Hola! Cómo les ha ido? Espero que hayan tenido una excelente semana.

Los dejo con un nuevo capítulo.


Capítulo 7: Fiesta de cumpleaños.

Mousse estaba a punto de enfrentarse con Itami. Pero justo antes del inicio de la pelea, se sintió inseguro, y se dejó invadir por el miedo. Sin embargo, en ese instante, llegaron a su mente los recuerdos de su entrenamiento con el maestro Chen, y las promesas que debía cumplir. Eso, le dio más seguridad, y finalmente, dejó de dudar de sus capacidades.

— No — murmuró Mousse — De ninguna manera permitiré que toque a Shampoo o a las demás mujeres... esta vez no dejaré que algo como eso suceda.

—Qué? Estás rezando? — le reclamó Itami — Deja de murmurar y pelea.

— Ya verás maldito! juro que te vas a arrepentir hasta de haber nacido! — advirtió Mousse.

Enseguida corrió un poco para tomar impulso y dar un gran salto. Desde al aire, empezó a arrojarle una enorme cantidad de cuchillas.

De inmediato Itami saltó hacia atrás y dijo: — espíritu del aire escudo torbellino.

Repentinamente, el aire a su alrededor se agitó y empezó a girar formando una especie de remolino, el cual lo protegió de los ataques de Mousse. Prácticamente Itami estaba parado en el centro de un tornado de pequeñas dimensiones, pero de gran potencia, ya que ninguna de las cuchillas lo alcanzaba. Todas eran atrapadas por la fuerza giratoria del aire. Por más que Mousse las arrojaba con gran fuerza y velocidad, no conseguía atravesar ese escudo de viento.

Segundos después, Mousse se detuvo. Parecía que ya no le quedaban más armas.

— Impresionante — comentó Itami — si no me hubiese protegido, no habría sido capaz de esquivarlas...si mis cálculos son correctos, tu me arrojaste cerca de 50 cuchillas por segundo...eres bastante hábil, pero no lo suficiente como para vencerme.

— Esto apenas comienza — le advirtió Mousse.

— Yo diría que más bien ya terminó — rio Itami, quien lanzó su brazo hacia adelante y al instante, todas las cuchillas que giraban alrededor de él, salieron disparadas a una descomunal velocidad. Mousse quedó estupefacto viendo como más de mil quinientas cuchillas se dirigían hacia él. No se movió. En menos de un segundo las armas recorrieron la distancia que los separaba y alcanzaron a Mousse, pero no se clavaron en él, sino que lo atravesaron sin causarle daño alguno y siguieron de largo hasta hundirse en un peñasco que se encontraba unos metros detrás de Mousse.

Debido a que había cambiado la frecuencia de vibración normal de las células de su cuerpo, ahora era inmune a cualquier ataque físico.

Sin embargo, eso también le daba una gran desventaja: tampoco podía tocar las cosas con normalidad, por lo que no podía atacar a Itami, pues solo lo atravesaría. Para lastimarlo, solo tenía una alternativa. Aprovechando esa invulnerabilidad debía acercarse a Itami tanto como le fuera posible y cuando estuviera a su alcance, debía regresar la frecuencia de sus células a la normalidad, para así atravesarlo con una espada forjada en ese instante.

Sin esperar más, Mousse corrió hacia su oponente. Pero sorpresivamente, éste no se quedó parado allí, sino que también corrió en la misma dirección, alejándose de Mousse. Mientras lo hacía, exclamó:

— Espíritu de la tierra: mil agujas!

En ese momento, del suelo empezaron a elevarse varias partículas de tierra, las cuales se juntaron y formaron enormes agujas (cada una era como del tamaño de un lápiz, pero con una peligrosa punta en cada extremo). Todas éstas salieron disparadas hacia Mousse, pero fue inútil aquel ataque, ya que sucedió lo mismo que con las cuchillas, solo pasaron a través de él.

Los dos continuaron corriendo. Mousse perseguía Itami mientras este corría tratando de mantenerse a prudente distancia. Era como si conociera el plan de Mousse, así que no se dejaba alcanzar. Mientras corrían, Itami seguía atacándolo con sus agujas de tierra. Este juego se repitió muchas veces, sin que Itami pareciera desalentado por sus fracasos. Parecía mas bien gozar con ellos.

