Hola a todos! Qué tal su semana?
Muchas gracias por sus comentarios y por continuar leyendo este fic.
Capítulo 9: el aliento frío del destino.
Así transcurrieron tres semanas. Kenji y Akane continuaron saliendo. Esta vez ya no eran simples rumores que circulaban en la universidad, Ahora si salían oficialmente como una pareja. Eso si, al primer lugar al que fueron, fue al boliche para tener la revancha, aunque nuevamente Kenji ganó.
Visitaron diferentes lugares: alquilaron go-karts, fueron al cine, al karaoke donde interpretaron juntos algunas canciones, asistieron a algunas obras cómicas que les arrancaron un sinnúmero de risas, en fin, se divirtieron mucho juntos.
Al salir de la universidad, Akane y Kenji antes de despedirse, planearon otra cita:
— Que te parece si vienes hoy a las seis a mi departamento, para juntos preparar la cena — le propuso Kenji.
— Me parece perfecto, quieres que lleve algo? — preguntó Akane.
— No, yo me encargo de comprar los ingredientes, seguro nos quedará excelente..Ah! Y también compré unas películas para verlas después.
— Genial amor...nos vemos a las seis — le aseguró Akane sonriente.
— Te veo luego preciosa — se despidió Kenji con un beso en los labios, que la chica correspondió plenamente.
— Nos vemos mañana Akane — dijo Haruto agitando la mano, mientras se acercaba a Kenji — Así que otra cita hoy eh?
— Sí, esta vez la invité a mi casa.
— Oye, no me lo tomes a mal, pero se bien como eres con las chicas y...
Kenji lo hizo callar con un gesto: — Con Akane es diferente, ella es única y sensacional, es una mujer que tiene todo lo que un hombre podría querer.
— Tal vez tengas razón, nunca te había visto tan emocionado — comentó Haruto.
— Es a la única mujer a la que le sería fiel completamente — le aseguró Kenji.
— Hay algo que no entiendo...si mal no recuerdo, me dijiste que la anterior vez, en la fiesta, no dejaste que pasara nada entre ustedes, por qué?
— En ese momento ella estaba pasando por una situación difícil, pero ahora es diferente, ya llevamos saliendo más de tres semanas y esta vez, dejaré que las cosas se den y que pase lo que tenga que pasar.
— Ya veo... bueno, te dejo, yo también tengo una cita — dijo Haruto y se despidió de su amigo, quien entró a una tienda para comprar lo que necesitaría para preparar la cena.
En medio de la ciudad, Hiroshi despertó sobresaltado. Miró alrededor suyo. La aldea amazona, Itami, las jóvenes guerreras...dónde estaban? Recordaba su pelea con Itami hasta cuando él lo estaba estrangulado, pero después todo era negro. Qué había pasado? Por qué no recordaba nada? Se incorporó frotándose los ojos. Vio que varias personas se le acercaban.
— Miren! Apareció de la nada! — comentó uno de ellos.
— Cómo hiciste eso? — inquirió otro.
— Debe ser algún truco — aseveró un tercero.
— A lo mejor es un ilusionista o un mago — opinó alguien más
— No digan tonterías y ayúdenme a levantarlo — dijo el que parecía mayor a todos.
— Gracias, muchas gracias — dijo Hiroshi — donde estoy?
— Esto es Tokyo, mi amigo.
Tokyo? Se preguntó Hiroshi. Cómo rayos había terminado allí? Cómo había llegado hasta Tokyo desde China? Y lo más importante, por qué Itami no lo había matado? Incapaz de contestar esas interrogantes, el joven agradeció a esas personas y caminó alejándose lentamente de ahí, sin rumbo fijo.
Muy lejos de allí, en la fortaleza de la montaña, Ranma empezaba a despertar.
— Qué diablos! ... dónde? dónde estoy? — murmuró el joven desconcertado al ver el lugar en el que se encontraba. Estaba en un cuarto enorme y completamente vacío. Quién me trajo hasta aquí? se preguntaba.
— Al fin despiertas... — comentó Itami, desde el otro extremo de dicha habitación.
— Ryoga... maldito! — Ranma se levantó como impulsado por un resorte dispuesto a golpearlo.
— Deja de hacer escándalo...yo no soy Ryoga — le aclaró Itami mientras detenía el puño de Ranma.
