Hola! Cómo han estado?

Antes de dejarles con el capítulo, me gustaría agradecerles por dedicar parte de su tiempo a leer este fic. Mil gracias.

Bien, les dejo con el capítulo!


Capítulo 3: Akane, Ranma...y Kenji?

Cuando Akane y sus compañeros salían de la universidad, ocurrió una explosión en los parqueaderos. Rápidamente fueron hasta allá para ver lo que había pasado. Entre quienes ya se encontraban allí, Akane divisó a Ranma. Cuando se acercó, vio la expresión que tenía el rostro de su novio, y se sorprendió mucho, pues nunca antes lo había visto así.

Poco después Ranma salió corriendo de aquel lugar. La chica lo siguió hasta que por fin se detuvieron, y cuando le preguntó que es lo que le estaba pasando, él le contestó con algo que la dejó helada:

—Akane... yo... yo...yo soy quien causó esta explosión...— hizo una larga pausa y luego agregó — y también... soy el responsable de las que ocurrieron antes.

Ranma lo dijo con un tono de voz que expresaba una terrible angustia. Ella lo miró sorprendida y asustada.

Lo que acababa de escuchar, era del todo sorprendente, hasta el punto de dejarla atónita; jamás se habría imaginado a Ranma diciendo algo como eso.

— Acaso te has vuelto loco! Cómo puedes decir algo así! — gritó Akane.

— Recuerdas aquel restaurante que se estaba incendiando la mañana cuando íbamos a la universidad? Ahí me di cuenta de algo, pero no quise decirte porque parecía ilógico.

— Qué!? Qué fue lo que no me dijiste? — inquirió la chica ansiosa por aclarar esa situación tan preocupante.

— Que ese cráter ya lo había visto en otras ocasiones.

— Pues claro que los has visto Ranma... ha aparecido en las otras explosiones, y también ahora, en los parqueaderos!

— No Akane! Ese cráter, su forma, el tamaño que tiene, es idéntico al que causa mi huracán del tigre.

— Qué? Y solo por eso dices que tu eres el culpable?... eso no prueba nada — comentó Akane con alivio, al ver que Ranma había exagerado al decir todo eso.

— No... no es solo por eso — dijo Ranma — hace poco, antes de que ocurriera nada en los parqueaderos, yo sentí mi propia energía en aquel sitio...

— Imposible, cómo puede ser eso? — exclamó Akane sin encontrar una explicación para eso.

— No lo sé! No lo sé! Pero... es imposible que alguien tenga el mismo tipo de energía que yo... y sobre todo, no conozco a nadie más que pueda hacer el Huracán del tigre! — dijo Ranma claramente afectado — Que me está pasando? Por qué hice algo así?

— Ya tranquilízate Ranma, tu no eres el causante de esto... estoy segura de que debe haber otra explicación para esto! Entiende, tu ni siquiera has estado en esos lugares antes de que estallaran, no?

— No, pero de alguna forma yo...

— Lo ves? De ninguna manera puede ser lo que tu dices — interrumpió Akane. Se acercó y lo abrazó fuertemente. El chico correspondió al abrazo con la misma intensidad.

— Ya deja de atormentarte con eso... — le susurró la chica.

— Gracias Akane, no se que sería de mi si tu no estuvieses a mi lado — dijo Ranma agradecido con el destino, por haberle permitido encontrar una novia tan maravillosa.

Ya más calmados, retomaron el camino de regreso a Nerima. En el trayecto, ninguno de los dos volvió a tocar el tema.

Cuando llegaron a casa, Kasumi ya tenía lista la cena, por lo que ambos fueron directo a sus habitaciones. Akane se cambió rápido y bajó a la mesa.

— Y Ranma? A dónde fue? — preguntó Akane al ver su puesto vacío.

— No sé, subió igual que tu, pero no ha bajado aún— le dijo Nodoka.

— Qué raro! El siempre es el primero en venir a la mesa! Excepto las mañanas, porque le cuesta despegarse del futón — opinó Genma. (como si a él no le ocurriese lo mismo!).

Ranma estaba acostado sobre el techo de la casa mirando el firmamento, y profundamente pensativo. De repente, escuchó que alguien caminaba por el techo. Al regresar a ver, notó que era su prometida. Cuando Ranma se giró, Akane pudo contemplar su cara; se veía bastante preocupado. La chica inspiró aire lentamente, y se acurrucó junto a él, rodeándose los hombros con los brazos de su novio. Akane no le preguntó nada, tan solo permaneció en silencio junto a él. Akane quería que el se diera cuenta de que no se estaba solo, que ella estaba allí para apoyarlo incondicionalmente.

Así permanecieron por un largo tiempo. Luego Akane se levantó y dijo:

—Quieres que te caliente la cena?

—Si... gracias.

