Saludos a todos! Gracias por seguir leyendo este fic. Y mil gracias por sus comentarios.
Capítulo 5: Ataque a la aldea amazona.
Después de que fue revelado el secreto de p-chan, Akane muy dolida y con el corazón destrozado, no había bajado en todo el día, hasta la cena, donde Ranma intentó explicarle por qué no se lo había dicho. Sin embargo, ella no lo escuchó; agobiada por el dolor y la tristeza, tomó una terrible decisión: terminar su relación con Ranma. El chico desesperado, trató de disuadirla, pero fue inútil.
— Espera! — exclamó intentando detenerla nuevamente del brazo.
— Suéltame! — gritó Akane —lo nuestro terminó...terminó para siempre.
Apenas dijo eso, se marchó rápidamente a su cuarto. No deseaba que la vieran llorar de nuevo.
Ranma se quedó de pie, como en trance, sin mover uno solo de sus músculos.
El resto de la familia miró aquella escena con gran preocupación y pesar. Según recordaban, Akane y Ranma jamás habían tenido un problema tan serio como ese. A veces discutían fuerte por los celos, pero en unos días, ya todo se arreglaba. Sin embargo, ahora, con la decisión de Akane, todo se complicaba.
Ranma no fue capaz de conciliar el sueño. Estuvo dando vueltas en su futón, mientras las palabras de Akane hacían eco en su mente.
Akane no estaba mejor que él, pues tampoco podía dormir, lloró hasta horas de la madrugada. Luego, debido al cansancio y al agotamiento, el sueño la venció. Pudo descansar unas horas, hasta que el despertador sonó, anunciándole que debía levantarse para otro día en la universidad. Ayer ya había faltado a clases, hoy ya no podía repetirse. En la puerta de su cuarto, justo antes de salir, se detuvo por un momento:
— No voy a llorar — se propuso con firmeza, y bajó a desayunar.
De camino a la universidad, Ranma no se atrevió a hablarle, tampoco había podido decirle nada durante el desayuno. Y ahora, simplemente caminaba en silencio, detrás de ella, siguiéndola a prudente distancia. El chico no sabía que decir, tan solo la miraba. Había jurado que nunca permitiría que nadie la hiciera sufrir o la lastimara, y hoy, era él mismo quien le estaba causando aquel terrible dolor.
Cuando llegaron a la entrada principal, cada quien se fue a su clase. Akane tenía que cruzar un largo pasillo para llegar a su salón. A mitad de camino, alguien la tocó en el hombro.
— Hola Akane... al fin mi preocupación terminó – dijo Kenji regalándole una sonrisa – creí que te había pasado algo, pero estás bien, no?
Ella no pudo Contestar. De repente se le había nublado la vista. Todas las luces brillaban mientras las lágrimas estaban a punto de caer.
El joven la miro por unos instantes, apretó los dientes con evidente pesar al notar lo triste que se encontraba su amiga.
—Lo siento – le dijo Akane, limpiándose las lágrimas. No le gustaba llorar frente a los demás. Nunca le había agradado mostrarse débil frente a nadie.
– No tienes que disculparte –murmuró él, tomándole el rostro entre las manos.
Ella lo miró con las pestañas aún humedecidas por las lágrimas. Kenji no pudo evitar que el corazón se le acelerara al contemplar la fragilidad que reflejaban esos ojos. Cuando la miró, sintió que algo extraño le sucedía. Jamás había sentido algo así por una mujer. No se trataba tan sólo de deseo o de amor. Sentía que entre ellos había un vínculo especial, tanto que era como si el también pudiese sentir el dolor que ella sentía en ese instante.
Kenji percibía las lágrimas que Akane se esforzaba por contener. Era tan fuerte, tan resuelta, jamás había conocido a una mujer igual. Como le gustaba aquella chica. La deseaba con desesperación, hace tanto que no sentía un deseo semejante. En ese momento quería abrazarla, besarla para calentar su corazón. Pero solo la abrazó tratando de reconfortarla.
– Si quieres, podemos ir a la cafetería y conversamos – sugirió Kenji
– Aún es temprano, además no quiero saltarme más clases – dijo Akane.
