Future Fish.
Capítulo 06. Escape.
Sin apenas el sol se hubo asomado por el horizonte, Rin ya estaba fuera de la cama, o en su caso, del sillón. Nitori, ya recuperado, se había levantado también muy temprano esa mañana. Su reloj biológico había sido atrofiado mientras la fiebre estuvo alta, pero ahora era tan exacto como cuando vivía en su lejana comunidad.
Ese día mientras caminaba hacia el baño, alcanzó a ver al policía sentado en el gekan atándose las zapaillas deportivas con todo un atuendo que le hacía juego. La vista, reconoció era agradable. Rin debía tener a la mitad de las mujeres de la ciudad de cabeza, si no es que a todas.
—¡Oi! — De no haber sido llamado, Nitori jamás se hubiera dado cuenta de que se había quedado parado ahí, mirándole — ¿Dormiste bien? Madrugaste ¿Hay algún problema?
Nitori meneó de un lado a otro su melena platina en un gesto negativo, un tanto colorado por haber sido descubierto.
—Los de provincia solemos madrugar casi por instinto. A esta hora usualmente ya estaba de pie rumbo a hacer algunos de mis quehaceres. Nosotros solemos despertar al gallo por las mañanas. En una ocasión est-
Rin miró el reloj sobre la puerta y luego el de su muñeca, moviendo un pie de manera inquieta.
—Eso suena a una larga historia, Nitori — rascó su nuca luego de tallarse un brazo sobre el codo — , pero no quisiera ser grosero. Se me hace tarde para trotar ¿Te molesta si me cuentas otro día?
El flequillo gris se meneó nuevamente como se mueve la marea en una tormenta, negando enérgicamente.
—Para nada, Matsuoka-San. Y también buenos días.
El pelirrojo se rio de su invitado y de no haber sido por que ya se había amarrado los tenis, se habría acercado a él para revolverle los cabellos.
—¡Great! ¡Catch you later!
Le sonrió aún tomando el pomo de la puerta del baño. Ni siquiera le había mirado, distraído en colocarse los audífonos y encender el mp3 que tenía en el brazo. Cuando cerró la puerta tras de sí, él entró por fin al retrete, mortificado por no haber entendido ni una sola palabra de lo que Rin había dicho antes de irse.
Esa mañana se levantó mucho más temprano que de costumbre. Aunque furioso, para variar. Se había acostado casi de inmediato pensando en todo lo que tendría que enseñarle al nuevo muchacho y el sueño le hubo vencido ya un poco más tarde de lo planeado, cuando la vibración de un mensaje de Makoto le volvió a espabilar.
"Ya llegué a casa, Haru-Chan"
Entrecerró los ojos nada contento y colocó el celular a un lado, dispuesto a reanudad su tarea de intentar dormir, pero un nuevo mensaje le volvió a sacar del estupor del sueño.
"Mira de lo que te estás perdido, Haru-Chan :9"
No estaba seguro de lo que significaran esos dos punto y el numero nueve, pero debía ser una tontería. Makoto había adjuntado al mensaje una fotografía de sí mismo metido en la tina de su apartamento, tapando lo esencial con su propia rodilla flexionada, que aunque de tamaño considerable con su amigo dentro no parecía gran cosa. Y si no entendió la simbólica carita, menos aún la fotografía. Él mismo tenía una tina también, dispuesta a la hora que mejor le placiera. No se perdía de nada.
Arrojó el aparato bajo la almohada e intentó volver a dormir. Para cuando estuvo a punto de hacerlo, un ultimo mensaje vibró bajo su cabeza.
"Espero tengas dulces sueños y duermas plácidamente"
Pues bien, Tachibana mismo se había encargado de arruinar su propio deseo. Y aunque no había tenido exactamente una noche de perros, no se encontraba de buen humor.
Se desperezó, incapaz de permanecer en cama, se lavó los dientes para continuar con la rutina diaria. Se bañó, se peinó y dio de comer a los gatos que se aglomeraban en su jardín, siempre atraídos por el olor del verdel que su casa desprendía. Les puso nombres que luego olvidaría y los acarició para calmar su furia. Pasar la mano por sus lomos siempre le ayudaba a ponerse en otras perspectivas.