— Bien, entremos entonces.

— Ve tú primero, enseguida bajo.

— No te tardes eh?

En cuanto Akane bajó, Ranma sonrió. No importaba cuan deprimido estuviera, bastaba con estar cerca de ella, para olvidar todo lo que lo agobiaba.

Por eso, no odiaba su destino, pues aunque le había hecho pasar por situaciones muy amargas, también le había puesto en su camino a la chica más maravillosa de este mundo.

Aún faltaba mucho para que llegaran las vacaciones, pero después de la semana de exámenes, seguro irían a algún sitio los dos solos. Y es que hace mucho que no había compartido un momento a solas con su novia. Después de lo que pasó con Daisuke y la madre de Akane, ellos habían salido varias veces de viaje de entrenamiento (aunque últimamente no han tenido oportunidad de salir de viaje, ni siquiera un fin de semana).

En su mente, Ranma tenía muy bien grabados todos los momentos vividos con su novia en aquellos viajes, uno en especial, donde finalmente pudieron ser sinceros y declararse el amor que sentían el uno por el otro.

Aquella noche en la que pasó eso, había quedado grabada no solo en su mente, sino también en su corazón.

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De repente, Akane cayó exhausta. Se rodeó el pecho con los brazos. Notaba todo el cuerpo entumecido, sabía que tenía magulladuras en las extremidades.

— Estás bien? Te dije que no te sobre-esfuerces — le regañó Ranma al ver el estado en el que se encontraba su prometida.

Siempre se exigía demasiado en cada entrenamiento. Aunque debido a eso, había mejorado tremendamente sus habilidades, muchas de las veces su cuerpo sobrepasaba el límite y sufría las consecuencias.

El viento azotaba a su alrededor. EL clima parecía más frío y duro que nunca. La temperatura había descendido bastante pues hace rato que la noche ya se había hecho presente.

La tomó en sus brazos, y la llevó para recostarla frente al fuego. Una vez allí, con cuidado le quitó la blusa que estaba hecha jirones por el arduo entrenamiento. Luego curó cada una de sus heridas.

— Gracias... gracias por preocuparte por mí.

— No es que me preocupe por ti...es solo que...aah! — el chico hizo una larga pausa y luego dijo: — No es verdad.. por su puesto que lo hago, siempre me preocupo por ti.

La miró detenidamente. Se veía tan hermosa. Más bella de lo que nunca se imaginó. Incluso, a la pálida luz de la luna, el cabello de Akane brillaba y su piel blanca, parecía resplandecer.

Creo que puedo decirlo: pensaba Ranma.

Después de tanto tiempo, finalmente se sentía capaz de decir aquellas palabras que tanto se habían rehusado a salir.

— Te amo — murmuró Ranma a medida que se abrazaban.

—Yo te amo más— dijo Akane.

Por fin, se mostraron totalmente sinceros, y dejaron de lado el miedo y el orgullo que siempre los había cegado, y que además, no les dejaba escuchar lo que sus corazones gritaban. La noche, aunque fría, tenía algo en el ambiente, algo que silenciaba todo, excepto el palpitar de sus corazones, que latían al ritmo de sus emociones y sus sentimientos más profundos.

—Akane...— La chica sintió el cálido aliento de Ranma. Estaban tan cerca, el corazón de chico se aceleró, se sintió un poco nervioso, así que se separó un poco y trató de incorporarse, pero ella lo detuvo, y lo jaló de su camisa. Luego, empezó a desabotonarla.

—Q... q...qué ...qué...haces? - balbuceó Ranma, mientras Akane terminaba de abrirle la camisa, y la jalaba, dejando al descubierto sus hombros.

Ella levantó un dedo y lo puso sobre los labios de Ranma, haciéndolo callar. De pronto, Ranma sintió la otra mano de Akane, tibia y suave sobre su pecho. Su corazón se aceleró aun más al sentir cómo le acariciaba. Lentamente se acerco al rostro de Ranma. La boca de Akane le rozó la mejilla y la comisura de su boca.

— Eres tan hermosa — susurró Ranma completamente hipnotizado por la belleza de la mujer que tenía en frente.

Nunca antes se habían mirado así, con deseo. Volvieron a juntar sus labios. Él gimió ante el contacto. Aquel beso se volvía cada vez mas apasionado. Su aliento se mezcló con el de Ranma mientras se tumbaba sobre él. Había magia en aquel beso y una pasión descontrolada se apoderó de ellos. La inexperiencia en ambos era evidente. No sabían por donde empezar, pero la naturaleza les guió a través de sus cuerpos. Ranma le recorrió la espalda con la mano y la apretó aún más contra él.