– Entiendo...vamos... – dijo Kenji extendiéndole la mano. Ella la tomó y juntos entraron al salón de clases.
A más de mil kilómetros de distancia de allí, en China, y más específicamente, en la aldea amazona, Shampoo, su abuela y Mousse, viven sus vidas convencidos de que Ranma había muerto en aquel enfrentamiento con Daisuke. (Como recordarán, esa fue la razón por la que dejaron Nerima)
Ahora, Shampoo y Mousse están casados. Lo hicieron hace cinco meses, cuando él finalmente logró derrotarla.
– Mousse, debo hablar contigo – dijo seriamente Cologne
– Lo siento, estoy muy ocup... – un fuerte golpe en su cabeza le impidió continuar hablando.
– Qué rayos le pasa? por qué me golpea!
– Soy yo quien esta ocupada así que escúchame Mousse, seré breve y directa.
– Qué sucede?!
– Tu ya llevas casado cerca de 5 meses con mi nieta, y no veo ninguna señal de que venga un bebé en camino, dime, qué sucede? eh?!
– No es su asunto anciana, vaya a tomar el té y deje de entrometer... – otro golpe de nuevo lo interrumpió
– No seas impertinente, se trata de mi querida nieta y si no eres lo suficiente hombre...
– Un momento - gritó Mousse – usted no sabe nada, así que no se meta.
Cologne iba a golpearlo nuevamente, cuando de pronto, Mousse sacó una pequeña daga, y partió en dos su bastón.
– Ya no soy el mismo de antes.
– Pues no lo parece – rio la anciana.
– Es verdad que estoy casado con ella, pero no es un matrimonio como cualquier otro, porque yo la vencí solo con el fin de que ella dejara de ir por allí enfrascándose en una y otra batalla sin sentido. No para hacerla mi mujer a la fuerza.
Ciertamente, Shampoo había cambiado totalmente, y desde que volvió a China, se dedicó a pelear, desafiando a cualquiera que se cruzaba en su camino: ya sea hombre o mujer. No sabían porqué se comportaba así. Aunque presumían que era debido a que había perdido a Ranma. Sin embargo, en todas esas peleas siempre triunfaba, aunque regresaba herida y golpeada.
Un día Mousse decidió hablar con ella, pero como siempre, no le hizo mucho caso.
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Mientras se acercaba, notó que Shampoo había recibido un golpe en la sien izquierda, bastante fuerte pues incluso el ojo estaba hinchado, además, llevaba el brazo derecho vendado.
– Shampoo! mira nada más cómo estás! Qué te ha sucedido?
Ella lo miró con desdén y contestó – choqué contra un árbol.
– Si, debió de haber sido un árbol con una forma muy rara, no?
– Déjame en paz! No es tu asunto.
Casi siempre regresaba en muy malas condiciones. Él la amaba, y no podía permitir que eso siguiera. Era una locura y alguien debía detenerla, tenía que salvarla, pero solo tenía una solución en mente: casarse con ella. Aunque para eso, debía enfrentarla y derrotarla.
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– Entonces tu y Shampoo todavía no han... – concluyó Cologne.
– No pienso obligarla a nada. Entienda, yo quiero ganarme su corazón, poco a poco, se que puedo hacerlo... – dicho esto se dispuso a irse, pero la abuela lo detuvo.
– Espera muchacho.
– Y ahora que?
– Siéntate.
– No que estaba ocupada?
– Siempre tengo tiempo para mi familia... que tal si me cuentas todo, como es que te volviste tan fuerte, porque no creo que lo hayas hecho solo.
– Lo que quiere es que le diga quien me entrenó verdad?
– Si me lo dices, tal vez te ayude con Shampoo.
– Está bien, está bien le contaré...
En Tokyo, al término de la jornada de estudio, Akane y Ranma regresaban a casa. Antes de llegar, el chico quiso aprovechar esta oportunidad, y se animó a hablarle, así que de un salto, se puso en frente de ella. Ella se paró de golpe.
— Akane... necesitamos hablar — dijo Ranma.
Sin embargo, ella lo ignoró, y siguió su camino. De nuevo saltó, y se paró en frente.