Pensó en Makoto una vez más y suspiró para olvidarlo, convenciéndose que entre más repasara la noche anterior, peor comenzaría su jornada. No valía la pena.
Mejor centrarse en lo que venía, que tampoco era cosa fácil. Usualmente él no tenía mucha paciencia para con la gente, salvo contados amigos y colegas. Siendo franco, le había costado trabajo congeniar con el antiguo barista, que, para terminar el teatro, se había ido también con el mesero convenciéndole de iniciar un negocio juntos.
Esa era la razón principal por la que había aceptado la repentina petición de Rin sobre ese muchacho que se hospedaba en su departamento.
—Si quiere que cuide de Gou, no puede ser de mal fiar — pensó, recordando lo celoso que era su amigo para con su hermana.
Tal vez él también podría abusar de esa buena voluntad y ofrecerle un sueldo doble si le ayudaba a meserear en el tiempo muerto.
La renuncia de los dos le había acarreado un problema serio a Haruka, refiriéndose a sus labores, sin sumar lo pesado que se estaba volviendo Makoto.
Él podría creer que no se daba cuenta, pero estaba seguro de haberle visto más de una vez deambulando cerca del local.
Espantó un insecto imaginario sacudiendo la mano sobre su cabeza para alejar de sí los pensamientos de Makoto. Debía concentrarse en su negocio y la falta de manos, no de los problemas que el bombero se creaba en la cabeza.
Cruzó el parque con las manos en los bolsillos. Estando ya cerca del restaurante, los gatos comenzaron a seguirle. Rin solía burlarle con eso. En su ultimo cumpleaños, de hecho, le había regalado una canasta llena de productos y lociones para el baño, además de un perfume de marca del cual el nombre no podría acordarse, pero cuyo le encababa el aroma. Muy Nice, muy Aqua. El regalo había sido muy caro, comenzando por el perfume. —Demasiado para ser una broma— le había dicho el Makoto al que aún no besaba — sobre todo para el tacaño de Rin.
Alejó de sí el pensamiento de Makoto, centrándose en que Rin le había insinuado su siempre presente olor a pescado. Mirar a los gatos acercándose a su paso, aunque incomodo, no le hizo sentirse enojado, sólo un poco insultado.
Suspiró aparentando el andar. Tenía sobras y viseras de el refrigerador de su local que le daría a los animales, como cada mañana.
Pensaba en eso cuando dobló la ultima área verde para llegar a su local y frente a él se encontró a un extraño muchachito de cabello cano recargado contra la pared junto a la puerta. No había más transeúntes y en verdad debía darle una extraña impresión con su estoica expresión y los la veintena de gatos bullendo alrededor, rodeándole las piernas. Cuando su semblante estuvo a punto de ponerse rojo, el otro le sonrió ampliamente con los ojos azules chispeando brillantemente mientras saludaba con la mano, como si todo fuera normal.
Sacó las llaves del pantalón, reverenció con la cabeza y con la misma le hizo la seña de pasar. El otro así lo hizo.
Lo primero que pensó Haruka en cuanto vio al chiquillo que le había enviado Matsuoka fue: —"Por favor, que alguien le de a éste chico un sándwich"— y mientras convenían el acuerdo laboral en la barra del restaurante, él mismo se lo preparó.
Tal como decía el acuerdo, a las once en punto de la mañana Nitori atravesaba la puerta del restaurante haciendo sonar la campanilla. Fuera, cruzando la calle, Rin le esperaba recargado contra un árbol del parque. De hecho, sin saberlo, el mismo que había trepado Makoto y en el cual se había quedado a espiar su conversación.
Levantó la mano para hacerse notar y a Aiichiro le llegó un aire que le heló el corazón. Sin ningún altercado de por medio y a plena luz del día, con el cabello atado en una pequeña cola, el oficial Matsuoka se veía realmente apuesto.