La deseaba con una intensidad que le era desconocida. Ansiaba con todas sus fuerzas acariciarla de los pies a la cabeza, asi que no se contuvo, y empezó a recorrer el cuerpo femenino con las manos, disfrutando de cada curva, disfrutando del tacto suave de su piel. Quería hundirse profundamente en ella.

—Ranma...Yo...yo quiero...quiero unirme a ti esta noche.. — dijo Akane respirando agitadamente— quiero que esta noche...seamos uno solo.

De nuevo unieron sus labios en un beso cargado de pasión, mientras Ranma giraba, para quedar encima de ella. Akane dejó escapar un gemido al sentir ese cuerpo ágil y duro sobre ella. Su peso la dejaba sin aliento. Esos músculos fuertes y definidos se contraían a su alrededor con cada pequeño movimiento que realizaba. Akane quería más. Quería sentirlo dentro. Una capa de sudor cubría su cuerpo mientras abandonaba sus pechos para descender por su torso, hasta las caderas y volver a ascender. Su cuerpo ardía en cada lugar donde él la tocaba.

Ranma le separó las piernas utilizando uno de sus muslos, provocando que Akane se estremeciera aún más.

Aquella noche, en medio del bosque, bajo la luz de la luna y las estrellas, se acoplaron en un largo y sublime acto amoroso. Eran uno solo. Estaban unidos, tan próximos que sus corazones no se podían distinguir.

Ranma–dijo con un suspiro. Era la experiencia más increíble que habían sentido jamás. Ambos terminaron a la vez, compartiendo un violento placer. Ranma echó la cabeza hacia atrás y lanzó un gemido mientras la penetraba una última vez. Ella gritó agitándose entre sus brazos.

Cuando él se derrumbó sobre su cuerpo, ella lo abrazó con fuerza. Sin muchos deseos de separarse de él, sintió cómo Ranma salía de ella.

– Qué ha sucedido? –preguntó él en voz baja.

– No lo sé, pero ha sido maravilloso...

A la mañana siguiente, cuando Akane despertó y miró a su alrededor, se levantó de golpe.

Todo había sido un sueño? O era verdad? Confundida, apartó el cobertor y casi gritó al ver su cuerpo desnudo.

Arrepentida por lo ocurrido la noche anterior, pensó: cómo pude comportarme de esa manera?!.

Pero una sonrisa pícara se le escapó al recordar cada detalle de lo que pasó hace unas horas nada más.

De pronto Ranma entró en la carpa y de inmediato, la chica se arropó con la frazada hasta cubrirse completamente.

Te traje algo de comida — dijo sentándose junto a ella, mientras la observaba tapada.

— Gracias —respondió, avergonzada y desnuda bajo aquella manta.

— Así tapada, no vas a poder comer —dijo Ranma, intentando no sonreír al verla así.

—Estoy un poco confundida — dijo al fin bajando el cobertor (pero solo hasta los ojos) — Cuando me desperté y pensé en lo que pasó ayer...

—Fue maravilloso... — le respondió el chico.

Aquellas palabras y la ardiente mirada de Ranma tranquilizaron a la chica, quien le respondió con una deslumbrante sonrisa, de esas que siempre hacían que el corazón de Ranma se acelerara.

— Te amo... Akane — respondió Ranma, y la abrazó.

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Definitivamente, era afortunado de tenerla a su lado, de eso estaba seguro.

Sin perder más tiempo, bajó para comer junto con su novia, pues ella también se había saltado la cena por subir a verlo.

El tiempo siguió su curso, y llegó el viernes; el reloj marcaba las 7 p.m. Ranma esperaba a Akane, para juntos volver a casa.

Aquel día, sería el último en que Akane saldría tan tarde por ayudar a estudiar a sus compañeros.

Cuando salió, antes de cruzar la puerta, se despidió de sus compañeros. El último en hacerlo fue Kenji. Ranma se acercó a ellos. Como siempre, el amigo de Akane lo ignoró totalmente.

La chica se percató del estado en el que estaba su prometido. No era la primera vez que sucedía, estaba claro que Ranma tenía celos de su amistad con Kenji. Pero en realidad no había motivos para preocuparse. Aún así, sin importar cuantas veces se lo dijera, siempre se ponía celoso.

Y como era de esperarse, nuevamente Ranma miraba con desdén a Kenji; la expresión que tenía en el rostro era la de alguien amargado y furioso.

—Te veo mañana — dijo Kenji y se marchó.

Akane no se atrevió a mirarlo. Se sentía mal por él, pues no se merecía en lo absoluto el desprecio de Ranma.

Lo último que dijo aquel sujeto, hizo que Ranma se molestara aún más, si es que eso era posible.

—Ya vas a empezar? — dijo Akane. Eso no sonó como una pregunta sino mas bien como una amenaza.

— Qué? No! Es solo que tenía entendido que hoy era el último día que los ayudarías con esa materia...

