Disclaimer: Los siguientes personajes no me pertenecen. Salieron de la enorme imaginación de Rumiko Takahashi.
||LA BRUJA DEL ESPEJO||
SesshomaruxKagura
-1-
El sirviente corrió deprisa para no hacer enfadar a su amo por su atrasada labor. De piel verde y un báculo con dos enigmáticas cabezas en la parte superior, intentaba no tropezar con las rocas y arbustos a su camino. Ese bosque era especialmente frondoso, sin contar el peligro que lo hacía leyenda. Se decía que estaba lleno de demonios y espíritus que se aprovechaban de la primera posible víctima que aparecía. Tal dato no parecía incomodar o asustar al pequeño youkai de apariencia similar a un sapo. Le asustaba más no llegar a tiempo con su respetable señor.
El bosque, asechado de presencias aterradoras, parecía cobrar vida mientras él corría como alma que lleva el diablo. Entre más intentaba salir, los árboles se mecían como intentando advertirlo de un peligro. Hasta juraba escuchar que susurraban. En un golpe de desesperación, comprensible para cualquiera, giró sobre si y usó su báculo, donde una de las cabezas abrió la boca sin esperar una señal de su portador y el fuego se hizo presente, atacando a la nada.
Nada en el bosque, sólo los árboles que no se cansaban de mecerse promoviendo más un tétrico ambiente, que se colaba en los huesos del incauto sapo. El youkai respiró profundo y siguió corriendo.
La luz le mostraba que al final salió de tan extraño punto del mundo, pero no acababa su misión ahí.
Fuera del bosque, un dragón de dos cabezas lo esperaba durmiendo con profunda tranquilidad en el césped. El youkai chasqueó la lengua, molesto por atraparlo en ese estado de total despreocupación. El dragón hubiera sido de mucha utilidad hacía unas horas, pero su amo lo mandó especialmente solo, después de haber cometido el error de alabarse diciendo que conseguir la información que el señor de las tierras del oeste necesitaba, no era un verdadero reto. Las palabras cobraron su precio y Jaken se arrepintió. Tenía el dato, pero no sería lo que su amo quería, sobre todo porque pudo llevarle más.
Despertó al dragón y emprendió vuelo a un castillo desconocido por todos los ojos humanos y muchos demonios considerados inferiores. Localizado en medio de las nubes, no cualquiera tenía acceso y el que intentara infiltrarse, sería considerado un bicho al cual exterminar. El dueño era y sería alguien a quien temer, perteneciente a un largo linaje de distinción y gloria, el cual él debía mantener hasta los siguientes siglos.
El castillo no era del total agrado del poderoso señor. Existían demonios que llegaban especialmente a reclamarlo como suyo. Y aunque las peleas eran bien recibidas, comenzaban a aburrirle. Su leyenda se extendía como su ego, al no haber tenido hasta la fecha una sola derrota. Los demonios lo pensaban dos veces antes volar sobre las nubes para retarlo y perder, seguramente, su vida. Los pocos que acudían, no eran más que pobres perdedores que saboreaban una pequeña parte del poder de sus garras infectadas de veneno.
No necesito de muchos años para salirse de ese encierro y dar verdaderos motivos para volverse legendario. Entre sus viajes, escuchó un rumor sobre una espada que no cualquiera puede poseer. Una oculta en algún punto de sus tierras. Fuera de eso, no sabía nada más.
Caprichoso como sólo él puede ser, quiso esa espada.
Sentado en una silla que parecía de mármol y custodiado por más youkais, quienes cuidaban la entrada principal inmóviles como estatuas, esperaba con aparente paciencia a su más leal sirviente. Se puso de pie al divisar al dragón que se asomaba entre las nubes y dio unos pasos. Éste no tardó en descender lo más cerca del dueño del castillo. Jaken bajó desesperado, pensando que tendría un cruel castigo. Localizar al par de brujas le tomó más tiempo del debido.
Se puso de rodillas y se dobló hasta tener la cabeza en el suelo.
—Sesshomaru-sama —dijo el sapo, —encontré a las brujas—. El aludido alzó una ceja.
—No las veo —comentó.
Jaken alzó la cabeza para ver el rostro de su amo. Se veía calmado, era buena señal.
