Qué tal! Cómo les ha ido? Espero que bien.

Les dejo con un nuevo capítulo.


Capítulo 8: La decisión de Akane.

Por fin Ranma logró llegar a la fiesta de Kenji.

— Llegas un poco tarde, no? — le reclamó Kanade, una de las amigas de Akane.

— Dónde está Akane? — preguntó Ranma ansioso.

— Se fue por ahí — dijo la joven, señalando en dirección a una puerta. Ranma corrió de inmediato hacia allá.

En aquel cuarto, Akane y Kenji seguían besándose apasionadamente, mientras se acariciaban y exploraban sus cuerpos.

Sin dejar de besarla, él la recostó en el sillón y quedó encima de ella.

Cuando sus labios se separaron, Kenji, temblando y con su aliento inestable, le dijo:

— No...no Akane...no quiero que hagas esto por despecho...por favor...

El joven le suplicó con su fuerza de voluntad fallando.

—Si esto sigue...yo no, no voy a poder...

De pronto, la puerta se abrió. Kenji y Akane, se levantaron de golpe y miraron hacia allá.

Era Ranma el que había entrado. Al verlos, sintió una punzada de dolor en el pecho tan intensa, que por un momento creyó que se moriría. Se sentía furioso, desesperado, enojado. Apretó los puños tratando de contenerse, y antes de que cometiera una locura llevado por los sentimientos negativos que habían despertado en él en ese instante, decidió huir de allí.

Akane corrió tras él mientras se subía los tirantes del vestido, pero perdió el equilibrio y cayó, pues no estaba acostumbrada a usar tacones tan altos como los que llevaba en ese momento. Se había lastimado el tobillo, pero aguantando el dolor se levantó y siguió corriendo hasta fuera de la casa. Allí se detuvo, miró hacia todas partes, pero ya no pudo ver a Ranma.

— Espera Akane! — le pidió Kenji, quien la había seguido hasta allá.

— Perdón por arruinar tu cumpleaños — se disculpó Akane, mientras se quitaba los zapatos.

— Eso no importa Akane, no puedo dejar que te vayas así.

— No te preocupes por mi, estaré bien..adiós! — dijo la chica, al tiempo que reanudaba la marcha.

Corrió algunas calles y luego tomó un taxi directo hasta su casa. En el camino, pensaba y trataba de entender porqué se había comportado de esa manera, no era ella misma. Llevada por el resentimiento, y en un impulso, estuvo a punto de hacer algo de lo que después se hubiese arrepentido, ya que a pesar de que terminó con Ranma, aún lo amaba, todavía lo tenía muy arraigado en su corazón.

Lo odiaba por haberle mentido, pero continuaba amándolo con la misma intensidad que antes. Por eso, ella se había sentido tan mal cuando Ranma la vio con Kenji. Las cosas no podían seguir así. Necesitaban hablar, ahora lo sabía y lo entendía. Aunque no podía perdonarlo enseguida, tal vez con el tiempo, pudiese recuperar la confianza rota, y volver a ser los de siempre.

Cuando la chica llegó a la casa, lo primero que hizo fue buscar a Ranma. Ni siquiera saludó, lo único que quería en ese momento era hablar con él, aunque no sabía muy bien lo que le diría.

— Qué pasa Akane? Por qué gritas así? — preguntó Kasumi asustada.

— Aún no ha llegado Ranma? — insistió nuevamente.

— Llegó poco después de que tu te fuiste, y en cuanto le dije que habías salido, se marchó de inmediato, como a eso de las 4h30 y desde allí, no ha vuelto.

Al escuchar esto, decidió salir nuevamente y se paró en la entrada de la casa. Allí esperaría a que Ranma volviera.

Una hora después, Akane seguía de pie junto a la puerta.

— Por qué no lo esperas adentro? — le sugirió Kasumi, mientras le cubría con una chaqueta.

— No se lo que haya sucedido entre ustedes — dijo Nabiki — pero no conseguirás nada esperando aquí, vestida así y con este frío, solo pescarás un resfriado.

Akane suspiró. Se quedó pensando un momento y finalmente, decidió entrar.

Ranma había corrido varios kilómetros para desahogar su rabia. Corrió con todas sus fuerzas, tratando de alejarse lo que más podía. Cuando se detuvo, cayó de rodillas, y lloró. Lloró como si algo se hubiera roto dentro de él y todo se desbordara.

