no me dejes solito.

-Deja de molestar Usagi y vete ya, quiero descansar de ti un rato.

-Yuu es tan malo -finge que llora, cubriéndose el rostro con una mano.

-Ya que soy tan malo vete de una vez -le mira con enfado, girando un poco el rostro pero sin dejar de estar recostado.

El pelirrojo hace pucheros- pues ya me voy -le suelta y se marcha con cierta molestia.

-Tsk -observó cómo se marchaba el pelirrojo- baka Usagi -le dio la espalda a la puerta una vez la cerró tras de sí y se acurrucó para dormir un rato.

Lavi caminaba feliz hacía la tienda para comprar todo lo necesario para la cena, cuando llegó tomó una canasta y buscó los ingredientes que le hacían falta.

-Lo siento -ríe un poco cuando al querer tomar una caja de galletas coloca su mano sobre la de alguien más que planeaba sujetarla al mismo tiempo que él. Cuando miró a la otra persona el color se le fue del rostro.

-De-descuida Aniki -pronuncia bajo el pequeño peliblanco sin posar la vista en él.

El mayor sintió el impulso de abrazarlo pero se esforzó demasiado para evitarlo- hola Allen -le saludó, estaba impactado por encontrarle de esa manera pero también estaba muy contento de verle de nuevo. No se habían encontrado ni una sola vez en la escuela desde que dejó la casa, por órdenes de su abuelo.

-Hola Aniki -no se atrevía a mirarle, estaba muy nervioso.

-¿Has estado bien? ¿Cómo está Jiji? –intentando hacerle algo de plática.

-Bien, el abuelo ha estado trabajando, todo normal -pasándose la mano por el cuello, se sentía algo incómodo.

-Ya veo -finge una sonrisa- bueno, te dejo, debo llegar a hacer la comida o Yuu se enfadará, adiós Allen.

El albino solo le miró marcharse sin decir ni una palabra.

Caminó de regreso a casa con calma, al llegar se lavó las manos y colocó un delantal, preparó la cena y dejó la mesa lista para cuando Yuu quisiera comer. Rebuscó en la alacena y sacó una gran botella, se dirigió al cuarto y se encerró.

El ojiazul despertó con pereza, extrañado de no haber sido molestado por el pelirrojo, se levantó y salió con lentitud de la alcoba, todo estaba demasiado silencioso para su gusto. Caminó hacía la cocina, al ver la mesa y la comida listas pero ningún rastro del Usagi se preocupó. Le buscó en todos lados, el único lugar que faltaba era la alcoba que le había ofrecido.

Tocó con suavidad pero no hubo respuesta, lo intentó de nuevo con más fuerza y obtuvo lo mismo, agudizó el oído pero no escuchó nada, al girar el pomo de la puerta para poder entrar no pudo lograrlo ya que el seguro estaba puesto.

-Oi, Usagi baka, ¡abre de una vez! -ordenó con molestia, golpeando con más fuerza la madera ante él.

Los minutos pasaron y no sucedía nada por lo que fue a buscar las llaves.

-¿Por qué demonios hago esto? -se recriminaba mentalmente mientras buscaba la llave y maldecía entre murmullos. Cuando la encontró fue de inmediato a abrir la puerta, al lograrlo no supo qué pensar y se quedó de pie observando la escena: el pelirrojo yacía en el suelo con una gran botella de sake que se supone debería estar resguardada y no ser tocada por nadie; tenía la mirada perdida y su rostro estaba sonrojado.

-Usagi -le habló de manera seria y firme pero el chico ni se inmutó. Suspiró con cansancio y tomó la botella ya vacía que seguía sosteniendo y la colocó a un lado. Lavi le miró de soslayo sin mucho interés- será mejor que duermas y no causes más problemas -tomo su brazo e hizo que le rodeara el cuello para poder cargarle, todo sería más fácil si el Usagi no fuera un peso muerto, lo que le dificultaba un poco el mantenerse en pie con él.

-Yuu -susurró cerca de su oído de manera suave.

-¿¡Pero qué!? -se sorprendió por eso provocando que perdiera el equilibrio, cayendo de espalda en la cama con el ojiesmeralda sobre él.