— Cómo te atreviste? Por qué lo hiciste?! Acaso no pensaste en lo mucho que afectaría esa verdad a Akane? Con tal de separarme de ella no te importó lastimarla?! Contesta!
— Ya te dije que no soy Ryoga — insistió Itami, quien sostenía firmemente con su mano el puño Ranma. El chico intentó zafarse, pero no pudo conseguirlo, así que decidió lanzarle una patada directo a la cabeza. Sin embargo Itami se percató de eso y antes de que lo golpeara, le torció el brazo hasta casi romperlo. Ranma gritó de dolor.
— Estás sordo o qué? Te dije que no soy Ryoga! Mi nombre es Itami!
— Qué tipo de estupideces dices! — le contestó Ranma enfurecido.
Muy molesto, Itami colocó su mano sobre la cabeza de Ranma y en unos segundos, le transmitió varios de sus recuerdos:
La pelea con Shoda hace 3000 años, en la cual la arrebataron su poder.
Todo lo que tuvo que pasar para sobrevivir tanto tiempo hasta encontrar a quien tenía el poder que Shoda le quitó.
La primera vez que se conocieron, cuando le entregó los pergaminos en el monte Fénix.
El plan para extraer su alma y apoderarse de su cuerpo.
Y lo que iba a hacer una vez que recuperara todo su poder (someter al mundo a su voluntad)
— Y bien, qué dices ahora? Sigues creyendo que soy Ryoga? — preguntó Itami liberando el puño de Ranma, quien retrocedió unos pasos muy desconcertado. Había recibido una gran cantidad de información que ahora lo abrumaba.
— Imposible..así que tu fuiste quien me dio esos pergaminos — murmuró Ranma casi sin poder creerlo — pero... . . si no eres Ryoga, no entiendo por qué revelaste lo de p-chan?
— Digamos que en cierta forma, las consecuencias de esa verdad me facilitarán la extracción de tu alma.
— Y solo para cumplir con tus malditos propósitos revelaste la verdad sobre p-chan? Lastimaste a Akane solo para eso?
— Qué clase de idiota eres Ranma? Acaso ya olvidaste lo último que viste de tu noviecita? Nunca significaste nada para ella...y tu... sigues preocupándote por su bienestar? Idiota!
Ranma agachó la mirada. Viéndolo de esa manera, Itami tenía razón. La chica a la que tanto amaba, jamás le dio una oportunidad de explicarle lo del asunto de p-chan. Y encima de todo, en pocos días, lo cambió por otro.
Cómo pudiste sacarme de tu vida así de fácil? Cómo lo lograste Akane?... Porque yo, desde el momento en que me di cuenta de que te amaba, supe que jamás podría dejar de hacerlo: se decía Ranma muy triste y agobiado.
Ranma estaba consciente de que si Akane no lo perdonaba, con el pasar del tiempo, ella tendría a otro a su lado. Pero jamás imaginó que lo olvidaría tan pronto, nunca pensó que todo el amor que creía que Akane sentía por él se esfumaría de forma tan repentina.
— Yo te he estado observando... así que se bien todo lo que has sacrificado por ella, y para qué? Para nada Ranma, pues para tu querida Akane, todo lo que pasaron juntos, todo los momentos que compartieron no significaron nada.
— Entonces...qué fui yo para ella? — le preguntó Ranma, mirándolo suplicante, como si Itami tuviese una respuesta.
— Tu no fuiste nada. Ella jamás te amó como tu pensabas. Solo te usó y luego, cuando ya no te necesitó, se aburrió de ti, puso como pretexto lo de p-chan para echarte de su vida e irse con su nuevo novio.
A lo largo de su vida, Ranma había soportado los entrenamientos más duros, golpes terribles, lesiones graves, pero jamás había sentido un dolor tan fuerte como el que ahora sentía en su pecho. Cada vez que recordaba a Akane en los brazos de Kenji, sentía que su corazón se destrozaba aún más, si es que eso era posible. Ciertamente, Ranma no era de los que se rendían sin luchar, pero esto era más grande que su voluntad. Para qué pelear contra Itami, si su mundo estaba vacío sin Akane. Para Ranma, ya nada tenía sentido sin ella, ya no había una razón para seguir luchando.
— Akane era todo para mi...y ahora...ahora que la he perdido, ya nada me importa... me da igual lo que hagas conmigo o con este maldito mundo — le aseguro Ranma con la mirada sombría.
