Y las noches siguientes la luz se perdió, sin dejar rastro ni testigo. Solo la luna quedaba como guardián de la noche, luchando por permanecer en el cielo nocturno. Brindando su amor a toda Fabula, que temía por quedarse en la completa y abrumadora obscuridad.
Los rezos no se hicieron esperar, las miradas al cielo se elevaron en lo alto para rogar a los dioses que no estuviera sucediendo nada malo. Que las estrellas regresaran habitar junto a la dama blanca que velaba por sus sueños. El temor abundaba en toda Fabula, y en Oneiros no era la excepción.
Mimi estaba dentro de su casa mirando por entre las nubes los motes negros, era una vista entristecedora. Con las nubes aglomeradas en el cielo la obscuridad era absoluta, sin que la luna pudiera hacer nada para ayudar. Nunca le gusto la obscuridad, y con lo ocurrido se sentía que estaba viviendo en su peor pesadilla.
Por la ventana podía divisar las velas encendidas de los faros en los postes, y por las ventanas de las casas aledañas tiritaban resplandores de luz. Las velas eran lo único que los separaban de una obscuridad total, pero cuanto tiempo lograrían seguir de ese modo si la fabricación de las velas llegaba a un punto crítico por la demanda.
Quería ser positiva ante todo aquello, pensar que todo era un evento natural que terminaría pronto y las estrellas regirían de nuevo en los cielos nocturnos de Fabula. Aquello no podía durar mucho, y pronto de nuevo todo regresaría a la normalidad, sin temores ni preocupaciones. Estaba segura que una noche al mirar al cielo los destellos azulados estarían de nuevo danzando junto a su ama la dama de blanco.
—Hija, tienes visita —anuncio su madre en el marco de la puerta.
—¿Quién, mamá?
—¿Enserio?
La joven sonrió ante el rostro que colocó su madre, la respuesta era tan obvia que fue un tanto tonto de su parte haberla formulado, pero estando sumida en sus pensamientos fue una reacción involuntaria.
—Dile que bajo enseguida, por favor.
Su madre se retiro con un gesto alegre y se perdió de su vista. Echo un último vistazo por la ventana, observando el cielo sin vida. Soltó un largo y cansado suspiro recargado de angustia por no saber lo que estaba sucediendo, solo esperaba que todo eso no perdurara y que pronto el susto solo fuese eso.
Bajo las escaleras de su casa peldaño por peldaño, sin prisa ni pesar, solo las baja con calma. En la sala ya se encontraba su amigo sentado en uno de los sofás de paja que su padre había mandado hacer. Eran cómodos y brindaban un buen descanso.
Su amigo estaba distraído con algo en el marco de la ventana, por tal no sintió que se le estuviera acercando. Aprovecho la ocasión para darle un susto, y así lo hizo. Salto con un fuerte grito sobre su espalda, estuvo segura que su oído derecho chillaría por tan fuerte grito que dio. Michael se giro enseguida para encara a su amiga con un rostro endurecido, pero que no pudo mantener y se quebró en una sonrisa.
—Eres malvada, Tachikawa.
—Solo contigo —le guiñó el ojo.
—Me da gusto verte.
En aquellos días no habían tenido el contacto que esperaban, con la ausencia de Morfeo y Destino, la ciudad estaba en una especie de toque de queda. Se tenía prohibido salir en ciertas horas del día y en la noche casi nadie salía por temor. Sin mencionar que el clima en esos días había sido fatal, con lluvias y ligeros temblores.
—Igual, ¿Cómo están las cosas en tu casa?
—Mi padre está preocupado, mi madre trata de mantener el buen ánimo, y mis hermanos aun no entienden lo que sucede.
—Lo hermoso de ser pequeño.
—Sí.
La castaña notaba a su amigo extrañado, no lucia como siempre con su sonrisa de oreja a oreja, sus ojos no tenían ese brillo travieso ni su expresión era suave como las mañanas en primavera. Lo conocía perfecto como para no darse cuenta de que algo lo estaba molestando, recordó la noche de su graduación y las palabras que le dijo antes de que todo lo de las estrellas sucediera.