Shampoo los vio alejarse cada vez más de la aldea. Súbitamente un estremecimiento la embargó. Sintió que era invadida por un extraño escalofrío de angustia, y sin saber porqué, decidió correr tras ellos.

Repentinamente, Itami se detuvo, y se dio la vuelta encarando finalmente a Mousse, quien también se paró sorprendido, pero a la vez contento. Era la oportunidad que estaba esperando. Unos diez metros los separaban. Lo único que se interponía entre ellos eran cien de esas agujas de tierra, las cuales permanecían quietas, suspendidas en el aire. Solo debía atravesarlas y finalmente tendría a Itami a su alcance. No lo pensó más, y Mousse corrió a toda velocidad.

Por fin Shampoo los pudo alcanzar, y fue testigo de lo que sucedió a continuación:

Tal como Mousse lo había planeado, avanzó los metros que le faltaban para llegar hasta Itami, pasó a través de las agujas y a un metro de él, regresó a la normalidad la frecuencia de sus células. Luego juntó las palmas de las manos y las separó rápidamente , tomó la espada que apareció en medio de ellas y la blandió horizontalmente cortando a Itami por la mitad. Pero ésto último no sucedió.

— No — murmuró Mousse desconcertado — no es posible.

Itami rio secamente.

Shampoo cerró los ojos y volvió a abrirlos, pensaba que lo que veía era solo una ilusión que desaparecería al parpadear, pero por desgracia esa era la realidad. Horrorizada, vio como Mousse dejaba caer la espada y luego se desplomaba y caía de frente contra el suelo.

— Mousseeee! — gritó Shampoo corriendo hacia donde él estaba.

Apenas llegó se agachó para socorrerlo.

— Hu...Huyee — habló Mousse con dificultad.

Shampoo intentó tocarlo, moverlo, pero no sabía qué hacer, cómo ayudarlo? Mousse tenía decenas de agujas incrustadas en su espalda, brazos y piernas.

—Qué tonto! Pensaste que eras el único que podía atravesar objetos? Yo también puedo hacerlo...fuiste muy ingenuo... — dijo Itami.

— Qué?! Qué le hiciste? Maldito! — le reclamó Shampoo poniéndose de pie para golpear a Itami, pero éste no se lo permitió. Alzó su mano y al instante, el aire alrededor de la joven se agitó y la elevó inmovilizándola y dejándola suspendida en el aire.

— No te preocupes, no morirá enseguida, ya que no le atravesé órganos vitales — explicó Itami — eso si, corté casi todas las arterias de su cuerpo, así que el flujo continuo de sangre prácticamente se ha detenido... poco a poco la sangre perderá oxigenación, provocando que cada órgano de su cuerpo empiece a morir... Lo ves? vivirá unos minutos más... tranquila.

Después de decir esto, Itami se volvió hacia Mousse, se agachó y le susurró:

— Trata de mantenerte consciente un poco más, y mira... mira muy bien como tomo a tu esposa.

El chico no pudo hacer ni decir nada. Tenía la boca seca y todo el cuerpo entumecido. Sentía como si en ese momento estuviese encadenado y encerrado en una pequeña jaula, a través de la cual solo podía ver lo que pasaba afuera, incapaz de hacer algo.

Itami se levantó, y elevó de nuevo su mano. El viento se agitó con más fuerza que antes, de tal forma que arrancó toda la ropa de Shampoo, dejándola totalmente desnuda.

Mousse veía esto, y desesperado trataba de moverse, hacer algo para ayudarla, pero era imposible, su cuerpo estaba muriendo, y ya ni siquiera lo sentía.

Con un movimiento de su mano, Itami hizo que el viento llevara a Shampoo de espaldas contra el suelo. Allí quedó inmovilizada por el viento que la sujetaba con fuerza, haciendo inútil cualquier intento de moverse por parte de la chica.

Itami se acercaba lentamente hacia ella, como si disfrutara de cada segundo que debía esperar para poseerla.