— Si, esa era la respuesta que quería escuchar...je jeje — musitó Itami mientras se acercaba a Ranma. Ahora si, ya nada se interponía en su camino. Finalmente recuperaría su poder y pronto, el mundo tendría que arrodillarse ante él.
Horas después, en casa de los Tendo, Akane terminaba de arreglarse y estaba lista para salir, cuando alguien tocó la puerta de su cuarto. Al abrirla, vio que era Kasumi.
— Vas a salir? — preguntó su hermana mayor.
— Si, ya me voy...por cierto, no hagas la cena para mi... yo voy a cenar fuera.
— Entiendo — contestó Kasumi.
— Querías algo? — le preguntó Akane
Kasumi dudó un poco, pero al final se animó a decirle: — Tal vez no sea un buen momento, y se que dijiste que no querías saber nada de Ranma, pero el último día que estuvo aquí, dejó una carta para ti.
La mayor de las Tendo le entregó la carta. Akane la tomó, y por un segundo quiso abrirla, pero enseguida cambió de parecer. La puso entre sus manos y la arrugó hasta hacerla una bola de papel, para luego arrojarla al cesto de basura.
— No me interesa nada que tenga que ver con él...adiós Kasumi, y no te preocupes por mi, he de regresar a eso de las diez de la noche.
Dicho eso Akane salió de su cuarto. Le había dicho a su hermana que probablemente regresaría bastante tarde, aunque lo más seguro era que ni siquiera llegaría a dormir.
En su departamento, Kenji miraba el reloj. Faltaban unos minutos nada más para que dieran las seis de la tarde. Su corazón latía con fuerza. Se recostó un momento en la cama y cerró los ojos, para tratar de calmarse. Nunca antes se había sentido de esa forma. Esa chica agitaba cada célula de su cuerpo. De repente, el timbre de la puerta sonó, así que se levantó de inmediato y la abrió.
— Akane! vamos... pasa — le invitó Kenji.
— Hola mi amor — dijo la chica dándole un beso en los labios.
— Estás hermosa — comentó Kenji recorriéndola con la mirada. Akane le contestó con una sonrisa.
La joven vestía una camiseta de color blanco combinado con rayas horizontales negras, de cuello redondo y manga corta. Una minifalda blanca y sandalias negras de tacón mediano. Así mismo se había vestido aquel viernes, cuando salieron a celebrar junto con algunos de sus compañeros de clase, después de haber rendido los exámenes parciales.
Siéntate por favor — le pidió el joven. Akane se sentó al filo de la cama.
Aquel departamento que Kenji rentaba era bastante pequeño. Tenía un reducido espacio para la cocina. Junto, había un cuarto donde tenía un escritorio y una silla, y al lado una cama.
Quieres tomar algo? Vino tal vez? — le preguntó Kenji.
La chica asintió. Mientras servía las copas de vino, Akane se puso de pie y le dijo:
— Si no fuera por ti, ahora me sentiría muy sola...
De inmediato, Kenji dejó lo que estaba haciendo y se acercó a la joven. Le acarició una de sus mejillas y dijo:
— Nunca lo olvides, yo siempre estaré contigo.
— Gracias Kenji...
— Ya sabes cariño, siempre estaré ahí para ayudarte en todo lo que pueda, siempre junto a ti — le prometió Kenji.
— Nunca me dejes...Kenji — le susurró Akane — te necesito...
— Déjamelo a mi... yo te daré todo lo que quieres, todo lo que te mereces...
Akane tomó el rostro de Kenji entre las manos y le dio un beso profundo. Todo su cuerpo empezó a temblar de deseo. El chico se dejó caer sobre la cama. Ella se acomodó sobre las piernas de Kenji, quien se sentó recto para estar más cerca de Akane:
— Te prometo que después de esto todo tu pasado quedará atrás — le aseguró Kenji.
Con el latido del corazón por la garganta, la chica lo volvió a besar . Mientras compartían aquel beso cargado de pasión, ella sintió las manos de Kenji sobre sus hombros. Sus dedos se deslizaron lentamente por la espina dorsal de la chica hasta la parte baja de la espalda. Desde allí ascendió nuevamente, pero esta vez disfrutando del tacto suave de su piel bajo la camiseta. Luego comenzó a darle pequeños besitos en el cuello.