Se rió de sí mimo ante el pensamiento absurdo, concentrándose en devolver el saludo con la mano, haciéndose notar también. Por la mañana, un poco antes de salir del departamento hacia su nuevo trabajo, Rin regresó de su trote. Ese día le tocaba la guardia del medio día, así que tendría tiempo de dormir un poco antes de irse a trabajar. Apenas cruzó la puerta, su invitado le había pedido permiso para usar el teléfono de casa y marcar a sus padres. Debían estar vueltos locos sin saber de su hijo en una larga semana, así que le recordó que era libre de usar todo lo que hubiera en casa, en ese caso, prometiendo que pagaría el coste de la llamada en cuanto llegara el recibo.
Nitori llamó entonces a su pueblo y Rin tomó una ducha de agua fría. Un rato después, mientras se enjuagaba el cuerpo, el muchacho le gritaba una despedida fuera del baño y él le recordaba en vuelta la clave de entrada principal del edificio, agregando que pasaría por él a las once de la mañana para mostrarle el camino a su casa.
Y ahí estaba ahora, caminando a su lado rumbo a casa de su madre para ir por Gou.
—Grábate bien las calles — le pidió, rompiendo el hielo, mirando lo callado que estaba chico—, mientras mejor la sepas, más rápido llegaras. Si puedo, mi día de descanso te mostraré la ciudad o bien, si haces buenas migas con Gou puede que ella te ayude un poco. No está de mal que conozcas Iwatobi.
Para variar, el peliplata le sonrió como si resplandeciera de oro.
—¡Gracias, Matsuoka-San!
De alguna forma, le había puesto un entusiasmo excesivo a ese gracias que le hacía sentir un tanto incomodo. Algo así como un exaltación muy devota. Se rascó tras el cuello mirando a otro lado, visiblemente cohibido.
—Amm…—La voz le tembló en la garganta y sus labios se le contrajeron un momento —. ¿Cómo te fue en el restaurante? ¿Qué te ha parecido el trabajo? —aventuró sólo para hacer conversación mientras llegaban.
—¡Muy bien, Matsuoka-San! — Nuevamente exclamó emocionado de más — ¡Nanase-San incluso me preparó desayuno y me propuso pagarme el doble si le ayudaba también como mesero! Son más horas de trabajo, pero lo vale. Claro, aún tendré libre el tiempo para su encargo. Esa fue la condición. También me dará un uniforme y todo. Dijo que llamaría a alguien para hacerle arreglos a los que tiene en el stock de almacén. Como soy algo pequeño — hizo un puchero que le hizo ver aún más infantil de lo que ya se veía —. Me probé uno, pero la talla más chica era demasiado grande para mí. También me enseñó a usar la percoladora y la cafetera ¡Son gigantes! ¡Casi me quemo! Pero estoy bien. Además, no adivinará ¡Los gatos lo siguen! Es algo así como un amo de los felinos. Cuando esperaba a que llegara, vi a varios gatos salir de callejones y bajar de los árboles, lloraban como cuando tienen hambre, uno incluso pasó por mis pies. Se me hizo muy extraño y mire hacia donde se dirigían, y de pronto, de entre las jardineras salió Nanase-San ¡Rodeado de gatos! Apenas me despachó en la barra del restaurante, me llevó al callejón detrás del local y me pidió ayuda para alimentar a los gatos. Tiene un montón de sobras de pescado en un refrigerador, los gatos se me enredaban en las piernas ¿Alguna vez ha visto como hierve el agua? Se veía igual, como si hirvieran gatos a mi alrededor. Luego me preguntó si sabía hacer café, y yo le dije que en mi vida había usado una cafetera. En casa mi padre calienta agua en una olla con unas cucharadas de azúcar y algunas rajas de canela, y cuando hierve, le pone café, pero no del instantáneo, sino de grano, molido, porque así sabe mejor y más autentico. Una vez, cuando era pequeño, quise hacerlo, pero se me olvidó la canel-
Rin le miró con una sonrisa durante un buen rato, escuchando todo lo que decía ¡Vaya que hablaba ese muchacho! Y pensar que enfermo no soltaba una palabra.