Una sonrisa de triunfo, firme y cruel se esbozó en su boca. Postrado en el piso, Mousse estaba obligado a ver lo que sucedería. Sintió como la furia se apoderaba de él, pero esta vez era diferente, la ira era para consigo mismo.

Con la boca cerca del suelo, se regañaba mentalmente: Estúpido inútil! Debilucho! De que te sirvió el entrenamiento? Sigo siendo el mismo perdedor de siempre!

Sus pensamientos fueron interrumpidos por los gritos de Shampoo.

—Aléjate! Aléjate de mi!

Itami se había colocado encima de la chica y trataba de besarla, pero ella giraba el rostro, apartándose de sus labios. Esto molestó a Itami, quien con su mano la tomó fuertemente del mentón obligándola a girarse hacia él. Allí la besó a la fuerza. Luego se separó y se incorporó a medias para quitarse los pantalones. De nuevo se agachó, y otra vez la obligó a mirarle:

— Mírame! — le ordenó Itami, mientras le pasaba la otra mano por el muslo — quiero ver la expresión de tu rostro cuando te haga mía.

Le separó las piernas a la chica, y de pronto, Itami fue lanzado hacia atrás unos cinco metros, para luego rodar por el suelo un par de metros más. Se reincorporó rápidamente, y vio que Shampoo estaba rodeada de un aura de color rojo muy intenso y brillante. Segundos después se expandió, quedando ahora Shampoo dentro de una esfera roja semi-transparente de dos metros de diámetro.

— Así que usas tu energía vital para crear una barrera y evitar que yo la toque, eeeh? — dijo Itami mirando a Mousse — bien, veamos por cuanto tiempo puedes mantener esa barrera.

Caminó hacia el chico, y una vez que estuvo junto a él, con el pie empezó a golpearlo una y otra vez en el rostro y en la cabeza, pues sabía bien que debido al estado en el que se encontraba Mousse, ya no sentiría dolor alguno del cuello para abajo.

Mousse sabía las consecuencias de usar la energía vital, pero aún así, no dejaría de hacerlo. De una u otra forma iba a morir, pero en ese momento, eso no le asustaba. Lo único que le preocupaba era el tiempo que sería capaz de mantener desplegada esa barrera.

Mousse se decía: Haré lo que sea por ella, sin importar lo que me pase a mi, debo resistir, tengo que resistir...

—Así es como es usted realmente?

Al oír esto, Itami se giró hacia donde provenía esa voz y contrajo su rostro con un gesto de ira diabólica. Le brillaban los ojos como carbones encendidos. Estaba muy molesto por la interrupción de Mousse y ahora llegaba alguien más.

—No me gusta tu tono, tú no eres nadie para cuestionarme — murmuró Itami lanzándole una mirada perversa.

Se trataba de Hiroshi. El joven lo había esperado en la fortaleza, pero al ver que el tiempo pasaba y no llegaba, había decidido salir a buscarlo. Gracias a una corazonada, había decidido ir a China. Tenía un fuerte presentimiento de que allí lo encontraría.

— No puedo creerlo! Todo este tiempo viví engañado por usted, incluso me dijo que no podía usar los espíritus, pero veo claramente que invocó el poder de tres de ellos— le reclamó Hiroshi.

— No te mentí, te dije que Shoda me había quitado el poder para llamar de forma simultánea a los 6 espíritus, pero aún puedo invocar a cualquiera de ellos, aunque solo uno a la vez — alegó Itami.

Hiroshi no dijo nada más. Lo miraba con odio y decepción. Era la primera vez que Itami lo veía tan enfurecido, presentía que en cualquier momento lo iba a atacar. Él conocía muy bien la forma de pelear de Hiroshi. Sabía que jamás portaba arma alguna, pero podía transportar desde otro lugar una muy poderosa arma de destrucción.

En ese momento, no le quedaba más que huir. Había utilizado el poder de los espíritus de la tierra, fuego y aire, así que tardaría un tiempo en reponerse para poder usarlos nuevamente.

