Future Fish.
Capítulo 05. Teléfono.
Con la espalda destrozada y marcadas bolsas bajo los ojos, Rin se sentó en el mismo sillón –Maldito, desgraciado sillón- en el que hubo dormido las ultimas cuatro noches. Frente a él, dispuestas de manera ordenada, inventariaba las pertenencias de Nitori.
No había mucho que contar, de todas formas, y en conjunto no acaparaban siquiera todo el espacio de su pequeña mesilla de café.
Una cartera vieja y arruinada por la lluvia, papeles sin importancia a los que el agua había borrado ya toda inscripción, un carné de biblioteca por única identificación, un cambió de ropa propio, una moneda de cien yenes y ocho de diez y una pequeña caja llena de ropa australiana. Agregó también a la mesa los tickets de las compras de los últimos días.
Hasta el momento, Nitori le había supuesto un gasto de cosas básicas que añadió a la lista, aún si no estaban apoyadas sobre la mesa. Artículos tan simples como necesarios. Anexó entonces al pobre inventario los dos 3-pack de ropa interior, el de calcetines y el de playeras de algodón, el cepillo de dientes, el desodorante, un peine, un estropajo y un paquete de rastrillos económicos. Colocó también sobre la mesa las facturas del juego de llaves y las medicinas que había tenido que comprar para aliviar su fiebre.
Masajeó el puente de su nariz. Cómo lo había previsto, cuidar de una persona era una tarea pesada y también costosa.
Nitori había comenzado mal su cuento en la ciudad y su panorama no era para nada alentador. No tenía ni una semana en Iwatobi y ya debía dinero. Aparte estaban las vicisitudes por venir.
Rin sabía muy bien, de primera mano, que aún si el muchacho quisiera vivir por su cuenta, le llevaría meses ahorrar para alquilar un departamento más o menos decente. En el caso más desesperado siempre se podría optar por uno de esos pequeños apartamentos 1K en los que una sola persona puedía vivir con apenas los necesario, sin contar ningún servicio.
Subsistir por cuenta propia no era una tarea sencilla, por muy trabajadora que fuera la persona. Empezar una vida en solitario requería de un sin numero de factores que no podían tomarse a la ligera.
Suspiró un tanto frustrado tomando del librero más cercano su cuaderno de gastos mensuales.
Sousuke muchas veces le había acusado de tacaño. Haruka también había llegado a hacerle ciertas burlas con lo referente a su, casi obsesiva, observación hacia sus propios gastos e incluso sus compañeros en la universidad solían tomar a mal aquella forma en la que el pelirrojo manejaba sus finanzas. Rin aún recordaba un episodio en sus años de escuela en el que habían dejado de invitarle a cualquier evento que se organizase, alegando que era un gasto de dinero que probablemente él no querría hacer.
Él no veía nada de malo en ser ahorrativo y poner los pies sobre la tierra. Llevar un control de sus gastos era una manera sana de mantener el control sobre su propia vida.
Huérfano de padre desde pequeño, había aprendido de su madre la importancia de llevar nota de su consumo a muy temprana edad. Al planear su viaje a Australia para hacer su sueño realidad, ella le había dejado en claro que habría que hacer algunos sacrificios. En su momento le había odiado, mas ahora le agradecía su formación y entendía su posición. Viuda y con dos hijos pequeños, era importante cuidar de la pensión que recibía cada mes por el deceso de su esposo.
Esa tan valiosa procesión que le hubo dado su madre le había servido desde entonces en la vida. En Australia le sacó de muchos apuros y aún si había dejado de ser invitado por un tiempo a los eventos sociales durante la universidad y haber sido burlado por su tiránica forma de llevar sus gastos; jamás tuvo que preocuparse por dinero ni por pedir prestado al quedarse corto al final de mes. Al contrario, muchas veces no faltaba quien se tragara sus palabras tocando a su puerta para pedirle un préstamo.
Tampoco se trataba de que fuera un miserable.
Cualquiera que lo viera sin conocerle, no imaginaría lo cuidadoso que era con su dinero. Después de todo a Rin le gustaba vivir bien. Echarle un vistazo a su apariencia confirmaba a primera instancia ese acto irrefutable. La gracia estaba en saber comprar y, volviendo al punto inicial, llevar un control de gastos.