Después abandonó su cuello para asaltar sus labios. La besó con ansia mientras deslizaba la mano bajo la minifalda y el panty, hacia su entrepierna. Cuando Kenji rozó aquella parte con sus dedos, Akane se sobresaltó y dejó escapar un murmullo de satisfacción. El deseo de ambos se agitaba cada vez sin remedio. Con un rápido movimiento Akane se quitó la camiseta. Lo mismo hizo Kenji con la de él. Hoy sería suya. Ya no había modo de apartarse de ella. Quería recorrer cada parte de su cuerpo, y luego hundirse en ella.
—Te deseo —le murmuró Kenji al oído, casi sin aliento.
Le arrancó el brasier, y sin perder tiempo, le acarició los pezones con la lengua. Al sentir eso, Akane se arqueó hacia él. Nuevamente, dirigió su mano bajo el panty, y empezó a acariciarla levemente. Ella sentía como el fuego la consumía. Ya no podía más.
— Hazme tuya — pidio Akane, pero más que un pedido, sonó como una súplica.
Sin más palabras, se deshicieron de resto de prendas que tenían encima. Luego, le alzó las caderas y centímetro a centímetro la llenó por completo. Un gemido escapó de la garganta de Akane al sentirlo dentro y observar el deseo que reflejaban sus ojos. El chico bajó la cabeza y la besó mientras la penetraba con envites salvajes. La besaba con un ansia que nunca antes había sentido.
Akane separó más las piernas y le presionó la espalda para apremiarlo y hacer que la penetrara más profundamente y con más fuerza. Le rodeó a Kenji con los brazos y las piernas. Con la cara oculta en la cálida garganta del joven Akane gritaba mientras su cuerpo palpitaba y se tensaba dándole a Kenji una satisfacción increíble. Cuando alcanzó el orgasmo, resultó tan sobrecogedor que cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás dejando escapar un grito, pero casi enseguida abrió de nuevo los ojos y se llevó las manos a la nuca, para sobársela. Se había golpeado contra el espaldar de la cama.
— Aaauch! — se quejó Kenji mirando a su alrededor un poco confundido — vaya...así que solo fue un sueño.
Se levantó de la cama y se fue directo al baño. Ya solo faltaban unos minutos para que Akane llegara, así que antes de que viniera, necesitaba darse una ducha fría, muy fría.
Entretanto, Akane aun seguía en su casa. Justo cuando iba a salir, alguien llegó buscando a Nodoka. Akane la llamó, pero no estaba por ningún lado en la casa.
— Lo siento señor, parece que no está, pero si quiere dejarle algún recado, dígame, y en cuanto llegue, yo le digo que usted vino— le dijo Akane.
— Bueno, soy detective privado, la señora Nodoka me contrató hace algunas semanas para buscar a su hijo, así que vine para hablar con ella de eso.
— Buscarlo? Pero si él está con Reiko — le aseguró Akane.
— Usted vive aquí con la señora Nodoka? — inquirió el detective un tanto desconcertado.
— Si, por qué lo pregunta?
— Pues no entiendo porqué no se enteró de lo que pasó.
— A qué se refiere? — preguntó Akane desconcertada.
— Tengo entendido que apenas averiguó la dirección de la señorita Reiko, la señora Nodoka fue de inmediato hasta allá, pero no encontró a su hijo...dos días después la señora lo reportó como desaparecido. La policía investigó a la señorita Reiko y revisó su casa...pero...no hallaron rastro alguno de Ranma...después de eso, la señora me contrató para que buscara a su hijo, así que lo primero que hice fue seguir a la joven Reiko durante algunos días, pero jamás se encontró con Ranma.
El corazón le dio un salto al escuchar eso. Entonces todo lo que Reiko le había dicho fue una mentira? Ranma jamás estuvo con ella? Los pensamientos empezaban a agolparse en su mente y a atormentarla. Cuantos días habían pasado y ella convencida de que Ranma estaba con Reiko, no lo había buscado.
— Señor, dígame tiene alguna noticia?
Nodoka finalmente llegaba junto con Nabiki. Ella le había acompañado al hospital, pues últimamente no había estado bien de salud. Pero todo se debía a la preocupación y a la incertidumbre de no saber en donde estaba su hijo.
— Me temo que no le tengo buenas noticias — contestó el detective.
Un suspiro escapó de los labios de la madre de Ranma. Si volviera a tener entre sus brazos a su hijo, ya nada más necesitaría, podría morir en paz, pero esta incertidumbre, ya no tenía fuerzas para soportarla, hasta había pensado en...
