Disclaimer: Los siguientes personajes no me pertenecen. Salieron de la enorme imaginación de Rumiko Takahashi.


|| LA BRUJA DEL ESPEJO ||


SesshomaruxKagura

-2-


Una mueca apareció en el rostro de Kagura, cuando, sin siquiera disimular, Sesshomaru no le quitaba la vista de encima. Por supuesto, ella estaba acostumbrada a recibir todo tipo de miradas por parte de los hombres y youkais, pero Sesshomaru ponía especial énfasis sobre ella: no le tenía confianza. Le tenía tan poca fe como un hombre con monedas en las manos a un ladrón. Su hermana no parecía correr la misma suerte que ella, lo cual era beneficioso para él, pues cualquier grosería en contra de la niña, Kagura se le hubiera arremetido, olvidando que su fuerza era inferior, aunque no su furia.

Ella pensaba en traicionarlo si tuviera que hacerlo, pero por el momento, se convencía de que era una buena idea traerlo como perro guardián. El camino era incierto y necesitaba de él para llegar al castillo, pues ya sabía que lo que le esperaría.

Saliendo de sus pensamientos y olvidando el discurso que comenzaba a planear en la mente para dejar en claro que las desconfianza debía ser para otro día, Kagura reconoció en donde se encontraba. Le señaló a Sesshomaru a donde debían dirigirse y él, con su buen oído y olfato, advirtió antes de que ella le diera una explicación, que un río estaba cerca. En un momento así, donde el apuro de ya encontrar la espada que quería era más importante, Sesshomaru se hubiera negado, alegando que no tenía tiempo para eso. De hecho, lo hizo en su mente. Hacía apenas unas horas que se se colocaron en marcha y la bruja pensaba en tomar un receso. Sino fuera que él sabía que pelear con una mujer sería más pérdida de tiempo y sobretodo, a una que no conoce y no tiene ni una fibra de respeto o miedo, se negaría.

La pequeña Kanna seguí a su hermana mayor. En todo el camino, Sesshomaru no vio que ella hablara, aunque él tampoco lo hizo, por más intentos que realizó Kagura. Las conversaciones no iban en él y mucho menos cuando se trataba de mujeres. La principal razón para no confiar en su guía, se debía a que había aceptado muy pronto el trato. Si el espejo estaba con humanos, ¿por qué no ir por él directamente? ¿Qué había ahí que la detenía tanto? No le exteriorizaba, pero él se estaba emocionado por ver como acabara todo, pues después de varios años, al fin se hallaba con algo interesante.

Apenas vio el río, Kagura se sentó en la orilla acompañada de su hermana. Invitó a Sesshomaru para que hiciera lo mismo, pero éste las ignoró con descaro. Kagura murmuró lo insoportable que era, mientas tomaba con ambas manos, un poco de agua para limpiarse la herida que tenía. El kimono seguía roto y dejaba expuesta la herida que tardaba en cerrarse por culpa del veneno de sus garras. Kanna alzaba su inexpresivo rostro hacía ella, observando como el pudor de su hermano era tan inexistente, que no le importaba saber que se encontraba frente de un hombre que estaba al pendiente hasta de su respiración, cuando se puso de pie y dejó caer lo que restaba de su ropaje.

Justo detrás de ella, Sesshomaru no cambia de posición o de semblante. Seguía de pie con las manos a los costados, convirtiéndose involuntariamente en el espectador de la desnudez de una mujer. Este acto duro poco, pues al apenas se soltó su cabello, ella se lanzó en las frías aguas. Se hundió tanto en ellas, que al asomar la cabeza para ver divertida la reacción de él, ya se había marchado. Nadó hacía Kanna, quien tenía dentro sus blancos pies en el agua.