—No, mi amo. La que nos servía era muy extraña y daba la impresión de no tener voluntad. Al parecer su hermana le negó seguirme, a pesar de que les dije que sería el más grande de los honores servirle a usted—. Antes de que Sesshomaru dijera alguna otra cosa sobre su incapacidad para manipular a las personas, el sapo continuo hablando—: Pero resulta que lo que nos contaron era erróneo. Las brujas no son humanas, son youkais. Sin embargo, la mayor de ellas si puede pasarse como humana y que incluso labora como una vulgar bailarina para ciertos humanos. Fue de las primeras cosas que supe y fue como di con ellas. Encontré donde trabajaría un día…
—No me interesa.
Jaken comprendió lo que quiso decir. Sesshomaru de los seres más directos que había conocido en su larga vida. Con él, no solía irse por las ramas, pero le había costado tanto trabajo dar con esas mujeres, que no le costó hablar de más para que su amo se diera cuenta del esfuerzo que hacía. A veces, no era suficiente el sólo trabajar para él. Además, el haberlas seguido en un aldea de humanos no fue cosa fácil cuando se trata de pasar desapercibido.
—Sí, Sesshomaru-sama —dijo haciendo una rápida reverencia para disculparse—. Según me contó, ellas no saben dónde se encuentra el espejo que usted necesita. Es claro que no les creí. Esa mujer se la pasó mintiendo desde que me vio. Le repetí que a ella no la necesitamos y que se olvidará de sus mentiras. Con su hermana que manipula el objeto, era más que suficiente para regresar con usted, pero esa terca mujer alegaba que no dejaría que eso pasara. Teniendo el espejo o no, jamás la dejaría sola y agregó: ese espejo no es para cualquier idiota que lo quiera.
—Idiota, ¿eh? —El sapo sintió que la sangre se le iba a los pies. Por instinto, volvió agachar la cabeza.
—¡Perdóneme, Sesshomaru-sama! —rogó. Enseguida alzó la cabeza con los ojos llorosos. —Fueron sus palabras. Sino fuera porque usted requiere de sus servicios, yo mismo la hubiera carbonizado al momento de calificarlo de esa manera. No era más que una insolente, una cínica y vulgar…
—Ya cállate —ordenó. El sirviente obedeció al instante. —No me interesa como es la mujer.
—Sí, por supuesto. Ella no está a su altura —sentenció. —Además, es la causante de que no haya obtenido el espejo. Intente noquear a la chiquilla extraña para traerla con usted, pero al final huyeron ocultándose en el bosque. Posiblemente, se aterraron al ver mi gran báculo de dos cabezas y su enorme poder —presumió.
Al señor le pareció interesante el comportamiento de las mujeres. Jaken era un completo iluso y se daba más valor del que tenía. Para Sesshomaru, un sirviente así no le servia. Si no fuera por su gran conocimiento sobre diversos demonios y lugares, tiempo atrás ya lo hubiera desechado.
Sesshomaru se quedó en silencio, analizando la situación. Su sirviente era muy incompetente antes sus ojos. Para este tipo de casos, él debía actuar pues el tiempo de preguntarse si se estaba volviendo como su madre al permanecer tanto tiempo en el castillo flotante, uno que no tiene ningún atractivo para él, había llegado.
Las leyendas no se hacen sentados defendiendo un par de rocas con forma atractiva. Era en el suelo, siendo un nómada, en las batallas. La bruja del espejo era un la perfecta excusa para iniciar un viaje, el primer paso para conseguir la tan especial espada que nadie mas poseía y la que deseaba sobre cualquier otra cosa.
El joven youkai no tardó en encontrar una cabaña dentro del bosque.
Las indicaciones de Jaken fueron buenas, pero no se podía decir lo mismo de su desempeño al intentar convencerlas de trabajar para él. La casa de madera estaba casi vacía y algo le decía que fue deshabitada ese mismo día. El olor unas mujeres seguía en el aire como perfume recién rociado. No había nada que le sirviera y con calma abandonó el interior.
Por más bueno que fuera su olfato, éste parecía fallar.
Ya había escuchado leyendas sobre el bosque, pero al traspasar tan fácilmente la barrera que rodeaba la cabaña, creyó que sería fácil burlar sus demás engaños y tretas. No le gustaba perder el tiempo y sin embargo, ahí estaba con una paciencia infinita y con una sonrisa en los labios pues sabía que si había tantas precauciones era porque debía existir algo bueno. El aroma le decía que ahí estaban unas mujeres demonios, que no se dejara engañar por la vista. Para un demonio perro, la vista era mentirosa.
