¡Hola! Lo sé, no tengo excusa, golpéenme con lo más fuerte que tengan, y es que, debo ser sincera con ustedes, me bloqueé por mucho, mucho tiempo, y realmente pensaba en dejar esta historia, esta, y "Mi pequeña niña", dicho eso, aprovecho para recomendarles ese fic también xdd.
Pero un día haciendo zapping por fanfiction, encontré mi propio fic, y decidí que no podía ser así, yo misma me enojo mucho cuando leo fics que están sin terminar, sería muy hipócrita de mi parte hacer lo mismo, así que, ya lo tengo claro, continuaré este y el otro fanfic, me tarde más, menos, pero lo terminaré, lo prometo :)
Ahora, sin más, les dejo aquí el capitulo de "Lo daría Todo"
Disclaimer: Ni Inuyasha o alguno de sus personajes me pertenecen, todos son de la genial Rumiko Takahashi.
Era un linda mañana en el Sengoku Jidai; el sol brillaba, los pájaros cantaban y cierta joven con orejitas de perro, los maldecía por cantar tan estrepitosamente mal. Y es que, desde que su forma de percibir el sonido había cambiado, nada era como antes.
Las cosas que anteriormente le parecían bonitas, ahora eran un asco… en varios sentidos. Ya no soportaba más ese repugnante chirrido de las aves, era demasiado agudo para ella, y llegó a tal punto que no podía esconderse más en el regazo de Inuyasha para, siquiera intentar, dejar de oírlos.
Bueno, si bien no ayudó en cuanto a los sonidos, los olores se calmaron un poco, puesto que el haori de su compañero, tenía un aroma más bien neutro, y la ayudaba a aliviarse de los mareos.
Genial, había solucionado un problema, las nauseas. Ahora solo tenía que solucionar el de los ruídos.
No pudo aguantar más, y llevó sus manos hacia sus orejas, tapándolas, y comenzó ella a tararear alguna canción para distraer sus propios sentidos, cosa que tampoco ayudaba mucho.
Dejó de hacer esto cuando escuchó una carcajada, de alguien a quien identificó como Inuyasha, lo cual provocó el enojo de la muchacha, que levantó la cabeza y le miró molesta.
Esto, por su parte, aumentó la risa del joven, y llevó a Kagome a protestar:
-No le veo la gracia, Inuyasha.
-Pues yo sí, te hubieras visto, parecías… no estoy seguro de que parecías, pero fue muy cómico- Luego de decir esto, el muchacho de arrepintió bastante, sabiendo que dentro de no mucho, su cara probablemente tocaría el suelo.
Y Kagome, hubiera dicho la palabrita, de no ser porque una duda cruzó por su mente.
-No lo entiendo, ¿Por qué a ti no te molesta?
Inuyasha respiró de alivio, y sin más contestó:
-Es simple Kagome, llevó muchos años siendo un hanyou, ya estoy completamente acostumbrado a esta forma de percibir las cosas, y no es nada nuevo para mí.
-Entonces, yo también me acostumbraré con el tiempo, ¿verdad?
Él la miró serio, no podía entenderlo, ella simplemente lo estaba aceptando…
Al día anterior, podría haberlo comprendido, pero ahora, después de sentir las miradas de las personas sobre ella, e incluso escuchar las groserías que decían sobre su transformación, seguía pensando que se quedaría así, y no haría nada para cambiarlo. No pudo esperar más, y simplemente le preguntó:
-Kagome… ¿Tú simplemente… planeas quedarte así?- Cuestionó. Tenía que saberlo.
Ella lo miró como si le estuviera preguntando algo muy estúpido- Claro que sí Inuyasha, no le veo nada malo- Seguido de esto sonrió, y se levantó para caminar posteriormente en dirección a la aldea.
Sin embargo, se detuvo, y simplemente se dio vuelta, para avanzar por el camino que Inuyasha le había mostrado al día anterior, y llegar sin ser vista por mucha gente.
Esto no pasó desapercibido por el hanyou, más no dijo nada para no incomodarla.
No pudo evitar recordar ciertas cosas mientras se dirigían al pueblo, en especial, de la aldea en donde vivía antes, con su querida madre, estas cosas le traían tanta nostalgia, y la vez, tanta tristeza…
Llegaron sin mucho esfuerzo a la casa de la anciana Kaede, y entraron en ella como si de su casa se tratara.
Antes de poder saludar a la mujer, que se encontraba preparando el desayuno, un pequeño demonio zorro saltó a los brazos de su madre adoptiva, llorando y balbuceando cosas como si estaba bien y quien sabe que más.
-Calma Shippo, ya, ya, deja de llorar, estoy bien… No te preocupes Shippo no pasa nada- Trataba de tranquilizarlo Kagome, mientras se sentaba con el al lado de la anciana Kaede.
Inuyasha, por su parte, la siguió y se sentó también.
Una vez más calmado, Shippo conversaba animadamente con la muchacha, quien a la vez, trataba de ignorar las extrañas miradas de la anciana Kaede.
De un momento a otro, el pequeño preguntó:
-Kagome, ¿Por qué no volviste por la noche?
Ella no supo que responderle. No iba a decirle que se sentiría incómoda en la aldea por como la había tratado los aldeanos. Definitivamente Shippo no tenía porque saber eso.
Antes de que pudiera pensar en una excusa para contestarle al kitsune, Inuyasha se le adelantó, y simplemente dijo:
-Eso no es de tu incumbencia mocoso, Kagome y yo podemos pasar la noche donde queramos- Y sin más, metió las manos dentro de sus mangas y se acomodó en posición de indio.