Ninguno de los dos se movió de sus posiciones

-No estoy... tan pesado -dice arrastrando las palabras, intentando levantarse pero estaba demasiado ebrio por lo que se solo se removía sobre el cuerpo contrario.

-Oí, estate quieto, deja de hacer eso -se queja, le sujeta de los hombros para que deje de moverse, con un ligero sonrojo en las mejillas.

-¿Qué? -le mira a los ojos y ríe suavemente- Yuu… hola Yuu -acaricia su mejilla.

Se tensa al sentir el gesto y la cercanía de su rostro.

-Quítate conejo -pronuncia entre dientes, frunciendo el ceño.

-Pero Yuu~ -se pone meloso, frotando la mejilla contra la de él, al intentar acomodarse para hacerlo recarga un poco la pierna sobre la entrepierna de su compañero.

-Ngh… -se sobresaltó- ¡quítate de una vez! -alzó la voz con furia.

El pelirrojo se ríe un poco y se queda quieto sobre él- Yuu~ … Yuu~ -repetía feliz su nombre de manera cantarina, estando muy cerca de su rostro, rosando con los labios su mejilla.

-Eres un baka Usagi -le mira fijo, acariciando su cabello con suavidad.

De manera inconsciente se pegaba contra su mano para sentir más el mimo, cerrando su ojo visible al disfrutar de el.

No supo qué fue lo que sucedió ni en qué momento pero cuando se dio cuenta ya estaba probando los labios del pelirrojo el cual le correspondía con cierta torpeza debido al alcohol, sin embargo no le importó, cerró los ojos y disfrutó del sabor del joven mezclado con el del licor que era predominante.

Las manos del ojiesmeralda comenzaron a recorrer el cuerpo bajo él, colándose bajo la ropa sin dejar de besarle. Cuando el nipón se separó para tomar aire, aprovechó para devorar su cuello.

-¡O-oi! Baka Usagi -intentó reprenderle pero la voz no le salió con su habitual tono molesto.

Los dedos siguieron recorriendo la blanca piel hasta rozar uno de los pezones, provocando el estremecimiento del contrario, acompañado de un suave suspiro, lo que puso en alerta al peliazul.

-Ya quítate de encima -habló bajo, intentando contenerse ante las sensaciones que comenzaban a recorrer su cuerpo.

Ante esto se separó de su cuerpo lo suficiente para mirarlo de frente de manera fija, las orbes azules miraron ese rostro que tanto le gustaba, la hermosa orbe esmeralda estaba empañada con un velo de tristeza y otras emociones que no supo identificar ni había visto con anterioridad con tanta intensidad hasta le fecha.

-Baka -estiró los brazos para poder atraerlo y besarle con demanda.

Poco a poco las prendas fueron siendo retiradas con lentitud, los cuerpos se exploraron sin pudor alguno, la habitación se fue llenando con los suspiros que emanaban de los cuerpos.

-Yuu -susurra con suavidad en su oído mientras acariciaba su miembro.

-Aaah... no me llames… por mi nombre… baka Usagi -acariciaba su espalda, con el ceño fruncido ligeramente.

-Hazlo tú mismo -tomó una de sus manos y la llevó a su propio miembro, el peliazul abrió con sorpresa los ojos- hazlo -le susurró de manera sensual para después lamer su oído. Chasqueó la lengua pero lo hizo, poco a poco se masturbaba, la piel se le erizó al sentir la humedad de la lengua ajena.

Mientras el otro se complacía observó su rostro y acarició su cadera, descendiendo hasta sus piernas y después dirigiéndose a su entrada, acariciándola con suavidad. Ante esto el peliazul se estremeció y jadeó bajo, ese simple roce lo hizo excitarse, después de imaginarlo tantas veces, que por fin estuviera sucediendo era mucho mejor.

Primero un dedo fue el que entró para dilatar la entrada, otro más le hizo compañía hasta que fueron tres los que salían y entraban en un ritmo definido, provocando sensuales gemidos salir del cuerpo bajo él.

-Aaah… Usagi… deja de jugar -le reclamó.

Rió un poco ante su impaciencia pero él estaba igual, quería proseguir con lo que estaban haciendo. Se acomodó entre sus piernas, guiando con su mano su miembro, frotando la punta de manera provocativa.