—"Probablemente" —pensó erróneamente — ˝, está desquitando todo lo que no articuló en esos casi cinco días de convalecencia".
Jamás imaginó que así hablaba normalmente.
— Usualmente huele a pescado— le interrumpió, intentando que su acompañante tuviera un respiro —,básicamente es todo lo que Haru come.
Nitori detuvo su boca un momento, mirándole expectante. Sus labios temblaron por medio segundo. Esbozó una sonrisa intentando volver en sí, incomodo por algo que había escosado dentro de sí, sin saber ni el donde ni el porqué. El pelirrojo le miró con la cabeza ladeada. Volvió a hablar.
— Si no es mucha molestia que pregunte ¿Por qué me pide que escolte a su hermana, Matsuoka-San? Ella es linda ¿Qué pasa si soy yo quien quiere cortejarla?
A Rin casi le dan ganas de reír cuando escuchó la palabra "cortejar" ¿ese vocablo se usaba aún en el Siglo XXI?
— ¿Cortejar?¿Quién eres? ¿Fitzwilliam Darcy?
Nitori no encontró el chiste en esa interrogación. Lo que sí pudo notar, fue el perfecto acento con el que pronunció ese nombre tan complicado. Sabía de qué hablaba por la mención de "Darcy", personaje importante de la novela de Jane Austen, del cual nunca había podido pronunciar al leerse la novela, empero había escuchado la manera correcta de articularlo, dada la cantidad de veces que hubo visto la película con su madre. Pero jamás espero encontrar a un japonés que pudiera pronunciarlo ¡Ni qué decir del Fitzwilliam!
—¿Qué tiene de malo que diga cortejar? ¡E igual, sería un honor ser como Mr. "Darushi"!
En ese momento al policía claramente se le salió la carcajada. El muchacho se encogió de hombros completamente rojo, intentando esconder la cara entre el cuello de su camisa tipo polo color azul. Matsuoka le revolvió los cabellos divirtiéndose a su costa.
— Dejando tu pronunciación de mierda a un lado — le palmeó la espalda para que sacara el rostro de su camisa —, me siento seguro de que cuides de Gou, porque no eres para nada de su tipo. Además de que te ves un poco…bueno, no eres exactamente lo varonil que uno esperaría de alguien que viene del campo.
Nitori infló los mofletes con las mejillas bastante arreboladas.
—¡Eso es cruel, Matsuoka-San! ¡Sepa que me parezco a mi madre y que eso no tiene nada de malo!
Rin se sintió culpable al ver lo ofendido que estaba Aiichiro. Volvió a palmearle la espalda intentando resanar lo irreparable.
—Y estoy seguro que tu madre debe ser muy hermosa entonces — su comentario, como era de esperarse, fuera de alagarle, no fue bien recibido.
—¿Qué insinúa usted con eso? Lo hace sonar como si yo fuera, de alguna forma…linda. Fíjese bien. Soy varón.
El policía se mordió el labio inferior. Decidiendo no hablar más. Dijera lo que dijera, podría ser mal interpretado. Reconoció entonces que tenía un gran talento natural para ofender su nuevo roomie.
Por ello se sintió aliviado en cuanto llegaron a casa de su madre. Al tocar a la puerta, la mujer no parecía exactamente contenta, menos aún la pequeña pelirroja a su lado. Más el semblante de ambas cambió en cuanto Nitori fue presentado. Ambas actuaron como si les hubieran mostrado un pequeño y tierno animal.
—Y…¿qué tal el nuevo chico?
Makoto se sentó en la barra. Como había prometido, hubo llegado en su tiempo libre. Haru se quitó la Toque Blanche y la colocó a un lado de su comensal. El restaurante estaba vacío en ese momento, por lo que se permitió relajarse. Volvió a la cocina y al minuto salió con una bandeja en las manos. En ella había un plato bien servido que puso frente a su amigo.
—Come —murmuró secamente. Makoto, como siempre, leyó el contexto.