Por otro lado, Mousse ya no pudo mantener por más tiempo la barrera. Apenas desapareció, Shampoo fue hasta donde él, lo cargó y lo llevó hasta la aldea. En el camino, el joven perdió totalmente el conocimiento. Al llegar, Shampoo gritó pidiendo ayuda. Varias amazonas acudieron a su llamado y llevaron a Mousse a la enfermería. Cologne también se acercó caminando con ayuda de su bastón.

— Qué ocurrió Shampoo? Estás bien?

— A mi no me pasó nada, pero Mousse... — Shampoo no pudo terminar la frase pues la voz se le quebró. No pudo contener más su llanto.

Cologne cubrió con una manta el cuerpo desnudo de la chica, quien debido a la angustia y preocupación que tenía en ese momento no se había percatado de eso.

— Debo ir con él — agregó Shampoo.

— Vamos entonces — dijo la abuela, quien subió a la espalda de su nieta, y juntas fueron hasta la enfermería. Solo les quedaba rezar y esperar a que Mousse se salvara.

En Tokyo, las horas transcurrieron, y por fin, terminaron las clases de ese día en la universidad.

Cerca de la salida, antes de despedirse, Akane conversaba con sus amigas:

— Aaaaah! por fin terminó este día, y la semana también! — celebró Yaeko, pues ya era viernes finalmente.

— Si, y debo irme rápido, no se que me pondré para la fiesta de Kenji — dijo Yui

— Es cierto, hoy es la fiesta! — señaló Kanade.

— Y tú Akane? Si vas a ir verdad? — inquirió Yui

— No se, no me siento con ánimos para nada.

— Entonces no vas a ir a mi fiesta? — preguntó Kenji, mientras la miraba con una expresión de tristeza en el rostro — no te pido que te quedes mucho tiempo, puedes estar una hora, distraerte un poco y luego te vas...que te parece?

— mmmmm...lo pensaré.

— Me gustaría que fueras, aunque sea por unos momentos nada más — agregó Kenji.

— Bueno, nos vemos en la tarde — se despidieron las amigas de Akane.

— De veras...espero contar contigo... — se despidió Kenji agitando su mano, para luego darse vuelta y marcharse.

De camino a casa, Akane pensaba en lo que Kenji le había dicho. No estaba muy segura de ir. Después de haberse enterado de lo de p-chan y de haber terminado su relación con Ranma, no tenía ánimos para nada. Sentía que necesitaba más tiempo para sobreponerse a todo eso. Con el estado emocional en el que se encontraba ahora, seguro que le echaría a perder la fiesta a su amigo. Pero por otro lado, no deseaba hacerle ese desaire a Kenji, después de lo bien que se había portado con ella, en especial estos últimos días, desde que rompió con Ranma, Kenji se había esforzado mucho tratando de animarla.

En la biblioteca de la universidad, Ranma se encontraba muy concentrado escribiendo, pero nada que tenga que ver con alguna de sus materias.

Lo que escribía justo ahora, era una carta para Akane. Eso, debido a la sugerencia que Kasumi le había hecho esta mañana. Justo antes de salir hacia la universidad, Kasumi le había sugerido que le escribiera una carta a Akane, en la cual le explicara las razones por las que le ocultó la verdad. Así, Akane podría leerla las veces que fueran necesarias hasta comprenderlo, y perdonarlo.

Motivado por eso, Ranma continuaba escribiendo, poniendo en cada palabra todo su esfuerzo, concentración y sus más sinceros sentimientos.

Mientras, en China, Hiroshi perseguía a Itami, quien corría tan rápido como le era posible. Ya solo faltaban unos segundos para que volviera su fuerza, cuando de repente, con el rabillo del ojo alcanzó a ver que algo caía justo a unos centímetros detrás de él. Aquel objeto impactó con una fuerza y velocidad descomunales. Con el intenso calor del impacto se produjo una bola de fuego gigantesca en forma de hongo. La onda sonora que se produjo cuando el bólido hizo contacto con la superficie retumbó y sacudió todo el lugar, haciendo eco a varios cientos de metros de distancia.

El bólido mismo fue pulverizado, pero cavó un hoyo que levantó una gran cantidad de polvo. Alrededor del siniestro, dejó un puñado de tierra quemada. Se calcinó la vegetación del entorno y una franja de unos 800 metros de pasto se quemó.