— Se que soy culpable Lo sé! — Ranma estaba enfadado, pero consigo mismo — Yo tuve la culpa... y siento no habértelo dicho... fui una idiota...un cretino...pero...no quiero perderte.
La chica no dijo nada, y de nuevo reanudó su caminata.
— No se qué hacer! — gritó Ranma desesperado — nunca has estado tan enfada, dime...Qué hago! Cualquier cosa, yo lo haré!
Akane le regresó a ver y le contestó con frialdad: — solo... desaparece.
Ranma ya no se atrevió a decir nada más. La observó marcharse a toda prisa y esperó a que al menos se diese vuelta un instante, pero no lo hizo. Él sintió una sensación de frío, como si al estar sin ella, todo el calor en su cuerpo se fuera de repente.
Los días pasaron, y todo seguía igual. Akane se limitaba a ignorarlo todo el tiempo, y en cuanto le resultaba posible, se encerraba en su habitación con la excusa de que tenía deberes. Genma, Soun, Nabiki, Kasumi, Nodoka trataron inútilmente de convencer a Akane de que perdone a Ranma, pero también fueron ingorados por la chica y acusados de ponerse de parte de Ranma, e ignorar todo el dolor que él le había causado.
El lunes en la tarde, luego de que las clases terminaron, mientras caminaban hacia la salida, Kenji le preguntó a Akane:
— Qué me dices de ir por un helado?
— No puedo — respondió ella — hoy no me siento muy bien.
— Y que tal otro día?
Iba a contestarle cuando una voz hizo que se dieran la vuelta: —Akane.
Kenji se molesto por la interrupción. Era la voz de Ranma. Ambos lo miraron fijamente sin articular palabra.
Tengo que hablar contigo — le dijo Ranma dirigiéndole una mirada de enojo.
—Ahora no, estoy ocupada —le respondió ella, enfadada por su tono autoritario— De todas formas, sea lo que sea que tengas que decirme, no creo que me interese.
— Hola Ranma — saludó Kenji fingiendo amabilidad.
No le contestó el saludo, solo se miraron fijamente un segundo que pareció larguísimo, hasta que Akane intervino:
— Salgamos el domingo.
—Excelente...el domingo entonces— dijo Kenji.
— Me alegro de que me hayas invitado. — dijo Akane antes de marcharse de ahí.
—Bien —exclamó él con alegría. Se quedó parado viendo como ella se alejaba. Quiso seguirla, pero decidió no hacerlo, estaba satisfecho, pues había aceptado salir con él. Ranma lo miró por un momento, pero enseguida siguió a Akane.
—Espera!...
—No tengo ganas de hablar contigo —replicó Akane— dime lo que tengas que decirme y desaparece.
Ranma dudó. Ahora que la tenía delante, no sabía qué decir. El problema era cómo comenzar, por dónde. Era algo tan difícil y complicado. En ese momento, las palabras que salían de sus labios eran completamente distintas a las que le rondaban la cabeza hacía días.
— Aléjate de ese tipo! — gritó.
—No puedes obligarme...además entre tu y yo ya no hay nada — respondió ella, cerrando los ojos por un instante. Si no le doliese tanto el corazón, le habría sido posible escapar o pegarle, pero no lo hizo.
Ranma la cogió por los hombros, obligándola a abrir los ojos.
— He sido un estúpido y lo siento...tendría que haberle puesto fin a todo antes y contarte la verdad... lo siento.
— Déjame en paz! Tu sola presencia me enferma.
— Cómo puedes decir eso?! Además, por qué andas tan cariñosa con ese imbécil?
—Y a ti qué te importa lo que yo haga? — replicó ella — Soy libre de hacer lo que quiera.
Y Akane se marchó. Él la vio alejarse. Sentía que la estaba perdiendo, pero no sabía que hacer. Necesitaba ayuda. Al llegar a la casa le pediría un consejo a su madre. Comenzó de nuevo a caminar, pero tan solo avanzó unos pasos y se detuvo de golpe. Con el rabillo del ojo Ranma había alcanzado a ver a alguien. Lo reconoció de inmediato. Estaba seguro de que era el tipo que estaba con Ryoga esa noche, cuando aparecieron en el patio de la casa. La ira lo invadió, así que corrió tras de él. Seguro que sabría donde estaba Ryoga. Lo obligaría a decirle, y luego iría hasta allá para darle la paliza de su vida.