No quiso creer que fuese aquello lo que le molestaba, algo le decía que iba más allá, aunque, debía admitir que dentro de ella estaba ese gusanito de curiosidad por saber lo que tenía que decirle aquella noche.
El silencio reino en la sala de su casa por unos minutos, Michael era un joven que no se necesitaba apresurar para que se abriera, con aquellos años de amistad aprendió a darle su tiempo para que haga las cosas. Y esa noche le brindaba la suficiente para que le dijera lo que le molestaba, y que seguramente se trataba sobre la situación en Fabula.
—Sabes que no soy muy creyente.
—Lo sé.
Michael era de los pocos en toda Fabula que no creían en nuestras deidades; los narradores. El era de los que pensaban que todo era más simple, que las cosas existían por existir sin una mano divina que diera forma a todo. Que las cosas no se pueden manipular, y cada cosa lleva su curso en una lógica irrefutable e inamovible.
—Creo que ahora lo soy.
—Tuvieron que desaparecer las estrellas para que tuvieras que creer, vaya blasfemó.
Nos miramos divertidos antes de soltarnos a reír a carcajadas.
—¿Te preocupa que nuestros dioses te castiguen?
—Temo por que se nos haya acabado el tiempo.
Confundida la joven alzó una ceja sin comprender lo que su amigo trataba de decir. Por su cabeza no pasaba la idea de lo que sus palabras quisieron expresar.
—Vivimos en la era del tercer acto del sol.
—¿Y?
Las palabras de su amigo eran las que todos algunas vez leyeron sobre la historia de Fabula. La era mencionada era en la cronología conocida el noveno acto de toda la historia conocida, y eso lo tenía claro la joven.
—¿Qué tiene que ver que estemos en esta era?
—Que, quías, hayamos llegado al tiempo límite que nos dieron nuestros dioses.
Su amigo estaba viendo todo como un apocalipsis, y, aunque no lo quisiera admitir, ella también llegaba a esos pensamientos. Sin embargo, en su interior algo le indicaba que todo estaría bien, que las cosas volverían a como antes y a eso le llamo: optimismo. Uno que heredó de sus padres.
—No creo que tengamos un tiempo límite —mantuvo su voz firme—. No creo que nuestros dioses nos crearan para destruirnos.
—No estoy diciendo eso… la verdad ni yo me entiendo.
La distancia entre ellos se acortó por parte de la castaña que sujetó a su amigo de las manos y recargo su cabeza en su hombro. Lo mejor sería que no pensaran en todo eso, el solo intentarlo amargaría la velada aun más de lo que ya estaba por el clima y la desaparición de las estrellas.
Una gota golpeo el vidrio de la ventana, de nuevo comenzaba a llover. Mimi y Michael solo se delimitaron a observar caer el agua de lluvia. Gota por gota el tiempo era marcada, imperceptible y audible en los relámpagos.
El silencio de voces y palabras resultaba acogedor, dejándose llevar por el golpeteo de la lluvia en el cristal y los brasas devorando la madera en la chimenea.
Mimi estaba contenta de que su mejor amigo de toda la vida estuviera con ella, y, reconociendo que sus padres estaban en la cocina preparando la cena aumentaba su regocijo. Para la castaña no había nada mejor que estar acompañada por los seres que más amaba en todo el mundo.
—Michael, ¿te quedas a cenar?
La aparición de la madre de Mimi hizo que el silencio se irrumpiera. Michael se incorporó en su asiento, dando por terminado lo cómodo que estaba. Se medio levanto de su lugar y miro a la madre de su mejor amiga que le miraba desde el comedor.
—Encantado, señor Satoe.
Después de la cena su mejor amigo partió a su casa, lo invitaron a quedarse a dormir debido a la lluvia incesante, pero el oven prefiero volver a su casa.
Con una pequeña y ligera platica con sus padres y terminar de limpiar la cocina, la joven partió de nuevo a su habitación. Su pedazo de casa estaba tal cual para una joven de su edad, limpia y ordenada. Se acerco a su mesa de escribir; acercó un pedazo de pergamino y tomó la pluma del tintero.
Cada noche disfrutaba de escribir sus pensamientos y vivencias del día, esto lo venía haciendo desde niña y una tradición que su madre le pasó.