Por ello, habiendo acabado las cuentas y planeado un plan de acción, colocó un block de hojas blancas de papel sobre la mesa y sacó un bolígrafo negro de su escritorio; luego llamó a Nitori con un grito.
El muchacho salió de su habitación tambaleándose mucho menos de lo que estuvo haciendo los pasados cuatro días, cuando había intentado ayudarle al menos en la limpieza de la casa como compensación a su hospitalidad. Cabía decir que cuando estuvo a nada de romper un plato, el oficial de policía, usando su tono más autoritario, le mando de nuevo a descansar.
Matsuoka miró la desgarbada figura de su invitado mientras se sentaba a su lado. Apestaba un poco y por ello habría que meter la sabanas a lavar, el cabello estaba enmarañado y aunque había dormido la mayor parte del tiempo esos días, en sus ojos se podía ver el cansancio común de la enfermedad. Una ligera barba platinada le crecía por la mandíbula y el asomo de pequeños pelillos saliendo a dispar sobre su labios le hacían ver como un patio mal podado. Le recordaba a sí mismo cuando pasaba apenas por la pubertad.
Aiichiro miró sus cosas en la mesa de café y le miró expectante a sacar el tema de lo qué probablemente quería hablar. Pocas cosas se podían deducir con sus pertenencias esparcidas cuidadosamente delante de él. Una de ellas, la más probable, es que le pidiera que se fuera de su casa ahora que se encontraba con salud. Niotri no iba a refutar a eso. Comenzaba ya a sentirse incomodo por su hospitalidad sin tener manera de corresponderle. Claro estaba el hecho de que no tenía a donde ir, pero ya encontraría la manera de arreglárselas.
–Nitori – comenzó, habiendo ordenado un poco sus ideas, quería ser lo más claro posible –, la situación en la que te encuentras no es para nada favorable. Sé que no tienes muchas opciones. – Aiichiro levantó una ceja que se perdió bajo su enmarañado fleco. Llevaba al menos tres días sin bañarse por recomendación medica, y los paños de agua fría había entiesado el cabello de su frente. Todo él daba un aspecto deplorable, desde su apariencia hasta su situación.
–Si va echarme, hágalo, Matsuoka-San. No se preocupe, ya me las arreglaré. Usted ha sido muy bueno conmigo. La verdad jamás podría pagarle lo que ha hecho por mí.
–De hecho, lo harás – Rin le mostró los tickets en la mesa –. Pagarás cada yen que he gastado en ti. Para ser exactos, me debes ya ¥ 9, 135.30 yenes, sin contar el gas, la luz y el agua que haz utilizado estos últimos cuatro días, debo esperar a que lleguen las facturas de los servicios para ver cuanto se han elevado al consumo normal. Por el momento no añadiré a tu cuenta los parches de Solanpas que he tenido que utilizar estos días durmiendo en el sillón. Por la comida no te preocupes, es de la que me había dando mi madre, así que no he tenido que gastar nada en ella.
El muchacho escuchó con cuidado mirando los papeles que su anfitrión le tendía. Revisó primero la compra de la farmacia en la que demostraba no haber gastado poco en los medicamentos que había ingerido esos últimos días.
–Le pagaré hasta el ultimo yen, Matsuoka-San. Sólo permítame encontrar un empleo.
–Realmente espero que me pagues, Nitori. Aunque no estoy seguro que puedas encontrar algo sin documentación.
–Llamaré a mis padres para que tramiten los documentos que se puedan, Matsuoka-San. Mientras tanto, puedo ver si encuentro trabajo en el puerto o como jardinero. Pintaré cercas si es necesario.
El agente de policía sonrió para sí, viendo que el muchacho había pasado ya la primera prueba a la que lo estaba sometiendo. Había demostrado ser una persona trabajadora, cualidad que él apreciaba mucho. También demostraba que realmente no había escapado de casa. Si estaba dispuesto a llamar a sus padres y pedir copia de sus papeles, era porque había llegado a la ciudad con el consentimiento de éstos.