—Sí, pero antes de todo eso, quedé con él para ayudarlo el anterior sábado y mañana. No lo recuerdas?

—Si, no se por qué se me olvidó — mintió Ranma, pues lo sabía muy bien. Solo que esperaba que Akane dijera que como estuvieron repasando toda esta semana, no era ya necesario que se vieran nuevamente.

A la mañana siguiente, de igual manera que el anterior sábado, Akane se disponía a salir hacia la universidad, para encontrarse con Kenji en la biblioteca.

— Ya me voy Kasumi!

— Ah es cierto, hoy también te verás con tu amigo — dijo la mayor de las Tendo.

—Si, se lo prometí, así que ya debo irme...

— Que te vaya bien — le dijo Kasumi

— Y Ranma? — le preguntó Akane; parecía un deja vu, pues algo muy similar había pasado el sábado anterior.

— El salió muy temprano... dijo que tenía unos lugares que visitar.

— Mmmmm... espero que no haya salido a buscar algún otro disfraz — comentó Akane, haciendo alusión al traje de conserje que Ranma vestía en la biblioteca con el fin de espiarla la vez anterior.

— Disfraz? — preguntó Kasumi sin entender porqué su hermana decía eso.

— Eh? Aaah No... no es nada... yo me entiendo, adiós Kasumi.

Una vez fuera de la casa, caminó unos cuantos metros, cuando divisó a alguien.

—Hola Akane!

—Ah! Hola Kenji — se le abrió la boca por la sorpresa — creí que nos veríamos en la biblioteca como siempre.

El joven estaba muy bien peinado, ni un solo cabello estaba fuera de su sitio. Además llevaba un ramo de flores en su mano. Las que se las ofreció a Akane. Durante un segundo se quedo boqueada frente a él. Todo esto fue muy sorpresivo. También estaba conmovida que se hubiera tomado la molestia de llevarle flores.

—Sorprendida?

— Pues si... supongo.

— Se me ocurrió traértelas, como agradecimiento por dedicar tu tiempo libre en enseñarme todas estas cosas que no entiendo en clase...Créeme, eres muy buena explicando.

— Gracias — dijo mientras empezaban a caminar. Kenji se coloco a su lado, muy cerca y juntos siguieron avanzando rumbo a la universidad.

Ranma por su parte, se encontraba en el lugar donde ocurrió la primera de aquellas inexplicables explosiones. Caminaba sigilosamente, inspeccionando el lugar, y a la vez, tratando de no levantar sospechas. Era sábado y aunque algo temprano, ya había bastante gente en las calles. Muchos lo veían extrañados, pues la mayoría evitaba transitar cerca de allí, y los que necesariamente debían pasar lo hacían rápidamente. En cambio él, permanecía de pie en aquel sitio.

En la biblioteca, Kenji resolvía un problema que le había indicado Akane. Cuando terminó, pidió que le revisara, pero ella no le hizo caso. Kenji insistió, sin embargo no tuvo éxito. Al final le palmoteó la espalda suavemente. Esto hizo que la chica reaccionara.

— Que? Perdón, no te estaba poniendo atención?

— Parece que no. Hay algún problema? Hoy estás un poco distraída.

— Ah bueno...

— Si no me lo quieres decir... está bien, no te preocupes.

Akane suspiró — Es lo de siempre, cosas de Ranma, a veces no es él en sí...no vayas a creer que es una mala persona, es solo que...

—Quiza esté un poco celoso, tal vez se siente amenazado.

—Si, quizá.

—No quiero causarte problemas, si quieres puedo hablar con él.

—No no hace falta, en serio, no te preocupes, y mejor sigamos — dijo señalando los libros.

Ya eran cerca de las cuatro de la tarde, cuando Akane y Kenji salían de la biblioteca. Finalmente habían terminado, y el joven estaba listo para afrontar los exámenes, o al menos el que correspondía a la materia en la que ella lo había ayudado.

Justo cuando iban a despedirse, repentinamente, Kenji acercó una mano y le tocó el rostro. Akane se sobresaltó, su cabeza daba vueltas como un torbellino.

—Perdona, es que un cabello estaba a punto de entrarte al ojo— dijo, sosteniendo entre sus dedos un pelo, que debió haberse escapado de la cabellera de la chica.

—Gra..gracias... — dijo Akane agachando la cabeza con las mejillas encendidas.

—No... gracias a ti, gracias por lo de hoy...y por todo —dijo Kenji.

—No hay de que — contestó Akane — hasta el lunes.

—Nos vemos en clase — se despidió Kenji.

Al despedirse, Akane sintió algo extraño. Qué le ocurría? Por qué le costaba tanto despedirse de él? por qué disfrutaba de la compañía de Kenji? Tal vez porque a diferencia de Ranma, Kenji era un tipo atento, cariñoso, entretenido. Pero ella estaba segura de que amaba a Ranma. Entonces, por qué se sentía así? Por qué extrañaba a aquel chico? Con tantas interrogantes, su cabeza era un torbellino de confusión.

