Kiyoshi

Inclinándose un poco hacia atrás, Kyoya evitó que un rayo de sol le diera directamente en los ojos. Concentrado como estaba en la amalgama de mantas entre sus brazos, no vio cómo su hermana traía un par de tazas de té y buscaba el móvil para hacerle una foto. Sí que llegó a oír la suave risa de Fuyumi, pero hizo caso omiso y siguió mirando a su sobrino: con apenas un mes de vida, Kiyoshi tenía atrapado en su pequeña mano a su tío Kyoya. Aún era muy pequeño como para saber si tenía los rasgos de su padre o de su madre, pero estaba claro que los ojos grises que miraban a Kyoya desde esa cara de bebé eran los de la familia Otori.

-Se te enfriará el té, Kyoya -sonrió Fuyumi desde el otro lado de la mesa. El joven alzó la vista hacia ella, mirando la taza de té y a Kiyoshi alternativamente-. Déjalo en el sofá, aún no se mueve lo suficiente como para que se pueda caer.

Kyoya asintió y con el máximo cuidado se levantó de la mesa, dejando a su sobrino sobre el sofá mientras tenía cuidado con su menuda cabeza. Desde el primer momento en el que Fuyumi lo había dejado en sus brazos, Kyoya tenía miedo de hacer algo que hiciera daño al bebé, pero estaba claro que Kiyoshi era un niño muy tranquilo y en ningún momento había hecho otra cosa que mirar con los ojos como platos a Kyoya. Casi sin moverse ni pestañear.

-Es muy curioso -dijo Fuyumi una vez Kyoya hubo vuelto a la mesa y empezara a sorber su té-, no para de mirarlo todo.

-Todos los bebés son así, Fuyumi. El mundo es algo nuevo para ellos y quieren saberlo todo -replicó Kyoya.

-Oh, pero Kiyoshi es un Otori. Te aseguro que no es como el resto de bebés.

Kyoya se limitó a hacer un sonido de afirmación, pero no añadió nada más. Ambos hermanos tomaron su té en silencio, mirando de vez en cuando al pequeño para asegurarse de que seguía bien. Sin esperarlo, empezaron a oírse unos golpes procedentes del piso de arriba. Fuyumi dio tal sobresalto que casi se le cae el té sobre el vestido.

-¿Kyoya? ¿Esos son tus vecinos?

-¿Mmh? Oh, si. Son una pareja de recién casados, llegaron hace unas semanas y aún están trayendo muebles y demás -dijo tranquilamente el joven, que no se inmutó siquiera cuando empezaron a oírse gritos-. Oh, y parece que no coinciden en los colores de las paredes, las sábanas o cómo se tienen que ordenar los cajones de la cocina. Se pasan muchas tardes gritándose y discutiendo -añadió, encogiéndose de hombros.

-¿Cómo puedes vivir así, hermano? -dijo Fuyumi, horrorizada- Que tengas que cocinar y lavar tu propia ropa aún, pero tener que soportar unos vecinos así es ya demasiado.

-Te acabas acostumbrando -suspiró Kyoya-, además suelo estudiar en la biblioteca de la universidad y cuando estoy aquí me pongo música. No es para tanto.

-La universidad, ¿cómo te va?

-Bastante bien, la verdad -sonrió Kyoya por encima de su taza de té.

-¿Pero...? -preguntó Fuyumi, sabiendo que había algo que su hermano no le decía.

-Pero hecho un poco de menos hacer cuentas, como las del Host Club -suspiró el joven, que dejó caer la taza resignadamente sobre la mesa-. Parece una tontería, pero siempre me ha gustado la economía, y en casa siempre he puesto mi empeño en cosas de ese estilo para practicar por si en un futuro heredaba la empresa Otori -Fuyumi hizo una mueca con la boca, hacía unos meses que Yoshio había anunciado que su hijo mayor iba a heredar la empresa familiar-. Arquitectura me gusta bastante, y pensándolo bien no es mala idea empezar también a estudiar Economía o Dirección de Empresa.

-¿Pero...? -volvió a repetir Fuyumi.

-Pero dije que quería dejar atrás lo que era en la mansión Otori, y estudiando eso no lo estoy consiguiendo.

Su hermana asintió y dejó su taza de té vacía a un lado.

-¿Lo has hablado con alguien más?

-Tamaki está muy emocionado: dice que me dejaría sus libros y apuntes -Fuyumi rió al ver cómo Kyoya ponía los ojos en blanco-. Isuzu dice que me lo piense bien, ella me apoya en lo que decida hacer. También dice que no porque empiece otra vez a "hacer cuentas" me voy a convertir en el Otori de antes.

-¿El Otori de antes?

-Si, según ella y el Host Club mi vida se divide en "el Otori de antes" y "el Otori de ahora".

-¡Oh, Kyoya! -rió Fuyumi a carcajadas, ignorando cómo el joven la fulminaba con la mirada-. Deja de mirarme así o temo que mi hijo se quedará sin madre nada más haber nacido.