–Hagamos entonces un trato –propuso –. Me pagaras todo lo que me debes y puedo darte asilo aquí, al menos por un tiempo, hasta que encuentres algo mejor o decidas quedarte, si lo prefieres. Tengo aquí las facturas de los servicios que pago cada mes. Mi cuenta siempre es constante, así que lo único que tienes que hacer será pagar la diferencia dependiendo de cuanto se eleve el costo del servicio –Nitori parpadeó sorprendido. No pudo evitar sentir también un poco de desconfianza.
–Entonces permítame salir mañana mismo en busca de un empleo. No quiero volver hasta encontrarlo.
La mano de pelirrojo se asentó en su mugriento cabello y lo desordenó aún más. Cuando le soltó, no pudo evitar tallar la palma en su propia camisa en un ademán de limpiarla. Pudo haber tenido un poco más de tacto, pero la sutileza a veces no era lo suyo. Ya entrado en confianza, extendió los brazos en el respaldo del sillón mientras se apoyaba en este y subía un pie sobre el acolchado del asiento.
–He tenido que mover un poco mis influencias, pero te he conseguido un buen empleo en el que puedes comenzar –Mencionó dándose aires de grandeza para que el otro se mostrara más agradecido–. No es la gran cosa, pero es algo. He hablado con el dueño para poner en claro que no tienes documentación por ahora. Es una restaurante cerca de aquí, por lo que no necesitaras gastar en pasajes. Enfócate en pagarme lo que me debes, aportar para los servicios que ocupes y hacerte de tus propias cosas. Eso si, la despensa la pagaremos entre los dos.
Una mano se extendió frente al más pequeño y antes de decidirse a estrecharla, le miró de manera recelada. Todo era demasiado bueno como para creerlo de verdad. Por muy caritativo que fuera el policía, nadie te ofrecía tanto de la nada. O él estaba pagando un buen karma positivo, o su anfitrión tramaba algo entre manos. Debía irse con cuidado si no quería amanecer en una tina llena de hielo sin un riñón o despertar al otro lado del mundo tras el escaparate de alguno de esos barrios rosas del placer, victima de la trata de personas.
Esa desconfianza le causaron gracia a Rin. Él, en su lugar, también desconfiaría. La verdad es que había visto también otras opciones y ésta era una que le convenía a ambos.
Había hablado con el teniente apenas le hubo visto, y él había estado de acuerdo de buscar una manera de ayudarle para enmendar las acciones de su pequeño hermano. Más su subordinado se había negado ente tal acción. Momotaro debía purgar sus propias culpas, de lo contrario jamás aprendería. Seijouro también había mostrado su apoyo para con el muchacho y darle cobijo en su propia casa, pero estaba el inconveniente de que los Mikoshiba era una familia sumamente unida, por lo qué, a pesar de su edad, todos seguían viviendo en la misma morada. No cabía duda de que el muchacho sería bien recibido, pero no dudaba que en poco tiempo se sentiría incomodo y atosigado, conociendo el carácter de cada uno de los miembros de ese hogar.
–Supongo que estás pensando si hay algún motivo oculto en mis hospitalidad – El comentario puso rojo el pálido rostro del pueblerino –, y la verdad es que sí. Estoy obrando a tu favor por dos razones especificas – Nitori rascó su rasposa mejilla –. Hace algunos años yo fui al estudiar al extranjero y todo era nuevo y extraño para mí. Un idioma diferente en una tierra donde no conocía a nadie. Era algo sumamente aterrador. Pero conté con gente que me ayudó y a los que ahora les agradezco mucho. –Su vista viajó de manera involuntaria a uno de los pocos portarretratos que se encontraban en la estancia, proporcionados por Gou. Gente de grandes ojos verdes y facciones regordetas le palmeaban la espalda mientras su él mismo, con unos años menos, cargaba a un perro igual de regordete – . Ahora bien, si no crees que lo hago de manera desinteresada, déjame decirte que tienes razón. Te daré un techo sin pedirte ningún clase de alquiler, con una condición pequeña –La mirada cristalina del ojiazul le instó a continuar – : Necesito que cuides de mi hermana. No será gran cosa. He hablado con mi amigo sobre tus horarios de trabajo, por lo que a las once de la mañana te dejará salir para que recojas a Gou en la casa de mi madre y la escoltes hacia su trabajo. De ahí retornaras al restaurante y terminaras tu jornada laboral a tiempo para tener un espacio libre e ir por mi hermana para llevarla de vuelta a casa. No tienes que hacer mucho. Sólo mantener a raya a Momo... y ocasionalmente al teniente. Entonces ¿Es un trato? – El hombre extendió su mano nuevamente.