Mientras la pluma la deslizaba por la textura del papel colocó su atención en el estante a su costado. Tenía tantos pergaminos con sus pensamientos y recuerdos del ayer, la mayoría con toques alegres y uno que otro con lágrimas. Ninguna vida era perfecta y eso lo tenía claro la castaña, que sintió una amargura por sus últimos escritos que no iban ni en la alegría o tristeza. Estaban marcados por una incertidumbre que la embargaba tanto a ella como a todos en Oneiros y tierras lejanas.
Regreso a su actual pergamino para releer lo que en tinta negra acababa de plasmar. Su día como los anteriores no tuvo muchos cambios, la monotonía era la base provocada por el clima y la actual situación del toque de queda.
Sin enrollar su pergamino y dejando todo sobre la mesa se dirigió a su cama, se dejo caer y pronto viajo al reino que la mantenía admirada por la vida. El reino de su señor Morfeo, uno más allá de la percepción y la sensación.
XX
La gravedad no exista, el peso de todo era ligero y se movía como el aire mismo sobre los cielos con nubes doradas. El calor o el frio no le afectaban en lo absoluto, el sol resplandeciente a su derecha y la luna perlada a su izquierda. Bajo sus pies observaba campos de trigo, y corderos como motes blancos se desplazaban por los caminos de aserrín.
La libertad era plena en esas tierras de los sueños.
Mimi descendió a tierra con sumo cuidado, temiendo que un mal aterrizaje destruyera las rosas del campo en que aterrizaba. Sus pies sintieron el algodón que era la tierra y sus piernas amortiguaron su cuerpo liviano.
Respirar el aire primaveral de aquel lugar le resultaba reconfortante, la brisa que solapaba de Este a Oeste la envolvió como en un abrazo y los rayos de sol la acariciaron como una madre solo sabía hacer.
Ese sueño era solo de ella y no habría otro igual, como soñadora ese era un privilegio que no cualquiera podría concebir. Sueños tan reales y vividos solo con la ayuda de un soñador podría conjurar, de ninguna otra manera lo conseguirían, y, aun así, un sueño puro de la mente de un soñador era una experiencia intransferible.
Consciente de su manipulación en aquel mundo, la joven se colocó en cuclillas y extendió su brazo hacia una flor marchita. Con el simple roce de su dedo índice la flor recupero vida y color, uniéndose a sus hermanas para compartir el sueño tan cálido de su portadora.
La vida tiene un ciclo y el ciclo es un sistema que se regenera.
Una voz ajena a su sueño retumbo por todo el campo de flores y trigo. La castaña se incorporó enseguida buscando la fuente de aquella ronca y rasposa voz.
Jugar a ser Dios es el mayor pecado.
Lo escucho de nuevo tan fuerte e perceptible sin dueño aparente. Busco y no encontró quien hablaba dentro de su sueño, invadiendo su cabeza sin permiso alguno. Aun cuando no podía encontrar el dueño de la voz la presencia dentro de su mente era fuerte, lo percibía en cada flor, en cada grano de trigo, en cada suspiro del viento.
Le inquietaba la presencia, sin embargo no le molestaba del todo. Se quedo en silencio observando a la nada, en espera de que la voz volviera hacer acto de presencia.
La voz no regresaba para contar algo más, el silencio se aplazo por largo minutos que se convirtieron en horas. El sol y la luna estaban por converger en lo alto del cielo cuando creyó que todo había terminado y era momento de despertar. Cuando ambos celestes se unieran en uno en el cielo su tiempo en el mundo de los sueños tendría un nuevo final.
El día y la noche se fusionaban en uno y con ello un remolino de viento emergió alrededor de la joven que volvería a despertar. La voz no regreso, eso imagino cuando todo se volvió gris y opaco dentro del torbellino, pero antes de que se alejara de su sueño lo escucho.
En el último rayo de sol es cuando entendemos.
XX
Con un sobre salto la joven se despertó, un respiración era agitada y su pecho estaba en un vaivén de emociones. Su cuerpo temblaba y estaba bañado en sudor, sus ojos no se acostumbraban aun a la luz que se colaba por su ventana.