Contuvo la respiración cuando le sintió por un momento y le atrajo al rodearle el cuello con los brazos para besarle, Lavi correspondió el beso, penetrándole poco a poco. No pudo resistirlo y se separó para quejarse, sin importar lo despacio que lo estuviera haciendo dolía demasiado.

-Maldito Usagi… date prisa… -le enterró las uñas en uno de los hombros- ¡Aaah! -gritó cuando le sintió dentro de una sola estocada- maldito -cerró los ojos con fuerza.

Comenzó a moverse dentro de él mientras devoraba su cuello, para distraerle un poco. Conforme los minutos pasaban el placer los invadía a ambos, dejándose llevar por el momento. El pelirrojo acarició el miembro del otro, acariciándolo al ritmo de sus embestidas.

Los gemidos eran más intensos, las estocadas más fuertes y el pensamiento de que no era correcto también cruzaba por la mente de ambos de manera vaga sin embargo el éxtasis estaba por llegar por lo que todo era difuso y confuso pero sus cuerpos deseaban proseguir hasta el maravilloso final.

Salió con cuidado de él después de que ambos se corrieron, recostándose al lado del nipón. Las respiraciones eran agitadas, calmándose poco a poco con el transcurso de los minutos. El pelirrojo se quedó dormido pronto.

-Allen… -susurró en sueños.

Sintió como si le apuñalaran el corazón al escuchar ese nombre en ese preciso instante, después de lo que habían hecho, aunque después de todo no se podía quejar o reclamarle, ellos no eran nada y lo sucedido puede entenderse simplemente por el exceso del alcohol. Decidió ya no pensar y se acercó al pelirrojo para abrazarlo quien de manera inconsciente le correspondió, acurrucándose contra él. Pronto el peliazul sucumbió ante los brazos de Morfeo.

-¿Estarás bien solo?

-Claro que sí abuelo, descuida, ya antes lo he estado.

-Te habías quedado con Lavi, Allen, esto es diferente, él ya no está aquí y dejarte me pone intranquilo.

-Solo será una semana, estaré bien -le dice con una sonrisa para calmarle.

El mayor suspira y lo medita un poco- de acuerdo, confío en ti, eres un chico muy responsable pero cualquier emergencia llámame o a Komui.

-Lo haré abuelo -sonriendo con un poco de nervios, el hermano de la peliverde no era su primer opción a llamar en un incidente.

El menor abraza al anciano y se despide de él, la sonrisa se borró de sus labios cuando su abuelo ya no estaba en casa. No quería preocuparlo por lo que siempre fingía un alegre gesto el cual era muy creíble para muchos.

Habían transcurrido un par de días desde que su hermano se marchó, nunca habían estado separados por tanto tiempo.

La compañía de su abuelo lo distraía un poco pero ahora que estaba completamente solo las cosas serían diferentes.

Por primera vez desde ese día en que le vio partir se dirigió al cuarto del pelirrojo. Abrió la puerta despacio, observando todo antes de entrar con cautela como si quisiera evitar molestar a alguien con su presencia. Recorrió toda la habitación observando los libros, la guitarra colgada en el rincón, cada pertenencia hasta que llegó a la cama y se recostó en ella.

-Te extraño Aniki… -dijo en voz baja, quedándose dormido a los pocos minutos.

El sonido del timbre siendo tocado insistentemente lo despertó, después de unos instantes se puso de pie para ir a abrir la puerta.

-¿Allen por qué tardaste tanto? Ya me tenías preocupada -le reprendió la peliverde.

-Lo siento Lena, es que me quedé dormido, por eso no te había escuchado, ¿llevas mucho esperando? -contesta mientras se frota el ojo y da un pequeño bostezo.

-No mucho, tranquilo -le sonríe.

El albino le da el espacio para que pueda pasar.

-Tu abuelo le dijo a Nii-san que se iría de viaje y como lo notó preocupado decidí venir a visitarte para hacerte compañía -dice antes de que el menor pueda cuestionarle su presencia.

-No es necesario Lena, estoy bien, el abuelo se acaba de ir, no es como si fuera a colapsar por ello, ya antes ha salido de viaje.

