Hola! Perdón por la demora de los dos últimos capítulos, a partir de ahora prometo intentar actualizar más seguido, de verdad! Este capítulo es un poquito más largo para compensar los retrasos. Espero que os guste y muchas gracias por vuestros comentarios, me animan y motivan!
Aquí os dejo el capítulo 4. Como siempre por favor comentar, opinar y sed libres de dar ideas!
Caminaron a través de las calles de la ciudad durante 10 minutos, admirando todo lo que veían. Los edificios, las casas, los calles. Era casi igual que las ciudades que habían visto y leído en el Arca y aunque estás eran más rudimentarias eran más bonitas y coloridas. Pararon en frente de una casa marrón claro de dos pisos y Kandia les abrió la puerta. Entraron en la casa aun un poco asombrados, mirando las pinturas de las paredes y los muebles de madera que había alrededor. En el centro había una bonita mesa de madera con sillas a juego. Kandia les enseñó la primera planta donde estaba la sala de estar, la cocina y un tranquilo y acogedor jardín. Después, les enseñó el segundo piso y les señaló cuales serías sus respectivas habitaciones. Clarke obtuvo la última de todas, que era la más grande, con una cama enorme de matrimonio, con las paredes de un tono verde claro y con un balcón al final. La combinación de la luna, las estrellas, las luces de la ciudad, las casas y la gentil brisa era impresionante.
- ¿Está todo a su gusto? – preguntó Kandia desde el umbral de la habitación mientras Clarke seguía mirando a su alrededor aun asombrada. Se giró para mirar a Kandia la cual le sonreía educadamente.
- Sí, todo es… - no podía encontrar las palabras exactas para describir toda la magnificencia que estaba viendo – perfecto – dijo finalmente.
- Bien. La cena estará lista en media hora – explicó la chica morena aun con la sonrisa en su rostro – Ahora, iré a informar a los demás – realizó una leve reverencia antes de marcharse.
Tal y como Kandia le había dicho, cuando Clarke bajó media hora más tarde, quizás un poco más, la mesa de madera que había visto antes ahora estaba llena de comida. De todo tipo de comida. Carnes, verduras, panes, diversas bebidas y frutas. Era increíble, demasiado increíble para ser verdad. Vio que los demás ya estaban sentados en las sillas, esperándola para empezar a comer. No se dio cuenta de Kandia que estaba de pie en la esquina de la sala de estar, en las sombras. Clarke les saludó y se disculpó por el retraso. Le respondieron un "no pasa nada" y después empezaron a comer como si no hubieran comido en años ya que todo estaba delicioso.
- Esto… Clarke, la reunión será mañana, ¿estás preparada para ello? – Marcus, que estaba sentado al lado de ella, le preguntó entre bocado y bocado de carne. Clarke permaneció en silencio unos segundos y su mano se paró en el aire a mitad de camino cuando estaba a punto de agarrar su copa.
- Sí, creo que sí… supongo… no lo sé… es algo muy importante… - se volvió a quedar callada, buscando las palabras adecuadas – nuestra paz, nuestra seguridad, tener un hogar, todo ello depende de cómo vayan las cosas mañana. Lexa dijo que hablarán conmigo y solo conmigo… - suspiró.
- Sí, lo sé, siento que no pueda ayudarte más – contestó Kane con la mirada triste – Es una gran responsabilidad y no deberías de tenerla tu… nosotros… tu madre y yo deberíamos…
- Lo sé Marcus - Clarke le interrumpió con una triste sonrisa – pero sabes que después de todo lo que hemos pasado ya no somos niños… no desde hace tiempo… está bien, ya lo he hecho antes y lo volveré a hacer – bebió al fin de la copa – todo lo que queremos, todo que hemos querido desde un principio es paz, un lugar en la tierra al que llamar hogar – continuó – Les hare verlo, les haré entender que no queremos arrebatarles lo que es suyo, empezar una guerra o atacarles, que lo único que queremos es paz y vivir pacíficamente. Les hare verlo… - dijo las últimas palabras más para ella que para Kane.