—Qué sujeto tan extraño —comentó. Kagura jamás analizaba profundamente la mente de los hombres. Lo consideraba perdida de tiempo, pues tenía la firme idea de que eran muy fácil de manipular, al menos lo era con los humanos. Su cuerpo y su rostro, le habían valido para sobrevivir, también su fuera y habilidad, claro, pero para que negar que todo era tan fácil cuando algún hombre le proporcionaba lo que quería. Pero este tal Sesshomaru…

Apenas unos días que había sido advertida de la visita de ese sujeto y ahora él se había ido quien sabe a donde, con la oportunidad de llegar a salvo con su hermana al castillo. ¿Se habrá ofendido por haber exhibido su voluptuoso cuerpo? ¿Y qué hombre se ofendería con eso, sobre todo, viendo de alguien como ella, que había nacido privilegiada en cuanto proporciones? Ni siquiera lo hizo con las intenciones de seducirlo ni nada por el estilo. Desde que salieron del bosque, las ganas de tomar un baño crecían desmedidamente en Kagura. Su herida en el hombro ardía como si le pasaran una rama que recién fue separada de las brazas. Era una youkai y como cualquier otro, su cuerpo soportaba mucho más que los humanos, pero el veneno que Sesshomaru había usado en su contra era molesto. Soportó todo lo que pudo, sin dar ninguna queja, pues no quería demostrarle que ella era inferior que él. Estaba segura de que parte de las miradas del albino, se debían a que él esperaba un quejido pues la pelea anterior recién había sucedido. Kagura no le daría esa privilegio.

Ensimismada y volviendo a esconder su cabeza debajo del agua, Kagura no advertía la manera en que la niña movía las manos. Jugueteaba con sus dedos, provocado por la necesidad de tener su valioso objeto cuanto antes. Kagura había dicho que ya era hora de tenerlo otra vez con ellas, pues hacía falta poco para que otros se dieran cuenta del escondite. La princesa, la joven que lo tenía como uno más de sus objetos personales, se casaría pronto, llevándoselo a su nueva residencia. Si salía de ahí…No, debía salir con ellas. Kanna era mucho más analítica que su hermana mayor y aunque segura de que lo obtendrían nuevamente, presentía que existía un peligro para Kagura. Cuando su hermana se volvió acerca a ella, quiso hablar, pero la de la primera palabra siempre sería para la mayor.

—¿Crees que volverá? —preguntó refiriéndose a Sesshomaru—. No pienso dar un paso más hacía el castillo si sólo vamos nosotras.

—¿Le temes a Tsubaki?

—¿A esa anciana? ¡Por supuesto que no! Pero es muy astuta. No dejará que obtengamos el espejo de vuelta tan fácilmente.

Kanna entendía a la perfección las palabras de Kagura. Por más fuerte que fuese Sesshomaru, era difícil salir bien librado de las artimañas de Tsubaki. Le importaba poco si él la mataba o si él era el asesinado, pero con que le dieran el suficiente tiempo para recuperar la suyo, le bastaba. Aunque no subestimaría a la sacerdotisa. Años de conocerla le daban la razón para no cantar victoria cuando ni siquiera habían comenzado a pelear. Kagura no había luchado contra ella, hasta que se vio en la necesidad de hacerlo al robarle el jarrón** que poco le sirvió para deshacerse de Sesshomaru. Ambas recordaban bien ese día, haciéndole preguntar a Kanna cuál sería el plan de su hermana, para que haya decidió traicionar a la sacerdotisa, cuando las dos tenían una relación cordial o al menos así parecía.

Ni siquiera Kagura estaba segura de por qué lo hizo, pero lo hizo y no sentía ningún remordimiento. Ya no quería tener más contacto con ese mujer que nunca le había agradado y podría apostar el sentimiento era reciproco. Se habían conocido un día en que las hermanas tenían aun el espejo en las manos y andaban de un lado para otro, buscando un lugar donde esconderse. A Kagura no le agradaba la idea de mantenerse en un sólo sitio, pero era mejor que andar por todos lados, pues la fama de su hermana menor y del objeto que manipulaba, crecía desmesuradamente. No había vida con eso a lado y muchas veces, la mente de la mayor se llenaba con la idea de que lo mejor sería desecharlo. Y lo hubiera hecho sino fuera porque Kanna se negó. No hubo ninguna discusión sobre el tema, Kanna ni siquiera pronunció palabra alguna sobre la propuesta de su hermana, no se negó en ninguna forma. Mas la manera en que Kanna se abrazaba a ese espejo blanco, era suficiente para que ella comprendiera que podía alejarla de eso que tanto necesitaba. Así que continuaron los días, hasta que se toparon con Tsubaki.