— No es cierto!... No es cierto! No es cierto! — gritaba Ranma golpeando el suelo con sus puños una y otra vez. Quería convencerse de que lo que había visto no era real, pero le fue imposible. Cerró los ojos para contener las lágrimas, pero al hacerlo vio a Akane con ese tipo. Tenía la mente llena de imágenes de ellos dos en aquel sillón. No podía borrarlas, y en ese instante no podía pensar en otra cosa. Nunca había llorado, pero en aquel momento, el peso de las emociones era demasiado fuerte como para soportarlo.

En la casa de los Tendo, ya todos se habían retirado a descansar. Akane también estaba ya en su cuarto, pero no podía conciliar el sueño, así que se levantó y deambuló por la casa durante un rato. Luego, se detuvo frente al estanque del patio. No podía apartar de su mente la imagen del rostro de su prometido, la expresión de infinito dolor que tenía en el momento que los encontró en el sillón. La inundó una indescriptible ola de tristeza. Permaneció allí, de pie con la vista perdida en el agua, hasta que sintió que alguien la observaba. Al voltear pudo ver a Nodoka.

— Tampoco puedes dormir?

Akane negó con la cabeza.

— Me dirás qué sucedió?

La chica desvió la mirada. Le apenaba mucho tener que decirle lo que estuvo a punto de hacer, así que guardó silencio.

— Ve a dormir... descansa, yo me quedaré un rato más, y te avisaré apenas lo vea, sí?

— Gracias — dijo Akane con voz tenue. Al regresar a su cuarto, se recostó, pero no se durmió enseguida.

Antes de poder conciliar el sueño, pasó algunas horas dando vueltas en la cama, mientras los acontecimientos recientes se arremolinaban en su mente.

Ranma en cambio, durante esas horas, estuvo llorando, pensando en Akane en brazos de otro, del cretino que le había arrebatado lo más preciado. Cada vez que recordaba aquella escena, sentía arder en su pecho una rabia sorda y profunda. De pronto, dejó sus cavilaciones y se puso de pie ofuscado. Por un momento, tuvo pensamientos vengativos y tenebrosos. Quiso regresar para hacer lo que no pudo en aquel instante cuando los vio, pero sabía que la venganza no era más que una fantasía. No podría llevarla a cabo, jamás se atrevería a lastimarla o a hacer algo que dañara a su amada. Sin embargo, si había una persona con quien podía descargar su enojo: Ryoga.

En ese momento, él era a quien más odiaba. Estaba seguro que nunca antes había sentido tanto odio por alguien. En medio de eso, algo extraño le sucedió. Sintió que su brazo le quemaba, así que de inmediato se levantó la manga de su camisa y vio que un símbolo raro había aparecido en su antebrazo izquierdo. Con la mano derecha se tocó en aquel sitio, pero tuvo que retirarla de inmediato pues ese lugar estaba ardiendo, y la temperatura parecía que cada vez aumentaba más, tanto que esa porción de piel estaba tomando un color rojo intenso. Y de repente, Ranma cayó al suelo inconsciente.

En Nerima, eran ya cerca de las tres de la mañana, y Nodoka permanecía aún despierta, sentada en la sala esperando a que su hijo regresara. Repentinamente, sintió que algo en ella empezaba a vibrar. Se levantó de inmediato.

— No, no puede estar pasando...no de nuevo — murmuró angustiada al darse cuenta que aquella vibración provenía de su katana.

Lo mismo había sucedido cuando Ryoga llegó de visita a la casa, pero lo había ignorado pensando que solo era producto de su imaginación y de la tensión que había en ese momento debido a lo de p-chan, así que no le dio mucha importancia. Sin embargo ahora volvía a suceder. Nuevamente la katana vibraba. Nodoka palideció. Sintió que un sudor frío resbalaba por su rostro. Todo su cuerpo empezó a temblar. Tragó saliva, y con su mano temblorosa, tomó el mango de la katana y lentamente la desenvainó. Cuando la sacó completamente, pudo ver que la hoja de la katana emitía una luz blanca brillante, tan radiante que la cegaba. De inmediato la volvió a guardar y corrió hacia el patio de la casa.

