Saludos cordiales a todos! Como les había dicho la semana anterior, hoy tenemos un capítulo especial dedicado a Mousse.

Conoceremos sobre su entrenamiento, las personas que conoció y todas las situaciones por las que tuvo que pasar antes de regresar a la aldea amazona y derrotar a Shampoo.

Sin más preámbulos, los dejo con el capítulo. Espero sea de su agrado.


Capítulo 6: El entrenamiento de Mousse.

Itami había invadido la aldea amazona, solo con el fin de satisfacer sus retorcidos deseos. Mousse lo había desafiado, y estaba dispuesto a enfrentarse a aquel sujeto poseedor de tan monstruoso poder con el fin de salvar a la aldea, y especialmente para proteger al gran amor de su vida: Shampoo...

— De acuerdo — contestó Itami — juguemos un poco, entonces...

Itami sonreía confiado, mientras Mousse en cambio, se mostraba un poco nervioso. En ese momento, sentía algo de miedo. La angustia lo había invadido. Y si no lograba vencerlo? Qué sería de Shampoo y los demás si fallaba? Esas eran unas de las tantas interrogantes que empezaban a rondar su cabeza.

Debía calmarse, necesitaba hacerlo. No tenía porqué sentirse así. Por algo había entrenado muy duro, no solo para vencer a Shampoo sino para protegerla. Así que, cerró los ojos y repasó todo lo que había pasado durante su entrenamiento.

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Hace algunos meses, Mousse había decidido derrotar a Shampoo para salvarla de ella misma. Sabía que en esos momentos era más fuerte que él, por lo que antes de retarla debía entrenar. Pidió el consejo de su madre y de inmediato, partió en busca de la persona que lo convertiría en un mejor guerrero.

Viajó solo, caminó por senderos difíciles, escaló montañas, atravesó ríos tormentosos, se enfrentó a un sinnúmero de animales salvajes e insectos peligrosos. hasta que por fin llegó a su destino, luego de viajar durante tres semanas. Por desgracia, el maestro no quiso recibirlo; dijo que no deseaba tener aprendices. Aún así, decidió permanecer frente a su casa varios días, esperando a que decida aceptarlo.

En la aldea amazona, su madre le había dicho que el maestro Chen era el mejor en el arte de las armas ocultas.

— Nunca serás mi aprendiz — le decía Chen cada vez que Mousse insistía en que lo convirtiera en su alumno.

— Por favor Maestro! Instrúyame!— le suplicó al final, de pie en frente de su casa.

— Seré su esclavo—agregó Mousse — dígame que debo hacer para convertirme en su discípulo?

— Dos kilómetros abajo — señaló con su brazo — hay un río...si puedes entrar en él, nadar y no mojarte, te recibiré.

Aquella prueba era imposible. Había fracasado. Caminando de vuelta a la aldea, se encontró con aquel río, pues debía seguir su curso para regresar. Se paró a observarlo detenidamente, como si buscara la solución a sus problemas en sus cristalinas aguas. Luego se sentó cerca del borde del río, tratando de encontrar la forma de superar la prueba. No podía regresar simplemente, ya que no estaba aquí por un capricho personal, vino por el bien de la mujer a la que amaba con todo su corazón.

De pronto, se levantó como impulsado por un resorte y corrió hasta la casa de Chen.

— Qué ocurre?— preguntó con desgano.

— Lo logré! Logré sumergirme y no mojarme— gritó Mousse con una enorme satisfacción.

— Y cómo lo lograste?— preguntó sin mucho interés.

— Mi mente se sumergió en el río, nadé y estoy totalmente seco.

— Eres la segunda persona que entiende el reto — afirmó Chen, y después agregó:

— Está bien, serás mi discípulo, pero desde ahora me debes obediencia absoluta.

— Así lo haré maestro —dijo inclinándose ante él.

