Bueno, aquí os dejo el segundo capítulo, espero que os guste. Gracias a las personas que me han dado a seguir y han comentado :)
Clarke estaba sentada en la cama, viendo como Abby caminaba alrededor de esta. Su paciencia estaba a punto de explotar.
- Mamá, por favor, deja de dar vueltas y explícame de una vez que está pasando – preguntó Clarke casi desesperada - ¿Vas a contarme por qué los terrestres están atacando? ¿Y por qué salvaste a Lex… a la comandante – se corrigió – si es la que está haciendo todo esto?
- … - Abby suspiró intentando que las palabras saliesen de su boca – Cariño, mientras estuviste ausente pasaron muchas cosas. Para resumírtelo… los terrícolas que nos atacan no son el Clan de los árboles, sino la Nación de Hielo – su madre se la quedó mirando unos segundos para dejar que procesara la información – Y el clan de los arboles está luchando contra ellos - terminó de decir.
La cabeza de Clarke empezó a dar vueltas otra vez. Estaba intentando entender lo que su madre le estaba explicando. ¿Cómo era posible que los clanes estuviesen luchando los unos contra los otros? Ahora estaban unidos así que no tenía sentido. ¿Y por qué su pueblo estaba envuelto es la situación si la guerra era entre ellos? Al fin y al cabo, Clarke sabía que el Clan de los árboles y la Nación de Hielo eran enemigos antes de la alianza de los 12 clanes.
- La comandante vino al campamento Jaha un par de días después de lo de Monte Weather – Abby notó el dolor en los ojos de Clarke al mencionar eso. – Nos advirtió que estaban viniendo… - puso su mano en el hombre de Clarke para confortarla.
- Y la creísteis… después de lo que me hizo… lo que nos hizo a todos… - dijo Clarke con rabia.
- No, al principio no la creímos, pensábamos que solo nos estaba intentando asustar para deshacerse de nosotros y casi le echamos a patadas de aquí – dijo honestamente al recordar la fría expresión y la calma que mostró la comandante cuando la trataron así. – Pero al cabo de unas semanas guerreros de la Nacion de Hielo llegaron a nuestras puertas para atacarnos… necesitábamos ayuda… - suspiró otra vez.
- Así que fuisteis a TonDc con el rabo entre las piernas… - las palabras de Clarke fueron severas cuando miró a su madre con rabia.
- Sí Clarke, lo hicimos… tienes que entenderlo… el ejercito de la Nación de Hielo es… enorme – el pánico en su mirada era obvio.
- Vale – dijó Clarke respirando profundamente para calmarse cuando vio los ojos de su madre. – Pero eso aún no explica porque os está ayudando y porque sigue aquí.
- Bueno, para ser honesta, fue una sorpresa también para todos nosotros cuando estuvo dispuesta a ayudarnos. Tuvimos una reunión con ella… solo quería hablar contigo… sabes… - su madre dijo con precaución esperando la reacción de Clarke.
- ¿Cómo se atreve? – gritó. La respiración de Clarke se hizo costosa mientras su rabia empezaba a arder otra vez. - ¿Cómo se atreve si quiera a… - pero su madre la interrumpió.
- Cariño, la cuestión es - Abby puso sus manos en las mejillas de Clarke para relajarla – que cuando le explicamos que no estabas aquí y que no sabíamos dónde estabas, simplemente asintió con la cabeza y antes de ir marcharse dijo que la alianza con nosotros aún seguía intacta.
Los ojos de Clarke casi se abrieron como platos en incredulidad.
- Lo sé cariño, sé que es difícil que lo creas, pero es verdad. Tienes la prueba justo en la otra habitación – Abby señaló hacia la habitación de Lexa.
¿Por qué? Esa era la pregunta que Clarke tenía en su cabeza. La había dejado delante de Monte Weather a su muerte, había hecho el trato para salvar a su pueblo y sacrificar a sus amigos. El trato que había forzado su mano a matar a todas aquellos inocentes. Eso era algo que Clarke nunca le perdonaría… la manera en la que traicionó… después de todos los sacrificios que hicieron… después de todo el tiempo que habían pasado juntas… Rabia, rabia y más rabia era lo que sentía cada vez que pensaba en ello.
Abby observó en silencio su expresión… deseó que algún día pudiera superar el dolor y la rabia que se habían instalado en su corazón. Ya no era una niña pequeña… no podía simplemente poner una tirita para curarle las heridas a Clarke y eso la entristeció profundamente.
- Bueno, ahora ya lo sabes… dejaré que descanses – dijo Abby mientras se alejaba de Clarke. – Por favor, descansa y… solo descansa – querría haber dicho muchas más cosas.