Constantemente chocan con la atmósfera de la Tierra pequeños meteoritos y fragmentos de asteroides, los cuales debido a su gran velocidad y pequeño tamaño se destruyen al impactarse con la atmósfera, y así no llegan a la superficie de nuestro planeta. Hiroshi podía usar su habilidad de manipular el espacio-tiempo para transportar uno de esos meteoritos antes de que choque con la atmósfera y hacerlo caer directamente en cualquier sitio sobre la superficie de la Tierra.

Eso era lo que Itami tanto temía. Por esa razón había corrido. Para ganar tiempo y tratar de distraerlo, evitando que Hiroshi tuviese el tiempo suficiente para concentrarse y suponía que al moverse y correr tras de él, no tendría oportunidad de enfocarse en uno de los tantos meteoritos. Pero se había equivocado. No sabía que Hiroshi había mejorado su capacidad de concentración. Aunque corría detrás de él, fue capaz de transportar un meteorito y hacerlo caer junto a él.

— Lo logré — celebró Hiroshi con alivio.

De pronto sintió a alguien junto a él. Volvió el rostro hacia un costado para ver de quien se trataba. Era Itami. Pero cómo era posible que aun siguiera con vida? Hiroshi no pudo reaccionar. Parecía que su presencia irradiaba algo paralizante. Se puso rígido como un cadáver, sintió sobre su garganta los dedos de Itami quien esbozaba una sonrisa maligna.

— Has mejorado mucho, pero sigues siendo el mismo tonto de siempre, con muy mala suerte...justo antes de que me cayera ese meteorito, recuperé mi poder— señaló Itami, sin dejar de apretar el cuello del joven.

Efectivamente, un segundo antes de que le cayera el meteorito, Itami había recuperado su fuerza, con la cual invocó al espíritu del aire y se fusionó con él, convirtiéndose momentáneamente en aire. Bajo esa forma , no podía ser destruido. No importaba la magnitud de la explosión, a lo mucho se calentarían sus moléculas y nada más. Gracias a eso pudo salir completamente ileso.

— Muere ya perdedor! — cada vez, Itami apretaba con más fuerza a Hiroshi, quien seguía de pie solo debido a que Itami lo estaba sujetando. Estaba a punto de desmayarse.

Inesperadamente, Itami lo soltó. Había notado algo diferente en él. En la ropa del joven, percibió residuos de una energía que no le pertenecía a Hiroshi.

— No puede ser! — murmuró Itami — esta energía... hace tanto tiempo que no la sentía...pero, cómo? Acaso aún sigues con vida...Shoda?

Sin decir más, se puso de pie, cargando a Hiroshi sobre su hombro. Por alguna razón había decidido dejarlo vivir.

— Si de verdad Shoda está por aquí, debo preparar una cordial bienvenida, y tú me serás de utilidad — se dijo en voz alta, mientras miraba de reojo a Hiroshi. Luego, valiéndose nuevamente del aire, se elevó hasta sobrepasar la altura de las nubes y voló a gran velocidad, perdiéndose a lo lejos en el cielo.

En casa de los Tendo, en su cuarto, Akane miraba el reloj. Eran ya las cuatro de la tarde, y faltaba tan solo una hora para la fiesta de Kenji. Akane ya estaba lista, aunque no muy animada. Vestía un jean y un saco rosa con encajes. Mientras se veía en el espejo, no pudo evitar recordar como muchas de las veces se cambiaba en frente de p-chan, ignorando quien era en realidad aquel cerdo que tenía como mascota. De nuevo sintió como la ira la invadía. Cada vez que pensaba en eso, deseaba tener frente a ella a ese par de traidores, para darles su merecido y no dejarles ni un solo hueso sano.

Cerró los ojos y respiró profundo, para tratar de calmarse. Cuando los abrió nuevamente y vio su reflejo en el espejo, notó el triste y deprimente aspecto que tenía. Con los pulgares se masajeó las sienes mientras pensaba en lo mal que la había pasado últimamente, todo por culpa de esos dos. Sabía que no estaba bien seguir atormentándose con lo mismo todo el tiempo, pero que podía hacer?, se preguntaba.

