-II-
"Nadie tiene dominio sobre el amor, pero el amor domina todas las cosas." (De La Fontaine)
-Lo encontré…
Hikari se despertó sobresaltada y muy agitada. Respiraba rápidamente y sudaba. Retiró sus sábanas, se acercó a la ventana y observó que continuaba siendo de noche. Se giró y cogió su móvil para mirar la hora. Marcaba las 06:49.
Volvió a mirar a través de la ventana y se quedó pensando en aquella pesadilla. No era la primera vez que la tenía y sabía que no sería la última. Apretó sus puños y decidió volver a acostarse, aunque no fuera capaz de conciliar el sueño.
El timbre de la puerta de la residencia Takaishi sonó y fue Takeru quien abrió, encontrándose al menor de los elegidos.
-Espera un momento Cody.
El rubio volvió a su habitación y buscó sus llaves. Tras ellos, salió de casa y caminó hacia el parque de Odaiba donde les había citado Tai.
-¿Para qué nos habrá llamado Tai? ¿Tú sabes algo?
-Ni idea Cody, pero se le veía feliz. Seguro que es una buena noticia.
El otoño se comenzaba a notar en las calles de Odaiba. Las primeras hojas se habían comenzado a caer de los árboles. El tono marrón de las hojas mostraba que el invierno poco a poco iba venciendo.
Se adentraron en el parque y pronto divisaron a su grupo de amigos. Ambos jóvenes se miraron extrañados, ya que sus amigos parecían estar rodeando algo. Avanzaron a paso rápido hacia ellos y, entonces, ocurrió.
Azul contra el color miel.
El chico se quedó estático mientras el joven del grupo se acercó para saludarla, lo que dirigió la atención de la joven hacia otro lugar.
Tres años y no se sentía preparado para esto. Sí, deseaba volver a verla, poder escuchar su voz, pero no se sentía fuerte para poder hacer frente a esa situación. Sintió unas ganas tremendas de irse de allí, de escapar, pero ni siquiera su cuerpo reaccionaba ante aquel impulso.
Perdió la noción del tiempo allí parado y no despertó de su estado de shock hasta que una voz le saludó:
-Hola Takeru –aquella voz erizó hasta su alma, sentía que su corazón volvía a latir como hacía tiempo no lo sentía.
-Ho..hola Hikari –contestó con una voz casi ronca.
Se observaron en silencio.
Sin duda aquella joven había cambiado, por lo menos en lo que a simple vista T.k podía apreciar. La misma sensación pasó por la mente de la castaña.
-¿Qué tal has estado este tiempo? –Kari preguntaba temerosa. Hacía años que los dos no hablaban y se sentían muy tensos.
-Bien, no me puedo quejar. ¿Qué hay de ti? Parece que el tiempo te ha tratado muy bien –el joven se arrepintió en el último segundo de pronunciar aquellas últimas palabras.
-Bien, supongo –sonrió e intentó mostrar que no se había sonrojado-. ¿Qué tal si vamos con el grupo?
El rubio asintió y la joven se giró para ir hacia el resto, pero antes de comenzar a andar, sintió que el joven que ahora se encontraba a sus espaldas la tomaba del brazo. Kari se volteó en dirección al rubio y notó que, de repente, la abrazó.
-Te he echado de menos, Kari –susurro el joven Takaishi.
-Y yo a ti –la castaña pronunció aquellas palabras mientras que una sonrisa atravesaba su rostro.
Sí, aquel chico, hacía tiempo, había sido su mejor amigo.
Después de tres años, volvían a reunirse los doce niños elegidos. Era tiempo de olvidarse de sus ajetreadas vidas de estudiantes y revivir el pasado, aquellos momentos que los convirtieron en aquel grupo tan especial.
Cada uno de ellos representaba un punto de vista, unos acontecimientos y unos sentimientos diferentes. Pero aquel momento estaba repleto de alegría, aunque, también, de melancolía.