La cabaña era sencilla, como los hogares de los humanos. No había lujos de ningún tipo y demasiado adentrado en ese bosque. La rodeo, buscando una pista que lo llevará a descubrir una pista que lo orillara a las mencionadas brujas. Al poco tiempo, se dio cuenta que no existían sonidos de aves o insectos. Si hacía memoria, la cual jamás fallaba, tampoco los escuchó al entrar a ese extraño lugar. Era su primera vez ahí y esperaba que fuera su última.
Detrás de unos arbustos, el olor era distinto. Sesshomaru se acercó, confiado en haber topado con una respuesta. Al meter la mano derecha al arbusto, sacó un tetera que contenía un tenue humo que daba un olor lo bastante dulce.
La tetera no tardó en caer al suelo, mientras que él sentía extraños mareos. La tapa se abrió ante el impacto y un humo rosado escapó disparado a presión. El olor se coló por sus narices y su pie aplastó el envase como revancha. Fue un error que le advertía a la causante del incidente que era momento de actuar. El humo se hizo mayor y Sesshomaru se vio en la necesidad de retroceder. Se mantuvo lo más erguido posible, buscando por todos lados al culpable, que debía tener como merecido degollar su cabeza y hacerla rodar cual pelota, como ya lo había hecho antes con todos lo que intentaron burlarlo.
Un ataque. La tierra se alzó tan pronto como un par de cuchillas feroces tocó suelo. La velocidad de Sesshomaru y sus buenos reflejos se encontraban en un buen nivel, a pesar de que la cabeza no le daba para pensar. La vista se comenzaba a nublar y diversos gruñidos salían de su boca. Le costaba admitir que había sido el instinto el que lo salvó.
Una risa se escuchó y más cuchillas salieron de entre los árboles en dirección de un youkai que perdía la cordura y cuya prueba, eran sus ojos. La furia en estos tomaba otro color y la mujer de haberlos visto primero, en un ámbar que se asemejaba al sol, hubiera deseado tomar una conversación antes de usar el té que le había robado a una sacerdotisa. Su suerte era mala, pero los ojos del mismo color que ella y con adornos azules eran tan tenebrosos que por poco perdía el equilibrio del árbol donde se encontró sentada todo el tiempo.
El miedo por los ojos del demonio fue mayor que el golpe que le dio en un hombro. Con los ojos desorbitados, la mujer cayó de espaldas y sangrando. Su mano izquierda comprobó como la sangre fluía. No era grave, ya había tenido peores golpes. Aun así, el dolor era agudo. Las muecas se dibujaron en su rostro y sentarse no ayudaba. Sesshomaru no tardó en estar frente a ella, satisfecho por ese golpe. La mujer lo dejó en ridículo y para sus adentros, esa herida no era sino un rasguño patético.
Kagura levantaba la cabeza, con el entrecejo tan fruncido que Sesshomaru no evitó sonreír de lado. Un abanico blanco con rayas rojas, estaba a menos de medio metro de ella. Cuando la mujer lo vio, sintió que la ventaja la pinchó en el pecho y se apresuró a intentar tomarlo, dejando caer su cuerpo. El youkai no lo permitió. Su pie aplastó el arma y por poco la mano de la fémina que abría tan grande la boca como podía, incrédula por verse tan derrotada.
—Levántate —ordenó, dejando libre su preciado objeto.
Extrañada por la petición, Kagura se mantuvo en la misma posición, sin quitarle la vista.
—No he venido a matarte —aseguró.
La mujer respiró con profundidad, tomando su abanico. Se puso de pie y aunque las intenciones de seguir atacando todavía se no extinguían, tuvo que guardarlo en el obi de su kimono destrozado.
El golpe era lo de menos en ese momento, como youkai las heridas se sanaban a tal velocidad, que eran difíciles recordarlas después. Le echó un vistazo al hombre que se atrevió a visitarla. Después, sus ojos buscaron la tetera que se suponía, debía darle una ventaja grande en contra de ese hombre. Su decepción fue del mismo tamaño del bosque, al ver los pedazos en el suelo.
El olor de ese té rosado no se marchaba. Sesshomaru estaba consiente en ese inconveniente, manteniéndose lo más firme posible para que Kagura no se diera cuenta.
—Me costó trabajo conseguir ese tetera. Su dueña se enojara mucho cuando me lo pida de regreso.
—Como si hubieras pensado en regresárselo —aseguró con tal naturalidad, como la conociera de toda la vida. Kagura hizo un "O" con la boca, impresionada con su acierto.