Al ver que se dirigía hacia él, Hiroshi se sorprendió, y en lugar de teletransportarse, corrió hacia la universidad. Se ocultó en una de las bodegas, en el extremo opuesto a la puerta principal.
— No es posible... cómo pude olvidarlo... que torpe soy! — se reprochaba el joven.
Itami le pidió que no fuera con Ranma, ya que pronto tomaría su cuerpo, y el mismo llevaría los pergaminos a la fortaleza. Pero Hiroshi lo había olvidado, y para cuando lo recordó era demasiado tarde, Ranma ya lo había visto.
Hiroshi permanecía quieto, dentro de aquella bodega. Estaba agachado, apoyado contra la pared. Había un gran silencio en aquel sitio, pues casi nadie iba por allí. Solo los conserjes entraban allí, pero dos veces al día: en la mañana y en la noche. Después de un rato, solo podía escuchar el silencio. Suspiró aliviado. Ranma no lo había seguido hasta allá. Justo cuando iba a teletransportarse, la mano de Ranma atravesó la pared, lo tomó del brazo, y lo jaló hacia afuera. Aquel muro de concreto, se partió en varios pedazos.
— Donde está ese infeliz?! — lo interrogó Ranma tomándolo fuertemente del cuello.
De pronto, Ranma escuchó la voz de alguien: — No deberías dejarte llevar así por la ira y el odio.
El chico soltó a Hiroshi, y volteó para ver quien le hablaba. Cuando lo hizo, Ranma abrió mucho los ojos, debido a la sorpresa. Frente a él, estaba parado un hombre con armadura blanca y capa azul. Tenía el cuerpo transparente, ya que se podía ver a través de aquel extraño sujeto.
— Qué rayos quieres? — pregunto Ranma desconcertado y molesto por aquella interrupción.
— Siento mucho tener que hacer esto... no tengo nada contra ti... pero por el bien de todos, debo destruirte — sentenció aquel fantasma.
El chico se puso en posición de combate. Aquel hombre fantasmal se aproximó a Ranma, pero no lo hizo caminando normalmente, sino que se movió flotando a unos centímetros del suelo. Los músculos del chico se tensaron, y cuando el fantasma estaba a tan solo un metro, rápidamente Ranma terminó con aquella distancia, se abalanzó sobre él y le lanzó un golpe directo al rostro, pero no consiguió golpearlo, pues su brazo pasó a través de aquel sujeto, quien no se detuvo, avanzó un poco más y se metió en el cuerpo de Ranma.
Hiroshi quedó impactado con lo que acababa de suceder. De inmediato, Ranma sintió que perdía el control de su cuerpo, el cual empezaba a moverse por si solo, y a concentrar una gran cantidad de energía entre sus manos. El chico estaba desesperado, no podía hacer nada para detenerse.
Qué demonios pasa? Por qué estoy haciendo esto?: decía Ranma en su mente.
A continuación, toda esa energía salió disparada hacia arriba, mientras se dividía en 5 partes. Subieron hasta una altura de más de 1000 metros, y luego se precipitaron hacia el suelo a enorme velocidad.
Ranma estaba angustiado. Sobre él caería toda la potencia de los 5 huracanes del tigre. Si eso seguía así, definitivamente sería asesinado por su propia técnica. No podía hacer nada, luchaba por retomar el control de sus movimientos, pero todo lo que intentaba era inútil. Desesperado intentaba apartarse de allí, pero sus intentos eran en vano, su cuerpo no se movía ni un solo milímetro.
En medio de eso, escuchó una voz en su mente que decía:
— Deja de luchar... permite que tu mente y tu corazón se calmen...así podrás morir en paz.
Al escuchar esto, las cosas se le complicaron aún más a Ranma, pues ahora ya ni siquiera sentía su cuerpo el cual se desplomó y cayó al piso. Poco a poco su visión se fue haciendo borrosa, hasta que sus ojos se cerraron completamente. Había quedado sumido en un profundo sueño. Ahora si, ya nada podía hacer para impedir su muerte, por lo que aquel fantasma abandonó el cuerpo del joven, y se quedó suspendido en el aire muy cerca de él.