Un techo con todos los servicios, además de contar de manera inmediata con cosas importantes que de otro modo le tomaría tiempo conseguir; ya lo tenía lo suficientemente difícil con hacerse de sus propios vasos y platos ¡Ni qué decir de una estufa, un refrigerador o una lavadora!Además de un trabajo y un sueldo estables ¡sólo por escoltar a una agradable chica y apaciguar las inseguridades de un hermano sobreprotector!No sonaba para nada mal.
–De acuerdo – el chico la estrechó de vuelta, mirando lo limpias que tenía las uñas el de cabello borgoña.
Rin dio un aplauso que resonó por todo el departamento, ahora más animado que hacía un momento. Todo eso estaba fuera de los planes que alguna vez tuvo para sí o de la manera en que imaginó que alguna vez terminaría viviendo con alguien, pero ya no había nada que pudiera hacer para retractarse, salvo poner en orden las cosas para que nada volviera a salirse de control. Por ello tomó el block de hojas blancas y la pluma y escribió en el encabezado de la pagina con una letra muy grande "Tratado de Convivencia".
Haruka estaba con Makoto en el momento en que recibió la llamada de Matsuoka.
Había pensado no contestar en cuanto el aparato comenzó a vibrar dentro del bolsillo de su pantalón, además de que se sentía, en cierta forma, bien. Había sido casualidad, claro estaba. Siempre ponía el aparto en modo silencioso porque le parecía molesto tener que contestar y dejaba que zumbara hasta que colgaran al otro lado de la línea. Si era importante volverían a llamar. Esta vez, ese zumbido contra su muslo y el profundo beso que Makoto le daba en ese instante le hicieron ver estrellas. Gimió de manera involuntaria, y ahora sí, sin ganas de contestar, dejó el celular vibrar hasta que hubieron colgado. Mejor para él y el asunto entre sus pantalones.
Makoto le acarició la espalda y deslizó las manos por sus costados sin romper la conexión. Quería todo de Haruka, y retirar la camisa era el primer paso para llegar a su piel. Tiró de la prenda que se desfajó de sus pantalones, dejándole sentir la totalidad de su cintura. El cocinero respingó. Las manos callosas del bombero raspando la desnudez de su abdomen y esas vibraciones cerca del muslo interno le estaban haciendo perder la razón. La lengua resbalando junto con la suya, danzando dentro de su boca le estaban quitando el aliento.
El celular tembló por tercera vez y aunque no quiso, la insistencia del llamado le hizo pensar que tal vez fuera importante.
Lo sacó de su bolcillo, sin dejar de besar a Makoto ni soltarle la nuca, lo levantó por sobre la cabeza del otro y abrió los ojos para ver la pantalla. Su ceja se enarcó mientras el beso comenzaba a tornarse soso y vulgar. De hecho, estando distraído era como si sólo se chupasen la boca. Intentó guardar el celular entes de que su amigo se diera cuenta, mas Tachibana se separó de repente, captando sospechosa la actitud de Nanase.
–¿Qué pasa? –rompió finalmente lo que quedaba del moribundo beso –¿Por qué intentas guardar el celular? ¿Quién te llama a esta hora?.
Haruka suspiró frustrado en sus adentros, sintiendo como la erección que tenía mermaba tan rápido como su paciencia. Por un momento pensó en contestarle de mala gana al castaño, pero desechó la idea en cuanto cayó en cuenta de que eso probablemente le traería más pleitos innecesarios. Y si había algo que realmente odiaba, era lo innecesario.
–Es Rin.