—El curry verde no está en tu menú — le sonrió. Haruka se puso rojo.
—Prometí tu platillo favorito.
Tachibana sintió su pecho explotar. Haru, a veces, podía ser realmente atento. Su mano viajó más allá de los cubiertos para tomar la del pelinegro.
—Dame un beso ¿Si?
Los colores subieron al rostro al chef ¿Un beso?¿Ahí? Más importante ¿Un beso cuando aún seguía tan molesto con él? Makoto sí que podía ser un descarado cuando se lo proponía.
—No.
—Anda…uno pequeño. No hay nadie.
El castaño puso su peor y más triste cara de perro apaleado y como era de esperarse, Haruka cayó por completo. Se inclinó sobre la barra y le dio un beso de pico. Estaba por regresar a apoyar los pies sobre la loseta del piso cuando le jalaron de la pañoleta en su cuello y Makoto le tomó por el mentón, algo demasiado brusco para su gusto, pero reflejo de la espontaneidad. El bombero le robó un beso más profundo, con la lengua luchando contra sus dientes para poder entrar. Finalmente el cocinero se dejó hacer y el otro aprovechó para asegurarse de dejarlo sin respiración. Cuando se separaron, luego del beso acalorado, Tachibana coloco en su cara la mueca más inocente de su repertorio.
—Oups.
Haruka entrecerró los ojos, nada contento, pero lo dejó pasar.
—El chico se llama Nitori — comenzó —. Aiichiro Nitori.
—Un nombre muy poético —Makoto sonrió — ¿y es…er…guapo?
El cocinero hizo una mueca como si le picara la nariz.
—No exactamente. Es flaco y pequeño. Le hice probarse la filipina más chica que tenía y le ha quedado grande. Llamé a Nagisa para pedirle que contacte a su hermana y venga a tomarle las medidas. Además, es asmático.
—Suena un poco penoso— sonrió con verdadera congoja.
—Lo sé. Pero es una persona trabajadora — rodeó la barra para sentarse a lado del bombero —, me contó que al llegar se topó con Mikoshiba-Kun. También que le robaron su mochila con todo su dinero y pertenencias. Rin le regaló la ropa de cuando estuvo en Australia, pero fuera de eso, sólo tenía un cambio.
Makoto arrugó la nariz con la mención del policía, por lo que se reprendió a sí mismo con un sentido atisbo de culpa. Nuevamente se recordó que Rin era un amigo. Tanto suyo como de Haruka.
—El pobre debió pasarla muy ma-
La campanilla del local sonó y los dos voltearon al mismo tiempo. Por la puerta cruzaron dos personas.
—¡Makoto! ¡Qué sorpresa! — más rápido de lo que se bajaba del banquillo, Rin llegó hasta él, se estrecharon la manos y se golpearon hombro con hombro en un saludo afectuoso —. Hombre ¿Cómo estás?
Tachibana se llevó una mano a su castaña cabellera y le sonrió apenado. Haruka hizo una mueca sarcástica que Makoto entendió a la perfección. El chef se burlaba de sus irracionales celos.
—Estoy bien, Rin. Gracias. Hace mucho que no te veía.
El oficial se rió y explicó de manera apresurada que le habían tocado malas guardias.
— Por cierto, no te he presentado — Rin se hizo a un lado, invitando a acercarse a ellos al muchacho que se había quedado rezagado en la puerta —. El es Nitori Aiichirou, viene de…la verdad olvidé donde, pero se está quedando conmigo. Se lo traje a Haru para que le eche una mano.
Makoto y Aiichiro estrecharon las manos con un ligero apretón que sin querer lastimó los dedos de Nitori, quien resistió sin sobarse para no lucir patético.
—Encantado.
—Un placer.
Makoto lo miró de arriba abajo con algo de pena bien disimulada tras una sonrisa cordial. Haru tenía razón. Era flaco y pequeño, con una voz un tanto aguda y no parecía contar con mucha fuerza. Aunque, a ojo de buen cubero, tenía una estatura apenas menor a la de Nagisa.
