Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi

¡Espero que les guste!


"¿Qué fue lo que pasó?"

"...Lo único que pasó por su cabeza en ese momento fue: WTF?..."

Rápidamente la joven se dio la vuelta y miró con intriga a Inuyasha, exigiendo respuestas.

Por su parte, el muchacho no sabía que hacer, ¿cómo le explicaría lo que había pasado, si él apenas entendía lo que sucedía ahora?

Decidió decir la primera estupidez que cruzó por su cerebro.

- Kagome, eres un hanyou ahora.

Realmente se esperaba algo estúpido, pero esto cruzaba la línea, su amigo era bastante imbecil, pero bueno, ella lo quería así.

- Si bueno, me di cuenta, las orejitas me dieron la primera pista, y las garras y colmillos me ayudaron a confirmar mis sospechas, ¿algo qué no sepa?

Inuyasha no se atrevió a contestar esta vez, tenía razón, solo había dicho algo completamente obvio. Pensó unos momentos, buscando algo inteligente que decir y... ¡Bingo! ¿Por qué no especificó eso desde un principio?

- Bueno, verás, lo que pasó es que Naraku te convirtió en una hanyou cuando te atravesó con ese tentáculo, al parecer, te inyectó una especie de veneno, que contenía sangre de youkai, eso me dijo la anciana Kaede, pero no estamos seguros de por qué lo hizo, o si esto es permanente.

- Ya veo... – comentó mirándose las manos, que ahora, en vez de inofensivas uñas, tenían poderosas y afiladas garras.

Se levanto y se encaminó hacia la aldea, siendo seguida por el hanyou. A cada paso que daba, las cosas se hacían más raras, captaba miles de aromas distintos, tanto que llegaban a marearle, escuchaba diez veces mejor que antes, lo cual le provocaba dolores de cabeza. Su vista había mejorado bastante también, lo cual era bueno, puesto que solo dependía de ella para llegar a la aldea ahora, era completamente inútil querer guiarse por sus otros sentidos, ya que ni siquiera sabía como utilizarlos.

Ya podía ver el pueblo cuando una mano se posó en su hombro, obligándola a detenerse.

- Kagome, mejor vamos por otro camino, aquí hay demasiada gente.

- Pero... ¿Qué tiene eso de malo?

- Solo hazme caso, por favor. – pidió el joven. Normalmente, no le haría lo que él dijera, siempre era para molestarla, pero en esta ocasión, se veía muy preocupado, así que decidió seguirlo sin protestar.

Caminaron por el bosque un rato más, hasta que llegaron a una de las entradas de la aldea, que no era tan transitada por la gente. Se dirigieron a la cabaña de la anciana y entraron sin ser vistos por nadie, lo que pareció tranquilizar a Inuyasha.

Una vez adentro, la recién estrenada hanyou se dedicó a interrogar a su amigo.

- Inuyasha, no entiendo... ¿Por qué...?

- Kagome, te lo explicaré todo a su tiempo.- dijo él, sin ni siquiera escuchar.

De acuerdo, de acuerdo, intentó, interrogar a su amigo.

- Bueno, al menos dime dónde están los demás.

- Sango y Miroku están buscando pistas sobre Naraku, tratan de averiguar la razón que tuvo para hacer todo esto, la anciana y Shippo fueron a buscar hierbas medicinales.

- Entiendo.

Decidió no hacer preguntas por ahora, era obvio que no le serían contestadas.

Pasaron un buen rato en silencio, sin mirarse. Era un momento muy incómodo, ambos querían romper el hielo, pero ninguno sabía que decir.

Kagome ya se había cansado de esa estupidez, se preguntaba cuanto tiempo podía estar sin hablar Inuyasha, se levantó y salió de la cabaña, haciéndole un gesto al chico, para que la acompañara.

- Kagome, ¿A dónde vamos?- "Hasta que se digna a decir algo" pensó ella.

- No lo sé, solo, pensaba que podías enseñarme algunas cosas.

- ¿Algunas cosas? No estarás pensando en que voy a entrenarte o algo por el estilo ¿o si?

- ¿Por qué no? Quiero decir, si voy a ser una hanyou a partir de ahora, tengo que saber ciertas cosas.- Contestó, contemplando el atardecer.

Él simplemente no sabía que decir, ¿así nada más, iba a aceptar su nueva vida? Esta niña no sabía nada, bueno, al menos no sabía nada sobre hanyous.