Después de pensarlo por un rato, decidió que al menos en lo que quedaba del día, intentaría no pensar en lo de p-chan. Para lograr eso, necesitaba algo con lo cual apartar esos pensamientos de su cabeza. Así que ya no dudó más, definitivamente iría a la fiesta de cumpleaños de su amigo Kenji.

— Bien! No más depresión ni tristeza, iré y trataré de distraerme — se dijo a si misma — Sí...me divertiré y al menos por un rato intentaré no pensar en nada.

Con decisión, salió de su cuarto y entró al de su hermana Nabiki, abrió el armario y tomó prestado uno de sus vestidos. Se retocó el maquillaje, se arregló el cabello y salió rumbo a la casa de Kenji.

Mientras tanto, Ranma caminaba por las calles de Tokyo, con una enorme tristeza a cuestas, como si cargara sobre sus hombros todas las penas del mundo. Pero aunque parezca increíble, no estaba del todo deprimido, pues había conseguido terminar de escribir la carta para Akane (le había tomado varias horas, incluso no almorzó nada). Ahora solo le quedaba dársela a Kasumi, para que le entregara a Akane y esperar a que la lea.

— Hola Ranma! Qué haces aquí?

El chico regresó a ver hacia el sitio de donde provenía esa voz. Quien lo saludaba era un compañero de clase.

— Qué haces por aquí a esta hora? — le preguntó de nuevo — no vas a ir con Akane?

— A dónde? — preguntó Ranma, sin saber a que se refería su amigo.

— A la fiesta de cumpleaños de Kenji...hoy a las cinco, en su casa...invitó a toda la clase

— Aaaaah! Si, algo me comentó Akane — mintió Ranma.

— Vaya, parece que las cosas entre ustedes ya se arreglaron..que bueno!...nos vemos amigo, mi novia también está en la misma clase de Kenji y fue invitada, así que debo ir con ella y ya se me está haciendo tarde...adiós! — dijo agitando una mano, al tiempo que empezaba a correr.

Ranma pensaba: seguro que Akane no irá a esa estúpida fiesta.

Pero por si acaso, se apresuró en regresar a su casa.

Cuando llegó, se encontró con Kasumi, quien lo saludó un poco extrañada de verlo.

— Ah! Mira, aquí está la carta, me costó mucho escribirla, pero creo que salió bien — comentó Ranma.

— Se la daré a Akane apenas vuelva — contestó la mayor de las Tendo, mientras guardaba la carta en uno de los bolsillos de su delantal.

— Entonces ella no está?

— Salió hace como media hora, iba muy bien vestida y arreglada... creí que tenía una cita contigo, pero parece que me equivoqué.

— No puede ser — murmuró Ranma y salió de allí como un rayo, rumbo a la casa de Kenji.

Luego de haber corrido un buen rato, se frenó de golpe y dijo: —Pero... dónde demonios queda la casa de ese idiota?

Trató de pensar rápido en donde podría obtener la dirección y solo se le ocurrió un lugar: la universidad. De inmediato, salió corriendo hacia allá. Por fortuna, sabía donde estaba la oficina en la cual guardaban la información de los estudiantes, así que apenas llegó fue directo hasta allí. A esa hora ya no estaba la secretaria, por lo que tuvo que forzar la puerta. Una vez dentro, reunió todos los documentos y empezó a revisar hoja por hoja, usando la velocidad del truco de las castañas y forzando al máximo sus ojos.

Entretanto, Akane había ya llegado al lugar de la fiesta. Era una casa enorme y lujosa. Kenji vivía en un pequeño departamento rentado, a pocas cuadras de la universidad, pero gracias a que salió bien en los exámenes parciales, sus padres le habían permitido usar la casa grande para que celebre su cumpleaños. Apenas entró Akane, Kenji se apresuró a saludarla. Al verla quedó impactado por su belleza.

Llevaba un mini vestido rojo ceñido al cuerpo, que resaltaba sus curvas de mujer. Tenía dos tirantes anchos que se unían en la parte de adelante, formando un escote en V muy pronunciado.