Después de la cena todos estaban llenos y exhaustos así que cada uno se retiró a su habitación para descansar y poder dormir en condiciones. Clarke entró a su habitación asignada, agarró una silla que estaba en una de las esquinas de la habitación e inmediatamente se dirigió al balcón. Colocó la silla y se sentó en ella. Podía ver casi toda Polis y era increíble. Todo una foto mental por si decidía volver a dibujar, o tenía tiempo de volver a dibujar, pensó esto último suspirando. Mientras analizaba las vistas, se dio cuenta que no lejos de ahí había una gran casa que parecía casi una mansión pero al estilo terrestre, por su puesto. Era más bonita que el resto, más majestuosa. Tenía una gran puerta de madera, tres plantas de las cuales dos de ellas tenían balcón. Entonces se percató de que algo se movía en uno de los balcones. Enfocó más la vista y casi dejó de respirar cuando se dio cuenta quien era. Tenía apoyada su espalda en pared de detrás, mirando al cielo. La luna hacía que su piel de tono oliva y sus verdes ojos brillaran. Esa era la casa de Lexa. Clarke la observó durante lo que le parecieron horas, estudiando sus facciones, la forma de su cuerpo. De repente, anonadada, se dio cuenta de lo que estaba haciendo. ¿Qué puñetas estaba haciendo? ¿Qué diablos estaba pensando? Bueno, para ser sincera, no estaba pensando, ese era el problema. Estaba tan abrumada por todo que se había dejado llevar, solo eso, se dijo. Con una rabia repentina, entró en la habitación, se cambió la ropa por una más cómoda para dormir y se metió en la cama. Intentó dormir pero demasiados pensamientos recorrían su mente. Se centró en lo más importante en ese momento, en la reunión con el Consejo y en lo que les diría. Esa noche durmió muy poco y ni si quiera tuvo tiempo de tener pesadillas.
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A la mañana siguiente, otra terrestre, pelirroja y con un vestido similar al de Kandia, les esperaba con el desayuno preparado. Comieron en silencio, obviamente nerviosos por lo que iba a suceder. Clarke solo pudo tomar unos bocados ya que su estómago estaba demasiado cerrado.
- Lo vas a hacer genial princesa – Octavia se había acercado a ella y después le había puesto una mano en el hombro.
- Gracias O – le contestó Clarke con una leve sonrisa – Solo estoy un poco nerviosa ¿sabes? Pero no puedo dejar que me vean así, deben verme como una líder fuerte y segura – comentó seriamente.
- Y lo eres Clarke, créeme, lo eres – la joven guerrera se apretó suavemente el hombre para tranquilizarla.
- Por cierto, ¿dónde está Kandia? - Preguntó después al notar a la otra terrestre.
- No sé – contestó Octavia encogiéndose de hombros al soltar el hombre de Clarke – Cuando hemos bajado estaba mañana solo estaba esta otra terrestre y solo dijo que se llamaba Nerin. Supongo que hacen turnos.
- Bueno, da igual. ¿Estaréis conmigo en la sala de reuniones, verdad? - preguntó Clarke.
- Sí, a Lincoln y a mí se nos permitirá estar ahí como tus guardias. Lincoln me ha dicho que solo se permiten dos guardias por líder, así que Marcus y Bellamy se quedarán aquí – dijo Octavia con preocupación.
- No os preocupéis, es solo una reunión. No creo que haya ningún ataque ni nada por el estilo – les intentó calmar Lincoln.
- Ojalá – susurró Clarke.
- ¿Heda Celeste? – la nueva terrestre se había acercado sigilosamente y a Clarke casi le da un ataque al corazón que intentó disimular.
- ¿Sí? ¿Nerin, verdad? – Clarke la miró con calma aunque con el pulso aun acelerado.