Faltaban unos segundos para que Ranma fuera impactado, cuando de forma repentina, los cinco huracanes del tigre desaparecieron.
Hiroshi respiraba agitado. Pudo salvarlo en el último instante, pero algo había salido mal. El joven, se tomó la cabeza con las manos, y cayó de rodillas, mientras se recriminaba:
— Maldición... me asusté tanto al ver que Ranma iba a morir, y no tuve tiempo de pensar bien hacia donde enviar esas masas de energía.
Para evitar que Ranma muriera, había lanzado los huracanes del tigre a través del tiempo y el espacio, pero no había fijado bien hacia donde, no sabía si fueron al pasado o al futuro, ni en que lugar explotarían. Solo le quedaba rezar y esperar a que no causen daño a otras personas donde quiera que explotaran. Cuando se levantó, vio que el fantasma ya no estaba. Se sacudió la cabeza, tratando de apartar los pensamientos que en ese momento pasaban por su mente, y dijo:
—Ranma se pondrá bien, pero quien sabe y ese sujeto vuelva a atacar... debo regresar de inmediato a la fortaleza e informarle al señor Itami...
Se concentró y a continuación desapareció de allí.
Una hora después, Ranma empezaba a reaccionar. Lentamente abrió los ojos, y de inmediato sintió un enorme cansancio, como si hubiese corrido sin parar por un largo tiempo. Al recordar lo último que había pasado se levantó de golpe, miró a su alrededor, pero no había nadie más que él. Sintió que la cabeza le daba vueltas, así que se sentó un momento. Luego retomó el camino de regreso a la casa.
Debido a aquel suceso, Ranma llegó muy tarde y bastante cansado. Así que decidió conversar con su madre después de cenar.
Poco antes de irse a dormir, habló con Nodoka, pero la charla resultó mucho mas corta de lo que esperaba:
— Akane ya no me quiere más a su lado... creo que ahora si ya la perdí para siempre — dijo Ranma, desesperado.
— No, no pienses así, hijo, deja que ella esté un poco más tranquila, dale tiempo para que lo asimile — le sugirió Nodoka
— No se, es que la vi tan decidida.
— Ten paciencia, ya verás que todo se solucionará — agregó Nodoka, tratando de tranquilizarlo. Pero ella también estaba empezando a creer que tal vez lo suyo ya no tenía arreglo. Por un momento pensó en decirle lo que Akane le contó de Kenji, pero después se arrepintió. Era mejor callar para no empeorar más las cosas.
En la fortaleza, Hiroshi buscaba a Itami, para reportarle lo sucedido.
— Señor donde está?! Es urgente! Necesito decirle algo! — gritó esperando a que saliera de alguna parte de la enorme edificación.
Pero eso no ocurrió. Al parecer, Itami no se encontraba allí.
— Qué extraño... habrá salido a algún lado? Pero... a dónde? — se preguntaba Hiroshi. Sin saber a donde pudo haber ido, se sentó a esperarlo, cerca de la entrada.
En Tokyo, al día siguiente, en la clase de Akane, se escuchaba: Cumpleaños feliz... cumpleaños feliz!
El cántico de los chicos terminó con aplausos, carcajadas y una que otra broma. Sobre uno de las mesas del centro de la clase había pastel con velas y dispuesto a soplarlas, Kenji, quien sonreía a sus compañeros. Cuando las sopló y se apagaron, todos aplaudieron de nuevo.
— Irás a la fiesta, Akane? —le preguntó Yaeko.
— No lo sé —respondió ella.
— Anímate Akane, todos vamos a ir — añadió Yaeko — Se que no eres una chica que gusta de ir a fiestas y eventos, pero es el cumpleaños de un buen amigo, y muy guapo. Akane suspiró.
No vendrás a mi fiesta? — preguntó Kenji.
— Es solo que no he estado bien...y — se excusó Akane.
— Lo sé, pero no te hará mal un poco de distracción — contestó Kenji interrumpiéndola, mientras le ofrecía un trocito de torta.