—Estás muy guapa así vestida —le dijo Kenji con dulzura.

Ella agachó un poco la cabeza y habló casi en un susurro: —Gracias.

Rápidamente, se aproximaron algunas de sus compañeras de clase. Estaban muy alegres de que haya decidido ir a la fiesta. Kenji no pudo hablar más con ella, pues sus amigas se la llevaron de ahí.

Durante un buen rato, estuvieron conversando, riendo. Luego cantaron, bailaron, bebieron sake. Hasta que Kenji se les acercó:

— Chicas, me prestarían a Akane un momento?

— Adelante cumpleañero — contestaron en coro muy divertidas.

— Bailamos? — le preguntó Kenji y le extendió la mano.

Akane aceptó y tomándolo de la mano, le dijo: — gracias por invitarme.

— No...gracias a ti por venir — le contestó sonriente.

Mientras, Ranma corría saltando por los techos de las casas y por las terrazas de los edificios, hasta que por fin, llegó a la casa de Kenji. Por suerte, había logrado encontrar la dirección en aquella oficina y según decía allí, estaba a tan solo unas cuadras de la universidad. Con una fuerte patada tumbó la puerta, pero lo que vio ahí no era nada parecido a un ambiente de fiesta. No había nadie allí dentro, todo estaba en silencio.

— Acaso me equivoqué? — se preguntaba Ranma mirando la hoja donde había escrito la dirección y el número de departamento.

— Qué te pasa animal! — vociferaba en la entrada un hombre — por qué destruyes las cosas de otros?

Aquel sujeto era el dueño de todos esos departamentos, y estaba muy molesto. Pero Ranma no le hizo caso. No tenía tiempo, ni estaba de humor para recibir regaños. Se acercó y sujetándolo de la camisa lo interrogó a gritos:

— Quién vive aquí? Dónde está el imbécil de Kenji?

— Suéltame! Maldito loco, no voy a decirte nada! — exclamó el dueño.

Con el griterío, algunas personas empezaron a acercarse al departamento.

— Qué está pasando aquí? — preguntó uno de ellos.

— Llamo a la policía? — inquirió otro.

Mientras trataba de soltarse del agarre de Ranma, el dueño contestó:— llama a la policía! y al manicomio también...seguro escapó de ahí este demente!

A Ranma no le quedó más remedio que huir. No quería perder más tiempo del que ya había perdido. Necesitaba encontrar ese condenado lugar, pero cómo?

Sin más alternativas, solo le quedaba un último recurso, así que corrió hasta uno de los edificios más altos de ese sector. Subió a la terraza, juntó los puños a la altura de su pecho, cerró los ojos y expulsó su energía, expandiéndola en forma de un campo de energía invisible que crecía rápidamente, cubriendo cada vez más territorio. Lo expandiría por todo Japón si era necesario, pero no se detendría hasta sentir y ubicar la presencia de Akane, aunque en el proceso se le agotara toda la energía del cuerpo.

Por otro lado, luego de bailar durante un buen rato, Akane y Kenji se sentaron a conversar mientras bebían más sake. Pero al platicar, Kenji notó a Akane un poco distante, y no solo eso, también se dio cuenta de lo mucho que se estaba esforzando para mostrarse alegre y fingir que se divertía con la fiesta.

—Estás bien? — le preguntó Kenji un tanto preocupado.

— Me duele un poco la cabeza, es todo — contestó la chica.

— Será porque bebiste mucho sake?

— Tal vez, aunque no estaba del todo bien incluso antes de venir, pero... no te preocupes, ya se me pasará.

— No lo creo...además el ruido de aquí no te va a ayudar, vámos, te llevaré a un sitio más tranquilo — le dijo Kenji.

— De veras! No es para tanto — señaló Akane.

— Ven conmigo — insistió Kenji.

— Pero... y la fiesta?

— Tu eres mucho más importante que una simple celebración — acotó Kenji.

Akane aceptó la sugerencia del joven, así que juntos salieron de ahí, cruzaron un largo jardín hasta que llegaron a otra parte de la casa. Kenji abrió la puerta y la invitó a pasar. En el interior de aquella habitación, había un sillón largo, que lucía bastante suave y cómodo. Frente a él un enorme televisor, y junto, un pequeño bar y una mesa de billar.