- Heda quiere hablar contigo antes de la reunión – dijo la chica con una reverencia.
- Bueno, dile a tu Heda que puede venir aquí para hablar conmigo o puede esperar a que termine de desayunar – Clarke contestó enfadada por la mención de la comandante.
- La cuestión es… - la chica titubeó – que ha dicho que sea de… inmediato – la voz de la terrestre se volvió tímida.
Clarke resopló. ¿De verdad? ¿Quién se creia que era haciendola llamar cuando a ella se le antojese sin importar la hora o las circunstancias?
- Dijo que era importante – Nerin insistió tímidamente otra vez.
- Está bien, ahora iré – suspiró la rubia.
- Dos guardias están esperándola para acompañarla – agregó la chica.
Clarke sentió un déjà vu. Lexa haciéndola llamar, guardias escoltándola. Sintió como su irritación crecía. Los dos guardas la guiaron hacia la gran casa que había visto la noche anterior que estaba solo a dos casas de distancia. Al principio se maravilló con la estructura de la casa, pero rápidamente se recompuso y volvió a su irritación. Cuando entró en la sala de estar, ahí estaba Lexa, sentada en su trono, con su ropa, su pintura y su mirada habituales. Indra estaba a su derecha, con su típica mirada de: quiero matarte.
- Déjanos – dijo Lexa mientras Clarke se les acercaba.
- Pero Heda – Indra intentó protestar pero Lexa levantó la mano para hacerla callar – Puede ser peligrosa – intentó decir otra vez.
- Shof op Indra (cállate) – le ordenó la comandante con exasperación – He dicho que nos dejes – repitió las palabras remarcando cada una de ellas. Con cara de pocos amigos y mirando mal a Clarke se marchó de la sala.
- ¿Qué? ¿Tiene miedo de que vaya a matarte? – preguntó Clarke con sarcasmo y molestia – Lexa le dirigió una mirada significativa – En cualquier caso, ¿qué quieres? Me has mandado llamar – dijo la chica celeste aun molesta.
- La reunión será en dos horas – Lexa dejó que las palabras entraran en Clarke – Así que necesitamos estar preparadas. Habrá doce de nosotros, cada clan tiene un representante. Voy a decirte como hablar con ellos. Cuestionaran todo lo que digas y preguntaran muchísimo. Incluso pueden que intenten que tu…
- ¿Qué? ¡No hables en plural Lexa! – Clarke estaba furiosa. ¿Quién se creía que era intentándole decir que hacer? No confiaba en ella, no quería su ayuda a pesar de que en el fondo sabía que la necesitaba. – ¡No voy a permitir que me digas que hacer o que decir! Lo haré a mi manera. Puedo manejarlo sola, ¡no confío en ti para nada comandante! ¡Me dejaste en las puertas de la muerte una vez, no puedo confiar en ti, ni ahora ni nunca! – Clarke estaba casi gritando.
Lexa se la quedó mirando unos segundos, intentando mantenerse estoica, no mostrar ninguna emoción, pero sus ojos la traicionaron y mostraron dolor por un segundo.
- Lo entiendo Clarke – dijo al fin – pero no puedes dejar que tus emociones contra mi te nublen – su voz era profunda y regular – Esto es algo muy serio y sabes que necesitas mi ayuda. Solo estoy intentando avisarte…
- ¿Sabes qué? Se acabó, ¿me oyes? Después de esta reunión no quiero volver a verte, no quiero saber nada sobre ti – estaba furiosa por la arrogancia de Lexa – ¡Ahora, como he dicho, puedo manejarlo sola, así que adiós comandante! – Clarke se dio la vuelta y salió de la habitación y de la casa.
Lexa permaneció sentada en el trono, le dio un puñetazo al reposabrazos con toda su fuerza y luchó por contener las lágrimas que amenazaban por salir. Indra entró inmediatamente en la habitación después de escuchar el golpe.