— Quién ayudará a recoger todo? Pronto llegará el profesor! — gritaron algunos chicos al ver que ya solo faltaban unos minutos.
— Yo! — dijo Yaeko levantando una mano.
— Yo también — contestó Akane y se fue a ayudarlos, terminando así su conversación con Kenji.
Después de aquella clase, Akane tenía una hora libre, por lo que junto con Kenji, y algunas de sus amigas decidieron ir hasta uno de los tantos espacios verdes que habían en la universidad. Se sentaron sobre el césped a la sombra de un gran árbol, alrededor del cual revoloteaban juguetones algunos pajaritos. Allí se pusieron a conversar, principalmente de lo que sería la fiesta de cumpleaños de Kenji. Ranma los miraba desde la terraza de un pequeño edificio (de 3 pisos) que se encontraba cerca de allí.
—Ranma.
Se levantó de golpe al escuchar su nombre.
— Qué haces aquí? — preguntó Reiko intrigada.
— Eeeeh ahh.. nada... solo viendo los pájaros — mintió Ranma, mientras señalaba el árbol bajo el cual se encontraban Akane y sus compañeros.
La joven se acercó para ver lo que Ranma le indicaba, luego dijo:
— Aaaaaah...pero esos no son pájaros.. más bien son un par de tortolitos.
Reiko sonrió al ver como cambió la expresión en el rostro de Ranma al escuchar su comentario, y repentinamente ella se lanzó hacia él, le rodeó el cuello con sus brazos. Ranma sintió el cuerpo escultural de la chica contra el suyo.
— Ella no sabe apreciarte... ya... déjala — se lo pidió con un tono de voz muy sensual.
Ranma se puso muy nervioso al tenerla tan cerca, prácticamente encima de él. Sin perder tiempo, Reiko deslizó su mano por el pecho de Ranma, hasta la bragueta de su pantalón. De inmediato la sujetó de la muñeca y le apartó la mano del lugar donde le estaba tocando.
— No se lo que hayas oído, o visto...pero Akane sigue siendo mi novia — le informó Ranma.
— No importa, yo no soy celosa... vamos Ranma... qué acaso no te gusto? — le preguntó Reiko acariciándole la mejilla.
Él se apartó rápidamente y le contestó diciendo: — No! Perdón, pero para mí no hay nadie más... Akane es y será la única mujer en mi vida.
Apenas terminó de hablar, se marchó de allí, dejando sola a Reiko en aquella terraza. La expresión de su rostro cambió de repente. En contraste con su belleza, el seño fruncido y la boca apretada le daban una apariencia de enfado innegable.
— Cómo se atreve a rechazarme... nadie me desprecia...nadie... Me las vas a pagar Ranma... juro que pagarás por esto! — se dijo Reiko, mientras sostenía en su mano una pulsera que se la había quitado a Ranma hace unos instantes, cuando lo abrazó. Akane le había regalado al cumplir un mes de novios (oficialmente). La pulsera tenía grabadas las letras "A y R". El chico siempre la llevaba puesta en su muñeca izquierda, pero ahora estaba en manos de Reiko. Nadie habría sido capaz de arrebatarle algo tan importante a Ranma, sin embargo, en ese momento él estaba muy nervioso porque Reiko estaba prácticamente pegada a él. Así que no se percató de que Reiko le había quitado la pulsera.
En china, Mousse miraba de lejos a su esposa Shampoo, quien en ese momento, se encontraba frente a un grupo de 20 ñiños que la miraban atentamente.
Cuando una mujer era derrotada y se casaba, debía obligadamente asumir una responsabilidad dentro de la aldea. En el caso de Shampoo, todos los días, durante cuatro horas debía encargarse de enseñarles a los niños las reglas de la aldea, y también los movimientos más básicos del estilo de combate característico del lugar. Mientras la observaba, pensaba en lo hermosa que era su esposa, cuanto la amaba. Si tan solo ella le correspondiera, sería la persona más feliz en el universo.
Los días pasaron, y finalmente llegó el viernes, fecha en la cual Kenji daría una fiesta por su cumpleaños, celebración a la que todos sus compañeros y amigos estaban invitados.