Como pudo se levanto de su cama y se dirigió a su baño, se detuvo frente al espejo para ver su expresión la cual esa era la única forma de lograrlo.
Su rostro estaba pálido y bajos sus ojos, como si no hubiera dormido en días, unas bolsas moradas se marcaban. Su expresión iba entre tintes de incertidumbre y molestia como cual niño no obtiene respuesta a una pregunta que le ha hecho a su padre.
—Ese no fue un simple sueño —le dijo a la persona en el espejo.
Se enjuago el rostro con bastante agua para despertar por completo, hecho una mirada al espejo y la misma joven pálida seguía allí. Regreso a su habitación para buscar la vestimenta que aquel día usaría, una vez seleccionado se devolvió al baño y entro en la tina ya con agua.
La ducha le relajo su cuerpo, pero le dio tiempo para pensar en aquel sueño. Estaba segura que alguien había irrumpido en su sueño, y el solo hecho de hacerlo decía mucho. Solo otro soñador tenía la capacidad de entrar de ese modo en los sueños ajenos, y si es contra otro soñador debe ser de un nivel fuerte para romper la barrera.
Le inquietaba quien habría irrumpido de esa manera en su mente, y porque habría dicho todas esas palabras sin mucho sentido. Las tres frases no se complementaban, eran independientes como dichas en tiempos distantes una de otra.
Darle tantas vueltas al tema le comenzó a botar la cabeza y se las punzadas en las sienes eran el referente de que debía parar.
Salió de la bañera de madera sujetando su toalla con la que se envolvió, se seco su larga cabellera con otra y el cuerpo con la que tenia puesta. Se vistió con lo que había elegido, y cuando salió del baño tocaron a su puerta.
—Hija, ¿estás despierta?
—Si, mamá.
—¿Puedo pasar?
—Adelante.
Con un ligero crujido de la madera con la que estaba hecha la puerta su madre entró en la habitación. La castaña que hasta el momento le daba la espalda, al girar se encontró con el rostro de su madre distinto a su habitual carácter.
Estuvo por preguntar la razón del ceño fruncido cuando su madre dio dos pasos hacia ella, y comenzó hablar con voz calmada tratando de ocultar un sentimiento.
—Hija, están mandando llamar a todos los soñadores.
—¿Cómo?
—Michael está afuera, creo que él sabe más sobre lo que sucede.
Desconcertada la joven se dirigió a su ventana para ver hacia la calle, solo unos metros bajo su habitación. En la entrada se encontraba su mejor amigo vestido con el uniforme de los soñadores; una camisa blanca, un chaleco marrón claro con el símbolo de los sueños, pantalones negros y botas altas.
La ciudad estaba muy movida, soñadores de todas las edades caminaban en la misma dirección. Era como ver un ejército marchar hacia el cuartel general, y, quizás eso era lo que estaba ocurriendo. Por tal pensamiento su cuerpo se erizo, su feudo no era uno bélico ni mucho menos agresor a otros por lo que no tenían un ejército en forma.
La idea de estar en una guerra le producía dolor en su pecho, Oneiros no tendría con que responder a las agresiones de otro feudo. Los soñadores son portadores de sentimientos, brindando ayuda al que lo necesita. Nunca serian guerreros.
—Creo que tendré que cambiarme.
—Le avisare a Michael que te espere.
El día estaba esplendoroso a diferencia de otros días, por lo que al ver su vestido rosa sintió una lástima por no poder usarlo.
No tardo mucho en cambiar de vestimenta y ponerse el uniforme característico de los soñadores. Se echó un vistazo rápido a su espejo de cuerpo completo, nada en su uniforme lucia como un soldado. Suspiro deseando que su atinada percepción de las cosas estuviera errónea esa ocasión, ya que no se veía en una guerra.
Descendió por las escaleras a la planta baja donde sus padres, con rostros que no podían ocultar preocupación, le esperaban. Se despidió de sus progenitores como si solo fuese un día más en que iría a la escuela; ellos pensaban como su hija.
—¿Lista? —pregunto Michael sin detonar preocupación.
—Vamos.
