Hola, les traje el cuarto capítulo, por primera vez con un romance más notorio n_n

Había pasado un rato desde que los niños elegidos se habían visto olbigados a acampar en el medio de un bosque digital. No se podían identificar muchos cambios, excepto por el bajo número de digimon que quería matarlos, por lo que dedujeron que su reputación había mejorado, por fín. Pero aquello no hizo que se comportaran menos cuidadosos. Esa noche, como otras varios años atrás, pescaron algunos peces con la ayuda de Gomamon y los asaron en una fogata que consiguieron encender. Si hubieras escuchado su conversación aquel día no podrías haber imaginado que se acababan de encontrar con un enemigo que habían creído muerto, o que el peso del mundo caía en sus hombros una vez más. Se sentaron alrededor de la fogata, lo suficientemente apegados como para espantar el frío. Ahí, sentados, rieron e intercambiaron anécdotas por las que habían pasado juntos, como antiguos veteranos de la guerra recordando sus momentos en las líneas de combate. Rieron y bromearon, olvidándose completamente de Piedmon, no por confianza o ignorancia, son por lo familiar que se había vuelto. Cuando el peso del mundo descansa sobre ti en variadas ocasiones puede llegar a convertirse en el peso de una simple mochila que tienes que llevar a clases.

—Estoy lleno—expresó Gomamon mientras acariciada su ampliado estómago.

—Supera la primera vez que comimos aquí—admitió Tai.

—Nuestras habilidades para la pesca siguen sin cambiar ni un poco—dijo Sora mientras soltaba unas pequeñas carcajadas y mantenía sus manos entre las de Matt para mantenerlas cálidas. Como la gran parte de los niños elegidos Sora se encontraba en su uniforme, lo que no lucía bonito y tampoco era práctico para un campamento en invierno.

—Habla por ti misma—corrigió Gomamon—, debo admitir que soy casi profesional en esto.

—Aunque puedo jurar que la comida de Matt sabía mejor la vez pasada—continuó Palmon mientras absorbía agua fresca desde la tierra.

— ¡Oye! No tenía material suficiente—protestó Matt.

—Pero tienes que admitir que se ha vuelto bastante malo—concordó Gabumon.

—Entonces tú cocinarás la próxima vez—respondió el rubio.

—Yo digo que Mimí cocine para la próxima—observó Izzy—, me han contado que se ha vuelto bastante popular en los Estados Unidos.

—Bueno, ser una niña elegida tiene sus ventajas…—contestó de manera juguetona.

—Nunca he probado tu comida—admitió Hikari.

—Sí es como el acompañamiento que le ponía a sus huevos no creo que quiera probarlo—bromeó Takeru provocando las risas de sus compañeros. Aquel fue el momento en el que Joe interrumpió.

—Bueno, no sé ustedes, pero yo ya tuve suficiente acción por un día.

—Estoy de acuerdo—bostezó Izzy—, así que ¿quién hará la primera guardia?

—Yo no, necesito descansar bastante—contestó Mimí.

—A mí no me importa—dijo Takeru—, la última vez no me dejaban hacer guardia.

—Está bien Takeru, si tú insistes—concluyó Matt. Para aquel punto todos, como sincronizados, se pusieron de pie dirigiéndose a los respectivos lugares en los que pasarían la noche.

— ¿No vas a dormir Hikari?—preguntó Gatomon mientras se restregaba contra las piernas de su compañera.

—No por ahora, haré guardia con Takeru—dijo mientras dejaba escapar un bostezo.

—No hagan nada malo ustedes do, ¿sí?—bromeó Sora mientras se recostaba junto a Matt con Gabumon y Biyomon entre ellos.

— ¡¿Qué?!—Tai, que había fingido estar dormido, había tomado asiento rápidamente.

Takeru solo rodó los ojos.

—Ella sólo bromeaba, Tai—dijo Matt sin mirar a su amigo.

—No cuenten chistes—agregó Mimí reteniendo unas cuantas risas pequeñas.

—Genial, ahora no podré dormir—se quejó Tai mientras se acostaba una vez más, los ronquidos rápidamente comenzaron a escaparse de su inconsciente cuerpo. Lentamente los niños elegidos comenzaron a caer uno a uno a sus sueños.

— ¿Por qué nos molestan tanto a nosotros?—susurró Hikari mientras acariciaba la cabeza de Gatomon.