En la casa de los Tendo, toda la familia se servía el desayuno. Al terminar, Akane subió a su cuarto, para tomar su maleta y salir hacia la universidad. Ranma la siguió, para intentar hablar con ella. Ya había esperado demasiado, y Akane seguía igual, ignorándolo todo el tiempo, como si el ya no existiese. Además, su humor no había mejorado. Solo a veces, en la universidad se mostraba un poco alegre. Justo, cuando salía de su cuarto, Ranma se puso frente a ella, muy cerca. La chica lo miró, y esta vez, él no pudo descifrar lo que veía en sus ojos.
Ranma contuvo el impulso de abrazarla. En otra situación hubiera sido perfecto, habría sido bonito poder hacerlo, y besarla.
— Akane...nunca fue mi intención hacerte daño, perdóname — dijo Ranma — quería decírtelo, pero no era tan simple.
— No me interesa — contestó Akane friamente — Ya no confío en ti, desaparece de mi vista...
Ranma estaba siendo aniquilado, cada una de sus palabras era una puñalada en el alma.
Akane no estaba mejor que él. Las lágrimas que había contenido se deslizaron por sus mejillas, a pesar de que la expresión de su rostro era de rabia. Se giró de golpe y se alejó con rapidez hacia su cuarto; no quería arriesgarse a ceder a sus sentimientos. No podía perdonarlo. Ranma la abrazó en un impulso y ella dejó que sus brazos la envolvieran. Akane sintió que el dolor que llevaba en el pecho desde hacía días se desvanecía de un plumazo.
Pero por desgracia, el odio y la ira pudieron más que su amor por Ranma, y poco después, lo empujó rompiendo aquel abrazo, y se alejó.
En la aldea, como era habitual, Shampoo se encontraba con los niños que estaban a su cargo, mientras, a prudente distancia, Mousse la observaba un poco, antes de dirigirse a atender sus obligaciones. De pronto un fuerte estruendo alertó a todos en la aldea. Sin esperar más, acudieron al sitio de donde provino aquel sonido. Al llegar vieron con horror como varias casas estaban en llamas. Por suerte nadie habitaba en ellas, pero allí guardaban sus armas. Su fuerza militar había sido reducida enormemente con eso. Varias de las guerreras empuñaron las armas que tenían en ese momento con ellas y rodearon al intruso.
— Perdón, es que a veces, mi saludo es muy enérgico! — exclamó Itami (en el cuerpo de Ryoga), caminando alegremente hasta que se detuvo en medio de todos.
— Quién rayos eres? — preguntó alguien.
— Ryoga? — exclamó Mousse.
— Es verdad — afirmó Shampoo — es el chico cerdo.
— Ya estoy cansado de escuchar ese nombre!... y tampoco me agrada el de p-chan... escuchen bien, yo no soy Ryoga...mi nombre es Itami.
— Creo que ha perdido la razón — señaló Cologne.
— No importa quien seas... serás castigado por haber irrumpido así en nuestra aldea! — sentenció una de las amazonas.
Rápidamente, se formaron dos grupos, pero solo se lanzaron al ataque las guerreras más experimentadas. Las más jóvenes mantuvieron su posición con la guardia en alto. Itami sonrió, levantó sus manos y dijo:
— Espíritu de la tierra: colapso de suelo!
Al instante, el terreno sobre el que estaban las guerreras que pretendían atacarlo, se agitó, y se resquebrajó, formándose un sinnúmero de grietas. Era como si las rocas sobre las que estaba asentado el terreno hubiesen desaparecido, y efectivamente eso era lo que pasaba. De alguna forma Itami había movido la tierra de aquel lugar. Algunos de los pedazos de la superficie empezaron a caer. Allí se pudo ver que debajo, no había nada, solo un profundo agujero, por el cual las amazonas cayeron irremediablemente, junto con los pedazos del suelo.
Las pocas que lograron salvarse, insistieron en atacarlo, así que de nuevo Itami elevó sus manos y gritó:
— Espíritu del fuego: tormenta ígnea!