Comenzaba a anochecer en la ciudad de Odaiba y los jóvenes decidieron volver a sus hogares. Había sido una gran tarde, sin embargo, a todos les había aparecido la misma pregunta: ¿volverían a ver a sus compañeros digimons?
-Os presento a vuestra nueva compañera, Hikari Yagami –presentó el profesor señalando a la nombrada-. Tal vez algunos ya la conozcáis, ya que vivió aquí hace años.
La mayoría de la población masculina sonreía por un motivo aparente: la joven castaña vestida con el típico uniforme del centro, falda verde, camisa blanca y chaqueta verde.
Takeru observaba a sus compañeros babosear por su amiga, incluso… ¿Davis? El rubio rodó sus ojos y se preguntó cómo podían ser tan evidentes.
En su interior algo renacía cada vez que veía a la castaña. ¿Sería su mirada? ¿Su sonrisa?¿Su corazón?... Probablemente todo ello.
Entonces, el rubio volvió a fijar su mirada en Kari y la observó de arriba abajo. Tenía que reconocer que no era la niña que tres años atrás se había ido sola a Nueva York. Su cuerpo había cambiado completamente; parecía un rayo de luz etéreo, de gran perfección, proporcionado,… T.k bajo la mirada hacia su pupitre, ¿por qué estaba pensando en aquello? Desde hacia tiempo intentaba desechar todo tipo de pensamiento sobre la joven, pero con su regreso, sus pensamientos constantes sobre ella habían regresado. En silencio se maldijo a sí mismo.
-Señorita, puede sentarse en aquel puesto. Es el único disponible.
-Gracias, señor Otawa –dijo sonriente la joven.
-¡Vamos chicos! ¡15 abdominales más!
Todos los jugadores de baloncesto se encontraban entrenando para la competición. Habían pasado dos semanas y su primer partido sería el sábado siguiente.
Al otro lado del gimnasio, el cual estaba formando por la cancha de baloncesto y un espacio destinado al entrenamiento de las animadoras, se encontraba la pequeña Yagami hablando con la entrenadora de estas.
-Así que deseas unirte a nosotros –dijo la señora Fujiyake repitiendo la petición de la castaña-. No dudo de tus capacidades, pero antes debes pasar una prueba, aunque sé que la pasarás fácilmente si lo que aparece en tu historial es verdad.
-¿En qué consiste la prueba?
-Es una prueba física, algo de gimnasia. Aunque tu especialidad sea el ballet y la danza no son suficientes para poder ser parte del grupo porque se necesita más rapidez.
La castaña asintió ante las palabras de la señora Fuiyake. Esta era una mujer corpulenta, casi parecía un hombre, pero parecía ser una buena entrenadora que se concentraba en la mejora de todas las animadoras y de sus alumnos, ya que era la profesora de gimnasia de la secundaria.
Tal como había dicho esta, las especialidades de la castaña eran el ballet y la danza, sobre todo el primero, pero esto no le había impedido aprender la mayor parte de los bailes, aunque la mayoría de ellos no le inspirasen tanto como la delicadeza y, al mismo tiempo, la fuerza del ballet. Muchas personas que escucharan esto se reirían de la joven, al fin y al cabo, la mayoría de las personas piensan que el ballet es un baile sin demasiada complicación o demasiado aburrido.
La decisión de intentar entrar en el grupo de animadoras se debía a que la Yagami quería realizar alguna actividad dentro del centro, a pesar de la opinión de su hermano que se encontraba en contra de que su inocente hermanita formara parte de un grupo de chicas que lo único que hacían era ir provocando con su vestimenta y actitud.
Además, para poder practicar sus grandes pasiones por el baile ya buscaría algo que hacer fuera de clase.
-¿Puedo observar el entrenamiento? Ya sabe, para poder observar la dinámica.