- Espera – Clarke la interrumpió cuando estaba a punto de salir de la habitación. – Has dicho que necesitamos a la comandante viva… si lo que me has dicho es cierto, tienes razón – estaba recuperando el sentido otra vez. - ¿Cómo está de herida? – por un segundo Abby pudo ver preocupación en los ojos de su hija.
- Cuando la encontramos tenía un corte muy grave en el lado derecho de su torso y había perdido mucha sangre, casi muere dos veces en la mesa de operaciones – dijo Abby.
Clarke dio un grito ahogado casi imperceptible. Por un segundo ese pensamiento hizo que el miedo invadiera su cuerpo y su mente, pero los apartó rápidamente y se calmó.
- Pero sobrevivió Clarke – su madre le aseguró. – Es muy fuerte y se está recuperando muy bien. Al igual que tú, todo lo que necesita ahora es descansar. – Abby le sonrió levemente y salió de la habitación.
Clarke fue dada de alta de la zona hospitalaria unos días después y había recuperado su antigua habitación en el Arca.
Pasaba todo el tiempo posible en el exterior, no le gustaba pasar el tiempo dentro de las adustas paredes del Arca, aunque casi todos los días estaba metida en la sala de operaciones, discutiendo tácticas de guerra con Markus, Bellamy y algunos más. Por su puesto, evitaba la habitación de Lexa y cuando estaba en el exterior, simplemente estaba sola, intentando evitar a cualquiera, incluso a sus amigos. Pasaba algún que otro momento con ellos cada día para acostumbrarse a estar otra vez a su alrededor, pero era difícil, muy difícil. Todavía no estaba preparada para enfrentarse a ellos del todo.
Ese día estaba observando como los adultos estaban haciendo sus quehaceres y como los niños estaban jugando y riendo. Los dos últimos días habían sido tranquilos ya que no había habido ningún ataque. Estaba tumbada en la hierba con los ojos cerrados, intentado relajarse, pensar, encontrar un poco de paz interior. Estaba dejando que el sol calentase su piel, sintiéndose mejor. El sol, el sonido de las risas de los niños y el cantar de los pájaros eran apaciguadores. Paso a paso, pensó. Se dio cuenta de que alguien estaba delante de ella cuando notó una sombra bloqueando el sol.
- Hola cariño – le sonrió su madre.
- Hola mamá – le saludó con una leve sonrisa.
- Clarke, siento interrumpir tu momento – la expresión de Abby cambió cuando dijo eso – Pero la comandante ha sido dada de alta y está en modo de toda comandante, ya sabes… - su madre suspiró. – Quiere reunirse contigo, sabe que has vuelto y solo quiere hablar contigo – Abby la miró con preocupación.
Mierda, se estaba sintiendo bastante bien hoy… eso era fantástico. Sabía que tarde o temprano tendría que ver a Lexa otra vez, pero no estaba preparada… ni si quiera estaba preparada para afrontar a sus amigos, ¿Cómo iba a poder a enfrentarse a la comandante? Suspiró y respiró profundamente antes de responder a su madre. Controla tu rabia, se dijo.
- Vale, sabía que este día tenía que llegar – suspiró otra vez. - ¿Tiene que ser ahora? – preguntó después.
- Sí, ha estado insistiendo desde que sabe que estás aquí – su madre sentenció.
Clarke apretó los puños antes de ponerse en pie, cerró los ojos por un segundo y entonces se levantó. Sintió que el camino desde el exterior hasta la sala de operaciones duraba una eternidad. En su mente no paraban de correr pensamientos, pero ninguno era claro. Cuando llegaron a la sala, su madre abrió la puerta para que entrase y después le dio un leve apretón en el hombre para reconfortarla y se marchó.
Lexa estaba de pie al final de la sala. Estaba impresionante, como siempre. Llevaba su armadura de guerra, su pintura de guerra y su estoica mirada. Nadie hubiera dicho que había estado a punto de morir hacia solo una semana. Cuando escuchó a Clarke entrar en la sala se la quedó mirando, analizándola. Clarke pudo ver en sus ojos como estaba intentando asegurarse de que Clarke estaba de verdad viva, de verdad allí. Aunque su mirada cambio inmediatamente a la gélida de siempre.
La boca de Clarke estaba seca, sus manos estaban temblando ligeramente. ¿Por qué estaba tan nerviosa? Trató de concentrarse, de despejar su cabeza. Estaba ahí en ese momento y tenía que ser la líder que su pueblo se merecía. Clavó su mirada con la de Lexa y su rabia empezó a subir otra vez. Estaba delante de la persona que la había traicionado, que había roto su… su… confianza.