Apenas amaneció, Akane se levantó rápido, con la esperanza de ver y hablar con Ranma, pero todavía no había vuelto. Se le quitó el apetito así que no se acercó a la mesa a desayunar. Por un momento, pensó en salir a buscarlo, pero no lo hizo, pues no sabía por donde empezar. Además, las cosas del chico estaban en casa, así que eso al menos la tranquilizaba un poco.

En la mesa, el resto de la familia comía con normalidad, excepto Nodoka, quien parecía que su mente estaba muy lejos de allí.

— No te preocupes, Ranma seguro vuelve hoy mismo... ya verás que cuando le de hambre regresará como un rayo — pronosticó Genma posando su mano sobre la de Nodoka.

— Espero que así sea Saotome ...esto se está volviendo cada vez más caótico — comentó Soun.

— Solo espera un poco y lo verás — agregó Genma.

— Ya no tengo hambre, perdón Kasumi — dijo Nodoka, levantándose de la mesa.

— No te preocupes por la comida, aquí nunca sobra — señaló Genma, tomando la porción de su esposa. Pero antes de continuar comiendo, vio algo inusual en ella, así que le preguntó:

— Oye Nodoka... qué pasó con tu katana? Siempre la llevas contigo, pero no la veo por ningún lado.

— la katana?... Aaaah! la... la dejé en un lugar especializado en espadas...si... ya estaba un poco vieja, así que creí que necesitaba algo de mantenimiento je je je— mintió Nodoka y sonriendo nerviosamente se alejó de ahí con pasos rápidos hasta su cuarto.

Genma la miró extrañado. Por unos instantes pensó que le estaba ocultando algo, pero no le dio mucha importancia, y volviéndose hacia su plato siguió comiendo con la voracidad que siempre lo ha caracterizado.

Aquel día terminó, y Ranma tampoco regresaba. Así pasó el domingo, sin noticia alguna del chico.

El lunes en la mañana, Akane salió rumbo a la universidad sin comer nada, pues no tenía apetito. Todo sus pensamientos estaban hasta ese momento enfocados en Ranma. Pero al llegar, cerca de la entrada, el corazón le dio un vuelco. Se quedó quieta, sin poder avanzar. Le costaba mucho dar un paso. Al final, decidió marcharse y darse algo más de tiempo, posponer de alguna forma el cara a cara con Kenji. No quería verlo, no sabía como mirarle, ni qué decirle después de lo que sucedió en la fiesta.

Estuvo vagando por los alrededores del campus de la universidad casi toda la mañana, sin propósito alguno. Repentinamente, la lluvia se hizo presente, así que echó a correr porque no llevaba paraguas, y decidido guarecerse en un portal. No debía de estar allí, sino sentada en su mesa, escuchando atentamente a su profesor.

— Sabía que te encontraría aquí!

Akane regresó a ver, aunque no era necesario, pues sabía perfectamente de quien era esa voz. Era Kenji quien le hablaba. La chica se puso muy nerviosa.

— Ho..hola — balbuceó, evadiéndole la mirada.

— Por qué te saltaste las clases de la mañana?

— Yo... es que yo... — Akane no fue capaz de hablar coherentemente.

— No quieres hablar de lo que pasó ayer, verdad? — le preguntó Kenji.

—Perdón...es que no se lo que me sucedió, la verdad, nunca me había sentido así...perdóname por favor, si no hubiera sido por ti, yo hubiera...— dijo la joven, con mucho pesar.

Kenji no la dejó continuar hablando: —Tranquila, no tienes que explicarme nada, ni sentirte avergonzada, se bien el tipo de chica que eres, Akane... eres dulce, tierna, hermosa, una mujer maravillosa, sincera...en fin, llena de cualidades, así que ya deja de preocuparte por eso y olvídalo...vamos a clase.

Con su brazo, Kenji le señaló el camino hacia la universidad. A Akane no le quedó más remedio que seguirlo. Él tenía razón, lo mejor era olvidarlo y fingir que nada había pasado.

Cerca del medio día, Akane y dos de sus amigas iban camino a un restaurante que se encontraba dentro del campus de la universidad. Mientras caminaban, las chicas conversaban alegremente, excepto Akane quien estaba como ida, sumida en sus pensamientos y no les prestaba ni la más mínima atención. Al verla así, sus amigas se detuvieron.

— Hey! Akane, aún sigues en este planeta? — preguntó Kanade.

— Eh? Por qué lo dices?

— Qué te sucede Akane? — insistió Kanade.