-Claro –la entrenadora asintió y se dirigió al grupo de jóvenes que ya habían finalizado sus calentamientos, pero antes de llegar se volvió hacia la castaña-. Me gusta tu actitud, Yagami.
Kari observó al grupo de animadoras que ensayaban sus números. Según lo que pudo deducir de estos, parecía ser que aquellas chicas se encargaban de animar tanto al equipo de fútbol como al de baloncesto.
Durante la hora que duró el entrenamiento, no puedo evitar desviar algunas veces su atención al otro lado del gimnasio, fijándose en como T.k jugaba, encestaba y sonreía con una gran felicidad por estar practicando aquel deporte. Lo veía libre, poderoso, feliz, como si nada pudiera interponerse delante de él dentro de la cancha. Inconscientemente, Kari sonreía mientras observaba al rubio.
Una vez acabado el entrenamiento, Kari se despidió de la entrenadora tras fijar la fecha de la prueba y se fue del gimnasio.
-¡Ey, Kari! ¡Espera! –una voz conocida por ella la frenó a escasos metros de la salida del pabellón. Se volteó para encontrarse con esos ojos azules tan conocidos por ella-. ¿Quieres que te acompañe a casa? Ya sabes, está anocheciendo –añadió en rubio posando su mirada en el ya casi nocturno cielo. También era un pretexto para no mirar tanto tiempo a la castaña.
-¡Oh! No hace falta, Takeru. Puedo regresar sola.
-Es peligrosa que regreses sola a estas horas.
-Pareces mi hermano –afirmó la Yagami sonriendo-. De verdad, estaré…
Kari no acabó la frase. T.k la miró extrañado por ese comportamiento. Su amiga parecía haberse quedado petrificada y con los ojos muy abiertos.
-¿Kari? ¿Estás bien? –el rubio se acercó y se dio cuenta de que la joven parecía estar en trance-. ¡Ey! No me preocupes.
De repente, la castaña cerró los ojos durante unos segundos y volvió a abrirlos para encontrarse con el ojiazul que la tenía agarrada por los hombros y parecía muy preocupado.
-¿Qué te ha pasado? –preguntó expectante el joven que parecía haberse calmado tras el susto que la chica le había dado. Su corazón volvía a latir a un ritmo normal, aunque algo acelerado como siempre que estaba cerca de esa chica.
-No es nada, no debes preocuparte.
-¿Qué no me preocupe? Escúchame, Kari, lo que te acaba de ocurrir no es normal y te pido una explicación –esta petición fue acompañada por una mirada de súplica y preocupación.
-Olvídate de ello, no es nada. Estoy bien. Debo irme.
Hikari estuvo dispuesta a irse de allí, pero T.k la agarró y la miró con aquella mirada semejante a un brillante océano, pero algo revuelto.
- ¿Crees que me voy a quedar feliz así? Algo extraño te ocurre. He podido notar que no eres la misma que cuando te fuiste. Me lo dice tu expresión, pero, sobre todo, en tu mirada hay algo diferente, lo que yo juzgo como miedo.
La castaña se maldijo porque aquel chico que tenía enfrente pudiera conocerla tan bien. Que pudiera saber cómo se sentía con tan solo mirarla hacia años le parecía algo magnífico, pero en aquel momento, su perdición.
-No sabes nada de mí, Takeru.
La joven se deshizo del agarre y se fue rápidamente dejando al chico más preocupado que antes, ya que la joven de 17 años que observaba irse, era muy diferente a la niña de 14 que se fue.
Cerró sus ojos, suspiró y se hizo a sí mismo una pregunta: ¿qué te ha ocurrido en este tiempo, Kari?
Muchas
Muchas gracias a todos por vuestros reviews. Tal vez en los primeros capítulos el tiempo corra muy rápido en la historia, pero cuando llegue cierto punto de la historia todo será más lentro respecto al tiempo. Espero que les haya gustado el capítulo. Muchas gracias por leer esta historia.
Cuidense! ^^