Makoto le miró con la boca torcida, haciendo sin éxito su mejor cara de ingenuidad.
–¿Rin siempre te llama a estas horas? – "¿Cuando yo ya no estoy? ¿Cuando sabe que estás solo?" quizo preguntar, pero se lo tragó en pos de su propósito. La sonrisa amable que esbozaba le pareció un completo acto de mezquindad al pelinegro –. ¿Qué es lo que quiere?
Nanase exhaló antes de contestar.
–¿Cómo voy a saberlo? Es la primera vez que me llama a esta hora.
El bombero no se mostró muy convencido así que abrazó a Haruka a quien, al bajar la guardia, le quitó el celular.
El aparato no tenía contraseña de bloqueo, por lo que pudo ingresar al sistema de manera fácil. Revisó la bandeja de entrada del correo buscando mensajes antiguos, pero ninguno era de Rin. De ahí se pasó al registro de llamadas, donde fuera de las últimas tres perdidas, no había nada más del remitente de dientes afilados. Todas las demás o eran suyas o de sus padres o de los que sabía eran proveedores del restaurante.
Esa actitud le molestó al chef. Si bien no tenía nada que esconder, tampoco le gustaba que Makoto hiciera eso. Era una forma de control que le desagradaba. Eso sólo demostraba que su Mako-Chan no sólo no confiaba en sí mismo, sino que tampoco confiaba en él.
Tachibana sintió la mirada de ojos entrecerrados, por lo que sacó del bolsillo su propio celular y lo extendió hacia él.
– Puedes revisar el mío si quieres.
El otro frunció el ceño al tiempo que cerraba los ojos con expresión fastidiada y apretaba la parte del puente de su nariz que se unía a las cejas con su índice y su pulgar.
–Makoto, no es el caso.
–Sé que crees que tengo desconfianza, pero sólo es curiosidad, Haru. Anda, toma, revisa el mío.
Sin animo de discutir, cedió ante la insistencia y tomó el celular. Al oprimir el botón para despertar al aparato, éste le mostró que por pantalla de bloqueo tenía una fotografía de él frente a su propio restaurante dándole de comer a los gatos callejeros que se aglomeraban en su local muy temprano por la mañana. Fotografía de la que siquiera estaba enterado que había sido tomada.
–Todo el mundo sabe que adoro los gatos. Así que cualquiera que vea esa fotografía pensará que la tome por ellos, lo cual es en parte cierto.
Quien torció la boca ahora fue Haruka. Con sinceridad, aún si todavía no subían de peldaño de manera oficial en la escala de amigos, a él no le preocupaba tanto lo que creyera la gente de ellos.
Dejando eso de lado, miró de nuevo la pantalla del celular. Este le pedía la contraseña táctil, que sin esfuerzo delineó entre los puntos la letra "H"; en el antiguo celular de Makoto, uno un poco más austero que aún contaba con botones, la clave de ingreso era "0630". La fecha de su propio cumpleaños. Había sido ahí cuando comenzó a sospechar que los sentimientos de su amigo para con él transitaban en la misma dirección que los que tenía él para con el bombero.
Esta vez el fondo de pantalla del celular era una selfie de sí mismo con Makoto en el último día libre que habían pasado juntos en una de las lagunas de Iwatobi. Debía admitir que su amigo lucia muy bien ahí.
Bloqueó el celular y se lo entregó de nuevo, sin haber revisado nada.
Por su parte, Makoto había estado curioseando en su aparato y seleccionaba unos comandos cuando éste volvió a recibir una llamada. La fotografía de un desgarbado Rin despeinado y ojeroso comiendo una hamburguesa en su restaurante ocupó la pantalla. Debajo, la petición de deslizar el dedo de un lado o al otro, le pedían tomar o ignorar la llamada.
–¿De cuando es esta foto? –preguntó el más alto, sin atender al teléfono.
–Tiene ya un tiempo. Creo que esa vez había tenido doble guardia y un par de redadas en el puerto – El ojiazul se encogió de hombros para restarle importancia –. Contesta por favor.
El castaño así lo hizo. Luego de dar las buenas noches, le extendió el celular a Nanase.