Se negaba a aceptarlo, pero sabía que solo había una explicación para eso: le gustaba Kenji.

Trató de apartar esos pensamientos de su mente, de lo contrario, no sería capaz de verle a los ojos a Ranma; sentía que no estaba siendo muy buena novia.

Los días pasaron, y llegó el lunes. Aquella semana era una de las más importantes puesto que rendirían los exámenes parciales de todas sus materias, pero Akane no parecía concentrada en ello. Su mente estaba ocupada en otro asunto, y no precisamente académico.

Ella se esforzaba mucho para que nadie la notara así. Además, desde aquel sábado, ella seguía sin poder verle a los ojos a Ranma. Él no se había dado cuenta de que su novia lo estaba evitando pues su mente estaba ocupada con el asunto de las explosiones. El sentirse culpable por eso no lo dejaba tranquilo. Todos estos días le había encargado atender el dojo a Akane mientras él seguía investigando los sitios donde habían ocurrido las explosiones, aunque hasta el momento todo había sido inútil, pues no había encontrada nada.

La semana avanzó, y el jueves, como era habitual Akane llegó sola a casa, pues Ranma salía más temprano que ella. Al entrar vio a Nodoka sentada junto a la mesa, leyendo un libro. La mujer alzó la mirada cuando la escuchó y la saludó atentamente.

— Hola Akane, ven siéntate un momento, no te quitaré mucho tiempo.

— Aquí tienes — dijo tendiéndole a Akane una tasa de té.

— Gracias tía. Y Ranma?

— Lo envié a la ciudad por un encargo, junto con Genma. Se hizo un breve silencio. Nodoka no sabía como continuar aquella conversación.

Se aclaró la garganta y luego dijo:

— Dime Akane, hay alguna novedad? ... perdón que te pregunte así repentinamente, pero es que...estoy preocupada por ti, hija.

— Preocupada, por qué? Yo estoy bien — dijo con disimulo, sin entender porque le costaba negarlo.

— Porque últimamente no eres tu misma — preguntó con dificultad — ultimamente estas callada... te he notado como ausente.

Akane suspiró — Tiene razón, tía Nodoka.

— Ranma sigue celoso verdad? — preguntó la señora — aunque él no diga nada, se nota a leguas no?

— Pero no es solo eso — admitió sin ser capaz de mirarle a los ojos.

Nodoka intuyó — Se trata de algún otro chico?

Ante esa interrogante, Akane inspiró profundo, y luego, dejó salir el aire lentamente. Después, le contó todo sobre Kenji, incluso le dijo que le gustaba ese chico.

— Y eso es todo? — sonrió Nodoka — eso no quiere decir nada... Aaaay Akane... solo a ti se te pueden ocurrir ese tipo de cosas.

—No se, es que me siento como la peor chica, infiel...

— Pero según lo que me cuentas, no ha pasado nada de lo que tengas que arrepentirte.

—Pero, no es por lo que pasó o no, es que no debería estar pensando en otros chicos, si estoy con Ranma.

—Lo que me cuentas, no es para tanto, eso no quiere decir que le hayas sido infiel...digo, si ya le hubieras dejado meter su pajarito en tu jaula, eso ya sería otra cosa!

Akane se sonrojó ante aquel comentario, mientras Nodoka trataba de contener su risa.

— Ya en serio, estas exagerando hija... Mira... es normal que a veces te guste alguien que no es tu novio pero eso no es un problema si sabes a quién amas en verdad.

Lo que decía la señora era muy cierto, ella se sentía atraída por Kenji, pero al único al que amaba era a Ranma. Él no era el más dulce y atento de los novios, pero esa siempre había sido su forma de ser, así lo conoció, y se enamoró de él. Además, a ella tampoco le habría gustado que fuera demasiado amoroso, aunque no podía negar que habían ocasiones en las que deseaba que fuera un poco más detallista y tierno con ella.

— Gracias por la plática, tía.

— Cuando quieras hablar, ya sabes, aquí estará esta vieja siempre lista para escucharte y ayudarte en lo que pueda.

En eso, llegó Ranma junto con Genma. A pesar de lo que había hablado con Nodoka, Akane aun se sentía mal con él. Lo saludó de lejos, y se fue a su cuarto.

Nodoka, se quedó un momento allí, sentada frente a la mesa, estaba un poco preocupada por el futuro de la relación de Akane y Ranma. Pero, qué podía hacer ella?

Sin embargo, gracias a esa plática Akane se sintió un poco más aliviada y finalmente pudo dejar de evitar a su novio. Aunque Ranma no se percató de estos cambios, ya que él en cambio seguía preocupado por las famosas explosiones y era todo a lo que prestaba atención últimamente.