- Heda, ¿estás bien? – preguntó la guerrera. Esto forzó a Lexa a recomponerse más rápido.
- Sí Indra, Clarke ya se ha ido, no te preocupes – se levantó del trono – Iré a descansar un rato antes de la reunión, puedes irte – dijo mientas se dirigía a las escaleras.
- Heda, ¿pueda hablar libremente? – preguntó apretando la mandíbula.
Lexa se paró y se giró para mirar a Indra y vio la preocupación en los ojos de la guerrera. No quería tener esta conversación con ella en ese momento, pero sabía que su general estaba preocupada por ella.
- Habla – dijo finalmente acercándose al trono y sentándose en él.
- Has cambiado desde Monte Weather Heda y no soy la única que lo ha notado. Los guerreros hablan, ¿por qué crees que otros clanes se han unido a la Nación de Hielo? Han empezado a pensar que eres débil… otra vez… - Indra dijo con preocupación. Lexa solo permaneció en silencio, mirándola seriamente – Necesitas ser despiadada otra vez, necesitas ser tú otra vez, por el bien de nuestro pueblo. La chica celeste te hace débil – sentenció la guerrera.
- ¿Y si estoy cansada? – sorprendió a Indra con la pregunta - ¿Y si no quiero o no puedo ser esa persona otra vez? – de repente se sintió cansada y exhausta de todo y de todos.
- Sabes lo que pasaría – Indra dejo las palabras en el aire unos segundos – Se revelarían contra ti y morirías para poder conseguir un nuevo comandante – dijo con sinceridad.
Lexa sabía que Indra tenía razón, que pasaría eso si los otros clanes pensaban que no era digna de su título. ¿Estaba preparada para liberar su espíritu? No, no lo estaba, no todavía. Un nuevo fuego empezó a arder en su interior. Estaba cansada de guerras y de baños de sangre, pero si alguien quería empezar una guerra contra ella, lucharía, y lucharía con toda sus fuerzas.
- Deja que lo intenten, pero perderían – Indra vio el fuego en los ojos de su comandante y en ese momento supo que quizás la comandante no era la misma, pero todavía seguía siendo poderosa.
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Clarke estaba enfrente de un gran edificio blanco, incluso con las puertas blancas. El sol brillaba en el cielo con tanta fuerza que hacía que el reflejo fuera casi cegador. Octavía y Lincoln estaban justo detrás de ella y los dos grandes terrestres que les habían escoltado estabna delante, todo ellos esperando a que se moviera. Sabía que los miembros del Consejo ya estaban dentro, esperándola, así que respiró profundamente y empezó a caminar hacia la puerta. Los guerreros les guiaron por un laberinto de pasillos con las paredes completamente blancas hasta que llegaron en frente de una puerta doble de madera. Abrieron las puertas y Clarke, Octavia y Lincoln entraron en la sala. Era una gran sala redonda y también blanca, con una gran mesa redonda de madera en el medio, donde doce personas, incluida Lexa, estaban sentados en sus sillas de madera, cada uno de ellos con dos guardas detrás, no muy cerca, aunque lo suficiente en caso de que fuese necesario actuar. Solo una silla estaba vacía, su silla, supuso Clarke. Las palmas de sus manos empezaron a sudar y su estomagó se encogió. No dejes que te vean nerviosa, se dijo. Se centró en las doce personas que la estaban mirando en silencio. Todos ellos llevaban ropa de guerra y pintura de guerra en sus rostros. Se componían de cinco hombres y siete mujeres de diferentes edades. Solo dos de ellas eran jóvenes, Lexa y otra chica. De repente Clarke abrió los ojos en shock cuando se dio cuenta quien era la otra joven líder.
- Tú – susurró Clarke aun en shock.
- Bienvenida Clarke del pueblo celeste – le dijo Kandia al levantarse de la silla. – Por favor, siéntate – señaló la silla vacía con su mano – Así podremos empezar con la reunión.
