Capítulo IV
- Big Red, retírate. No podrás contra los cinco. - Susurró una voz a través del dispositivo conectado al sistema auditivo de Starfire. La muchacha volvió a emitir una de esas risitas que le ponían los pelos de punta a Raven antes de desaparecer en una bola de humo.
- ¡Demonios! ¿Adónde fue? -Dijo Terra mientras se elevaba unos cuantos metros del suelo tratando de divisar por dónde se había ido.
- Será mejor que bajes, Terra -Dijo Robin- Titanes, dispérsense les enviaré las coordenadas de reunión a sus dispositivos.
Una hora más tarde, una Rachel Roth nuevamente limpia movía entre sus manos su viejo comunicador. La letra T, antes brillante y dorada, ahora tenía un leve color bronce y lucía opaca. Dudó unos segundos entre dejarla en el pequeña caja fuerte de su habitación o meterla en su bolso, para recibir las órdenes de reagruparse.
Finalmente, se decidió a dejarlo en la caja fuerte. Lo consideraba más seguro. Salió por la puerta de atrás, revisando varias veces que no hubiera nadie alrededor. Caminó tres cuadras, se quitó el abrigo y se soltó el cabello en el baño de una tienda y volvió a salir usando unas gafas de sol. Era estúpido que tratara de cubrir su identidad si habían llegado a la puerta de su casa, lo sabía, pero se sentía más segura haciéndolo.
Llegó hasta su tienda y saludó a sus dependientes. Cerró la puerta de su despacho y encendió la televisión, esperando encontrar alguna referencia a ella o al pequeño problema en el parque pero no hubo nada. Alguien no quería que se sepa, porque ella sabía que con todo el ruido que habían hecho y la -casi- destrucción del parque era imposible que no sumaran dos y dos los medios. Unos golpecitos a la puerta la sacaron de sus pensamientos.
- ¿Rach? El hijo de Bruce Wayne vino a verte. -Dijo su asistente- Pregunta si puede pasar.
Su voz sonó temblorosa, casi con miedo, al pronunciar un 'sí' escueto a la joven que le hablaba desde el otro lado de la puerta. Se acomodó el cabello y miró en su espejo pero cuando se abrió su puerta no era el hijo que esperaba ver.
- Hola, soy Damian. Richard-asshole me pidió que te traiga esto. Te esperamos.
Un adolescente, menor que ella cuando conoció a Robin, le extendió un sobre y luego besó su mano. Cabello negro, lustroso y ojos verdes, su actitud le recordó la de Talia Al Ghul cuando luchó contra ella junto a Starfire y Abeja, en uno de los encuentros de los Titanes contra La Liga de las Sombras.
- Gracias, Damian.
El muchacho le hizo un gesto con la mano y se fue de la tienda, como alma que lleva el diablo. Imaginó lo mucho que debió discutir con RichardYoSeréBatman cuando se conocieron. Le hubiera gustado verlo.
Richard esperaba impaciente el regreso de Damian para saber si ella vendría o cómo se sentía. Luego de la batalla de la mañana no habían tenido tiempo de hablar, se dispersaron antes de que alguien o algo llegara. Imaginó que la fiesta de caridad de esa noche sería una forma de poder verla sin despertar sospechas, al fin y al cabo ¿ella haría una colección para la caridad, no?
- Tu amiga es muy bonita, sería una pena que hoy te la robara -Dijo Damian al entrar. Dejó su mochila sobre la butaca junto al clóset y caminó hacia donde estaba Richard.- No dijo que vendría pero tampoco que no lo haría, eso es algo ¿no?
- Ella no me interesa de esa manera -Dijo mirando a su hermano- pero de todas formas, no creo que tengas oportunidad.
- ¿Y qué Titán es ella? ¿Abeja? ¿Kole? ¿Terra?
- Es Raven.
- Claro, es Raven y no te interesa de esa manera. En fin, me voy a entrenar , Hijo no biológico.
- Jódete, Damian.
El muchacho salió de la habitación sacándole el dedo y Richard le contestó de la misma manera. Había pedido a Alfred que entregara invitaciones a todos los Titanes con los que había contactado para que asistieran esa noche. Era arriesgado, pero necesitaba saber quiénes estaban dispuestos a luchar una vez más.
Se tumbó sobre la cama, dispuesto a descansar unas horas antes de arreglarse para la fiesta.
Sabía que era un sueño, porque lo había vivido y soñado antes. Era uno de esos sueños tan reales y perfectos que no quieres despertar. Era un sueño desgarrador. Raven lo miraba junto a la ventana, con el té humeante entre sus manos. Lo miraba profundamente, tanto que casi le dolía.
La muchacha caminó hasta él, dejando la taza de té sobre la mesa del comedor y lo abrazó. Permanecieron enlazados unos segundos, mientras él luchaba por retener su calor para siempre. Él besaba su mejilla, tan cerca de sus labios que casi podía sentir su respiración rozando su rostro. ¿Te pondrás en contacto?, le decía Robin mientras deshacían su abrazo, pero Raven nunca respondía.
Despertó y Tim y Damian lo miraban desde la puerta, con la risa en los ojos.
- ¿Te pondrás en contacto, Raven? -Dijo Tim, abrazando a Damian como en una película de amor.
- Sola la muerte podría evitarlo, Robin - Contestó Damian, mientras acercaban sus caras en la parodia de un beso.
- Si Bruce los ve así se preguntará si no están pasando mucho tiempo con Hal -Dijo Dick lanzándoles un cojín y los tres estallaron en risas.
Luego de despachar a sus hermanos, Robin se metió en la ducha. Dejó que el agua bajara y relajara sus músculos y se llevara la sensación de los labios de Raven cerca de su rostro. Aquello había sucedido, ellos se habían abrazado pero lo del beso... eso era cosa de su imaginación. En aquella época, él y Star eran pareja y ese beso nunca hubiera pasado.
9pm, los invitados comenzaban a llegar. Robin terminó de arreglarse y bajó a recibirlos junto a Bruce y sus hermanos.