Ella recién venía de un trabajo en un castillo, del cual la paga había sido bastante buena. Tsubaki no tardó en reconocerlas y se les acercó sin una ápice de miedo o intimidación por toparse con youkais. Este movimiento captó la atención de la mujer, pues aunque Tsubaki era en su totalidad humana, jamás había visto que una se le acercaran en plena confianza, como si se tratara de un conocido a quien años no ve. Su ojos azules, su cabello y la ropa que portaba con elegancia, le hizo pensar si no estaba equivocada y si en realidad se trataba de un ser igual que ella.

—Vaya, vaya. Este es el famoso espejo —dijo aquella vez. Su azulada mirada bajó hasta el espejo que Kanna abrazaba. Se acercó a ésta, pero no tardó en interponerse con su abanico por delante.

Tsubaki interpretó todo eso como que Kagura era la líder de tan diminuto grupo. Sin embargo, Kagura se guiaba más por las frases sueltas que su hermana pronunciaba de vez en cuando. Era Kanna la que decía a donde deberían ir u hacer y Kagura obedecía porque sabía, en base a experiencias pasadas, que era lo convenía para las dos. Ese día, Tsubaki se dirigió a Kagura con un dejo de superioridad y tratándola como una que recién nacida que estaba descubriendo el mundo. Los años no se veían marcados en la piel de la mujer de blanco cabello, pero tenía mucho más que Kagura. Ante la falta de este dato, Kagura creía que Tsubaki la veía como una tonta y eso la molestaba hasta la fecha.

—No tienes que ponerte de esa forma, niña. Tengo curiosidad por conocer a tan popular mujercita —confesó. Kagura no le creyó del todo, pues en sus viajes era común toparse con cualquiera que sabía bien el arte de fingir y engañar—. ¿Cómo te llamas? —interrogó ignorando a Kagura y prestándole su atención a la blanca niña. Ella apenas y logró abrir un tanto los labios, sin que ninguna palabra lograra salir, si es que tenía intenciones de decir algo. Kanna no pudo decir nada y eso alegró a Kagura.

—Eso quiere decir que no le simpatizas —vociferó Kagura con una sonrisa de lado, burlándose de la larga espera de Tsubaki por la respuesta. No habiendo más opción, la sacerdotisa se vio obligada a dirigirse completamente a la otra bruja.

—Ya veo —dijo sin sentirse ofendida por la aclaración de la chica. Tsubaki tampoco buscaba simpatía por nadie—. Comprendo la cautela, pero se equivocan conmigo. No estoy interesada en conseguir ese objeto ni nada de ustedes.

—¿Ah sí? ¿Entonces que haces aquí parada estorbando nuestro paso?

A los pocos segundos, Tsubaki se hizo a un lado y dejó el camino libre para que ellas pudieran continuar. Kagura estaba cansada, y no por la repentina aparición de esa mujer. Estaba cansada de toparse con quien sea y que reclamen un espejo tan sobrevalorado, que no contaba con tanto poder como se decía por ahí y mucho menos realizaba milagros. Por eso, se le dificultó tanto dar un paso sin esperar que la sacerdotisa las atacara por la espalda. Al final se retiró, sin despedirse antes, dejando que Kanna avanzará primero y después ella, mirando sobre su hombro a la mujer que dejaba atrás y con su arma lista para atacar. Apenas a unos metros, Kagura se detuvo de súbito. No podía quitarle los ojos de encima sin que antes le contara lo que en realidad quería.

—¿No llevabas prisa?— Con cortos pasos, Tsubaki se volvía acerca las féminas.