El hilo de sus pensamientos se cortó bruscamente al escuchar los reclamos de Akane:
— Por qué? por qué no me lo dijeron?
Nodoka no le contestó, pero si su hermana Nabiki: — Qué?! Acaso ya olvidaste lo que dijiste? Que no te interesaba nada que tenga que ver con Ranma?
— Pero... — Akane no pudo decir nada más. Lo que Nabiki decía era cierto. No tenía forma de rebatir eso. En ese momento olvidó su cita con Kenji, y decidió salir de inmediato a buscar a Ranma. Pero dónde? Dónde podría estar? se preguntaba Akane evidentemente angustiada.
Caminó hacia la puerta, pero una idea repentina la hizo detenerse.
La carta!: se dijo Akane y rápidamente subió hasta su cuarto.
Mientras, Nodoka y Nabiki se despedían del detective.
— No puedo creer que no haya encontrado ni una sola pista de Ranma — señaló Nodoka muy afligida.
— No tenemos dinero para seguirle pagando, mucho menos para contratar a más detectives...solo no queda esperar a la policía.
— Es como si se le hubiera tragado la tierra — se lamentó Nodoka.
— Y si vendemos esto? Se que era muy importante para Ranma y que se esforzó mucho para poder comprarlo, pero ahora ya no tiene caso, además es más importante encontrarlo — dijo Kasumi, quien había escuchado todo desde la cocina.
En su cuarto, Akane había desdoblado la pelotita de papel en que convirtió momentos antes la carta de Ranma. La sacó del sobre y empezó a leerla.
La carta decía:
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Akane,
Sé que no me quieres escuchar, pero no dijiste nada de leer. Por favor, no te detengas hasta leer todo lo que he escrito para ti.
Quería escribir aquí la razón por la cual no podía decirte lo de p-chan, pero después de pensarlo mucho, me di cuenta de que nada
puede justificar lo que te hice. Se que te traicioné al haberte ocultado algo tan delicado como eso, pero en cuanto a lo que siento por ti
nunca te he engañado, jamás lo dudes. Desde el fondo de mi corazón, te pido que me perdones. Por favor, dame la oportunidad de
recuperar nuevamente tu confianza. Yo nunca quise lastimarte. Te amo Akane. Gracias a ti conocí el amor, tu me salvaste de la soledad
y rescataste mi vacío y frío corazón.
Por favor, no dejes que nuestro amor se convierta en odio. No tengo derecho a pedirte nada, pero aún así te pido que no tomes una
decisión llevada por el dolor y la ira. Escucha a tu corazón, y si después de eso decides que no merezco otra oportunidad, que ya no
soy digno de tu confianza, ni de tu amor, lo aceptaré, pero antes deberás prometerme que no dejarás que tu corazón se llene de
sentimientos negativos por mi culpa. Tendrás que prometerme, que seguirás siendo la misma Akane de siempre, aquella chica alegre,
amable y con la sonrisa más hermosa de este mundo.
Pase lo que pase, sea cual sea tu decisión, recuerda que yo siempre te amaré en ésta y en cualquier otra vida, siempre serás la dueña
de mi corazón.
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Al terminar de leerla, Akane se soltó a llorar, embargada por un dolor terrible. Las lágrimas resbalaron por su rostro hasta caer sobre el papel. Quería salir y correr sin detenerse hasta encontrarlo. En eso, la puerta se abrió.
Kasumi y Nabiki entraron sin pedirle permiso. Akane se apresuró a secarse las lágrimas.
— Perdón por entrar así, pero Akane, antes de que lo vendamos, creo que debes verlo.
Su hermana mayor colocó sobre el escritorio una pequeña cajita azul, recubierta de tela aterciopelada. Akane la abrió para ver de que se trataba. Era un hermoso anillo, y por su apariencia debía ser bastante costoso, pues tenía dos aros de oro y un brillante diamante sobre ellos. Era realmente precioso.
Nuevamente Akane rompió a llorar, apretando la caja contra su pecho.
— Ranma te lo compró luego de un año de trabajar muy duro...iba a proponerte matrimonio— dijo Kasumi.
— Lo más importante ahora es encontrar a Ranma...no nos queda más que venderlo — aseguró Nabiki — necesitamos el dinero.