-Si las miradas matasen te aseguro que no serías la primera en caer... -dijo Kyoya, más para su taza de té que para su hermana. En ese momento los vecinos de arriba volvieron a dar otro golpe y una nueva pelea a gritos comenzó- Ellos, por ejemplo, serían los primeros.

Fuyumi rió, pero los golpes y gritos habían asustado al pequeño Kiyoshi, que empezó a dar sollozos desde el sofá. Sintiendo pena por él, su madre se levantó y lo tomó en brazos, paseándose por el salón y acunándolo suavemente.

-Ssh, pequeño... no pasa nada, sólo son los simpáticos vecinos de tu tío Kyoya, que se quieren tanto que tienen que anunciarlo a todo el edificio... ssh... -al levantar la vista de su hijo, Fuyumi vio cómo su hermano sonreía mientras seguía tomando su té- ¿Pasa algo?

El chico se encogió de hombros, negando con la cabeza y acercándose a ellos empezó a acariciar el pelo de Kiyoshi.

-Viendo lo hiperactiva que has sido siempre en casa se me hace raro verte tan tranquila con un niño en brazos. Jamás pensé que serías tan buena madre.

-¡Oye! A veces no sé si tomarme tus comentarios como cumplidos o insultos... ¡y deja de despeinar a mi hijo! -exclamó Fuyumi, dándole golpecitos en la mano a Kyoya para que se alejara de la cabeza de Kiyoshi-. Lo dices como si tú no hubieras cambiado para nada...

-Por supuesto que no -afirmó Kyoya, ajustándose las gafas sobre su nariz como solía hacer en el instituto.

En medio de la pequeña no-discusión, alguien llamó a la puerta del piso de Kyoya, con golpes precisos y secos.

-¡Son las siete! Y esos golpes deben de ser de mi chófer, le dije que me recogiera aquí -exclamó Fuyumi, empezando a recoger su abrigo y el bolso del bebé.

-Os tengo dicho que no vengáis en limusina -gruñó Kyoya mientras se acercaba a abrir la puerta-, mis vecinos son de lo más cotillas y después no paran de preguntarme quién es la gente famosa que no para de venir a mi apartamento.

Fuyumi ignoró las quejas de su hermano a favor de poner a Kiyoshi en el carrito de niño que había junto a la entrada. Allí esperaba ya un hombre vestido de traje, mirando por el rabillo del ojo a Kyoya: entre el servicio las noticias corrían como el viento, y el joven no tenía duda de que aunque Yoshio quería tapar la verdad, todos los sirvientes y chóferes sabían que Kyoya había sido echado de casa.

-Kyoya, espero que hagas la mejor decisión para tu futuro -le dijo Fuyumi mientras le daba un abrazo para despedirse, recordando la conversación que habían tenido antes-. Me pasaré por aquí la semana que viene, quizás. Hablamos por teléfono.

-De acuerdo, nos vemos pronto -asintió Kyoya, después de sonreír y posar un beso en la frente de su sobrino.

Con un último movimiento de mano de despedida, Kyoya cerró la puerta y se asomó por la ventana a ver cómo su hermana montaba en el coche a salvo. De vuelta al salón recogió las tazas de té y de camino a la cocina oyó a su móvil vibrar en alguna parte de la casa. Dejándolo todo para limpiarlo más tarde, buscó durante un rato su móvil entre los cojines del sofá hasta dar con él y ver que le había llegado un mensaje de su hermana.

-Pero si te acabas de ir, Fuyumi, ¿qué se te ha olvidado?


-¡Ooh! Kyoya, ¿quién es esta ricura?

La pregunta de Tamaki le pilló por sorpresa, e hizo que los gemelos corrieran hacia el frigo a cotillear, donde una foto estaba pegada con un imán.

-¿Mmm? Ah, es Kiyoshi, el hijo de Fuyumi -respondió Kyoya, dándose la vuelta y volviendo a mover el chili que estaban preparando para cenar.

-¿Tu hermana ha tenido un bebé?

-¿Tu hermana estaba embarazada?

-Sí a las dos cosas, obviamente -respondió Haruhi al lado de Kyoya, poniendo los ojos en blanco mientras se acercaba a los gemelos a observar la foto también.

En la foto, Kyoya tenía a Kiyoshi en brazos, enrollado en un montón de mantas y sonriendo al pequeño Otori. La misma foto que Fuyumi había hecho sin que él se diese cuenta.

-¿Crees que crecerá rebelde como su tío? -rió Hikaru.

-Espero que sí, si no la mansión Otori será muy aburrida sin escándalos como los de Kyoya -respondió Kaoru, dándole unas palmaditas de ánimo en el hombro a Kyoya mientras pasaba por su lado.

Kyoya sonrió para sí, negando con la cabeza ante lo descarado del comentario.

-No creo que Kiyoshi tenga muchos problemas con sus padres en el futuro -comentó Mori, que había estado observando desde la puerta. Kyoya le miró y asintió-. Si no su tío rebelde le echará una mano, si hace falta.


A/N: ¡Aaah! Muchas gracias a todos los que últimamente se han interesado en esta historia y A espaldas del mundo, los favoritos y follows se agradecen mucho mucho mucho... a ver si cogemos de nuevo las riendas de esto ;)