Shippo, acostumbrado a esas contestaciones por parte del chico de orejas de perro, le dijo con malicia:
-¿Ah, si? Me imagino que no habrás estado haciéndole cosas de adultos a Kagome, ¿verdad?-
Dicho esto, la muchacha no pudo sonrojarse más, llegó a un punto en que podría haber competido con el haori de Inuyasha.
Se le vinieron a la cabeza como el ambos se habían quedado charlando un buen rato en el Árbol Sagrado, y como luego, simplemente se quedó dormida abrazando a Inuyasha. Pensó también en hoy por la mañana, y como se había escondido en el regazo de él para intentar aliviar los sonidos.
Bien, no eran exactamente "cosas de adultos", pero eran más que un acercamiento de amigos, si a eso se refería Shippo.
Nuevamente, Inuyasha se le adelantó, pero esta vez, en vez de decirle algo, lo golpeó en la cabeza, provocándole un gran chichón.
El kitsune, ante tal agresión, no hizo más que lo de costumbre:
-¡Buaaaa! ¡Kagome! ¡Inuyasha me pegó!- Lloró el niño, escondiéndose en los brazos de su protectora.
Y ella, como siempre, lo recibió, y miró molesta al hanyou, que ya había comprendido lo que esa mirada significaba.
-Inuyasha, ¡Abajo! – Dicho esto, el aludido cerró los ojos, esperando el golpe, y mucha fue la sorpresa, cuando este no llegó.
La sonrisa triunfante de Shippo se borró por una cara de sorpresa y curiosidad, y como respondiendo las preguntas mentales de todos los presentes, la anciana Kaede, que no se había ni inmutado, dijo:
-Ya veo, es tal y como lo imaginaba…- Comentó, haciendo que todos giraran la cabeza y le prestaran atención- Kagome, has perdido tus poderes de sacerdotisa.
-¿¡Qué!? ¿¡Cómo que los perdí!?-Cuestionó sin rodeos, la ahora ex miko.
-Verás, Kagome- habló la mujer- Es en verdad algo muy complicado, pero se resume básicamente, en que dos energías contrarias, no pueden coexistir dentro de un mismo cuerpo. En otras palabras, la energía demoníaca que ahora posees, no puede convivir dentro de ti con la espiritual que tenías, y por lo tanto, la has perdido. Por eso el collar ya no funciona.
Los presentes tardaron un poco en procesar la información que acababan de recibir, y cuando por fin lo hicieron, fue distinto para cada un de ellos.
Para Inuyasha, fue como tener la libertad en las manos. Si bien se sintió un poco mal por su amiga, pues se notaba por su expresión que no la estaba pasando bien, estaba muy feliz de que ya no tendría que visitar el suelo cada vez que a ella se le antojara. "Se hará justicia" Pensó observando a Shippo, y recordando a cierto "lobo sarnoso".
Este, sintió escalofríos recorrer su espalda ante la mirada del ojidorado. "Oh, no"
¿Qué haría el ahora que sin ese bendito conjuro? Estaba muerto… Claro, Inuyasha jamás le haría daño real, pero aún así, ya no podría ganar en sus peleas.
Por su parte, para Kagome, fue como perder una parte de si misma. Se preguntó, ¿qué haría ahora? No sólo no sabía como manejar los poderes de hanyou, sino que ahora no tenía los de sacerdotisa ¡Sería una inútil en la batalla! Además, ¿Podría ver los fragmentos de la perla como antes? ¿Y si no? ¿Tendrían que traer a Kikyou para que ella hiciera su trabajo? "¡No!", pasó por su cabeza, "Todo menos eso, la mataré si intenta reemplazarme"
Se sorprendió ella misma por estos pensamientos ¿Desde cuándo ella era tan violenta? Inuyasha la odiaría si supiera que especulaba ese tipo de cosas.
Decidió no meditar mucho sobre el tema, darle más vueltas no solucionaría nada.
El resto del día transcurrió sin mayores problemas, y por la tarde, Inuyasha y Kagome decidieron salir a dar un paseo.
Caminaron un buen rato, hablaban de cosas sin sentido o importancia real, pero les hacía realmente felices ese ambiente tan ameno que estaban compartiendo.
Llegaron al pozo come huesos, y a partir de allí, la muchacha dejó de prestar atención a la conversación, para pasar a estar pensativa y nerviosa.
Inuyasha se dio cuenta de esto, y pudo asumir el porque de tan repentino cambio de humor.
-Kagome, tienes que decirle a tu familia en algún momento- expuso el chico
-Lo sé… ¿Cómo crees que reaccionen?- preguntó ella, lo sabía, eran su familia. No podrían enojarse con ella por algo así, ¿verdad? Aún así, no pudo evitar sentirse insegura después de lo que había pasado ayer. Además, hoy Kaede la había estado mirando muy extraño… "Seguramente era por lo de mis poderes, sólo eso debe ser"
-Kagome… Ellos reaccionarán bien, te entenderán- La miró a los ojos y le tomó de la mano, no sabía muy bien si lo que estaba haciendo era lo correcto, pero quería darle confianza- Son tu familia Kagome, te aman, no pienses estupideces tonta… Vamos.
Y así, tomados de la mano, saltaron al pozo, a enfrentar a su familia.
¿Aplausos?
¿Tomatasos en la cara?
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