Del cielo, empezó a caer fuego en forma de flamas que alcanzaron a todas ellas, pues no tuvieron oportunidad de huir, ya que el fuego las perseguía hasta quemarlas. Fue espantoso, se escuchaban gritos de dolor de quienes habían sido alcanzadas por las llamas y se quemaban. Varios de los aldeanos trataban de socorrerlas, pero era inútil, pues aquel fuego no era ordinario. Tenía una temperatura mucho más alta que el fuego normal y era mucho más difícil extinguirlo.
Muchas mujeres y niños, gritaban desesperados, mientras huían de aquel lugar, y llevaban a los pequeños al refugio.
— Bueno, no importa, esas ya estaban muy viejas — comentó Itami, refiriéndose a las guerreras que acababa de asesinar, y mirando a las más jóvenes.
—Por qué nos haces esto? por qué? — le reclamó una de las amazonas.
— Se exactamente donde acostumbran esconder a los niños en situaciones como estas, así que si alguien más intenta algo... — amenazó Itami.
Todos entendieron lo que les decía, así que bajaron sus armas. Además, aunque atacaran al mismo tiempo no podrían vencerlo. Era un tipo increíblemente poderoso. No tenían posibilidad alguna frente a él.
— Solo necesito que hagan algo por mí, después de eso me iré, lo prometo — les aseguró Itami.
— Qué es lo que quieres? — inquirió Cologne.
En al universidad, La clase terminó. Y el aula quedó sin profesor. Los chicos permanecieron en sus puestos, pues dentro de poco llegaría el maestro de la materia que tenían a continuación. Akane se había esforzado mucho por prestar atención, pero no podía evitar pensar en lo que sucedió esta mañana. A pesar de que ella había terminado su relación con Ranma, y de cuanto lo odiaba por haberle ocultado lo de p-chan, aún lo amaba. Todavía su corazón se aceleraba al estar entre sus brazos. Estaba confundida, no sabía que mismo había en su corazón: odio o amor hacia su ex-novio, o tal vez odio y amor? Justo ahora, todo en ella era confusión, y el culpable era Ranma, de eso si estaba muy segura.
En la aldea amazona, Itami les había ordenado a todas las guerreras jóvenes, ponerse en fila frente a él. Luego, había elegido a diez de ellas, entre las que se encontraba Shampoo.
— Verán, hace ya varios años que no he estado con una mujer — alegó Itami — y bueno, pues...
— Qué dices?! — interrumpió Cologne — Maldito degenerado, como te atreves a...
La anciana no pudo seguir hablando, pues del suelo bajo ella había salido una especie de lanza hecha de tierra la cual le atravesó la pierna haciéndola gritar de dolor.
— Abuela! — gritó Shampoo angustiada al verla herida.
— Que tal si comienzo contigo? — señaló Itami, mientras caminaba hacia la chica.
—¿Quién diablos te crees que eres? — dijo Shampoo indignada, y le soltó una bofetada. Itami se movió con una rapidez sorprendente y le bloqueo la mano justo a un centímetro de su cara.
—Eres buena —comentó él.
Repentinamente, una cuchilla cayó justo delante del pie de Itami y se clavo en el suelo. Al ver esto, Itami se molestó y dijo:
—Les advertí que si intentaban algo acabaría con...
— Espera! — intervino Mousse — deja en paz a los niños, ellos no tienen nada que ver en esto! Al que debes matar es a mi, ya que solo así podrás tocarla.
— Veo que esta mujer es muy importante para ti — comentó Itami.
— Es mi esposa... la única mujer a la que he amado en toda mi vida, y a la que amaré por siempre — declaró Mousse.
Itami giró la cabeza hacia donde estaba Shampoo y la miró detenidamente.
— De acuerdo — contestó Itami, volviéndose hacia Mousse — juguemos un poco entonces...
Bueno, es todo por hoy! Un agradecimiento muy especial a quienes dejan sus comentarios. Gracias de verdad, pues el hecho de saber que están leyendo este fic, me motiva para seguir subiendo mas capítulos.
Nos vemos la próxima semana, pero con un capítulo especial dedicado a Mousse, en el cual sabremos como fue su entrenamiento antes de casarse con Shampoo. Qué tipo de habilidades y nuevas técnicas habrá adquirido? Qué tanto habrá mejorado?