— No se qué me está pasando...

— Sigues pensando en Ranma? — inquirió Yui.

Akane no pudo negarlo: — Es que estoy muy preocupada por él, no se dónde está? Si está bien o no? Ya han pasado dos días y aún no ha regresado... no puedo dejar de pensar en él... creí que lo nuestro ya no tenía solución, pero después me di cuenta que aún lo amo ...

— Pero parece que eso no es todo, cierto Akane? — aseguró Yui

— Tienes razón, no es tan simple...son tantas cosas... Aaay! Nunca en mi vida he estado tan confundida, les juro que siento que me muero... estoy... —Akane hizo una larga pausa y luego dijo — estoy... aterrada de este sentimiento que me está provocando Kenji.

Akane no sabía ni como se sentía. Cuando pensaba en el sabor del beso de Kenji, se sonrojaba y el corazón se le aceleraba. Pero al mismo tiempo se sentía devastada, pues amaba también a Ranma, y el haberse besado con otro chico la hacía sentir como una traidora.

—Lo que pasa es que estás herida por lo que Ranma te hizo — dijo Yui — es por eso que estás confundida, no sabes si perdonarlo o entregarte definitivamente al sentimiento que tienes por Kenji.

— Si todavía amas a Ranma, por qué no le das otra oportunidad? — le preguntó Kanade.

— Lo he pensado, y creo que he sido muy dura con Ranma...en cuanto vuelva pienso hablar con él... espero que podamos perdonarnos y retomar nuestro noviazgo.

— Suerte con eso Akane! — señaló Kanade con su pulgar arriba — seguro todo saldrá bien.

Akane sonrió con tristeza.

No muy lejos de las chicas, alguien estaba escondido tras una columna. Aquella persona las había estado observando y escuchando atentamente todo este tiempo. Cuando continuaron caminando, esperó un poco y luego las siguió hasta el restaurante, pero no entró. Solo se quedó de pie, cerca de la puerta.

Una vez que les sirvieron el almuerzo, las chicas se apresuraron a comer, a excepción de Akane, quien jugueteaba con los palillos, sin probar bocado alguno.

— Estás bien? — le preguntó Yui al ver que no comía nada.

— No, no tengo hambre, perdón — dijo Akane retirándose de la mesa — debo hacer una llamada.

— Bien, nos vemos en clase — le dijeron sus amigas.

Cuando Akane salió del restaurante, la persona que las había estado siguiendo, caminó también tras ella a prudente distancia.

La joven Tendo llegó hasta un teléfono público y marcó a su casa.

— Si, Kasumi?

— Hola Akane, necesitas algo?

—Hay alguna noticia de Ranma?

— No, todo sigue igual por aquí... Y tu, cómo estás?

— Hablamos a lo que vuelva, adiós Kasumi.

— Cuídate hermana.

Colgó el teléfono y de pronto, alguien se paró junto a ella.

— Reiko — dijo Akane con frialdad.

— Quieres ver a Ranma? —le preguntó Reiko.

— No es tu asunto — le contestó secamente, mientras empezaba a caminar.

— Si de veras quieres verlo, ve a mi casa, él está ahí — le aseguró Reiko.

Akane se detuvo y volteándose hacia ella, le contestó — No te creo nada.

— No me importa si me crees o no, yo solo hago lo que Ranma me pidió que hiciera — señaló Reiko mientras le mostraba una pulsera que Akane reconoció de inmediato.

Es la que le di a Ranma cuando cumplimos un mes de novios: se dijo Akane. Estaba muy desconcertada, pues no entendía porqué Reiko tenía algo que Ranma siempre llevaba con él, y que jamás se la quitaba. Cómo era eso posible?

— Cómo es que tu la tienes? — le preguntó Akane al tiempo que se la arrancaba de las manos a Reiko.

— Ranma me dijo que me deshaga de esta pulsera...dijo que ya no significaba nada para él, como te mencioné el está en mi casa.

Se detuvo, y luego prosiguió: —Por cierto, Ranma llegó muy desconsolado, al principio fue un poco tímido, pero después...bueno, resultó ser muy apasionado...fuiste su novia, así que debes saberlo, en la cama es increíble, ni te imaginas todo lo que...

— Ya basta! No quiero escuchar más! — vociferó Akane, haciéndola callar, arrojó la pulsera al suelo, y mientras la pisaba con fuerza agregó — haz lo que quieras con ese canalla!