—¿Te quedas a comer?
El chef le sacó de su reflexión, su mirada dirigida al oficial de policía.
Rin negó encogiéndose de hombros.
—Sólo le enseñaba el camino a Nitori. Mi turno está por comenzar. Bye,Haru. Bye, Makoto. Nitori, Good Luck.
Y tan rápido como había llegado, el pelirrojo se fue.
Al final, Makoto y Nitori se quedaron conversando hasta que el bombero tuvo que regresar a la estación.
Mirando el fondo de su celular, Haruka fruncía el ceño, nada contento. Al fondo, Nitori limpiaba las mesas con esmero.
Si mal no recordaba, la caja del aparato estaba en alguna de las alacenas del mostrador, dentro de ellas seguro encontraría el instructivo.
Removió el mueble hasta encontrarla, aprovechando que el restaurante estaba nuevamente vacío y lo que tenía en el horno no estaría listo sino hasta dentro de casi treinta minutos, se sentó en la barra a leer el instructivo.
Pasados siete minutos, arrojó los papeles contra la barra, resoplando frustrado. No entendía ni una palabra y al parecer, al picar los botones había borrado algunas aplicaciones.
—Nanase-San ¿Necesita ayuda?
Haruka reconoció en el chico un inusitado instinto de servicio natural, que ni su anterior barista ni el anterior mesero tenían ni por atisbo.
—¿Sabes usar el celular? — el otro ladeó la cabeza y él comprendió que debía hablar con menos vaguedad — .Me refiero a…¿Sabes cambiarle el fondo de pantalla y la pantalla de bloqueo? Mi amigo me jugó una broma y no sé como quitarla.
Aiichiro extendió la mano y Haruka colocó en ella su celular. Sin contraseña, el chico pudo desbloquearla al instante. No dijo nada, pero le parecieron extrañas las fotografías que había colocado en el celular de su jefe. Se recordó entonces no pensar nada, pues había sido sólo una broma.
—¿Por qué imágenes quiere cambiarlas?
— Quiero el fondo azul que el celular tenía por default, por favor.
Tecleó algunas opciones para tener a la vista las carpetas de imágenes. Las vistas previas se desplegaron con sus pequeños nombres bajo de estas. Nuevamente se recordó no pensar en nada cuando la ultima imagen recibida adornó la vista previa de "Mensajes". No dijo nada, pero sus mejillas se colorearon de rojo al ver la fotografía del bombero dentro de la tina. Esos dos debían llevarse realmente pesado. Finalmente llegó a la capeta de con el fondo que su jefe le pedía, seleccionó unas cuantas pociones y el teléfono volvió a la normalidad.
—Aquí tiene, Nanase-San.
Haruka volteó a un lado sin tomarlo, pensando en un ultimo favor.
—¿Sabes cómo ponerle contraseña de bloqueo?
El chico le sonrió. Al fin alguien peor que él para ese tipo de cosas. Dicha sea la verdad, conocía de las funciones del teléfono porque un amigo suyo tenía uno igual.
— ¿Bloqueo numérico o táctil?
El chef lo meditó durante un segundo. No estaba seguro de querer colocar algo tan trabajoso como una contraseña a su celular, pero enojado como aún estaba, decidió arriesgarse para darle a Makoto una pequeña lección.
—Numérico — Nitori apretó algunos comandos, y cuando le extendió el aparato para que su jefe escribiera la contraseña deseada, Haruka negó con la cabeza —. Pon tu fecha de cumpleaños.— El chico se encogió de hombros e hizo lo que le pidió.
—La contraseña es 0104. La escribiré en un papel y se la pondré en la caja.
Haruka asintió sin decir nada, aunque estaba agradecido.
La campanilla sonó a la vez que una hermosa muchacha entraba por la puerta. La hermana de Nagisa había llegado. El pelinegro inclinó la cabeza mirándole sacar la cinta métrica y dirigirse hacia un apenado Nitori. Él, mientras tanto, colocaba en una bandeja un pedazo bien grande de pastel de fresa y preparaba una malteada muy dulce de frutos rojos.