–Para ti – Haruka evitó el gesto de rodar los ojos. Si le marcaban a su celular, era obvio para quien era la llamada.
–Dime – pidió en la línea, ignorando que Makoto se había acercando más a él, intentando ser discreto. –No te incumbe…Muy bien, lo esperaré…Temprano, a la hora de abrir…– su mirada se centró en su acompañante –…le diré, buenas noches.
La llamada había sido rápida.
Makoto ladeó la cabeza, incitándolo a hablar.
– Preguntó qué que hacías con mi celular. También me pidió que te despidiera –El hombre pasó eso por alto, mirándole de manera inquisitiva, Haru entendió que tenía que decirle lo demás –. Me dijo que el chico que me enviará para ayúdame ya está curado y listo para trabajar. Empieza mañana. Estará conmigo casi todo el día, salvo cuando tenga que escoltar a Gou. Pero eso ya te lo había contado.
Haruka sintió como Makoto se le iba encima, más aliviado. Intentó retornar entonces lo que habían dejado pendiente antes de que el celular vibrara la primera vez, mas el cocinero se negó.
–Es tarde, Makoto. Perderás el último tren.
Un refunfuño se extendió por el living como un aire vicioso, pesado.
–Entonces es mejor que me quede aquí esta noche. –aventuró. Haruka negó con la cabeza.
–Te toca guardia mañana muy temprano y yo también tengo cosas que hacer. De cualquier forma, no creo que tuvieras pensado dormir si te quedabas aquí.
El bombero se levantó entonces, liberándolo de su peso. Cuando estuvo en pie, caminó a la puerta con los hombros decaídos. A Haruka le dio lástima verlo así, por lo que intentó contentarlo.
–Pásate mañana en tu hora libre. –Makoto, nada tonto, entendió que al siguiente día le mimarían con un buen platillo. Ya en el gekan se puso los zapatos y el pelinegro aprovechó que el desnivel del suelo los había puesto a la misma altura, para robarle un beso de consuelo. Tachibana aprovechó el beso para teclear de manera presta el numero telefónico de su amigo, que estaba guardado en el inicio rápido de su propio celular. El agradable vibrar del aparato contra su pierna le hizo soltar a Nanase un gemido. Lo sacó rápidamente pensando que probablemente Rin había olvidando decirle algo. En lugar de eso, una fotografía de un sudado Makoto con nada más que la parte baja de su uniforme de bombero y una ennegrecida playera blanca que se le ceñía al cuerpo, se quitaba el tizne del cachete con el dorso de su mano. Esa foto se la había enviado Nagisa de una de las tantas veces en las que Makoto había acudido a sofocar un incendio que su esposo había iniciado en casa.
Entrecerró los ojos mostrando sólo una rendija azul y brillante ante la treta para saber qué fotografía tenía asignada como contacto. El otro sonrió de manera tierna y le besó de nuevo, pero de manera casta. Se fue dándole las buenas noches. Haru no cerró la puerta hasta ver la formada espalda de su antiguo compañero de escuela perderse del todo escaleras abajo.
Oprimió un botón del celular y la luz brillante en la oscuridad de la entrada le deslumbró con una foto de Makoto en la pantalla de bloqueo que él no había puesto. Al desbloquear el aparato, la imagen de inicio le mostraba otra más del bombero en una buena pose, debajo de los iconos de sus aplicaciones. Frunció el ceño bastante molesto. Intentar poner el fondo azul que el aparato manejaba por default le llevaría fácilmente toda la noche y estaba cansado para eso.
Le dejaría estar por esa vez, pero la idea de aprender a bloquear el celular le bailó en la cabeza hasta que se hubo metido a la cama.
Rin arrugó la nariz una vez que hubo colgado el teléfono, olvidando lo molesto que estaba por no haber sido atendido las primeras tres veces. Si Haruka nunca contestaba a su celular, no entendía siquiera la razón por la que hubiera comprado uno.
Dejó eso de lado y se dirigió a Nitori, quien sentado a su izquierda, esperaba a que terminara la llamada para poder concretar el contrato de alojamiento que estaban realizando.
