Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi, claro, hasta que me haga rica y los compre xd.
¡Espero que les guste!
"El plan de Naraku"
"-...Inuyasha, eso también me hace feliz a mi..."
-Bien Kanna, puedes retirarte.
La niña de pelo blanco se retiró, como siempre, sin decir una sola palabra, o hacer una mínima expresión.
Una vez que estuvo solo, comenzó a trazar su plan. Todo era perfecto ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Eso, haría las cosas mucho más fáciles.
Ahora solo debía… oh, pero claro, no había manera más sencilla de hacerlo que esa.
Se levantó rápidamente, y caminó por los pasillos de su palacio. Descendió por una escalera hasta llegar a un sótano, en el cual se encontraban grandes cantidades de youkais agrupados, dispuestos a salir a destruir cualquier aldea, a la primera orden de su amo.
-Vámonos, tenemos trabajo.- Dijo simplemente, y todos los demonios lo siguieron.
No había vuelto a mencionar el tema, no quería poner triste a Inuyasha, no de nuevo.
Desde la noche pasada, él había estado muy melancólico. Al parecer, esa pequeña charla, le hizo recordar su pasado.
Le parecía increíble, que alguien pudiera maltratar tanto a un niño, que no tenía idea ni culpa de nada, que estúpida podía llegar a ser la gente a veces.
Caminaban en ese momento por un claro bastante despejado, no tenían ni una pista de Naraku, pero ellos no se rendían tan fácil ¿verdad?
De pronto, una nube negra apareció frente a ellos. Nadie necesito preguntar de quien se trataba, y se pusieron en posición de combate.
Todo transcurría más o menos como siempre, Kagome lanzaba flechas, Sango su boomerang, Miroku peleaba con su báculo, Inuyasha usaba su espada, y Shippo, bueno... Shippo estaba escondido.
De un momento a otro, Kirara fue golpeada por uno de los monstruos, y se desplomó hacia el suelo inconciente.
Kagome, que estaba montada en la mononoke, también cayó, pero en vez de golpearse contra el suelo, fue atrapada por Naraku.
Aterrada, gritó para que alguien acudiera en su ayuda. Fue escuchada por Inuyasha, y cuando este volteó en su dirección, vio espantado, como era atravezada por unos tentáculos, y le inyectaban una especie de veneno.
Dejó caer a Colmillo de Acero, y rápidamente se dirigió hacia allí. No tuvo que hacer demasiado esfuerzo para coger a la joven, pues su enemigo ya la había soltado.
Por suerte, llegó a tiempo, y la atrapó antes de que se estrellara contra el suelo.
Posó su mirada en el malvado medio demonio, y notó que se alejaba, con una sonrisa maliciosa en la cara.
Estuvo a punto de perseguirlo, hasta que escuchó a Kagome quejarse de dolor. Entonces decidió que lo más prudente, sería quedarse a su lado. Ya vería ese desgraciado cuando lo atrapará.
Se concentró en la pelinegra, y comenzó a desesperarse cuando se dio cuenta de la gravedad de la herida, que era, demasiado grande como para que un simple humano sobreviviera.
Aunque sabía que no tenía caso, corrió con ella en sus brazos hacia la aldea de la anciana Kaede.
Saltaba lo más rápido que podía por encima de los árboles, cuando un aroma peculiar llegó a su nariz.
Se detuvo en la copa de un árbol y comenzó a olfatear el aire.
Imposible -pensó, el olor provenía de...
No sabía bien lo que estaba pasando, sabía que estaba con Inuyasha, y que estaban saltando, dirigiéndose a algún lugar, pero no tenía ni idea de adonde.
De pronto, se detuvieron, tampoco sabía por qué.
Aunque no le estaba prestando demasiada atención a eso, algo estaba ocurriendo en su interior, sintió varias pulsaciones, y comenzó a detectar una gran cantidad de olores, millones de sonidos llenaban sus oídos, tantos, que le dolía mucho la cabeza, y rápidamente se quedó inconciente.
Hacía como dos minutos que había despertado, pero no se atrevía a abrir los ojos.
Tenía miedo, no sabía que ocurría allí, había tanto ruido, y tantos aromas diferentes, ¿en dónde rayos estaba? ¿En dónde estaba Inuyasha? ¿Y sus amigos?
-Kagome... ¿Qué pasa? ¿Por qué no abres los ojos? ¿Te encuentras bien?- De acuerdo, esa era la voz de Inuyasha, la reconocería en cualquier lado, pero era algo diferente, talvez un poco más ¿amable? ¿Dulce?
Se animó a abrir los ojos, si él estaba allí, todo estaría bien. Se encontró dentro de la cabaña de la anciana Kaede, pero aún extraña, los olores, los sonidos, todo lo percibía diferente.
-Valla, hasta que decidiste volver a la realidad- escuchó la voz de Inuyasha, pero, ¿por qué gritaba?
Se sentó en el futón y lo miró un poco molesta, después de unos segundos le dijo:
- ¿Podrías no gritarme?, me duele la cabeza.
- Kagome, yo no estoy... oh.-pronunció el peliplateado, recordando un, pequeño, detalle.
- Oh... ¿Qué?- preguntó ella, intrigada por el tono del chico.
- Oye... talvez quieras verte...-Comentó, bajando el volumen de su voz.
- ¿Por qué querría eso? ¿Estoy despeinada o algo?
- Ven- Dijo tomándola de la mano y sacándola de la cabaña.
- Pero... ¿A dónde vamos?- preguntó mientras notaba las miradas despectivas que le enviaba la gente. Algunas de ellas, llegaron a asustarle, por lo tanto, se acercó más al chico.
- Al lago.- Respondió él, caminando aún más rápido, y maldiciendo mentalmente a esos aldeanos. Maldición, Kagome ni siquiera sabía lo que pasaba, y ya la estaban insultando con los ojos, por eso detestaba a los humanos.
Llegaron, y ella se arrodilló frente al agua, y se encontró con el reflejo de una chica, de cabello plateado, y ojos dorados, y claro, para completar, unas graciosas orejitas de perro en su cabeza.
Lo único que pasó por la cabeza de la joven en esos momentos fue, ¿WTF?
Bien, es corto, lo sé, pero es que ando corta de inspiración, no tienen idea de cuanto me costó escribir este poquito.
Bueno, espero que les haya gustado, y perdonen por demorarme tanto, pero bueno, cuando hago algo me gusta hacerlo bien, no quería escribir cualquier cosa, trataré de tener el capítulo tres pronto, ¡hasta la próxima!