Mousse pensó que lo peor había pasado, pero estaba muy equivocado, Chen lo mandó a dormir con los animales del campo, pasó la noche sobre el suelo frío y lleno de insectos. Lo despertó muy temprano, y lo obligó a limpiar la casa, a cuidar los animales y el campo.

— Cuando empezará la instrucción?— le preguntó una semana después — solo he hecho labores domésticas, me la he pasado limpiado la casa, recogiendo frutas y vegetales!

El maestro Chen lo miró con furia, parecía que lo asesinaría con la mirada.

— Soy tu maestro! Tú solo limítate a obedecer sin cuestionarme!

Como castigo no lo dejó comer por tres días. Tan solo agua.

Una mañana, alguien llegó de visita.

—Buenos días, te puedo ayudar en algo?— preguntó Mousse. Quien tocaba la puerta era una hermosa y joven muchacha. Llevaba en su brazo, una cesta con pastelillos de arroz.

—Vengo a ver a Chen – dijo— quién eres tú?

—Soy Mousse, el nuevo alumno del maestro.

— Yo soy Jun, mucho gusto- sonrió. Luego agregó — Hace tanto tiempo que Chen no tenía un alumno.

—Está el maestro en casa?- preguntó Jun.

—Salió hace un rato — contestó Mousse.

—Tengo que entregarle ésto, ¿podrías dársela?

—Desde luego.

Ella se la dio a Mousse, quien la colocó sobre la mesa. Jun se despidió y luego se marchó.

Cuando regresó el maestro, le entregó aquella cesta, y se arriesgó a preguntarle:

— Quién es esa chica...Jun?

—Es la hija de un amigo. Vive cerca de aquí.

—Es muy linda— comentó.

—Si y tu eres un inútil — dijo Chen

—Por qué dice eso Maestro? He estado trabajando muy duro. Me he esforzado mucho...cuando empezará a entrenarme? — dijo Mousse ansioso y emocionado.

Chen le mostró un racimo de uvas. El chico quedó anonadado. Ve a pisarlas, hay muchas más en la parte trasera del terreno. Necesito un buen vino. Mousse aceptó a regañadientes y trabajó sin descanso toda la mañana, tarde y parte de la noche. Al regresar a la casa, habló seriamente con Chen.

—No quiero estar aquí. Usted sólo se ha aprovechado de mi y me ha hecho trabajar como un esclavo.

El anciano no dijo nada, ni siquiera quitó los ojos de la taza de té que sostenía en sus manos.

Al no obtener respuesta Mousse se levantó y salió de la casa. Avanzó unos cuantos metros, cuando una figura femenina apareció de repente. Era Jun.

— A dónde vas?- preguntó.

— De regreso a mi casa, parece que el maestro no quiere entrenarme.

— Es una suerte que Chen te haya elegido como su alumno y te vas así nada más? Mira que contando contigo, solo ha tenido dos alumnos en toda su vida.

—Quién fue su antiguo alumno? cómo fue su entrenamiento?— Mousse tenía mucha curiosidad.

—El emperador Wu fue su anterior alumno, pero después que lo entrenó, el muy cretino utilizó lo que aprendió para abusar de los demás, se convirtió en un rufián, un tipo de lo peor.

—Ahora entiendo porque se porta así conmigo — dijo con un deje de tristeza.

—Desde entonces no ha vuelto a confiar en nadie. Por eso no ha tenido otros alumnos. Deberías sentirte afortunado. De veras piensas rendirte tan fácil?

Lo que Jun le dijo, le hizo entender un poco al maestro, y además recordó que ese viaje lo hizo para salvar a Shampoo, no podía renunciar tan pronto. Así que decidió volver, y seguir como su esclavo. Luego de hablar con Jun, Mousse fue a dormir con los animales. Se levantó temprano, arregló la casa y nuevamente se dispuso a pisar las uvas; esto último lo hizo durante todo el día; sin embargo, el maestro Chen lo ignoró completamente. Así transcurrió una semana.

Un buen día, Chen le dirigió la palabra y le mostró algo sorprendente.