Mientras tanto, en la selva donde se encontraban Itami y Hiroshi, parecía que las cosas iban mejorando para ellos. Hiroshi había montado el refugio y la fogata correctamente. Itami, por su parte, ya estaba físicamente bastante recuperado.

— Señor Itami, no me lo va a creer!

— Y ahora qué arruinaste? — dijo Itami esperando alguna mala noticia como últimamente se había hecho costumbre.

— Yo? Nada... al contrario, esta vez tuve suerte... y capturé una rata almizclera y ya la puse en el fuego... dentro de poco estará lista!

Hiroshi había colocado algunas trampas alrededor de donde se encontraban, y llevaba días esperando a que pudiese capturar algo.

— De veras? Eso si que es genial — celebró Itami poniéndose de pie — vamos a verla!

Al llegar a donde el joven la tenía cocinando la decepción los invadió: Hiroshi de nuevo había metido la pata, equivocadamente, había puesto a la rata demasiado cerca del fuego y además, no la había sujetado bien a la delgada rama que la sostenía sobre la fogata. Debido a eso, se había zafado, y caído directo a las llamas. Ahora estaba totalmente carbonizada.

— No! por qué siempre me pasa esto! — se lamentó Hiroshi — con ésto he comprobado que definitivamente Dios existe y me detesta... me detesta mucho.

— Créeme... no solo él — afirmó Itami. Luego dijo:

— Diablos, habría sido nuestra primera comida decente en días... ni modo... habrá que seguir con nuestra dieta de insectos y bichos rastreros.

Al siguiente día, en Nerima, Ranma terminaba de atender el dojo solo, de nuevo. Esto debido a que su prometida había sido invitada por sus amigos en agradecimiento por su ayuda, ya que les había ido de maravilla en el examen de esa materia. Aunque a regañadientes, el aceptó que fuera con ellas. Por un momento pensó en oponerse rotundamente, incluso tenía la excusa de que no podía seguir dando clases solo en el dojo, pero no quería mostrarse celoso nuevamente. Sin embargo, justo ahora se arrepentía de no haberlo hecho. La paciencia ya casi se le agotaba. Parecía como si hubiese pasado ya días sin verla.

Lo que más le molestaba, era que seguro entre el famoso grupo de amigos, estaría el despreciable de Kenji. Cada vez que pensaba en ello, sentía unas enormes ganas de salir a buscarla, no le importaba lo grande que fuera Tokyo, peinaría cada centímetro de la ciudad con tal de hallarla.

Haciendo un esfuerzo casi sobrehumano, Ranma contenía esos impulsos. No quería pelear con ella, se había prometido a si mismo confiar en su novia; incluso, no le había dicho nada sobre los rumores que circulaban por la universidad, en los que decían que últimamente ella y Kenji pasaban la mayor parte del tiempo juntos, tanto que parecía que estuviesen saliendo.

Ranma agitó la cabeza tratando de apartar aquellos pensamientos. Después de cenar, se fue a parar junto a la puerta de la casa, esperando a que regrese. El reloj marcaba las 9 p.m, y su novia no aparecía. Jamás se había hecho tan tarde.

— Ya se tardó demasiado - dijo Ranma.

— A ver, cállate un momento y siéntate que ya me estás mareando - dijo el padre de Ranma al verlo caminar desesperado de un lado a otro, como león enjaulado.

— Mira, no te estreses de esa manera - dijo Genma - confía en tu prometida... Ah! Mira ahí viene.

— Y bien que pasó? llegas tarde — le reclamó Ranma.

— No quiero discutir contigo — dijo Akane, tratando de permanecer calmada.

— Vaya... tu si, tan calmada...Y yo? Tú crees que yo he podido estar tranquilo? — explotó finalmente Ranma.

— De nuevo con tus celos...

— He sido muy paciente... pero no más! — vociferó el chico — te prohíbo que...

—Ya basta Ranma! Qué te has creído eh? que eres mi dueño? — gritó Akane — ninguna mujer aguantaría esto.

Ranma iba a contestarle cuando su madre le hizo callar con un gesto.

Una vez que Akane se fue, Nodoka lo miró inquisitivamente y negó con la cabeza mientras le decía:

— Hijo...a este paso, su relación no durará mucho más.

Ranma estaba furioso, no quería hablar con nadie así que se fue directo a su cuarto sin darle las buenas noches ni siquiera a su madre.

Ella lucía preocupada. Estaba consciente de que esta vez el problema era más serio que las anteriores veces en las que discutían solo por celos, que al final resultaban ser infundados. Sin embargo, hoy sabía que la situación era diferente: realmente había alguien más que se estaba metiendo entre ellos.