-Lo sé, aunque eso mismo pensé cuando mi hermano se fue la primera vez de viaje, solo fueron dos días pero me sentí completamente sola por lo que te ayudaré con eso -le sonríe- así que ya no pongas más peros.

El chico suspira cansino, sabía lo terca que era la peliverde y jamás le ganaría.

-¿Te apetece un poco de té Lena?

-Claro, me encantaría.

Ambos fueron a la cocina a preparar la bebida y unos refrigerios. Estuvieron juntos hasta el atardecer, el joven llevó a la peliverde a su casa y de regreso se paseó por un convivi para comprar unas golosinas, tenía antojos de dulces, comerlos siempre le subía el ánimo.

Después de elegir lo que quería fue al pasillo de las bebidas, reconoció de inmediato al chico a unos pasos de él, Yuu Kanda, el amigo de su hermano.

El nipón al sentir la mirada de alguien sobre su persona giró la cabeza para saber de quien se trataba, en cuanto vio al albino su ceño se frunció de sobremanera, asustando un poco al pequeño.

La furia le invadió y nubló su pensamiento por lo que no midió las consecuencias de sus siguientes actos. Se acercó al menor, intimidándole un poco.

-No te acerques de nuevo al baka Usagi -le ordenó de manera firme.

Esto le tomó un par de segundos al más bajo de entender antes de reaccionar.

-¿Qué? Es mi Aniki así que le veré cuando se me dé la gana Bakanda -enfrentando al contrario ya sin temor alguno.

-Tu -un tic aparece en su ojo izquierdo al escuchar el mote y que se haya atrevido a contestarle de tal manera, no hablaba demasiado con el menor y Lavi siempre estaba presente por lo que no habían tenido confrontaciones directas- aléjate de mí Usagi -dice con posesividad.

-¿Disculpa? -le contesta con sorna- el que sea tu amigo no lo hace de tu propiedad -se cruza de brazos frente a él, parecían salir chispas de la mirada de los dos.

Sonríe de lado, de manera confiada- Lavi y yo somos más unidos de lo que crees -utilizando por primera vez el nombre del pelirrojo; se baja un poco la camisa que llevaba mostrando las marcas que el ojiesmeralda le había dejado en el cuello la noche anterior.

-¡Eso no es cierto! -Allen contesta con enfado, no podía creerlo, su hermano no pudo haberlo hecho, era imposible. Negaba suavemente con la cabeza sin dejar de ver su piel.

-No vuelvas a meterte con mi novio -le ordena de forma imponente- solo le causas problemas, Lavi es feliz viviendo conmigo y así nos quedaremos, iré por sus cosas en la semana ya que no quiere verte, de lo contrario ya hubiera ido a visitarles, ¿no es así? -plantando duda en el menor- habla ocasionalmente con Bookman pero jamás ha pedido contigo, date cuenta de una vez por todas que solo eres un incordio para él -le miraba con desprecio, detestaba al albino porque el pelirrojo le quería demasiado y siempre hablaba del menor sin parar.

Pequeñas lágrimas corrieron por las níveas mejillas, dejó las cosas que había comprado a un lado y salió corriendo de la tienda, pensando en las palabras ajenas. Era cierto, Lavi no le había ido a ver ni llamado en ningún momento, incluso en la escuela parecía evitarlo porque no lo veía y antes era común que almorzaran juntos, había escuchado al abuelo hablar con Lavi hace poco y si le hubiese mandado saludos el mayor se lo hubiera dicho sin problema alguno. El llanto nublaba su vista, para cuando llegó a casa estaba destrozado, la cabeza le dolía horrores, quería deshacerse de todo y poder liberarse de la punzada que sentía en el corazón. Se encerró en su cuarto, quedándose dormido después varios minutos, agotado por el llanto.