— Parece que finalmente has aceptado lo que te rodea y lo que hoy te sucede.

Mousse lo miró con una mezcla de nerviosismo y sorpresa.

— Pensé que te irías en el transcurso de la semana, hum...después de todo en verdad eres un idiota.

A Mousse no le hizo gracia ese comentario.

— Una vez que has aceptado tu destino, tu vida y todo cuanto te rodea estas listo para esto — afirmó Chen. El maestro juntó las palmas de sus manos, y las separó lentamente. Una espada empezó a aparecer de la nada en el espacio que quedaba entre sus manos; continuó separándolas hasta que apareció completamente aquel objeto precioso. Era de un blanco grisáceo, que relucía bajo la luz del sol. Era fina y elegante. La sostuvo un momento. Mousse se quedo mirando en silencio.

— Es... asombrosa— dijo entonces, como si le costara admitirlo.

— Es... -Dejó la frase inacabada, buscando las palabras adecuadas.

Chen le dio una palmada en la espalda con extraña cordialidad: —Increíble no? Esta es una espada forjada en el aire, y solo puedes hacerlo cuando aceptas todo lo que hay a tu alrededor, todo lo que tiene que ver contigo...bueno, eso es lo más importante.

Dos meses pasaron. Durante ese tiempo, el maestro le enseñó como forjar en el aire no solo una espada, sino cualquier tipo de arma.

Sin embargo, a oídos del emperador Wu, llegó la noticia de que Chen tenía un nuevo alumno así que envió a uno de sus generales a "inspeccionarlo".

Amanecía nuevamente, era un día precioso, el tiempo era agradable, pero aquel hermoso día estaba a punto de tornarse obscuro. Mousse y Jun caminaban mirando el amanecer.

— Gracias por dejar que te acompañe y así poder mirar el amanecer contigo — dijo Jun.

Mousse solo rió de forma nerviosa. De repente, vio que algo brillante pasó justo entre ellos y fue a chocar contra una cabaña que estaba adelante, la cual, voló en pedazos. Mousse no pudo hacer mucho, tan solo alcanzó a alejar a Jun un poco de la explosión, se paró delante de ella y se cubrió el rostro con las manos. La fuerza de ese ataque los tiró al suelo; el chico miró alrededor y vio que su amiga forcejeaba con un hombre. Se miró las manos, ensangrentadas y con astillas de madera clavadas.

— Suéltame —dijo la chica que estaba tumbada en el suelo.

— Cállate perra! — dijo aquel tipo. Tenía el rostro crispado y muy colorado.

— No la toques! — gritó Mousse. Aquel hombre ahora se acercó a él y le dio una fuerte patada dirigida a la cabeza. Intentó apartarse, pero la patada le alcanzó en un riñón obligándolo a revolcarse en el suelo astillándose aun más con los pedazos de madera. De nuevo se fue hasta donde la chica.

—Detente! — gritó el chico de nuevo.

El sujeto le propinó una patada en el costado que casi le hizo dar vuelta. Los bordes del campo de visión de Mousse empezaron a oscurecerse. El dolor era cada vez más intenso, pero, a pesar de eso, cerró las manos ensangrentadas formando dos puños. El tipo volvió a llevar un pie hacia atrás. Intentó levantar las brazos para bloquear el golpe, pero solo se limitaron a temblar y el golpe le alcanzó en el estómago.

—Mousse. ¡Mousse! — exclamó Jun.

Aquel tipo le dio otra patada en el estómago haciendo que Mousse vomitara un poco. Hubo unos momento de silencio. Segundos más tarde, sintió que alguien caminaba cerca de él, luego se desmayó. Al despertar notó que alguien lo estaba curando. Intentó sin éxito abrir los ojos.

Escuchó que alguien murmuraba. Se trataba de Chen, quien comentó:

— Si no hubiese gritado como una chica no le hubiera escuchado.

Intentó decir algo, pero solo logró emitir un gemido.