Así terminó aquel día: Akane molesta por la actitud de Ranma, y él, de igual forma, muy enfadado por como ella se había comportado.

A la mañana siguiente, todo seguía igual. Ninguno de los dos cruzó palabra alguna. De esa misma forma pasaron el domingo.

El lunes, como de costumbre, terminaron de desayunar y salieron a la universidad, pero cada quien tomó un camino distinto.

Se vieron varias veces en la universidad, pero se ignoraron.

Al finalizar las clases, regresaron solos, primero llegó Akane, luego Ranma.

Por las calles de Tokyo, Kenji caminaba junto a dos de sus amigos: Haruto (compañero de clase) y Taichi (no asistía a la universidad, pero era vecino de Kenji).

— Seguro ya te enteraste no? Akane y Ranma, tuvieron una pelea, y creo que fue por la cita que tuvo contigo el viernes — dijo Haruto.

— En realidad no fue una cita, salimos casi todos los de la clase — aclaró Kenji.

Ciertamente, al inicio, no había sido una cita, pues todos fueron al karaoke, bailaron un poco, pero, al final, las últimas dos horas, si se quedaron solos. Ambos se dirigieron a una cafetería, donde platicaron, se rieron, bromearon y así Kenji la distrajo hábilmente para que no notara lo tarde que era.

— Vaya... te felicito, al fin podrás tener a una de las chicas más hermosas de la universidad — manifestó Haruto.

— Ellos no han terminado aún... solo están distanciados un poco — explicó Kenji.

— Pero si siguen a ese ritmo, tarde o temprano lo harán — aseguró Haruto.

— Se como eres con las chicas, Kenji, cuanto tiempo estarás con ella? Un par de meses? — inquirió Taichi con ansiedad.

— Por qué lo preguntas?

— Bueno, después de que te diviertas, tal vez quiera yo también pasar el rato con ella.

Ni bien terminó de decir eso, Kenji le propinó un fuerte puñetazo en el rostro, haciéndolo caer pesadamente contra el pavimento.

— Qué te pasa? — se quejó Taichi desde el suelo.

— Si vuelvo a escucharte decir algo así nuevamente, te golpearé de tal forma que no te quedará ni un solo hueso sano— sentenció Kenji, y se marchó de allí.

— Y a éste... que la pasa? — preguntó desconcertado ante la repentina reacción de Kenji.

El otro, simplemente se encogió de hombros, y siguió su camino.

— Imbécil — dijo Taichi poniéndose de pie —je jeje je ya veremos quien se come primero ese bombón.

A unos minutos de allí, por las calles de Tokyo, dos personas caminaban lentamente.

— Creí que nunca saldría de ese infierno!

— Pero señor Itami, como puede decir algo así... en aquel lugar, se respiraba aire puro, en la noche se veían las estrellas como un hermoso manto estelar, y cada mañana nos despertábamos con un magnífico concierto dado por los sonidos naturales de la selva — acotó Hiroshi.

— Qué? Ahora eres poeta? — se burló Itami. Luego cruzó la calle y se dirigió hacia un centro comercial.

— Qué hace?! Espéreme! — exclamó Hiroshi mientras corría detrás de él.

— A dónde vamos? Qué no debemos ir a Nerima? — le preguntó apenas logró alcanzarlo.

— Estás loco?! Después de tanto tiempo en la jungla lo que más deseo ahora es un enorme filete de res...Además, 3000 años he esperado... así que

un poco más no significa nada.— le contestó Itami — apresúrate, yo invito!

— Gracias, señor, ahora que lo pienso a mi también se me antoja un filete.

— Pero tu pagas eh!

— Quéééééé?

De vuelta en casa, Akane y Ranma se vieron obligados a estar cerca para atender el dojo. Cuando se desocuparon, Ranma se quedó allí, mientras que Akane se fue a ducharse y luego se metió a la tina. Cerró los ojos y pensó en lo sucedido el pasado viernes. Se dio cuenta de cuál había sido la razón por la que ella se portó tan agresiva con Ranma. En aquel momento, les hizo creer a todos de que era por los celos de Ranma, pero esa no era la verdad. Akane estaba enojada con ella misma, pues aquella extraña sensación que le provocaba Kenji la hacía sentir como la peor mujer de la Tierra. Estaba muy enfadada porque no era capaz de dejar de sentirse atraída por aquel chico, simplemente no lo podía evitar. Tal vez si se alejaba de él, pero cómo? Si todos los días lo veía en clase, y además, después de haber pasado tiempo ayudándolo a estudiar, ella y Kenji se había vuelto más cercanos. Ahora cuando tenían horas libres entre clases, se sentaban los dos solos a conversar y pasar el tiempo, almorzaban juntos, en casi todo momento dentro de la universidad, estaban los dos juntos, tanto que se rumoreaba que ellos ya estaban saliendo. Akane sabía que Ranma no se merecía esto, pues él, a pesar de esos rumores, no le había hecho ninguna escena de celos, demostrando que confiaba en ella. Confianza que Akane sentía que ya no merecía.