-¡Allen, Allen! -la puerta era tocada con gran insistencia y fuerza- ¡ALLEN! -gritó con desesperación, llevaba más de media hora en la entrada de la casa y nadie respondía. Rodeó la casa en busca de la entrada que el pelirrojo les había enseñado hace un par de años cuando en una ocasión olvidaron las llaves de la casa y Bookman estaba de viaje, divisando una pequeña ranura en la puerta del sótano la cual estaba camuflada con la vegetación del patio trasero, con algo de esfuerzo terminó de abrir bien la puerta y entró por ella. Recorrió la planta baja en busca del menor, todo se veía tranquilo, subió por las escaleras yendo a la alcoba del albino, se horrorizó al verla hecha un desastre: las cosas estaban tiradas y otras tantas rotas, la ropa estaba fuera de los cajones regada por el suelo.

Asustada y temiendo lo peor llamó de inmediato a su hermano.

-¡Nii-san, Allen no está, no sé qué ocurrió, debemos llamar a la policía! -en cuanto el mayor le contestó comenzó a hablar con rapidez.

-Lena, espera, no te entiendo, ve más despacio, ¿en dónde te encuentras? -le habla con voz serena, intentando calmar a su hermana.

Después de varios minutos en los que hablaron y Komui entendió la situación le pidió a la joven que fuese a casa de Kanda, Lavi se encontraba ahí y era mucho más fácil y rápido recurrir a él que al abuelo debido a las circunstancias; a pesar de la diferencia y la problemática que hubiese, seguían siendo familia. El mayor estaba enterado de la actual situación de los hermanos, era de las pocas personas que se habían ganado la entera confianza de Bookman.

No esperando más, en cuanto se tranquilizó un poco y colgó el móvil, la peliverde salió corriendo a casa del nipón en busca de Lavi.

Posterior a su encuentro con el albino, Kanda regresó a su casa con normalidad, no iba a dejarle el camino tan fácil al menor, después de todo llevaba un par de años consciente de lo que sentía por el pelirrojo pero jamás se había atrevido a decir nada, primero por miedo a ser rechazado y segundo porque no quería perder su extraña amistad si las cosas no funcionaban, pero ya no se contendría más, ya habían sobrepasado los límites de las amistad y aunque esto haya sido por culpa del alcohol y la depresión del conejo no pensaba dar marcha atrás, muy bien él podría ser quien hiciera feliz al chico y no ese peliblanco.

Al llegar a casa comenzó a preparar la comida. Cuando escuchó pasos se puso tenso, no había visto al ojiesmeralda desde que se levantó temprano de la cama, sonrojándose ligeramente.

-Yuu ¿tienes algo para la resaca? -se acercó con lentitud mientras se sujetaba un costado de la cabeza con una mano, la jaqueca era fuerte.

-No debiste tomarte toda la botella estúpido Usagi, ese sake es uno de los más fuertes -regresando a su habitual actitud después de respirar profundamente- ese será tu castigo por tomar aquello que no es tuyo -le mira y sonríe con malicia.

-Vamos Yuu, no seas malo, realmente me duele -le mira con lagrimones- no era mi intención -desvía la mirada, la cual reflejaba tristeza.

-… Espera -dijo bajo, no se pudo resistir a ese gesto de desolación en su rostro.

Terminó la comida y comenzó a preparar un menjurje con varios ingredientes. Lavi le miró con hastío, el olor no era fuerte pero sí desagradable.

-¿Haces una cura o piensas matarme con eso Yuu? -pregunta con el rostro un poco azul debido a las náuseas.

-Es lo que me pediste -llena un gran vaso con la grumosa y espesa bebida, poniéndosela frente a él- te lo tomas todo o te lo meto con un embudo -se cruzó de brazos y le miró con maldad. El pelirrojo juraba que veía un aura oscura salir del cuerpo de su amigo.

-Pero Yuu -mira con cierto miedo y con lagrimones el vaso mientras se tapaba la nariz con una mano.

-Nada de peros, te doy cinco minutos o te obligaré -consultó el reloj de la pared.

Sudó frío ante eso, el nipón jamás bromeaba, si antes ya le había obligado a hacer otro tipo de cosas, estaba seguro que hoy no sería la excepción. Respiró profundo y tomó el cristal, entre más rápido terminara mejor… o eso creía. Se empinó el vaso y tomo el contenido de una sola vez, era asqueroso y quería devolverlo pero se esforzó en beber hasta ver el fondo del recipiente.