—Supongo que es porque somos los menores—dedujo Takeru mientras movía los leños con una enorme rama, con Patamon recostado en su regazo, no dormido, pero tampoco en lo que se puede decir despierto.

— ¡Pero nosotros no molestábamos así a Cody!—se quejó Hikari, aunque Takeru sabía que ella no se encontraba verdaderamente acomplejada por los comentarios de sus compañeros.

—Eso es porque nosotros ya pasamos por ese problema y no queríamos que él sufriera lo mismo—ofreció Takeru.

Hubo un momentáneo silencio. Takeru miró hacia el cielo estrellado, para un recién llegado en el digimundo podía ser confuso, pero, justo como en el mundo real, había infinitas constelaciones. Una brisa fría asotó su pelo rubio haciendo que temblara un poco y que acomodara su bléiser alrededor de él. Deseo tener su impermeable, el uniforme del colegio era horrible para ocupar en aquel clima.

Hikari no estaba mucho mejor, intentaba desesperadamente acomodar su falda para que le llegara a los tobillos mientras maldecía silenciosamente el uniforme escolar. Takeru, al darse cuenta de esto, soltó un silencioso suspiro y desabotonó su bléiser y lo colocó sobre los hombros de su amiga.

— ¡Claro que no!—protestó inmediatamente— ¡Tienes tanto frío como yo!

—Silencio—ordenó Takeru mientras le enseñaba una pequeña sonrisa—estaré bien.

Hikari sabía que debería haberle devuelto el bléiser inmediatamente, pero… seguía con la calidez que Takeru había dejado en él… hasta tenía su olor…

Dibujó una sonrisa de derrota mientras se acercaba para formar un abrazo.

—No digas nada—advirtió ella—, os pingüinos se abrazan para juntar calor, es lo menos que puedo hacer.

Ambos se rieron y dejaron que el pequeño espacio que los separaba se llenara con el viento helado.

Takeru no tenía ni la menor idea de cuánto tiempo pasaron así, era difícil calcular tiempo en la noche, pero, después de un rato, Hikari se durmió contra su hombro.

—Buenas noches Takeru—murmuró una pequeña voz.

Takeru estaba tan adormilado que pensó que se trataba de Hikari.

Cuando despertó a la mañana siguiente el sol estaba sobre las copas de los árboles. Takeru, parpadeando forzosamente por la luz, se acababa de dar cuenta de que Gabumon se encontraba detrás de él, su piel manteniéndolo cálido. Takeru esbozó una sonrisa familiar, no importaba cuánto creciera, siempre sería el hermano pequeño de Matt.

Takeru se sentó cuidadosamente para no despertar a Gabumon y Patamon. La gran parte de sus amigos se encontraban dormidos, el fuego ya se había apagado, Kari dormía acurrucada junto a él. Forzó a sus ojos a mirar a otro lado que no fuera el lugar en el cual ella estaba. Estaba agradecido de no haber estado dormido para las guardias de sus amigos, quién sabe lo que hubieran pensado cuando los vieron.

Analizó a sus amigos dormidos, Palmon y Biyomon no estaban por ningún lado y pudo jurar haber visto la silueta de Joe cerca del agua, probablemente hablando con Gomamon. Se dio cuenta de que debía ser bastante temprano, por lo que Takeru decidió acostarse una vez más y miró al brillante cielo mientras se le escapaba una sonrisa, cuánto había extrañado eso.

Mientras el sol seguía elevándose los niños elegidos comenzaron a despertar uno a uno. Al parecer las más madrugadoras, Palmon y Biyomon, habían ido a recolectar fruta para el desayuno y la fogata se había encendido una vez más, alejando al frío.

— ¿Por qué el digimundo no nos podía dar ropas abrigadoras como lo hizo con Davis y los otros?—criticó Mimí manteniendo sus manos bien juntas.

—Nunca logré comprender eso—admitió Izzy mientras comía una jugosa digibaya—, eso nunca nos ha ocurrido a nosotros, o estaríamos ocupando vestuarios demasiado pequeños.

Mimí suspiró.

—Inviernos digitales, no vimos de esos cuando vinimos por primera vez.

— ¡Pero estuvimos en la nieve!—recordó Palmon.

—Pero eso no era invierno real, era solo… algo raro del digimundo. Estoy hablando de lluvia y viento, de frío real.