Repasó las reglas con la vista. No eran tantas pero era especificas. Matsuoka le arrebató el block de hojas para pasear su ardiente mirada por el papel.
–¿A quedado todo claro? ¿Necesitas alguna explicación? – La cabeza platinada se movió en negativa– ¿Seguro? ¿Nada sobre la división de los gastos y los quehaceres?
–Todo claro.
–¿Qué me dices sobre traer chicas al departamento?.
–Absolutamente prohibido. Ni mujeres ni mascotas.
El pelirrojo sonrió de lado antes de revolverle los cabellos por enésima vez.
– Bien, entonces firma aquí – Hecho con puño y letra de ambos, el acuerdo les había tomado varias hojas. Rin, quien había sido el primero en firmar al final del mismo, ahora le extendía la pluma a su inquilino.
Escribió su nombre junto al de Matsuoka. Este se mostró complacido y le extendió la mano nuevamente para estrecharla. Le extendió entonces una bolsa de plástico con las prendas interiores, el cepillo de dientes, el desodorante, el estropajo, el peine y los rastrillos.
–Es mejor que te des un baño. Sinceramente, apestas –Aiichiro se lo hubiera tomado a mal si no fuera verdad. Así que agarró las cosas, sus cosas y se dirigió al baño – Y tal vez debas dejarte la barba, eso podría ayudarte a parecer un adulto.
Y ahí estaba otra vez ese hombre con sus comentarios mal sanos. Nitori se recordó que, nuevamente, no era bueno bajar la guardia. De todas formas, terminó responder bien a su comentario. Siendo terriblemente franco.
–¡Oh! Lo he intentado, señor. Pero ésta me tarda en crecer y al hacerlo me hace parecer un niño con algún problema hormonal – Se rascó la nuca avergonzado como un habito que comenzaba a aprender del otro –. En mi pueblo a veces eran un poco crueles y me decían que era como un Papá Noel de la colección navideña de Precious Moments.
Al policía no le sonaba para nada la referencia, pero le sonó graciosa su mala pronunciación.
–¿Precious Moments? –preguntó con una excelente dicción. Al muchacho se le azoraron las mejillas.
– Esos muñequitos de porcelana que conservan todas las ancianas. Los que tiene mejillas gordas y rozadas y que no importa que estén haciendo la cosa más divertida del mundo, siempre tienen una mirada jodidamente triste.
El pelirrojo se rió de buena gana, tanto, que después temió haber molestado a algún vecino o también, hacer sentir mal a su invitado. Mas cuando centró su mirada borrosa por las lagrimas de buen humor que se le habían aglomerado en los ojos, notó que éste también reía.
Cuando finalmente dejó de reír, se dirigió a su habitación para arrancar las sabanas de la cama y poner un juego limpio, entró al baño para ponerlas a lavar junto con la ropa que Nitori hubo dejado en el cesto de ropa sucia –escuchándolo silbar mientras la figura al otro lado del cristal se lavaba la cabeza- y volvió a la sala para acomodar los cojines del sillón el que dormiría por última vez. Preparándose psicológicamente para otra noche más de mal dormir, a su mente vino una idea que le golpeó con una sonrisa. Retornando a su habitación, buscó en su cómoda uno de los pocos recuerdos que había traído de Australia y que nunca le regaló a nadie.
Pasado un cuarto de hora más, el chico salió del cuarto de baño en un short deportivo y una playera blanca que ostentaba el retrato de un hombre rubio y bronceado de barbilla partida, vistiendo un extraño chaleco de cuero, sombrero negro, una gargantilla con tres colmillo amarillos, un brazalete en el codo y un ostentoso cuchillo dentado colgando del cinturón; con ambas manos sostenía a un cocodrilo por las fauces con los labios ostentando una sonrisa matadoramente seductora. Sobre sus hombros descansaba la toalla con la que había estado secando su cabello. Su rostro estaba terso otra vez.
Rin hizo su mejor intento por no reírse de nuevo.