—No soy idiota. Reconozco cuando alguien quiere algo de nosotras —aseguró Kagura —. Y te advierto no es fácil conseguirlo.

—No seas vanidosa. No estoy aquí para robarles nada. He escuchado las tontas peleas a las que se han tenido que enfrentar y puedo decirte que me divierten. Aunque tu rostro me dice que no piensas lo mismo.

El campo abierto en donde se hallaban, era presa de varias ventiscas ligeras que ondean las mangas de su ropa. Mientras Kagura fruncía el ceño, una fuerte brisa las atacó y el cabello de Tsubaki se alzó. El viento frío ayudaba a la sacerdotisa a pensar con detenimiento lo que quería hacer.

—Te propongo algo —comenzó a decir. Kagura no poseía las ganas de escucharla. Desconfiaba de los hombres y las mujeres, pero con estás ultimas siempre ponía más atención —. Te ayudaré a descansar de tus peleas.

La oración llegó a las orejas de la chica como si fuera una bella música. Estaba harta de tener que lidiar peleas estúpidas, y de matar pese a que ya no había gracia en hacerlo. Pero su emoción duro poco. Con ese tipo de asuntos, no se debía hacer ninguna clase de ilusiones, menos viniendo de una completa extraña.

—¿Ayudarme?

—Sé lo que piensas, se te ve en el rostro. Has peleado por defender algo que no tiene tanto valor como se presume. No vale la pena que malgaste tus siguientes años en seguir haciéndolo para no lograr nada.

Kagura no hallaba forma de mentir. Era cierto el fastidio que sentía, pues cada semana alguien aparecía para quitarle a Kanna. Sabe que si los deja hacerlo, en la primera oportunidad la niña tomaría su alma y saldría bien librada de su secuestro. Pero no lo permitía. Sin el espejo, Kanna no era más que una niña común, aunque su aspecto diga lo contrario. No es capaz ni de usar sus dientes o hacer un sencillo pellizco para defenderse si es que algún astuto le arrebatara el espejo. Estaría en peligro y Kanna no se atrevería a gritar para pedir auxilio. No obstante, Tsubaki le contó su idea y lo vio como una buena oportunidad. Kagura le pidió autorización a Kanna, pues significaría desprenderse de su objeto por años. Para su sorpresa, la niña aceptó de inmediato.

Hasta ese entonces, mientras ella salía por completo del agua, pensaba en que volvería a lo mismo. Habían pasado diez años en casi completa paz, pues el plan que Tsubaki había sido llevado a cabo con éxito. Ya pocos buscaban el espejo, pues se decía que había desaparecido. Y los que lo hacían, lo hacían guiándose por la antigua leyenda. Si antes se decía que al estar cerca se podía sentir el poder que este emanaba —poder que Kagura sabía muy bien que no tenía—, ahora sin el, los youkais pasaban de largo a lado suyo. Si conocían la leyenda sobre que dos brujas portaban el objeto, al ver el aspecto de kagura y Kanna, sospechaban que no se trataban de ellas. Los causantes de que fueran en su búsqueda, resultaban ser los que habían tenido un enfrentamiento con ellas en el pasado. Aun con estos pocos demonios que interrumpían su vida, Kagura se sintió completamente aliviada. Un pelea cada tanto no caía nada mal.

Kagura pensaba en que existía la posibilidad de que Sesshomaru ya no volviera. Lo habían esperado lo suficiente y por primera vez en mucho tiempo, la desilusión acompañó a la mujer. No es que le haya tenido gran fe, pero era increíble que un youkai se haya ofendido con tan poco, como era desnudarse.