Se pusieron en marcha hacia el palacio de Morfeo, se unieron a sus colegas que marchaban en igual dirección. Rodeada por sus camaradas la sensación de que marchaban a una batalla se hizo presente con mayor fuerza. Su cuerpo se estremeció cuando del palacio salió un sonido parecido a un cuerno de guerra, pero fue más producto de su imaginación que la realidad.
El sonido era aquel que cada mañana justo a las diez sonaba como alarma para despertar a quien siguiera dormido. La más antigua ley de Oneiros es que no por ser soñadores nos perderíamos de la belleza de la realidad que nuestros dioses nos brindaron.
Esa idea le gusto desde siempre ya que por más bellos sueños que pudiera crear, la realidad siempre la maravillaba con algo nuevo. Y no siendo alguien que viajara, uno de sus ilusiones era conocer otros feudos y ampliar su mundo.
—Hoy estas muy pensativa —Michael la sacó de sus pensamientos.
—Solo me ha extrañado el llamado.
—Igual que a mí —su voz se ensombreció.
—¿Sabes algo?
—Solo que Morfeo regreso de la ciudad de los vientos.
Esa noticia no sabía si tomarla como buena o mala, su rey era un ser que todos amaban y respetaba, que les brindaba una seguridad que los hacía llevar una vida tranquila. Las cosas estaban diferentes ahora con su llegada de la ciudad de los vientos, aquella donde los regentes de los demás feudos se reunían por motivos especiales.
Elevo su vista para ver las torres del palacio e imagino que en alguna se encontraba su rey junto a su maestro, ambos observando la joya de la corona de Oneiros; su ciudad.
—¿Crees que hayan malas noticias?
—Sé lo que piensas —su amigo hablo en un susurro—. Eres muy perceptiva, y seguro has de recordar aquella vez.
Su mente proyecto en imágenes lo que se vivió en Fabula varios años atrás, lo que provocó que sus padres dudaran en que fuese soñadora. En esos años hubo una gran tensión entre los feudos que estuvo por terminar en guerra, por aquellos tiempos Morfeo estuvo a nada de entrar a la disputa. Los soñadores, como aquella mañana, fueron solicitados en el palacio. Esa época fue conocida por todos como la "Temporada de la Tensión".
Nunca a excepciones como lo de aquellos tiempos los soñadores eran llamados todos a la vez. La historia marcaba otras situaciones ajenas a una guerra donde fueron llamados a la vez, pero ninguna tenía los hechos que se vivían en esos días.
—Tranquila, todo estará bien.
La mano de su amigo se encontró con la de ella para entrelazarse, marchando juntos a las puertas del palacio que se hallaban abiertas.
—Solo espero que las noches vuelvan a tener luz.
—Siempre tan dulce, Mimi.
La voz endulzada de su amiga y la caricia en su mano la estremeció, aquella sensación fue nueva para ella. Quiso preguntar que era a lo que se refería cuando llegaron a la gran plaza; punto de reunión donde los soñadores se enfilaban para esperar ordenes del rey.
Voces de todo tipo de matices sonaban por la plaza, la intriga del llamado y lo ocurrido días atrás era el tema a tocar.
El bullicio aumentaba conforme los soñadores arribaban a la gran plaza. Mimi se quedo asombrada del número tan amplio, sabía que no debía de sorprenderse pues vivía en la capital del reino de los sueños. El mayor porcentaje de la población eran soñadores, pero no todos eran selectos como para llevar el titulo de Elite, pero todo aquel que lo tuviera estaba respondiendo al llamado.
Cuando ni una persona más apareció por el pasillo de la entrada al palacio, y pasaron varios minutos, Morfeo hizo su aparición en el escenario frente a las filas.
Buscó con la mirada a su maestro que siempre estaba al lado de su hermano, y rey de Oneiros, pero no lo encontró por ningún lado. Su preocupación se incremento al no verlo presente, su mente maquino tantas ideas. La que obtuvo mayor fuerza fue que le había ocurrido algo a su mentor, y que por consecuente su hermano furioso declaro la guerra a los demás feudos por lo que hicieron.
Negó con la cabeza para despejar su mente, no debía dejar que su imaginación la dominara y le nublara el juicio. Estaban en una reunión importante, y su rey ya había comenzado su discurso.