En el dojo, sentado en el piso y apoyando la espalda en la pared, Ranma también pensaba en como estaban las cosas con Akane. Él realmente no entendía porqué ella se había enfadado tanto. No le gustaba para nada estar distanciado de ella. Definitivamente tenía que hablar con su novia, pero debía escoger cuidadosamente las palabras para que no pensara equivocadamente y creyera que la estaba interrogando.

Al salir del baño, Akane fue a vestirse, y quince minutos después salía ya de su cuarto, dispuesta a hablar con Ranma. Mientras lo buscaba, se le empezó a acelerar de nuevo la respiración. Tenía miedo. Cómo decirle a Ranma qué se sentía atraída por Kenji? Cómo explicarle que lo ama a él, pero que le gusta también otro chico? No, no podía decir eso. Tan solo se disculparía y haría las pases con su novio. Ya luego ella vería como solucionaría aquella situación que tan mal le hacía sentir. Pero estaba segura que no sería nada fácil.

Con decisión, buscó a Ranma pero no logró encontrarlo ni en la habitación; supuso que aun seguía en el dojo, así que fue a hacia allá.

Inesperadamente, a mitad de camino, se encontraron cara a cara en el patio de la casa. Se quedaron mirando fijamente por unos instantes, luego dijeron al mismo tiempo:

— Ranma...

— Akane...

Volvieron a guardar silencio, y de nuevo hablaron al mismo tiempo: — yo quería...

Akane se acercó un poco más a su prometido — Qué... que es lo que querías? — preguntó Ranma.

— yo... quiero... quiero disculparme contigo — dijo Akane, un poco nerviosa — no debí haberme exaltado de esa forma.

Esto sorprendió enormemente a Ranma, le pareció muy extraño que se disculpara de esa manera, era como si lo estuviera haciendo más bien por alguna otra razón.

El chico, no salía de su asombro y confusión, cuando ella continuó: — perdón por haber llegado tan tarde... fue...fue muy irresponsable de mi parte.

Ranma no esperaba que ella dijera algo así; si antes estaba tan sorprendido, ya podrán imaginar en que estado se encontraba ahora. Todo el discurso que había preparado para hablar con ella, se le borró de la mente en aquel instante.

De pronto, dos sombras cayeron en el patio, frente al estanque.

— Hola!... amigos... cuanto tiempo ha pasado, no?

Akane y Ranma se volvieron hacia aquel lugar, para ver quien los saludaba. Se trataba de Ryoga.

— Ryoga! No puede ser... hace tanto que no nos visitabas — dijo Akane sonriente — qué bueno verte de nuevo!

En cambio, Ranma no estaba tan contento como Akane.

El chico se decía: Maldita sea, como si no fuera suficiente con el tal Kenji, ahora aparece este.

— Que pasa Ranma? por qué no saludas a tu mejor amigo? — preguntó Ryoga.

Ranma solo frunció el seño y le dedicó una de sus peores miradas.

— Quién es el muchacho que te acompaña? — preguntó Akane, aunque sentía que ya lo había visto antes en algún otro lado. Lo mismo le ocurría a Ranma.

— Es amigo de mi padre — contestó Ryoga.

— Saludos cordiales, mi nombre es Hiroshi...encantado de conocerlos — saludó aquel joven.

Al oir voces extrañas, el resto de la familia, se hizo presente, y cuando vieron a Ryoga, todos lo saludaron atentamente.

No habían olvidado lo que hizo la última vez: arriesgó su vida para intentar salvar a Akane de Daisuke y su madre.

Nadie allí, notó algo diferente en Ryoga. Él seguía teniendo el mismo rostro atractivo, pero su mirada no era la misma, había algo siniestro en aquellos ojos.

— Espero que todos estén bien — exclamó Ryoga, para luego preguntarle a Akane: — extrañaste a p-chan?

— P-chan! Cierto! Hace tiempo también que no he visto a p-chan por aquí...tu te lo llevaste?

— Algo así.

A quedó un poco desconcertada con aquella respuesta.

— Lo quieres ver? — preguntó Ryoga, al tiempo que aparecía una sonrisa maliciosa en su rostro y se volvía hacia el estanque.

Todo indicaba que se metería al agua. Rápidamente Ranma se aproximó a Ryoga para evitar que lo hiciera. Mientras corría no pudo evitar gritar:

—Detente Ryoga!


Será que Ranma consigue detenerlo? Qué pasará con el confundido corazón de Akane?

Veremos qué sucede en el siguiente capítulo! Nos vemos!