Al cabo de un rato consiguió abrir los ojos. Veía borroso. De pronto un recuerdo lo asaltó e inundado por una oleada de pánico preguntó:

— Dónde...dónde está Jun?

—Tranquilo, estoy bien — contestó la chica — el maestro Chen llegó a tiempo y nos salvó.

Una vez que consiguió sentarse, notó el dolor de una docena de heridas que hasta ese momento había ignorado. Tenía varias costillas doloridas, aunque no sabía si estaban rotas. Si movía la cabeza demasiado deprisa, le mareaba y le daban náuseas.

Quédate tranquilo — dijo Jun — ten come algo.

El chico comió lentamente ayudado por su amiga, bebió un poco de agua y volvió a recostarse. Ya muy entrada la noche, se despertó nuevamente. Junto a él, Jun seguía sentada, vigilando su sueño. Mousse intentó levantarse, pero Jun lo detuvo.

—Ya me siento mucho mejor...ve a descansar — le pidió el joven. Pero la chica se negó:

— Te arriesgaste mucho para protegerme... es lo menos que puedo hacer por ti... eres una buena persona sabes? — le dijo Jun.

Mousse se sonrojó: — Cualquiera lo habría hecho... y mejor que yo.

— No te menosprecies así...

Jun se recostó junto a él. El chico se tensó al sentirla tan cerca. Intentó apartarse un poco, pero el dolor no lo dejó moverse.

— Eres muy valiente Mousse — aseveró la chica, mientras le acariciaba suavemente el pecho con una de sus manos.

Mousse intentó decir algo, pero no consiguió articular palabra alguna. Jun empezó a darle unos pequeños besos en el pecho, y luego en el cuello.

— Tienes unos hermosos ojos — le confesó Jun — me gustas.. me gustas mucho. Esto último lo dijo casi en un susurro.

—Ju..Ju ...Jun — tartamudeó Mousse.

La chica, lo calló con un beso en los labios, mientras se acurrucaba aún más contra él. Haciendo un gran esfuerzo, el chico se separó un poco. Al notar ese movimiento Jun dejó de besarlo.

— Qué sucede Mousse? Por qué te apartas? Yo...yo realmente quiero hacerlo contigo.

— Eh eh.. por favor... no... lo... lo...siento Jun — se disculpó Mousse — yo... yo ... no puedo...

La chica lo miró un poco triste.

—E...e.. eres mu... mu... muy bo.. bonita, pero yo...yo ya le he entregado mi corazón a alguien más... perdón — volvió a disculparse Mousse.

— Te entiendo — contestó Jun con pesar — descansa... nos vemos mañana.

Aunque intentó volver a dormirse, no lo consiguió, tan solo permaneció con los ojos cerrados hasta que cerca de del amanecer pudo dormir un poco.

Cuando amaneció, Mousse se levantó. Junto a él, vio que estaba una pequeña bolsita y una nota.

La leyó, y comprendió que se trababa de un regalo de Jun. Era un amuleto que ella le había dejado.

Lo tomó y se lo puso en el cuello. A continuación, fue a buscar a Chen, ya que no lo encontró en la casa. Lo vio a lo lejos en el terreno, hablando con alguien. No sabía si acercarse o no. Finalmente, lo hizo. Vio que el tipo que hablaba con el maestro estaba desesperado.

—Sucede algo? — preguntó Mousse.

Chen le explicó todo. El sujeto con quien estaba hablando era Huang, el padre de Jun. Aquel hombre estaba angustiado, su hija no aparecía por ningún lado. Ni siquiera había llegado a dormir a la casa. Mousse les dijo que Jun permaneció con el hasta la media noche, pero que le luego se había marchado.

— Tengo un mal presentimiento — acotó Huang.

— Crees que haya sido el príncipe Wu?

— Casi podría jurarlo — aseveró Huang.

— Por qué haría eso? — inquirió Mousse, sin comprender muy bien.

— Por dos razones, una es que quiere usarla como carnada para que vayamos por ella, y así deshacerse de mi finalmente...y la otra razón es que quiere también vengarse de Jun.