—No daré vueltas al asunto —le escucho decir cuando prestó atención—. Hablare con claridad y sin tapujos, mis hermanos.
La voz del rey no ayudaba a calmar sus temores, mucho menos sus palabras que no llevaban tintes de aliento.
—Han destruido el Templo de los Relatos —el anuncio provoco que entre las filas se hiciera un bullicio que pronto calmo el rey—. Profanaron lo más sagrado que había en Fabula, el libro de los cuentos.
De nuevo las personas presentes irrumpieron en un intercambio de palabras, Morfeo les dejo por un momento. Reconocía que sus hombres y mujeres necesitaban sacar todas sus preocupaciones para poder recibir nuevas.
Mimi por su parte solo se quedo callada, atónita y espantada por la blasfemia que alguien se atrevió hacer. El libro de los cuentos era la reliquia más antigua en existencia de Fabula, en aquel objeto se encontraba el pasado de su mundo, y su presente. Se decía que el libro fue creado el mismo día que el sol y la luna, después de que el árbol plateado de luz y la farola negra fueran destruidas.
Ese libro era el testigo del antiguo y nuevo mundo, el cambio de Eras, el recuerdo y memorias de Fabula. Su cuerpo temblaba por la impotencia de no poder haber hecho algo para rescatar aquella reliquia, y sobre todo, por el temor que infundía el pensar que existían hombre y mujeres capaces de cometer tal acto de maldad.
—¡Callaos! —vocifero Morfeo.
Todos sin excepción guardaron silencio ante la voz imponente de su rey.
—Tal acto de barbarie ha provocado que los feudos culpen al otro de ser los culpables —hablo sin titubear el rey—. El reino de los Ilustrados esta por declarar la guerra al reino de Hechiceros Oscuros.
Los presentes quisieron volver a intercambiar palabras con sus allegados, pero Morfeo levantó una mano para mantenerlos en orden.
—Ya se están formando alianzas —anuncio para temor de todos—. Yo, por supuesto me he puesto neutral, pero eso no nos exentara de una guerra si se desata…
Mimi estaba casi que temblaba porque su percepción no había fallado, y, aun cuando era fuerte y valiente no podía negar que por su sangre un terror recorría cada centímetro de su cuerpo.
—No todo es malo, mis hermanos —retomó sus palabras el rey—. He conseguido que la paz se prolongue un tiempo, y es aquí donde entran todos ustedes.
—Lo que nos ordene, su majestad —habló eufórico uno de los hombres de adelante. Varios de los cercanos al sujeto irrumpieron en aplauso.
—Y se los agradezco —Morfeo, que su rostro estaba cubierto por la capucha de su túnica, contestó alegre—. Solo que para esta encomienda solo elegiré a un par de ustedes, los demás los necesitare en las fronteras.
Nadie objeto a las palabras de su rey, aun cuando solo elegiría a dos para una misión especial, y todos desearan complacer a su señor, aceptaban lo que fuese a elegir.
Morfeo pasó su atención a cada uno de sus hombres y mujeres presentes. Los miraba con detenimiento atreves de la sombra que le brindaba su capucha. Uno por uno los observaba buscando algo que solo él podía ver con sus ojos milenarios. La castaña imaginaba que podía ver el alma de las personas, o quizás su aura ya que nunca se equivocaba en detectar lo que el corazón de una persona alberga.
La atención del rey llego hasta la zona de la castaña, que no creyó que tuviera que llegar hasta ese lugar para buscar al indicado. Su piel se erizo y su cuerpo de congelo cuando su señor se quedo quieto mirando en su dirección, no se quería hacer ilusión alguna y se convenció que miraba alguien delante de ella o detrás.
El rey extendió su brazo y apunto con su dedo índice en su dirección, no cabía duda que la estaba eligiendo a ella. A pesar de la acción la joven se resistía a creer que se trataba de ella como la elegida por su rey, varios de sus colegas la miraban y otros tantos solo esperaban que alguien avanzara al escenario.
—Mimi Tachikawa —pronunció su nombre.