—Quieres decir… ¿cómo justo ahora?—interrumpió Agumon— Odio ser un reptil con este clima.

Izzy estuvo a punto de decir algo, pero fue interrumpido por el sonido de un digivice.

—Eso es extraño—murmuró Mimí mientras sacaba su digivice, estaba haciendo sonidos y su pantalla señalaba puntitos brillantes.

—La vez pasada nuestros digivices hacían eso cuando nos separábamos, ¿recuerdan?—comentó Tai con la boca llena.

—Pero estamos todos aquí—dijo Joe contando contando en su cabeza.

—Bueno, mi digivice encontró algo—insistió Mimí.

—Es extraño que solo tu digivice este reaccionando.

—Si tuviera mi computadora…—se lamentó Izzy.

—Talvez… ¿crees que haya encontrado un emblema?—observó Hikari, aún con el bléiser de Takeru.

—Eso tiene sentido—dijo Takeru volteándose hacia ella—, eso explicaría porque el digivice de Mimí es el único que reacciona.

—Sí, el emblema de la pureza debe estar cerca—continuó Matt.

El grupo entero asintió concordando con la idea.

Levantaron rápidamente el campamento y, con Mimí liderando, caminaron entre los ahora familiares bosques.

—Oye Joe, ¿Crees que hayan emblemas en el continente Server como la vez anterior?—preguntó Gomamon.

—Espero que no—contestó el futuro doctor—, no sé cómo lo haríamos para llegar hasta allá.

— ¿No creen que Zudomon pueda llevarnos hasta allá?—consultó Patamon.

—No lo creo, a menos que, de alguna manera, encontremos el emblema de la honestidad antes de eso. Yo diría que sería mucho mejor intentar con Angemon o Garudamon—explicó Joe.

Las orejas de Patamon cayeron ligeramente caídas.

—T.K, espero que encontremos el emblema de Joe pronto, no me agrada la idea de cargarlos a ustedes hasta el continente server, suena como un viaje largo.

Takeru simplemente se rio.

—Lo veremos cuando tengamos que hacerlo.

— ¿Quién sabe?—agregó Hikari— Si encuentro el mío antes que esto Angewomon podría ayudarnos.

Gatomon cruzó los brazos molesta.

—No soy un taxi Hikari.

—Chicos, silencio—susurró Sora—. Sí Piedmon realmente utilizó la técnica de Datamon para hacer los V2 ellos no deberían tener digivices.

—Eso quiere decir que nos podrían estar siguiendo—finalizó Biyomon.

—Tramposos—murmuró Mimí mientras continuaba siguiendo las indicaciones de su digivice.

—Oye Mimí—dijo Palmon jalando el jersey de Mimí—, este lugar me parece familiar.

—Dímelo a mí—dijo Mimí mientras analizaba el bosque con sus ojos, para encontrarse con las coloridas puntas de unos edificios y casas— ¡Oh sí! ¡Sé a dónde tenemos que ir!

Entonces salió corriendo en dirección a las construcciones, Palmon siguiéndola de cerca.

— ¡Mimí!—gritó Izzy y el resto de los elegidos, claramente confundidos, seguidos por sus compañeros en el bosque. Solo se detuvieron una vez se encontraron con una quieta Mimí.

— ¡La ciudad de los juguetes!—reconoció Joe.

— ¿Qué?—cuestionó Hikari sin comprender.

—Este fue el lugar en el que Palmon digievolucionó a Togemon por primera vez—explicó Mimí con la voz distante.

— ¿Creen que Monzaemon siga aquí?—preguntó Palmon emocionada.

—Solo hay una manera de averiguarlo—contestó Mimí sonriente.

Los elegidos avanzaron cuidadosamente por la ciudad. Todo lo que podía escucharse era el digivice de Mimí, que aumentaba la velocidad de los "beep" a medida que iban avanzando.

—Está vacía—dedujo Hikari mientras avanzaba junto a la ventana de otra juguetería.

—Tengo un mal presentimiento acerca de este lugar—admitió Gatomon.

—Encontremos el emblema de Mimí y vámonos—susurró Takeru.

—No tendremos que buscar por mucho rato—avisó Tentomon tomando la cabeza del grupo—, hay un cactus gigantesco en el medio de la ciudad.

Y ese fue el capítulo de hoy n_n

El siguiente me gusta mucho personalmente.

Eso es todo por ahora, espero que les haya gustado.