— Por qué? — Mousse seguía sin comprender.

Huang intervino: — mi hija, en el pasado, fue la novia de Wu, pero cuando el infeliz ese cambió y se convirtió en el canalla que es ahora, ella lo dejó.

— Yo también, lo eché de aquí y ya no lo instruí más — expresó Chen — sabe que yo soy el único que puede vencerlo, por eso quiere matarme, y le será más fácil allá en su castillo, por eso se llevó a Jun.

— Maldición, sería un suicido ir por ella y más si vamos ahora a plena luz del día. Debemos esperar hasta la noche — espetó Huang.

—Si quieres marcharte no te lo reprocharé Mousse...seguro tienes sitios mejores donde estar que este — le dijo Chen.

Mousse estaba perplejo. Luego contestó:

—No podría marcharme, maestro Chen... iré con ustedes, y juntos, salvaremos a Jun.

Chen abrió y cerró la boca varias veces, sin saber qué decir. Luego sonrió. Lo que iban a hacer, era una total locura, sabían que los estarían esperando, la muerte los aguardaba, pero no podían abandonar a Jun.

En medio de esa conversación, cinco hombres aparecieron frente a ellos. Estaban bien armados y protegidos por armaduras.

— Yo me haré cargo de esto — dijo Chen. Con decisión avanzó hacia los guerreros.

Los soldados se dirigieron a él con salvajismo. Chen sujetó con sus dos manos la espada de uno de ellos y le dio una fuerte patada en el vientre. Rápido, con el pie tomó un jarrón y lo lanzó estrellándolo contra el rostro de otro guerrero que empuñaba una daga y arremetía contra él por un costado. Otro trató de desenvainar la espada, pero Chen le dio un puntapié en el pecho y lo empujó contra dos soldados más que se acercaban. El Maestro corrió hacia ellos, pero antes, con un puñetazo en el rostro noqueó al tipo que se estaba reponiendo del golpe que le habían asestado con el jarrón y le quitó la daga. El soldado al que le había sujetado la espada al inicio se abalanzó contra Chen, pero el maestro le lanzó la daga y se la enterró en un cuello.

El resto de soldados desenfundaron sus espadas y también arremetieron contra el Maestro. El anciano se quedó quieto, parecía indefenso. Esta vez, las espadas lo cortaron en varios puntos. Pero no le causaron daño alguno. El maestro quedó a espaldas de ellos, agarró la espada del que tenía enterrada la daga en el cuello. Los soldados se dieron la vuelta, y en ese momento Chen agitó el arma en sentido horizontal. Las cabezas de los soldados cayeron al suelo. Los había decapitado de un solo movimiento.

El tipo al que noqueó con el jarrón y después golpeó con su puño empezaba a levantarse de nuevo (bastante resistente no?). De un salto, rápidamente Chen llegó a él y le ensartó la espada en el estómago. Los cinco hombres estaban muertos.

— Qué...qué fue lo que hizo? Cómo es que está ileso, si varias veces las espadas de esos sujetos lo atravesaron? — corrió Mousse hasta donde Chen, para que le explique lo que había pasado.

El maestro sonrió. Luego dijo: — para que comprendas bien, debo hablarte primero de las tres clases de energía que posee el ser humano.

—Tres clases de energía?

— Escucha, en todo ser humano hay tres tipos de energía: la espiritual, que nadie en este mundo ha sido capaz de manipular. La energía vital, que mantiene con vida al cuerpo material, y por último la energía terrenal, que nos permite realizar todas las actividades que llevamos a cabo diariamente, desde caminar hasta pelear...Para atravesar cualquier objeto, hay que cambiar la frecuencia de vibración de las células del cuerpo. Esto requiere una enorme cantidad de energía... y esa cantidad solo se obtiene al consumir la energía vital de la que te hablé.

— Increíble, no sabía nada sobre eso! — exclamó Mousse lleno de emoción. Él también quería aprender a manipular la energía vital.