Antes de que sus pensamientos se llenaran de opiniones sin fundamentos sobre Sesshomaru, ella ya estaba sentada en la orilla, sobre su ropa. Tomó su cabello y lo apretó con fuerza para quitarse el exceso de agua. Unos ruidos detrás la alarmaron y ambas chicas voltearon al mismo tiempo para darse cuenta que no era otro mas que Sesshomaru. En su mano derecha, colgaba una tela y Kagura adivinó que era un kimono. ¡Y era para ella! El suyo estaba inservible y fue lo primero que notó Sesshomaru cuando llegaron ahí. Sin perder más el tiempo, Sesshomaru dio dos zancadas para enseguida lanzar la ropa sobre su cabeza. La tela cubrió momentáneamente el rostro de Kagura, sin parecerle divertido lo que él acaba de hacer. Al quitárselo de encima, lo primero que hizo Kagura fue buscar el rostro de Sesshomaru.

—¿Qué diablos te pasa? —Alzando una ceja, Sesshomaru pensaba que la mujer podría mostrarse más agradecida por lo que acaba de hacer. Para ser franco, le había costado tomar esa ropa de una aldea de humanos, sin antes asquearse por su aroma y todo por obsequiársela.

—¿Piensas andar desnuda todo el camino?

—¿Por qué no? Es un bonito día.

Sesshomaru no emitió ningún sonido por la que escuchó, pero eso no impidió a Kagura darse cuenta de que no le había gustado para nada. A él le tenía ver sin cuidado a una mujer desnuda, pero no deseaba hacerlo el resto del día. Entendió muy bien que fue una respuesta bastante sarcástica, pero él se hartaba de las bromas tan rápido, aunque ni siquiera las hagan.

—Vístete. Debemos partir —ordenó, para dar la media vuelta. Él se escondió entre el bosque, haciendo que ella se ofuscara por el comportamiento.

Pocos le habrían dado intimidad para cambiarse… No, sencillamente Sesshomaru no tenía deseos de verla desnuda o con ropa. Quería que se apresura, era todo. Aun así, Kagura vio con buenos ojos el kimono. Era similar al que antes tenía, blanco con franjas rojas. Unas mariposas amarillas eran su adorno, lo cual iría bien con su antiguo obi que estaba en el suelo. Era una lástima que las camisas que ella usaba debajo quedaron inútiles por la ultima batalla, pero Kagura se hallaba cómoda al sentir su cuerpo más libre. Los brazos los movía con más facilidad, lo que sería de mucha utilidad para cuando estuviera frente a Tsubaki.

Cuando estuvo lista, le dijo a Kanna que debían apresurarse. Ya vio que Sesshomaru no era nada paciente y aun tenían camino por recorrer. En su mente, pensaba que caminar tanto era tan fastidioso que casi hace que se arrepienta de haber emprendido ese viaje. Detestaba caminar tan largo rato y en lo único que podía pensar para sentirse aun peor era en como había perdido su medio de transporte y accesorio para el cabello.


Nota de la autora:

Uff, me siento mal. Veía pasar los días y pensaba en que me estaba tardando mucho con la actualización de este fic. No es que no haya traído ganas ni nada por el estilo. Mi problema es que he tenido diversas ideas para one-shots que es imposible concentrarme. He escrito mucho, pero no logro terminar nada. Me está enojando eso. Debo ponerme más firme con mis ideas u.ú

He tenido la idea de este capítulo desde siempre y la verdad ayer que abrí un nuevo archivo para comenzar a escribirlo me quede sorprendida lo rápido que lo hice. Hoy lo terminé y apenas si lo he leído, pero creo que no tiene tantos errores. Eso sí, si ven alguno DEBEN decirme.

Es un capítulo bastante corto, pero mi intención era explicar un poco la relación de Tsubaki con Kagura. Creo que sólo dejé más dudas, pero tengo la idea de explicar más en el siguiente capítulo (que me gustaría que fuera mucho más largo).

Como siempre, gracias por los reviews, favoritos y follows. Este fic tiene una sólo intención y es de probar nuevos temas. Me enfocó mucho en el drama o hago AU siempre en la época moderna. Y aquí no, es diferente. Por eso me gusta la historia y ojalá a ustedes también les llegue a gustar n.n

Pasen linda noche y los invito a darse una vuelta por mi perfil. Ahí podrán ver cuales serán mis siguientes actualizaciones y donde podrán encontrarme.

Besos.