Mirando la hora, Haruka dudó en su sitio. Junto a él, Nitori esperaba por el pelirrojo, a su lado reposaba un futón que la madre le hubo regalado cuando dejó a Matsuoka Gou-San en la puerta de su casa. Rin le había dejado el mensaje de que le esperara al cierre del local.
Haruka, por su parte, esperaba por Makoto, quien, a la hora de la comida, le había dicho que pasaría por él enla noche, para ir juntos a casa.
Aquello, más que agradarle, le frustraba sobre manera. Sabía que tenía la costumbre de llevarlo a casa cuando el tiempo se lo permitía, pero presentía que esta vez se había alterado al encontrarse con Rin.
Y hablando de él, estaba cruzando la calle.
—¡Oi!
Nanase miró a su lado sintiendo el destello de los ojos del mesero alumbrar con ilusión toda la oscuridad de la noche. Alzó una ceja, mas volvió a su aburrida expresión de siempre.
—Oi —Devolvió son animo.
—¡Matsuoka-San! ¡Aquí!
Rin se rio en cuanto vio a Nitori casi saltando.
—Si, lo sé. Justo frente a mí — nuevamente le revolvió los cabellos. En ese momento le vino a la mente un pequeño y entusiasta cachorro canoso. Luego miró a Haru. Tal vez no hablaran a diario, pero Rin tenía un sexto sentido cuando se trataba de él —¿Qué tienes?
Haru volteó a otro lado, sin intención de abrir la boca.
Matsuoka se molestó con su actitud. Ese idiota de Haru tenía algo y se lo diría si o si. Tomó bajo el brazo el pesado futón y con la mano libre tomó de la muñeca del chef, arrastrándolo con él. Nitori les siguió detrás.
Haruka se dejó hacer, guiado por el impulsivo pelirrojo. Sabía que estaba mal y que probablemente le acarrearía problemas para con Makoto, pero en ese momento sabía que lo que necesitaba era escapar con Rin.
つづく
¡Estoy tan feliz de haber descubierto el comando para sacar el guion largo!
En fin. Esta vez seré breve. La verdad, si debo ser franca, siento que el capitulo fue un poco lento. Lo que sí, es que al menos tuve la oportunidad de mencionar más a Nagisa, quien en breve ya saldrá. También aparecerán algunos otros personajes de la serie. Pero no adelanto nada.
A decir verdad, como siempre no he dormido y lo he editado como pude, pero se los tengo aquí. Agradezco mucho a quienes han dejado comentario, a quienes han agregado al historia a sus favoritos y también a quienes han comenzado a seguirla. En serio ¡Muchas gracias! Espero no decepcionar a nadie, salvo por el tiempo.
No pongo más notas porque las olvidé, salvo que el mi padre prepara el café como el padre de Nitori, que Darcy es el galán de la novela de Orgullo y Prejuicio y que los japoneses tiene una pronunciación por demás horrible. De alguna forma, aun si los datos que filtro de infraganti en la historia son aburridos, siempre me han gustado las temáticas más humanas, ya saben, adultas.
Ahora mismo estoy trabajando en unos cuantos proyectos más que aún no publico, y con franqueza digo, no sé si publicaré. Son de un contexto un poco más sexual y explicito, casi grotesco en el sentido de la vulgaridad. La verdad, a lo largo de mi vida adulta y basada en vivencias propias y ajenas, pues me he dado cuenta de la forma en la que los hombres ven el sexo. Poco de ellos son románticos como nosotras nos empeñamos en pintar, y pues, esto, amigas mías, a final de cuentas se trata de sexo entre hombres, romance también, claro, pero cuando no hay ropa, la cosa se vuelve un poco más animal y atávica.
Espero no les moleste esto, y me puedan decir si les parece que lo ponga así, como mayormente es (intentando no rayar en lo vulgar) o les disfrazo las cosas con flores, dejar las cosas bastante mochas.
En fin, un beso y nos leemos pronto.