Akane miró detenidamente aquel anillo. Lo sacó de la caja y lo envolvió con su mano. Se le formó un nudo enorme en la garganta y los ojos le dolían, llenos de lágrimas punzantes. Ahora comprendía porqué Ranma se había portado tan extraño este año. Los sábados y domingos, salía muy temprano diciendo que debía entrenar solo. Pero en verdad, Ranma iba a trabajar todo el día. Incluso en las vacaciones, no había querido ir a ningún lado con la excusa de que no podía interrumpir su entrenamiento. Pero en realidad, quería continuar trabajando muy duro.
Muchas de las veces trabajaba a doble jornada con el fin de reunir el dinero suficiente para comprarle el más hermoso de los anillos. Aunque Nabiki y Kasumi le habían advertido que no descuidara su relación con Akane por irse a trabajar, él siempre decía que valía la pena tomar ese riesgo, pues sería un gran detalle y deseaba darle esa sorpresa.
Kasumi se acercó a su hermana y le preguntó — supongo que estás de acuerdo con que lo vendamos, verdad?
La chica no quería soltar ese anillo, pero estaba consciente de que no había más alternativa. Como decía su hermana, era mucho más importante buscar a Ranma. Akane iba a contestarle, cuando escucharon algunos gritos que provenían del patio de la casa. De inmediato, las tres hermanas se dirigieron hasta allá. Al llegar, las chicas quedaron paralizadas por la sorpresa y un tanto atemorizadas. Junto a Nodoka se encontraba un sujeto con cuerpo transparente, de aspecto fantasmal. Sus pies no tocaban el suelo. Estaba vestido con una armadura blanca que lo cubría completamente (era el mismo sujeto que hace días había intentado asesinar a Ranma).
Nodoka estaba postrada ante aquel fantasma, lloraba y le suplicaba:
— Por favor, se lo ruego, no lo haga, es mi único hijo!...por favor!
— No olvides que me diste tu palabra... Nodoka — le contestó el fantasma, con voz firme.
— Qué rayos está pasando aquí? — Genma apareció y se acercó a su esposa. La obligó a ponerse de pie. No dejaba de llorar.
— Qué sucede Saotome? — preguntó Soun, sin dejar de ver al sujeto de cuerpo transparente — quién demonios es él?
— Dónde está la katana que te entregué? — preguntó el fantasma fulminando a Nodoka con su mirada.
— No te la daré! — dijo la madre de Ranma.
— No puede ser... tu eres...— Genma parecía comprender la situación, actuaba como si ya hubiese visto antes a aquel sujeto fantasmal. Puso una mirada de preocupación que Akane notó y le provocó un revuelo en el corazón. Tenía un terrible presentimiento de todo esto. Sintió que un frío recorría su cuerpo. Era ese el aliento frío del destino, de aquel destino cruel que disfrutaba haciéndola sufrir?
— Dónde está la katana? — insistió el fantasma, pero ahora se lo preguntó a Genma. Nodoka se aferró aun más a su esposo.
Al no obtener respuesta, aquel sujeto levantó la mano y la dejó así durante unos segundos. En ese tiempo, algo que había estado enterrado bajo la tierra (junto a uno de los árboles del patio de la casa) salió violentamente y voló hasta quedar suspendida justo frente al fantasma. Era la katana de Nodoka, la cual brillaba emitiendo una luz blanca.
Genma se dio cuenta de que su esposa le había mentido cuando le dijo que había llevado su katana para que le dieran mantenimiento. En lugar de eso, la había enterrado en el patio.
— No! — gritó Nodoka con desesperación, mientras corría hacia su katana, para impedir que el fantasma la tomara. pero no lo consiguió. Con un ligero movimiento de su mano, aquel sujeto hizo que la katana se clavara en el suelo y girara varias veces a gran velocidad. Cuando se detuvo, Tres haces de luz blanca salieron de ésta. Y poco después tomaron la forma de tres personas, quienes vestían de la misma forma que el fantasma, solo que a diferencia de él, éstos poseían un cuerpo físico normal, no transparente.
Casi de inmediato, se inclinaron ante el fantasma.
— Maestro Shoda! — dijeron al mismo tiempo.
— Guardianes, como se habrán dado cuenta, hace ya varias semanas que el portador fue capturado.
— Si, estamos enterados, lo hemos visto todo — dijo uno de ellos— aunque cierta persona nos sepultó.