–Te concedo la cama por última vez. Te recomiendo que la disfrutes – El inquilino inclinó la mitad de su cuerpo en un sentido gesto de agradecimiento, gritando un Hai que casi dejó sordo al agente de la ley. Finalmente, cuando se retiraba hacia el cuarto, su anfitrión volvió a llamar su atención –. ¡Oi, Nitori! – el aludido giró la cabeza y justo cachó en el aire algo que Matsuoka le arrojaba desde el sillón. En el aire había alcanzado a escuchar un tintineo metálico que una vez en su mano, constató que era un juego de llaves con una preciosa figura de plomo de un patito blanco de pico y patas amarillas por llavero. Cuando volteó a ver al pelirrojo, este había apagado las luces y se encontraba de acostado en el sillón, con una cojín sobre su cabeza, dándole la espalda.
Sonrió con un extraño escozor en el pecho durante todo el trayecto del pasillo y la sonrisa permaneció ahí hasta que se hubo quedado dormido. De hecho, ésta siguió ahí toda la noche y continuó aún al día siguiente, cuando despertó.
つづく
Pido disculpas por la tardanza. A decir verdad, mi computadora está muerta y el técnico, que muy amablemente la está reparando, no me la ha entregado ¡Una no puede quejarse cuando te ayudan gratis! En fin, si debo confesar algo, es que a pesar de tener todo esto ya un poco adelantado, suelo salirme mucho del guion, por eso tarde también en traspasar esto. Mi vecina muy amablemente me ha prestado su computadora (pero es una Mac, cosa completamente nueva para mí respecto a los procesadores de texto). Así que básicamente este capítulo es gracias a ella. Si me lees (y sé que lo harás), muchas gracias. Tus encargos de otros fandoms también están avanzando satisfactoriamente .
Intentaré no alargarme con la nota:
1.- Lamento haberme alargado tanto en el tema de Rin y sus finanzas. La verdad, yo admiro mucho a la señora Matsuoka, por lo que supongo que inconscientemente la meteré mucho en esta historia. Para mí es admirable que haya encontrado la forma de criar a dos hijos sola y además haberle costeado un viaje a de cuatro años a Rin. La verdad fui al super mercado, investigué precios y luego de hacer la cuenta, lo convertí a yenes. Ya saben, una que no tiene nada que hacer.
2.- Pido disculpas por el giro que le estoy dando a Makoto. Se arreglaran las cosas, supongo. Vamos, es Mamakoto.
4.- Nagisa aparecerá pronto. La historia está tomando forma, no se desesperen, por favor.
5.-Los muñecos de Precious Moments son mercadotecnia fuerte que no entiendo ni porqué existe. En fin, mi abuela los colecciona e incluso hay hasta biblias ilustradas con ellas. En lo particular, un niño con barba de Matusalem mirando tristemente un arcoíris es algo que no tiene lógica. Disculpas a quien sí guste de estos niños de ojos melancólicos.
6.- Así es, son Russell y Lorie en la fotografía.
7.- Sobre Cocodrile Dundee. Hago referencia a esa película australiana porque recuerdo haber visto esa película y la secuela un montón de veces. El filme se estrenó dos días antes de mi nacimiento y te hablan de las aventuras de un personaje que es apodado así. Recuerdo que era de humor y que la mercadotecnia de la película estuvo fuerte en su tiempo. Hoy por hoy, es otro de los símbolos de Australia.
8.-Alguien me preguntó por ahí si este fic tendría "Acción", pero no acción, acción, sino "Acción, Acción". La respuesta es SI. Pero para la "Acción, Acción" Rintori aún falta bastante, lo que si está a la vuelta de la esquina será la "Acción, Acción" Makoharu. Así que pediré discreción cuando eso llegue.
Creo que no tengo más que decir, sólo pedirles un favor. A veces termino esto tan tarde que mi capacidad intelectual no da suficiente para la edición y suelo subirlo con algunos errores. Si encuentran uno por ahí, les agradecería que me lo dijeran, eso me ayuda a mejorar.
Agradezco a quienes me dejan comentarios o a quien me ha agregado a su favoritos, también a los que le han dado al botoncito de Follow. Espero no demorarme tanto de nuevo ahora que tengo como seguir adelante.
Muchos Besos y abrazos a todos.