- ¿Me has hecho llamar? – la voz de Clarke fue fría y Lexa solo asintió. - ¿Qué quieres comandante?
- Necesitamos hablar sobre la guerra Clarke – Lexa respondió mirándola como si esa fuere la respuesta más lógica del mundo. ¿Qué esperaba Clarke? ¿Una disculpa? Pudo sentir su rabia recorriéndole las venas.
- Podrías hablar sobre la guerra con cualquier otro – dijo con voz profunda. - ¿Por qué nos estás ayudando a luchar contra la Nacion de Hielo? Teníais una coalición…
- Sí, pero quería hablarlo solo contigo – sus ojos se intensificaron al decir esas palabras – Y no podía simplemente dejar que la Nación de Hielo haga lo que se le antoje otra vez – una sombra de dolor cruzó por los ojos de Lexa y Clarke lo notó.
Fue entonces cuando Clarke se dio cuenta de los motivos de Lexa. Quería venganza, por su puesto. Jus drein, jus daun. La muerte de Costia. Clarke estaba a punto de explotar de rabia. Estaba utilizando a su pueblo otra vez para su propio beneficio. Ya era suficiente.
- ¿Qué te crees? Eh? ¿Qué puedes venir aquí, después de lo que hiciste y arrastrarnos a otra guerra solo porque quieres venganza? ¿No has hecho ya suficiente daño? – le gritó a la comandante. Lexa no dijo nada durante unos segundos, mirándola duramente.
- No os estoy arrastrando a otra guerra Clarke – su voz era dura para tranquila – Estoy aquí porque quería ayudar.
- ¡Guilipolleces! – gritó la rubia. – Sé que quieres venganza, jus dreis, jus daun, no? Esta es tu oportunidad para verga a Costia y nos estás utilizando como nos utilizaste contra Monte Weather! – la cara de Clarke estaba roja.
- No miento – Lexa elevó el tono y apretó los puños – Os atacan a vosotros Clarke, no al Clan de los árboles, ¿es que no lo ves? Su ejército es tan enorme porque otro clanes se les han unido – dio unos pasos hacia Clarke, se paró y respiró profundamente tratando de calmarse. – Puede que no confíes en mí, lo entiendo.
- No me digas – dijo la rubia irónicamente. Los ojos de Lexa mostraron dolor por un segundo.
- Sé que estás enfadada conmigo, pero no dejes que tus emociones nublen tu mente, no esta vez – Lexa continuó – Ahora que has derrotado a Monte Weather, la coalición está empezando a disolverse. Algunos clanes os tienen miedo y os ven como una amenaza así que quieren borraros de la faz de la tierra… - dijo seriamente.
Entonces Clarke intentó concentrase otra vez, las palabras de Lexa penetrando en su mente mientras se daba cuenta de las consecuencias de ellas. Se sintió devastada. ¿Por qué no podían vivir en paz y armonía? ¿Por qué era tan difícil para los terrestres estar en paz? Clarke se entristeció.
- Clarke… - Lexa intentó acercarse a la otra chica, cambiar la tristeza de sus ojos, pero se detuvo. – Sé que lo único que siempre has querido es paz. Como he dicho, estoy aquí para ayudar. Conozco una manera de finalmente conseguirla.
Clarke la miró recelosa. No confiaba en ella y dudaba que alguna vez fuese capaz de volverlo a hacer.
- ¿Por qué? – preguntó Clarke frunciendo el ceño.
- … - Lexa suspiró y cerró los ojos. Cuando los volvió a abrir ya no tenía su máscara, sus ojos mostraban cansancio y dolor – Porque estoy cansada de tanto derramamiento de sangre… yo también quiero paz. Como te dije… me importa Clarke… - clavó sus ojos verdes con los azules de la rubia. Esta dejó de respirar por un segundo.
- … - Clarke tragó saliva, recomponiéndose – Me has dicho que sabes un modo para hacerlo – tras decir esto, Lexa afirmo con la cabeza.
- Debes venir conmigo a Polis y hablar con nuestro comité – declaró.
- ¿Tenéis un comité? – preguntó Clarke sorprendida.
- Sí Clarke, no somos tan salvajes como crees – Lexa parecía dolida.
Deberías venir conmigo a la capital. Polis cambará tu opinión sobre nosotros. Las palabras resonaron en la cabeza de Clarke, palabras que ahora le dolían. Recordó su contestación también. Pero cambió de opinión después de Monte Weather. Estaba enfadada con Lexa, pero si tenía razón… tenía que intentarlo. Su rabia podría seguir ahí igualmente.
- Muy bien entonces. Mañana por la mañana partiremos para Polis – se giró dejando a Lexa en la sala.