Era verdad que no tenía pensando en devolverlo, sobretodo porque conociendo a la sacerdotisa, lo último que ella quería era verle su rostro por haberla burlado. Y si era sincera, ella tampoco tenía ganas de verla.
—Eres suspicaz. Tienes razón, pensaba en quedármelo después de acabar contigo. Eres el primer youkai después de años que logra llegar hasta aquí.
—Me sorprende. Tus trampas fueron un chiste —habló con arrogancia. Kagura torció tanto la boca por el desagradable comentario, que al notarlo, Sesshomaru no tardó más de dos segundos en seguir hablando, antes de que se desviará el camino de la plática—. Sospechó que debe existir un buen motivo para tantas molestias.
—No te hagas el tonto. Sé porque vienes. Tú amigo, el enano verde, me lo contó.
—Entonces, ¿para qué hacerme perder mi tiempo?
—Has perdido el tiempo porque tu amigo es sordo o tan necio como tú. Yo claramente le dije que yo no tengo ese espejo.
—También me dijo que ustedes mentían.
En silencio, Kagura desvió la mirada hacía el bosque. Dentro de el, una niña que se había ocultado salía con timidez. La blancura de su piel y cabellos le impedía camuflajearse como le hubiera gustado hacerlo. Sesshomaru ya sabía que estaba ahí, pero su presencia era tan débil que su instinto le decía que no había necesidad de atacarla.
La niña salía con las manos a los costados en dirección a su hermana mayor.
—Quédate ahí —ordenó Kagura. Ella no quiso obedecer, ignorando los múltiples pedidos y amenazas que la hermana la deba—. ¡Kanna¡ ¡Kanna! Escúchame, es peligroso. Recuerda que estamos advertidas sobre él… ¡Kanna! —rogaba Kagura con fuerza. Se puso de pie al tiempo que hacía ademanes para que la niña retrocediera—. ¡Hazte a un lado! —gritó con enfado empujando al youkai, olvidando que él la acababa de vencer.
No le prestó atención a lo que decían. Le intrigaba más el hecho sobre que alguien le habló de él y le dijo un punto débil que ni el mismo Sesshomaru conocía. Esa era una maldición para un demonio perro como él. Se debía ser muy astuto para hallar desventajas tan ingeniosas.
—Suficiente—. Cortó la plática entre ellas, aunque a la vista de cualquiera, era Kagura la única que hablaba—. ¿Existe ese espejo? —preguntó directo.
La mirada fría de la mujer era mayor que la del hombre. La de él había nacido por una fuerte indiferencia hacía todo lo que no fuera él. Mientras que la de ella, brotó de una amargura que hacía años debió desaparecer. Sesshomaru la miraba retador, intentando ganarle hasta en eso para tener la respuesta más franca que se pueda.
Le costaba ceder ante su pregunta. Tomando en cuenta su fuerza, Kagura pensaba que mentir no sería una posibilidad. Hasta el momento había dicho toda la verdad, pero ésta no pareció darle ninguna salida. A cualquiera que ha venido a visitarlas, ha tenido que morir insatisfechos de las palabras que la bruja le decía. Ni ella ni su hermana tenían tal objeto.
Desde que Jaken se había topado con ellas, alegando que debían servir a un tal Sesshomaru, la mujer presintió que nada bueno saldría. Lo dejó escapar por lo patético que se venía y porque la intriga por saber quién era el nuevo interesado en su hermana, era mayor. Jamás había escuchado ese nombre y al mencionárselo a la sacerdotisa con la que acudió, ella le dijo que debía tener mucho cuidado. Por suerte, le mencionó, el no tener ese espejo ya con ustedes les podrá salvar la vida.
No tardó en robarle el té y la tetera, que aseguraba era ideal en contra de los perros demonios, al querer dárselo a un costo bastante alto.
—Sí.
—¿Y dónde se encuentra?
—No estoy segura si es buena idea que lo sepas. Verás, nosotras decimos esconderlo porque nos causa muchos problemas —narró con calma. Sesshomaru escuchaba atento, comprendiendo que no podía dar un comentario egoísta si es que quería tenerlas de su lado.
—¿Qué quieres a cambio?
—¿Ahora es un negocio? De acuerdo, haremos un trato, pero primero, tienes que saber que te meterás en muchos problemas si aceptas.
—Escucho.