Dicho eso, Akane se marchó a toda prisa. Reiko la vio alejarse y sonrió mientras se decía: Te lo dije Ranma, te dije que pagarías muy caro el haberme despreciado...ahora no importa cuando regreses... ya nunca podrás estar con tu amada Akane... ja jaja jajaja... las cosas entre ustedes jamás se arreglarán.

La joven Tendo caminaba muy rápido, casi corriendo. Trataba de contener el llanto. Estaba furiosa.

Por qué soy tan estúpida?: se preguntaba.

Yo aquí, preocupada por él, sin saber donde estaba, sintiéndome tan miserable, sintiéndome como una traidora, como la peor de las mujeres, mientras él, muy tranquilo, se divertía revolcándose con su amiguita, maldito...maldito canalla...ya... ya es suficiente...no más, esto fue lo último...

El hilo de sus pensamientos se cortó al sentir que alguien la tocaba en el hombro, como tratando de detenerla. Akane se dio vuelta y con su brazo, apartó violentamente la mano de quien la había tocado.

— Suéltame! — gritó Akane enfurecida.

— Qué pasa Akane? Por qué estás así? — preguntó Kenji afligido. Al verla correr, había decidido seguirla. Presentía que algo no estaba bien, y por desgracia no se había equivocado.

Akane no contestó a su pregunta. Solo desvió la mirada. Sabía que si habría la boca, empezaría a llorar. De repente, Kenji la abrazó.

El la aferró entre sus brazos, mientras la chica sollozaba con fuerza. Las lágrimas caían abundantemente, bañando sus mejillas. Esas lágrimas eran más de coraje que de tristeza. Una vez más, Ranma la decepcionaba.

Permanecieron abrazados unos instantes. Cuando se calmó lo suficiente, Kenji la separó un poco, para con su mano, secar suavemente el rostro de la chica.

— Soy una tonta — se recriminó Akane — una tonta, una estúpida a la que todos pueden engañar, quisiera...

No pudo seguir hablando, pues, sin previo aviso, así, de repente, Kenji la besó. Al principio, Akane abrió mucho los ojos, sorprendida por aquel repentino beso, pero luego, lentamente los cerró y empezó a corresponderle. La chica saboreó sus propias lágrimas saladas sobre sus labios. Kenji le abrió la boca con la suya cuidadosa y suavemente. Akane pasó sus brazos por el cuello del joven, y lo acercó aún más, mientras el beso se profundizada. Akane sintió como él le rodeaba la cintura con sus brazos. El latido de su corazón, la firmeza con que le sujetaba las caderas, el sabor de su boca, el choque de sus labios y sus lenguas le robaban el aliento. Sus manos se deslizaron por la nuca del muchacho, y se pegó aún más contra él, mientras sentía el suave cabello del joven entre sus dedos.

Cuando finalmente se separaron, los ojos de Akane estaban vidriosos, al igual que los de Kenji.

— Tu no eres nada de eso — le dijo el joven con una voz llena de ternura.

— Gracias Kenji... — le contestó Akane — tu siempre estás aquí, conmigo, siempre que te necesito.

— Quieres que vayamos a otro lado...a un lugar más privado para que podamos charlar?

— Me encantaría, pero hoy no... ahora mismo, hay algo que debo hacer — contestó Akane con la mirada sombría.

Con sus dedos, se retiró las últimas lágrimas que quedaban en sus párpados y se marchó.

— Cuídate! y llámame si necesitas algo, lo que sea...

— Adiós Kenji, nos vemos mañana.

El chico se quedó de pie, mirándola alejarse poco a poco. Por su mente, cruzó la idea de seguirla, pero no lo hizo. Ya mañana, tal vez podrían hablar con más calma.

Cuando llegó a su casa, Akane entró sin saludar ni anunciarse y fue directo hasta el cuarto de Ranma, rápidamente tomó todas las cosas del chico y las puso en una maleta. Al escuchar ruidos en el segundo piso de la casa, Nodoka, Genma, Soun y Kasumi se reunieron en la sala. Ahí, poco después vieron bajar a Akane cargando una maleta.

— Qué sucede Akane? Esa es la maleta de mi hijo?