-Puaj, que asco -sus muecas de desagrado eran exageradas- moriré, y te vendré a jalar las patas cuando eso suceda Yuu ¡arg! asco, asco -se quejó por varios minutos y tomó agua simple. Mascó varios chicles al mismo tiempo para poder quitarse el sabor.

-Ya deja de ser tan dramático -le regañó, fastidiado por sus berrinches- vete a recostar en lo que hace efecto, después comerás un poco, eso te ayudará.

-Ha-hai -bajó los hombros y se fue deprimido al sillón a descansar, se sentía malito y nadie lo mimaba.

La imagen de Allen cuidándole las pocas veces que se enfermó cruzó su mente mientras se recostaba en el sillón, sus mimos, su sonrisa, su voz. Suspiró con pesadez y se cubrió los ojos con el antebrazo, añorando un pasado que no volvería por más que lo deseara.

-Usagi, despierta -removía con suavidad su hombro para despertarlo, llevaba más de una hora dormido.

-Allen -susurró y se apartó el brazo, veía borroso la silueta ante él.

-La comida está lista -dijo en tono severo, frunciendo el entrecejo al escuchar de nuevo ese maldito nombre salir de los labios de su amado.

Tardó un poco en volver a su actual realidad y al ver al nipón esbozó un amago de sonrisa- Yuu.

-Yuu nada -frunció el ceño, ya había sido suficiente de esto. Se subió sobre el pelirrojo haciendo que el otro notoriamente se quedara con la boca abierta y se inclinó sobre su rostro para besarle

Lavi estaba anonadado, ¿en serio ese era su amigo Yuu? ¿era el nipón que a cada momento le amenazaba de muerte? no podía reaccionar, había entrado en shock.

-Ngh -entrecerró el ojo al sentir un apretón sobre su miembro lo que le volvió a la realidad, le tomó por los hombros y le separó- Yuu, pero ¿qué estás haciendo? -la sorpresa podía notarse en su voz y la manera en que le miraba.

-Lo mismo que hicimos la otra noche -estaba enfadado y dolido, le estaba rechazando desde el principio, por lo que le miraba con rencor.

-¿La otra noche? -se pregunta con debilidad- entonces eso significa... Yuu, me estás diciendo que… -no pudo terminar la oración.

-¡Sí! lo hicimos, tuvimos sexo -comienza a mover las caderas contra su pelvis, suspirando al recordar lo que hicieron- me lo hiciste con tanta fuerza Usagi, hagámoslo de nuevo -se acerca a su cuello y lo lame- lo disfrutamos tanto -habla contra de su piel.

-Espera Yuu -las imágenes pasaban borrosas, resquicios de lo que creyó había sido un sueño fue solo la realidad de sus actos nublados por el licor.

-Usagi -lamió sus labios y le besó, tomó una de sus manos para colocarla sobre su trasero, frotándose con más fuerza, lo provocaría, haría cualquier cosa con tal de llamar su atención.

-Ngh... Yuu -se resistía como podía pero estaba reaccionando a sus acciones, eran demasiado directas como para evitarlo, apretó su trasero y el nipón suspiró con más fuerza sobre sus labios.

El nipón aprovechó esto para explorar la cavidad del mayor, jugando con su lengua.

Los fuertes golpes en la puerta de entrada sobresaltaron a ambos.

-¡Kanda! ¡Lavi! -los gritos de su amiga de la infancia eran altos y se escuchaba alterada. Los chicos se miraron entre sí, sabían que algo pasaba por lo que se separaron y pusieron de pie, yendo en dirección a la puerta mientras se acomodaban la ropa en el trayecto.

-Lena ¿qué es lo que sucede? -fue el dueño de la casa quien atendió- Kanda, Lavi, esto es terrible, ¡Allen no está!, su habitación está deshecha… -comenzó a llorar y la voz se le quebró.

El chico del parche palideció y sin pensarlo salió corriendo en busca de su hermano, si algo le pasaba a Allen jamás se lo perdonaría.

Continuará...


Se me hizo algo corto, pero con lo que ocurrió se me hizo suficiente, espero poder publicar más seguido QwQ

Gracias por leer el cap y seguir este fic

Nos vemos en otra ocasión~