Caminaron hasta que se cansaron, Inuyasha se preguntaba a donde se dirigían, pero poco de después, se dio cuenta de que la chica no tenía un rumbo fijo, era comprensible, sus sentidos la confundían mucho, estaba completamente desorientada.

Se detuvieron en un espacio bien despejado, "perfecto para comenzar las clases" pensó Kagome divertida.

- Bien, ¿qué es lo primero que va a enseñarme sensei?

- Muy graciosa, lo primero que debes poder hacer, es utilizar tu olfato y oídos como corresponde.

- De acuerdo...- contestó un poco desconcertada, y ella que quería aprender a saltar por los árboles.

Inuyasha, decidió que la mejor forma de ejercitar un sentido, sería privándola de otro, así que simplemente se colocó detrás de ella, y le tapó los ojos.

- Oye, ¿qué haces?

- Calla, lo primero que haremos será entrenar la percepción de sonido. Escucha con atención, no solo es ruido, debes poder descifrarlo, ¿qué es lo que oyes?

- Pues... muchas cosas, conversaciones de personas, ruidos de animales, gente trabajando...

- Si, si, lo sé, pero... veamos, ¿qué es lo que oyes... en dirección a la aldea?

- Mmm..., gente conversando, hablan de muchas cosas, no entiendo lo que dicen.

- Escucha con más atención.

- De acuerdo, están... están hablando sobre... sobre mi. Ellos dicen... ¡Oye! ¿Por qué dicen esas cosas?

El joven puso atención a la conversación de los aldeanos, que naturalmente, también podía detectar, y se dio cuenta de que no era nada conveniente que Kagome escuchara eso. Los muy malditos, hablaban mal de ella solo por ser una híbrida ahora. Frases como: "antes era una respetable sacerdotisa, pero ahora es una sucia hanyou... eso le pasa por juntarse con demonios... se lo merece por haber roto la joya Shikon..." cruzaban por sus orejas.

Enfurecido, se levantó dispuesto a darles una lección, pero un brazo lo retuvo.

- Inuyasha, descuida, no pasa nada, mejor ayúdame con el tema del olfato ¿si?- dijo la chica, tratando de tranquilizarlo, aunque se notaba en su voz un tono de tristeza.

- De acuerdo- respondió el vagamente- espérame aquí- dijo, y se marchó saltando hacia el bosque.

Cuando Kagome quedó sola, comenzó a pensar en las palabras de los campesinos, no entendía como podían ser tan crueles. ¿Y todo lo que había hecho por ellos? ¿Ya no importaba? Realmente, no se esperaba eso.

Contuvo las ganas de llorar, solo porque Inuyasha estaba volviendo.

Traía consigo unas frutas, flores, y hojas de distintas plantas.

- Mira, esto es lo que haremos, tú cierras, los ojos, yo acerco uno de estos objetos, y me dices que huelen, ¿te parece bien?

- Claro.

Y así practicaron un buen tiempo, hasta la media noche, cuando Kagome no podía más de sueño, y decidieron volver para dormir un poco.

En el camino de regreso, ambos pensaban en lo mismo, los malditos aldeanos. Talvez la palabra "malditos" solo la pensaba Inuyasha, pero bueno.

- Oye Inuyasha... ¿es muy necesario regresar a la aldea esta noche?- Pregunto la hanyou con algo de timidez.

- ¿A qué te refieres?

- Bueno, es una bonita noche, no hace frío ni calor... pensaba que, no hacía falta volver al pueblo.

Él comprendió rápidamente de que hablaba, ella tenía miedo de ir a la aldea, no solo por los comentarios de la gente, sino también por las miradas que había recibido por la tarde.

Decidió que lo mejor por esa noche sería dormir cerca del árbol sagrado, así que llegaron allí, y se sentaron a sus raíces, abrazados.

No pasó mucho tiempo antes de que la, ahora peliplateada, quedara dormida profundamente.

El muchacho a su lado sonrió al verla tan relajada, era hermosa, tanto de humana como de hanyou.

Ahora que lo pensaba, aun no le habían dicho a su familia, se preguntaba ¿como reaccionarían?


Lo sé, lo sé, fue corto, pero es que ando corta de inspiración, les prometo que el próximo será más largo, perdonen por la tardanza.

Espero que les haya gustado.