Michael le tomó del hombro y la incito a que avanzara, con la inercia del empujón salió de la fila y e adentro en aquel camino que se formaba entre las dos secciones de filas. Con paso corto avanzo por un par de metros, luego despertó dentro de ella un calor ferviente que la animo apretar el paso y mostrarse firme.
En poco estuvo subiendo las escalinatas para subir al escenario, tal cual hizo en su graduación solo que ahora lo hacía para tener su primera misión. Y aun no estaba asignada a un grupo.
Cuando estuvo frente a su rey el miedo desapareció siendo remplazado por una valentía distinta a la que le caracterizaba. Morfeo le asintió con la cabeza, la joven creyó haber visto la boca de su señor dibujada en una sonrisa.
—Dime, hermana, ¿Quién será tu compañero?
Le tomó de sorpresa que tuviera que elegir a su compañero de misión, daba por un hecho que el mismo rey lo seleccionaría como lo hizo con ella.
Invitada por su rey a que observara a sus compañeros y colegas, paso su vista como momentos antes lo hizo Morfeo. Observa los rostros de cada persona que en las filas de adelante, su visión no era especial como la de su rey que le permitía ver de muy lejos. No necesito esa habilidad para saber a quién mirar, no podría elegir a nadie más para que la acompañara.
Levantó su mano derecha y apuntó a Michael donde sabía que estaba; ubicado al lado de donde ella estaba antes de ser seleccionada.
—Michael Gayner.
Con solo el apuntarlo Morfeo supo a quien estaba dirigiendo su atención la castaña. Asombrada un poco asintió para corroborar la persona que deseaba que lo acompañara en la encomienda.
Su mejor amigo en un par de minutos estuvo parado a su lado, hombro con hombro, listos para lo que fuese que tuviera en mente su rey para encargarles.
—Ya elegidos mis dos soñadores pido que los lideres se reúnan conmigo a medio día en el salón de los sueños —el rey miro a su gente sin excepción—. A los demás, les pido valentía y fuerza ya que tiempos difíciles se acercan.
Los soñadores rompieron filas y solo los líderes se comenzaron agrupar para entablar una charla. La castaña estaba segura de que con la situación comenzarían a planear como defender las fronteras de nuestro reino.
—Síganme al salón de los sueños.
Mimi y Michael asintieron con respeto y siguieron a su rey por los jardines del palacio hasta la entrada que los conducía e una hermosa sala de estar. La atravesaron para pasar por un pasillo largo y ancho, al final se podía observar el famoso portón rojo que conducía al salón de los sueños.
En su camino por el pasillo la joven se dejo maravillar por los recuadros que colgaban en la pared. Paisajes hermosos, rostros y figuras abstractas le recordaba al mundo de los sueños que tanto le gustaba; era como ir adentrándose a un sueño.
De reojo observó a su mejor amigo que por igual se maravillaba por los recuadros, que entre más avanzaban era más espectaculares. Ninguno había tenido el honor de haber estado en esa parte del palacio anteriormente, siendo que él no era capitán y ella apenas se graduó ese privilegio era para unos pocos.
Se quedaron parados frente a las puertas rojas, la decoración era de un metal obscuro y el símbolo de los soñadores se dibujaba con polvo de estrella. Ver aquello le recordó a la castaña que su rey no había hecho mención alguna de porque el cielo nocturno perdió luz, y solo la luna reinaba por las noches.
Morfeo alzo sus brazos y las puertas cedieron abriéndose de par en par, con el paso despejado se adentraron al salón de los sueños. El lugar era un círculo bien formado, con un techo alto en cúpula, el suelo era como un abismo que devolvía el reflejo. En el centro una esfera de luz flotaba como si de la luna se tratase. Cada decoración era tan asombrosa y las columnas de mármol con plata daban la sensación de estar en un sueño. Estaban en un lugar precioso y mágico.
—Sé que han de preguntarse qué misión le encargare.
Los soñadores solo se limitaron mover la cabeza con respeto, sentían que hablar en su presencia y en aquel salón era un delito.
—Pueden hablar, no porque sea su rey y un Eterno significa que deban enmudecer en mi presencia.
—Lo sentimos, mi señor —se disculpó el rubio.