Chen prosiguió: — se debe enfocar la energía vital en cada célula del cuerpo, pero esa energía no se restaura nunca...jamás la recuperas, así que cada vez que la uses, tu vida se acortará... un minuto de usar esa energía, te quitará diez años de vida.

— Ya veo, así que tiene sus riesgos — comentó Mousse.

Con el pasar de las horas, empezó a oscurecer. Así que, sin perder más tiempo, partieron hacia el castillo del príncipe Wu. Lograron entrar con sigilo, pero fueron vistos por dos guardias que vigilaban desde una torre muy alta. De inmediato, un grupo de 50 hombres les cerraron el paso.

— También te encargarás de todos esta vez? — bromeó Huang.

Chen contestó: — Esta vez pelearemos los tres, juntos atacaremos y nos cubriremos las espaldas.

— De acuerdo — dijo Mousse.

La batalla no duró mucho. Rápidamente, los tres colaboraron en una perfecta sincronía, y los vencieron casi a todos.

Chen estaba a punto de acabar con el último de ellos, cuando desde lo alto del castillo, salió una flecha disparada en dirección a Chen. Nadie se percató de eso. A unos centímetros de clavarse en la espalda del maestro, éste se volteó y la sujetó con una mano. Huang vio al tipo que la había lanzado, así que le arrojó con toda su fuerza una cuchilla, la cual se le clavó en el pecho. Al instante, aquel sujetó se precipitó al suelo.

Mousse respiró aliviado. Pero, inesperadamente, la flecha explotó, con tal fuerza, que Huang y Mousse fueron empujados hacia atrás varios metros. Cayeron pesadamente, de espaldas contra el suelo. Estaban aturdidos por la explosión, pero aun así, se pusieron de pie, y fueron hasta donde Chen.

No podían creerlo, estaba gravemente herido. La sangre abandonaba su cuerpo en forma abundante.

— Maestro, maestro! — gritó Mousse desesperado al ver en las condiciones en las que se encontraba.

— Chen...resiste por favor! — le pidió Huang.

Con dificultad, logró decir algo: —No, ya no hay nada que hacer... y lo sabes... no se detengan por mi, y continúen, salven a Jun.

— Maldición, maestro! Nooo! — gritó Mousse.

— Acércate — pidió Chen. Lentamente, elevó su mano hasta el pecho de Mousse, y con un dedo, golpeó firmemente un punto en específico.

Enseguida el joven sintió que el cuerpo le quemaba.

— Qué...qué es esto? — se dijo sin comprender lo que repentinamente estaba sintiendo.

— A partir de ahora, tu también podrás manipular la energía vital... úsala con sabiduría...y apresúrense ..no pierdan más tiempo... vayan y terminen con lo que vinimos a hacer.

— Pero, maestro Chen... — exclamó Mousse, embargado por una enorme tristeza.

— Nunca olvides lo que te enseñé...y jamás cambies Mousse...ahora...ve y busca tu destino sin apartarte del camino que has seguido hasta hoy.

Fue lo último que dijo Chen. Sus ojos se habían cerrado para siempre.

— Maestro! maestro! abra los ojos maestro!

— Basta Mousse, se ha ido...guarda tus lágrimas para después, hay que ir por mi hija... y rescatarla... no podemos fallar, o la muerte de Chen será en vano.

— No! No dejaré que eso pase!

El chico se puso de pie y junto con Huang se dispusieron a avanzar, cuando un grupo de cerca de veinte hombres les bloqueó el paso.

— Ve por mi hija, yo me haré cargo de esto!

— Qué? pero son demasiados, no puedo...

— Confía en mi... así como yo creo en ti... y confío en que serás capaz de rescatar a Jun.

Mousse no tenía argumento para rebatirlo, así que no le quedó más que marcharse.