— A pesar de que lo ha tenido ya varios días, apenas hace unas horas Itami empezó a extraerle el alma para despojarlo de su cuerpo...
— Maldición, ese maldito sigue causando problemas — exclamó uno de ellos.
— Pongan atención guardianes, su misión será impedir que Itami se apodere del cuerpo de Ranma.
— Y cómo lo detendremos? — preguntó otro de los guardianes.
— Sólo conozco una forma de detener la extracción...escuchen, tendrán que matar al portador y apenas lo hagan, deberán encerrar el espíritu de Itami en la dimensión del caos, ya que justo en ese momento, se vera expuesto y vulnerable, no habrá otra oportunidad, así que no fallen.
— Así lo haremos...no se preocupe maestro...eliminaremos a Ranma y sellaremos el espíritu de Itami.
— Qué?! — exclamó Akane con angustia. Casi no había comprendido nada de lo que decían, pero si la parte en la que mencionaban acerca de matar Ranma. Por qué querían acabar con él? Qué rayos estaba ocurriendo? se preguntaba la chica.
— Noooooo! Nooo por favor! No le quite la vida a mi hijo! — imploró Nodoka.
— Lo siento— dijo Shoda, volviéndose hacia ella —pero no tengo otra alternativa.
— Al menos, prométenos que nuestro hijo no sufrirá — dijo Genma con resignación, mientras abrazaba a Nodoka.
— Cómo puede decir algo así? — le reclamó Akane.
— No te metas en esto — contestó Genma con tono serio.
— El dolor de Ranma terminará en un instante, se los aseguro — señaló Shoda — pero por desgracia, el de ustedes, como padres de él, probablemente perdurará hasta el final de sus días...lo siento mucho, en verdad.
— Hey! Maldito fantasma, ni pienses que voy a dejar que le hagan algo a Ranma — le dijo Akane con un tono lleno de ira.
Pero Shoda la ignoró completamente. Se volvió hacia los tres guardianes y le dijo a uno de ellos:
— Este cuerpo inmaterial está a punto de extinguirse, a partir de ahora, tu estás a cargo de esta misión.
A continuación, con su mano Shoda señaló la katana y agregó —Tómenla, ella los teletransportará al sitio en donde están Ranma e Itami...
Apenas lo dijo, Shoda desapareció. Ya no pudo mantener ese cuerpo y finalmente todo rastro de él se borró para siempre de este planeta.
Uno de los guardianes se acercó para tomar la katana, pero, con gran agilidad y de forma sorpresiva, Akane llegó antes y se la quitó.
— Ninguno de ustedes tocará a Ranma...— dijo Akane — no entiendo que es lo que está pasando, así que será mejor que hablen de una vez! Por qué quieren matarlo?
El guardián que iba a tomar la espada, levantó su mano derecha y en la palma de esa mano, apareció una esfera de energía roja. Akane se colocó en posición de combate. Todos sus músculos se pusieron en tensión. Sabía que esto pasaría, era inevitable, pues no se iban a quedar de brazos cruzados y dejar que alguien entorpeciera su misión. Akane estaba consciente del peligro al que se exponía, pero de ninguna forma renunciaría, ni se echaría para atrás, ya lo había abandonado a su suerte durante tres semanas, gracias a las mentiras de Reiko. Además, Ranma también se había arriesgado por ella varias veces. Ahora era su turno, debía protegerlo y en gran parte ya lo había hecho, pues les había quitado la katana con la que pretendían llegar hasta donde él.
La esfera creció hasta alcanzar un metro de diámetro, pero justo antes de que la atacara con eso, otro de los guardianes le sujetó por la muñeca y movió la cabeza negativamente, impidiendo que continuara, luego miró a Akane y le dijo:
— Suficiente mujer, entréganosla!
— Jamás, jamás se las daré.
— No tiene caso Akane, no eres rival para ellos — le advirtió Genma — acaso quieres morir?
— Qué haces hija?! — preguntó Soun. Sus piernas le temblaban, y lo paralizaban, impidiendo que vaya hacia ella.
— Hermana — murmuró Kasumi visiblemente preocupada.
— Tendrán que matarme, solo así podrán recuperar esta katana — sentenció Akane.
Bien hasta aquí este capítulo.
Por cierto, ya nos estamos acercando al final.
Cuídense y nos vemos la próxima semana.