—Existe un terrateniente que tiene una hija la cual pronto se casara y se marchara de aquí. Ella tiene ese espejo. Nosotras se lo dimos hace años, cuando era una niña. Te parecerá extraño, pero en las manos de los humanos pierde todo su poder. Se vuelve un espejo cualquiera. Se lo entregamos, hartas de tener que soportar a los idiotas que venían en su búsqueda. No tengo idea de cómo se corrió el rumor de su poder, cuando el espejo no ha hecho nada extraordinario más que absorber almas. Sus demás funciones eran secundarias. Aun así, nos hallan cada cierto tiempo. Debo admitirlo, es divertido tener que usar mi abanico en su contra, pero hiciste que perdiera el chiste. En fin, tenemos que ir a quitarle de las manos ese espejo antes de que esa princesita se vaya a quien sabe dónde.
—Un humano no es problema —dijo sin disimular su arrogancia.
—Pero la sacerdotisa que cuida su castillo sí. De hecho, necesito robarle un nuevo campo de fuerza, puesto que él teníamos se está debilitando.
—Me vas a decir que logré pasar porque tu campo ya no funciona.
—Qué tipo tan creído —pensó Kagura—. Lo que tienes que hacer es matarla y después tomamos el espejo.
Sesshomaru pensaba en que tan necesario era ese campo. Se veía que la mujer se valía por si sola y hasta comprendía la protección que mantenía sobre su hermana menor. No se parecían en nada, ni siquiera estaba seguro si tendrían algún tipo de relación. Ha conocido youkais emparentados, cuyos parecido era nulo, pero siempre se tenía un rasgo que disipado toda duda. Recordaba el encuentro que había tenido con los llamados Hermanos Trueno, que de no haber sido por su habilidad para manipular los rayos y la cercanía que se tenían, no podrían llamarse hermanos.
Kanna era una niña bastante extraña. Se le veía indefensa y su habilidad para hablar era un enigma. Mientras que Kagura era una vil manipuladora, que al ver que el contaba con el poder para matar a su enemigo, no desaprovecharía la oportunidad para usarlo. De cualquier manera, Sesshomaru no era un hombre de deudas y por supuesto no quería estar endeudado con esa mujer. Además, lo veía como una buena oportunidad de desempolvarse, aunque dudaba que la sacerdotisa le diera una batalla satisfactoria. Desconfiaba más de la bruja y que en cualquier momento sacara un truco bajo la manga que marcara el final de su trato.
—Sospecho que al final tú saldrás más victoriosa.
—Los dos saldremos victoriosos—aseveró con una sonrisa ladina.
Le divertía el haberse topado con alguien lo suficientemente fuerte para al fin obtener de vuelta el espejo y deshacerse de la sacerdotisa que se lo impedía. Y si contaba con que obtendría un nuevo campo de fuerza, terminaba siendo un gran enorme de suerte. Todo era muy repentino, pero bueno. Debía mantener de su lado a ese Sesshomaru para que las protegiera en ese viaje.
—Saldremos de una vez —avisó, dándole una señal a su hermana de que avanzara.
Al youkai no le gustó el que ella diera las órdenes tan rápido. Mucho menos, que fuera al frente, aunque Kagura conocía el camino. De saber leer la mente, hubiera gruñido puesto que planeaba en pasar primero por un kimono nuevo. Él hubiera hecho lo mismo en una situación similar, pero al no ser él, lo veía una pérdida de tiempo e innecesaria. Ella no lo veía de la misma manera, no cuando la manga de su hombro herido se deslizaba por su piel, dejándola expuesta. También, pensó ella, necesitaba de una ducha para limpiarse la sangre.
Las dos se adelantaban y él se quedaba detrás tan quieto, incierto por haber hecho trato con una bruja. Sabe de su fama de traicioneras, pero ellas no saben que no estaban con algún ingenuo. No hallaba satisfacción en tolerar una mujer como ella.
Esperanzado a que se mantuviera callada en el camino, de la misma forma en que lo era la niña albina, Sesshomaru dio el primer paso para tener la espada que deseaba por capricho.
Nota de la autora:
Hace tiempo que tengo esta idea comenzada. La encuentro divertida y por eso la quise publicar. Espero que a ustedes opinen lo mismo n.n
No tengo nada que aclarar. Es obvio que es un AU. Siguen siendo los mimos personajes, con los mismos poderes, ropa y viven en el sengoku. Es todo.
Ojala y los siga viendo en el siguiente capítulo.
¡Muchas gracias por leer!