— Lamento haber arruinado tu fiesta de cumpleaños — dijo Akane muy apenada.

— Olvídalo, mejor ven, recuéstate aquí — dijo Kenji señalando aquel enorme sillón — déjame darte un masaje, ya verás que te ayudará mucho.

Akane aceptó un poco titubeante, y se acostó boca abajo sobre el sillón.

Por otra parte, Ranma corría hacia el sitio donde había sentido la presencia de Akane, gracias a su técnica de localización, aunque debido a eso estaba bastante fatigado. Además, no había almorzado, y esta última hora se la había pasado corriendo de un lado a otro. Sin embargo, ahora sí parecía que al fin llegaría. El chico corría desesperado. La idea de que Akane estuviera en la casa de Kenji le producía una opresión terrible en el pecho y la ansiedad por llegar cuanto antes a ese lugar lo torturaba.

— Vaya, en verdad estás muy tensa — señaló Kenji, mientras le masajeaba la espalda, los hombros y el cuello.

—Siento dolor, frustración, ira, furia...odio — dijo Akane.

—Son demasiandos sentimientos, por favor, trata de calmarte... estás alterada, enojada, y muy tensa.

Una vez que terminó de darle aquel masaje, la ayudó a levantarse.

— Muchas gracias Kenji, ya me siento mucho mejor — le agradeció Akane.

— Ves? Te dije que sería de gran ayuda... parece que solo era estrés —opinó Kenji — no creo que estés enferma.

De repente, se acercó aún más a la chica y tocó su frente con la de ella.

— Ni siquiera tienes calentura — aseguró Kenji, quien luego de eso, se alejó, pero solo un poco.

Quedaron a sólo unos centímetros de distancia. Poco a poco Kenji se inclinó hacia ella. Akane cerró los ojos, y lo primero que cruzó por su mente en ese instante fue Ranma y de inmediato recordó su traición. Mientras pensaba en eso, no se dio cuenta cuando había terminado con la distancia que lo separaba del rostro de Kenji y ahora lo estaba besando. Akane sintió como su boca se cerraba sobre la del chico. El beso no era suave. Era casi desesperado,la forma en que lo agarraba, la forma en que lo devoraba. La chica se preguntaba: Por qué estoy besándolo tan desesperadamente?

— Espera... Akane —le pidió Kenji rompiendo el beso y respirando agitadamente — Y tu novio?

—Ya no tengo novio...además, nunca le importe...así que ahora, a mi tampoco me importa él — contestó Akane con frialdad.

La chica le despojó a Kenji de su camiseta y se bajó los tirantes del vestido, el cual cayó un poco, dejando a la vista el sujetador. Tomó a Kenji por los hombros y lo jaló cerca, besándolo nuevamente, luego más fuerte, hasta que sus labios se abrieron y sus lenguas se rozaron.

Por fin, Ranma llegó al sitio de la fiesta. Al entrar, buscó a Akane, pero no la encontró por ningún lado, hasta que por fortuna alcanzó a ver a una de sus amigas, Kanade.

— Llegas un poco tarde, no?

— Dónde está Akane? — preguntó Ranma ansioso.

— Se fue por ahí — dijo Kanade, señalando en dirección a una puerta. Ranma corrió de inmediato hacia allá.

En aquel cuarto, Akane y Kenji seguían besándose apasionadamente, mientras se acariciaban y exploraban sus cuerpos.

Sin dejar de besarla, él la recostó en el sillón y quedó encima de ella.

Cuando sus labios se separaron, Kenji, temblando, y con su aliento inestable, le dijo:

— No...no Akane...no quiero que hagas esto por despecho...por favor...

El joven le suplicó con su fuerza de voluntad fallando.

—Si esto sigue...Yo no... no voy a poder...

De pronto, la puerta se abrió.


Qué les pareció este capítulo? Qué pasará con nuestros protagonistas?

Bueno, habrá que esperar hasta la siguiente semana para ver que sucede.

Nos vemos entonces!