Corrió a toda prisa, evitando ser visto por los guardias. Dobló una esquina, caminó por un callejón y luego corrió rápidamente hasta una pared. De pronto, notó unas manos fuertes que le agarraban por los brazos, y luego lo arrojaban con fuerza. El dolor de las heridas del suceso anterior volvían a hacerse presentes, pero aun así, se puso de pie de inmediato. Su oponente, era un tipo mucho más alto y fornido que él, casi lo doblaba en estatura. Tenía el pelo negro y unos ojos de mirada salvaje.

Otros dos chicos se unieron. Uno de ellos le retorció un brazo haciendo gritar a Mousse. El otro sonrió al oírlo gritar.

Intentó apartarse, pero en respuesta aquel tipo le aplicó más fuerza.

— Qué haces aquí? ¿Te has perdido? — preguntó uno de ellos.

— No — contestó Mousse.

—Creo que se ha perdido —dijo en son de burla el que lo sujetaba.

— No, no estoy perdido...vine para comprar medicinas para tu abuela — se burló Mousse.

El gigantón se acercó y le dio un fuerte cabezazo: — muy gracioso dijo. Lo soltó y retrocedió un poco, pero luego se acerco nuevamente al notar la bolsita que colgaba del cuello de Mousse, el amuleto que Jun le había dejado la noche anterior. Se lo arrancó y la lanzó.

— Devuélvemelo maldito!

El tipo alto camino hasta donde había caído la bolsita y se agachó para recogerla. Mousse también corrió hasta allá, agarró la bolsita y tiró de ella. Pero el gigante era más rápido de lo que había calculado y más fuerte. No consiguió arrebatarle. La frustración y la ira de Mousse aumentaron. No podía seguir perdiendo el tiempo así inútilmente. Mousse se lanzó sobre él, dispuesto a golpearlo, pero el gigantón se protegió bien, y lo obligó a retroceder hasta que chocó contra la pared del callejón. Se golpeó la cabeza contra la pared de ladrillo, y hubiese caído si no le hubiera estado apretando contra el muro. Le sujetó los brazos mientras lo apretaba aún más fuerte contra la pared. Pensó fugazmente que debía de haber soltado la bolsita.

Volvió a aspirar por la boca y sacudió los brazos, golpeándose otra vez la cabeza contra la pared. Vio como aquel gigante tomaba una espada y se la acercaba dispuesto a atravesarlo. El chico cerró los ojos y pareció que todo se detenía.

Al abrirlos, lo primero que vio, fue los rostros de sorpresa de aquellos sujetos. La espada, había pasado a través de él. Mousse también se sorprendió un poco, pero luego, se concentró de nuevo en la pelea. Su confianza aumentó, ahora si, prácticamente era inmune a cualquier ataque. Juntó las palmas de sus manos, y las separó paulatinamente. En medio de ellas, apareció una imponente espada. La tomó con sus dos manos y cortó al gigantón. Los otros dos quedaron paralizados al ver lo que le había pasado a su compañero. Mousse aprovechó eso, y los liquidó con su nueva espada. Sin perder tiempo, siguió avanzando hasta la torre principal del castillo.

Al llegar a los aposentos del príncipe, se topó con una puerta, pero esto no le detuvo, simplemente la atravesó, pero lo que vio a continuación, lo dejó devastado:

Jun estaba en la cama, totalmente desnuda, apenas cubierta solo por una sábana. Toda ella temblaba, y no dejaba de llorar. El príncipe Wu, por su parte, terminaba de acomodarse la armadura.

Durante un tiempo que le pareció interminable, Mousse permaneció inmóvil, como una estatua, casi sin respirar, con los ojos desorbitados. Hasta que escuchó algo que Wu le dijo a Jun:

— Qué rayos te pasa? En el pasado, tu solías disfrutar mucho cuando te hacía lo mismo... y ahora mira la cara que tienes...

Mousse fue poseído por una intensa cólera, y miró a Wu con desprecio.

— Y tu qué? — le preguntó Wu a Mousse, en forma desafiante.