La chica no contestó. Terminó de bajar por las escaleras y dijo:

— Usted y su esposo pueden quedarse aquí el tiempo que quieran, pero al canalla de su hijo no quiero verlo nunca más por aquí, no quiero que vuelva a poner un pie en esta casa — sentenció Akane.

— Por qué estás así de enfadada hija? — preguntó Soun desconcertado.

— Por qué? Hump...porque ya se donde está ese infeliz!

— Entonces dinos! En dónde se encuentra? por qué no ha venido? — inquirió Genma.

— El está en casa de su amiguita Reiko, divirtiéndose y pasándola en grande seguramente...

Furiosa, Akane salió hasta la calle, y ahí arrojó la maleta de Ranma. Cuando entró nuevamente, le dijo a su padre:

— No quiero volver a ver a ese maldito traidor, si lo dejas entrar de nuevo a esta casa, yo me iré de aquí y no volverás a saber de mi.

— Akane, cálmate por favor, tal vez Ranma pueda explicarnos...

La joven interrumpió a Nodoka: — No me interesan sus explicaciones! Esta fue la última vez que se burló de mi... a partir de ahora, Ranma está muerto para mi.

Apenas lo dijo, se fue hasta su cuarto y se encerró ahí. Los demás se quedaron en la sala, en completo silencio, anonadados por la reacción de Akane. Luego de unos momentos, reaccionaron. Nodoka salió rumbo a la universidad. Tenía que averiguar en dónde estaba la casa de la tal Reiko, pues en el estado en que se encontraba Akane, no podían hacerle más preguntas. Genma no tuvo más remedio que acompañarla.

Mientras, la chica en su cuarto, trataba de contener el llanto, pero las caprichosas lágrimas ya empezaban a resbalar por sus mejillas. Sin embargo, esta vez, la ira era más fuerte que la tristeza y la decepción. Incluso se sentía furiosa consigo misma por ser tan tonta, por haber pensado en arreglar las cosas con Ranma. Parpadeó las lágrimas de sus ojos y limpió sus mejillas con la palma de la mano, pero al hacer eso, rozó sus labios con uno de sus dedos y recordó el beso de Kenji. Pensar en él la reconfortaba en ese momento. Se quedó pensativa por unos instantes, luego bajó y llamó a la casa de Kenji. Él contestó de inmediato, y acordaron encontrarse en una cafetería a un par de cuadras de la universidad.

Media hora después, Akane y Kenji se encontraban en el lugar acordado. Ella no se atrevió a contarle lo de Ranma. Solo quería hablar, conversar con él de cualquier otra cosa que no le recordase al traidor de su ex-novio. Kenji tampoco le preguntó la razón por la que estaba llorando en la universidad.

Los dos hablaron durante un par de horas, luego pasearon por las calles de la ciudad mientras tomaban un helado. Él se dio a la tarea de hacerla sonreír y lo logró varias veces. Durante el tiempo que estuvo con Kenji, Akane no pensó en Ranma. Por último, fueron a jugar boliche. Acordaron que quien perdiera debería pagar la cena. Akane no era muy buena en eso, así que Kenji la derrotó. Sin embargo, él mismo pagó la cena, con la condición de que otro día tuvieran la revancha. Ya cerca de las 8 de la noche, se despidieron.

—Me ha gustado mucho… venir aquí contigo —le aseguró Akane.

— A mi también, no olvides la revancha eh? — señaló Kenji.

— Nos vemos mañana!

Kenji se acercó y le dio un suave beso en la frente. Luego, Akane se puso de puntillas y le dio un breve beso en los labios.

El chico sonrió.

— Gracias por lo de hoy y por todo — le dijo Akane devolvíendole la sonrisa.

Cada quien siguió su camino. Mientras regresaba a casa, Akane de nuevo volvía a la realidad. Pero ahora ya no estaba tan enojada, ni mucho menos triste. Gracias a Kenji, había terminado ese día mejor de lo que ella esperaba. No pudo evitar sonreír al recordar lo bien que la había pasado con él.

Akane decidió que a partir de ahora todo cambiaría. Ya no continuaría amargada por lo que Ranma le hizo. Esta vez, no se dejaría llevar por el dolor y la tristeza. Tenía una razón muy grande para no deprimirse, tenía a alguien que la apoyaría incondicionalmente. Kenji estaba a su lado, y junto a él, buscaría ser feliz y olvidar a Ranma.


Gracias por seguir leyendo este fic. Nos vemos la próxima semana.