—Bien, no debemos demorarnos tanto, el tiempo es vital —Morfeo se acercó a una de las tantas vitrinas en el salón y tomó un prisma triangular de cristal— Los elegí para una misión importante, y muy especial que no cualquiera podría llevar a cabo. Necesitaba a los mejores y esos son ustedes.
—Disculpe mi atrevimiento, señor —Mimi dio un paso hacia adelante—. Yo no puedo ser de las mejores, apenas y me he graduado. No tengo ni un grupo asignado...
—Para esta misión, señorita Tachikawa, ser el mejor significa ser el idóneo.
Michael y Mimi se miraron extrañados por la respuesta de su rey.
—Me explico —caminó por entre los jóvenes y se arrimó a la esfera gigante en el centro—. Tú tienes algo que los demás carecen, algo que pocos en toda Fabula poseen.
El rey les daba la espalda cuando menciono lo último, su postura frente a la esfera de luz lo hacía lucir más misterioso y su forma pronunciada les imponía. No conocían a todos los Eternos, y con el único que lo podían comparar era con su hermano Destino, quien lucía todavía más imponente.
Al girar, y quedar frente a sus soñadores, el rey extendió el prisma de cristal que tenía entre sus manos. E n el centro una esfera pequeña de luz, como de la gigante en el centro, flotaba sin tocar las paredes de cristal. La luz blanca provocaba un efecto en el cristal que delineaba las juntas en uno color azulado celeste, y las paredes en un gris tenues y transparente.
—Necesitaran esto.
Le ofreció el prisma a la castaña que no dudó en tomar. Al contacto la esfera de luz blanca se torno en un color rosado claro, provocando que las líneas azules se tornaran en un rojo intenso como los pétalos de una rosa. El cambio impresiono a la joven y su amigo que no esperaban que hubiera algún cambio en la esfera de luz.
—Pureza —susurró Morfeo.
—¿Disculpe?
—La luz cambia conforme al arquetipo de alma de su portador —explicó. Y una vez más la castaña imaginó ver sus labios entre las sombras dibujando una sonrisa—. El color rosa es para los de alma pura, y veo que no me equivoque en elegirte.
Aquella fe que le depositaba su rey se estaba convirtiendo en una pesada carga, no deseaba fallarle en lo que le fuese a solicitar. Sujetó con fuerza el prisma con la esfera rosada, se quería armar de valor ante su primera misión.
—Mi rey, ¿Que es lo que nos solicitará que hagamos?
Michael se hizo presente en la sala con su pregunta, el joven lucia extasiado por lo que ocurría y se notaba en su voz y apresurada pregunta.
—Su misión es de alto secretismo —el rey se les aproximó—. Nadie debe saber lo que les encomendare en esta sala, ni nuestros propios familiares y colegas.
Los soñadores movieron la cabeza de manera que comprendían la importancia de lo que les encomendaría su rey.
—Ustedes dirán que son embajadores de Onerios, no los deberán sacar de eso, ¿entienden?
—Sí, mi rey —respondieron al unisonó los jóvenes.
Morfeo se les quedó observando por unos minutos donde el silencio solo se vio irrumpido por la respiración algo agitada de los soñadores. El rey lucia diferente su postura era erguida con sus manos entrelazadas, verlo así ocasionaba que el ambiente se sintiera denso.
La castaña se sintió de nuevo en aquel sueño donde todo se tornó cerrado y alterado. Lo que fuese que su rey tuviera en mente era algo importante que le transmitía su preocupación.
—Su encomienda es viajar por los Feudos en busca de los nueve recuerdos de cristal —la castaña y el rubio abrieron sus ojos impactados—. El destino de Fabula depende de su éxito. No nos fallen.
Estoy de vuelta con un nuevo capitulo, me alegra que el tiempo me favoreciera para poder traer el segundo capitulo y que se vaya viendo de que va la historia. Ojala que la estén disfrutando tanto como yo al escribirla.
El siguiente capitulo si se hará esperar por lo que si te gusta mi historia espero no pierdas la paciencia y sigas el fic. Nos leemos en la siguiente y saludos a todos los que me leen n.n
Sin más por decir
Au Revoir.