— Eres un maldito... canalla...como te atreviste...— la furia en Mousse, casi no lo dejaba respirar con normalidad así que se detuvo, pero enseguida dijo elevando su tono de voz gradualmente — yo... yo... te matarééééé!

— En serio? — sonrió confiado Wu.

Sin esperar más, Mousse alzó su espada y se lanzó contra Wu, pero este, con rapidez increíble, desenvainó la suya bloqueó el ataque, hizo un movimiento con su muñeca, y le arrebató a Mousse el arma, la cual rodó por el suelo. Enseguida, Wu contraatacó, pero no consiguió herir a Mousse, pues nuevamente la espada pasó a través de él. Con aquel movimiento fallido, el príncipe quedó con la guardia baja, así que Mousse juntó sus manos y forjó una nueva espada, con la que decapitó a Wu.

Enseguida, fue hasta donde Jun, quien aun seguía llorando. El chico no sabía qué hacer? Cómo ayudarla? Cayó de rodillas, frente a ella y apoyando la frente en el suelo, le dijo:

— Perdóname... perdóname por favor, te he fallado... a ti, a tu padre y al maestro Chen...no se que puedo hacer ahora...no fui capaz de protegerte, así que... tan solo me queda ofrecerte mi vida...

Al terminar de decir esto, levantó su cabeza, y tomando la espada con sus dos manos, la dirigió hacia él, dispuesto a quitarse la vida.

— Noooo! — le gritó Jun sujetando con sus manos el mango de la espada para evitar que Mousse siguiera — detente! No sigas! Por favor!

— No lo hagas Mousse! — le ordenó Huang quien acababa de entrar a la habitación.

— Qué debo hacer entonces? — preguntó el joven, mientras un par de lágrimas rodaban por sus mejillas.

— Solo quédate a mi lado y abrázame..abrázame muy fuerte por favor...Mousse — le pidió Jun entre sollozos.

— Ya larguémonos de este maldito lugar — sugirió Huang.

De camino a casa, Huang llevaba sobre su hombro el cuerpo del maestro Chen envuelto en una sábana, mientras que Mousse cargaba en sus brazos a Jun, que ahora dormía para tratar de huir de la terrible realidad que el destino la hacía enfrentar.

Cuatro semanas transcurrieron, y en ese tiempo, Mousse se dedicó a ayudar a Jun a superar lo que le había pasado. No era nada fácil, y el no sabía bien que es lo que debía hacer, pero Jun siempre le decía que con tenerlo a su lado le bastaba.

Finalmente, llegó el momento de que Mousse volviera a la aldea. La despedida no fue fácil, pero el joven le explicó que debía salvar a alguien más. Eso si, le prometió que en cuanto solucionara eso, volvería junto con esa persona y los tres verían el amanecer de un nuevo día.

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Mousse abrió los ojos. Se sintió más tranquilo. Su cuerpo ya no temblaba. Después de recordar todo lo que pasó durante su entrenamiento con Chen, la duda y el miedo desaparecieron. Ya una vez debido a su debilidad habían lastimado a su amiga Jun. No permitiría que algo así se repitiera. Además, no podía morir, pues debía cumplir dos promesas: una que se había hecho el mismo, y que era la de ganarse el corazón de su amada Shampoo. La otra promesa, en cambio era la que la había hecho a Jun. Solo con eso, tenía ya dos razones poderosas para no dejarse vencer y sobrevivir a esta batalla.

— No — murmuró Mousse — de ninguna manera permitiré que toque a Shampoo o a las demás mujeres... esta vez no dejaré que algo como eso suceda.

—Deja de murmurar y pelea — le reclamó Itami — Qué? Estás rezando?

— Ya verás maldito! juro que te vas a arrepentir... hasta de haber nacido! — advirtió Mousse mientras corría hacia Itami.


Bueno hasta aquí este capítulo. Espero sus comentarios.

Hasta la próxima semana. Allí veremos que tal le va a Mousse en su combate con Itami y como siguen las cosas en Nerima.